— Kotoko-chan... ¿Porque no me amas?— Me decía mientras con voz amarga, sus lagrimas resbalaban de su rostro al mío. Tenía una mirada de profunda de tristeza. Esto sería conmovedor si no fuera por la horrible escena que se estaba presentando. Sentí el peso de su cuerpo, provocándome un gran dolor. Su expresión comenzó a cambiar de tristeza a furia. — Es por él ¡¿Verdad?! ¡RESPONDE!— Su aliento alcoholico llegó a mis fosas nasales. Sentí como sus manos se apretaron con fuerza al rededor de mis muñecas, lastimándome. Estaba petrificada, no podía hacer nada, él era mas fuerte que yo, estaba aterrorizada, y no importaba lo que hiciera, cuanto gritara y me esforzara por escapar, el desenlace siempre era el mismo.
Sentí como descendía su mano hacia donde no le pertenecía, solo cerré mis ojos. Intentando disminuir el terror que me provocaba lo que estaba por venir.
—Entonces haré que me ames. — Decía mientras sus ojos adquirían un siniestro brillo y disminuía toda barrera que nos separaba.
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— ¡No! — Me levanté de golpe, casi cayéndome de la cama. Estaba empapada en sudor y el corazón me latía a mil por hora. Comencé a calmarme, pero luego mi respiración se volvió agitada de nuevo, estaba todo a oscuras, tal como ese sótano. Encendí la luz para comprobar que no seguía ahí. Una pintoresca habitación me devolvió el alma al cuerpo.
Revisé la ventana, aun no había amanecido. Revisando el reloj despertador supe que apenas eran las 5:10 a.m. Al ver que no podría dormir, así que decidí darme una ducha.
Entre a la ducha, y comencé a tallarme el cuerpo con fuerza, intentando borrar los rastros de ese hombre. Talle mi cuerpo hasta que me comenzó a doler. Esas pesadillas son tan reales, como si estuviera viviendo todo eso de nuevo. Solo sé que ese futuro ya no existe, yo me encargaré de eso.
Estuve en la ducha hasta que se acabó el agua caliente. Al salir me envolví con una toalla y caminé con velocidad hacia mi habitación. Quería evitar que alguien me viera solo con una toalla cubriéndome. En mi habitación, terminé de secarme y me dispuse a buscar mi ropa.
Un fuerte dolor de cabeza me hizo recordar lo que había pasado anoche. Ese maldito Irie, o más bien Baka-sama. Me sacó un susto de muerte, tal vez no fue la gran cosa lo que pasó, pero para mí fue una experiencia horrible. Suena tonto y hasta infantil, pero he desarrollado una especie de trauma, no soporto la cercanía de otra persona, sobre todo la de un hombre, mi padre, claro, es una excepción a eso.
Pero en el momento en el que lo sentí tan cerca, mi corazón comenzó a latir con violencia, mi respiración se aceleraba, y su contacto me quemaba, sentí tanto miedo.
Por un momento pensé que todo se oscurecería y su cara quedaría reemplazada por la de ese sujeto. En un pasado, este tipo de situación con Irie me hubiera dado felicidad y esperanza a un romance con él. Aún no puedo creer que estuviera enamorada de él. Pero eso ya no importa, lo importante es superar esto y salir adelante.
Solo espero que esto no me afecte en un futuro. Realmente quiero lograr mis metas y tal vez casarme con un hombre que realmente me ame, y que sea normal. Pero eso en la actualidad es tan difícil, el evitar temblar por la cercanía de alguien más y recordar cuantas veces fui... Abusada.
Un sollozo escapo de mi boca, apenas fui consiente de que caían lagrimas de mis ojos. ¡Tengo que ser fuerte! Tengo que olvidar mi pasado y reconstruir un mejor futuro.
Terminé de vestir mi uniforme y me miré en el espejo. Me veía tan joven. Vi con vergüenza el largo de mi falda, que no dejaba nada a la imaginación.
—Kotoko-chan, ¿Sabes? Siempre quise hacerte esto —Decía esa asquerosa voz mientras acariciaba mis temblorosas piernas.
Decidí arreglar ese problema vistiendo unas medias oscuras. Tenia miedo de encontrármelo y que mi máscara de falsa tranquilidad se derrumbara. Olvídalo. No iré a la escuela. Aún no estoy lista. No quiero volver a verlo en mi vida y si eso implicaba saltarme las clases y reprobar al año, pues que así sea.
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El desayuno fue como lo recordaba, animado. Mi tía iniciando la platica, mi tio siguiéndola, Yuuki intentando impresionar a sus padres y a su hermano, e Irie ignorando a todo mundo.
Comí saboreando hasta el último bocado, extrañaba tanto comer estas cosas. más bien extrañaba comer. De pronto Irie se puso de pie y salió del comedor diciendo un simple "Me voy".
—Kotoko ¿porque no te vas con Naoki? Están en la misma escuela. ¿No? — Dijo maternalmente mi tía.
—Si. — Contesté quedito. Con pesadez me puse de pie y me dirigí hacia la puerta. Caminé lentamente para dejar que Irie se alejara y no encontrármelo en el camino. De verdad planeo saltarme las clases.
—¡Yo también quiero ir!— Se puso de pie Yuuki con rapidez. Abrí los ojos con asombro al sentir su mano tomar la mía. Me jaló hacia la puerta.
—Yuuki-chan tu todavía tienes que desayunar. Todavía queda mucho tiempo para entrar. — Dijo su madre mientras se acercaba y cargaba al pequeño como un saco de papas. Por un segundo vi un brillo malicioso pasar por la mirada de mi tía. Oh no. Esa mujer está empeñada en hacer de cupido. Qué suerte que Irie se fue sin mí.
—¡Quiero ir con onee-chan!— Gritaba mientras pataleaba intentando zafarse.
—Tia, la verdad no es problema. Puedo acompañar a Yuuki-nii a su escuela.— Es buena oportunidad para escaparme de las clases. Ir a la escuela de Yuuki y luego a cualquier otro lado.
—Claro que no querida. Ya es tarde, perderás el tren a la escuela y no podrás llegar a tiempo. —
—Esta bien. — Dije derrotada. No supe que más decir. — Adiós Yuuki-nii. ¿Qué tal si mañana nos levantamos temprano para ir a tu escuela? ¿Te parece bien? —
El solo se quedo callado, pero tomé su sonrojo como un sí. Abrí la puerta principal y casi choco con alguien más, palidecí al ver a Irie quien me esperaba en la entrada con una sonrisa burlona.
—Vaya. Haz tardado. Si no fueras tan obvia no me daría cuenta que planeabas fugarte de la escuela. — Intenté con todas mis fuerzas ocultar mi expresión de terror. ¿Cómo lo supo? ¡ Y que rayos hace todavía el aquí! El nunca me esperaba. Pero al ver su expresión de maldito, supe la razón. Le gusta verme sufrir ¡Maldito!.
—N-No planeaba escaparme. Solo se hizo tarde. —Dije forzando una sonrisa, lo que menos quiero es ir mi escuela.
—Oh, claro. ¿Y cómo planeabas llegar si no conoces el camino? Eres mala mintiendo. —
—Me las iba arreglar yo sola.— Dije ofendida. El ensanchó su estúpida sonrisa.— ¡Es verdad!.—
— Si claro. — Volvió la seriedad a su rostro. — Andando. — Dijo mientras tomaba mi muñeca y comenzaba a caminar. Me quede helada, sin reaccionar. Caminé de forma automática hasta que llegamos a la estación de trenes. Intenté soltarme pero solo me miró de reojo y apretó el agarre. Su tacto me daba escalofríos, esos que hace mucho aprendí a olvidar. Mi corazón latía con tanta fuerza que bombeaba sangre hasta mis mejillas. El se dio cuenta de eso.
—Solo me aseguró que no huyas. No malinterpretes esto. — Hmp ¡Lo odio! No creas que me sonrojo por estar enamorada de ti. ¡Es coraje!
Entramos al tren que nos llevaría a la escuela. Comencé a sentir el bochorno que despedía la multitud de gente que también viajaba en el mismo tren. Un dolor de cabeza me hizo cerrar los ojos por un segundo. Un recuerdo de una conversación que tuvimos paso por mi mente.
—¡Oye! Deberías saber como llegar a la escuela después de tomar el tren. Así que mantén tu distancia de mi o me meterás en problemas.— Dijo sin expresión, sin ni siquiera verme. — Tampoco quiero que le digas a nadie que vives en mi casa, no quiero rumores por tu culpa. Ah, y no me hables mientras estamos en la escuela.—
—¡Y-ya lo se!—
Eso fue algo que pasó hace mucho tiempo. Oh bueno, algo que va pasar, exactamente en unos minutos. Nos bajamos del tren, esta estación te deja justo en frente de la escuela. Con la fuerza que no se de donde saqué pude soltarme. Él me miró con una ceja arqueada.
—Ya no es necesario que me "ayudes". Estamos justo en frente de la escuela, así que ya no puedo escapar. Así que mantén tu distancia de mi o me meterás en problemas. Y no le digas a nadie que me estoy quedando en tu casa, no quiero chismes. — Pude ver el brillo de sorpresa paras por su inexpresivo rostro. Lo deje de ver y caminé ignorándolo, justo como él lo hizo una vez. Me detuve y lo miré sobre mi hombro. — Ah, y no me hables en la escuela— Dije para rematar. Pude imaginar con satisfacción la expresión de su rostro. Yo Aihara Kotoko-sama, le he quitado las palabras de la boca al gran Baka-sama y lo he dejado mudo. Ahora está ahí parado como tonto sin saber qué decir. Venganza, dulce venganza.
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—Por lo pronto el examen va hasta la pagina 56. — Todos suspiraron derrotados al escuchar las palabras del maestro. Lo exámenes de mitad de año comenzaran en unos día. Tengo leves recuerdos de ese examen. No será sencillo conseguir una buena nota, pero tengo que esforzarme si quiero lograr salir de aquí. Conozco gran parte de mi futuro, así que debo sacar provecho de ello. Me he decidido que no huiré de la escuela. A pesar de la insistente mirada de aquel sujeto, no se me ha acercado. Eso es bueno, espero que siga así. No quiero volver a cruzármelo en el camino.
El timbre del receso sonó y como alma que lleva al diablo, salí disparada hacia la puerta, corrí por el aún vacío pasillo. No quiero que él me encuentre. No me importa estar sola, y aunque me duela dejar a mis amigas de lado, evitare todo contacto con cualquier cosa que se relacione a ese sujeto. Entré en una zona de la escuela que nunca había estado en mi vida, la biblioteca. Estaba completamente sola, eso me calmó Al ver todos los estantes de libros quedé maravillada.
— Aquí él nunca me encontrará. — Dije en un susurro. Este será mi refugio.
—¿Te escondes de mí? Muy mal escondite. — Di un respingo del susto. Giré la mirada y me encontré con dos penetrantes ojos.—¿Sigues con la idea de saltarte las clases.—
—Idiota. Me asustaste.— Susurré. — No me estaba escondiendo de ti. Ni que fueras tan importante.—
—¿Tsundere? ¿Esa es tu nueva manera de tratar de conquistarme? No funcionará.—Enrojecí por la vergüenza. ¡Oh que coraje me da!
—¡C-claro que no b-baka!— Levanté el rostro y lo miré con furia.— ¡Antes muerta a seguir enamorada de un imbécil, sin sentimientos, tan vanidoso, tan egocéntrico y tan... —
— Tan guapo. —
—¡Si, también!— Dije tan alto que me comenzaron a chistar. Oh mierda. Acabo de meter la pata. Las pocas personas que se encontraban ahí me miraron con burla. Enrojecí hasta las orejas. — Espera. No quise decir eso.—
—Pero lo hiciste. Eres muy tonta. — ¡Uy! ¡Ahora sí se lo buscó! Estuve apunto de soltarle una bofetada pero me detuvo la mano. Acercó su rostro al mío, casi rozando su nariz con la mía. Pude sentir su aliento entremezclándose con el mío. Mis alarmas se encendieron al sentir que su distancia disminuía. — Dijiste "Antes muerta a seguir enamorada". Tiempo presente. Entonces sigues enamorada. ¿No? Pero ya te dije, no me gustan las chicas estúpidas. — Me soltó y se alejó sonriente.
—Idiota. — Susurré.
Cuando pude dejarlo de ver me recargue en el estante a mis espaldas y me deslicé hasta el piso. ¿Qué diablos le sucede? A Irie siempre le fui indiferente, nunca ha sido retador, ni me ha estado molestando solo para hacerme rabiar. Esta es una nueva faceta de él que nunca había conocido.
Durante el tiempo en mi juventud siempre me trató mal para alejarme de él. Me hizo sentir sumisa, poca cosa. Pero ahora es diferente, me sigue tratando mal, pero de una forma diferente, no intenta alejarme de él. Esto es tan extraño. Parece como si todo fuera el juego del lobo y la oveja. El lobo que juega con su comida antes de devorarla, y la oveja torpe que intenta escapar pero sabe que ese juego lo tiene perdido desde el comienzo. No quiero volver a ser esa oveja, debo escapar de ese lobo.
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Me recosté en mi cama con cansancio, había sido un día muy pesado. Y mis dolores de cabeza no me había dejado tranquila, debería ir con un doctor. Tal vez me quedaron secuelas de mi accidente, o esto es consecuencia de mi viaje al pasado. No, olvídalo. Si voy con un doctor, hará preguntas y no quiero quedar como loca.
Unos golpes interrumpieron mis pensamientos. Mi tía entró con una bandeja de té y galletas. Compartimos un momento juntas, me hubiera gustado pasar un tiempo así con mi mama. Platicamos de cosas triviales como maquillaje, ropa, e incluso me dio algunos "consejos" de como impresionar al chico que me gusta. El problema es que son consejos de cómo enamorar a su hijo. Mi pobre tía, tantas ganas de tener una hija que la una forma de tenerla es consiguiendo una nuera. Y me hubiera gustado serlo, pero Chris-san fue quien se casó con Irie. Pero eso ya es pasado.
Escuche toda nuestra conversación como si se hubiera tratado de una película que había visto una y otra vez. Sobre la inteligencia de Irie, los encantos de Irie, las fans de Irie. Irie, Irie, Irie. Todo en esta casa se trata de Baka-sama.
—Mira, te mostraré algo.— Dijo sacando un enorme álbum de fotos. — Abrí los ojos con asombro. Una enorme sonrisa de grinch adorno mi rostro. ¡Este es! ¡Oh si! Benditos sean los papas y su afán para ridiculizar a sus hijos.
—¿Es de Naoki?—pregunte con inocencia fingida.
—Ábrelo y veras.— Tosí para ocultar la carcajada que casi se me escapa. Amo esta foto. El pequeño y lindo Irie Naoki, con un ridículo y rosado vestido, con lacitos y todo. Se ve tan afeminado, de verdad parece una niña. Esto es oro puro. De verdad no planeaba vengarme de él, pero esto es muy tentador. Es una oferta que no puedo dejar ir. Jojojojo. Soy tan mala. —Hace tiempo que buscaba a alguien para enseñarlo. —Suspiró relajada. — Creo tengo un peso menos encima. —
¡Victoria! Tengo el método perfecto para hacerle a Irie la vida cuadritos. Solo espera Baka-sama pronto te retorcerás del dolor.
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Los demás días salía mas temprano de lo normal. No tenía alternativa, en la madrugada despertaba causa de mis pesadillas, o bien, mis recuerdos. Después de eso no podía volver a dormir, así que aprovechaba para salir y correr por el parque. Regresaba a la casa apenas se asomara el sol, me bañaba y luego me alistaba para la escuela. Casi todos los días acompañaba a Yuuki de camino a su escuela y luego me dirigía a la mía. A ninguno de los dos nos molestaba llegar una hora temprano, cada uno tenía su forma de matar el tiempo. Yo me encerraba en la biblioteca. A veces solo recostaba mi cabeza en una de las mesas y otras veces buscaba un libro que se viera interesante. La biblioteca es mi lugar especial, casi siempre esta vacío. Justo me encontraba en ese lugar, leyendo una novela romántica. Nunca creí que sería una adicta a este tipo de novelas, a pesar de mi adversidad al amor y a los hombres. Pero es lo bueno de este tipo de libros, que solo te pintan lo bonito del amor y no te decepcionan como en la vida real. Es pura ficción.
— De nuevo té encuentro aquí. ¿Otra vez saltándote clases?— Volví a la realidad al escuchar su voz. Un par de ojos grises me miraban con burla. Me asusté al darme cuenta que me había perdido toda las clases de la mañana y que era hora del receso. Que mas da, todo este tiempo me he saltado muchas clases. Simplemente no soporto estar encerrada en un mismo lugar tanto tiempo, me ta un poco de claustrofobia. Y más si estoy cerca de ese sujeto. Sintiendo su mirada, sabiendo que en cualquier momento se intentará acercar a mi. Pero no importa. Si lo evitó por el resto del año, podré graduarme y jamas lo volveré a ver en la vida. Pero para graduarme debo pasar los exámenes de medio término. Se me está haciendo muy difícil estudiar sin la ayuda de las clases, pero es mi única forma de salir adelante sin cruzarme con ese sujeto en el camino.
Suspiré.— Vine a este lugar por un poco de paz. Pero te empeñas en arruinar mi tranquilidad. ¿Tan aburrida es tu vida que tienes que ir a molestar a los demás? — Dije fastidiada.
—Si, como sea. — Dijo ignorándome.— Toma. Por tu culpa tuve que soportar a tus estúpidos amigos. — Dijo lanzándome un bento color rosado. Pasó por mi mente una escena muy parecida a esta. Recordé con malicia la cara que puso al mostrarle que tenía en mis manos su ridícula foto de niña.
—Oh cierto, que mal que fuiste a mi aula y no me encontraste. Mil disculpas.— Dije con sarcasmo.
— Esos tipos son muy ruidosos. Ha sido muy problemático. Odio los malentendidos. Si no estuviéramos en la misma escuela esto no pasaría. — Dijo repitiendo casi las mismas palabras que él Irie de mi tiempo.
—Si. Tal vez la a próxima vez hasta te podrías equivocar de uniforme. Eh I-r-i-e. — Dije dulcemente.
—¿Eh? ¿Como me podría poner el uniforme equivocado?.— Me miró como si estuviera loca. Yo sonreí con malicia.
— Pues con eso que te gustan los vestidos~.— Dije con voz cantarina. — ¡Ta-da! — Saque la ridícula foto. Su cara paso de la seriedad a la incomprensión, luego de transformarse a lo más parecido a una uva. Si tuviera una cámara lo hubiera fotografiado. Pero me conformo a grabar en mi memoria cada detalle de su graciosa expresión. —Que linda te ves, querida.—
—D-donde la conseguiste.— Susurro mirando a ambos lados por si alguien más estaba presenciando tan graciosa escena. — ¡Dámela!—
— No te la daré~. — Canté. Guardé dicha fotografía en mi saco, para evitar que intentará quitármela. — Al menos que...—
— ¡No te atrevas a amenazarme! — Interrumpió.
— No es una amenaza, querido. — Dije acercándome a él, justo como él lo había hecho una vez en este mismo lugar. — Digamos que es un acuerdo. Yo no le muestro la foto a todo mundo. Y tú no le dices a mi papa que he estado faltando a clases. Y...— Dije antes de que me interrumpiera. — Me vas a tener que ayudar con matemáticas e inglés. Al menos que quieras que esta foto llegue a los celulares de todo Japón.— Me siento tan mala. Pero de alguna forma esto es satisfactorio.
—Matemáticas e Ingles. ¿Solo eso?— Dijo con burla. —Eres pésima en todas las materias.—
—C-calladito Baka-sama. Tu reputación esta literalmente en mis manos. — Lo amenacé.
Comenzamos a estudiar esa misma tarde con matemáticas. Se me dificultaba un poco, pero extrañamente no tanto como hace unos años. Él me explicaba cómo cinco veces un ejercicio y luego hacía varios parecidos. Las matemáticas no son tan difíciles si practicas mucho, luego de un rato le encuentras su chiste. Si te empeñas en verlas como lo más difícil del mundo, te joderan. Así que lo mejor es practicar y practicar, y tratar de ver el lado fácil.
Irie es muy buen maestro, solo que tiene muy poca paciencia. A veces fingía no entender algún problema solo para hacerlo enojar, era divertido. Lo malo es que después de un tiempo se dio cuenta que lo estaba vacilando.
Pero lo que mas se me dificultó fué ingles, no entendía porque en todos los países se tenia que aprender ese idioma, y en donde se habla ingles no enseñan con tanta insistencia otros idiomas. Me dijo que la manera más fácil de estudiar ingles es leer libros y ver películas en ese idioma. Supongo que es más efectivo que estar con un aburrido libro de ejercicios todo el día. Al final me mostró una novela policiaca, al principio era imposible el proceso de traducir palabras y frases. Pero creo que después de un rato pude avanzar más. Aunque de forma muy lenta.
Luego de unos días, pude avanzar unos cuantos capítulos del libro y me di cuenta que estaba tan interesante, que no descansaría hasta devóramelo por completo. Sé que tardaría semanas en acabarlo, por detenerme a cada rato y traducir las palabras desconocidas. Pero sentía que estaba aprendiendo más que durante todos mis años de escuela.
Al levantar la mirada me sorprendí con lo que estaba viendo. Suavicé la mirada. Mi tutor había sucumbido en los brazos de morfeo. Habíamos estado estudiando en mi habitación hasta muy tarde en la noche. Lo observé detalladamente. Así tan calmado, no se ve tan malo. Si fuera así de tranquilo siempre, no me caería tan mal. Miré ese angelical rostro, sus largas pestañas y sus labios entreabiertos. Quedé embobada. ¿Su cabello será tan suave como se ve? Alargué la mano para tocarlo, pero me detuve a medio camino. ¿Qué estoy haciendo? Soy una tonta. Si continúo cerca de él nunca me podré alejar, terminaré de nuevo enamorada. Debo acabar con esta enfermiza relación.
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Días después, mientras salía de la biblioteca a causa que mi estomago demandaba chocolate, vi a una multitud de personas amontonadas en el tablero de anuncios. Olvidé en ese instante la insistencia de mi estomago por dicha botana.
Al acercarme todos voltearon a verme, eso me preocupó. Oh no. ¿Ahora que hice?
—"Esa es la de la clase F"—
— "Es la que se confesó a Irie-san hace poco" —
—"Tal vez hizo trampa" —
Escuché a varias personas susurrando y apuntándome con el dedo. Siempre me dio muchos nervios ser el centro de atención. Caminé como robot hasta un hueco en donde podía observar que era lo que estaba sucediendo.
—Muchas felicidades. — Me dijo de forma amable un chico de lentes de la clase A.
—G-Gracias.— Susurré con torpeza. No podía creer que estaba entre los primeros 50 lugares de la generación. Y no solo eso, estoy en el número...
— Número 27. No esta nada mal, Aihara. — Mirè con asombro al chico de mi lado, la vez pasada yo había quedado en el lugar 50, pero me siento feliz de ver mi mejora.
Irie me estira su mano, un flash a mi pasado me hizo recordar esta misma escena. Saqué la fotografía, y la puse poca abajo en su mano. Coloque mi otra mano encima de la suya lo miré con agradecimiento. Una descarga eléctrica me recorrió hasta mi espina dorsal. Me acabo de dar cuenta que esa sensación no era tan mala como la creí.
—Gracias. Baka-sama. — Le guiñé un ojo de forma cómplice. Solté su mano con lentitud.
— No es nada, molestia. Un trato en un trato. — Me sonrió de vuelta. Gire la mirada a la pizarra para ocultar mi sonrojo.
—Kotoko-chan— Al escuchar esa voz el color en mi rostro desapareció, mis manos comenzaron a sudar y lo vellos de la nuca se erizaron. Comencé a temblar. — Te he estado buscando todos estos días. — Caminó de dos trancos hasta mi. Me hice pequeña. Tomó con fuerza mis hombros, me quemaba. No era la misma sensación que cuando Irie me tocaba. Era como si te tocarán con metal hirviendo al rojo vivo. Comencé a hiperventilar — ¿Porque me has estado evitando?—
—Kotoko-chan te amo tanto— Sentía como las gotas de sudor y lágrimas caían a mi rostro y se entremezclaban con las mías. El pavor que tenia no me permitía abrir los ojos, porque sabia que me encontraría con el rostro de la persona que más cariño le tuve. Vería la expresión más aterradora de todas, del odio puro. A sus ojos sin brillo y llenos un aura psicópata.— Kotoko, mi querida esposa.—
—K-kin-chan.—
