Gracias por pasarse a leer, en especial mi seguidora número 1 LADI JUPITER, gracias por los comentarios alentadores.

Ojalá les guste este nuevo capítulo

La noche se avecinaba en la ciudad y el turno de Lita en el restaurante Kawamura estaba llegando a su fin. Estaba realmente animada, ya que la clientela no la catalogaba como una chica mala, sino que estaban anonadados por su belleza.

Fue al fondo del local a sacarse su delantal y fue a saludar a Kawamura-san.

-Buen trabajo Lita –la felicitó él.

-Gracias, buen trabajo –hizo una reverencia- Nos vemos mañana –le dedicó una sonrisa alegre y salió del local.

-Ten cuidado ¿sí? Hasta mañana le gritó desde adentro y Lita elevó una mano para que entienda que había escuchado.

-Bueno… las cosas empezaron bien –se hablaba para sí misma.

Mientras caminaba miraba a su alrededor las casas con las luces encendidas y las farolas de la calle. Ya había oscurecido bastante, caminaba sin preocupaciones, hasta que en la esquina, había una casa con un rosal impresionante de rosas blancas. Fue hacia allí y se puso a oler las flores, eran deliciosas.

-Quisiera tener una así en casa, pero por ahora no puedo comprar uno –dijo con un poco de tristeza.

Una mirada atenta desde el techo de una de las casas, la observaba. Cuando la chica siguió camino, el joven que la miraba, apagó su cigarrillo, y bajó del techo dando un primer salto a un árbol y luego al suelo.

Lita seguía caminando y comenzó a sentir una presencia que la seguía, pero cada vez que se paraba y daba vuelta, no veía nada. Así que continuaba tranquila, pero también, atenta. Al fin, llegaba a su casa, pasó por el pequeño patio que tenía y llegó a la puerta, en ese momento sintió que alguien se acercaba demasiado rápido, cuando se dio la vuelta para defenderse, fue sujetada por ambas manos, que el chico levantó sobre su cabeza y las apretó contra la puerta, dejando a Lita inmóvil, no tanto por la fuerza que ejercía, sino, porque su cara estaba demasiado cerca de la del muchacho.

-Tú… -recordando el día anterior que chocó con él- ¿Qué… qué quieres? –dijo avergonzada, no sabía por qué, pero no podía moverse.

-Solo vine a recordarte, que cumplas tu promesa –esto último se lo susurró al oído, lo que hizo que a la chica le diera un escalofrío y un sonrojo en toda la cara—Buenas noches –pasó su legua suavemente por la oreja de ella y la soltó del agarre.

Apenas fue liberada, a Lita se le vencieron las piernas y cayó de rodillas, apoyando sus manos delante de ellas. En ese momento el joven se agachó y apoyó una rosa blanca en el suelo frente a ella, se dio la vuelta y se fue prendiendo un cigarrillo.

Lita quedó mirándolo todavía sonrojada y sorprendida. Comenzó a pensar, conocía esa forma de caminar, ese cabello color gris y ahora, el cigarrillo, recordó que la madre de Jin, le dijo que ahora fumaba. Allí fue cuando tomó coraje.

-¡Jin Akutsu! –gritó ella y el aludido que ya estaba en la entrada del jardín giró su cara para mirarla- Voy a cumplir esa promesa –le sonrió maliciosamente en ese momento. Él joven solo hizo un ademán con la mano y siguió caminando a paso lento.

Ahora, se puso a ver la rosa que tenía en frente, aparentemente, la estaba siguiendo desde antes que lo notara. La tomó y la olió, su rostro se encontraba ruborizado y una sonrisa casi imperceptible se veía en sus labios. Cuando recuperó fuerzas, se levantó, entró a la casa, agarró un pequeño jarrón que lo llenó de agua, lo puso arriba de la mesada y se recostó sobre la misma para mirarla.

-Maldito Jin Akutsu –una vez más hablaba sola— Entonces, leyó la carta al final. Pensé que ya se habría olvidado de mí –recordó la carta que le había dado, antes de mudarse aquella vez—Está cambiado… -seguía en su mundo de ensoñación—Bueno, mejor me voy a dormir, a ver si vuelvo a llegar tarde –sacudió la cabeza y dicho esto, se encaminó a su habitación.

A la mañana siguiente, Lita se levantó temprano para preparar su almuerzo y llevaría uno de sobra para Oishi. Luego de clases, tendría práctica de karate, estaba ansiosa por ello, y también, eso le hacía recordar a Jin, que tendría que seguir entrenando duro si quería vencerle. Él le dijo que cumpliera su promesa, pero no le dijo cuando, así que tendría que estar preparada.

Al fin terminó de preparar los almuerzos y comió un desayuno rápido y salió.

-¡Lita!–gritó una voz conocida desde atrás.

-Hola, Kawamura –se detuvo a esperarlo.

-¿Cómo te fue ayer en el restaurante? No hablé con mi padre –le comentaba.

-Muy bien, estoy muy contenta. Ya me dijo que pronto podré cocinar, que tengo que aprender las recetas, así que en estos días iré más temprano así me explica –decía anima y risueña.

-Eso está muy bien –la miró, parecía estar diferente del día anterior— ¿Te pasó algo?

-¿A qué te refieres? No pasó nada más, solo lo del restaurante –una sonrisa temblorosa salía de su boca, no quería contarle lo de Jin, sabía que Kawamura iba a intentar detenerla si quería pelear con él, así que prefería mantener en secreto el encuentro del día anterior.

-¿Segura? Sabes que me doy cuenta cuando me mientes –la veía risueña, tenía los ojos brillantes, algo había cambiado.

-Es verdad, siempre te dabas cuenta cuando te mentía. Pero esta vez no es nada de qué preocuparse –ondeó su mano a la altura del pecho, para restar importancia.

-Llevas mucho almuerzo –miró la bolsita que llevaba, tenía dos cajitas.

-Ah, sí. Le llevo uno a Oishi –dijo contenta.

-¿Por qué? –salió, sin pensar, la pregunta.

-Porque es muy bueno conmigo, es el único en la clase que me habla –finalizó con una pequeña risa.

-Ah, es por eso –no sabía por qué, pero le molestó un poco que le hiciera un almuerzo a su compañero— Cuando éramos niños, siempre hacías los almuerzos, ya de pequeña que te gustaba cocinar.

-Sí, mamá me enseñó –algo nostálgico se vio en su mirada.

-Sí, tú mamá cocinaba muy bien –recordó.

-¿Cómo va el tenis? Sé que son muy buenos, o al menos eso dicen en otras escuelas –después de un corto silencio, decidió cambiar el tema.

-Muy bien, tenemos un buen equipo. La semana entrante, tendremos unos partidos amistosos contra Yamabuki. Sería bueno que vengas –ya estaban en Seishun, entrando por la puerta principal.

-Así será, quiero ver como juegas. Nunca te vi jugar al tenis –posó su mano en los labios pensativa.

-Es verdad, no faltará oportunidad –sonrió animado, y pronto sonó la campana de la escuela—Bueno, nos vemos luego.

-Adiós Kawa-chan –el aludido se sonrojó, sabía que no le gustaba que le dijera así, pero no pudo evitarlo—Lo siento –sacó su lengua y le guiñó un ojo, luego salió a pasó rápido hacia el aula.

Llegó justo a tiempo, luego de ella, entró el profesor, así que se dirigió a su asiento sin poder saludar a Oishi. Una clase aburrida tras otra, no veía la hora de que terminaran ya, así podría ir a comer, hoy se encontraba con mucho apetito. Sería por las ansias de tener que luchar contra su enemigo número uno, Jin Akutsu. Pero cuando pensó en ello, su rostro se ruborizó y una sonrisa tonta apareció en sus labios. Oishi que sentaba en el banco de al lado, percibió ese estado, cuando ella se dio cuenta que la estaba mirando, lo observó de reojo y se tapó rápidamente con el libro. Esa acción a Oishi le pareció extraña y divertida a la vez.

-Kino, ya que está tan interesada en la lectura, lea el párrafo que sigue –le pidió el profesor.

-Eh, sí… -no sabía por qué párrafo iba, no estaba siguiendo la lectura. Oishi la miró y le mostró por lo bajo el libro y le señaló desde donde tenía que leer y comenzó con la lectura.

-Muy bien, hasta ahí –le dijo, sorprendido, ya que pensó y estaba seguro que no estaba escuchando lo que él decía.

-Gracias –dijo por lo bajó a su compañero que le sonrió.

Pasado un rato la campana dio el fin de las clases, y Oishi se acercó a Lita.

-Llegaste justo a tiempo hoy –dijo recordando que el día anterior había llegado tarde y la regañaron.

-Sí, hubiera llegado antes, pero salí con los minutos contados y me crucé a Kawamura y se me fue el tiempo –estaba agarrando sus morral y las viandas de comida.

-Pero mientras llegues antes que el profesor estará bien –sonrió amablemente.

-Para ti –le extendió uno de los almuerzos que había traído.

-Gracias… -se ruborizó un poco, nadie le había preparado un almuerzo desde que tiene uso de razón—No debiste molestarte. Unas compañeras que estaban todavía en el salón comenzaron a murmurar, pero ninguno de los dos les prestó atención.

-No es nada, me gusta cocinar, así que fue un gusto hacerlo –comenzó a caminar a la entrada.

-Te acompaño a almorzar –le dijo y la siguió desde atrás, continuaba ruborizado y le daba pena que lo viera así.

Fueron caminando por el pasillo, por la escalera y junto a las canchas de tenis, siempre observados por todo aquel que los viera pasar. Esta vez, se sentaron bajo un árbol en el pasto y abrieron sus almuerzos.

-Se ve delicioso –al igual que el que había probado el día anterior.

-Come, come, di ah –le dijo esto agarrando con sus palillos un rollo de huevo relleno y condimentado. Oishi abrió la boca y ahora sí, estaba más ruborizado que antes, no podía creer lo que estaba haciendo.

-¡Es verdad! –se escuchó un gritó desde atrás de ellos, que hizo que Oishi casi se atragantara con la comida y que Lita casi tirara la comida.

-¿Qué te pasa Eiji? ¿Estás loco? –dijo después de que tosió un par de veces.

-Es que quería confirmar lo que están diciendo todos –dijo algo triste, casi con lágrimas en los ojos.

-¿Qué cosa? –no entendía de qué hablaba.

-De que ustedes dos están saliendo –ambos se ruborizaron y el pelirrojo hacía morritos—Estoy muy enojado, Oishi. No me contaste nada, y eso que soy tu mejor amigo, tu pareja de dobles –un lagrimón se le escapó.

-Es que, no es verdad –seguía con un poco de tos.

-Tiene razón Oishi, solo vinimos a almorzar –decía un poco avergonzada.

-¿Ustedes dos solos? Es sospechoso –la mirada se le había afilado- ¿Seguro no me ocultan nada?

-Claro que no Eiji. La gente habla por hablar, no hagas caso de los comentarios –puso expresión seria.

-Entonces… -posó su dedo en la boca, de la cual caía baba— ¿Puedo comer algo de esto? –señaló en almuerzo de Oishi.

-Sí, come –ya resignado, aparentemente, cada vez que fueran a almorzar alguien iba a ir a aparecer para comer también.

-Creo que voy a tener que preparar más almuerzos –dijo divertida Lita, viendo como comía el pelirrojo.

-Está delicioso –los ojitos se le iluminaron y seguía agarrando más bocados.

-Basta –Oishi le dio un golpe en la mano—No me vas a dejar nada, contrólate.

-Que malo eres Oishi –sus ojos se llenaron de lágrimas una vez más.

-Toma –también le convidó con sus palillos a Eiji, que ni dudo de morder ese bocado exquisito, pero a diferencia de Oishi, no se ruborizó, algo que percibió su compañero y se sintió más avergonzado aún. Allí siguieron comiendo los tres, hasta que no quedaba ni un bocadillo.

-¿Tienes práctica ahora, no? –le preguntó el subcapitán de tenis.

-Sí, en un rato –estaba guardando las cajitas de almuerzo.

-Nosotros ya tenemos que irnos –dijo Eiji, recordando que en veinte minutos empezaba su práctica.

-Pero, recién comieron, lo lamento –estaba apenada por ello.

-No te preocupes, hacemos rápidamente la digestión –la tranquilizó el colorado.

-Entonces, puedo ir a ver un rato de su entrenamiento –preguntó mirando a Oishi

-Vamos entonces –Oishi, la ayudó a levantarse dándole su mano, con una expresión risueña. Eiji miraba lo cordial que estaba siendo su compañero.

-¿Todos ellos practican tenis? –miraba hacia todos lados, y había mucho chicos practicando con sus raquetas.

-Sí, ellos son principiantes, luego, comenzamos nosotros –le dijo Eiji.

-Ey, ¿viniste a ver nuestra práctica? ¿Trajiste comida? –era Momo que se le pegó a Lita.

-No, porque ya nos la comimos con Oishi –le espetó Eiji en la cara—Y suelta, que no es tuya –lo jaló del brazo para alejarlo de ella.

-Qué mal –entristeció finalmente el de cabellos negros y ojos violáceos.

-Momo gordo –dijo Ryoma que pasaba por detrás.

-Cállate Echizen –lo miró desafiante. Luego, todos fueron a cambiarse, y Lita quedó mirando un rato y sorprendiéndose del entrenamiento físico tan duro que les daba uno de lentes y que cuando les mostró un vaso de jugo, todos comenzaron a esforzarse el doble. Más le llamó la atención, cuando se le acercó ese mismo chico extraño de gafas.

-Oye, ¿eres amiga de Kawamura, verdad? –le preguntó el recién llegado—Soy Sadaharu, ¿querrías probar mi zumo especial? –ella miraba como había burbujas que explotaban en el vaso.

-Este… Sí, soy amiga de él. Me llamo Lita –miraba desconfiada ese vaso, pero como el chico la intimidaba, lo agarró. Estaba a punto de probarlo.

-¡NOOOOO! –llegaron a toda velocidad Oishi y Kawamura tirándose prácticamente encima de Lita. El amigo de toda la vida de ella, quedó sobre ella con su cara bastante cerca y el color rojo se le subió a toda la cara. Sadaharu, prontamente anotó esa reacción en su libreta. Lita, no mostró ninguna expresión, ya que lo consideraba como un hermano, aunque a Oishi, no le hizo mucha gracia esa secuencia.

-Bueno, parece que Kawamura quería tomar el zumo, ¿verdad? –un destello salió de sus lentes y el nombrado tragó saliva. No iba a permitir que Lita tomara ese veneno, así que agarro el vaso y lo tomó de un sorbo. Lita lo miró esperando alguna reacción.

-¿Estaba rico? –preguntó incrédula. No recibió respuesta alguna, hasta que de pronto, comenzó a ponerse verde y a transpirar- ¿Kawa-chan? –lo miró con cara de horror al ver que no había reacción y de pronto, cayó al piso inconsciente.

-Veo, que no está bien todavía el zumo, tendré que seguir intentando –se dio la vuelta y se fue. Lita quedó con la boca abierta enormemente, y veía como sus compañeros lo ayudaban.

Así pasó su primer experiencia con el tenis, pensó en nunca hacer tenis, no quería tener que probar esa cosa. Ya era hora de de su práctica, así que solo se fue de allí. Más emocionada que nunca, fue su mejor entrenamiento después de mucho tiempo, estaba abstraída por su objetivo principal: vencer a Jin Akutsu. El sensei, la felicitó y hasta le dijo que representara a la escuela en el próximo torneo de karate, tenía muchas posibilidades de ser la ganadora.

Al fin las cosas estaban empezando a salirle bien…