Un suave tirón a la altura del estomago, como cuando estamos subidos en una montaña Rusa; eso fue lo único que sintió mientras su cuerpo desaparecía de la casa para materializarse de nuevo a las puertas del colegio.
Hogwarts había sufrido en la guerra de manera tan violenta, que tan solo una parte de él permanecía en pie. El colegio había sido un símbolo dentro del bando de la luz y debido a ello atacado sin piedad. Cualquiera que viera ahora esas ruinas creería evidente su abandono. Esa era la imagen que querían dar. Los rastros de la magia negra que lo destruyeron hacían imposible restituir hechizos protectores entorno a él, pero aun con todo, la mayoría de las veces los lugares más vulnerables pueden convertirse en los más seguros, si el enemigo no los considera de utilidad.
Era el sitio perfecto para guardar el cuerpo.
Entro al castillo y recorrio los pasillos mientras recordaba su infancia en aquel lugar ahora irreconocible, y casi sin darse cuenta llego a su destino.
El cuerpo de Draco Malfoy yacía en la enfermería. Las últimas horas de la noche se mezclaban con las primeras luces del día, mientras sus pisadas resonaban como golpes de tambor en la desierta sala. Doce pasos y estuvo justo a su altura. Retiro la sabana que siempre cubre un cadáver y volvió a ver a Draco tras 14 años de silencio.
Ron tenía razón. No había cambiado nada.
Se sentó sobre la cama, con cuidado, como si no quisiera despertar al durmiente, como si en realidad no se tratase de un sueño eterno. Sentía el corazón chiquito, encogido de angustia, pero bombeando tan fuerte que parecía que quería salir del pecho. Sus ojos recorrieron aquel cuerpo que tan bien conocían mientras su mano se acerco al rostro aun adolescente para acariciarlo. Piel sobre piel. Volver a tocarlo después de tanto tiempo. Caricias negadas por 14 largos años.
No pudo evitar sonreír al ver su pelo y recordar las veces en que se había burlado de él por llevarlo siempre tan largo como una chica. Acaricio también sus parpados, sus ojos ahora cerrados que ocultaban un color extraño y que pocas personas poseían, los ojos grises que su pequeño River había heredado. Siguió hacia abajo, hacia su pequeña nariz y recordo aquella forma tan suya de erguir la cabeza como si fuera el amo del mundo. Deslizando sus dedos por la blanca piel llego hasta su boca. Con sus yemas trazo los finos labios mientras se le nublaban los ojos, y limpio la sangre que resbalaba de ellos. Era roja y se sentía aun tibia sobre su piel. Las lágrimas comenzaron a salir de sus ojos mientras que la sangre hacia lo mismo en Draco.
Hacía muchos años que no se permitía llorar así. Tanto como veces había maldecido a ese chico por dejarlos solos, por seguir a su padre, por engañarle. Ahora ya no sabía que creer. Años atrás le había abandonado para volver a casa y ser marcado, pero esos brazos pálidos no tenían más marcas que las heridas que los cruzaban. Tanto tiempo creyéndolo un mortifago cuando en realidad había estado muerto. Y las palabras de Dumbledore resonando en su cabeza. Draco era un oraculo.
Tantas preguntas le ahogaban y nadie parecía conocer las respuestas. Y él lo único que sabía es que esos sentimientos que creía enterrados hacia tanto tiempo había vuelto de nuevo, porque la realidad era que nunca se habían ido. Y entonces comprendio que no había dejado de amarle ni un solo día. Aun cuando lo creía un traidor.
"¿Qué paso, Draco? ¿Qué fue lo que ocurrio?" susurro con la voz rota al cadáver mientras se recostaba sobre su pecho. La única respuesta que recibio fue el frío mortal de aquel cuerpo.
18 CARTAS
Capitulo 3: Tercera carta
Inglaterra Junio 1998
¡Hoy cumples dos años, pequeño!
El tiempo pasa deprisa. Cuando menos lo esperes serás todo un hombre con el mundo por delante. Pero aun queda tiempo.
Supongo que pronto empezarás a hablar. No te angusties si aun no lo has hecho, todos aprendimos a hacerlo aunque cada uno a su ritmo. No importa lo mucho o lo poco que tardes, lo importante en esta vida es hacer las cosas bien.
Me pregunto como sonará tu voz. Dicen que es diferente como la escuchamos nosotros mismos a como lo hacen los demás. Supongo que también depende del momento y de la edad. La alegría o la tristeza, la esperaza o la derrota pueden manifestarse a través de ella con la misma fuerza que la expresión en una cara. Y algún día tu voz perderá ese tono infantil, se volverá grave y anunciara junto al resto de tu cuerpo su madurez.
No sé cual será tu primera palabra. Imagino que lo normal: papa, mama, tata... Espero que no sea mama, no creo que a Harry le hiciera mucha gracia.
Me gustaría ver la cara de tu padre cuando hables por primera vez. No sé, seguramente no será algo tan espectacular. Seguro que ya habías estado balbuceando tiempo atrás, experimentando los sonidos aun nuevos y extraños para ti. Pero no importa. No he vivido eso y tengo derecho a agrandar el sentimiento tanto como quiera. Un hijo es una parte de ti. Lo mejor que has llegado hacer en tu vida; así que cada paso que avance, cada pequeño gesto por insignificante que sea, se convierte en un motivo de orgullo.
Mi madre me dijo una vez que mi primera palabra había sido papá.
¡Que ironía! Durante años eso era lo único que salía de mi boca. "Mi padre esto..." "Mi padre lo otro...", y sin embargo a día de hoy puedo jurar que nunca he odiado a nadie tanto como a él. Me atormenta pensar que pueda pasar lo mismo contigo.
Para mi fue como una señal. Pase de adorar a mi padre a odiarle. Le venere ciegamente y durante mucho tiempo creí sus palabras sin cuestionar absolutamente nada. Lo veía como un dios, un ejemplo a seguir. No importaba su crueldad o su injusticia porque para mí su palabra era sagrada. Hablaba de la importancia de la pureza en la sangre, del odio a los mestizos y sangre sucias, de su Señor y de su causa.
Durante años solo le escuche a él y a aquellos con su mismo pensamiento y cuando eso ocurre lo único en lo que puedes creer es aquello que se te ha inculcado, porque realmente no conoces nada más.
El día que salí de mi casa, encuentre una realidad distinta. Howgarts fue lo que abrio mis ojos. Ya no tenía a mi padre cerca, no necesitaba complacerle, no escuchaba sus prejuicios o sus normas, y estaba rodeado de gente que, por primera vez en mi vida, no había elegido mi padre. Encontré otra visión de las cosas y aprendí a pensar por mi mismo.
Descubrí mucho en mis años de escuela, pero las lecciones más importantes no fueron las que dieron los profesores, sino las que tuve que aprender al convivir con los demás. Aprendí que nunca debes dejar que otros lleven tu vida. Asegúrate que las elecciones que hagas sean realmente tuyas, y cuando tengas que alegrarte o arrepentirte que seas tú el único responsable. Acepta consejos, escucha opciones, pero que siempre seas tú quien decida. Cuando puedas pensar por ti mismo, hazlo. No juzgues ni opines sobre lo que no conoces, que nadie decida por ti lo que debes pensar. A mi me costo años y muchos pecados que tendré que cargar siempre; que tú no tengas que pasar por ello.
Mi padre no quería un hijo, el tan sólo necesitaba un heredero, quien asegurase su nombre una generación más. No le interesaba que tuviera mi propia opinión, que pensara por mí, porque para manejar a alguien necesitas controlarle. Cuando cumplí 18 me convertí en un oráculo y encontro un nuevo provecho en mí. Mi importancia en su vida consiste en lo que le pueda reportar, tanto como pueda sacar de mi será mi valor. Cada visión que tengo a causa de este don es información para complacer a su señor, eso es lo que aun me mantiene con vida, aunque no pueda ni mirarme a la cara porque se avergüenza de mí.
Nunca creas que yo siento lo mismo. Sé que no nos conoceremos, y que hablar de amor en una situación así puede sonar a falsedad, pero para mi tú nunca serás mi heredero. Siempre, siempre serás mi hijo. No me importa que no lleves mi nombre, no me importa que no haya más generaciones Malfoy por asegurar, tú eres lo único importante, con cada uno de tus fallos y cada uno de tus valores. Eres mi hijo, y a los ojos de un padre no podrás hacer nada que cambie ese hecho. Siempre te querré, y será por ti, no por lo que me puedas dar, o lo que obtenga. Siempre te querré. Harry y tú son lo único bueno que he tenido en esta vida.
Quizás no lo sepas pero el mayor deseo de tu padre era tener una familia. Su propia familia. Cuando crezcas sabrás de su vida. Te hablaran de tus abuelos y del sacrificio de amor que hicieron por su hijo. Lily Evans y James Potter amaban tanto a Harry que dieron la vida para protegerlo, porque para un padre perder un hijo es peor que perder el alma.
Harry perdió a sus padres siendo un bebe, y eso fue el mayor acto de amor que nadie ha realizado por él. Yo me crié junto a los míos y, desde que tengo uso de razón nunca les he considerado como tales. Por eso sé que el amor no se basa en la presencia física, sino que es el sentimiento, lo que se manifiesta con cada una de nuestras acciones, de nuestros gestos, con nuestras palabras.
Cuando me enamore de tu padre pedí mi primer deseo. Quería una familia y la quería junto a él. Le amaría todos los días de mi vida y honraría a mis hijos con todo el amor del que fuera capaz.
Nunca tuve el valor de decírselo y sé que ahora no tendré la oportunidad de hacerlo aunque espero que mis actos hablaran en el lugar de las palabras que por orgullo no me atreví a pronunciar.
No tengo los días que deseo para amarle, pero le amare los que me queden y los que me arrebataran. No puedo criarte, ni darte hermanos, ni verte crecer como desearía hacerlo, enmendando los errores que cometieron conmigo.
La única prueba de mi amor que podía darle a Harry fuiste tú, la única que puedo darte a ti son estas cartas.
Mi niño pequeño, daría un mundo por no saber lo que sé. Daría lo que me queda por dar por ver tu rostro realmente, por abrazar tu cuerpo contra el mío, por escucharte llamándome.
La vida me condeno a no tener un solo día contigo, pero si sigues leyendo estas cartas, podrás tenerme a tu lado a través de las letras.
Nunca he sido sincero, me enseñaron a esconderme bien, soy un maestro ocultando lo que realmente siento, pero cuando se trata de ti se caen todas las defensas y me quedo solo ante el papel. Por eso te pido que sigas leyendo, abre el resto de las cartas porque en cada letra se esconde un sentimiento, y detrás de todo mucho más. Perdóname.
Por ahora debes seguir creciendo y debes seguir aprendiendo. Utiliza bien la palabra, es poderosa. Puede salvar o condenar a un hombre con la misma facilidad. Úsala a tu conveniencia. Di con ella más de lo que algunos puedan entender, para que solo unos pocos pueden comprender lo que quieres decir. Di con ella tanto como quieras ocultar. Aprende a intimidar a un hombre con el tono, y a consolar con el susurro. Reserva tus palabras solo para los que las merezcan.
No pierdo la ilusión de escuchar algún día tu voz.
PS: Y la voz que me guía es la que nunca conocí
Inglaterra 14 años después
"River."
"No pasa nada."
"Tu padre esta muerto. Claro que pasa algo."
"He dicho que no pasa nada." Y mientras hablaba se volvio hacia Galen mirándolo con rabia.
"No te pongas así." Intentaron razonar con él. Conocían el carácter del muchacho. No sabía mediar con el dolor, y cuando este era demasiado fuerte lo transformaba en algo que si conocía bien: ira.
"¿Y como me pongo, si se puede saber?"
"Enfadado. No entiendes lo horrible que es verte así."
"Sois vosotros los que no entendéis." Y les dio la espalda con intención de salir de la habitación de su padre y volver a la suya. Ya había escuchado suficiente.
"No hagas eso." Le chillo Galen. "¡Por Merlín!, es que no has entendido nada de lo que han dicho. Tu padre esta muerto."
"Para la mayoría de las personas de esta casa lleva muchos años muerto." Exploto.
Se sentía atrapado. Quería gritar. Quería llorar. Quería esconderse y que lo dejaran solo.
En realidad no sabía lo que quería.
Se dio la vuelta y regreso a su habitación. Sus amigos le siguieron. Siempre lo hacían, pero en aquel momento no sabía si sentirse agradecido o no.
Fue hacia la ventana y se sento en el suelo. Podía ver el terreno en torno a la casa; las zarzas y las malas hierbas que se extendían por el desatendido jardín y sobre él, el cielo cubierto de nubes. Sintio una pequeña presión en su regazo, y al mirar se encontro con su 'caja de secretos'.
"Una parte de mí, siempre lo supo." Sus manos acariciaban la madera de la tapa con cuidado, casi con ternura. "Él me lo advertía en sus cartas."
"¿Y la otra parte?" Los gemelos estaban sentados a su lado, dándole espacio pero lo suficientemente cerca para que supiera que estaban ahí, y que siempre iban a estarlo.
"La otra duele mucho. Y no lo entiendo porque yo nunca le conocí así que no puedo quererlo."
"Sí que lo conociste, solo que de otra manera. No le has visto, ni oído, pero creo que sabes más de él que ninguna otra persona." Y con las últimas palabras Robert le señalo la caja. "Él a ti si te quería, y tampoco te conocio."
Los ojos grises le miraban tristes y ambos pelirrojos sabían que luchaba con todas sus fuerzas por no echarse a llorar.
"¿Qué paso? ¿Qué le ocurrio?" Balbuceo.
Galen no podía soportar ver a su amigo en ese estado, no cuando River siempre parecía tan seguro y tan entero, así que se acerco a él y lo abrazo. En otro momento hubiera protestado, pero esta vez se dejo hacer, rodeando con sus brazos a su amigo y acurrucándose contra él.
"No podemos conocer lo que ocurrio." Le susurro al oído. "Pero ahora sabes que tu padre era sincero contigo. Te dijo que era un oráculo, y ya oíste a Dumbledore. Te dijo también que no era un mortifago y eso también es verdad." Le abrazo más fuerte. "Él sabía muchas cosas, quizás gracias a su don. Puede que supiera lo que iba a ocurrir, y puede que te lo contara en alguna carta. Quien sabe, a lo mejor él te da las respuestas que tanto buscas."
Permanecieron un rato en silencio, mientras oían pasos por la escalera y finalmente en el pasillo. Con la reunión acabada seguramente los miembros de la orden volverían a casa y sus padres a sus habitaciones. Robert contuvo la respiración. Si les daba por entrar a verles descubrirían a River llorando y a Galen consolándole y al final tendrían que dar muchas explicaciones. Y aquello no se le antojaba demasiado apetecible.
Poco a poco la casa parecio recuperar la calma y todos los ruidos cesaron y el silencio lleno el lugar. Suspiro aliviado, pero entonces cayo en la cuenta de algo que nunca se había parado a pensar.
"Espera un momento." Y se acerco a las dos figuras abrazadas en el suelo. "Si los hechizos han revelado que Draco murió con 18 años, ¿Cómo explicáis que las cartas comenzasen a ser mandadas cuando River tenía 8? ¡Por Merlín! Llevaba 8 años muerto. ¿O el que sigan apareciendo con cada cumpleaños?"
Los otros dos muchachos lo miraron asombrados. Robert prosiguió.
"Murió hace 14 años, y todas las cartas hasta ahora, están datadas en el 98, ¿no?"
"Si, entre mayo y junio." Le contesto River.
"A donde quieres llegar hermanito. No estarás dudando de la magia de Dumbledore, Pomfrey, nuestros padres, etc…" Le miro escéptico.
"Claro que no." Contesto ofendido. "Lo que intento decir es que es probable que tu padre hechizara las cartas tras escribirlas." Hizo una pausa esperando una replica, pero no hubo ninguna. "¿Es que no lo entendéis? Manipulo el tiempo. Él escribio las cartas en el 98 y las hechizo para que tú las recibieras en cada cumpleaños. Él mismo te lo decía en la primera carta, sólo que lo malinterpretamos. Pensamos que se refería a que él te enviaría las cartas."
"Robert, ¿Tú te escuchas?" le reprendió Galen. "No se puede manipular el tiempo."
"O claro que no" Ironizo. "El tiempo no, pero el destino si, ¿verdad? Por favor Galen, Draco Malfoy era un oráculo. Profetizo su propia muerte."
Su hermano lo miro mal, pero antes de tener tiempo a replicar River se le adelanto.
"Si él pudo manipular el tiempo, yo también podría, ¿no?"
"¿Que?" Se escandalizo Galen. "Estamos todos locos. El tiempo no se manipula. Se vive y ya."
"¿Y el libro de magia negra que guarda mama? Tiene un capitulo enterito dedicado a viajes en el tiempo."
"¿Hermione tiene un libro de magia negra?"
"Bueno, si… pero ese no es el caso." Contesto nervioso Robert a su amigo.
"Lo que dice no son más que una sarta de tonterías y de hechizos inútiles. Viajes en el tiempo, belleza eterna, seducción…, todo mentiras." Rebatió su hermano. "¿O acaso creéis que si no fuera así nuestra madre no habría intentado ya alguno?"
"Quizás estaba demasiado asustada para hacerlo." Susurro River, a lo que el pelirrojo le miro enfadado. Iba a contestar pero su hermano se le adelanto.
"River tiene razón. Todos temen esa magia aunque nunca la hayan experimentado. Mama guardo el libro porque sabía que era valioso, pero ¿puedes decirme cuantas veces lo ha abierto siquiera?" Espero unos segundos.
"Una vez. El día que Moody lo trajo tras un registro en casa de un mortifago." Susurro Galen dándose por vencido.
"Exacto. Una sola."
"Porque es magia negra, y un libro prohibido."
"¿Y como es que vosotros lo conocéis tan bien?"
Los gemelos se miraron avergonzados.
"Mama nos castigo por una pequeña trastada y nos confisco algunos 'juguetes'. No es muy original escondiendo cosas, así que…."
"… rebuscamos entre sus cajones y allí estaba. Pura coincidencia."
"En realidad sólo lo ojeamos un poco, y lo devolvimos a su sitio."
"¿Podéis traerlo?" Les pregunto River a los gemelos con un brillo de esperanza en los ojos.
"No, no y no. Ni lo penséis." Galen se puso serio.
"Por favor." River le miro con ojos de cachorrillo, y al ver el efecto Robert se unio también.
"Vamos, hermano. Esto no es propio de ti. ¿Dónde esta tu espíritu de aventura?" Podía ver que Galen empezaba a ceder. "Además solo le echaríamos un vistazo, ¿verdad River?"
Este solo asintió y le dio una sonrisilla tierna pero aun triste.
"Por favor. Merezco una esperanza, ¿no?"
No podía evitarlo, River era su perdición. Suspiro resignado.
"De acuerdo." Se puso serio. "Pero sólo lo ojearemos. Antes de hacer cualquier estupidez, o sea usar alguno de esos hechizos, consultaremos a un adulto." Espero hasta que obtuvo dos asentimientos de cabeza un tanto forzados y continuo. "Ahora solo nos queda sacarlo de la habitación, ya que no creo que podamos llamar a la puerta y pedir a nuestros padres que nos lo dejen."
"Evidentemente no, así que habrá que distraerlos."
Y por la mirada que se dedicaron los gemelos, el moreno supo que estaba de nuevo en problemas.
El plan era sencillo. Uno distraía, el otro entraba y el tercero esperaba.
Al moreno le había tocado esperar, y aunque al principio penso que era la mejor parte, ahora tenía sus dudas, por no hablar de un montón de nervios que habían tomado asiento en su estomago.
Oyó pasos junto a la puerta y se acurruco aun más bajo las sabanas, simulando que estaba dormido.
"Esto es muy raro, Galen" Era la voz de Hermione. "Siempre quejándote de que te trato como a un bebe y ahora me pides que te arrope."
Definitivamente no era un plan perfecto, pero si lo máximo que habían podido idear en cinco minutos. Sacar al matrimonio Wealsey de la habitación a cualquier precio y entretenerles para dar tiempo a Robert.
"No es eso, mama…" No sabía que decir y su madre no era ninguna tonta…
"Es que oímos ruidos abajo y nos asustamos." River sabía que su amigo se había quedado sin ideas y le ayudo.
"Ohh, River, tú también despierto." Hermione frunció el ceño al ver la tercera cama vacía. "¿Y tu hermano?"
"En el baño." Sin dar tiempo a replica pregunto. "¿Y papa?"
La expresión de Hermione se ensombreció "Dormido. Estaba un poco alterado y le di una poción."
"¿Por? ¿A ocurrido algo?" Quiso saber River. Prefería hablar con su padre, pero no quería desaprovechar la oportunidad. Además podría comprobar si pensaban seguir dejándole al margen o por fin le tomaban en cuenta.
"No." Negó deprisa la mujer dejándose en evidencia.
"¿Seguro?"
Ella parecio dudar un momento, pero luego le sonrió y trato de actuar con total normalidad
"Seguro. Algunos compañeros de la orden han venido esta noche. Esos serían los ruidos que oísteis." Y les sonrio con dulzura. "De todos modos es muy tarde. Ya deberíais estar dormidos."
River hervía de rabia por dentro, pero trato de controlarse.
"¿Y mi padre?" Siseo.
Hermione se quedo callada, sin saber que decir, porque lo único que sabía es que Harry se había marchado de la reunión nada más acabar. Sin embargo, contesto a la pregunta, aunque sin darse a penas cuenta.
"Ha ido a Hogwarts." Se sorprendio, no solo por lo contestado sino por una vocecilla en su interior que le decía que estaba en lo cierto.
River quería preguntar que a que, porque ya sabía la respuesta y porque quería presionar a la que consideraba como su propia tía, e intentar hacerla confesar. Una verdad a la que él tenía derecho y todo el mundo se la negaba. Pero no tuvo tiempo porque por la puerta acababa de aparecer Robert, con la respiración agitada, la bata de lana bien atada al cuerpo y los brazos cruzados sobre el pecho.
"¿De donde vienes tú?" Pregunta su madre entre intrigada y aliviada de no tener que seguir contestando al hijo de Harry.
"Del baño." En ocasiones parecía que esos dos se leían la mente.
"¿Y la bata?"
"Tengo frío. Y sueño." Se acerco a su madre y la beso en la mejilla. "Buenas noches."
Hermione parecio querer decir algo más, sobre todo cuando vio a su hijo meterse a la cama con la bata aun puesta, pero un nuevo 'buenas noches' esta vez del otro pelirrojo la disuadio.
Apago la luz, y tras despedirse cerro la puerta y la oyeron volver a su habitación.
Esperaron unos minutos en silencio, hasta que les parecio que ya había pasado un tiempo prudencial.
"¿Lo tienes?" Pregunto un gemelo.
"La duda ofende." Fue su contestación. Se sento en la cama y tomando su varita susurro un hechizo que lleno la habitación de una tenue luz, solo la justa para poder verse pero sin levantar sospechas. "Solo la sacaste a ella de la habitación. Temía que papa se despertase de un momento a otro. Tuve que arrastrarme por el suelo como un gusano hasta el armario, ¿sabes?"
Galen se rio bajito. "Esta bajo los efectos de una poción para el sueño, aunque hubieses destrozado la habitación no se habría enterado."
Robert lo fulmino con la mirada. Después abrio la bata y saco el libro que escondía bajo ella.
No era muy grande y el estado en que se encontraba no lo hacia lucir valioso, pero la mayoría de los tesoros se esconden en envoltorios gastados, como solía decir Remus.
Los tres se acomodaron sobre la cama de Robert y ojearon el libro.
En el capitulo 4 había una extensa colección de hechizos manipuladores de tiempo. Tal cantidad daba la sensación de que aquello no era muy fiable, además la lengua en la que se encontraban escritos era bastante arcaica, como una extraña mezcla entre latín y algún dialecto antiguo, pero River creía recordar que para la magia pura se usaban lo que Severus llamaba en sus clases 'palabras puras'. Y aunque para ser sinceros la reacción que provocaba aquel libro nada más abrirlo estaba más cercana a la de la magia negra que de cualquier pureza, él no podía juzgar porque nunca había experimentado ese tipo de magia.
"Suadil. Az tris… ¿que pone aquí?"
"Robert, no creo que sea muy sensato pronunciar en alto un hechizo del que no sabes nada." Le regaño su gemelo.
"No creo que pueda hechizar nada con esto. Seguro que ni se pronuncia así, además no he llegado ni a la tercera palabra."
"Grrrr, ¿si ni siquiera sabemos leerlo, como vamos a usarlos?"
"Espera un momento, quedamos en que solo lo ojearíamos, nada de intentar usarlos." Le recordó Galen a su moreno amigo.
"Hey, escuchad esto Tor nec don…mmm…donovan, nec-dona, van-tor. ¿Qué significara?"
"¡Robert! ¿Que parte no entendiste?"
"Venga hermanito, ¿acaso sientes algo raro? Mira a tu alrededor. No ha pasado nada. ¡Nada! Posiblemente tenias razón, y el libro no sirva. Mira la cantidad de hechizos que hay aquí. Empiezo a pensar que si alguno fuese realmente útil, ya sabríamos de ello." Cerró el libro y lo dejo sobre la cama frustrado.
Galen los miraba con una expresión entre 'os lo dije' y 'estamos perdiendo el tiempo', y con cierto aire de orgullo volvió hacia su cama.
"Deberíamos empezar a planear como devolverlo al armario y que nadie se entere de esto."
"Yo lo saque, te toca a ti volverle."
River los ignoro mientras continuaban discutiendo y también regreso a su cama pero llevándose el libro con él. Se acurruco de nuevo entre las mantas y tomo también la 'caja de secretos'. Al mirarla tuvo una idea y decidió intentar algo que le había enseñado su padre tiempo atrás.
Cogio su varita y respiro profundo y volvio a abrir el libro, pero esta vez solo con un pensamiento en mente. Su papa Draco. El padre que desconocía pero conocía tan bien.
Dejo libre todos esos sentimientos que tanto esfuerzo le costaba contener, porque al hacerlo liberaba su magia. O eso decía su papa Harry.
Se concentro en la incertidumbre y el miedo de la guerra, la preocupación por Harry, la rabia de la información que le ocultaban, el anhelo con la llegada de una nueva carta, el dolor y la alegría a partes iguales tras leerla, el sentimiento confuso que solo aparecía con Draco y al que no se atrevía a poner nombre… y de pronto sintio como las paginas amarillentas y ajadas comenzaban a moverse, pasándose solas a gran velocidad. Parecían llegar al final, pero entonces volvían de nuevo hacia el principio. Se concentro aun más, y centro su mente en un par de ojos grises como los suyos y en un montón de palabras que eran el mundo para él.
Y lo sintio.
Las hojas habían parado de moverse y el libro estaba abierto ante él.
Capitulo 4, hechizos manipuladores de tiempo, pagina 98. Y un solo hechizo en toda la extensión del papel.
Tomo aire y miro en dirección a los gemelos, pero ellos seguían discutiendo y no se habían dado cuenta de nada.
Volvio los ojos al libro y pensó ¿Qué puedo perder?
No sabía como leer esa lengua extraña, y la parte lógica de su cerebro decía que aquel libro no era más que un montón de patrañas, pero sus labios ya habían formado la primera palabra y en su mente lo único claro era Draco.
"Merit tâ suelos statu, nec taia mevti. Eti men capo uuictu Menadhura"
Y aunque reconocía su voz en aquellas palabras susurradas no podía comprender su sentido ni la fluidez con que las pronunciaba, ni como era posible que en un hechizo tan pequeño pudiese comprimirse algo tan grande como el tiempo.
Y de pronto se sintio mareado y tuvo que cerrar los ojos mientras el mundo a su alrededor parecía cambiar y moverse rápido como atrapado en mitad de un huracán.
Ya no había nada. No sentía el peso del libro en su regazo, ni la calidez de la cama sobre la que se sentaba, ni el murmullo de voces que antes lo acompañaba.
Solo había… nada; y una terrible sensación de vértigo.
Y de pronto todo acabo y la desagradable sensación desaparecio.
Su respiración estaba agitada y su cuerpo se sentía pesado como plomo. Seguramente se había excedido usando su magia.
Si, eso había pasado. Era un tonto confiado y se había excedido usando su magia. Maldijo el libro, y luego se maldijo a él, por insensato.
Su padre estaba muerto. Eso no se podía cambiar. El tiempo se vive y se va. Nunca hay marcha atrás. Su padre estaba muerto. Y él se sentía tan cansado. Ya nunca le conocería. Sólo le quedaban las cartas y ese sentimiento sin nombre tan parecido al que le provocaba Harry.
Y sin darse cuenta empezó a llorar. Como hacía mucho que no se lo permitía.
No quería hacer ruidos para que los gemelos no se dieran cuenta pero apenas podía evitarlo.
Entonces lo oyó. Eran gritos, pero él no había gritado. Y se dio cuenta que el aire ya no era limpio, y bajo sus manos había piedra en lugar de tela. Y tenía frío.
Volvio a oír gritar y los ojos se le abrieron y delante suyo encontro una calle y gente corriendo y muchos gritos. Había humo por todas partes y varios edificios ardiendo.
¿Por qué no estaba en su habitación? Se levanto del suelo y avanzo con sus pies descalzos. Aun era de noche pero ahora estaba lloviendo. El humo y la humedad de la noche le asfixiaban y apenas podía ver por donde caminaba. Se oyeron más gritos y sin saber que más hacer decidió seguir las voces. Salio a una calle ancha que parecía ser la principal y creyó ver entre el humo gente corriendo y haces de luz verde. Agarro con fuerza la varita que afortunadamente aun tenia en su mano, y con la otra apreto la caja con las cartas y avanzo. ¿Dónde estaba? Paso por delante de una tienda. luego otra y otra más, entonces se paro en seco porque acababa de reconocer el lugar.
Hogsmeade.
Pero no el que él conocía. Aquel barrio no estaba desierto, asolado por la guerra. Las tiendas aunque cerradas estaban aun en uso y había un montón de gente que corría a resguardarse. Este era el Hogsmeade del que hablaba su padre. Y él estaba allí. ¡Y en mitad de un ataque! Estaba tan asombrado que se quedo de piedra y en ese estado no supo que hacer cuando se dio cuenta que algo negro iba hacia él.
"¿El pequeño se ha perdido?" se burlo una voz cruel. La de un mago de túnica negra con su mascara blanca tapando su cara. Un mortifago. "Yo puedo ayudarte con eso."
Levantaron sus varitas al tiempo, uno con pulso firme, listo para matar, River temblando intentando protegerse.
"Avada kedavra" no sentía nada pero el mortifago que tenía delante cayo al suelo sin vida.
Temblando aun de miedo escucho otra voz, pero esta era sincera e incluso tierna.
"Tranquilo muchacho, ya estas a salvo." Y supo quien le había hablado aun antes de ver los ojos verdes de su padre mirándole con preocupación.
Delante suyo estaba Harry Potter, un Harry de no más de 18 años.
No sabía que hacer. No era posible. Pero parecía que si que había manipulado el tiempo, porque el miedo que sentía era tan real que no era posible que esto fuera un sueño.
"¿Cómo te llamas?" le pregunto Harry tiernamente.
¡No sabía quien era! ¿Su padre no le reconocía? Entonces comprendio. ¡Por Merlín! Lo había conseguido. Había viajado en el tiempo. 14 años atrás donde él todavía no existía. Podía hacer algo por Draco.
Pero si contaba ahora la verdad, lo tomarían por loco o aun peor por farsante o un enemigo. Además ni él mismo terminaba de creerlo. Y lo que era más importante aun tenía que saber si podía ayudar a su padre.
Entonces recordo la debilidad de su papa Harry. Los niños. Sobre todo los que se habían quedado sin nada. No podía resistirse a un niño desvalido y huérfano.
Eso sería él.
La culpa y la vergüenza por las mentiras que rondaban su cabeza ya quedarían para mas tarde, ahora necesitaba a Harry Potter y un lugar seguro donde idear un plan. Encontraría la manera de explicarse y que le creyeran pero primero se ganaría su cariño. O su compasión.
"River." Susurro mientras bajaba la mirada y forzaba un sonrojo. "Me llamo River, y me he quedado solo."
