Holaaaa gracias por los reviews yy bueno aqui les dejo el capitulo 4 como regaloo

Bleach no me pertenece es de Tite Kubo y el libro es merito de michelle Reid

Capítulo 4

ESPERAR...

Orihime pensaba que debía esperar a tener más respuestas antes de irse con él.

— ¡Pero si no lo conoces! —protestó mientras Rukia preparaba su equipaje—. ¿Cómo sabes que está diciendo la verdad?

La silenciosa respuesta de Rukia fue entregarle la foto de su boda.

La pelinaranja miró la foto, luego a su amiga, y de nuevo la foto. De pronto, su humor cambió.

— ¿Qué puede haberte sucedido para que hayas olvidado algo tan bonito como esto? —murmuró, apenada.

Rukia habría dado cualquier cosa por tener la respuesta a aquella pregunta.

— ¿Sabes quién es? —preguntó con suavidad.

—Me lo ha dicho Renji Abarai —contestó Orihime—. Pero el hecho de que sea el propio Kurosaki en persona no lo absuelve de explicar por qué ha tardado doce meses en encontrarte.

Aquello era cierto, concedió Rukia, y se sentó en la cama mientras el peso de sus propias dudas volvía a caer de lleno sobre ella.

—Fuiste famosa por aquí durante un par de semanas cuando tuviste el accidente —continuó Orihime, decidida a proteger a su amiga—. Si de repente desapareciste y Kurosaki estaba realmente preocupado por ti, lo lógico habría sido que hubiera removido cielo y tierra para encontrarte. Al menos, podría haberse molestado en hacer comprobaciones en hospitales y comisarías. Tu aspecto es especialmente distinguido, Rukia. Aunque tú no sepas quién eres, alguien que hubiera estado buscando a una pelinegra de ojos violetas y esbelta llamada Rukia habría acabado por localizarte.

—Tal vez Ichigo estuviera fuera del país —sugirió la pelinegra, pensando en Nueva York.

Orihime la miró con expresión de asombro. — ¿Quieres decir que no te has molestado en preguntárselo?

Lo cierto era que Rukia no quería preguntar. Por incomprensible que pareciera, se sentía más segura sin hacer preguntas.

—El problema es que cada vez que hablamos de algo vagamente personal me desmayo —admitió con pesar.

—Más motivo aún para que te lo pienses antes de ponerte en sus manos. ¿No te das cuenta? —pregunto Orihime.

Rukia se puso en pie, tomó la foto de manos de su amiga y la miró con expresión sombría, pero también resuelta.

—Si quiero averiguar alguna vez por qué he acabado así —dijo con suavidad—, tengo que ir con él.

¿Dónde estaba Rukia? Ichigo miró con impaciencia su reloj. Estaba tardando demasiado

— ¡Maldita sea! —murmuró—. Mira este lugar —dijo en tono despectivo—. Si se hundiera ahora mismo nadie lo echaría de menos.

Renji Abarai alzó la mirada y, de pronto, Ichigo se vio como lo estaba viendo su gerente: como una pantera al acecho moviéndose de un lado a otro en busca de pelea.

Pero ni siquiera diez asaltos con el mejor boxeador del mundo habrían bastado para aplacar su malhumor.

No soportaba la idea de que Rukia hubiera estado viviendo en aquel miserable entorno. Cuanto antes la sacara de allí, mejor. Pero, ¿dónde estaba?

—Llama a su habitación —dijo a Renji.

—No —replicó el otro hombre—. Vendrá cuando esté lista.

—Ya llevamos una hora esperándola —protestó Ichigo.

Y aquella otra chica estaba con ella. Sabía que no le caía bien. Lo había notado en su rostro cuando se había enterado de lo que iba a hacer Rukia. Seguro que pensaba que la estaba presionando demasiado y que ella estaba demasiado conmocionada como para ir a ningún sitió con nadie. Y lo cierto era que tenía razón, reconoció Ichigo, reacio.

— ¿No crees que es demasiado pronto como para alejarla del único entorno seguro que conoce? —preguntó Renji.

—Yo puedo darle otro entorno seguro.

—Aún está conmocionada, Ichigo.

—Yo también.

—Y asustada.

Ichigo frunció el ceño.

— ¡No voy a encadenarla en una jaula ni a darle latigazos cada hora!

—Es un alivio oír eso —dijo otra voz.

Ichigo se volvió y vio a Rukia en la entrada del pasillo que llevaba al ala del personal del hotel. Llevaba un sencillo vestido azul y el pelo aún sujeto en aquel mojigato moño, que, era en sí mismo un desafío a la verdadera personalidad de ella. ¿Habría sido un acto deliberado o subconsciente? Fuera como fuese, allí estaba. Llevaba la barbilla alzada y sus ojos violetas despedían los fríos destellos que siempre habían supuesto una declaración de guerra por su parte.

Ichigo nunca había sido capaz de resistirse a aquello, y ni siquiera lo intentó. Relajó la tensión de su cuerpo y dejó que su mirada lanzara una contraofensiva.

—La sumisión no es tu fuerte, mia dolce amante —dijo en tono burlón—. Exiges igualdad en todos los aspectos de tu vida.

Había dicho «mi dulce amante» en italiano para ver si Rukia lo recordaba; al ver cómo se ruborizaba sintió una gran satisfacción, pues eso suponía que lo había entendido. Junto a ella estaba su amiga, moviéndose incómoda.

Ichigo sintió que, a sus espaldas, su gerente estaba haciendo lo mismo. No podía culparlos por ello, pues la tensión sexual había subido repentinamente muchos grados en el deprimente vestíbulo del hotel.

Pero lo que le importaba era la reacción de Rukia, y ya que por fin había logrado la primera realmente saludable, su humor mejoró rápidamente.

— ¿Estás lista para venir conmigo? —dijo con gran suavidad, decidido a continuar con su éxito sensual... un éxito que se desmoronó en cuanto vio que Rukia avanzaba ayudada por un bastón.

La rabia volvió a surgir en su interior al instante y se volvió hacia Renji como una serpiente cascabel dispuesta a soltar su veneno. Espetó órdenes que su gerente asumió con una especie de silenciosa compasión que solo sirvió para empeorar las cosas. Pero Ichigo ni siquiera era capaz de empezar a describir como le había afectado ver a su bella y vibrante Rukia sufriendo tanto como para necesitar un bastón para caminar.

Ella salió del hotel, dolida por el destello de consternación que había percibido en la expresión de Ichigo cuando había visto su bastón. Tampoco le gustó el modo autoritario en que se dirigió a Renji Abarai, quien al parecer iba a quedarse sustituyéndola en el hotel hasta que regresara el director.

—Es un bravucón —dijo Orihime.

Rukia no podía negar aquello, de manera que permaneció en silencio.

—Y le encantas —añadió la pelinaranja.

—No es cierto —replicó Rukia, y agitó expresivamente su bastón.

—Entonces, ¿a qué ha venido esa escena italiana de seducción?

Rukia se encogió de hombros.

—Tú misma lo has dicho. Las palabras «italiana» y «seducción» siempre van juntas. De hecho, no creo que puedan funcionar la una sin la otra.

—Así que es estadounidense de origen italiano, ¿no?

Rukia volvió a encogerse de hombros, pues no lo sabía.

— ¿Vas a estar bien? —preguntó Orihime al ver la expresión confundida de su amiga.

—No estoy bien tal como estoy —replicó la pelinegra, y pensó que no tenía nada más que añadir.

Ichigo salió del hotel y el ambiente se cargó al instante. Rukia tomó su maleta de manos de Orihime, que había insistido en llevarla. Se abrazaron mientras él agitaba impaciente las llaves de su Jaguar en la mano.

—Cuídate —murmuró Rukia mientras se apartaba.

—Eres tú la que tiene que cuidarse —dijo Orihime.

—Vamos —dijo Ichigo con aspereza.

Rukia sintió un arrebato de pánico y tuvo que esforzarse mucho para reprimirlo.

—Llámame —rogó su amiga como despedida final.

—Lo prometo —Rukia asintió y sintió que sus ojos se humedecían mientras daba aquel primer gran paso para seguir a Ichigo.

El debió sentir sus lágrimas, pues se volvió a mirarla. Rukia bajó la vista, se mordió el labio inferior e hizo un esfuerzo por concentrarse en las escaleras en lugar de en la oleada de angustia que trataba de apoderarse de ella.

Ichigo le quitó la maleta, fue rápidamente hasta su Jaguar, abrió el maletero, metió la maleta y luego rodeó el coche para abrir la puerta de pasajeros, donde permaneció como un carcelero a punto de encerrar a su último prisionero.

Rukia mantuvo la mirada apartada cuando llegó al coche y se inclinó para entrar en él.

Sin decir una palabra, Ichigo le quitó el bastón y cerró la puerta del lujoso vehículo. Unos segundos después, y tras arrojar el bastón a la parte trasera del coche, ocupo su asiento tras el volante. Se puso el cinturón, miró a Rukia para comprobar que había hecho lo mismo y arrancó el coche.

Mientras se alejaban, Rukia se volvió para echar un último vistazo al hotel y sintió que sus ojos volvían a llenarse de lágrimas... «Adiós», dijo en silencio... y enseguida se preguntó por qué se sentía como si ya se hubiera despedido de ese modo de algún otro querido y decadente edificio.

— ¿Por qué el bastón? —preguntó Ichigo de repente.

—Si mi cojera te ofende —replicó Rukia con frialdad—, tal vez deberías volver a dejarme donde me has encontrado, porque te aseguro que no va a desaparecer solo porque te ofenda.

—No me ofende —dijo Ichigo con firmeza—. Me enfada mucho, pero no me ofende.

Rukia deseó poder creerle, pero no lo logró.

—Háblame de ello —insistió él.

Rukia suspiró. —Mi rodilla resultó aplastada en el accidente y empeoró porque me tuvieron que sacar a toda prisa del coche antes de que se incendiara. Desde entonces me han operado cuatro veces y, lo creas o no, mi actual cojera no es ni la mitad de obvia que hace dos meses.

A pesar del sarcasmo con que concluyó la explicación de Rukia, Ichigo no renunció a seguir con el tema.

— ¿Tienes que volver a operarte?

—No. Lo que ves ahora es lo que vas a obtener. De modo que, si estabas esperando recuperar a la misma persona de la foto que me has dado, deja que te diga antes de que sea demasiado tarde que eso es imposible.

—Pero ya he notado que sí voy a recuperar su genio —dijo Ichigo, y de pronto sonrió de un modo que hizo que el corazón de Rukia diera un vuelco.

Aquella sonrisa había alterado por completo su rostro, como si en lugar de hablarle como una auténtica bruja acabara de hacerle un regalo.

—¡Mantén la vista fija en la carretera! —espetó, más que nada para alejar las emociones que de pronto se estaban acumulando en su interior.

Ichigo maldijo entre dientes y volvió de inmediato su atención al asfalto.

—Lo siento. No estaba pensando. Supongo que te pondrá nerviosa ir en coche después de…

—No —Rukia se sintió un poco culpable por haberle hecho creer lo contrario—. No mientras el conductor sea competente... y es evidente que tú lo eres.

Permanecieron en silencio mientras Ichigo se concentraba en conducir.

—Cuéntame cómo ha llegado el hotel Tremount a un estado tan decadente —dijo al cabo de unos minutos—. Da la impresión de que en otra época debió de ser un lugar realmente elegante.

—Lo fue —contestó Rukia, aliviada por tener un tema más neutral con el que llenar el silencio mientras viajaban—. Es un edificio victoriano. Fue originalmente construido para acoger a las clases altas de la sociedad británica de su tiempo. Está lleno de tesoros arquitectónicos, pero hace falta ser la persona adecuada para descubrirlos.

—Tendría que esforzarse mucho —gruñó Ichigo.

—Tendría que poseer «alma» —corrigió Rukia, e Ichigo se limitó a hacer una mueca ante su indirecta—. Creo que el Tremount podría tener mucho potencial para el promotor adecuado. Tiene su propia playa, y no está lejos del centro turístico más cercano. Además cuenta con una gran extensión de terreno a su derecha, que en otra época fue un campo de golf de nueve hoyos, aunque ahora está totalmente abandonado. Contando con los expertos adecuados, podría...

Ichigo dejó que siguiera hablando. Rukia no era consciente de que le estaba dando un informe del potencial del hotel tan detallado como el que hubiera ido a ofrecerle cualquiera de sus mejores peritos. No sabía que hacer aquello era como una segunda naturaleza para ella, ni que, como él mismo, había estado implicada en la industria hotelera toda su vida. Y sus manos, la herramienta que más utilizaba para expresarse, no paraban de moverse, de señalar con sus largos dedos, de hacer aquellos delicados movimientos circulares con las muñecas tan familiares para él.

Sintió ganas de gritar, o de golpear algo, porque aunque aquellos movimientos pertenecieran a la vieja Rukia, eso era lo único que conservaba. Ni su mojigato peinado, ni su aburrida ropa, ni la expresión de sus ojos, que debería haber sido animada mientras hablaba, tenían nada que ver con la vieja Rukia. Solo había mostrado cierta pasión cuando habían hablado de su matrimonio, una pasión horrorizada que le había hecho desmayarse.

Tardaron más de una hora en llegar a Exeter, pero Rukia había hablado tanto que se sorprendió cuando Ichigo detuvo el coche frente a un hotel.

—De manera que este es el famoso hotel Kurosaki Exeter —comentó con curiosidad—. Recuerdo haber leído un artículo en el periódico sobre la gala de inauguración que se celebró el año pasado... —«el año pasado», repitió para sí, y frunció el ceño—. ¿Asististe a la inauguración? —preguntó en tono cortante.

No entendía por qué, pero la idea de que Ichigo hubiera estado tan cerca de ella sin que ninguno de los dos lo supiera, le dolió.

Algo en la quietud de él le llamó la atención. —No —contestó él, y salió de inmediato del coche.

— ¿Por qué no? —preguntó ella en el mismo instante en que le abrió la puerta.

El frunció el ceño.

—No entiendo la pregunta.

Rukia lo miró con dureza.

—¿Por qué no asististe a la inauguración de tu propio hotel?

Ichigo rió, pero su risa sonó muy forzada.

—No suelo asistir a todas las inauguraciones que tenemos —se inclinó y soltó el cinturón de seguridad de Rukia—. La cadena Kurosaki tiene hoteles por todo el mundo. Tendría que ser Superman para...

—Ni siquiera estabas en el país, ¿verdad? —interrumpió Rukia.

Ya lo recordaba. La gran fiesta para celebrar la inauguración. La cobertura que esta había recibido en la prensa local debido a las numerosas celebridades que habían asistido. Ella había tenido muy poco que hacer mientras se recuperaba en el hospital y había devorado los periódicos en busca de cualquier indicio sobre su pasado. Pero no había logrado recordar nada.

¿Por qué no? ¿Cómo era posible que ni siquiera hubiera reconocido su nombre de casada después de haberlo leído tan a menudo?.

Porque lo había borrado de su mente, comprendió, dolida. Lo mismo que había borrado todo lo relacionado con aquel hombre hasta que se había presentado en el hotel.

Incluso recordaba que en la prensa se había comentado el hecho de que el dueño había cancelado a última hora su presencia en la inauguración porque había tenido que viajar a otro país.

Había salido del país apenas un mes después del accidente.

— ¿Te molestaste mínimamente en buscarme o nuestro matrimonio ya había fracasado para cuando desaparecí?

La expresión de Ichigo se tensó visiblemente.

—No pienso hablar de eso —dijo, y tomó a Rukia con firmeza por el brazo.

— ¿Por qué no? —lo retó ella—. ¿Porque la respuesta podría hacer que parecieras menos preocupado por mí de lo pretendes hacerme creer?

—Porque la respuesta podría hacer que volvieras a desmayarte —corrigió él—, y hasta que no obtengamos asesoramiento profesional para ese problema, no vamos a hablar sobre nosotros.

A continuación, la hizo salir del coche y soltó una maldición al ver que Rukia se mordía el labio a causa del dolor que le produjo apoyar el peso sobre su pierna lesionada.

Ella tuvo que hacer un gran esfuerzo para no gritar de dolor, y se agarró instintivamente al brazo de Ichigo. Al sentir la fuerza y la flexibilidad de sus músculos, no pudo evitar un absurdo estremecimiento de sensualidad.

— ¿Te duele mucho? —preguntó él, enfadado.

—Sí —contestó ella escuetamente a la vez que se agachaba con cuidado y estiraba un par de veces la pierna antes de tratar de apoyarse de nuevo sobre ella. Luego, suspiró y soltó el brazo de Ichigo—. Ya estoy mejor. Ahora, si puedes pasarme mi bastón...

—Apóyate en mí —dijo él con firmeza.

—No mientras tenga otra alternativa —replicó Rukia venenosamente.

El esfuerzo de Ichigo por contener su impaciencia fue evidente.

— ¿Por qué insistes en verme como una especie de monstruo?

Rukia se ruborizó, pero no por un sentimiento de culpabilidad, sino de rabia. —Un mes después de mi desaparición ya estabas fuera del país —espetó—. ¿Cómo se supone que debo interpretar eso?

Ichigo se volvió sin decir nada y chasqueó los dedos para llamar la atención de un botones del hotel.

«Final de la discusión», pensó Rukia mientras él daba las instrucciones pertinentes sobre el equipaje al botones. Luego, se volvió de nuevo hacia el coche y sacó el bastón del asiento trasero. Se lo ofreció en silencio a Rukia y ella lo tomó sin decir nada. Después, aún en silencio, se encaminaron hacia la entrada del hotel... juntos, pero separados, como dos educados desconocidos, con el reto de Rukia aún suspendido en el aire entre ellos como un presagio de lo que estaba por llegar.

CONTINUARÁ...

:OOOO ! bueno bueno les deje este capitulo de regaloooo xdd gracias por sus reviews cuidense mucho nos vemos en el proximo capituloooo y dejen sus reviews

adiooooos ( ^_^)/