Infiel

Cuarto capítulo

"La foto perfecta"

"Ten en cuenta que el gran amor y los grandes logros requieren grandes riesgos" -Dalai Lama


"Boda, boda… boda" aquella palabra resonó en mi mente como un interminable eco, incrustándome miles de dolorosos cristales, mientras poco a poco mis ojos se llenaban de los mismos.

Ya no importaban los zapatos, solo importaban su propósito y ese era mi boda la contradicción de de amor, esperanza y felicidad. "¡Que calamidades debí haber cometido en mi vida pasada!" me recrimine. Cerre los ojos mientras el dolor aumentaba, como si colocaran una roca sobre mis hombros y no sabia como resistirla, me negaba a continuar con ella soportándola, solo quería caer, sin importar que me aplastase.

Era mi mayor sueño convertido en añicos, el que me permitía sentirme como una verdadera princesa envuelta en miles de encajes bailando ante los ojos de mi príncipe azul, el cual amaba con una intensidad incomparable.

Aquel lugar que siempre añoraba desesperadamente, donde mostraba mis suelos más ilógicos y complicados, aquel lugar que era a su lado… porque a su lado no importaban las circunstancias, no necesitaba nada más.

Le necesitaba a el

El amor de mi vida

Y lo seguiría esperando…

A pesar de todo, a pesar de estar casada y a pesar de que pasaran mil años, yo le añoraría como lo hacia en estos momentos porque ya lo amaba, de una manera egoísta y ambiciosa, enfermiza y soñadora. El debía ser lo que yo necesitaba, y le necesitaba tanto.

Enamorada ciegamente y sin importar como fuese, le amaría.

Solo necesitaba encontrarlo

Ese era el problema…

Podía esperarlo eternamente pero ya quería tenerlo a mi lado.

Porque le necesitaba.

Pedía a las estrellas que me escuchasen

Y a mi Dios… porque enloquecería sin el.

"Si tan solo supiera donde estas", solloce permitiendo que mi cuerpo se desplomara en las mantas de seda.

-no quiero casarme- susurre y mi propia voz me resulto extraña, estaba rota e incluso sentía mi cuerpo comenzar a inclinarse hacia de adelante, como en una verdadera miseria.

Muy pronto seria la esposa de Inuyasha Tashio, la señora Tashio, una mujer infeliz. No amaría a mi esposo, y abría engañado a mi amiga, Kykio.

Podrían pensar lo peor de mi, incluso una zorra, pero sobre todas las cosas me traicionaría a mi misma ¡que terrible en verdad!

Así seria mi vida de repugnante y… triste.

-Kagome- grito la voz de Inuyasha llamándome –e llegado.

-cállate, ¡no ves que despiertas a los niños!- regañe –eres un escandaloso.

Inuyasha frunció en seño mientras veía sus puños aparecer.

-eres una grosera Higurashi, cuando vengo ni me tratas bien.

-pues no vengas y te informo que mi apellado es "Tashio"- recalque –que se te quede.

-no será por mucho- dijo de manera fría observándome con genuino odio –Kikyo pronto dará a luz y no pienso dejar a mi hijo más querido como un bastardo- furiosa estampe mi mano contra su mejilla.

-respétame porque soy tu esposa y te conviene estúpido- gruñí mientras comenzaba a escuchar unos tormentosos chillidos provenientes de mis hijos.

-es mejor que lo asimiles, no me importa echarte de esta casa- tomo mi muñeca entre las suyas y me jalo para estamparme en su cuerpo –solo utilizo tu cuerpo, nunca te ame, ni siquiera pudiste mantenerte sin embarazarte ¡tenias que atormentarme más!

-¡CALLATE! Te prohíbo que hables mal de mis hijos- grite encolerizada por sus palabras mientras intentaba soltarme de sus manos que poco a poco me lastimaban prometiendo unos grandes hematomas. De pronto sus ojos llamearon furiosos para luego aventarme al suelo de la manera mas ruda que hubiese conocido, camino dando zancadas hasta la puerta y danto un portazo grito: "te odio Higurashi, arruinaste mi vida".

Me levante rápidamente del frio suelo y con lagrimas desbordando por mi corrí a la habitación de mi pequeño, que me llamaba desesperadamente.

Unas pequeñas manitas que presionaban fuertemente mi rostro me despertaron de un futuro muy cercano. Souta se apoyaba en mi rostro para lograr sostenerse sobre la cama, le tome de ambas manos delicadamente lo senté en mi regazo y su mirada inocente y limpia se poso sobre mi y no pude evitar compararla conmigo, antes de saber que estaba comprometida.

La pequeña gota como diamante resbalo en mi mejilla al darme cuenta de los cambios que el compromiso había traído en mi vida, me estaban haciendo alguien mas duro y grotesco; sabia que aun conservaba algunas cualidades de ternura pero la antigua Kagome jamás le hubiese respondido a su madre y eso era prueba segura de un cambio.

Un tremendo rencor crecía dentro de mi hacia ella, al igual que mi padre, de quien había surgido la idea de casarme con quien no amaba y prácticamente empujarme a una vida de desdicha, tal y como mi ensoñación simplemente por mantenerme en un buen estatus social.

En aquel instante en el que otro cristal se escabullo entre mis ojos supe que debía desahogarme con alguien que me escuchase aunque no me comprendiera. Solo eso necesitaba, ver el rostro de alguien frente el mío en una mueca de tristeza por mi situación; no quería alguien que hablara sobre si misma, al menos no en esta ocasión. Eso me hacia egoísta; otra de las transformaciones que bridaba mi desdicha.

Quise llamar a mi mejor amiga, Ayame, pero aquello era imposible… porque a pesar de todo seguía siendo Ahome, la chica que no quería preocupar más la vida de sus amigos, y tratándose de quien consideraba mi hermana del alma era prácticamente imposible que yo tomase el celular para simplemente llorar amargamente a pesar de que fuese egoísta.

Podía hacérselo a otra persona que no estimase tanto como para dar mi vida; el problema era que no compartiría eso tan importante y tan secreto con alguien que no le tuviese la suficiente confianza.

"Escapa" pensé… eso era ridículo, no lo haría, obviamente era lo más tonto que se me hubiese llegado pasar por la cabeza, sin embargo sabia que me encontraba realmente desesperada para considerarlo.

Escapar era igual a encarcelamiento, si lograban atraparme, lo cual era un noventa y nueve por ciento; seria una estadía interminable dentro de mi habitación y un casamiento sin flores.

En ese momento escuche el comienzo de una balada, era mi celular y para mi buena o mala suerte era Ayame, lo tome vacilante porque sabia que mi amiga tendría sentimientos de preocupación por mi, solo con escuchar mi voz, ¿seria capaz de ser egoísta con ella?

Acaso tenia un nuevo pecado para agregar a mi lista…

Infiel al amor de mi vida

Y ahora…

¿Egoísta?

De verdad era egoísta por eso, acaso los amigos no estaban para ayudarte y soportarte en las buenas y en las malas; por supuesto que eso era un sentimiento egoísta y odiaba que este se hubiese adueñado de mi, porque mi dedo se dirigía al pequeño botón verde evidenciado que respondería aquella llamada.

Y si era egoísta.

-a… Ayame- tal como esperaba mi voz se quebró y la realidad de mi compromiso con Inuyasha me golpeo más fuerte, como si compartirlo y decirlo en voz alta lo hiciese más fuerte –me caso- llore desconsoladamente, en aquel momento Souta paro de hacer gorgojos y tomo mi mano libre con suavidad -¡Ayame no se que hacer!-exclame.

-kagome, amiga por favor tranquilízate- asentí sabiendo que no podía verme aunque no podía detener las lagrimas acompañadas por espantosos hipos que salían de mis labios –Ahome, querida, no llores más- suplico y por si fuera poco me sentí peor, porque su voz era una angustita terrible –voy a tu casa, cariño, espérame- pidió y tan rápido como llamo corto la llamada.

Sabia que no había necesidad de abrirle la puerta porque vendría por la playa.

Minutos pasaron hasta que ella entro en la habitación y tomando a Souta salió corriendo de nuevo, supuse que tenia razón al no querer que mi pequeño hermano se asustase con mis lamentos.

Al entrar corrió a mi encuentro y rápidamente sus brazos me envolvieron en un cálido abrazo donde pude derramar millones de gotitas saladas sobre mi amiga –dice, est esta lo loc- supuse que me había comprendido porque acaricio con insistencia mis cabellos –ella yo IRME A INDIA- grite y llore más, desee que me hubiese comprendido.

-no iras a India, Ahome, sabes que no esta tan loca tu madre-yo negó soltando lagrimas mientras recordaba los dos besos insípidos de mi prometido, los cuales habían sido terribles, odiaba mi primer beso.

-Ayame- suspire intentando calmarme –quiere Inuyasha, ella y yo no- llore nuevamente mientras permitía que los insultos con los que mi madre me había llamado me inundasen, como una real masoquista.

-ya pensare en algo- me dijo recostándome sobre la cama y caminado hacia el armario –saldremos y te despejaras- ordeno.

-no, yo.. no- dije tapando mi rostro con ambas manos negándome a salir.

-a la playa, Ahome- me dijo entregándome y bikini color azul marino con una vestido de blanco transparente que se amaraba alrededor de la cintura y luego unas sandalias altas y cómodas azul.

Ayame regreso al vestidor mientras yo me colocaba la ropa que ella me daba, salio rápidamente con una bolsa y unos lentes de sol los cuales coloco sobre mi rostro

-¿estoy tan… mal?- pregunte preparándome para una nueva ronda de lagrimas, por causar grandes estragos en mis ojos.

-no- me interrumpió –hay sol- señalo hacia fuera, donde efectivamente este brillaba. Decidí aceptar sus palabras e intentar dejar de lado las lagrimas que hace rato me habían acompañado.

Ayame coloco su brazo alrededor de mis hombros, intentando darme fortaleza y con una pequeña sonrisa me guio hasta abandonar la casa.

Afuera sin duda el sol era resplandeciente, quizás burlándose de mi propia desgracia de una manera egoísta, igual que mis propios padres e incrementado mi odio que sentía de la manera más irracional.

-¡es un día maravilloso!- exclamo –ven me llamo- y un rápido movimiento arranco la coleta que sujetaba mis cabellos en una elaborada trenza, permitiendo que estos se moviesen en un desenfrenado baile sobre mis ojos.

-Ayame- proteste sin moverme de mi lugar –dámela.

-No- respondió sonriente.

-¿espera que te corra?- pregunte irónicamente –eso es de niños…

-espero que la busques allí adentro- dijo señalando con su dedo corazón el mar

-Ayame- solté un pequeña sonrisa ladina antes de que mis cabellos nuevamente obstruyesen mi vista –dámela- dije y salí corriendo en su dirección mientras ella huía de mi.

…...

-Inu- susurro Kikyo separándose levemente de los labios de su novio –Inuyasha- pidió con más fuerza.

-quiero- Inuyasha comenzó a repartir besos por todo su cuello –pasar el tiempo, contigo- completo.

-¿eso quieres?- pregunto ella furiosa alejando sus manos de su cintura –quieres mantenerme solo por este tiempo, en lo que llega tu… boda- dijo levantándose de la litera donde ambos demostraban su amor.

-Kykio- suspiro exasperado Inuyasha preparándose para una nueva pelea con el amor de su vida, tomo su muñeca y jalándola ella tomo lugar sobre su regazo –sabes que eres el amor de mi vida, eres todo para mi- ella frunció en seño y la tristeza se asomo por sus castaños ojos.

-no, me tienes de segundo plano.

-escucha kikyo sabes que….

-no Inuyasha, es turno de que tu me escuches- le interrumpió furiosa -¡tienes idea de cómo me siento! Soy tu segundo plano, ella será tu esposa ¿me dejaras de amante?

no, porque Kagome no podría soportar tan desplante "ella es de la realeza", crees que eso la hace mejor; veo que esas son tus razones para casarte, detrás de todas esas pavadas de que "te necesita" y "la obligan" esta tu interés, no te importa nada, arrasas con todo.

Nunca imagine que Kagome fuese ese tipo de persona, una arpía que no descansara hasta tenerte entres sus garras, por si fuese poco ¡resultaste ser igual que esa! Dime Inuyasha ¿será la típica historia donde soy tu amante o… será la historia de la amiga y el novio? Escúchame bien, puedo amarte pero no soy babosa, no soportare un desplante más. Busca una manera de alejarla de ti o supondré que eres un caza fortunas y lo comprenderé; pero no me pidas que sea tu amante, porque no lo seré… valgo demasiado como para ser el segundo plato de una estúpida, roba novios, mentirosa, embustera, falsa, perra…

-¡cállate!- exclamo furioso Inuyasha de que llamasen así a su mejor amiga –Kagome vive preocupándose por ti ¡no soporta la idea de hacerte daño- revelo –a hecho hasta lo imposible para cancelar esto y no soporto que la sigas insultando, no cuando ella te estima de sobre manera.

-¡me estima!- gruño kikyo con hipocresía sonriendo sarcásticamente –me odia de sobre manera, eres tan ciego para verlo - le lanzo un desplante –y para colmo dices amarme mientras que buscas quien te de el titulo de noble y…

-kagome no es más la heredera, es su hermano Souta y creo habértelo dejado muy claro todo más de diez veces- Inuyasha se dirigió hacia la salida donde giro la manecilla –no hay confianza kikyo y sin confianza no hay nada- y finalmente dejo sola a una kikyo llorosa que desplomada sobre el suelo que clamaba la separación de aquel fatídico compromiso.

…...

-comida rápida- propuso Ayame pero yo no podía parar de reír ya que mi mejor amiga había hecho muchas payasadas para renovar mi felicidad.

-no- suspire intentando calmarme –no es saludable- me queje.

-has perdido una de las mayores delicias de todo el mundo- me dijo con falsa preocupación –pero ya que insistes comeremos manzanas- dijo lanzándome una de ellas mientras sacaba un par de galletas dentro de la interminable bolsa.

-mucho mejor- dije sonriendo mientras me dejaba caer, permitiendo que la arena se adhiriese a mi cuerpo mientras daba el primer mordisco a la deliciosa manzana roja.

-kagome ¡son las cuatro y media!- exclamo Ayame incrédula de que fuese tan tarde.

-¿tienes que irte?- pregunte tragando el trozo, ella me regalo una deslumbrante sonrisa.

-no, pero creo que es una de las mejores horas para tomar fotografías- Ayame estudiaba fotografía y era su pasión, no podía pasar un día sin tomarlas –la luz esta perfecta, tu piel parece mas bronceada y…

-oye- la interrumpí –comamos y luego te tomare fotos, vale- dije abriendo las oro que me fascinaban.

-no, yo te tomare- rodé los ojos y asentí sin darle demasiada importancia mientras saboreaba mis galletas favoritas.

Tan pronto como termino corrió dentro de su casa en busca de su cámara profesional.

Y justamente en ese momento, donde el ocaso aparecia derramando destellos coloridos destellos sobre las nubes de algodón pude ver un surfista a la lejanía montando una de las mejores olas que hubiese visto en la vida. Mi boca se abrió levemente al ver el cabello plateado ondeando con el viento como un verdadero cometa; entrecerré mis ojos intentando enfocar al hombre que montaba la ola con movimientos agiles pero gráciles.

No era normal ver surfistas en esta zona ya que no era llamativo para las personas de clase alta, y aunque nos gustase jamás lograríamos practicarlo ya que no era elegante. Más aquel hombre sin duda mezclaba su elegancia con la rigidez que mantenía haciendo una perfecta combinación en el movimiento del agua.

Cuando finalmente la ola termino pude divisar al surfista… era Sessshomaru Tashio.

El hombre de la gracia infinita que me aturdida.

Y me sonroje al instante porque parecía una colegiala enamorada.

Un flash me aturdió y parpadeé intentando recobrar la vista –Ayame- masculle restregándolos.

-ese fue amor primera vista- dijo con una risa maliciosa, mi sonrojo no tardo en aparecer –la foto perfecta- sonrió mientras nuevamente le echaba el ojo.

-borra esa fotografía- demande pero Ayame, como esperaba, salió corriendo, -"Ayame"- grite furiosa mientras daba el primer paso para seguirle.

En ese momento me arrepentí.

De pronto sentí un enorme dolor como si un cuchillo atravesase la planta de mi pie derecho y perdiendo el equilibrio caí al suelo.

-estúpida- masculle entre dientes maltratándome a mi misma mientras mi vista se dirigía a mi pie que parecía imposible mover. Ayame corrió a mi lado y rápidamente tomo mi pie jalando en el alto -¡no!- rugí sintiendo como el cristal se incrustaba más en mi pie y poco a poco como las gotitas rojizas manchaban la arena blanca.

-vamos kagome levántate en un pie- pidió Ayame desesperada –vamos que la ola viene- observe de lado que ella tenia razón, pero no podía mover mi pierna por temor a que este continuase adentrándose por mi pie. Ella tomo mi brazo intentando levantarme y yo apoye una mano junto con el pie intentando levantarme pero mis esfuerzos eran en vano, aquella ola se acercaba y aunque no fuese demasiado grande seguro que me ardería hasta el alma.

En el ultimo momento Ayame tomo mi pie elevándolo del suelo y empujándome a caer sobre mis codos, no pude retener el chillido de dolor.

No sentí como la hola me empapaba lo único que percibí fue la sangre ya goteando de mi pie y cerré los ojos para no verla.

De pronto, alguien me elevo.

-detén la hemorragia- demando una fuerte voz y pronto una tela rasposa se deslizo por mi herida, apreté los labios para no gritar mientras de impuso lo movía causándome mas dolor.

Me aferre a ese cuerpo en busca de consuelo, porque realmente dolía.

Sin duda aquel cristal debía ser grande. Abrí los ojos desesperaba preguntándome como podía avanzar y me tope con el rostro de Sesshomaru.

Mi príncipe quien me tomaba en brazos, como su herida damisela.


Ya se que el adelanto no esta incluido en esta parte pero… tomenlo como un súper adelanto :D

Deben admitir que no me tarde tanto ¡eh! Haha

Quise subirlo desde el viernes pero quería revisarlo y ahorita que e regresado a mi casa me e puesto a echarle la ojeada.

Así que aquí les dejo el capi, espero que sea de su agrado y es mas largo…

Intentare seguir aumentando las palabras y para su suerte me queda 1 mes de cole así que podre sentarme a escribir ¿no es maravilloso?

Me encanta la amistad de ayame y kagome

Prepárense porque kagome le dirá a la señora tashio que no quiere casarse y de paso Kikyo armara una escena donde nuestro "príncipe" la salvara *.*.

Cuídense!

Y que los ángeles las bendigan :)

Roxii C.