holaaa! lo se tarde mucho, no me odien... la secu, el trabajo, tumblr y mi familia no me dejan mucho tiempo para escribir (ademas este capitulo es algo mas largo) . otra cosa, empezare a responder comentarios:
Mara: no no estoy obsesionada con el... sigue leyendo y ya veras r.r
Brittana: oh si gracias por ese link, los fics son asombrosos, aun sigo leyendolos...
emilyloveskurt: me odias? lloro *puchero*
ghostwhisper: bueno el fic es brittana asi que ya puedes imaginarte quien se quedara con la rubia :D y en ese capitulo se aclara todo lo del pasado de santana o bueno... no todo (muajaja)
leowit: Gracias! 3
kaze-ni-panke: manten la calma y lee el cap, se aclaran muchas cosas ahi abajo...
.25: crei que te habias aburrido de mi fic :( . y no puedo matar a artie... AUN... r.r
Judith092: eso me da una idea...
Rocio: habran muchas muertes en este fic...
Espaolita: Aun no...
Anneliasix: creeme santana ESTA enojada...
HeyArcia: me encanta que te encantara... y tienes una idea de por donde va esto. lemon? quiza.
Bueno no los molesto mas, el cap:
Cap. 4.
Brittany Susan Pierce no era el típico estereotipo de rubia consentida. A pesar de haber sido criada en california con una familia de buena posición social, nunca había dependido de ellos, Había trabajado duro para conseguir todo lo que poseía y todo lo que conocía, era una nómada, una aventurera. Por eso se había unido al ejército como médico En primer lugar. No había nada como la adrenalina, oír su corazón golpeando en sus oídos, esa era la razón de ser de Brittany Susan Pierce. Eso había cambiado cuando conoció a aquella latina de mirada misteriosa. Aquella mujer hacia que millones de preguntas y pensamientos se acumularan en la mente de la rubia, aquello era frustrante. Brittany estaba dispuesta a llegar hasta el más profundo rincón de la mente de la latina, había dicho algo sobre dispararle a su padre. Brittany había salido de la tienda como arrastrada por el demonio. Pero ahora quería escuchar, de los labios de aquella soldado, la explicación a toda esa historia. La doctora sabía que sería difícil lograr que santana se abriera después de lo que había hecho, pero a Britt le gustaban los desafíos.
– Britt, linda – la voz de artie la saco de su ensimismamiento. – ¿vienes a desayunar? Tienes que comer algo… ¿hace cuánto no…?
– está bien Artie. – Interrumpió la rubia – Yo… iré en un segundo, después de hacer las rondas de la mañana. – entro de nuevo a la tienda donde estaban sus pacientes. Estaba segura de que había dejado a su novio con la palabra en la boca, pero en ese momento no podría importarle menos. Echo un vistazo al interior de aquella conocida tienda de campaña. Había cerca de diez camillas allí, seis de ellas ocupadas por heridas realmente perturbadoras. La mayoría de sus pacientes aun dormían.
Comenzó a caminar hacia la primera de la izquierda. Allí tenía a uno de los peores casos que había visto en su carrera. Su nombre era Steven Collins, aquel hombre era un héroe. Se había lanzado en frente de una granada para salvar a otros cinco soldados de su pelotón en una misión en la ciudad. El pobre había necesitado de once cirugías y aun así, Brittany sabía que no tenía posibilidades de sobrevivir. Sus intestinos estaban deshechos, su cerebro tenía muy poca actividad y se había dislocado ambas caderas. Un caso como ese estaba destinado a fracasar. La rubia solo esperaba a que los pulmones empezaran a fallar, luego su corazón se detendría, y se escribiría un nombre más en la lista de los héroes de guerra, cuyos cuerpos serían devueltos a américa, a ser honrados allí por sus colegas, amigos y familiares. Tras revisar sus dosis de medicamentos, signos vitales e intravenosas, dejo a su paciente para seguir con la segunda camilla en la tienda.
La siguiente camilla, un paciente que tenía a Brittany orgullosa de su trabajo. Aquel joven había llegado tras un tiroteo de insurgentes, tres heridas en la espalda y otras dos más en las piernas. El chico había llegado a la base gritando de dolor. Era realmente deprimente el ver como un hombre, de esos que se jactaban constantemente do como volarle los sesos a los musulmanes, pedía –o rogaba – por ayuda. Brittany había logrado extraer las balas rápidamente. Y el chico se estabilizaría pronto. En un par de días seria llevado a un hospital en Alemania. Después de eso volvería a los estados unidos a seguir con su vida. Cambio la dosis de analgésicos a una más baja, cambio los vendajes de las heridas de aquel muchacho y continúo su camino.
La tercera camilla era un recordatorio permanente de lo tonta que era la rubia a veces, y se reprendía por ello. Estaba vacía. Unas pocas horas atrás su paciente había muerto, por haberse distraído tontamente.
– ya les dije que estoy bien chicos. Solo me rozo la bala, no fue nada. – la médico rubia revisaba el pecho de aquel hombre. Charles Gardener Un general que llevaba más de 10 años sirviéndole a su país fielmente. Aquel hombre era una leyenda, había sobrevivido a granadas, bombas, la muerte en combate de su prometida, y muchas, pero muchas heridas por disparos. Escucho los latidos de su corazón, y el ritmo y el sonido de sus pulmones, reviso sus corneas y le pidió al soldado que abriera su boca para revisar su garganta mientras tomaba un laringoscopio en la bandeja junto a la camilla.
– Doctora Pierce – la llamo Julian, uno de los doctores de la base Sur. – heridas múltiples en el abdomen, brazos y garganta cerrada.
– intúbalo, voy para allá. – Respondió la doctora – bien General Gardener… usted parece estar bien. – Dijo dándole una palmadita en el pecho – Así que voy a dejar que descanse, y estará como nuevo para mañana.
Había sido una tonta y no había notado el error monumental que había cometido con aquel hombre. Y ahora estaba muerto. ¿Cuál había sido ese error? Se había retirado sin revisar la garganta de aquel hombre, que se había cerrado en la noche por culpa de una hinchazón en la tráquea y se había ahogado sin que nadie lo notara.
Tomo la planilla de la siguiente camilla, la numero cuatro si las contaba. Le habían traído a aquel hombre hacia no más de una hora con una hemorragia que había sido bastante difícil de detener, seguía inconsciente por suerte, si no fuera así, las dosis de medicamentos bajo las que estaba lo tendrían viendo elefantes de color rosa y pajarillos volando alrededor de su cabeza. La doctora algunas veces se cuestionaba el motivo de aquel, su gobierno, para enviar a hombres y mujeres inocentes a pelear una guerra que no les pertenecía, perder millones de vidas y dinero todos los años. ¿Por qué? Razones que la joven holandesa aun no llegaba a comprender en su totalidad. Aquel soldado tirado en esa camilla sobreviviría, sería enviado de nuevo a los estados unidos, por suerte, y según lo que había escuchado había allí una nena de 2 años y una mujer que lo amaban, esperando por al otro lado del océano. Un momento. Todo estaba muy silencioso. Silencio. En ese momento Brittany lo noto, « ¡la maquina! » se abalanzo casi instantáneamente hacia las maquinas que mantenían a aquel hombre con vida. Reviso los conectores en el pecho de su paciente. Con cuidado levantó uno de los parpados del hombre tirado en frente suyo y sacando una pequeña linterna de su bolsillo, la paso en frente de sus ojos, no hubo respuesta. Tomo su muñeca y puso un dedo sobre ella. No había pulso. Aunque el cuerpo seguía extrañamente cálido.
– ¡Sam! – Llamo a uno de los doctores que pasaba fuera de la tienda – ven a ver esto.
– ¿qué sucede? – respondió el chico rubio caminando en dirección a la doctora.
– no tengo nada de las pupilas y no puedo encontrar su pulso, pero aun está caliente. ¿Qué se supone que es esto?
– oh, britt, lo siento. Ya no hay nada que hacer – hablo el muchacho revisando al militar que tenía delante. – debió haber muerto hace poco… aún no se ha enfriado del todo – dijo desconectando las máquinas y las vías que tenía conectadas a sus brazos.
La doctora no sabía que decir, ese hombre no podía haber muerto. Simplemente era imposible. Había hecho todo lo debido según el protocolo, no podía solo haber muerto así como así. Las lágrimas amenazaron con salir de sus ojos. Se volteó dándole la espalda a Sam, haciendo que el chico comprendiera el mensaje y saliera de la tienda sin decir una palabra.
Algo que Brittany odiaba sobre si misma era que al sentirse impotente o enojada, las lágrimas brotaban de sus ojos haciéndola llorar como si su madre hubiera muerto. Odiaba sentirse tan vulnerable, sabiendo que en realidad no era así.
Sintió unos brazos cálidos y delgados rodearla, obligando a la chica de cabello claro a abrir los ojos. Santana estaba a su lado, envolviéndola con ambos brazos.
– que… ¿qué haces de pie santana? Vuelve a tu camilla.
– Brittany, deja de llorar. No sé qué sucedió, o… que sucede. Pero deja de llorar, por favor.
– Estoy bien santana… – dijo secándose las lágrimas con el puño de su chaqueta. – es solo que… me pasa desde pequeña, y lo detesto. Ahora vuelve a acostarte, te lastimaras esa herida.
– Brittany, está bien… estoy bien… ven acá – la latina condujo a la holandesa hasta la camilla donde antes había estado recostada, invitándola a sentarse junto a ella.
– tengo cosas que hacer santana, no puedo sentarme. – la doctora cruzo los brazos en frente de su pecho.
– Mierda, Brittany. Solo hazlo. – la latina estaba comenzando a impacientarse, y debido a toda su insistencia, la rubia decidió ceder y tomar asiento junto a su compañera.
– Ok, ¿qué quieres?
– ¿porque llorabas?
– no estaba llorando
– ¿entonces qué es esto? – respondió la latina pasando sus dedos por la húmeda mejilla de Brittany.
– es solo que… desde pequeña… cada vez que me doy cuenta de que no hay nada que hacer… las… las lágrimas solo salen. Solas. No es que este triste ni nada.
– te entiendo.
– Tenemos que hablar santana – la rubia cambio de tema súbitamente
– vaya, si estuviéramos saliendo me preocuparía.
– no juegues. Es enserio.
– ok… ¿qué sucede?
– sé que ayer Salí de la tienda casi corriendo, cuando me contaste sobre tu padre… lo sé, fue grosero, lo siento mucho… ¿quieres hablar sobre eso?
La mirada de la latina se oscureció y se clavó en el suelo bajo sus pies, y algunos recuerdos dolorosos de su pasado vinieron a su memoria, la rubia quería decir algo pero santana comenzó a hablar
– mi… mi mamá se casó con mi padre cuando tenía 16… ella… ella nunca fue feliz, o se preocupó por nosotros… – el semblante sombrío de la latina le daba a entender a la rubia que solo debía callarse y escuchar. – a papa le gustaba hacer principalmente dos cosas: emborracharse y golpear a mamá… no tengo un solo recuerdo de él que no incluya una botella de licor y los gritos de mi madre… luego mi hermano nació y mi padre la dejo en paz durante el embarazo, yo tenía 12, ya estaba algo crecida así que tuve que dejar la escuela y cuidar a Manuel, al menos hasta que mi mama volviera del trabajo.
La rubia tomo la mano de la latina, quien comenzaba a derramar algunas lágrimas ocasionadas por los recuerdos. A pesar de todo, las palabras seguían fluyendo de la boca de Santana:
»Un día cuando tenía 15, el llego, más temprano que lo acostumbrado. Mama había salido con Manuel así que yo estaba sola en casa. El necesitaba alguien a quien golpear, y decidió que esa seria yo. Así que corrí y me encerré en la habitación de mis padres, estaba asustada así que me escondí en el closet mientras mi padre gritaba maldiciones tratando de abrir la puerta. Y lo consiguió, no sé cómo, pero el bastardo logro abrir la maldita puerta – los sollozos de la morena eran cada vez más audibles, a la doctora no se le ocurría palabra alguna que pudiera decir en una situación como esa, estaba bloqueada. – abro la puerta del armario, me tomo por el cabello y me lanzo al otro lado de la habitación, creí que me mataría. Tuve que arrastrarme debajo de la cama, y… ahí fue donde la encontré. Una 38 de la que no sabía ni su existencia, en fin – la latina suspiro tratando de calmarse – la tome entre las manos… recuerdo que estaba, muy fría… salí de donde estaba y… ¿sabes Britt? En ese momento piensas que no podrás hacerlo, que tu conciencia te matara por haber halado el gatillo, pero nada de eso sucedió – la latina esbozó una sonrisa melancólica – solo tire del gatillo, fue un sonido ensordecedor, pero tranquilizante. Después de eso el simplemente cayó al piso, le había volado la mitad del cráneo o algo así, no sentí nada más que alivio, quiero decir, estaba muerto. Solo eso.
La mujer de cabellos de oro estaba boquiabierta, no se imaginaba que tal cosa pudiera haberle sucedido a alguien como santana. La Soldado siguió con su relato, mientras una que otra lagrima aún se resbalaba por sus mejillas.
» Escapé. No tenía a donde ir. Así que volví a casa. Mi mama me delato, la perra llamo a la policía. Estuve en la correccional unos años, allí termine la escuela, y me hice un par de tatuajes en el proceso. Cuando Salí estaba igual que cuando había entrado, totalmente sola. Así que no lo pensé un segundo. Vi un cartel que decía "enlístate", fui a la oficina más cercana y entre al ejército, Llevo aquí varios años, y creo que moriré aquí algún día. – la rubia no dijo una palabra, se quedó con su mirada clavada en los ojos marrones de la latina que se habían puesto rojos por las lágrimas. – ¿y bien? Querías la verdad, ahí la tienes.
– Yo… yo… santana… yo nunca… – a la rubia le era difícil formar una frase coherente – yo… debería terminar de hacer las rondas. Tengo pacientes que revisar. – dijo poniéndose de pie.
– ¿saldrás corriendo de nuevo? Es algo típico en ti ¿no?
– Santana… – suplico Brittany – dame tiempo, por favor…
– No debiste haberlo preguntado en un principio – escupió la latina acostándose de nuevo en la camilla.
– Mierda – susurro la rubia en un suspiro « ¿mierda? ¿Desde cuándo uso esa palabra? » Pensó para sí misma mientras intentaba sacar a santana y a su pasado lleno de cicatrices de su cabeza
Camino hasta la camilla de la izquierda, donde estaba Jimmy, el muchacho al que le había cortado una pierna hace unos días. Sería un proceso difícil acostumbrarse a estar sin ella… el pobre chico solo tenía 19, y se había enlistado por orden de su padre. Volvería a américa en cuanto fuese capaz de permanecer de pie y su pierna hubiera sábado del todo. Las lágrimas de la latina volvieron a cruzarse en sus pensamientos, las palabras volvieron a sonar en su cabeza y ese deseo de abrazar y consolar a aquella morena la invadió una vez más.
Se retiró de allí, paso de largo la camilla donde se encontraba Santana y se dirigió hasta la camilla a la derecha de esta. El último paciente de la tienda, Matthew Jennings, un chico de unos 25 o 27 años que se había caído de la camioneta en una misión en la frontera y se había roto un par de huesos en las piernas y quizá uno que otro en los brazos y en la muñeca. No había mucho que decir de aquel chico, salvo que comenzó a coquetearle en el momento en que despertó. Una dosis de anticoagulantes e ibuprofeno lo habían mantenido dormido unas cuantas horas de más.
Dirigió una última mirada a la latina en la camilla a su izquierda, tenía los ojos cerrados y parecía haber escapado del mundo como aquella vez que Noah había venido a visitarla. La había herido al marcharse así. Lo sabía y tenía que reparar eso lo antes posible. Su estómago rugió ordenando comida, y pronto. «Puede esperar hasta después del desayuno» pensó, saliendo de la tienda y dirigiéndose al comedor, donde el chico en la silla de ruedas la esperaba para comer.
– ¿Por qué tardaste? – pregunto su novio.
– lo siento, hubieron… complicaciones. Billings murió. – dijo como si nada
– ¿estás bien?
– si claro… – la rubia comenzó a comer con la mirada fija en algún punto en el horizonte, su cuerpo, si bien estaba allí, dejo que su mente se sumiera en los recuerdos de cada una de las palabra, las expresiones y los gestos de la latina. « ¿Qué demonios me pasa contigo santana? »
bueno... ¿y? todo aclarado por el lado de santana... luego comenzaremos con algo mas de britt-Britt. este capitulo, no es uno de mis favoritos pero espero que les haya gustado... brittany y santana son personajes complicados, cada una a su manera...
pasando a otro tema... vieron Sexy? hay locura en tumblr por eso, hay un fandom completo que quiere matar a artie... eso me incluye. asi que si a ti te gusta artie o si te cae bien, lo siento yo lo odio... ¬¬y hare algo al respecto en este fic... no habia llorado tanto desde... desde mis dias en el fandom de bones... bueno. como sea, sugerencias, opiniones, amenazas... todo alli en el link de abajo.
deja un review o santana llorara.
