El resto del día transcurrió normal y corriente. Estuvimos revisando las cuentas de la víctima. Para ser un simple empresario, tenía muchas cuentas.
Cuatro semanas después, ya casi no podía ocultar mi secreto. Todos me veían rara, o por lo menos eso creía yo.
En este tiempo resolvimos el asesinato que teníamos pendiente. La víctima se llamaba John Strange. Era un contable bastante famoso. Lo asesinó su propia madre. Al parecer la madre estaba loca y creía que su hijo se juntaba con el demonio. A la madre la han trasladado a un centro para personas de ese tipo.
Estuve archivando papeleo todo el día. No se nos presentó otro caso así que, solo tuve que hacer eso. Pero, es cuanto terminé sentí que algo se movía dentro de mi. Ya me estaba empezando a crecer la barriga. No podía seguir ocultándolo más. Tenía que decírselo hoy a Castle.
Volví a casa pronto. Abrí la puerta y me encontré a Castle esperándome.
- - ¡Kate, por fin llegas! Llevo un largo rato esperándote. ¿Quieres una copa de vino?
- - No, gracias. Castle, tenemos que hablar.
Creo que se tensó al oír eso y ver mi mirada preocupada.
Me senté en el sillón, y el se sentó a mi lado, esperando a que yo empezara a hablar. Así pues, empecé.
- - Castle, antes de contarte nada quiero decirte que, si lo deseas desapareceré de aquí.
Él no dijo nada. Seguía callado, creo que esperando a que continuara.
- Sé que es difícil. Ni yo misma lo he asumido todavía. No quiero que reacciones mal, ni tampoco espero que reacciones bien. Esto es muy difícil para mi y necesito… tenerte… a… mi… lado…
Empecé a llorar como una niña pequeña. Castle seguía atento.
- No… no… no quiero que me dejes –dije con voz ahogada-.
Seguían resbalando lágrimas por mis mejillas, ahora hinchadas.
- Castle, lo siento… No puedo…
Dicho esto me levanté a toda prisa cogí mi abrigo y me dispuse a salir por la puerta.
Como un lince, Castle se acercó a mi, silencioso y rápido, mientras me disponía a irme.
Me cogió por la mano derecha. Estaba de espaldas a el, pero notaba su presencia y calidez.
Él fue quien rompió el silencio.
- - Kate, cuéntamelo. Por tu mirada parece muy importante.
Yo no era capaz de articular palabra. Abrí la boca, y de ella salió un sollozo.
- - Castle, yo… estoy embarazada.
Castle soltó mi mano. Mis piernas flaquearon y me derrumbé en el suelo. No tenía fuerzas para poder levantarme. Apoyé los brazos sobre el suelo, para no perder el equilibrio. Seguí llorando. Era como si el tiempo se hubiera detenido.
Tras, no sé ni cuanto tiempo de espera, Castle posó su mano en mi hombro. Me recorrió un escalofrío. Me cogió la mano y me ayudó a levantarme. Me llevó hasta él y me abrazó. Ninguno era capaz de romper el silencio.
Entonces, Castle rompió el silencio. Intuyendo lo que me pasaba, dijo:
- Kate, pase lo que pase, yo nunca te dejaría sola, y menos en esta situación. Kate, yo te quiero, te he querido y te querré. Siempre.
