Capítulo 4: "Un problema de altura"

En medio de una arboleda de la ruta 1, una pelea se estaba dando. Un pequeño Pidgey trataba de defenderse de un grupo de Spearrow, los cuales eran comandados por un Fearrow. Todas las aves observaban enfurecidas al pequeño pájaro que intentaba hacerles frente.

Varios Spearrow se lanzaron a gran velocidad contra Pidgey, golpeándolo con sus garras y provocándole graves heridas. El pequeño pájaro intentaba defenderse, pero la diferencia de número le impedía preparar siquiera un ataque.

Al verse en completa desventaja, Pidgey decidió que lo mejor sería escapar, por lo que en el poco tiempo que tuvo libre creó un pequeño tornado que alejó a varios Spearrow, lo suficiente como para que pudiera escabullirse y alearse lo más rápido que su herido cuerpo le permitiera. Pero Fearrow no iba a dejar que su presa escapara tan fácilmente, por lo que creó una ráfaga de Aire Afilado y la lanzó en contra del ave.

Pidgey logró evitar varios de los ataques, pero uno de estos le rozó su ala derecha, lastimándola pero no impidiendo que pudiera mantenerse en el aire, pudiendo al final alejarse lo suficiente.

Fearrow estuvo a punto de lanzarse hacia Pidgey al ver que su plan no había funcionado, hasta que una voz lo detuvo.

– ¡Suficiente! – Exclamó un sujeto oculto tras unos árboles, pero que Fearrow pudo ver a la perfección.


Mientras tanto cerca de allí.

– ¡Ataque rápido!

Un veloz punto amarillo golpeó contra un Hoothoot, el cual cayó al suelo debilitado tras recibir el impacto.

– ¡Hoothoot! – Gritó un chico de unos diez años al ver a su pokemon debilitado.

– ¡Bien hecho, Pikachu! – Felicitó Lucas a su pokemon, mientras lo acariciaba con cuidado. Pikachu apreció aquel gesto y le sonrió a su entrenador – fue una buena pelea, Steve.

– No mientas – dijo desanimado el niño, regresando a su Hoothoot a su pokeball – es increíble que vencieras a tres de mis pokemon usando solo uno – Steve miró al suelo un tanto apenado, pero Lucas lo llamó.

– Ey, no te desanimes. Si no pudiste esta vez, tal vez puedas a la siguiente – lo animó a la vez que le sonreía.

– ¿Tú crees? – Cuestionó un poco desconfiado.

– Nunca lo vas a saber si no lo intentas.

El niño soltó una sonrisa tras aquella frase, obserando la pokeball de su Hoothoot un poco más animado.

– Je… tal vez tengas razón – murmuró, para luego buscar algo en sus bolsillos. Cuando lo encontró, el niño se lo entregó a Lucas.

– ¿Por qué das dinero? – Preguntó confundido.

– Son las reglas, cuando un entrenador pierde un combate contra otro debe darle parte de su dinero – explicó como si fuera lo más simple del mundo – además, quería agradecerte por el consejo.

Lucas terminó aceptando algo dudoso el dinero.

Se puede vivir de esto… – pensó el chico mientras veía el dinero. No era mucho, al menos unos 10 pokelares.

– Hey, si ya terminaste ¿podríamos continuar? No tenemos todo el día – pidió molesto John ante la actitud de Lucas.

– Lo siento… bueno, que tengas un buen viaje, Steve.

– Lo mismo para ustedes – respondió con una sonrisa el niño, mientras extendía su pokeball al frente – tal vez nos veamos otra vez, ¡y entonces tendremos la revancha!

– Tenelo por seguro – dijo Lucas para luego marcharse junto con los demás.

Llevaban cerca de unas 4 horas atravesando, lo que ellos pensaban, la "corta" ruta 1, sin encontrarse con pokemon que capturar o que siquiera se acercaran a ellos. Parecía como si todos se hubieran esfumado o se sintieran intimidados por algo, aunque solo podía ser con ellos ya que los pokemon del grupo estaban en perfectas condiciones. Y Noivern no estaba fuera de su pokeball como para asustarlos.

– Me duelen las piernas… – se quejó Sarah estando a punto de caerse – ¿No podemos descansar un rato?

– Ahora no, nos queda poco para llegar a Pueblo Valde, allí vamos a descansar – explicó Mark, mientras seguía viendo su mapa.

– Dijiste lo mismo hace como una hora – mencionó Lucas con un toque algo molesto – y no uses de escusa aquella pelea, porque no tarde demasiado.

– Hm… – Mark solo desvió la mirada del grupo para observar su entorno, mirando más el horizonte tratando de hallar alguna muestra de civilización.

Caminaron por varios minutos más, cada uno tan metido en sus problemas, que no notaron que algo estaba por caerles encima.

– ¡Cuidado!

Todos escucharon la advertencia y observaron como algo estaba por golpearlos, por lo que se hicieron a un lado antes de que eso pasara.

PAM

Lastimosamente, Sarah no fue tan rápida y recibió el impacto de lleno.

– Auch… – se quejó la chica mientras sobaba su cabeza, los demás fueron a ayudarla a levantarse, ya que por el golpe había caído al suelo – ¿Qué fue…?

Pero no pudo terminar la oración, ya que sus ojos se llenaron de un gran brillo al ver en el suelo a un pequeño pájaro marrón, quien tenía muchas heridas en todo su cuerpo. Sin pensarlo dos veces, Sarah lo levantó con cuidado, pudiendo observar mejor sus heridas.

Parecían arañazos y algún que otro picotazo, todas eran profundas.

– Pobrecito… – murmuro mientras miraba con pena a la pequeña ave – ¿Quién pudo hacerle esto?

Mark tomó su pokedex y lo analizó. Ya sabía de antemano que era un Pidgey, solo la usó para saber cómo debían tratarse las heridas en ese pokemon. El dispositivo le indicó que debían untar en las áreas heridas jugo de Baya Aranja y luego aplicarles una poción.

– Debemos buscar algunas bayas para curarlo – informó con seriedad – Lucas y yo iremos a recolectar algunas, ustedes dos quédense a cuidarlo – todos asintieron ante las indicaciones del chico y cada uno fue a hacer su parte.

Sarah seguía con la pequeña ave en sus brazos, la cual poco a poco comenzó a moverse y divisar su entorno. Se asustó un poco al ver a la chica, provocando que se moviera bruscamente y un dolor agudo le afectara en su ala.

– ¡Tranquilo…! – Pidió Sarah intentado mantener en calma al ave – no te muevas tanto, estas muy herido – Pidgey al ver el rostro preocupado de la joven dejó de forcejear y se acomodó en sus brazos, aunque con ligera desconfianza. La chica sonrió y con cuidado tomó su propia Pokedex para analizarlo. Ella no sabía lo que era exactamente, por lo que fue directo a la base de información básica.

Allí encontró el nombre del pokemon, sus habilidades y naturaleza, como así también el peso y tamaño del promedio. Fue allí cuando se dio cuenta de algo, el tamaño general de los Pidgey rondaba los treinta centímetros, pero el que tenía en sus brazos apenas si tenía diez. Sarah intuyó que debía estar desnutrido o algo peor, pero no lo sabía con exactitud.

A los pocos minutos de irse, Lucas y Mark regresaron con varias bayas Aranja con las cuales trataron las heridas de Pidgey.

Al principio este se negó, pero gracias a la ayuda de Sarah (ya que parecía ser en la única en quien "confiaba") pudieron realizar su labor. Una vez que habían untado el juego de la baya en todas las heridas le aplicaron una poción que tenía Mark en su bolsa.

– ¡Y listo! – indicó con una sonrisa cuando acabaron todo. Pidgey pudo notar como el dolor desaparecía con lentitud, pero aún estaba latente. Sobre todo en su ala derecha, la cual era la zona más afectada.

– ¿Y ahora qué hacemos con él? – Preguntó John observando al Pidgey.

– No podemos dejarlo solo, en ese estado va a ser presa fácil para cualquier depredador – indicó Mark – lo mejor será que venga con nosotros y para cuando estemos en Pueblo Valde lo dejemos a cargo de la enfermera del CP.

Todos asintieron y continuaron con su andar, con Pidgey en los brazos de la única chica del grupo.


Ya estaba atardeciendo cuando pudieron observar un pueblo en la lejanía.

– ¡Ya casi llegamos! – Avisó Mark eufórico mientras adelantaba su andar.

– ¡Era hora! – Gritó frustrado Lucas imitando las acciones de su amigo – solo espero que no te equivoques.

Los demás rieron por aquello como también soltaron un suspiro, ya habían caminado por mucho tiempo y necesitaban descansar.

Pidgey no se había movido de su lugar en todo el recorrido, pero cuando estuvieron a una cierta distancia del pueblo, este salió volando de los brazos de Sarah. El ave no llegó muy lejos por las heridas que aún tenía y por ello se desplomó contra el suelo. Sarah apenas tuvo tiempo de reaccionar, pero luego de ver como el pequeño había caído no dudó en levantarlo. Aunque ahora, el ave intentaba escapar de los brazos de la chica quien hacía todo lo posible por no soltarlo.

– ¡¿Qué es lo que te pasa?! ¡¿Qué ocurre?! – Preguntó asustada, preocupada y exaltada. Sus dudas fueron contestadas cuando una ráfaga de aire golpeó cerca de donde ellos se encontraban, levantando una pequeña nube de humo.

Todos dirigieron su mirada hacia el origen del ataque, notando que en medio del cielo se encontraba lo que parecía ser un ave similar a un halcón de varios colores los cuales rondaban entre el verde, azul y dorado. Acompañado también de un negro que cubría gran parte de su cuerpo. Sus ojos eran de un color rosa muy brillante, y en su cabeza se asomaba lo que parecía ser un tipo de copete color verde.

– ¡¿Qué pokemon es ese?! – Exclamó Lucas al ver a aquella ave, la cual tenía una mirada feroz sobre el grupo. El chico sacó su Pokedex y lo analizó.

Chatfortt, el pokemon melodía y evolución de Chatot. Chatfortt tiene mucha gracia y estilo. Se dice que su canto es el mejor entre los pokemon pájaro. Pero uno no debe confiarse mucho si se enfrenta a esta ave, es un pokemon muy fuerte y siempre se enfrenta a otras aves por el territorio. Más específicamente a Betearow y Harfetch'd.

El ave soltó un fuerte pero melodioso graznido cuando la Pokedex dejó de hablar, provocando un ligero temor en el grupo que observaba al pokemon pájaro. Lucas no dudó ni un instante y envió a Pikachu, el cual soltó un poco de electricidad a modo de advertencia, aunque Chatfortt no se vio amenazado por ello. El ave dirigió su mirada hacia Pidgey, el cual seguía en los brazos de Sarah y se lanzó hacia ellos.

– ¡Impactrueno! – Pikachu soltó una gran cantidad de electricidad hacia Chatfortt, pero este con un ágil movimiento logró esquivarla – ¡Ataque rápido!

El pokemon roedor se lanzó el ave, pero esta logró detenerlo con sus alas. Aun así, consiguió tiempo suficiente para que Sarah y Pidgey se alejaran.

– ¡Impactrueno y aléjate! – Pikachu lanzó electricidad contra Chatfortt, el cual la recibió por completo pero no le causó grandes daños. El roedor se alejó justo a tiempo evitando un golpe del ala de Chatfortt.

– ¡Vamos, Riolu!

– ¡A pelear, Chimchar!

Ambos pokemon salieron a pelear, poniéndose al lado de Pikachu cuando este cayó al suelo. Los tres miraron con determinación al ave y se prepararon para la pelea.

Mientras ellos enfrentaban a Chatfortt, Sarah los observaba a una distancia prudente. Estaba molesta por no poder ayudarlos, pero debía mantener protegido a Pidgey.

Sus pensamientos fueron interrumpidos por un fuerte graznido a sus espaldas. La chica se volteó asustada, viendo que detrás suyo se encontraba una gran ave negra que la miraba amenazante. Dicha ave tenía un aspecto similar al de un buitre, con un pelaje blanco que cubría parte de sus alas y cuello. Sus patas estaban descubiertas y poseían tres garras filosas cada una. Sarah dio un fuerte grito que alertó a los que luchaban contra Chatfortt. Lucas fue el primero en actuar ordenándole a Pikachu lanzar un Impactrueno contra el ave.

– ¡¿Otra más?! – Preguntó molesto Mark, mientras mantenía alejado a Chatfortt. El chico tomo su pokedex y esta le indicó que se trataba de un Betearow, la evolución de Fearrow.

Betearow lanzó otro fuerte graznido, el cual llamó la atención de Chatfortt, quien respondió con uno más fuerte y molesto. Eso provocó que ambas aves se miraran desafiantes para luego lanzarse una contra otra, chocando varias veces en el cielo y provocando algunas ráfagas de viento.

– ¿Ahora qué les pasa? ¿No iban tras nosotros? – Preguntó Lucas, mirando confundido la escena. Betearow tenía cierta ventaja sobre Chatfortt, ya que este se encontraba un poco herido por la pequeña pelea que tuvo con los entrenadores, pero sus ataques eran lo suficientemente fuertes como para hacerle frente al ave oscura.

– Betearow y Chatfortt son dos de las tres aves más conocidas de la región Star, siempre luchan por su territorio – indicó Mark, quien observaba serio lo que ocurría – tal como dijo la pokedex, supongo que Chatfortt creyó que estábamos invadiendo sus dominios y es por eso que nos atacó – frunció el ceño al notar algo – es extraño…

– ¿Qué cosa? – Preguntó Sarah.

– Todos saben el peligro que conlleva que estas aves se encuentren, es por eso que el Escuadrón Elite siempre divide sus territorios para que nunca crucen caminos – al terminar de explicar, dirigió su mirada al cielo, en donde Chatfortt y Betearow seguían chocando una y otra vez sus ataques – es por eso que me parece extraño que esto ocurra… tal vez fue intencional.

– No lo creo, a lo mejor solo fue una coincidencia – respondió dudoso John, pero Mark negó.

– No es así, y ahí viene el por qué – agregó, señalando al cielo, en donde un destello verde impactó con ambas aves, las cuales al no esperar aquel ataque cayeron duramente contra el suelo. El destello se detuvo pocos segundos después de realizar aquel golpe, revelando su aspecto. Se trataba de una ave verde de gran tamaño, con un pico largo color amarillo y unas garras filosas – Harfetch'd.

Los demás observaron con cierto temor al ave recién llegada. No lucía tan amenazante como las otras dos pero si emanaba una gran aura de poder. Apenas Chatfortt y Betearow se reincorporaron del golpe, lanzaron un poderoso graznido y emprendieron vuelo contra el ave esmeralda. Las tres chocaron entre sí con tal fuerza que generaron una gran onda de choque, la cual hizo retroceder tanto a los entrenadores como a los pokemon.

– ¡Tenemos que buscar refugio! – Dijo Lucas para luego correr junto con los demás, a la vez que veía asustado como Harfetch'd cargaba un potente Rayo Solar que fue lanzado contra Chatfortt, quien al estar volando cerca de donde ellos se encontraban hizo que aceleraran el paso – ¡Cuidado! – Les advirtió al ver que el ataque había sido esquivado y se dirigía hacia ellos.

El rayo chocó contra el suelo, provocando un gran impacto que mandó a volar en diferentes direcciones a los entrenadores. Sarah quedó con Pidgey, John terminó con Chimchar, Lucas con Riolu y Mark con Pikachu. No tuvieron ni tiempo de reaccionar ya que Betearow provocó una fuerte ráfaga de aire que los obligó a alejarse y cubrirse, buscando algún refugio.

– Esto es malo… – murmuró Mark, oculto tras unas rocas en las cuales había caído cerca. El chico miró a su acompañante y suspiró – supongo que los demás estarán igual – un impacto cerca suyo lo obligó a esconderse otra vez.

Por otro lado, Sarah corría con Pidgey en sus brazos mientras varias ráfagas de aire pasar muy cerca de ella. Solo quería encontrar algún refugio hasta que las cosas se calmaran, pero ningún lugar parecía seguro. Por estar distraída tropezó con una raíz que sobresalía de la tierra, haciendo que cayera contra el suelo. Pidgey salió ileso ya que justo antes de la caída se soltó de los brazos de la chica y se alejó volando un poco. Sarah soltó un fuerte quejido para luego mirar su tobillo. Dolía, pero no lo suficiente como para que fuera un esguince. El ave se acercó a ella e intentó ayudarla a levantarse, aunque mucho no pudo hacer debido a su tamaño. Aun así, la chica le agradeció y volvió a tomarlo entre sus brazos. Caminó un poco hasta que pudo divisar un grupo de árboles que parecían muy resistentes, lo suficiente como para que la protegieran hasta que todo ese conflicto terminara.

– Acá estaremos a salvo – aseguró Sarah mientras se acomodaba en su "refugio". Cómo había cambiado tanto la situación pensó ella, ya estaban por llegar a un lugar poblado cuando de la nada a unas aves se les ocurrió pelearse entre ellas y provocar tal escándalo que tuvieron que buscar refugio cada uno por su cuenta. Sarah notó en ese instante que en toda la conmoción no sacó en ningún momento a Eevee para que siquiera la protegiera, además de que debía estar muy preocupada al no poder hacer nada estando encerrada en su Pokeball. Con ese pensamiento en mente Sarah liberó a Eevee y la miró un poco apenada – lo siento si te preocupé Eevee, pero todo está bien – le dijo con suavidad la chica al zorro, quien asintió feliz para luego ponerse en guardia. También Pidgey se puso alerta. Sarah supuso que era por todo el escándalo que esas aves estaban provocando, pero descarto esa idea cuando escuchó una voz a sus espaldas.

– Aquí estas, M-02…


Mientras tanto con Lucas.

El chico decidió actuar de una vez, ya que parecía que aquella pelea no terminaría en un largo rato, pero no sabía qué hacer.

Tenía a Riolu consigo, pero no era su entrenador como para obligarlo a luchar, además de que no tenía idea de qué órdenes darle. Si de por sí era débil ante los ataques voladores, poco podría hacer contra ellos.

– ¡Agh! ¡¿Qué hago?! ¡¿Qué hago?! – Gritó molesto Lucas, mientras se revolvía sus cabellos como si con eso pudiera encontrar la respuesta. Se detuvo luego de unos segundos dejando su peinado echo un desastre – si tuviera a Pikachu podría planear algo pero… – miró a Riolu, quien parecía un poco incómodo por la situación – Riolu es fuerte, pero no puede hacer nada contra estos pajarracos… ¿qué debo hacer…?

Sus pensamientos fueron interrumpidos por un ruido a sus espaldas, al voltearse vio que se trataba de John, quien tenía a su lado a Chimchar. El pokemon de tipo fuego temblaba de miedo mientras que John tenía una mirada un poco hastiada.

– Estuvo lloriqueando desde que nos separamos ¡y eso que apenas pasaron dos minutos! – Gritó molesto para luego encarar a Lucas – ¡¿Tenes algún plan?!

El chico negó, un poco asustado por la actitud de su amigo pero no recriminó nada.

– Lo siento, no se me ocurre nada – respondió mientras miraba a las aves luchar – creo que lo mejor será esperar…

– ¡AHHHH!

Lucas abrió los ojos como platos al oír aquel grito y no fue el único, John también se sorprendió ante aquello y miró con cierto temor a su amigo, el cual tenía su mirada perdida en la dirección a la que provino el grito.

– Sarah… – susurró, para luego salir corriendo, siendo seguido por los otros.


Mientras con Mark.

Sabía que esto no era casualidad – pensó serio mientras veía como Pikachu mantenía a raya a varios Spearrow que los habían rodeado de un momento a otro. Mark había oído el grito de su amiga, pero cuando quiso ir a ayudarla aparecieron de la nada todos esos Spearrow. Eran demasiadas coincidencias como para que pudiera tratarse de eso – alguien quiere separarnos por algo, ¿pero por qué? – Dejó de pensar cuando un Spearrow estuvo a punto de golpearlo, pero Mark fue más rápido y logró esquivarlo sin muchos problemas – ¡No tenemos tiempo para esto! ¡Pikachu, acábalos de una vez!

Pikachu infló sus cachetes mientras almacenaba una gran cantidad de electricidad, listo para terminar con aquella situación.

Resiste Sarah… – pidió Mark, para luego ver una sombra corriendo a gran velocidad cerca de allí – al menos ellos ya van en camino.


De nuevo con Sarah.

Eevee se encontraba desmallada en el suelo, con sus ojos en espiral, su cuerpo tenía varios cortes y algún que otro moretón. Mientras que Sarah tenía su brazo derecho con varias marcas de arañazos, producidas por proteger a Pidgey del ataque de Fearrow. Dicho pokemon se encontraba al lado de un sujeto de una estatura alta, de cabello blanco todo alborotado, tenía una capa roja oscura que cubría gran parte de su cuerpo, una camiseta gris y unos pantalones negros. El sujeto miró a la muchacha, más específicamente al ave que tenía en sus brazos. Dio un silbido y Fearrow se acercó más a él, mientras le mostraba lo que parecía ser un tipo de caramelo. El chico observó el cielo y notó que ya casi era de noche.

– Escúchame bien mocosa – ordenó con una voz fría y demandante – me darás ese pokemon ahora mismo y tú saldrás ilesa, o de otro modo… – Fearrow comió dicho caramelo y comenzó a brillar por unos segundos, luego de eso el brillo se desvaneció para mostrar que había evolucionado en Betearow, aunque este se veía más amenazante que el que aún luchaba con Harfetch'd y Chatfortt – ¿Necesito explicártelo?

Sarah no dijo nada, solo cubrió más al pequeño pájaro en sus brazos, provocando un suspiro por parte del de cabello blanco.

– Bueno… intenté ser amable – susurró, a la vez que su mirada se ensombrecía – ¡Pico Taladro!

El pico de Betearow brilló con gran intensidad a la vez que aumentaba drásticamente de tamaño. Cuando estuvo listo, se lanzó como una bala contra Sarah y Pidgey, quienes se cubrieron por reflejo. Mas el impacto nunca llegó, la chica levantó la vista para ver con sorpresa como Eevee había logrado levantarse y usar Protección para detener el ataque del ave oscura, la cual regresó molesta con su entrenador.

– ¡No te metas! ¡Pulso Oscuro! – Ordenó con furia el joven de cabello blanco, a lo que su pokemon respondió cargando una energía de color violeta en su boca y lanzándola contra Eevee, quien no pudo evitar el ataque y salió disparada.

– ¡Eevee!

La pokemon zorro intentó levantarse de nuevo, pero su cuerpo estaba muy herido. Ya no podía hacer nada.

– ¡Última oportunidad! – Sentenció el joven – ¡Dame a ese pokemon o lo lamentaras!

– ¡Nunca! – Gritó decidida, provocando una gran sorpresa en Pidgey, quien la observaba confundido pero un tanto aliviado – no sé quién sos ni qué queres con este pequeño ¡pero no dejaré que te salgas con la tuya! ¡Vas a tener que sacármelo a la fuerza!

El chico bajó la mirada levemente, para luego sonreír con malicia.

– Jeje… de hecho, no es mala idea – dijo con un tono sombrío – ¡Aire afilado! – Las ráfagas de aire salieron disparadas como shurikens hacia la chica, quien solo cubrió a Pidgey para que no recibiera ningún daño.

Pero entonces, el tiempo se detuvo. O mejor dicho, todo a su alrededor comenzó a moverse mucho más lento. Pidgey, con una mirada algo confundida, observaba extrañado a la joven que con sus brazos lo estaba protegiendo.

¿Por qué esa humana lo estaba ayudando? ¿Apenas si habían interactuado un poco y ya arriesgaba su vida por él?

No lo entendía.

Se sentía mal, por ella y por él mismo. No quería verla herida, no quería que siguieran lastimándola por su culpa.

No lo permitiría.

Un brillo surgió de entre los brazos de Sarah, para que justo antes de que el ataque impactara con ella, este los desviara chocando contra ellos. El sujeto observó sorprendido dicha acción para luego mirar con seriedad a Pidgey, quien seguía brillando. Sarah apenas si pudo reaccionar, y para cuando logró divisar lo que ocurrió, se quedó paralizada de la sorpresa.

Betearow soltó un fuerte graznido y se lanzó contra Pidgey utilizando un poderoso Pájaro Osado, que fue detenido por un simple impacto contra el pequeño pájaro. El cuerpo de Pidgey brilló con aún más intensidad luego de aquel choque y sacando una fuerza sorprendente logró mandar a volar a Betearow de regreso con su entrenador, esta vez dejándolo debilitado. El joven aún no salía de su sorpresa ante lo que estaba viendo, pero una sonrisa se escapó de su cara. Pidgey voló alto al cielo y con un gran resplandor hizo aparecer en su pecho un tipo de símbolo, similar a un par de alas blancas, para luego lanzar una onda brillante con sus alas, la cual se dirigía hacia el entrenador.

– Así que… este es el poder de M-02… – murmuró antes de que el ataque impactara con él. Dicho ataque provocó una poderosa ráfaga de viento, que casi manda a volar a todos los presentes al chocar contra su objetivo.

Cuando la cosa se calmó, Sarah pudo ver como Pidgey caía lentamente hacia ella. La chica lo atrapó y lo sostuvo con cuidado. Notó que aquel extraño símbolo había desaparecido de su pecho, pero no le prestó mucha atención. Luego observó a su Eevee y con cuidado la levanto, observando varias de sus heridas con tristeza, pero con una sonrisa agradecida por todo lo que había hecho por ella.

– ¡Fuera de mí camino! – Un grito interrumpió aquella escena, tratándose de Lucas quien intentaba sacarse de encima a varios Spearrow que venían persiguiéndolo. A lo lejos podía verse como John se acercaba a paso un tanto cansado siendo acompañado por Riolu y Chimchar – ¡Sarah! – Exclamó apenas la vio. Ignorando a todas las aves que lo rodeaban fue a ver cómo se encontraba, casi chocando con ella por la velocidad a la que iba – ¡¿Estás bien?! ¡¿No te pasó nada?! ¡¿Te duele?! – La invadió de tantas preguntas que no le dio tiempo a responder ninguna, pero sí pudo percatarse de la señal que ella le hacía para que se volteara y viera a los Spearrow observándolos amenazantes. Lucas frunció el ceño mientras se ponía delante de ella para protegerla.

– ¡Estruendo!

Una poderosa onda de sonido mandó a volar a las aves, las cuales por los daños y el susto salieron disparadas a gran velocidad perdiéndose de la vista. Lucas y Sarah dirigieron su mirada hacia el origen de aquella onda, alegrándose al ver a un irritado Mark junto a Noivern.

– Estas cosas sí que son molestas – suspiró malhumorado, pero su expresión cambió a una relajada al ver a ambos chicos en buen estado.

– Llegaste en buen momento – agradeció Lucas mientras le tendía su mano, Mark la aceptó gustoso. Pikachu, quien se encontraba en el hombro de Mark, saltó hacia el hombro de su dueño y le sonrió alegre. Lucas le devolvió la sonrisa y junto a Mark observaron a Sarah, quien aún tenía a Pidgey inconsciente en sus brazos. El chico estaba por decir algo cuando un estruendo se escuchó a lo lejos – ¿Esas aves siguen peleando?

– Tenemos que pararlos como sea – dijo John al llegar con ellos, un tanto agotado por lo que había corrido – tal vez Noivern pueda con ellos.

Todos observaron al dragón, el cual sonrió con superioridad para luego mirar en la dirección en donde las aves luchaban. El grupo entero caminó con paso decidido hacia aquella zona, pero al llegar se sorprendieron al ver a muchas personas con trajes similares a policías en todo el lugar. Uno de ellos fue directo hacia las aves y cuando estas lo divisaron, sacó de una Superball a un Zoroark, el cual usando su ilusión tomó la forma de un Tyranitar. El pokemon siniestro soltó un potente rugido invocando varias Rocas Afiladas a su alrededor, las cuales lanzó en contra de las aves, con tal fuerza que al impactar logró debilitarlas de un solo golpe. Chatfortt, Harfetch'd y Betearow cayeron al suelo debilitados y al instante fueron rodeados por varios de esos "policías" y los encerraron en Pokeballs.

– Perfecto, situación bajo control – informó el entrenador del Zoroark a través de lo que parecía ser un comunicador que tenía en su mano – la ruta no sufrió tantos daños, pero son más de los que me esperaba – el sujeto sintió algo a sus espaldas y al darse la vuelta divisó al grupo de entrenadores que se acercaba a la zona, también pudo ver que algunos de ellos estaban algo heridos – comisario, tenemos civiles heridos en la zona – dijo con ligera seriedad, para luego correr en dirección de los chicos – ¿Se encuentran bien? – Preguntó el adulto preocupado.

– Estamos bien, solo un poco agotados… – explicó Lucas, pero por alguna razón no se sentía muy cómodo – y ustedes son…

– ¡Oh! Lo siento, somos oficiales del Escuadrón Elite – informó el sujeto – mi nombre es Héctor, me disculpo por todo lo ocurrido. Es deber del escuadrón el mantener a estas aves lejos entre sí – dijo mirando como las tres pokeballs eran guardadas en distintos maletines y metidas dentro de un vehículo – por lo menos la situación está bajo control, pronto vendrá alguien a que les cure sus heridas – agregó Héctor, a la vez que su Zoroark se le acercaba – buen trabajo compañero.

El pokemon zorro sonrió para luego observar a los chicos que tenía delante. El tipo siniestro se revolvió su rojizo pelo hasta que sacó lo que parecía ser una baya amarilla, la cual se la entregó a Pidgey, quien la comió un poco dudoso.

– Es una Baya Zidra, te hará bien – dijo Héctor con una sonrisa al ver como el pequeño pájaro parecía recuperarse un poco.

Luego de un rato, llegaron unas personas vestidas con batas blancas de laboratorio, quienes trataron las heridas de tanto humanos y pokemon, como así también arreglaron algún que otro corte que tenían las vestimentas de cada uno. Después de eso, Héctor se ofreció a llevarlos hasta Pueblo Valde como disculpa por lo ocurrido como así también por la hora. Era de noche y ellos apenas si se habían dado cuenta, por lo que aceptaron la oferta y subieron a la patrulla que tenía el policía cerca de allí.

– Uf… nunca pensé que… el inicio de mi viaje sería así… – suspiró Mark a la vez que se echaba perezosamente en su asiento.

Y es que tenía razón, apenas había pasado un día desde que su viaje había iniciado y ya se habían involucrado en una situación muy peligrosa.

– Los comienzos siempre son difíciles, se los digo por experiencia – informó Héctor, mirándolos por el espejo retrovisor – aunque, en mi opinión, el suyo creo que ha sido el más desastroso que he visto – luego de eso el adulto soltó una carcajada que fue acompañada por el resto.

Sinceramente, ese había sido el peor inicio que hubieran podido tener. Y si este era apenas el comienzo ¿cómo sería el resto?

Preferían no imaginarlo.

– ¿Y qué hacemos con este? – Preguntó Lucas, observando a Pidgey en los brazos de Sarah – no te soltó desde que te cayó en la cabeza.

Todos miraron al ave que efectivamente seguía en los brazos de la chica y parecía reacio a irse. Sarah pareció meditarlo por unos segundos hasta que se le ocurrió una idea.

– Si tuviera familia o algo ya se habría ido, y no creo que quiera vivir solo en un lugar donde tiene muchos depredadores… – la chica observó al ave que la miraba curiosa. Ella sonrió – ¿Queres venir con nosotros? – Le ofreció, causándole cierta sorpresa a Pidgey, quien luego de pensarlo unos segundos asintió con felicidad. Sarah se alegró por ello y tomó una Pokeball de su bolso – ¡Bienvenido al equipo, Pidgey! – Dijo, para luego golpear levemente al ave en la cabeza con dicho objeto, haciendo que este lo atrape en su interior. La Pokeball dio unas tres vueltas antes de detenerse y soltar una estrella, señal de que el pokemon había sido capturado.

– ¡Increíble Sarah! ¡Atrapaste tu primer pokemon! – Exclamó Lucas felicitándola, a lo que la chica agradeció con una sonrisa. Provocándole un leve rubor a su amigo.

Sarah observó la Pokeball por unos segundos, hasta que un recuerdo llegó a su mente. Lanzó la esfera al aire y libero a Pidgey en frente de ella, provocando un aire de confusión en el ambiente. Ignorando aquello, la chica tomó al ave y revisó su pecho, zona en la que antes había aparecido ese símbolo de las alas.

– ¿Qué pasa Sarah? – Preguntó John, a lo que la chica tardó unos segundos en responder.

– Nada… es solo que… a Pidgey le apareció por un momento un símbolo de unas alas en el pecho hace rato – explicó mientras seguía examinando al ave. Todos escucharon atentos ese relato, incluso Héctor.

– ¿Segura? De seguro fue tu imaginación, o tal vez la situación en la que estábamos – agregó Mark para tratar de encontrar alguna explicación.

– ¡No! Estoy segura de lo que vi – exclamó la chica sin ninguna duda – esa cosa le apareció en el pecho cuando me protegió de… – pero se detuvo al recordar aquel evento.

– ¿De qué? – Cuestionó Héctor.

– De… de un sujeto extraño… – aquello preocupó en gran medida a todos los presentes. Héctor se detuvo un momento para que pudieran hablar con tranquilidad – no sé muy bien cuáles eran sus intenciones, pero lo que sí sé es que quería a Pidgey a toda costa.

– ¡¿Qué cosa?! – Gritaron todos.

– Y… y… dijo algo raro sobre Pidgey… – agregó la chica – le dijo… ¿cómo era…? M-02 o algo así…

Una gran duda invadió a todos los presentes, quienes intentaban buscar alguna respuesta ante aquella extraña revelación.

– Le informaré todo esto a mis superiores – dijo Héctor interrumpiendo el silencio – iniciaremos una búsqueda sobre ese sujeto y les informaremos si tenemos alguna novedad – agregó, aliviando un poco al grupo – ¿Podrías decirme como se veía?

Sarah se puso a meditarlo un poco, hasta que recordó vagamente su aspecto.

– Tenía el pelo blanco y parecía tener una capa roja… no pude verlo bien, porque todo estaba muy oscuro…

– No te preocupes, con eso nos arreglaremos – informó el adulto – no todo el mundo tiene el pelo blanco y usa una capa roja – agregó con una sonrisa, provocando que los otros rieran un poco. El adulto volvió a arrancar el vehículo y continuaron su recorrido hacia Pueblo Valde. Pero de entre todos ellos, alguien estaba un poco extrañado.

Mark observó curioso a Chimchar, quien también lo miraba de la misma manera. Posiblemente adivinando el pensamiento que su entrenador tenía en ese momento. El pokemon de fuego dirigió su mirada hacia la palma de su mano derecha, y pudo observar como en esta se formaba un pequeño símbolo de un sol, con cuatro de sus rayos alrededor.

¿Sera cierto…? – Se cuestionó el chico, observando al ave que seguía siendo revisada por Sarah.

Mark frunció el ceño para luego recostarse en su asiento. No tenía tiempo para pensar en eso.

No por ahora.


Mientras tanto, lejos de allí

Un joven de cabello blanco se encontraba desmallado en el suelo. Su cuerpo estaba algo herido y tenía algún que otro golpe.

Tardo casi una hora en recuperar la conciencia tras el ataque. Al despertar, analizó su entorno y sus alrededores. No escuchaba el sonido de aquellas aves luchando, por lo que suponía que ya habían sido capturadas.

Recordó entonces lo ocurrido, el cómo al último segundo había logrado evitar aquel impacto del ave, pero salió disparado por la potente ráfaga de aire que había provocado el ataque, y por eso terminó estrellándose con unos árboles y perdiendo el conocimiento.

– ¡Perfecto! – Exclamó con sarcasmo, a la vez que suspiraba agotado. Un sonido lo interrumpió, notando que se trataba de un comunicador que se encontraba en su bolsillo – ¿Diga?

Kalerio, ¿cómo ha ido la misión? – Preguntó una voz seria del otro lado, haciendo que al nombrado Kalerio lo invadieran los nervios.

– Ah… jefe, yo… yo… puedo explicarlo… – intentó hablar, pero fue interrumpido.

Cuervo Negro ya me lo ha dicho todo – aclaró aquella voz con un tono cortante – ¿Acaso no pudiste contra un montón de niños?

– P… pero jefe… no fue por ellos… M-02 se encariñó con esa chica… la defendió y… – pero nuevamente fue interrumpido, aunque esta vez para su alivio.

Eso lo soluciona todo, me disculpo por haber desconfiado de tu fuerza.

– Jefe… – murmuró Kalerio sin poder creerlo que había oído.

Pero para la próxima asegúrate de terminar el trabajo antes de que sea tarde – demando aquella voz volviendo a su tono autoritario – fue TU culpa que ahora M-02 haya encontrado alguien de confianza. Tendremos que arrebatarle la Pokeball que lo contenga mientras él esté allí dentro, si se lo sacamos a la fuerza estando ella presente volverá a defenderla – la voz pareció meditar algo por unos momentos – deberé encontrar a alguien más para que se encargue.

– Pero jefe, yo puedo hacerlo ¡deme otra oportunidad!

¡No! – Gritó la voz molesta – ¡Tú ya fracasaste y empeoraste la situación! ¡Aunque seas fuerte no me sirves! Necesito a alguien que pueda traerme a M-02 sin más fallas – finalizó la voz con ligera molestia – además, tengo informes de que S-02 también está con ellos.

– ¡¿Cómo dice?! ¡¿S-02 también?! – Exclamó sorprendido ante aquella revelación – pero entonces… ¿qué haremos?

Por ahora solo quiero reconocimiento de la situación, no es seguro que S-02 esté con ellos, pero hay una gran posibilidad. Las ondas que irradia provienen de una posible ubicación muy cercana a la de M-02.

– Entendido… yo… regresaré a la base – dijo un tanto desanimado por no poder participar más en la misión – ¿Y qué pasará con mis pokemon?

Ya envié a nuestro amigo encubierto para que te los traiga. Se te hará entrega de ellos aquí en nuestra base – aclaró la voz, para luego cortar la llamada antes de recibir alguna respuesta.


Mientras tanto, en una ubicación desconocida. El dueño de aquella voz se quedó observando una pantalla que tenía delante, en la cual aparecían varias imágenes. De ellas había algunas que resaltaban más que otras, siendo una la que tenía una imagen de un Pidgey con el nombre clave M-02 y a su lado la imagen de un Chimchar el cual decía S-02. Cerca de estos aparecieron otras dos imágenes, aunque estas tenían símbolos de interrogación, con los nombres de S-01 y M-01.

El sujeto que observaba todo esto era un hombre de unos aparentes cuarenta años, de cabello gris, vestido con lo que parecía ser un atuendo militar y una gorra de piloto, usaba también una bufanda roja atada a su cuello y en su espalda colgaba una gran espada plateada.

– La situación se ha vuelto más complicada de lo que esperaba – murmuró el hombre mientras observaba la pantalla. Las cuatro anteriores imágenes se colocaron juntas una al lado de la otra, provocando que el sujeto frunciera el ceño – pero tarde o temprano tendré a los cuatro, ¡no importa cuánto me cueste! – Una quinta imagen apareció en medio de las anteriores. En ella se podía ver una sombra con forma humanoide y un destello rojo en lo que sería su ojo izquierdo – debo encontrarlos antes que él

Un escalofrió recorrió el cuerpo del adulto, para que luego este apagara la pantalla y abandonara esa extraña sala a oscuras.

Continuara…


Y bueno, hasta acá el nuevo capítulo. Debo decir que se me complicó un poco el hacer este capítulo por el tema de los nombres, que de un momento a otro los anduvieron cambiando y me resultaba algo difícil recordarlos.

Pero bueno, ignorando eso, es algo obvio quienes estaban detras de todo este conflicto.

¿M-02? ¿S-02? ¿Qué será eso?

Pues por ahora un misterio.


Respondiendo reviews (el review):

Gold Typhlosion: ¡Eso sí que es rapidez! Yo aún sabiendome todo tarde bastante en llegar, tal vez porque me gusta atrapar todo lo que se mueve en pokeballs (incluso legendarios. ¡Maldito Moltres!).

Pues Mewtwo no creo que sea, el en el juego es bueno, pero como cualquier cosa pude cambiar. Tal vez... nah. Por haber sido el único en comentar solo te voy a decir que el personaje que salió en este capítulo no es el mismo que el del anterior.


Bueno, espero les haya gustado este capítulo, nos vemos en el siguiente.

¡Chaito!