Holaaaaaaa!

No, no voy a abandonar esta historia, solo que esta pareja me costó mucho hacerla. Estoy satisfecha con el resultado, espero que le guste a ustedes también, y no piensen que soy una pervertida, solo tengo la imaginación sexi. XD

Si supieran que sus reviw son muy importante, el ultimo que recibí para esta historia fue el que me impulso a continuar el capitulo que lo inicie desde hace meses.

Bueno, sin nada más que agregar, disfruten de la historia.

Ah, y el SasuSaku no será el último.

Un Baile a tu gusto.

— Ya te dije zanahoria, no es posible en estos momentos. –Suigetsu estaba al teléfono con su adorada pelirroja. Estaban teniendo o mejor dicho continuando una conversación donde la pelirroja le exigía algo que él no estaba dispuesto a ceder. La razón; no quería darle el gusto.

— Eres insufrible, cara de tiburón, sé que no te importaría nada darme lo que te pido, solo lo haces para fastidiar — la voz molesta de Karin de saco una sonrisita al de dientes puntiagudos, ya que no estaba desencaminada en su argumento.

— ¿si ya lo sabes para que sigues insistiéndome? — pregunto con burla el de pelo blanco. Molestar a su esposa era uno de sus pasatiempos favoritos.

— Me la pagaras piraña!— grito antes de colgar.

— tks, ya veremos que se te ocurre zanahoria — hablo mirando la pantalla de su teléfono.

— ¿Otra vez haciendo enojar a Karin? — la calmada voz de Juugo llamo la atención del de cabello blanco. Ambos estaban sentados en una cafetería cerca de la zona comercial de la ciudad.

— Es divertido — acoto mientras bebía de su jugo de frutas. Se habían encontrado para almorzar juntos, trabajaban cerca. Suigetsu en la empresa de bebidas de su familia y Juugo en una farmacéutica.

— Después no te quejes cuando se desquites — le aconsejo el de cabello naranja.

— Eso es lo que le da sabor a nuestra vida.

— ¿que da sabor a la vida? — pregunto una tercera persona.

— Sasuke! Por fin llegas, ya ordenamos mientras te esperábamos.

— Estaba ocupado. A diferencia de ti, yo trabajo.

— oi, oi que yo también trabajo, no ves que estoy usando un traje de chaqueta y todo eso.

— hm. — respondió Sasuke mientras se fijaba en que en verdad su amigo estaba usando un impecable traje de chaqueta azul oscuro. El peliblanco no era dado a las formalidades, pero para dirigir la empresa de su familia tubo que adecentar su estilo de vestir. — ¿que decías del sabor de la vida?

— Que mis peleas con Karin le dan sabor a mi vida. — una sonrisa sínica adorno al de cabello blanco.

— Si la haces enojar tanto un día de estos se hartara de ti. — acoto el calmado hombre de pelo naranja.

— Jajajaja eso no pasara — la sonrisa del peliblanco era de esas que guardan un delicioso secreto.

— ¿Cómo estás tan seguro? — indago el Uchiha

— Porque después de cada pelea ahí una reconciliación — respondió Suigetsu con emoción anticipando la reconciliación con su amada esa noche.

****** Un Baile a tu Gusto *****

Después de hablar con Suigetsu, Karin decidió liberar su enojo de la manera más relajante que conocía. Bailando!

La pelirroja encendió el equipo de música y reprodujo su lista de canciones preferidas. Con suavidad la chica inicio un baile que fusionaba varios ritmos, desde los más clásicos, hasta los más atrevidos.

Mientras su cuerpo entraba en calor a cada movimiento, la mente de la pelirroja comenzó a trabajar sin descanso en la manera de ganar el juego que había propuesto la pelos de chicle.

'no sería tan difícil si ese idiota no se empecinara en llevarme la contraria siempre. Conjeturo mientras bailaba le gusta ir en mi contra solo porque cuando nos reconciliamos nos ponemos un poco salvajes en la cama. Aunque siempre somos así. Creo que me case con un pervertido'

Mas baile, más cavilaciones.

'Si le dejara sin sexo unos días, de seguro me viola mientras duerma –los pensamientos iban a la deriva buscando una salida — aunque si no duermo con él, supongo que no podrá seducirme. Tengo que evitar que piense para que acceda a todo lo que le pida…'

Mientras su cuerpo se contorneaba, paso frente a un espejo de cuerpo completo que estaba en unas de las paredes de la sala. La imagen que se devolvió le dio la idea definitiva.

— Eso es — susurro para sí misma mientras evaluaba lo que veía. Estaba agitada, su cabello un poco revuelto por tantas vueltas, una fina capa de sudor cubría su rostro y el valle de sus senos. Un sonrojo de esfuerzo coloreaba sus mejillas. En conjunto era una imagen muy provocativa. Era justo lo que ella estaba buscando. — ya verás tiburón, que yo soy la reina de esta casa.

***** Un baile a tu Gusto*****

El resto de la semana fue un caos.

Luego de definir su estrategia, la pelirroja de lentes fue al hospital donde trabajaba de enfermera a cambiar su turno de trabajo para la noche. Fue fácil hacerlo, ya que la directora del centro de salud era muy considerada. Esa tarde, cuando su esposo llego se estaba terminando de poner el uniforme blanco. El muy tonto se emociono al verla, ya que cuando usaba el uniforme en casa era para cumplir alguna que otra fantasía.

—Ya sabía que me esperarías lista para la acción –había dicho el de dientes afilados tratando de sujetar a su esposa. Pero esta lo esquivo, informándolo de lo que sería su castigo por fastidiarla.

— Esta semana me toca el turno de noche — le había dicho la pelirroja ocultando a duras penas una carcajada ante la cara de sorpresa del peliblanco.

Luego de ese anuncio, Suigetsu protesto hasta el cansancio, ya que era la primera vez desde que se casaron que a ella le asignaran ese turno.

De ahí en adelante, el albino fue cayendo en la trampa del demonio del stress. Su rutina cambio completamente. Ya no tenía a su amada cuando se despertaba en las mañanas con ganas de amarla, tenía que apañárselas solo, y eso le irritaba en lugar de aliviarlo. No siquiera podía masturbarse sin la pervertida de su esposa para verlo y animarlo. Karin llegaba justo cuando el salía para el trabajo, solo podían cruzar unas pocas palabras un beso fugaz y eso era todo.

Suigetsu paso su semana cada día más molesto y serio, cosa que extraño a sus amigos. Juugo y Sasuke solo veían como el albino dejaba de hablar para sumirse en su silencio tenso, aunque Sasuke no estaba mucho mejor.

Lo que Suigetsu no sabía era que Karin pasaba las noches plácidamente durmiendo en una de las habitaciones del hospital. No es que fuera irresponsable en su trabajo, solo era que había cobrado algunos favores a sus compañeras para que hicieran las rondas nocturnas por ella. De ese modo Karin llegaba por la mañana fresca como una lechuga aunque su amado esposo no lo notaba.

Los días pasaron y el plan de Karin fue tomando forma. Por lo que cuando la noche del viernes llego, todo estaba listo.

****** Un Baile a Tu Gusto******

Los amigos están creados para ayudar a sus amigos. O esa es la creencia popular. Por eso este amigo caminaba sin decir palabra junto a un albino frustrado que maldecía a cada paso.

Era viernes por la noche, por lo que la zona de bares de la ciudad estaba a reventar.

— tks, no sé porque hay tanta gente en la calle, deberían de quedarse en su casa y no estorbar el paso a los transeúntes…— esa era solo una parte de la retahíla de que llevaba el albino.

De su parte, Juugo se mantenía tranquilo buscando el local correcto. Justo frente a él, vio el letrero con luces de neón, TAKA. Ese era su destino.

— Entremos allí — dijo mientras se encamino al lugar, sin esperar una respuesta por parte de su acompañante, que con el humor que cargaba en esos días de seguro se quejaría.

El local era un club de Stripper, era muy lujoso, y daba la sensación de que era un lugar más para seducir a los que entraban sutilmente, que el clásico sitio oscuro y decadente. En lugar de una larga pista de baile, el club tenía varios escenarios pequeños para que el público en general viera quien bailaba, y tenía otros escenarios que tenían un solo sofá de apariencia cómoda, estaban en semicírculo y se podía ver una puerta plegadiza que en ese momento estaba recogida en un extremo.

— ¿Que se supone que hacemos aquí, Juugo? — El irritable albino cuestiono a su amigo — es cierto que estoy molesto con Karin pero no pienso ponerle los cuernos por eso. Si lo hago se daría cuenta y me cortaría tu sabes que con un bisturí sin filo.

Ante esa declaración tan detallada, Juugo no pudo hacer más que mirar a su amigo. Por lo que el albino aclaro su argumento.

— Me lo dijo cuando nos casamos.

Eso fue explicación suficiente para el de cabello naranja.

— Necesitas relajarte. Le estas ganando a Sasuke con ese mal humor. Además es temprano, solo tomaremos unas copas antes de que comiencen a bailar las damas.

Ante esa lógica, a Suigetsu solo le quedo seguir a su amigo, mientras paseaba la vista por el local, por lo que no se dio cuenta que se dirigieron a unos de los espacios privados.

Una vez en el semicírculo, Juugo le fijo que se relajara, que el iría por unas copas. Sin más el grandulón se marcho y Suigetsu se sentó en ese cómodo sofá de piel roja.

El albino se dejo envolver en la música de saxofón que salía de los altavoces. Era una melodía erótica y relajante que invitaba a dejarse seducir. Dejo caer su cabeza asía atrás y cerró los ojos.

Cuando Suigetsu levanto la cabeza para ver quien había entrado a su reservado, se quedo mudo de la impresión.

Frente a él, sobre unos zapatos de tacón de cuatro pulgadas, había una mujer de piernas largas y delicadas enfundadas en unas medias negras con forma de red, que hacia un contraste sensual, entre el color nacarado de sus piernas y el negro de las medias. Una diminuta falta coronaba el final de sus muslos, y ocultaba su feminidad, la falda estaba formada por un sinfín de capas de encajes negro que alzaba la tela rojo sangre, tapando a penas su las bragas que se adivinaban bajo la prenda. Su cintura estaba cubierta por un corsette del mismo color que la minúscula falda y con unos lazos negros. Su busto está siendo contenido por una fina tela de encaje negro, que se trasparentaba dejando ver a través de la misma, una piel cremosa y unos pezones rosáceos que estaba erguido, bien sea por el frío del lugar o por la fricción de la tela. El rostro de la pelirroja, estaba delicadamente maquillado, siendo el rasgo más notorio el color negro de sus labios, que le daban un toque peligroso. El conjunto lo completaba unos lindos cuernitos rojos, que sobresalían de la mata de rizos que eran ahora su cabello. El cuadro completo era una fantasía viviente.

Karin solo pudo sonreír ante el mutismo del albino. Se le había ocurrido la idea del disfraz, ya que el alvino en algún momento se lo había pedido, claro a demás de su uniforme de enfermera. La música comenzó a sonar y Karin comenzó a moverse de una manera lenta y sensual. Sin mediar palabras la pelirroja comenzó a deslizar sus manos sobre su cuerpo, lentamente y al ritmo de un saxofón sus manos recorrieron sus brazos, senos, vientre, muslos. El movimiento de sus caderas era cadencioso y poco a poco se fue agachando sobre la plataforma hasta que estuvo sentada totalmente. El ritmo de la música era un poco más rápido. Por lo que Karin siguió el mismo. Se recostó sobre sus codos, y elevando sus piernas las separaron formando una gran v justo frente a Suigetsu.

El albino se olvido de cómo respirar mientras veía a esa diosa sensual, y más aun cuando separo la piernas dejándole ver que las bragas que llevaba tenían una abertura justo en el centro de su ser. Su miembro se removió como si tuviera vida propia cuando vio esa zona tan intima de un hermoso color coral. Suigetsu izo intentos de abalanzarse sobre ella, pero la muy ladina le empujo al sofá. El espectáculo no había terminado.

Karin rió ante el deseo evidente que mostraba el albino. Iba a ser más divertido de lo que pensó. De manera sensual, la pelirroja le dio la espalda, se inclino en la plataforma, hasta quedar a gatas. Dándole un vista gloriosa al hombre atrás de ella.

Suigetsu estaba haciendo esfuerzos por contenerse, en verdad lo estaba haciéndolo. Ver a Karin de esa manera era una vendita fantasía hecha realidad. La pelirroja era bastante desinhibida, pero siempre encontraba la forma de sorprenderlo y enloquecerlo más. Y ese espectáculo era otra de esas formas.

El albino ya se sentía incomodo en el sillón, ya que sus pantalones solo eran una molestia sobre su sensible carne. Erguido, caliente, duro, así sentía su miembro el albino mientras veía a ese diablesa gatear de espaldas a él, cuando estaba de nuevo al límite de la pequeña plataforma, volvía a levantarse, siguiendo el ritmo de la música.

Karin media el nivel de excitación de su esposo, y si por el bulto en su entrepierna era, este estaba más que listo para el siguiente paso. Recogió una pequeña fusta de tiras que había dejado en el suelo, y de manera sugerente, comenzó a deslizar por su cuerpo el mango de dicho juguete. Lo paso por sus senos, por su vientre, y lo deslizo por el centro de su cuerpo.

Suigetsu jadeo, era demasiado. La pelirroja del infierno estaba pasando el mango de la fusta por lo que era suyo!

Karin gimió quedo cuando paso el duro plástico por tan sensible zona. No podía negar que todo el jueguito también le había excitado a ella, y más sabiendo que cuando permitiera que Suigetsu la tocaría seria un encuentro ardiente. Volvió a deslizar el juguete, esta vez ejerciendo un poco mas de presión sobre su clítoris, provocando que el gemido que escapo de sus labios fuera un poco más fuerte. Obviamente, el juguete estaba completamente esterilizado, no jugaba con su salud, ni siguiera por provocar a su marido.

Jadear ya era muy poco para lo que el albino quería hacer. La muy descarada se había ruborizado con el movimiento de esa cosa sobre su territorio. El no la había tocado en una semana y ahora la muy…se estaba masturbando frente a el!

Suigetsu se levanto del sofá y fue hasta la puerta en menos de dos segundo, termino de cerrar el círculo y se encero con su esposa. La pelirroja, sonrió abiertamente cuando vio las acciones del otro, pero volvió a gemir cuando en un acto más de provocación, deslizo una vez más el juguete sobre su clítoris.

Suigetsu camino hasta Karin, viendo como de estaba mordiendo los labios solamente para provocarlo. Mirándola a los ojos, una vez estuvo frente a ella, le dijo;

— Se acabo el juego zanahoria.

Suigetsu trato de sujetarla, perlo Karin dio un pasa atrás, no quería que la atrapara, tendría que provocarlo un poco más, o eso creía ella, ya que en un rápido movimiento el albino la aferro por las rodillas, quedando su cara justo en el centro de su estomago. La plataforma no era muy alta mas la altura de los zapatos le daba el tamaño suficiente para que el albino quedara en esa posición.

Las manos de Suigetsu comenzaron a recorrer los muslos de Karin, se deslizaban suavemente sobre la delicada tela de las medias. Mientras sus manos cambiaban la dirección hacia las redondeces ocultas por el encaje, el albino comenzó a morder y halar los lazos negros del corsette de la pelirroja.

—hmnn — gruño un poco cuando sus manos se llenaron de las nalgas tersas cubiertas por encaje. Deslizando las manos se dio cuenta que la abertura que había visto en la prenda, se extendía también a la parte trasera, haciendo que fuera una prenda más obscena. Le encantaba.

Por su parte Karin se sujetaba a Suigetsu poniendo las manos en sus anchos hombros, cuando las manos del albino comenzaron a recorrer sus muslos, no pudo evitar reaccionar con escalofríos que se concentran en su delicado y expuesto centro. Sus manos se deslizaron por los hombros y el cuello del albino.

Suigetsu no tenía mucha paciencia. Toda esa semana de sinsabores con su zanahoria le estaban pasando factura. Ese traje, ese baile, era demasiado.

Olvidándose de los lazos del corsette la levanto y la llevo consigo hasta el sillón donde había estado sentado antes. Volvió a sentarse dejando a Karin a horcajadas sobre sus caderas. Tan pronto la tuvo a su alcance la sujeto por la nuca y tomo por asalto su boca.

Karin solo podía corresponder. Si bien su plan era enloquecerlo de deseo nunca pensó que llegaría a ese punto de pasión. Normalmente era un hombre fogoso, y añadiéndole la abstinencia de una semana más las discusiones sin sentidos, se podía decir que estaba, literalmente, loco de lujuria.

Suigetsu asalto esa cavidad sin ninguna tregua. No eran besos cortos, ni siguiera eran besos húmedos, no, eran beso sucios y profundos, de esos besos donde no podría haber testigos. Su lengua saqueaba la ajena en una danza candente que despertaba todos los sentidos. La saliva era intercambiada con rapidez, los dientes mordían los labios contrarios. Era todo un espectáculo mientras su mano la mantenía sujeta todo lo cerca que se podía.

Mientras con una mano la sostenía de la nuca, con la comenzó a hurgar entro los encajes de la falda, encontrando con facilidad la abertura de la prenda interior, y su objetivo. Estaba húmeda. Muy húmeda. Pero no se entretuvo en los pliegues que guardaban su objetivo, y sin pausa introdujo dos de dedos en su centro.

— Ohm — trato de jadear la pelirroja cuando sintió la presión que ejercían los dígitos de su marido en su sensible carne, pero no pudo, ya que la lengua del albino no había abandonado su campaña de conquistar su boca.

Suigetsu no estaba para rodeos. No estaba para preliminares románticos ni nada por el estilo, solo quería tomarla como si de un animal se tratara. El olor embriagante de la pelirrojo le lleno la nariz, acercándolo más al abismo de locura pasional. Liberando sus labios la miro un momento, sonrojada, jadeante, con su hermoso cabello pelirrojo en esos rizos que la hacían ver tan exótica…era solamente una diosa. Su diosa.

Sin dejar de mover sus dedos en el interior de su mujer, Suigetsu se fijo en el lindo encaje que cubría los turgentes pechos de su amada. Y con una simpleza pasmosa lo rompió con sus puntiagudos dientes. Mordió la delicada tela hasta liberar los picos rosáceos que lo llamaban, y sin demoro llevo uno al interior de su boca.

Karin no era dueña de su cuerpo. El se había apoderado de su ser. Lo sentía en todas partes. Y ella no se resistiría. Solo podía sujetarse de esos fuertes hombros o enterrar sus manos en las sedosas hebras blancas.

Por ello cuando tomo por asalto su boca solo Gimió, cuando su sexo fue invadido por esos dedos, solo jadeo, cuando su pecho fue succionado con fuerza, solo grito.

La música seguía sonando alta desde las bocinas, si se detenía un poco podría escuchar los pasos de los clientes que comenzaban a entrar al local, pero eso no importaba, el tenia un solo objetivo; placer. Por eso dejo un sendero de marcas de dientes y de saliva caliente desde un pecho al otro, mientras sus dedos seguían dando vueltas en el húmedo centro de su amada. Su pantalón apretaba su sensible sexo y con los movimientos casi inconscientes que hacia Karin con sus caderas, se estaba friccionando con la dura tela.

— Gmnnn — dejo se chupar los rozados pezones para deleitarse por un momento de la cara de la pelirroja. Saco los dedos empapados de su centro, y los llevo hasta los labios de Karin —prueba a que sabes, zanahoria.

Karin llevo al interior de su boca los dedos que le ofrecían y degusto el sabor almizclado de su excitación. Chupo los deseos hasta extraer la ultima gotas de sus fluidos, mientras no apartaba su bermeja mirada del albino. Su lengua se deslizaba entre esos dedos, y succionaba haciéndole una felación a los dígitos ofrecidos.

Suigetsu no pudo mas, con su otra mano, desabrocho sus pantalones y dejo libre su necesitado miembro. Aun con sus deseos en la boca caliente de Karin, se alzo un poco del asiento y bajo sus pantalones lo suficiente para que su palpitante carne quedara totalmente libre. Retiro los dedos de la boca ajena, y sujetando a Karin de la cintura la elevo lo suficiente hasta posicionarla sobre su miembro, y de un solo movimiento entro en ella por completo.

Otro grito que la música acallo.

Karin sintió como las paredes en su interior eran separas para albergar ese pedazo de carne caliente y palpitante, que de inmediato comenzó a envestir en ella. Un grito siguió a otro, y más aun cuando el albino decidió que sus pechos eran su cena, y comenzó a chuparlos y morderlos a medida que el mismo la subía y bajaba sobre su dura erección. Estaba perdida.

— tks, ¿que querías? — logro preguntar el albino mientras su miembro era deliciosamente apretado por el caliente interior de su esposa — ¿c-cual era tu…gmnnn…plan?

Karin apenas escucho y entendió sus palabras, pero de nada sirvió. El albino del demonio quería dejarla afónica de tanto gritar de placer, pues paso de morder sus pechos a pellizcar ligeramente su clítoris.

— AHHHHH…..— otro grito que rivalizaba con la música. Su cuerpo entero tembló mientras seguía siendo llenada por la hombría de su marido.

Suigetsu no cesó de envestir, no dejo de pellizcar el centro de placer de Karin, comenzó a alternar un pellizco con una succiona a su pecho. Mordía, chupaba, pellizcaba. Mordía, chupaba pellizcaba. Mordía, chupaba, pellizcaba. Una y otra vez.

Karin estaba a punto de correrse . Su cuerpo estaba siendo bombardeado por un sin número de sensaciones placenteras que ya estaban rebasando el límite que podía soportar. Solo era consciente que se sujetaba de sus hombros, y que se movía al ritmo castigador que él había impuesto.

— n-no…p-pue...do…mas….— Dijo entre jadeos la bermeja.

Suigetsu también estaba a tope. Pero aun podía ser un poco malvado.

— tks, ¿que qu-quieres más? — dijo el albino sonriendo — como pidas, zanahoria.

Karin sintió como era alzada y de un momento a otro estaba con la espalda sobre la plataforma, sus piernas eran separadas por las manos de Suigetsu, como si formaran una gran V por un momento fue consciente que aun tenía los exagerados zapatos de tacón y que eran muy bonitos. Pero todo pensamiento lógico se olvido, cuando el desgraciado que tenia por marido, envistió en ella como si quisiera llegar a su ombligo.

No se contuvo, no de detuvo. Estrello sus caderas con toda la potencia que le daba la lujuria ciega.

— AHHHHH — quince segundo en esa posición y Karin gritaba como posesa. Lo sentía tan profundo. Veinticinco segundos y su cuerpo comenzó a tensarse anticipando la inminente liberación. Y justo al segundo treintaicinco sintió como todo su mundo se perdía en un mar de temblorosas y placenteras contracciones que se liberaban desde su vientre y dejaron su cuerpo convertido en una masa temblorosa de placer.

A Suigetsu le tomo solo quince segundos más correrse potentemente dentro de la pelirroja. Cuando sintió como su miembro era exprimido por esas cálidas paredes fue casi morir. Solo bastaron tres envistes mas para derramarse gloriosamente, dejando salir al tiempo un gruñido tan sensual que si Karin estuviera un poco mas consiente se habría excitado de nuevo.

Con el cuerpo sudoroso, pero deliciosamente satisfecho, el albino se fijo mejor en su amada. Tenía los ojos cerrados, la respiración aun acelerada, también estaba cubierta por una capa de sudor, e incluso saliva en algunas partes. Aun tenía sus piernas abiertas, y aun estaba dentro de ella. Parecía totalmente agotada.

— tks, si crees que esto es todo, te equivocas, zanahoria. — dijo mientras salía de ella y soltaba suavemente sus piernas. Karin parecía no escucharlo. Se tomo unos minutos para retomar fuerzas y planear lo que haría. Para él la noche apenas comenzaba.

El albino se acomodo los pantalones, y se quito la chaqueta que no se había retirado en todo el rato del espectáculo y el sexo, con la prenda cubrió a Karin y la tomo en brazos. Abrió la puerta corrediza, y se encontró con el local casi lleno. Diviso a su amigo en la barra, justo donde lo había dejado, y sonrió al darse cuenta que el sabia de todo ese numerito.

Con su amada dormida, se acerco al de cabello naranja.

— buena sorpresa me lleve — comento al otro. Este solo serio y vio a Karin en sus brazos.

— Supongo que no está durmiendo por que la hayas golpeado — comento Juugo

— En cierta forma sí, pero de la mejor manera — sonrió ladinamente — ahora me voy a casa.

El de cabello naranja saco unas llaves del bolsillo y se las tendió al albino.

— Esta aparcando en la puerta de atrás. Que te diviertas. — le deseo por ultimo.

— Gracias amigo. — dijo por ultimo. Tomo las llaves y se fue del local.

*****Un baile a tu gusto*******

Era increíble. Sencillamente increíble.

O eso pensaba Karin. Estaba sentada en la cama, cubierta solo por la sabanas arrugadas de la cama, y bebiendo una taza de café. Estaba tratando de asimilar todo lo que había pasado la noche anterior. Suigetsu era un pervertido.

Después que se durmiera en el club, de puro placer, se despertó cuando estaba en su casa, con un vaso de una bebida energizarte y con un Suigetsu más que dispuesto a seguir la noche, y vaya que la siguieron.

Cinco veces más. Con un total de nueve orgasmos para ella, cinco por coito, y los demás…de otras formas. La verdad cuando Karin planeo el juego, paso por alto que su amado esposo era un pervertido en la cama, y que cuando se disponía a hacerla llorar de placer, lo hacía.

Por ello, se encontraba en ese momento sentada disfrutando del café, ya que no podía hacer nada más.

Estaba deliciosamente cansada, incluso había pedido el día libre.

El albino salió de la ducha, con la típica toalla en las caderas y una en secándose en cabello. Con deleite, la pelirroja vio las marcas que el albino exhibía orgullosamente.

— oi...aun no has dicho por qué hiciste todo eso. — dijo el albino mientras se terminaba de secar el cabello. Y se encaminaba al espejo cerca del closet.

— Solo quería darte una sorpresa. — respondió la bermeja mientras contaba disimuladamente cuantas marcas tenía el cuerpo de su esposo. Aunque, para ser sinceros, el de ella no estaba en mejores condiciones.

— y claro que me la diste — entro al closet, y comenzó a vestirse. Una vez ataviado con una ropa casual se acerco a la cama y se sentó al lado de su amada — toma.

Karin vio que le extendió un pequeño sobre. Dejando la taza de café en la mesa de noche lo recibió, abriéndolo de inmediato y sacando una reservación para el hotel ''Le Romance'' en Francia.

— Estaré libre el próximo vienes, hasta el martes siguiente organiza todo — la pelirroja estaba con la boca abierta, — claro si aun quieres ir a nuestro aniversario y de compras — dijo como si nada.

La bermeja, olvidando su cansancio, solo atino a lanzarse y abrazar a su loco esposo.

— ¡Claro que quiero!

Sonriendo ladinamente, Suigetsu abrazo a su esposa. Ese sería un viaje increíble.

Juego de Reina.

Objetivo; aniversario en parís, y cambio de guardarropa en la semana de la moda parisina.

Estatus…conseguido.