Anteriormente:
-Espero poder vernos prontos, Ishida Yamato. –le ofreció una última sonrisa, y dio la vuelta para marcharse.
Yamato tardó unos instantes en reaccionar, pero al notar que la mujer ya se alejaba, no pudo evitar llamarla.
-¡Espere!
La señora se detuvo y volvió a mirarlo, arqueando una fina ceja en curiosidad.
-Perdone,-le pidió el joven rubio—¿…pero… puedo saber su nombre?—pregunto en el Japonés más respetuoso que conocía.
-Claro.—le respondió ella—Mi nombre es Fujimoto Nagisa.
Y con esa simple respuesta, la mujer de kimono de seda siguió su marcha, dejando al rubio contemplando el enigma que representaba.
El rubio soltó un breve aire de alivio al escuchar el breve pitido de confirmación al deslizar la tarjeta de acceso. Al visto, había llegado a la habitación correcta. Inclinándose una vez más para levantar las piernas de la chica que cargaba, utilizo su hombro para empujar aquella puerta y cruzó el umbral, sintiendo como la respiración irregular de su novia se deslizaba por la piel de su cuello.
Su mente no se molestó en procesar los detalles específicos de la habitación otorgada, simplemente localizo la cama y se dirigió hacia ella, tratando de soportar el ardor que sentía en sus músculos y concentrándose en no zarandear a la portadora del emblema del amor demasiado.
Cuando por fin sus pies llegaron al borde de esa inmensa cama, depositó su cargo en el modo más gentil que le era posible, sintiendo como si sus brazos nunca serían los mismos de antes. Con su carga ahora descansando en la cama de esa habitación, Yamato liberó un gran suspiro de cansancio, sus músculos por fin sintiendo alivio y reposo.
Tratando de recomponer su aliento y energía, se dejó caer al lado de su novia, cerrando los ojos y respirando profundo. El viaje desde la sala de eventos hasta esa habitación lo dejaron sin energía. El hecho de que no se había encontrado con nadie en el ascensor fue pura suerte, pero eso no impidió que varios huéspedes y empleados del hotel lo observasen mientras cargaba a la pelirroja por el vestíbulo, algunos con curiosidad, y algunos otros con sospecha. Su única consolación era que a tal hora de la noche, no tanta gente se encontraba merodeando por el hotel.
-Que noche tan inesperada -Pensó, su mente recorriendo por los eventos transcurridos-Y aun sin entender que fue lo que sucedió…
Al pensar eso, abrió sus ojos y observo a la muchacha que yacía inconsciente a frente de el—Y Sora aun sin despertar…
Observando los rastros de lágrimas en el rostro dormido de su pareja, el rubio una vez más sintió impotencia. Alzó su mano y colocó su pulgar en la frente de ella, intentando borrar el ceño fruncido de su expresión. Solo logró que la pelirroja apartara su rostro agitadamente, aparentemente todavía atrapada en su pesadilla turbulenta.
De pronto, al rubio le entró una memoria.
Una muchacha en plena Juventud que vestía de una camisa amarilla y un casco azul como el cielo. Recordaba como ella se abrazaba fuertemente a sus piernas mientras una oscuridad la rodeaba. Recordaba su voz mientras les contaba a tres jóvenes que la rodeaban la fuente de su desesperación. Recordaba el sofocante sentimiento que emitía cada rincón de esa cueva oscura.
Reincorporándose en la cama, el rubio tomó la mano de la chica en la suya. Odiaba verla sufrir. Lo odió cuando tenía once años, y lo odiaba aún más ahora, cuando había vivido más de una década a su lado, creciendo junto a ella, amándola solo a ella.
Soltó su mano y se puso de pie. Ya con más energía, el chico de ojos zafiros acomodó a su novia y le quitó los tacones, queriendo aumentar su comodidad.
Recorriendo la habitación con la vista, el rubio notó por primera vez los detalles. Las lámparas que ofrecían una luz suave y acogedora. La ventana que daba un buen paisaje de la ciudad de Shibuya. En cualquier otra circunstancia, hubiese podido apreciar más el lujo de ese cuarto, pero su primera prioridad era su novia.
Caminó hacia el baño y buscó una toalla de cara, mojándola ligeramente. Regresando hacia el lado de Sora, Yamato se sentó a su lado y delicadamente limpió su rostro con la toalla, borrando las marcas de lágrimas que tenía grabadas en sus mejillas.
Observó como esta soltó un gemido al sentir la toalla mojada recorriendo su rostro, girando su cabeza para intentar de alejarse de ese inesperado estímulo. Aun asi, Yamato continuó.
-Perdón, Sora—se disculpó el mientras una vez más recorría la toalla por su frente—pero no puedo seguir dejándote en tus pesadillas.
No quiero dejarte pelear sola.
Despierta para que peleemos juntos.
Dibujaba un grupo de ocho niños. Al finalizar, observaba como su dibujo desaparecía, como si borrado por un borrador invisible.
Dibujaba un ave rosa, con hermosos ojos azules. Pero una vez más, su dibujo desapareció.
Dibujó un grupo de objetos: un casco azul; una harmónica; un par de goggles; un sombrero rosa; una computadora; un silbato; Pero al solo dibujarlos, todos desaparecían.
Ese ciclo vicioso continuó; ella dibujando, y sus dibujos desapareciendo.
De repente vió como el lápiz con que ella dibujaba fue desapareciendo lentamente, hasta esfumarse completamente de su mano.
Busc¡ otro lápiz y, para su alivio, encontró una caja de ellos justo a su lado. Alzo la mano para agarrarlos, y vio como la caja se alejaba de ella.
Corrió detrás de la caja, pero no lograba alcanzarla. No importaba lo que se esforzaba, no la podía alcanzar. Solo se alejaba, más y más.
Sintió que tropezó, y sintió que caía. Cuando por fin aterrizó, estaba en un lugar oscuro. Pronto unas luces se prendieron e iluminaron un escenario. De repente, notó la presencia de gente en ese lugar. Trató de girar su cabeza, pero su mirada estaba fijada en el escenario. Trató de mover un solo dedo, pero su cuerpo no le obedecía.
Estaba completamente paralizada mientras veía como su colección desfilaba. Tuvo que presenciar como otra diseñadora fue aplaudida por los invitados. Como aquella diseñadora apuntaba hacia ella con un dedo burlador, su risa triunfante inundándole los oídos.
Fue entonces que notó que en su mano sujetaba unos papeles. Mirando, vio que los dibujos que había dibujado con tanta ilusión estaban todos en manos de aquella muchacha que reía.
Se sintió completamente impotente. Completamente descorazonada…
..Hitoribotchi no shiiso de
Daremo ga dareka ga kuru no wo matteru
…De repente una melodía penetro la escena.
Concentrándose en ella, notaba como las imágenes alrededor de ella se tornaban borrosas.
Boku mo onnaji dakedo ne
Itsu demo hantai muki shite
Suwatte itan da
Entre más escuchaba aquella melodía, mas sentía que sus miedos lentamente desaparecían. Con esperanza, se aferró a esa canción que escuchaba, instintivamente sabiendo que la protegería.
Sentía humedad que le recorría por la cara. ¿Qué era eso? ¿Acaso estaba lloviendo?
Trató de percatarse de su estado físico; de su locación; Pero lo único que sentía era un sentimiento de pesadez.
Todo se sentía pesado. Sus pensamientos, su cuerpo, su conocimiento. Parecía que rastros de un sueño la trataban de capturar de nuevo. Pero la lluvia que caía y la melodía que escuchaba no la dejaban regresar a ese estado de sueño.
Se concentró en esa melodía. ¿Pero por que se le hacía tan familiar?
Esa voz…la conocía.
Notó como la lluvia de pronto se detuvo; como algo delicadamente le acariciaba las mejillas.
Fue cuando percató que la melodía también se detuvo que su conciencia por fin logró liberarse enteramente de ese estado de aturdimiento. ¿Adónde se fue esa melodía? ¿Por qué se detuvo?
Sintió como sus mejillas fueron acariciadas con más insistencia.
Trato de abrir sus ojos, pero jamás los había sentido tan pesados. Al no poder abrirlos, alzó su mano, tratando de percibir sus alrededores.
Fue entonces que sintió como una mano suavemente agarro la de ella. Era una mano fuerte…pero sumamente familiar.
-No puede ser….—pensó, sin poder creerlo-…No es posible—Trato de convencerse, no queriendo sentir tristeza.
-Sora, abre tus ojos
Al escuchar esa voz varonil, los ojos de Sora se abrieron de golpe.
Era él.
Eran esos pelos dorados. Esos labios. Esa frente con esa nariz. Esas cejas tan bellamente formadas. Y esos ojos. Esos hermosos ojos zafiros que la veían.
Pero…¿Por qué la veían con tanta preocupación?
Preocupada por la mirada del chico, Sora intento reincorporarse, su primer instinto era querer aliviarle cualquier mal que el sufría. Pero al tratar de levantarse, encontró que no lo lograba. Su cuerpo simplemente pasaba demasiado pesado.
-¡Yamato…!—soltó, aun sin entender que era lo que estaba sucediendo. Se quedó sorprendida al escuchar como su voz, siempre tan suave, sonaba tan ronca.
-Shhh—la calló el chico, recorriéndole una mano por el pelo, quizás para intentar calmarla.
-Pero…-se aclaró la garganta-¿…que haces aquí?—¿por qué sonaba tan ronca?
De pronto, miro a su alrededor, y se confundió aún más al ver un lugar que no le era familiar.-Pero…¿…Adonde estamos?-Buscó las respuestas en los ojos del chico que la observaban.
Yamato miraba a Sora, observándola mientras esta intentaba de comprender su corriente situación. Escuchaba su voz ronca, probablemente de tanto llorar, mientras le preguntaba sobre su locación. De repente, el rubio lamentaba tener que hacerla recordar de los eventos que pasó esta noche. Sintió dolor por ella.
-Oh Sora—murmuró el, acercándose hacia ella para darle un tierno beso en su frente, deseando poder borrar todo rastro de memoria de esa infame noche de la mente de la pelirroja. –Perdón por hacerte recordar—pensó internamente.
Reuniendo su valor, el rubio la miró fijamente.
-Estamos en el Cerulean Tower Tokyu Hotel—afirmó claramente, observando cuidadosamente la reacción de la pelirroja, notando sentidamente que solo esas palabras eran suficientes para hacerla recordar.
Al escuchar esas palabras, la conciencia de Sora se volvió internamente. Como si fuese una película, escenas de esa noche estaban siendo repetidas. Sintió que sus ojos otra vez más se llenaron de lágrimas al recordar como su colección fue cruelmente robada. Al recordar su inhabilidad de tomar acción.
Yamato observaba como las emociones se manifestaban en el rostro de la portadora del emblema del Amor mientras esta parecía recordar. Pero al ver como sus ojos se llenaban de lágrimas, sintió una piedra en su corazón.
-¡Sora!—exclamo Yamato, sacándola de su recuerdo interno.
Sora, al ver la mirada de su pareja, trató de reincorporarse en la cama. Con la ayuda de este, lo pudo lograr.
Pasaron unos momentos viéndose el uno al otro antes de que Sora buscó apoyar su cabeza en el hombro del rubio. Este le respondió envolviéndola dentro de sus brazos.
-Yamato.—escuchó a la chica susurrar.
-¿Si, mi cielo?—le preguntó suavemente.
-Creo que voy a llorar.—le confesó la pelirroja con un susurro, su voz ya quebrándose.
Abrazándola más fuerte hacia él, el chico le dio un breve beso en su cuello, queriéndole transmitir fuerzas y reunir valor.
-Entonces llora—murmuró- Llora todo lo que quieras.
Y con esas simples palabras, la chica de ojos rubí rompió en llanto, aferrándose fuertemente al cuerpo del chico que la sostenía.
Yamato simplemente la abrazaba contra él, sintiendo como el cuerpo de su pareja se estremecía con sus sollozos. Sintiendo como el calor de sus lágrimas le mojaban su cuello y lentamente fueron absorbidas por su camisa.
Poco a poco, los sollozos de la pelirroja se disminuyeron, pero aun mantenían esa posición; Sora apoyándose de él, y el abrazándola. Pausadamente, y entre lágrimas, Sora le empezó a relatar los sucesos de la noche, contándole como descubrió que su colección Nostalgia fue robada; el hecho de que no pudo hacer nada para impedirlo; el hecho de que sería imposible recuperar sus diseños.
Que tendría que soportar mientras veía como ropa luciendo sus diseños serian vendidas bajo el nombre de una diseñadora falsa.
Yamato, por si, intentaba controlar su ira. Escuchaba atónito y atento mientras Sora le hablaba. Aunque no pudiese ponerse en el puesto de un diseñador, Yamato conocía muy bien lo que significaba ser llevado por arte. Sus años transmitiendo sus sentimientos a través de su música le habían enseñado lo personal que era una creación artística. Conocía muy bien que cada una de las canciones y melodías que había compuesto en su juventud llevaban una parte muy íntima de él. Jamás se podía imaginar su reacción al descubrir que tan solo una de sus canciones había sido robada.
Cerró sus ojos y apretó los puños.
Sentía deseo de vengar el esfuerzo y sacrificio de su pareja. Al tan solo recordar escuchar la voz de cansancio pero satisfacción cuando esta le informo que por fin había completado sus diseños para el concurso; recordar los varios días que pasaron sin hablar más de cinco minutos dado que ella estaba ocupada con sus proyectos y diseños; recordar la ilusión con que ella le mostraba los dibujos de su colección…
Pero se controló. Conocía que demostrar su ira solo haría que la chica entre sus brazos se sintiera peor. Así que solamente la abrazaba, le acariciaba el cabello, y trataba de ser fuerte para ella.
Al terminar su historia, Sora se sintió agotada, pero mejor. Cerrando sus ojos, trató de olvidarse de todas las cosas que transcurrieron esa noche y simplemente se concentró en los brazos que la sostenían. Se concentró en la respiración del chico en su pelo; En las tiernas caricias que este le hacía; en el aroma embriagante que la rodeaba.
Como amaba ese aroma… Esa fragancia que era únicamente la de Yamato. Le hacía recordar de varios momentos que habían vivido juntos.
Recordó la primera vez que la pudo sentir de cerca. Esa noche de víspera navideña cuando una enorme piedra casi le quita la vida. Recordó que observaba como la piedra se le acercaba, completamente paralizada. En esos instantes, parecía que la vida se movía lentamente. Por su mente volaban miles de pensamientos, pero el principal pensamiento lamentando tener que morir cuando por fin tuvo el valor de confesarse. Fue entonces que sintió como unos brazos la agarraron y la apartaron de esa muerte segura. En su desconcierto, lo primero que pudo notar fue ese olor. Pero al abrir los ojos que había cerrado en su horror, logró ver que se trataba del chico que logro meterse en su corazón.
Sonriendo a la memoria, y aun con los ojos cerrados, Sora no pudo evitar soltar unas últimas lágrimas. Sus lágrimas no eran lágrimas de tristeza o impotencia. Simplemente, en su estado emocional, sentir esos brazos y ese olor que ella tanto anhelaba, le daban ganas de llorar.
Como amaba a ese chico. A ese individuo que la conocía más que nadie, que la comprendía, y la protegía. Si fuese otra persona escuchando su historia, sabía que sentirían la misma indignación por el robo de su diseño. Pero de todos sus amigos, solo Yamato lograba comprender que su tristeza iba más allá de la indignación. Que había sido una íntima parte de ella que fue robada, no solo diseños de ropa.
-Si quieres llorar, llora—de repente escuchó a Yamato decir. Aparentemente, él estaba consciente de sus lágrimas.
Sora se reincorporó un poco para poder ver la cara del rubio. Alzando su brazo, colocó una mano en la mejilla del chico, quien la veía con tristeza en sus ojos.
-No lloro por lo sucedido—le confesó mientras acariciaba su mejilla.
Extrañado, Yamato intentó entenderla.
-Entonces,-empezó el joven de ojos zafiros-¿Por qué lloras?
Sora simplemente le ofreció una pequeña sonrisa.
-Lloro de felicidad.—Le explicó, una vez más buscando apoyar su cabeza en el hombro del portador del emblema de la amistad—Porque, a pesar de todo, estas tu conmigo. Aquí. En este momento.
Conmovido, el rubio continuó acariciándole el pelo—Era mi intención llegar más temprano—Le admitió—Pero no logre llegar a tiempo.
Sora escuchó la nota de decepción en la voz de su novio, y apresuró a asegurarle.
-No importa, Yama.—Le aseguró—Estas aquí ahora.
Reincorporándose de nuevo, lo miró a los ojos.
-¿Cómo es que siempre sabes cuándo más te necesito?.—Le preguntó, honestamente curiosa y enternecida.
Sonriéndole con travesura, el chico de ojos azules le respondió-¿No sabes que almas gemelas siempre saben cuándo su otra mitad está en problemas?—terminó, besándole la punta de su nariz.
Al escuchar esa respuesta, la pelirroja no pudo evitar que una sonrisa se le dibujara en la cara.
-Que respuesta tan exótica. ¿Has estado leyendo novelas románticas?—Le pregunto, siguiéndole el ritmo.
El rubio le dedicó una sonrisa divertida.—Sí. Algunas varias. Crepúsculo, entre ellas—le comentó, sus ojos animados.
Sora agarro una de las pequeñas almohadas y se la tiro a la cara. Este la atrapó soltando una risa.
-¡Eres un payaso, Yama!—declaró la portadora de Amor afectuosamente.
El rubio, por su parte, sintió inmenso alivio al ver a Sora sonriendo con diversión. No era su intención dañar la atmosfera de desahogo de la pelirroja, pero es que no soportaba seguir viendo la tristeza dentro de esos hermosos ojos rubí. Quiso hacer todo lo posible para brindarle un escape de sus problemas, aunque tan solo fuera por un breve instante. Y sabia, viendo los ojos brillantes de su chica, que ella también estaba agradecida por ese pequeño respiro.
Quitándose los zapatos y la chaqueta que cargaba, el rubio apagó las lámparas y se acostó en la cama. Sin tener que decir nada, la pelirroja se le acercó y se acostó junto a él, apoyando su cabeza en el hombro ofrecido del elegido de la amistad.
Estuvieron sin decir nada por varios minutos, simplemente observaban a la ciudad nocturna de Shibuya a travez de la ventana, cada uno inmerso en sus pensamientos, pero ambos agradecidos de la presencia del otro.
Yamato fue el primero en romper el silencio.
-¿Qué piensas hacer ahora?—preguntó el rubio, acariciando el brazo de su pareja.
Alguien que no conociese bien al rubio, pensaría que por su tono casual, la pregunta no presentaba gran importancia para el chico. Pero Sora lo conocía muy bien, y sabía que Yamato estaba ansiosamente esperando su respuesta.
-Supongo que tendré que renunciar y marcharme—le respondió la pelirroja después de unos segundos—No estoy dispuesta a seguir con esa compañía.
Yamato soltó un breve suspiro de alivio. Por unos segundos, temía que Sora aun tuviese intenciones de continuar su carrera con esa compañía. En tal caso, probablemente hubiese surgido un argumento, ya que Yamato no estaba preparado para seguir viendo como esa compañía se aprovechaba de ella. Si ella tuviera planes de continuar ahí, él le habría hecho saber lo mucho que eso le disgustaba y preocupaba.
Tener que vivir lejos de ella ya era suficientemente difícil. Su única consolación era saber que por lo menos ella estaba feliz en Japón. Tener que regresar a los Estados Unidos sabiendo que su pareja estaba triste y miserable seria insoportable.
-¿Buscaras otro trabajo?—le preguntó, aun continuando sus caricias.
Esta vez, la muchacha tardo más en responder.
-Bueno, buscare trabajo por aquí, pero dudo poder encontrar—le respondió honestamente—Las colecciones de otoño ya estarán completadas. No creo que ninguna empresa de modas estará buscando a diseñadores novatos como yo…
-Lo más probable es que me mude otra vez a Odaiba.—continuo la chica, pensando en voz alta—Quizás consentiré a mi mama y le ayudare a dar clases de ikebana. O quien sabe, a lo mejor regreso a la universidad a estudiar otra carrera.
Yamato podía distinguir como la nota de imposibilidad y desespero surgían con cada palabra que Sora hablaba. No queriendo que se entristeciera con sus pensamientos melancólicos, el rubio apresuro a interrumpirla.
-Seguro que al ver lo talentosa que eres, alguna empresa te aceptara. Tu portfolio les hablara de tu talento, Sora. De eso estoy seguro.
Su única respuesta fue silencio y unas respiraciones entrecortadas que produjo la pelirroja.
Mirandola, Yamato pudo distinguir con la suave luz de la luna, como lagrimas recorrían su rostro una vez más.
Alarmado, Yamato se voltio hacia ella, usando sus manos para borrarles las lágrimas.
-Perdóname, mi cielo, no quise entristecerte -Soltó, completamente desarmado.
Sora apresuró en tranquilizarlo.
-No te preocupes, Yama.—Le dijo entre sus lágrimas—Se muy bien que estas preguntas se deben hacer. Pero es que…..es que…..
No logró terminar sus palabras.
Angustiado, Yamato trató de reconfortarla.
-Mi cielo—le dijo, buscando su mirada—por favor. No pierdas la esperanza.
-Yamato..—Lloró la chica-..es que…es que no creo que pueda hacerlo.
-¿No crees que puedas hacer que?—le preguntó el suavemente, acariciándole la mejilla.
-No…no creo que pueda regresar a ser diseñadora en una empresa. No después de esta noche…
Por fin logro confesar.
Al escuchar esas palabras, Yamato la abrazo hacia él. Debió haber supuesto que los eventos de esta noche la desilusionarían por completo. No la culpaba. Simplemente odiaba tener que verla tan desconsolada.
-Entonces, déjalo todo, Sora—Le dijo, queriendo alejarla de su angustia.—No te preocupes de nada. No vas a ser forzada a ser nada que no quieras ser.
-¿No?—le pregunto la pelirroja, completamente insegura.
-No.—declaró el muchacho—harás solamente lo que te traiga felicidad. Así que no pienses en nadie más, Sora. Piensa en ti.
Al escuchar esas palabras, el nudo que Sora sentía en su pecho empezó a deshacerse. Los eventos de aquella noche no solo le quitaron la ilusión que ella tenía, sino que también la llenaron de desconfianza. Con tan solo imaginarse ir a trabajar en otra compañía de modas como Sui-chi, se llenaba de angustia.
Pero su otro conflicto surgía de las expectativas de la gente que la rodeaba. Tenía miedo fallarles. Desde que se graduó de la escuela de artes, todos esperaban que ella se volviera en una diseñadora de modas. Decepcionarlos seria decepcionante para ella.
Pero las palabras del chico que la abrazaban le aseguraron. Decidió confiar en la fe que él le mostraba y en el apoyo que sus amigos siempre le brindaban.
Al ver que las lágrimas de Sora otra vez pararon, el rubio exhaló en alivio. Por fin habían llegado al fondo de la inseguridad de Sora. Ahora Yamato lograba entender los sentimientos de Sora.
Dándole un tierno beso en la frente, el rubio se reincorporó, sintiéndose completamente cansado.
-¿Dormimos?—le preguntó, desabotonando la camisa que llevaba puesta. Había sido una noche bastante eventual, y ambos podían sentir agotamiento.
-Si—le respondió la pelirroja, ya con los ojos cerrados, tratando de quitarse el vestido para ponerse más cómoda.
Al mirarla, Yamato se enterneció. Al parecer, cada vez que Sora lloraba, siempre se dormía poco después. En eso asemejaba a una niña de tres añitos.
Sentándose al lado de ella, Yamato abrió la cremallera de su vestido y la ayudo a quitárselo, revelando el slip de color de crema que llevaba bajo el vestido.
Quizás debido a que Sora ya estaba completamente desahogada, por fin se percató bien de su locación.
-¿Compraste este cuarto para la noche?—le preguntó, extrañada, a su novio. Conocía que la tarifa de este hotel era bastante cariñosa.
Yamato se quedó completamente paralizado, su mente recordando, por primera vez desde que llego a esa habitación, la propuesta de la tal Nagisa Fujimoto.
Caminando hacia donde había depositado su abrigo, examino el bolsillo derecho para sacar el sobre que la señora le pidió que le diera a Sora.
Lo miró atentamente, inseguro de qué hacer con él.
Por un lado, el hecho de que aceptó la habitación para esa noche significaba que debería entregar esa carta a Sora, justo como la mujer le había pedido. Pero, por otra parte, su cuerpo se rebelaba y se negaba causarle más daño a Sora, especialmente ahora que se encontraba en mejor estado de ánimo. Temía que entregarle ese sobre a Sora de nuevo le causaría dolor al recordar lo que sucedió esa noche.
-¿Yama?—escuchó la voz de Sora llamándolo.
Girando su mirada hacia ella, vio como esos agotados ojos rubí lo miraban con preocupación.
Soltando un suspiro de resignación, Yamato cruzó la distancia entre ellos y le ofreció a Sora ese sobre. Aunque era su deseo protegerla de cualquier mal, nunca se atrevería a pensar que él podía tomar las decisiones por ella. Él no tenía el derecho de esconderle a Sora cosas que le correspondían.
-Pareces que tienes a una aliada dentro de la empresa—le explicó Yamato al ofrecerle el sobre.—Ella fue la que nos ofreció esta habitación.
Desconcertada, Sora aceptó el sobre que le ofrecía su novia. Abriéndolo, sacó la nota que guardaba adentro y la leyó.
Takenouchi Sora,
Quisiera que vengas a trabajar conmigo.
Si estas interesada, por favor llámame: 45-411-4212
Sora le dió la vuelta al sobre, tratando de averiguar si tenía nombre. Al no encontrar uno, desvió su mirada al rubio, quien la observaba atentamente.
-¿Qué dice la carta?—le preguntó él con curiosidad.
-Al parecer es una oferta de trabajo—le respondió la chica, sentándose en la cama mientras inspeccionaba la carta más detenidamente—Pero no dice quien lo está ofreciendo..
Yamato se sentó junto a ella, leyendo los contenidos de la breve carta.
-Dejaron un numero.—observó el rubio-¿Piensas llamar?
-No creo.—respondió la pelirroja después de considerar la pregunta—Si alguien te dió esto, entonces seguro que se trata de alguien de la compañía, ya que no he tenido el chance de conocer a mucha gente…
Yamato observaba a Sora con atención, su agotamiento olvidado.
-Quisiera dejar todo lo de la compañía en el pasado.—le habló con voz pequeña.
Al escuchar esas palabras, el rubio agarró la carta y la guardo una vez más en el bolsillo de su abrigo. Técnicamente, había completado su parte del trato. Si Sora no estaba interesada en trabajar por alguien de la compañía, no era su problema, incluso si la señora mostró bondad en haberles pagado esa habitación por la noche.
Dirigiéndose al pequeño bar, Yamato le sirvió a Sora un vaso de agua.
Regresando hacia donde ella se lo ofreció.
-Toma agua—le pidió el chico a ella—haz llorado mucho y seguro que estas deshidratada.
La chica tomó el vaso que el le ofrecía, lentamente bebiendo el agua.
Yamato comenzó una vez más a desvestirse, colocando su billetera y teléfono en el escritorio de la habitación.
Sora, por su parte, empezó a sentir de nuevo su agotamiento. Decidió ir al baño a lavarse la cara y los dientes, agradecida de los cepillos desechables ofrecidos por el hotel.
Regresando a la habitación, bajó el cubrecama y se metió bajo de las cobijas de esa inmensa cama, esperando que Yamato terminara de preparase para dormir.
Cuando sintió que Yamato apagaba las luces y se acostaba a su lado, no dudó en buscar refugio en el hombro de su amante. Este le correspondió abrazándola tiernamente hacia él.
-Sora…- de repente escuchó el murmuro de Yamato, cuya voz relataba el cansancio que sentía.
-¿Hmmm?—le respondió Sora, ya casi rendida.
-¿Quién es Nagisa Fujimoto?
Sora se extrañó al escuchar esa pregunta. ¿Por qué su novio le hacía preguntas tan raras cuando ambos estaban tan exhaustos?
-Es una famosa diseñadora de kimonos.—Le pelirroja logró responderle.
-¿Es una buena persona?—escuchó de nuevo a su novio.
-Si.—Sora arrastro la palabra, ya casi completamente dormida.
-¿…Sora?—de nuevo la llamada de su novio la impedían dormir.
-….hm..—suspiró Sora, con el ultimo de sus esfuerzos.
-…Nagisa Fujumoto fue la que te escribió esa letra.—confeso el rubió, por fin sintiéndose en paz con esa señora.
-¿¡QUE!?
Esa noche, los privilegiados huéspedes de ese lujoso hotel se abran preguntado que fue ese tal escándalo que se escuchó aproximadamente a las dos y media de la mañana. Sea lo que sea, el personal del hotel nunca logro resolver el misterio de ese repentino ruido.
En una de las habitaciones, una señora vestida en kimono sonrió divertidamente.
