Capítulo 4
Choromatsu
Pasó una semana completa después de la cena, y no hice nada para arreglar las cosas con Ichimatsu. ¡Pero es que había sido una tontería! Un beso en la mejilla era un simple beso en la mejilla. No era sexo ni nada parecido. Ichimatsu había sido demasiado dramático, y quizás yo había sido algo desconsiderado, pero no tenía que reaccionar de esa manera, era molesto, agotador y simplemente irritante.
Miré a Ichimatsu al otro lado de la habitación, arrinconado con un gato sobre sus piernas. Jyushimatsu estaba frente a él, recostado en el suelo boca abajo, jugando también con el minino. Puse mis ojos en blanco, irritado. En todo este tiempo, Ichimatsu ni siquiera volteaba a verme, incluso aceptó salir con Karamatsu el día que nos quedaríamos solos en casa.
Volví a echarle el ojo, sin poder concentrarme en el artículo de Nyaa-chan, y esperé a que volteara a verme. Y lo hizo, le sonreí tímido y me alzó el dedo medio. Jyushimatsu comenzó a reírse y dijo entre sus carcajadas "No seas tan malo con Choromatsu-niisan".
Solté un pesado suspiro y me levanté del suelo para tirar la revista con fuerza al suelo, y salí de la habitación azotando la puerta, completamente irritado. Bajé los escalones dando pisotones y murmurando maldiciones. Estaba molesto, realmente molesto.
Osomatsu no hizo sólo que me sintiera fastidiado, haciendo que aceptara la verdad de que mis comentarios habían sido algo hirientes, sino que también me dio un límite para arreglar las cosas con Ichimatsu, o él tendría que intervenir. Pero de igual forma, realmente quería arreglarlas.
No había pasado ni siquiera un mes de haberme besado con Ichimatsu, pero sentía como si las cosas fueran realmente eternas. Cuando podía verlo a mi lado mientras comíamos, tenía la curiosidad si de besarle en los labios, me correspondería. Con sólo pensarlo, mis mejillas se encendían y me entraba una terrible ansiedad.
Quería besarle. Realmente quería hacerlo. No por calmar un deseo excitante, lo sabría si eso en verdad fuera la razón. Las cosas son obvias, cuando besas a alguien, siempre queda un rastro de esa persona en ti. En este caso, quizás Ichimatsu había dejado la mitad de él en mí, pero no era suficiente, yo lo quería completamente. Lo necesitaba completamente. Reaccioné cuando Todomatsu hizo señas delante de mi cara con su mano y me miraba extrañado. Aún me encontraba en las escaleras, y él comenzó a reír.
— ¿En qué diablos pensabas, Choromatsu-niisan? —Le miré irritado y cuando quise bajar, bloqueó mi camino moviéndose delante de mí. — ¿Pasa algo interesante?
—No, nada interesante. Todomatsu, déjame pasar...
—Yo sé que tú lo sabes. —Él se cruzó de brazos y sonrió, esa clase de sonrisa que resalta su asquerosa astucia. Y digo asquerosa, porque nos ha metido en problemas miles de veces. —Ichimatsu-niisan oculta algo desde hace varios meses, ha estado sospechoso desde entonces; sonriéndole a la nada, comiendo menos, hablando entre susurros con Jyushimatsu.—Miré a Todomatsu unos segundos pensando en ello; pero en realidad no había notado eso en Ichimatsu. Quizás no ponía tanta atención.
—No lo he notado, y no sé de qué hablas. — Le contesté y lo moví con mi brazo para seguir bajando. —A demás, ¿por qué me preguntas a mí? No es como si yo fuera el hermano favorito de ese sujeto.
—Porque ese sujeto, el día que se quedaron atascados en la lluvia, habló por el teléfono con alguien temprano en la mañana. ¡Ichimatsu-niisan no habla con nadie que no sea uno de nosotros o nuestros padres! —Me detuve y giré para verlo con el ceño fruncido. —Él salió con alguien, y tú fuiste el único que lo vio fuera de casa ese día.
—Yo no salí con Ichimatsu ese día. —Aunque ahora quería sabe quién había sido. —Si estás tan necesitado de saber quién fue, ¿por qué no sólo le preguntas?
— ¡Porque Ichimatsu-niisan esquiva las preguntas! Y seguramente Osomatsu-niisan lo sabe, pero mantiene el secreto. Ese maldito idiota. —Me tensé un poco y miré hacia el suelo. No me parecía muy bueno que Todomatsu supiera de Ichimatsu y yo.
—No lo sé, Todomatsu. Y tampoco tengo idea de qué sea. —Rasqué mi cabeza y seguí bajando. —Pero no tiene nada que ver conmigo.
. . . . .
—¿Y bien? —Me sonrió Osomatsu desde la mesa. Yo veía la televisión sin mucho ánimo, de cabeza, recostado en el suelo. Osomatsu tenía uno de los audífonos puestos y podía escuchar a The Strokes hasta donde estaba. — ¿Cómo vas con Ichimatsu?
—Vas a quedarte sordo. —Contesté sin voltear a verle. —Deberías de bajarle el volumen a la música. —Escuché como se puso de pie, y segundos después se recostaba a mi lado. Los dos ahora estábamos boca arriba, pero no voltee a verlo, seguí viendo la aburrida programación policíaca.
—Ya ha pasado una semana. —Sonrió y subió el volumen. —Y la forma en que te mira incluso me da miedo. Sabes, no me gustaría ser atacado por el gatito.
—También deberías de cambiar la canción. Has escuchado You only live once al menos quince veces.
—Y también se ve en la tuya. ¿A caso el increíble Choromatsu no ha sido capaz de hablar con su amado?
—Siempre escuchas la misma música una y otra vez. Deberías buscar nueva.
—Pronto te quedarás sin qué contestar para evitar el tema. —Tomó el teléfono y por fin cambió de canción; bajó el volumen. — ¿Cuándo intentarás arreglar las cosas?
—No sé cómo hacerlo. —Le miré de reojo, estaba entretenido con su lista de canciones. —Por si no lo recuerdas nunca he estado con alguien, y no tengo idea de qué hacer... Por cierto, Osomatsu, ¿Puedo preguntarte algo?
—Claro. —Separó la vista del teléfono y giró su cuerpo hacia mí. —Pregunta lo que quieras a tu Oniisan. —Entorné los ojos y me giré quedando boca abajo, apoyándome sobre mis codos para poder verlo mejor. Lo que había dicho Todomatsu me había estado molestando desde temprano en la mañana, y aunque seguramente no sería nada importante, me agobiaba la curiosidad.
—Totty mencionó algo sobre Ichimatsu. Que él ocultaba cosas. —Osomatsu asintió. — ¿Sabes de qué se trata? —Me miró unos segundos y asintió.
—Sí. —Volvió a tumbarse en el suelo. —Pero hay cosas que son mejor no comentarlas. ¿Por qué no sólo arreglas las cosas con él? Sinceramente es cansado tener que soportar sus auras de incomodidad y odio mutuo en los desayunos.
—Tsk. ¿A qué se refería todo este tiempo Todomatsu? Habla, Inutilmatsu.
—Hm... —Pasó un dedo por debajo de su barbilla, sonriendo y fingiendo pensar las cosas. Miró hacia arriba y asintió antes de hablar. —Eso no es de tu interés, Choromatsu.
—Lo es.
—No, no lo es. Haré que los chicos salgan esta noche. —Dijo antes de que pudiera contestar. —Te ayudaré a que puedas arreglarte con Ichimatsu, ¿de acuerdo? —Cerré mi boca y miré hacia el suelo un poco pensativo. Quizás era mejor olvidar el tema de Todomatsu, así que sólo asentí. — ¡Muy bien, Choromatsu! —Revolvió mis cabellos como normalmente lo hacía con Ichimatsu, le miré extrañado y sólo me sonrió. —Aprovéchalo bien.
. . . . .
— ¡Ichimatchu! —Osomatsu se lanzó a abrazar al menor antes de salir de casa e Ichimatsu sólo le vio sin mucho interés. —Quiero que te portes bien con Choropajerovski, ¿entendido?
—Niisan, vayámonos ya. —Gritó Todomatsu sentado en la entrada, colocándose los zapatos. —Llevas media hora diciendo que llegaremos tarde y te pones a dar grandes despedidas como si fuéramos a irnos un mes entero.
—Oh, es que me apena tanto no haber ganado suficientes boletos para ellos. —Me guiñó el ojo con una enorme sonrisa. —Prometo ir con ustedes al circo cuando vuelva a tener dinero. —Puso una mano en su pecho y se separó de Ichimatsu. —Palabra de hermano mayor.
—Bueno, pero si no hay suficiente yo puedo comprar... —Osomatsu, aún con su sonrisa, golpeó a Karamatsu en el estómago.
—Lo que Karamatsu quiere decir que es no tenemos suficiente dinero. —Se giró a ver al segundo, mientras se sostenía su estómago. Jyushimatsu comenzó a reírse mientras imitaba la posición de Karamatsu. —¿No, Karamatsu?
—S-sí... brother.
— ¡En ese caso, nos vamos! —Gritó Osomatsu, abrazando a Todomatsu quien soltó un quejido, pero también abrazó al mayor. —Cuiden bien la casa, ninis.
Y dicho esto, salió. Escuchamos sus gritos, mientras veíamos a la puerta, hasta que se alejaron lo suficiente como para que fuera imposible. Volteamos a vernos durante largos segundos; le sonreí un poco a Ichimatsu, sólo entornó los ojos en respuesta y caminó hacia las escaleras. Solé un bufido y caminé hacia él, pero apresuró sus pasos y subió los escalones de dos en dos.
—Ichimatsu, necesitamos hablar.
—Déjame en paz, ¿de acuerdo? —Dijo mientras terminaba de subir los escalones e iba a la habitación. Llegué hasta el segundo piso y lo perseguí, tomándole del suéter. Volteó a verme y me dio un empujón, que me hizo tropezar y caer al suelo, me miró unos segundos y tomó un largo respiro. —No estoy enojado contigo, no... —Desvió su mirada y mordió sus labios reteniendo las palabras. —Choromatsu-niisan, simplemente no tengo muchas ganas de charlar contigo, ¿de acuerdo? Por favor, dame mi tiempo.
. . . . .
Dame mi tiempo. Dame mi tiempo. Dame mi tiempo. ¿Cuánto era eso? En el tiempo de Ichimatsu, quizás toda una vida. Resoplé, sentado en la mesa de la cocina y oculté mi rostro en el hueco que creaban mis brazos sobre la mesa. Ya habían pasado cinco horas desde que Osomatsu y los demás habían salido, y yo no había podido arreglar las cosas.
Alcé un poco mi rostro, dejando mis ojos al descubierto para ver la pequeña gotera de la llave del lavamanos; la angustia de no haber podido haber hecho nada, porque ya estaba rendido, me hacía ver divertida la secuencia con la que caían las gotas. Era todo, Osomatsu me mataría, yo me volvería loco e Ichimatsu seguiría pensando las cosas.
Me puse de pie y me dirigí al refrigerador para buscar una cerveza. Papá siempre las "escondía" debajo de las verduras; si creía que mamá no las notaba, o que nosotros no las encontraríamos, estaba loco.
—Dame mi tiempo... —Murmuré. Abrí la lata y le di un amargo trago, dirigiéndome hacia el patio trasero para tomar un poco de aire fresco.
Corrí la puerta a un lado y dejé la lata sobre el suelo para sentarme y dejar colgando los pies. —Es lo más tonto que pudiste decir. ¿Por qué no sólo sonreímos y arreglamos las cosas? —Di otro sorbo, antes de recostarme en el frío suelo de madera y traté de relajarme viendo las estrellas de la noche. —Quizás sea un idiota. Pero tú eres más idiota. —Intenté dar otro trago a la lata, derramando un poco en mi mejilla. La dejé a un lado y saqué el teléfono celular de mi bolsillo, lamiendo mi mejilla antes de que las gotas siguieran bajando por mi piel.
Busqué entre mi lista de canciones alguna que pudiera calmarme un poco, pero ni una llamaba mi atención. Bufé y tecleé el aleatorio para simplemente olvidarme de todo. Estaba molesto por todo. Por haber dejado que ella me besara la mejilla aunque no hubiera sido la gran cosa, de no ser un buen hermano mayor, de quererlo de una manera distinta a los demás, porque no me dirigía la palabra y porque ni siquiera tenía la capacidad para hacerlo hablar conmigo.
El ukelele resonó entre el silencio de la noche y yo. La peor canción que pudo haber escogido el teléfono pudo haber sido esa, pero no quise cambiarla.
—Wise men say only fools rush in. —Comencé a tararear junto con la música y di otro trago antes de continuar. —...I can't help falling in love with you. —Eres un idiota, pensé. —Shall I stay, would it be a sin. If I can't help falling in love with you. —Cubrí mi rostro con mis brazos, mientras que la brisa del otoño movía mi cabello. Dejé que la música siguiera sonando por un largo rato hasta que llegara el siguiente coro. —Like a river flows surely to the sea. Darling, so it goes, some things are meant to be. —Sonreí un poco ya calmado, y tomé de nuevo el teléfono. —Take my hand, take my whole life too. Cause' I can't help falling in love with you.
—No eres bueno cantando. —Di un sobresalto y miré hacia la puerta. Ichimatsu estaba recargado sobre ella con uno de mis suéteres anchos, y el suyo puesto. Puse mala cara y miré hacia otro lado. Escuché sus pasos acercándose y se sentó al lado de mi cabeza. —Lo siento,... creo que no te he tratado muy bien. —Extendió el suéter hacia mí. Lo miré unos segundos y lo tomé. Me senté correctamente y comencé a ponérmelo. —No soy muy bueno manejando mis celos...
—Creo que si realmente sintieras que debes disculparte por tu mal comportamiento hacia mi, ya lo hubieras hecho con los dos demás. —Voltee a verlo, y nos soltamos riendo, tomé el teléfono y detuve la canción. —Lamento haber hecho como si las cosas no significaran nada.
— ¿Estamos bien? —Extendí mi mano hacia él, e inmediatamente entrelazó sus dedos con los míos. No dejé de verlas, sino hasta que asentí y regresé la mirada a su rostro.
—Lo estamos. —Miré hacia dentro de la casa.
—Aún estamos solos, Choromatsu-niisan. —Dijo con una leve sonrisa. —No tienes por qué cuidar si viene alguien o no.
Asentí un poco divertido, y rasqué mi cabeza. Increíblemente la tranquilidad ahora me parecía preciada. El frío de la noche, Can't falling in love, un poco de cerveza. Ichimatsu. Los chicos fuera, todo era acogedor. Quería que el tiempo se detuviera, o al menos que esos minutos se alargaran a horas. Escuché la puerta de la entrada abrirse y a Jyushimatsu soltar un enorme grito buscando a Ichimatsu. Los dos miramos incómodos hacia casa.
Ichimatsu soltó mi mano y se puso de pie delante de mí. Me giré a verlo y nos sonreímos mutuamente de nuevo. Osomatsu me llamó esta vez a mí, y antes de alguno de los chicos viniera a buscarnos al patio, Ichimatsu se agachó para plantar un beso sobre mis labios. Me rodeó con sus brazos, e hice lo mismo. Se separó un poco, viéndome sonrojado y volvió a besarme.
—Interesante. —Escuchamos a Osomatsu detrás de nosotros. Ichimatsu alzó su cabeza y yo sólo me giré un poco. Tenía una sonrisa irónica y estaba de brazos cruzado, con el cabello lleno de confeti. —Siempre me había preguntado cómo se vería el besarme a mí mismo.
—Eres una basura. —Dijo Ichimatsu y Osomatsu sólo soltó una carcajada. Se separó de mí y subió al piso de la casa para entrar. —Sólo cállate, niisan.
—Lo haré. —Sonrió, esta vez Todomatsu asomó su rostro, volteando a verme.
—Le diré a papá que tomaste una de sus cervezas.
—Oh, pequeño demonio. —Le abrazó Osomatsu y talló sus nudillos contra su cabeza, haciendo que los dos volvieran a entrar. Entorné los ojos y me quedé unos minutos sentado sobre el suelo dando vueltas al teléfono entre mis manos. Sonreí, con el corazón latiendo con mucha fuerza. Cubrí mis ojos, completamente avergonzado y sintiendo en calor en mis mejillas. Poco a poco sentía como me enamoraba de él.
Era aterrador.
. . . . .
— ¡Choromatsu-niisan! —Escuché como Ichimatsu aceleraba sus pasos detrás de mí. Me giré para esperar a que me alcanzara. En sus manos tenía el bote donde guardaba sus productos de limpieza y su toalla; lucía cansado pero con una extraña sonrisa reconfortante. —No encontraba mi esponja; alguien la tomó y la dejó en el baño de papá.
—Puedo asegurarte que no he sido yo. —En cuanto estuvo a mi lado, seguimos andando en dirección hacia los baños públicos, cubriéndonos un poco el frío con el calor mutuo y nuestras manos haciendo fricción sobre nuestros brazos. Los chicos iban caminando de nuevo más adelante de nosotros y soltando de vez en cuando carcajadas. Sonreí un poco nostálgico, recordando lo tontos que seguíamos siendo a pesar de haber crecido tanto.
—Nissan, sobre lo que te he dicho el otro día...—Voltee a verlo. Estaba cabizbajo, con un leve rubor sobre sus mejillas. Abrazó con fuerza el pequeño traste y encogió un poco los hombros. —Quiero ir contigo a ese viaje.
— ¿El viaje de Shirakawa-go? ¿No crees que es muy costoso?—Volví la vista hacia el frente. —A demás, has dicho que querías ir con Jyushimatsu en primer lugar. Respeta las decisiones que has tomado y cumple con ellas.
—Eres complicado y un idiota. Quizás lo seas más que Osomatsu-niisan... Sólo lo preguntaré una vez más, ¿de acuerdo?—Adelantó sus pasos y se giró, caminado en reversa. —No me gusta insistir, y no rogaré por tu respuesta, pero por el amor de Dios, satanás, buda o baal, quien sea que exista, dime que sí, ¿de acuerdo?—Volvió a girarse y corrió hacia los demás.
— ¡Ichimatsu!
— ¡Es tu decisión!—Volvió a girarse y sonrió. —Ya he esperado demasiado, así que apresúrate.
. . . . .
—Vayan. —Había dejado pasar una semana entera sin darle una contestación a Ichimatsu, y él no me había presionado en ningún momento. Pero analizando el comportamiento de Osomatsu durante los tres últimos días, deduje que Ichimatsu le contaba absolutamente todo. Era incómodo, mucho más porque sabía que Osomatsu no era alguien de saber guardar secretos. Me impresionaba la confianza que Ichimatsu podía depositarle.
— ¿Puedes dejarte de meter en las relaciones románticas de tus hermanos, Osomatsu-niisan? Es molesto.
— ¡Es que hace tiempo que no sucedía nada interesante en este lugar! —Sonrió y se acomodó a un lado de mi en el sofá. Me encontraba releyendo una de las revistas del mes pasado, ya que me había quedado sin material para entretenerme. —Vamos, hasta yo estoy emocionado.
—Ahorró para ir con Jyushimatsu, si quiere ir, que vaya con él.
— ¿Con Jyushi... —Voltee a verle confundido por su bajo tono de voz, y luego se sobresaltó. —¡Sí, sí! ¡Pero a él no le importará!
— ¿Qué fue esa actitud tan extraña? —Fruncí el ceño y me dio un golpe en la cabeza. — ¡Ay! ¡¿Qué diablos te sucede!?
—Sólo hazlo, Choromatsu. —Me sonrió y me abrazó, deslizando el índice por debajo de su nariz. —Seguro que se divertirán.
—Tu actitud me inquieta... —Le miré un poco desorientado, pero asentí. —Iré, pero deja de meterte donde no te llaman.
— ¡Lo haré, lo haré! —Volvió a sonreír. —Más vale que la pasen bien, porque desperdiciar tal cantidad de dinero que bien podría ser para comprar un barril de alcohol, me parece abominable.
—Tú eres abominable, y monstruoso. Terrorífico y un completo idiota.
. . . . .
La mañana siguiente había amanecido fresca. El cielo avisaba de otra enorme tormenta y todos estábamos en casa. Entré a la cocina para prepararme un chocolate caliente y me encontré con Ichimatsu, sentado en la mesa, jugando en el 3DS que Totty había comprado apenas una semana atrás y que casualmente había reportado como perdido hacía dos días.
Pasé a su lado y revolví su cabello, sin voltear a verle. Abrí la alacena, tomé la taza y dejé todo sobre la barra de la cocina. Me giré un poco para ver a Ichimatsu con una paleta en su boca que paseaba de un lado a otro, y uno de sus gatos se subía a la mesa para observar lo que a Ichimatsu tanto le absorbía el alma.
Él le enseñó la pantalla y el gato maulló, comenzando a lamer la mejilla del menor. Sonreí enternecido cuando rio y él acarició su cabeza. Me giré para continuar con mi chocolate y eché el polvo dentro de la taza y fui hasta el refrigerador.
—Ichimatsu. —Busqué la leche, y en cuanto la tomé regresé con mi taza. Escuché un "hm" por respuesta. — ¿Cuántos días son del viaje? —Hubo un silencio de al menos un minuto. Terminé de mezclar el polvo con la leche y abrí el microondas.
—Tres días, dos noches. —Respondió. Me di cuenta que había parado de jugar cuando escuché los botones y el joystick moviéndose de nuevo. —Pero la promoción terminará pronto.
—Vamos. —Teclee iniciar en el microondas y me giré, recargando mi cuerpo en la barra. —Quiero ir contigo, vamos. —Escuchamos la lluvia que comenzó a caer en la ventana de la cocina y nos giramos a ver hacia fuera. Regresé la vista hacia él y en cuanto hizo lo mismo que yo, asintió.
—Vayámonos hoy.
— ¡¿Hoy!?
— Sí. Hoy.
— ¿Por qué no esperamos a mañana?
—Porque eres malo mintiendo y le dirás todo a los demás. No tengo tanto dinero. —Cerró el juego y lo guardó en su bolsillo. —Les dejaremos una nota. Pero nos iremos hoy.
Lo miré no muy convencido, pero me encogí de hombros y asentí.
—Arregla tus cosas. Nos iremos a las seis.
. . . . .
—Bien, ¿qué escribiremos?
— ¿Escribir qué?—Cerró la cremallera de su pequeña maleta y volteó a verme.
—Dijiste que dejaríamos una nota, y no podemos irnos así nada más.
—Entonces escribe esto. —Arrebató el plumón de mi mano y me hizo a un lado para comenzar a escribir en la hoja del cuaderno. Eché un ojo y solté una carcajada al leer la única frase que había puesto. —Bien, vayámonos antes de que lleguen los demás. Sólo tenemos unos segundos.
—El taxi aún no llega.
—A la mierda el taxi, Choromatsu-niisan. —Tomó mi mano. —Ya quiero irme lejos para poder estar solamente contigo. Correremos.
— ¿Desde cuándo eres tan romántico?
—Soy peor que Mierdamatsu. Pero no vayas a decirle.
—No quiero conocer esa faceta tuya.
—Yo tampoco, me aterroriza.
Planté un beso en su mejilla. Escuchamos como el taxi llegó al frente de la casa y asomamos nuestros rostros por la puerta de la entrada, la lluvia no paraba aún y empapaba nuestra ropa sólo con el soplo de la brisa. Tomamos nuestros paraguas, aunque sólo abrimos uno de ellos. Nos miramos a los ojos y respiramos profundo. Le sonreí.
—Huyamos, Choromatsu-niisan.
—Huyamos.
. . . . .
Nos sentamos uno frente al otro en el tren. Tardó apenas unos minutos en comenzar a avanzar y a alejarse fuera de la ciudad. Recordé lo que habíamos puesto en la nota antes de irnos y solté una pequeña risa, un poco divertido por los pequeños ratos que teníamos Ichimatsu y yo, y que no había pasado nunca antes de aquel día. Pasar un tiempo lejos de la familia era tan relajante, que podía sentir una carga liberada de mi pecho. Esto era un secreto entre Ichimatsu y yo, y nadie podría arruinarlo. Ni siquiera Osomatsu.
Después de unas cuantos minutos de viaje, Ichimatsu estaba muy tranquilo mirando por la ventana hasta casi caer dormido, y de vez en cuando me lanzaba pequeñas miradas; seguramente creyendo que yo no las notaría. Abrí mi bolso sacando un libro que había tomado prestado de la biblioteca justo antes de venir para al menos poder entretenerme con algo, "Las mil historias del caballero de armadura roja" de Frank Voltaire, interesante si te gustan las novelas de fantasía. Me recargué en el respaldo a un lado de la ventana y comencé a leer.
—Choromatsu-niisan. —Giré a ver a Ichimatsu, quien estaba ya recostado en el sillón. Reí al notar lo poco que le importaba que le llamaran la atención. Aunque, seguramente quien debía llamarle la atención debería ser yo. —Debes despertarme cuando lleguemos.
—Claro. —Le sonreí, y cerró sus ojos para por fin dormir.
Me desilusionaba un poco que tuviera más ganas de dormir que de platicar conmigo. No era que yo tuviera muchas ganas de platicar, pero un pequeño esfuerzo al menos no haría daño. De igual manera, Ichimatsu era Ichimatsu. El rey del cero esfuerzo. Seguí con mi lectura un tiempo más, mis ojos dolían un poco. Los cerré unos segundos, pensando que realmente quería llegar pronto, tenía ganas de recostarme un largo rato con Ichimatsu. Y quizás... besarnos por un buen tiempo.
Quería llenarlo de besos completamente. Sus brazos, su cuello, sus labios. Cada centímetro de piel me llamaba con deseo y yo tenía que abstenerme a eso. Era gracioso pensar que Karamatsu casi nos atrapaba aquella vez que estábamos en una posición bastante íntima, y no fue hasta minutos después que me di cuenta del enorme error que probablemente habríamos cometido. Pero... no podía negar que en su momento no quería detenerme.
Me sonrojé pensando en la manera que nos tocábamos y en la forma en la que no podíamos encontrar otra manera de entregarnos uno al otro. Pero era tonto, sí sabíamos cuál era la forma. Quizás teníamos miedo de nunca poder detenernos. O quizás ese sólo era mi miedo. Ni siquiera pudimos hablar muy bien entre los dos después de eso, y casi arruino las cosas por completo.
Seguí recordando cada detalle. Las mordidas en el hombro, los movimientos de nuestras caderas, el sentir su miembro contra mi cuerpo y sentir el mio contra el suyo, a pesar de tener la ropa puesta era demasiado excitante. Me removí dándole la espalda a Ichimatsu en cuanto sentí un pequeño apretón en mis pantalones. Odiaría que supiera que pienso en cosas morbosas mientras él duerme tranquilamente, y que los pensamientos morbosos fueran precisamente de él.
Pero no podía parar de pensarlas. Me habría gustado simplemente haber quitado su ropa y lamer cada centímetro de su pecho, o quizás haberlo apretujado contra la pared mientras nos besamos. Incluso habría estado bien haber metido mi mano en sus pantalones.
Tenía que detenerme. Cada vez sentía más apretado el pantalón y estaba seguro que sería difícil bajar esa erección. Tomé el libro y me senté correctamente, encogiendo mis piernas esperando que Ichimatsu no lo notara. Quizás leer un poco me haría pensar en otras cosas.
. . . . .
Miré el reloj de mi mano, casi era hora de bajar. Me incliné hasta alcanzar a Ichimatsu y le toqué la mejilla, esperando que eso lo despertara. Claro que era estúpido pensar que lo haría. Me levanté dejando el libro aun lado, y me acerqué, arrodillándome. Sonreí un poco por lo tierno que podía verse de esa manera.
—Ichimatsu... —Le llamé en un susurro. Ni siquiera me respondió. Besé su mejilla y volví a llamarlo. —Es hora de levantarse. —No se movió. Seguí depositando pequeños besos en su mejilla, estaba tan adicto a él que podría besarle el resto del día. Sentí como se movió y abrió uno de sus ojos, entre-dormido. —Vamos, llegaremos pronto. —Planté un beso en sus labios y otro en su nariz. —Levántate.
Asintió adormilado y comenzó a levantarse poco a poco, con la mitad de la ropa completamente arrugada. Hizo una mueca de disgusto y soltó un bostezo. Volví a sentarme en mi asiento y miré la ventana, observando como aparecían pequeñas cabañas justo antes de llegar. Ichimatsu se levantó y se sentó a mi lado, recargándose sobre mi. Lo miré enternecido y planté un beso en su cabeza.
Esperamos al menos cinco minutos más, en silencio, hasta llegar a la estación. Nos levantamos, tomando las dos pequeñas maletas, y salimos. El tren esperaba poco en esta estación, así que tuvimos que apresurarnos. Bajamos con cuidado, y aseguré que Ichimatsu llevara todo y no hubiera olvidado nada.
— ¿Dónde está tu libro? —Me preguntó Ichimatsu, caminando por delante de mí. Alcé la pequeña mochila y me sonrió como respuesta y regresó su vista al frente.
— ¿No tenías nada fuera de tu maleta? —Le pregunté, por fin fuera del vagón, nos movimos para que la gente pudiera seguir saliendo. —Espero no hayas olvidado nada porque no podremos regresar.
—Te comportas como un novio, Choromatsu. —Sólo reí y se volteó para plantar un beso en mis labios. Algunas chicas rieron cuando pasaron por un lado de nosotros, pero Ichimatsu las ignoró, yo en cambio apenas las miré.
—Digamos que soy algo así. —Él abrió un poco más sus ojos, notándose sorprendido. Aun sonriendo, puse en blanco mis ojos y besé su mejilla sonrojada. —Vayámonos ya.
. . . . .
Entramos a la cabaña mirando todo al rededor. Se veía bastante acogedor y a la vez moderno. Las paredes eran madera completa y había fotografías del bosque en todos los muebles. Estaba bastante cálido a pesar del frío que hacía afuera y tuvimos que quitarnos uno de nuestros suéteres. Ichimatsu pasó por mi lado arrastrando la pequeña maleta y entró hasta la otra división de la cabaña. Caminé hacia uno de los sofás que se encontraba en medio de la habitación, frente a un televisor plasma y deslicé mi mano por la tela notando lo suave que era. Me relajé unos segundos, cerrando mis ojos y disfrutando del olor a pino.
Dejé la mochila en el mismo sillón y entré hacia donde fue Ichimatsu. Estaba recostado sobre una cama que se veía realmente cómoda, Ichimatsu se hundía como si fuera una almohada llena de plumas y sonreía sonrojado, seguramente por la sensación. Caminé hasta donde estaba él y me tiré a su lado.
—Este lugar es increíble. —Solté estirando mis brazos y acomodándome en el colchón. Giré y me puse sobre él, dejando un beso sobre sus labios. — ¿A dónde iremos primero?
—Hm... —Me miró unos segundos, pensativo. — ¿Qué tal si vamos al bosque? En el boletín decía que daban un tour muy bueno. —Estiró la mano y alcanzó su mochila, revolvió un poco sus cosas y sacó el boletín, poniéndolo en medio de nuestros rostros. —Sí,... hay puentes colgantes, vistas, ah... tú sabes, ardillas y esas cosas.
— ¿Camellos? —Reí y me levanté para acomodar la ropa en los cajones. Ichimatsu me miró confundido y negó.
—Creía que sabías de geografía. —Me dijo. Tomé una camiseta y la acomodé en forma de pelota para lanzarla a su cara.
—Bromeo, tonto. —Le sonreí.
Seguí sacando la ropa de la maleta y la llevé al primer cajón del mueble. Escuché como Ichimatsu se movía en las cobijas de la cama y tuve que mirarlo de reojo con un poco de curiosidad. Se había quitado los zapatos y se deslizó por debajo de la sábana y se cubrió escondiendo todo su cuerpo. Su cabello apenas y salía. Era jodidamente tentador, ahora estábamos solos, sin los demás que pudieran interrumpirnos. Ichimatsu sacó su cabeza de las sabanas y apenas me miró.
—Quiero ir a tomar un poco. Hay un bar no muy lejos de aquí.
—Creía que preferías el té. —Le dije terminando con mi maleta. Fui hasta la cómoda para tomar la de él.
—Lo prefiero. —Dijo. Estiró sus brazos hacia el cielo y soltó un fuerte suspiro. —Pero tengo ganas de un trago. Aunque estoy muy cansado por el viaje...
—Entonces duerme un poco. —Abrí el segundo cajón y abrí la maleta de Ichimatsu para ordenar su ropa. Mucha de ella estaba echa un desastre. —Si estás cansado es lo mejor que puedes hacer. Temprano en la mañana haremos lo que sea juntos, ¿te parece? —Dejé la ropa y me voltee, recargándome en el mueble.
—No... Quiero salir contigo esta noche. —Se sentó sobre el colchón y soltó un largo bostezo que dejó salir unas pequeñas lágrimas. —No desperdiciaré ni un sólo minuto.
—No es para tanto, tenemos una vida entera. —Ichimatsu me miró un poco sorprendido y sonrió, asintiendo mientras se cubría de nuevo con las sábanas. Reí un poco divertido por su reacción, y caminé hacia la cama, tomando asiento al lado de él. —Vale, me encantaría tomar un trago contigo.
. . . . .
Ichimatsu tomó una simple camisa con el estampado de un gato en su centro y trató de plancharla un poco con sus manos, yo en cambio ordené un poco mi cabello y fajé mi camisa antes de salir.
Cerró la puerta y guardó la llave en su bolsillo, tomando una bocanada de aire antes de bajar por los escalones de delante de la casa. Frente a nosotros sólo había la bajada de una colina, que llevaba a otra cabaña donde al parecer se hospedaban algunas chicas con sus parejas. Miramos un poco el alboroto que hacían mientras bebían alcohol y sólo nos encogimos de hombros.
De todos modos no era la dirección que tomaríamos, sino hacia el otro lado, que estaba completamente abarrotado de pinos realmente altos y otra cabaña a unos cuantos metros de distancia de la nuestra. Ichimatsu cubrió bien sus brazos con un suéter que llevaba puesto y subió el gorro hacia su cabeza. A pesar de que la noche era realmente fría, sentí que no era lo suficiente para cubrirse, pero de todos modos Ichimatsu se negó a usar su abrigo pensando que el alcohol terminaría calentando su cuerpo.
Comenzamos a caminar en dirección al pueblo, ya que las cabañas estaban un poco alejadas para procurar hacer sentir "en paz" a sus clientes; y ambos comenzamos a bajar por el camino cubierto de césped y pequeñas piedras, me acerqué a Ichimatsu y busqué su mano hasta entrelazar nuestros dedos, dejando pequeñas caricias en el dorso de su mano.
—Me pregunto que estarán haciendo los demás.
—Seguro que ni siquiera han llegado a casa. Habían mencionado algo sobre una partida de videojuegos contra unos amigos de Osomatsu, tú sabes que los amigos que se consigue Osomatsu no son de lo más sobrios.
—Creía que a ti te gustaba ir. —Dijo, mientras daba un apretón a mi mano.
—Bueno, sí... pero tenía ganas de estar contigo. —Voltee a verle con una sonrisa. — ¿Tú no?
—Hm... —Miró hacia el lado contrario, pero pude notar una leve sonrisa en su rostro. Me reí y apoyé mi nariz contra su cabeza, depositando un beso en su cabello. — ¿Piensas emborracharte? Espero que no, te dejaré tirado sobre la barra del cantinero si lo haces.
— ¿Serías capaz? —Sonrió y negó. Miré al frente visualizando por fin el letrero del bar.
—Claro que no.
—Cuando eres bondadoso, me das miedo.
—Cuando no actúas como una madre, me aterrorizas.
—Oye... —Voltee a verle. —Yo no actúo como una madre.
Volteó a verme frunciendo el ceño, y sólo solté un bufido.
—No soy una madre. —Escuché como reía y se detuvo en cuanto estuvo frente a la puerta.
—Haré como que no.
. . . . .
El bar estaba completamente lleno de gente. Ichimatsu por un momento se vio incómodo, pero cuando sujeté fuerte su mano, entró detrás de mí y nos dirigimos a la barra para ordenar un poco de sake, esquivando a todas las personas, que bailaban por todo el lugar. Debía admitir, que esta clase de sitios se parecían más a los que concurrirían Osomatsu, Todomatsu, y tal vez, Karamatsu, pero nosotros nos veíamos como completos extraños.
Fue al paso de los tragos, donde comenzamos a sentirnos más familiarizados, y aunque quise bailar un poco, Ichimatsu no hizo más que negarse completamente a hacerlo. Era un poco fastidioso no poder desenvolverte como realmente quieres hacerlo. Pedí otro vaso de sake y el bartender me sirvió un poco más.
— ¿Estás bien? —Le pregunté acercándome a su oído. Asintió y miró hacia debajo de su asiento, dirigí la vista hacia donde él lo hacía, pero no había nada y le miré confundido.
—Iré al baño. —Se levantó de su asiento y sólo pude asentir, viendo cómo se alejaba. Le miré un poco extrañado por su actitud tan seria, pero terminé encogiéndome de hombros.
Tomé mi teléfono, y desbloquee la pantalla para encontrarme con un mensaje de Osomatsu. "¡Se han ido sin decirme nada! ¡Son de lo peor! Yo también quería ir", sonreí un poco divertido y tomé otro trago para comenzar a contestar.
"Ese era el punto, inutilmatsu". Lo envié y esperé unos cuantos segundos a que contestara.
"¿Se están divirtiendo? ¿Cómo está el gatito? ಥmಥ ¿Qué están haciendo?", esperé unos segundos para contestar y me giré esperando que Ichimatsu regresara, pero no le veía por ningún lado.
"Estamos en un bar. Ichimatsu ha ido al baño. ¿Todo está bien en casa?", envié.
"Karamatsu se ha emborrachado demasiado y ha vomitado en el futón, todo es un asco y Todomatsu no deja de gritar. ¡Está furioso!, pero eso lo hace divertido, supongo que hoy iremos a invadir el cuarto de mamá ヽ(')ノ".
"No metan a mamá en sus cosas. Usen toallas y duerman en el suelo", contesté. Eché otro vistazo sin ver a Ichimatsu en el lugar. Fruncí el ceño y envié el mensaje antes de ponerme de pie.
Sentí como el teléfono vibró en mi mano, cuando comencé a caminar en dirección hacia el baño. Esquivando a todas las personas que hacían que el calor se esparciera por el ambiente y sofocándome demasiado. Empujé la puerta, echando un vistazo y sin poder ver a alguien, así que entré. El teléfono volvió a vibrar.
—No estoy en Tokyo, te lo he dicho tres veces. —Escuché a Ichimatsu resonando con el eco del baño. Entré tratando de no hacer ruido y caminé hasta del lado del lavamanos, y vi los pies apoyados en el suelo en uno de los cubículos. —No podré salir, Osomatsu-niisan ha dicho que no quería que te viera más. —Me crucé de brazos, apoyándome contra la pared, escuchando con cuidado. Hizo una pausa y se escuchó una leve voz de parte de un teléfono. —Osomatsu-niisan es Osomatsu-niisan, no puedo contradecirlo. —Estaba seguro de que Ichimatsu ni siquiera tenía un teléfono. —Tengo que colgar, están esperándome. —Otra pausa y más murmullos. —No te lo diré. Tengo que colgar... hablamos otro día. —Soltó una tos leve antes de volver a hablar. —No vayas a casa, ya te hablaré yo. Adiós.
El cerrojo del baño se movió e Ichimatsu abrió la puerta sacudiendo su pantalón, cabizbajo, y guardó el teléfono en su bolsillo trasero. Le vi, irritado. Realmente molesto, y en cuanto alzó la vista y me vio, retrocedió un paso con la mirada clavada en mis ojos.
— ¿Desde cuándo tienes teléfono? —¿Y por qué yo no sabía de eso?, pensé. Quería preguntarlo, pero no era nada parecido a su dueño.
—Te dije que sólo vendría al baño. —Desvió la vista, caminó hacia el lavamanos y abrió el grifo. Sus manos temblaban y no alzaba la cabeza. — ¿Qué sucede?
—Voltea a verme... —Lo hizo, pero sólo un segundo y volvió a esquivarme mirando hacia otro lado. —No sabía que tenías teléfono, ¿desde cuándo tienes uno? —Dije tratando de no sonar irritado.
—Yo, ah... Osomatsu-niisan lo compró para mí hace semanas. —Dijo. Aferró sus manos a la llave, y cerró el grifo. — ¿Quieres bailar? —Me sonrió. —Querías bailar, vamos a hacerlo.
— ¿Con quién diablos hablabas? —Mi teléfono comenzó a vibrar, seguramente Osomatsu estaba llamando. — ¿A Osomatsu no le gusta que salgas con quién? ¿Y quién no tiene que ir a casa? Ni siquiera tienes amigos.
—Tsk. —Rodó sus ojos, mordiendo su labio interior. Se cruzó de brazos, mirando el azulejo del baño. —No es importante. No es algo que te interese a ti.
— ¿No es importante? —Dejé caer mis brazos y tomé el celular para colgar la llamada, Ichimatsu desvió su vista hacia el otro lado del baño, evitándome. — ¿Estás saliendo con alguien a la vez que estás saliendo conmigo?
— ¡Claro que no! —Soltó la llave y volteó a verme. Retrocedió ofendido, y me miró unos segundos antes de suspirar y pasar su mano por su nuca. —Claro que no... Nunca haría eso.
— ¿Qué me ocultas entonces? —Me separé de la pared, y caminé hacia él para tomar sus brazos.
— ¡Nada! —Gritó golpeando mis manos y alejándolas de él; el teléfono comenzó a vibrar de nuevo y los dos volteamos hacia mi pantalón. —No es nada importante, ya no lo es. Yo... salía con alguien. —Le miré esperando una larga historia, pero sólo bajó su vista al suelo. —He cortado con esa persona hace tiempo.
—Por qué siento que estás utilizándome para poder obtener algo de amor de alguien. ¿A caso te sientes tan sólo que necesitas que yo te de algo que otro no te dio?
— ¡No! —Me miró horrorizado. —Nunca lo haría,... tú,... yo... —Miró hacia el suelo de nuevo, y desvió su vista lejos de mis zapatos. La vibración del teléfono y la música del bar, junto con las carcajadas de personas y los vasos chocando unos con otros era lo único que escuché por un minuto que pareció eterno. —Choromatsu-niisan, me gustas. —Solté sus manos y él se acercó a mí, recargando su cabeza en mi pecho. Sólo le miré un poco molesto, y a la vez tenía ganas de no haber entrado a buscarle; no quería otra semana sin poder hablar con él, pero me sentía demasiado confundido. —Desde hace tanto tiempo. Quizás años,... —Continuó con una voz ronca. —Y nunca pensé que podría estar contigo; en la vida me imaginé que algo por fin saliera bien. Incluso cuando me besaste en aquella casa, tuve que esperar hasta el segundo beso para confirmar que no estaba soñando... yo realmente siento algo por ti, y no echaría a perder las cosas que tanto estuve esperando. No te utilizaría, créeme.
—Basta... —Volví a tomar el teléfono y colgué. Tomé un largo respiro y me miré en el espejo antes de continuar. —Te creo,... —Y lo hacía, pero lo menos que quería ahora era pasar dos días, molesto con él. —Pero tienes mucho que explicarme cuando lleguemos a casa. ¿Entendido?
Asintió. Besé su cabeza y lo rodee con mis brazos, acariciando con mi mano su espalda. Él me rodeó de igual forma y alzó su rostro con aspecto triste hacia mí. Besé su mejilla y descansé mi cabeza sobre su hombro, y él igual apoyó la suya en la mía.
—Dejemos el tema por ahora, disfrutemos el viaje. Pero lo hablaremos después, ¿de acuerdo? —Asintió y dejé un beso sobre su cuello. Me separé un poco y cuando volteó a verme, apegué mi frente contra la suya, miré como él bajaba su vista.
Cerré mis ojos y posé mis labios en la punta de su nariz, deslizándolos lentamente hacia su mejilla y hundiéndolos en su suave piel. Ichimatsu movió su rostro para unir sus labios con los míos y cedí en el primer beso, introduciendo mi lengua dentro de su boca. El teléfono volvió a vibrar en mi bolsillo y los dos nos separamos para mirar el teléfono. Osomatsu, con una fotografía de él en el centro de la llamada con dos dedos en alto, nos fastidió. Ichimatsu me arrebató el teléfono de la mano y contestó, poniendo el altavoz.
"¡Choromatsu! ¡Te he llamado miles de veces!"
—No necesitabas marcar mil y una. —Le dije. Ichimatsu sostuvo el teléfono en alto y sólo miró.
"¿Por qué no contestaban? No me digan que estaban teniendo sexo, ¿eso pasó?"
—No. —Contestaron los dos.
"Que aburridos son. Cuando lo hagan tienen que contarme todo a detalle."
Ichimatsu colgó. Entorné los ojos y voltee a verlo, él estaba sonrojado un poco.
—Ignora las palabras de ese idiota. —Dijo entregándome el teléfono y se separó de mí y se alejó hacia la puerta. —Salgamos de este lugar.
. . . . .
Ichimatsu iba unos pasos delante de mí. Cuando salimos del bar, no volvió a decir nada; y cuando salimos del pueblo, caminó hasta que estuvo al menos cinco metros apartado. En silencio, y con las cigarras sonando a nuestro alrededor, miré como se encorvaba y miraba de reojo hacia mí de vez en cuando. Deslizaba muchas veces su mano por su nuca, y se estiraba de vez en cuando.
Suspiré, intranquilo de que tuviera que pasar la noche en este sentimiento de incomodidad. En mis planes sólo estaba el pasar un buen rato juntos, pero sólo lo habíamos tenido por muy poco tiempo. Bostecé, estirando mis brazos hacia el cielo y sintiendo como pequeñas lágrimas recorrían el borde de mis ojos y terminé por tronar mi cuello.
Comenzaba a hacerme la idea de que tendría que dormir en el sofá frente al televisor, manteniéndome alejado de Ichimatsu para no recibir una muerte por meterme en asuntos que no eran los míos. Miré de nuevo hacia el frente, y él estaba viéndome fijamente, detenido en el camino. Extrañado, apresuré un poco mis pasos y llegué hasta donde estaba él.
— ¿Sucede algo? —Pregunté en cuanto lo tuve enfrente.
Se lanzó hacia mí, plantando un beso en mis labios. Lo vi unos segundos, y cerré mis ojos para responder un beso. El sonido de un coche fue acercándose y nos separamos, haciéndonos a un lado para que pudiera pasar. Los universitarios de la otra cabaña llevaban el volumen en alto y todos gritaban cosas por las ventanas; pasaron al lado de nosotras y una chica nos sonrió y nos dio un guiño, seguido de un beso al aire.
En cuanto pasaron, los dos nos volteamos a ver y soltamos una risotada. Busqué su mano, antes de que pudiera caminar lejos de mí otra vez, y entrelacé mis dedos, asegurándolo conmigo. Se apegó, deslizando su mejilla en mi hombro, y me voltee un poco para besar su cabello.
— ¿Está todo bien?
—Siento que estás incómodo. —Volví a besar su cabello.
—No… —Confesé. —Bueno, un poco.
—Lo siento. No volveré a alejarme.
—No te dejaré hacerlo.
. . . . .
En cuanto subimos los escalones de la cabaña para entrar, después de tanto silencio entre nuestra caminata, Ichimatsu se volteó hacia mí y besó mis labios, sosteniendo mis mejillas con sus manos. Lo aferré fuerte con las mías por su cadera, a la vez que introducía mi lengua dentro de su boca, probando el sabor de su saliva mezclada con el poco alcohol que había tomado antes. Se separó de mí y rascó su nuca, un poco sonrojado.
—Abriré la puerta... —Susurró, y asentí. Me separé un poco de él dándole su espacio, sintiendo de nuevo el viento frío entre mis brazos y removiendo mi cabello. Ichimatsu se giró buscando la llave en sus bolsillos, y abriendo la puerta, entramos en silencio, mientras quitaba el abrigo de mi cuerpo, escuchando las pequeñas campanas que anunciaban nuestra llegada a la cabaña vacía.
—Quieres... ah, ¿tomar algo de café o té caliente antes de dormir? —Pregunté con el pecho un poco encendido. Le sonreí cuando me echó una mirada y me acerqué por detrás, besando su cuello y su hombro. Encendió la luz y en cuanto se volvió hacia mí, me miró con sus ojos cansados de siempre y comenzó a reírse. Le miré confundido, frunciendo el ceño y cerré la puerta detrás de mí, recargándome en ella.
—Quiero besarte, Choromatsu-niisan. —Dijo en seco, cubriendo su boca y mirando hacia el suelo. Se quedó de pie delante de mí, esperando mi respuesta. —Quiero que me beses hasta que nos quedemos dormidos… — Le miré unos segundos, aún recargado en la puerta y me separé lentamente yendo hacia él. Acaricié su mejilla y su nuca, enredando su cabello entre mis dedos y cerré mis ojos para depositar un beso sobre sus labios.
Ichimatsu rodeó mi cuello con sus brazos e introdujo su lengua en mi boca. Lo atraje hacia mí, abrazándolo desde su espalda baja; siguiendo el ritmo de sus labios y los míos uniéndose una y otra vez. Di una mordida a su labio inferior antes de comenzar a besar su mejilla y su cuello, lamiendo y probando el sabor poco salado que tenía su piel; aumenté lo besos, acercando su cuerpo más al mío y sintiendo como su miembro se endurecía un poco contra el mío a través de nuestras ropas, activando fuertes latidos dentro de mi pecho.
Dejé su cuello para comenzar a besarle de nuevo en sus labios y le levanté en el aire, dejando que se aferrara a mí con fuerza. Caminé hasta el otro lado de la habitación, escuchando el sonido de mis zapatos contra el suelo de madera y la resonancia de nuestros labios despegándose.
Llegué a la cama, y dejé que cayera sobre el colchón y las sábanas blancas, resaltando su piel pálida y su sonrojo, con su mueca de excitación. Respiré con dificultad, quitándome los zapatos antes de subir a la cama y me puse sobre él, acorralándolo completamente. Bajé mi rostro hasta besar sus labios y sus mejillas; Ichimatsu acarició mis brazos con sus manos, y bajó por todo mi dorso hasta el comienzo de mis pantalones, y desfajó mi camisa, introduciendo sus dedos poco a poco dentro de él. Jaló mi camisa y me separé un poco para bajar la vista hasta donde llevaba sus manos.
Comenzó a desabrochar los botones con calma, y escuchaba su respiración lenta y difícil debajo de mí. En cuanto lo hizo, me senté sobre él y la saqué de mi cuerpo. Procedí esta vez a quitar el suéter que llevaba puesto y la camiseta violeta. Pasee mis manos sobre su pecho, admirándolo poco a poco. A pesar de que le veía tantas veces desnudo, y estaba acostumbrado a ver su cuerpo todos los días, se sentía como si fuera la primera vez. Bajé y besé sus hombros y sus brazos, Ichimatsu tomó mi mano y entrelacé mis dedos con los suyos, sosteniéndole con fuerza y busqué su otra mano para llevarlas hacia arriba de mi cabeza.
Besé sus labios, esta vez sin detenerme y sin tener cuidado. Me ahogué en sus besos, jugando con su lengua y mordiendo sus labios tantas veces, sin arrepentirme, hasta que sentí un pequeño sabor de sangre dentro de mi boca. Bajé hasta su hombro con besos desesperados, y mordí, haciendo que él soltara un gemido y moviera sus caderas debajo de mi cuerpo.
—Choromatsu-niisan...—Me llamó y me dediqué a dejar otra marca, succionando su piel con mi boca. —Niisan...—Voltee a verle y me acerqué a sus labios para besarle otra vez. Solté un suspiro, respirando contra su boca y le miré a los ojos, pero los tenía cerrados. Los abrió después de segundos de no haber seguido con mis caricias. Bajó su mano, acariciando mi mejilla y alzó su cabeza para besar mi mejilla. —Tócame...—Volvió a besarme. —Hazme tuyo,...—Le besé en su mejilla esta vez. —Soy sólo para ti,... yo... quiero que me toques de la manera que tú quieras...
Bajé y besé sus labios, llevando mi mano hacia su pantalón, aprisionando su miembro, cubierto aún con su ropa, y haciendo movimientos contra él. Gimió, alejándose de mis labios y aproveché para dejar un beso sobre su cuello. Me separé de él y comencé a tocar con más fuerza, sintiéndome mucho más excitado cada vez que escuchaba sus quejidos.
Desabroché el botón de sus pantalones y deslicé mi mano dentro de él, volviendo acariciarlo y aproveché para introducirla dentro de su ropa interior. Le miré impresionado cuando soltó un gemido que despertó aún más mi placer acumulado en mi miembro, y su espalda se arqueó levemente. Me separé un poco, bajando sus pantalones completamente junto con su ropa interior, dejando su erección al descubierto. La tomé entre mi mano y comencé a acariciarla lentamente de arriba abajo, e Ichimatsu se abrazó a mí, quejándose en su garganta.
Aumenté el ritmo, aferrando mi mano con más fuerza y comencé a besar sus labios con dificultad por los leves gemidos que soltaba de su boca. Ichimatsu se soltó de mi llevó sus manos hacia mis pantalones, desabrochando desesperado el botón, y solté su miembro para ayudarle a bajar mis pantalones y tirarlos al suelo.
Le rodee con mis brazos, sumiéndome de nuevo en sus besos y sentí como me abrazaba; quedándonos así un largo tiempo, simplemente volviéndonos más adictos a nuestros besos apasionados y torpes. Me separé unos segundos, escondiendo mi rostro entre las cobijas y su cabeza, y él besó el lóbulo de mi oreja y mi mejilla. Respiró profundo, y esta vez besó mi cabello.
—Te amo, niisan...—Susurró entre sus respiraciones entrecortadas. —Te amo desde hace tanto tiempo. —Me quedé en silencio escuchando, y esperé a que continuara. —Nunca pensé que esto pasaría. —Me separé un poco, apoyándome con mis manos sobre el colchón y le sonreí, seguramente demasiado sonrojado y en un estado vergonzoso.
—Te amo,...—Le dije. Con un poco de duda, pero sintiendo que era lo correcto y con el corazón corriendo a toda marcha. —Te amo, —repetí. —Quizás más de lo que creo. —Desvié mi mirada hacia la ventana que era la única fuente de luz que había en ese momento, además de la luz del living. Y sonreí avergonzado y un poco atontado. — ¿Lo hacemos?
—Hazlo, niisan. —Dijo y me sonrió de la forma en la que nunca pensé que lo vería sonreír. Miré sus labios y asentí, dejando un beso sobre ellos antes de sentarme frente a él. Ichimatsu se alzó, apoyándose con sus codos y me miró en cuando comencé a deslizar mi mano de nuevo sobre su erección.
Miré con cuidado su cuerpo, y me quedé pensativo unos segundos. Nunca en mi vida había hecho esto. Ichimatsu comenzó a reírse y voltee a verlo desconcertado, estaba sonrojado y se movió de debajo de mí, hasta estar sentado. Depositó un beso en mi mejilla y fruncí el ceño.
—Olvidé que no sabías nada de esto. —Siguió riendo, y un poco humillado, miré hacia otro lado.
— ¿Y tú sí?—Le contesté un tanto molesto.
—Ese tema es algo privado. —Sonrió y se acercó más a mí. —Te enseñaré.
—Sólo necesito estimularte. —Le miré, mientras pasaba sus manos por mi pecho y dejaba un beso en mis labios. —No es tan difícil, o eso he leído...
—No dejaré que me destroces el recto. —Volteó a verme y me dio un golpe con sus dedos en la nariz. Solté un quejido y me cubrí, mirándole con reproche. Gateó sobre la cama y levantó su mochila del suelo. Abrió el cierre y cuando volteó me entregó un pequeño tubo de color azul. —Usa esto.
— ¿Qué diablos es esto?
—Si no quieres ver sangre derramándose de mi trasero, tendrás que usar eso. —Volvió a sentarse frente a mí, y quitó los calcetines de sus pies. —Te diré como usarlo.
—Sé hacerlo...—Abrí el frasco que tenía un olor dulce. Había leído antes sobre esto en historias de los mangas que se subían a internet, además de que tampoco era un ignorante sobre el tema del sexo, aunque nunca lo hubiera hecho antes. Miré a Ichimatsu, que comenzaba a voltearse y le detuve tomando su brazo.
—Quiero ver tu rostro...—Le dije; tardó unos segundos en asentir, algo avergonzado y se recostó de nuevo en la cama.
Tomé el pequeño tubo y cubrí un poco mi índice con el líquido. Ichimatsu asintió, acomodándose frente a mí, y me incliné sobre él para depositar un beso en sus labios y otro en su cuello. Acerqué mi dedo a su recto, y poco a poco comencé a moverlo contra su entrada. Ichimatsu inmediatamente gimió ante eso, mirándome con sus ojos entrecerrados y sus mejillas más encendidas que antes, poco a poco introducía mi índice en su orificio y él abrazó mi espalda con fuerza, encorvando su cuerpo cada vez que hacía un movimiento circular dentro de él.
Besé sus labios mientras lo hacía, deslizando mi lengua contra la suya, y cuando comencé a introducir el índice completamente dentro de su recto, Ichimatsu soltó un fuerte gemido contra mis labios, que tuve que callar con un beso; deslizó sus manos por mi pecho hasta llegar a mi miembro y con una de ellas acarició mi erección, haciéndome que esta vez fuera yo quien soltara un suspiro estrepitoso.
Comencé a lentamente mover mi índice dentro de él; sacándolo e introduciéndole con lentitud. Su mano contra mi miembro, y la forma en que lo frotaba me hacía sentir increíble, y perdía la noción del momento en el que me encontraba, disfrutando de ello. Comencé poco a poco a introducir un segundo, e Ichimatsu gimió más fuerte esta vez. Entre mis respiraciones entrecortadas, fui aumentando el ritmo de mi mano hasta que sentí un cambio y me dispuse a cubrir mi miembro un poco con el lubricante.
—Si algo te molesta, dímelo, ¿vale?
Asintió y llevando sus manos hacia mis brazos, mientras que poco a poco introducía mi miembro dentro de él. El placer de que sentí al momento en que mi miembro se sintió aprisionado, fue exuberante, y me hizo sentir realmente increíble. Ichimatsu gemía cada vez que yo entraba y salía, y se sostenía fuerte a mis brazos, clavándome las uñas por el dolor, pero su sonrojo y sus gestos causados por el placer, me decían que realmente lo disfrutaba. Seguí embistiendo con lentitud, dejando que mi cabeza diera vueltas y que me perdiera por segundos; con una de mis manos, tomé el miembro de Ichimatsu, y comencé a frotarlo lentamente. Él gimió y me miró, llevando una de sus manos hacia ahí.
—S-si lo haces, terminaré rápido.
—No me importa… —Le dije, e hizo una mueca de incomodidad.
Seguí frotando lentamente todo su miembro, y me incliné para dejar un beso sobre sus labios que él no pudo corresponder. Sonreí, un poco divertido y aumenté el ritmo de mi cuerpo contra su cuerpo. Apenas podía hacer el trabajo con mi mano, pero de vez en cuando apretujaba más su miembro y daba rápidos movimientos.
Ichimatsu retiró mi mano y comenzó tocarse mientras que yo seguía contra los movimientos de mi cadera contra su cuerpo. Me detuve unos segundos, respirando con dificultad y sintiendo que pronto terminaría; era molesto sentir que las cosas terminaban tan rápido, pero aún así nada podía ser comparado con lo increíble que eran esos pequeños minutos. Ichimatsu siguió frotando su miembro gimiendo esta vez un poco más fuerte. Los sonidos de su boca y su garganta me excitaban demasiado, así que inevitablemente seguí embistiéndolo, esta vez más rápido.
Aguanté la respiración, deteniéndome para aguantar un poco más, pero no pude y segundos después, tratando de terminar fuera de él, eyaculé al momento de salir de su recto. Seguí respirándo entrecortado, y llevé mi mano hacia su miembro, haciéndo a un lado la suya, frotándolo rápido.
Bajé mi rostro hasta el de Ichimatsu, y entre nuestras lenguas deslizándose una con la otra, las caricias y el sudor recorriendo nuestro cuerpo, terminó.
. . . . .
Después de haber tomado un baño juntos, no soltábamos nuestras manos en ningún momento. Preparamos un chocolate caliente y nos sentamos en el sofá de la pequeña sala de estar para ver una película antes de ir a dormir; Ichimatsu, entre las cosas de su mochila, tenía algunos aperitivos que había comprado antes de venir acá y los dejamos sobre la mesa junto con nuestras tazas. El origen de los guardianes comenzó en la pantalla y subimos el volumen hasta que fuera aceptable.
Ichimatsu se sentó junto a mi, cubriendo sus brazos con su suéter ancho, y entrelazó sus dedos con los míos mientras aparecían las primeras escenas, pero para el final de la película, ya había caido dormido en mis brazos. Sonreí, depositando un beso en su frente, y seguí viendo la película en silencio.
—¿Por qué tenías que dormirte? —Miré a Ichimatsu, que tenía un leve sonrojo en sus mejillas. —Ahora estoy aburrido... —Dije tomando el control remoto y cambiando de canal.
Un programa de cocina, History Channel y sus aliens, cachorros salvajes, noticiero. Me detuve en uno de esos programas de salud que nadie veía a altas horas de la noche y me recosté un poco más, abrazando a Ichimatsu y depositando un beso en su mejilla. Soltó un quejido dormido y ocultó su rostro entre mi cuello y mi hombro; sentí su cálida respiración y mi pecho se aceleró un poco, y fijé la vista de nuevo en el televisor para calmarme antes de despertarlo de nuevo y besarle por toda la noche.
—¡Demos la bienvenida al Dr. Dayon II, graduado de la prestigiosa universidad Cambridge en Inglaterra, que se ha tomado su tiempo para poder charlar con nosotros sobre el tema de la semana, la familia! —La presentadora se levantó de su sofá para aplaudir y darle la mano a un hombre de gran cabeza con cabello grisaseo que se inclinó ante su audiencia. —Realmente nos alegra tenerle en este lugar, señor Dayon. —Continuó la presentadora, que se sentó en el sofá y el hombre en el de frente a ella.
—Es un honor para mi estar en este tu programa y el tema que me has dado me ha parecido uno de los mas interesantes en los últimos meses. —Me incliné un poco hacia la mesa frente a mi para tomar mi taza de chocolate. —Normalmente es algo de lo que nadie habla por pensar que es tabú, algo incorrecto y prohibido. De hecho, es considerado un delito grave en algunos países, aunque aquí en Japón sólo suele estar prohibido al contraer el matrimonio. El incesto, que es la relación entre dos familiares, es un tema delicado y del que se tiene que tener mucho cuidado. —Incómodo, me giré a dejar la taza en el suelo y comencé a buscar el control remoto.
—Antes era algo muy común, tengo entendido, pero ¿por qué ahora es algo que relacionamos como raro o peligroso? —Moví un poco a Ichimatsu y comencé a sentarme.
—Antes era algo normal para conservar la sangre real y mantener el dinero dentro de las mismas familias, ahora, con el avance de la tecnología nos hemos dado cuenta de lo peligroso que puede llegar a ser estos actos. Los descendientes de familiares llegan a ser más propensos a enfermedades y deformaciones; pero no es lo único, señorita Lee. —El hombre tosió curvee mi espalda, buscando el control por entre los cojines. No quería escuchar nada de ello. No en estos momentos. —Las relaciones incestuosas, ya sean viniendo de un padre o madre hacia sus hijos, o más comúnmente entre hermanos y hermanas, terminan destruyendo la relación que antes existía. El amor se desvanece, la confianza termina, los lazos se destruyen y las cosas ya no vuelven a ser las mismas. A demás de la opresión social, la devastación de los demás integrantes de la familia. Llega la depresión, las inseguriades.
—Entonces practicamente...
—Es como encender una bomba en donde no existe un botón para detenerla. En cuanto existen los contactos físicos y las caricias que van más allá de un simple abrazo, las cosas tienden a ser irreversibles.
—Entonces termina siendo un problema que sólo se resuelve con terapias. Psicólogos. Si me permite decirlo, Doctor, creo que el incesto podría ser el amor más repugnante que puede haber, mi hermano mayor nunca me tocaría de esa manera, sólo imagínelo,... todos me verían como un monstruo y a él, como un abusador. —Ella comenzó a reír. Era como una jodida burla.
—Maldita sea, por qué ahora...—Encontré el mando y aplasté el botón del volúmen por accidente e inclinándome un poco comencé a buscar el botón correcto.
—En efecto, señorita; pero lo peor de las cosas, es que el amor fraternal que existía, termina quedándose en nada. —Dijo el hombre antes de que aplastara el botón correcto.
Apagué la televisión sintiéndome asqueado de mí mismo. Miré a Ichimatsu recargado sobre mí, durmiendo plácidamente con una enorme sonrisa en su rostro. Respiré con pesar y acaricié su cabeza, sin saber qué hacer ahora, confundido y un poco aturdido. Apoyé mi rostro en su cabello y olí el dulce aroma del champo y el sudor que emanaba, y no fue sino hasta segundos después que caí en cuenta.
Me sentí aterrorizado en medio del silencio, la noche era abrumadora, el sonido de los insectos y las ranas fuera de la cabaña me estaba agobiando. No sólo sentí asco de mí, sino de él. Pero todo era mi culpa, por haberlo besado aquella vez. Sólo lo impulsé a que me quisiera de esa forma, y sólo inicié algo que en todas las posibilidades saldría terriblemente mal. Algo que estaba prohibido.
Me moví con cuidado debajo de él, cuidando no despertarlo, y quité sus brazos que me rodeaban. Por un segundo, pensé que estaba llorando, toqué mi rostro pero estaba completamente seco. Me maree sintiendo asco de haberlo tocado así, seguí moviéndome, y cuando por fin pude quitarme a Ichimatsu de encima, caminé directamente al baño y lavé mi rostro, aguantando las ganas de vomitar. Me giré, cerrando la tapa del bater, y me senté cubriendo mi rostro.
—Maldita sea… —Susurré. Mordí mi labio y di un golpe a mi rostro con las palmas de mis manos. Respiré profundo por el dolor, pero me lo merecía. Por aprovechar de mi calentura, de que me quería de esa forma, por no negarme, por haberle incluso mirado como algo más que un hermano. Di otro golpe, y otro. —Soy un completo idiota… —Susurré.
Pensar en cómo lo había tocado y en lo que habíamos hecho, era lo peor. Era un asco, sentí ganas de vomitar y cubrí mi rostro aguantándolo. Y lo peor de todo, es que seguiría en esa cabaña con él mucho más tiempo. No podría ser posible, sólo vomitaría en cada beso que me diera y haría que las cosas empeoraran a más. Me levanté y salí del baño siendo lo más cuidadoso posible. Caminé hasta el sillón, y con mis brazos levanté a Ichimatsu, quien se removió un poco y lo llevé a la cama desordenada. Miré hacia otro lado evitando el contacto mínimo con ella, y dejé a Ichimatsu sobre el colchón.
Lo miré unos segundos, sintiendo nada. Quizás odio, o asco. Pero más por mí que por él. Se removió en medio de las cobijas y aproveché su ignorancia, para ir al mueble donde había guardado mi ropa y la tomé toda de una sola movida. Agarré la mochila y la llevé al sillón para comenzar a poner todo dentro, y así con todas mis pertenencias hasta que pude guardarlo todo.
Busqué mi celular entre el pantalón que había dejado en el suelo y me senté al lado de mi mochila para buscar los próximos viajes a Tokio en el tren bala. Seis de la mañana. Salí del navegador y envié un mensaje a Osomatsu.
"No puedo, lo siento", escribí. Me cuestioné las cosas antes de enviarlo, pero lo hice. Seguramente Osomatsu llamaría pronto, conociéndolo, aún estaría despierto a altas horas de la noche.
Pocos minutos después, ya habiendo fijado la hora del despertador sólo para dormir dos horas, el teléfono vibró con la imagen de Osomatsu en la pantalla. Lo miré, pero sólo colgué.
Colgué, colgué. Volví a colgar. Todas las veces que fuera necesario. Me levanté, prediciendo lo que él haría, y en los pantalones de Ichimatsu que estaban aún en el suelo, busqué su teléfono con cuidado de despertarlo. Desbloquee la pantalla y apareció la imagen de él, Jyushimatsu y Todomatsu, chasquee la lengua y justo cuando iba a apagarlo, la llamada entró. Colgué y apagué el teléfono.
Miré la hora en el mío. 3:48 a.m.
Abrí la conversación con Osomatsu, y mientras regresaba al sofá teclee. "Regreso mañana a las seis, mañana hablaremos. Hoy, déjame descansar", y envié. Me senté sobre el sofá, y sin creerme lo que haría, intenté dormir.
. . . . .
Escuché como el tren se acercaba cuando la voz de la mujer anunció su próxima llegada, además del enorme pitido que soltaba a lo lejos. Me quedé en el asiento, apoyando mis codos contra mis piernas y cubriendo mi rostro entre mis manos aguantando las ganas de llorar. Me había ido de la cabaña apenas media hora antes, dejando todoo en orden y a Ichimatsu dormido en la cama.
No sabía que había hecho, no había entendido en su momento lo grave que eran las cosas y ahora todo lo que existía estaba echándose a perder poco a poco. No podría mirar a mis padres, ni a los chicos, y mucho menos a Ichimatsu. Mis ojos se humedecieron y dejé que las lágrimas salieran. Me di el permiso de sollozar, por no saber qué hacer, por no tener una solución esta vez.
El tren se estacionó en la estación, y me puse de pie, tomando la maleta en mi mano y acomodándola en el hombro junto a todos los pesares que estaba acumulando. Limpié mi rostro, pero por más que tallaba, mis ojos no dejaban de derramar lágrimas. Me sentía tan culpable y destruido. Pero las cosas eran así, y no podía romper las reglas que la sociedad ni la naturaleza habían creado. La diferencia entre aquellos que podían amarse y quienes no, era demasiado clara; y nosotros no estabamos dentro de lo aceptable.
La poca gente que llegó, dejó de salir y, tratando de ocultar mi rostro estando cabizbajo, entré al tren. El vagón estaba vacío y nadie obordó a parte de mi, caminé arrastrando los pies hasta uno de los asientos. No podía soportarlo, mi labios, que alguna vez besaron a Ichimatsu, temblaron, y mis ojos volvieron a derramarse, mi pecho dolió y mis piernas decayeron. Me quedé en el suelo del vagón, que comenzó a moverse, respirando con dificultad, y cuando por fin estuvo en marcha y estuve completamente sólo, pude llorar.
Yo, Choromatsu Matsuno, no sólo había destruido el corazón de quien me amaba incondicionalmente. También, había destruido a parte de mi familia.
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NOTAS DE HERON
omg, por fin. (ノಥ益ಥ)ノ ┻━┻
Sinceramente nunca había escrito escenas sexuales, so... no me maten si las cosas no fueron escritas muy bien, aun así, espero hayan disfrutado del capítulo que, por el amor de Dios, fue tan difícil de escribir y a la vez demasiado gracioso. Ya me verán a las tres de la mañana buscando en google: "¿Cómo estimular el ano?", sintiéndome verdaderamente ridícula. x'D Pero quería hacer las cosas realistas (?) Quién me manda.
Me dolió escribir este capítulo, porque bueno, desde el inicio supe que las cosas tendrían que salir de esta manera. Siempre trato de meterme en los papeles de los personajes a los que escribo, y termino sintiéndome mal yo, al punto en que tengo una mezcla de sentimientos en mi pecho en este momento.
Espero les haya gustado este capítulo, que es el penúltimo. Tardaré un poco en subir el próximo por cuestiones educativas y de salud, además de querer actualizar otros fics, así que no desesperéis.
Nos leemos luego~
