¡Hola!

Es el tipo de apoyo que está recibiendo este fic el que me hace pensar que quizás debería extenderlo un poco más, para, de esta manera, poder seguir leyendo las cosas tan agradables que todas han decidido escribirme. Sus reviews, de verdad que me hacen muy feliz y me hace aun más feliz el saber que están disfrutando de algo que a mí, particularmente, me fascina hacer: escribir. Así que todos salimos ganando.

Pero, desafortunadamente, el fanfic termina en este capitulo. Si contemplé la idea de extenderlo, pero la idea de que fuera de sólo cuatro capítulos estaba planteada prácticamente desde el principio así que, a pesar del magnifico apoyo, se quedó así.

En cuanto al fic… ¿qué puedo decir…? quizás el haberle puesto un limite desde tan temprano me ayudó a enfocarme y a escribirlo con completa distención, sin tener que pensar en mas ideas, sin tener que pensar en que era lo que iba a venir después porque es que al final de cuentas el fic se desarrolla en una sola noche y si vamos a ser específicos diría que en una cuantas horas. Creo que esta es la historia que he escrito con más limpieza y de todas las que tengo en mi computador es una de las que mejor me hace sentir.

Les agradezco a todos los reviewers, y si en esta ocasión no les respondo no quiere decir, de ninguna manera, que no haya leído y apreciado todos sus comentarios en mas de una ocasión. Escribirles una respuesta apresurada sería casi que una falta de respeto.

Nos veremos pronto. Eso es seguro. Hay muchas parejitas de Inazuma eleven pidiendo a gritos una oportunidad y a muchas de ellas se las voy a dar sin dudas. Ellos están esperando y ustedes también deben hacerlo, esperemos que no por mucho.

Ahora si a lo que vinimos


ULYSSES.

POR:G. LITTLEWOLF

CAPITULO 4: A SENTIMENTAL FACE STARES


Las horas habían hecho que el hielo se derritiera y ahora el pañuelo de Akio no era más que un trapo húmedo sobre la mesa. De vez en cuando, el joven fumador estiraba su brazo y ponía su mano sobre la mejilla de Yuuto, este solamente cumplía con relajarse y regocijarse en la tibieza que poco a poco había empezado a ganar la piel del otro joven. Ambos habían estado tomando en pequeñas cantidades y la botella ahora estaba por la mitad. Habían estado hablando mientras bebían: riéndose de las cosas graciosas, como nunca antes habían recordado haberlo hecho, pero guardando la compostura y escuchando atentamente al otro cuando el tema de conversación se ponía serio.

—Ellos notan eso, Yuuto —Dijo Akio con sus labios apoyados en el borde del vaso.

—Entonces… ¿Me estás diciendo que mi papá sabe que no me gustan las chicas y por eso es que no le agrado? —Preguntó con lentitud, pero sin la más mínima vergüenza de aceptar sus preferencias. Nunca antes lo había hecho con tanta facilidad. Podía ser que fuera por el licor que ahora corría por sus venas, podía ser porque al lado de Akio se sentía muy en confianza, aceptado.

—Aja —Akio dejó el vaso y volvió a llevar su mano a la mejilla de Yuuto— Déjame ver como va esto.

—¡Ouch!

—¿Aun te duele?

—Ya no tanto —Susurró.

—Que mentiroso —Dijo, retirando muy suavemente su caricia.

—¿Eh?

—A mi siempre me dolía cuando mi viejo me golpeaba y ese es un dolor doble: el de la mejilla y el de aquí —Dijo señalando con su dedo pulgar su pecho— Cuando una persona que, se supone, te debe querer te golpea… es… es durísimo… por eso… por eso creo que aun te duele y creo que ni todo el hielo del mundo va a aplacar eso.

Yuuto escuchaba atentamente. Luego se revolcó en su silla con algo de incomodidad, bajó su mirada hacia la mesa, hacia su trago, luego la subió con algo de timidez.

—Parece que tú si la haz pasado muy mal. Apuesto a que piensas que soy un llorica que se queja por cada tontería.

—No, para nada —Respondió Akio con seriedad, haciendo movimientos de negación con su cabeza— Todos tenemos derecho a llorar y quizás si más personas pudieran tener el privilegio de hacerlo, el mundo sería un lugar mejor, un lugar más sensible. Yo hubiera querido hacerlo, pero a nadie le habría importado, nadie me habría… eh… bueno… apaciguado… entonces tuve que tragarme muchas cosas.

—Hablas del privilegio de poder llorar, pero fuiste tu mismo quien lo rechazó… eso es… algo irónico —Afirmó el joven Kidou, sin quitarle los ojos de encima a Akio, al tiempo que estiraba su brazo para tomar la bebida que llevaba algunos minutos esperando por sus labios.

—Si. Tienes razón —Sonrió con algo de amargura, luego se recuperó— Pero si tuve otro privilegio: el de la libertad y ese es el que más aprecia el ser humano.

«La libertad que, estoy seguro, nunca podré tener» Recordó Yuuto, «La libertad que quizás podría tener» Pensó.

—¿Es… es sencillo escaparse… irse así, sin mas? —Su pregunta estaba cargada de genuino interés.

—Es sencillo hacerlo cuando ya eres mayor —Respondió después de pensarlo con detenimiento— Intenté hacerlo un par de veces cuando era más pequeño, pero siempre fracasé y los fracasos los pagué muy caro. Cuando eres más grande ya nadie se pregunta por tu presencia en la calle a altas horas de la noche, lo máximo que piensan es que eres un indigente, un criminal o un drogadicto. Procuran ignorarte o largarse sin salir perjudicados. Cuando te haces grande dejas de importarle a mucha gente. Te haces invisible —Akio se llevó un trago a la boca y se lo pasó sin contemplaciones, su cara apenas y reaccionó al fuerte gusto del licor.

—¿Invisible?

—Creo que dejé de importarles a mis padres desde hace mucho tiempo y pues ahora, en casa de mi tío… bueno… tampoco creo que le importe demasiado. Lo único que tengo que hacer para vivir con él es mantenerlo lo suficientemente ebrio para que no note mi presencia —Suspiró, buscaba no ahogarse. Yuuto lo notó— Soy invisible, Yuuto.

El otro joven se apresuró a negar con la cabeza.

—No se es invisible cuando hay personas que aun pueden verte —Aseguró con un elegantemente moderado optimismo.

—¿Ah si? ¿Cómo quién?

—Karasu es capaz de verte —Yuuto apretó sus dientes en un gesto muy nervioso. Respiró profunda y aceleradamente en tres ocasiones y finalmente puso su mano sobre la de Akio que reposaba sobre la madera barata de la mesa— y yo… yo te veo, también.

—¿Ah si? —Indagó, con una repentina sonrisa curiosa en sus labios— ¿Y qué es lo que ves?

—Yo…

—Aja… tú… ¿Qué es lo que ves?

Yuuto pasó saliva, como si fuera a contestar una pregunta decisiva en su vida. La pregunta del millón de dólares.

—Bueno… no sé… quizás voy a sonar muy ridículo al decirlo y quizás… más tarde en tu casa, en tu habitación, aun vas a estar riéndote de las tonterías que digo… pero igual… creo que lo voy a decir… en mi vida no he obtenido mucho de todas las veces en las que he decidido quedarme callado.

Akio pareció sorprendido.

—Eh… en serio… no para nada… anda, puedes decirlo sin temor.

—En ti veo… en ti veo a la única persona para la que yo no soy invisible… en ti veo a la primera persona que es capaz de verme a mi —Soltó el joven Kidou, apresuradamente, para no dale cabida a la duda y al arrepentimiento, y lo que recibió fue otra instantánea mirada de sorpresa de parte del otro joven.

Unos silenciosos minutos pasaron mientras el DJ arengaba a la multitud con palabras que ni Yuuto ni Akio atendieron.

—¿Tu… hablas en serio?

—¿Por qué habría de mentir? ¿Por qué habría de querer mostrarme débil?

—Ah… este… bueno, eso es verdad… pero tu… no puede ser cierto… es decir. Bueno… de acuerdo, descartemos a tu viejo… pero te queda tu mamá ¿no? Y la muchacha de cabello azul con la que subes a tu carro por la tardes a la salida de la preparatoria… se ve que ella te quiere mucho… ¿Ella es…?

—Es Haruna, mi hermana menor, pero aceptémoslo… ella —Yuuto bebió de su vaso para mojar su desérticamente seca garganta— Ella no va a estar ahí por siempre, ella tiene que empezar, en algún momento, a vivir su vida, a tener sus propios problemas y sus propias personas a quien mirar y es lo normal a hacer, yo no puedo obligarla a estar ahí siempre. Y en cuanto a mi madre… bueno… ella tampoco va a estar ahí para siempre... es así de simple.

Akio asintió en silencio, en ese momento se dio cuenta de que el dedo pulgar de Yuuto llevaba algún tiempo jugando con el suyo propio.

—¿Qué hay de los chicos de la preparatoria?

Yuuto negó con la cabeza, descartando la opción que le presentaba el otro muchacho.

—Mmm… la preparatoria es un lugar al que llegas en cierto momento y allí hay personas, y son personas con las que tienes que convivir porque vas a estar con ellos por varios años, en un mismo sitio, haciendo las mismas tareas y trabajos, aprendiendo las mismas cosas. Así que estoy a su lado, pero cuando la campana suena a las tres de la tarde solamente yo me quedo ahí. Ellos se van, a ocuparse de sus cosas, de sus personas… y no los puedo culpar… nadie podría culparlos… por eso, al día siguiente, cuando vuelven a mi, los recibo como si nada… y si quieren hablarme yo les hablo, porque cuando una persona viene a uno lo normal es recibirla… nadie rechaza la compañía de los demás.

—Yo si —Respondió Akio casi en el mismo momento en que Yuuto terminó.

Eso era verdad, analizó Kidou.

—Ah… bueno… tú… si, es verdad… tú si… pero eso… eso es porque tú eres muy valiente.

—¿Eh?

—Tú… tú eres valiente… tú no tienes miedo.

—¿Y, es que acaso, tú si?

—Yo…

—¿Tú si?

—Yo…

—Quiero decir… tú… todos los días veo tu rostro en la preparatoria, tu rostro sereno y seguro… el rostro del que, sin dudas, va a ser el próximo presidente del concejo de estudiantes… el rostro de un líder, de un estratega… yo no puedo creer que tu…

—Yo tengo miedo de estar solo —Confesó. En ese momento la música se detuvo, desapareció, como si la canción que había estado sonando hubiera sido agua inundando el salón y alguien hubiera abierto un sifón por el cual esta se hubiera escapado. Las luces brillantes empezaron a opacarse. El ambiente se hizo tranquilo y mucha gente regresó a sus mesas. Karasu estaba entretenido con un trio de muchachos que vestían pantalones de mezclilla muy apretados y camisetas sin mangas, como Fredy Mercury.

En el opaco ambiente, Yuuto localizó los ojos de Akio y en ese momento estos brillaban y eran profundos e intensos. Akio también ubicó los ojos del otro joven: también brillaban, también eran intensos y profundos. Los ojos de ambos, descontando el color, eran iguales. Sus pensamientos eran afines: sus miedos eran los mismos.

—Oh… —Gruñó Akio después de un buen rato— Oh… vamos… la estábamos pasando genial y teníamos que llegar a temas tan deprimentes… que lastima… ¡Que tontos! —Y Aunque mostró un rostro sonriente que pretendía relajar el ambiente, para Yuuto fue evidente que este no era del todo real y que una herida profunda se escondía detrás de la finísima capa de divertida indiferencia que Akio le mostraba en ese momento. Él no quería mostrarse débil: un rato atrás le había contado que había tenido que aprender a tragarse sus lágrimas y, era obvio, que eso era lo que estaba haciendo en ese momento.

—Eh… pues… no sé…

Akio sabía que ese era un riesgo que se corría cuando se lograba entablar una conversación tan entretenida con una persona, que la conversación llevara a temas enmarañados y no muy cómodos; temas muy parecidos a un bosque, un bosque de hiedras y plantas trepadoras, un bosque en el que mientras mas uno se interna mas se enreda y al estar enredado allí uno se lastima y al tratar de liberarse del enredo se puede lastimar peor. Hay temas de conversación que nunca deberían aparecer. Hay bosques que deberían quedarse perdidos y olvidados en los hojas de los atlas de geografía.

—No es momento para hablar de esas cosas —Para Yuuto fue evidente que Akio no quería evitar ese tema para siempre, pero, al menos, si quería evitarlo por ese momento. Con su repentino ensamble de sonrisa falsa y gruñido despreocupado quería salvar la noche. Quería seguir divirtiéndose, quería ignorar, al menos por unas horas, que por dentro estaba tan herido como el joven Kidou.

—Eso… creo.

—En fin —Suspiró— Ni modo —Dijo poniéndose de pie repentinamente y caminando hacia Yuuto, parándose enfrente de él y extendiéndole la mano— No podemos dejar que la noche se dañe y lo mejor para repararla es bailar un poco.

—¡¿Que qué?

—Oh, vamos… no tienes que gritar —Dijo a la vez que enfurruñaba el entrecejo de manera divertida y se ponía el dedo índice de su mano derecha en el oído— Sé que me escuchaste, sé que tú sabías que esto iba a pasar y además sé que sabes bailar muy bien… recuerdo el baile de caridad de la navidad pasada… así que ven aquí —Y sin esperar por permiso lo tomó de la mano y tiró de él hasta que lo puso de pie enfrente suyo, muy cerca, sus rostros, sus cuerpos, quedaron a muy contados centímetros de distancia.

—No puedes comparar la música… ese era un baile de salón… esto es…

—No se trata de la música, eso es lo de menos, se trata de que esa noche vi que el ritmo es natural en ti, en tu manera de caminar, de moverte. Lo vi aquella vez en el baile, pero lo veo, también, todos los días en los pasillos de la preparatoria, lo veo siempre que jugas futbol… todo es cuestión de ritmo y he visto tus movimientos… tienes todo lo que se requiere. Sé que el ritmo está en tus venas.

Akio siguió tirando, esta vez con un poco más de fuerza y de intención, de la mano de Yuuto que solamente acataba a resistirse, justo como lo haría un niño apenado en su primera noche de baile.

—No, Akio… quiero decir… yo nunca antes… con… —Yuuto pensó que la luz roja que estaba iluminando el salón en ese momento no era, precisamente, uno de los reflectores. Pensó que era su rostro el que debía estar haciéndolo, se sentía completamente febril, sentía que en cualquier momento iba a empezar a derretirse como una estatua del museo de Madame Tussauds— Yo… nunca he bailado con otro… muchacho.

—Oh vamos —Protestó Akio con una risa moderada— ¿Y ese es el problema? Cuando un chico baila con otro es incluso mas fácil… ¿no crees que tiene mucho sentido que un hombre se adapte mejor a la forma de bailar de otro hombre?

—Yo… no lo sé.

—Pues lo vas a saber ahora —Y dio otro tirón.

—No, Akio… por favor —Casi que suplicó. Ahí, Akio lo miró muy fijamente y eso fue todo lo que bastó para que este reventara en una estruendosa carcajada que se escuchó por encima de la música, que hizo que las copas y vasos de cristal se tambalearan en sus repisas, que se escuchó más allá de las paredes, casas mas allá, calles mas allá; que hizo que vibraran los vidrios del edificio de apartamentos Shin-Teikoku donde vivía Akio y de la mansión de la colina donde vivía Yuuto: Akio se rió con toda su alma.

—¿Qué pasa? —Preguntó Kidou, pero Fudou sólo siguió riendo, por mucho tiempo más, con muchas más ganas y con mucha más satisfacción, esto hizo que en Yuuto también se incrementara la vergüenza: al parecer había hecho algo… algo que había incendiado tal reacción de parte del joven de la cabeza rapada. Y si, quiso sentirse molesto, pero ver reír a Akio de esa manera...

—No puedo creerlo —Comentó este al tiempo que se pasaba la manga de su camisa por la comisura de sus ojos, pequeñas lagrimillas producidas por la extensa risa se habían acumulado allí.

—¿Qué cosa?

—Tú…

—¿Qué cosa?

—Cuando… cuando me dijiste "por favor, Akio" —El joven empezó una nueva carcajada pero esta ni fue tan escandalosa ni fue tan larga como la anterior. Esta vez Yuuto si logró mostrar una mirada algo más seria y Akio se detuvo antes de que la risa creciera más.

—¿Qué pasa con eso? —Insistió Yuuto.

—Tu cara… tus ojos… no puedo creerlo —Repitió— ¡Sabes poner la cara de cachorro regañado para intentar convencer a la gente de que no te obligue a hacer alguna cosa! —Y volvió reírse cuando Yuuto comprendió de qué se trataba todo, y su rostro se vistió de un rojo aun mas profundo.

—Yo… no… no es tan gracioso —Dijo mirando hacia otro lado, hacia la barra ¿Karasu estaba besando a uno de los Fredy Mercury?

—Si… si lo es —Respondió el joven atrayendo de nuevo su atención, apretando con algo de más fuerza su mano y haciendo que en una suave colisión sus cuerpos se encontraran— Pero no te vas a librar de esto, joven Kidou —Dijo con sus labios muy cerca de los del otro joven. Luego se separó para mirar de nuevo al otro, justo como lo había hecho unas horas atrás en la calle— Lo primero, sin embargo, es hacer algo con tu ropa.

—¿Eh? ¿Qué… que quieres decir? ¿Qué pasa con mi ropa?

—¿No te estás muriendo de calor?

Si, así era, en efecto. Yuuto recordó que unas horas atrás había considerado que su vestimenta iba a ser un inconveniente.

—Bueno… no tanto… estoy acostumbrado a vestirme de esta manera… mi papá dice que tarde o temprano tendré que usarla todos los días… así que…

—Tu viejo puede irse a tomar por culo… él no manda hoy aquí, así que déjame hacer esto.

Sin más demora Akio tomó por las solapas la gabardina del otro joven y se la quitó con completa facilidad, haciendo comentarios de lo abrigador de la tela, de lo fina que se sentía al tacto y de lo mucho que Yuuto debía estar muriéndose del calor. Luego siguió con la chaqueta del vestido. Yuuto se dejaba hacer mientras el otro joven lo colocaba todo, desinteresadamente, sobre la silla que unos minutos atrás su compañero había estado ocupando. Después tomó la camisa y la sacó de adentro de los pantalones, cuidando que sus manos no se aproximaran tan anticipadamente a terrenos muy comprometedores. Finalmente, poniendo sus manos muy cerca del cálido cuello de Yuuto, tomó el nudo de la corbata y lo deshizo. Entonces lo notó: Sus ojos nunca habían dejado los del otro muchacho, se había movido a ciegas, casi que a ciegas, había movido sus manos por el cuerpo del otro como creyéndose un experto pirata y como si el cuerpo de Yuuto hubiera sido un mapa… el mapa del tesoro.

Akio bajó sus brazos y por primera vez en su vida sintió algo de timidez.

—¿Ya está? —Preguntó Kidou.

—Desabróchate un par de botones y ya está —Así lo hizo Yuuto y entonces el otro joven miró su obra: un joven con pantalón negro y camisa blanca vestida a la ligera: Tan simple como eso. Era increíble ver como esas dos simples prendas, vestidas de esa simple manera, podían hacer que un muchacho se viera tan apuesto.

—Ya.

—Si, ya… mmm… te ves… mmm… te ves bien… mmm… muy bien —Y Yuuto quiso sonreír porque el rostro de Akio mostraba una tonalidad rosada.

—Gracias.

—Lamento si me excedí.

—¿Mmm?

—Que lamento si me excedí.

—Ya es tarde para decir eso.

—Lo lamento —Repitió.

—No importa —Yuuto suspiro, fingiendo resignación—Y… entonces… eh… bueno… ¿vamos a… vamos a bailar?

En ese momento una nueva canción de elevado ritmo electrónico llenó el lugar y las luces cobraron el brillo enceguecedor de antes; en ese momento Akio volvió a mirar a Yuuto y volvió a llenarse de la seguridad que había mostrado desde el principio, sonrió y asintió silenciosamente; en ese momento tomó la mano de Yuuto o este tomó la de Akio, no lo supieron. En ese momento, viéndolos allí de pie, tomados de la mano, Karasu sonrió y volvió a decirse que Yuuto era el perfecto para su amigo… él ya no iba a volver a estar solo.

Akio empezó a caminar llevando a Kidou hacia la pista y entonces sintió que este lo haló en sentido contrario, haciéndolo retroceder, haciéndolo trastabillar, haciendo que sus cuerpos colisionaran de nuevo, recibiéndolo en sus brazos. Acercándose tanto como nunca antes lo había hecho con ninguna otra persona.

—Gracias —Le susurró al oído.

Akio se estremeció y esto provocó que al corresponderle el abrazó lo hiciera con mucha fuerza.

—No es nada.

Y permanecieron allí por un buen rato, tanto que la canción que se suponía que iban a bailar se acabó, tanto que una segunda y una tercera también lo hicieron. Ambos se quedaron detenidos ahí, en ese pedazo de tiempo, como inmortalizados para siempre en una foto o en una pintura, allí, en un fuerte abrazo, en un gesto que parecía más bien extranjero en un ambiente tan rocambolesco como el de una pista de baile.

—Yuuto —Susurró Akio.

—Mmm…

—No creo que me pueda perdonar si dejo pasar esta oportunidad —Estando tan cercanos sus rostros, Yuuto pudo escuchar con completa claridad como la saliva pasaba fuerte y nerviosamente por la garganta del otro joven— Cuando salgamos de aquí esta noche, mañana, todo va a volver a ser igual que siempre y por tanto quizás nunca vaya a poder volver a tener una oportunidad como la de este momento.

—¿Oportunidad?

—Aja

—¿Oportunidad de qué?

—De besarte, por supuesto.

Yuuto, aunque era perspicaz y sabía por anticipado que eso era lo que Akio le iba a contestar, se estremeció cuando escuchó las palabras, estas hicieron que cada uno de los rincones de su piel se enchinara y que su corazón se encogiera de la emoción.

Por lo tanto el joven no se negó y en cambio buscó con su rostro el del otro joven.

Y es que no tenía sentido que fuera él mismo quien se opusiera a algo que le parecía realmente correcto. Porque toda su vida había estado aceptando para si todo lo que los demás le imponían, sin siquiera preguntar si él lo consideraba o no adecuado. Toda su vida había estado aceptando cosas sin chistar palabra, por lo tanto ahora no tenia sentido que fuera el quien se privara a si mismo de algo que se auguraba como maravilloso.

Yuuto sonrió.

—Creí que los bandidos nunca pedían permiso para hacer las cosas.

Akio sonrió también.

—Mmm… la vida siempre da sorpresas, yo creía que los niños ricos no se llevaban bien con los bandidos, pero mírate… míranos ¿Cuánto tiempo llevamos aquí? Karasu no ha dejado de mirarnos por un solo segundo. Estoy seguro de que está a punto de lanzarse para obligarnos a tomar la decisión.

—Entonces soy yo quien va a besarte. Porque por más que las intenciones de Karasu sean buenas no quiero que nadie más me obligue a nada… quiero hacer las cosas por mi mismo, tomar mis propias decisiones.

—Muy bien, Yuuto ¿Qué esperas, entonces?

Y un segundo después el joven bandido Akio Fudou sintió sobre los suyos, los labios del niño rico Yuuto Kidou, en un beso que se dejaba intuir como muy cálido y muy dulce.

Dos personajes como ellos no podrían llegar a hacer tal cosa en ningún otro lugar del mundo, porque es verdad que los niños ricos no se llevan bien con los bandidos y lo mismo pasa con los bandidos: detestan a los niños ricos. Pero en Ulysses si se acostumbra a ver cosas de ese estilo, porque la gente que entra aquí quiere olvidarse de lo que hay afuera. Afuera el mundo es duro, porque ese mundo siempre está analizando diferencias, catalogando a las personas y poniéndoles rótulos como si se tratara de frascos. En Ulysses no, en Ulysses todos los que entran son iguales. Puede que después de que salgan vuelvan a sus vidas duras y miserables, pero aquí, mientras estén bajo este techo, rodeados de la buena música, del buen licor que aquí es muy barato, de los buenos cigarrillos y de los niños lindos, todos son iguales, al menos por una noche.

Es lo que le enseñé a Akio. Y es por eso que me fascina trabajar aquí.


FIN

No tienen idea de como me dio lata este final.

¿Cuáles son sus opiniones finales? Espero sus comentarios.

¿Alguien quiere epilogo?