Título: La clase 2-A y mi nuevo tutor

Ayer, domingo, me lo pasé muy bien. Kayano y yo terminamos de ver todo el recinto escolar ya que el sábado no pudimos. En nuestra defensa diré que la escuela es demasiado grande. También aproveché para pasar otra vez por la sala de música, pensé que allí vería otra vez a cierta persona al cual no se su nombre, pero no fue así. Cuando pienso en eso, me entristece un poco, aunque no sé porque…

Pero dejando a un lado los recuerdos del día anterior, me concentro en lo que tengo delante… mi futura nueva clase, el aula 2-A. Estoy un poco nervioso, después de todo ya hace algunas semanas que empezaron las clases y también es extraño que a estas alturas alguien sea transferido. Con mi uniforme de chica y mi cuerpo rígido, llamó a la puerta con dos toques. Espero con paciencia que el profesor me dé permiso para pasar. Sé que solo tarda segundos en contestar, pero a mí me parece minutos.

Oigo la voz de un hombre adulto diciendo "Adelante". Antes de entrar respiro con profundidad para relajarme y no demoro mucho en conseguirlo. Se puede decir que es una de mis buenas cualidades; la de calmarme con rapidez o la de mantener la calma en situaciones difíciles.
Abro la puerta con la gracia de una "chica refinada", cómo me enseño mi madre y entro en el salón. Le doy una reverencia al profesor y prosigo en darle mi nombre junto a una dulce sonrisa, nunca se está de más ser educado. El profesor me mira minuciosamente de arriba abajo. Aunque su examen visual solo dura escasos segundos, no me da una buena sensación. Su mirada es extraña. Al terminar de ¿evaluarme?, afirma sutilmente la cabeza para sí mismo y esboza una sonrisa la cual me da escalofríos.
Me da permiso para adentrarme en el salón. Mientras cierro la puerta de detrás de mí, él aprovecha para presentarme como una nueva alumna. Me acerco en donde se encuentra el profesor pero me detengo a unos cuantos pasos lejos de él. No sé porque no me da mucha confianza. Seguramente solo sea porque todo es nuevo por mí, pero por el momento prefiero ser precavido. Al girar para encarar a la clase, veo como todos los alumnos me miran fijamente. Algunos susurran entre ellos mientras me ven con interés. Esto hace que mis nervios vuelvan, pero exteriormente aparento estar tranquilo. Manteniendo mi sonrisa anterior me presento.

- Hola, mucho gusto conoceros. Me llamo Shiota Nagisa y a partir de hoy seré una alumna más de la clase 2-A. Fui transferida des de una escuela de Fukushima. Es la primera vez que vengo a la capital. Espero que podamos ser buenos compañeros y amigos. Aún hay muchas cosas que no conozco de la escuela, por eso puede que cause algún problema pero me esforzare para aprender. ¡Un placer! – termine mi pequeña presentación con una reverencia y con un leve sonrojo de vergüenza. No soy muy bueno con este tipo de cosas.

Sorprendentemente tengo un buen recibimiento. Mis compañeros de clase me aplauden como símbolo de aceptación. Al levantar la cabeza veo como cada uno de ellos me regala una sonrisa, eso me quita un gran peso de encima. No puedo evitar que ahora, una sonrisa de verdad surja de mis labios.

- Muy bien, muy bien, silencio. – el profesor intenta acallar los cuchicheos dando algunas palmadas suaves en su pupitre. – Buena presentación Shitoa-san. Yo me llamo Takaoka Akira y soy el profesor de historia. Ahora que se han terminado los saludos, tu sitio será al lado de… Sugino Tomohito. – me dice el profesor con una sonrisa, la cual me sigue dando una mala vibra.

- Sí, Takaoka-sensei. – inmediatamente me dirijo a mi nuevo asiento.

Una vez en mi mesa, los compañeros más cercanos a mí me dan la bienvenida. Eso me hace inmensamente feliz, parece que no será muy difícil llevarme bien con todos ellos.
Las clases transcurren con naturalidad. Las lecciones de todas las materias son mucho más elevadas que en mi anterior escuela, pero nada que un poco de autoestudio no pueda solucionar. El primer periodo termina sin ningún incidente. Uf… parece que he estado nervioso para nada.
Al ser la hora del almuerzo, todos los alumnos de la clase se acercan a mí y empiezan a bombardearme con preguntas. Me hacen tantas que ya no me acuerdo ni de la mitad.

- Chicos, tranquilos, la estáis agobiando. Si tenéis preguntas hacedlo uno por uno. – habla un chico muy apuesto y alto. Tiene el pelo de color castaño oscuro. Su cara es estilo "príncipe", delicada pero a la vez varonil, junto a unos ojos color miel. Una gentil sonrisa adorna su rostro.

- ¡Si! – dicen todos a la vez, haciendo caso a lo que el otro dice. Vaya control que tiene ese chico sobre los demás.

- Hola, mucho gusto. Soy el presidente de la clase Isogai Yuma. Si tienes alguna pregunta no dudes en preguntarme a mi o a cualquiera de nosotros. Te responderemos encantados. – me habla otra vez el mismo chico. Aún no lo conozco del todo, pero me da la sensación de que es una buena persona.

- Un placer Isogai-san.

- Oh! Me puedes llamar sin honoríficos y creo que a los demás también ¿no, chicos? – todos afirman con la cabeza como respuesta.

- Entonces así lo haré, vosotros también, simplemente llamadme sin honoríficos y si queréis me podéis llamar por mi nombre. – les respondo con una gentil sonrisa.

Todos ellos se van presentando en orden y me hacen alguna que otra pregunta. No me acuerdo de todos los nombre pero si de la mayoría. Es bastante difícil recordar veintiocho nombres de golpe, pero no imposible.
El receso pasa en un parpadeo. Vuelven a empezar las clases y en el siguiente descanso los demás se vuelven a acerca para invadirme otra vez con preguntas, pero también me explican muchas cosas de ellos.
El día se me pasa volando. Las clases ya terminaron y cada alumno se dirige a su respectivo club. En esta escuela es obligatoria apuntase a uno.
Yo aún no he escogido uno, para ser exactos no tengo ni idea de cuales hay.

- Shiota, el tutor me pidió que al terminar las clases fueras a verlo. – me dice Isogai.

- ¿Tutor?

- Así es. Cada clase tiene un profesor a cargo, quien nos guía y al cual le podemos preguntar nuestra dudas, ya sea académicas o personales. Seguramente te ha llamado para hablarte sobre la escuela.

- Mm… entiendo, ahora voy.

- Bien, entonces aquí tienes. – Isogai me da un papel con un pequeño mapa. Sin duda… es sorprendente que necesite un mapa portátil para llegar a un aula. ¿Se puede saber cuánta diferencia hay entra esta escuela y una normal?

Le doy las gracias y me dirijo a ver el tutor. Demoro unos largos diez minutos en llegar.
¡Esta escuela es demasiado grande!
Dejo escapar un suspiro. Tardaré una temporada en acostumbrarme a todo esto. Una vez delante de mi objetivo llamo a la puerta. Un "adelante" con tono juguetón no se hace esperar. Al escuchar dicha voz mi cuerpo se tensa en un instante, mi corazón acelera un poco su ritmo, las manos me empiezan a sudar y mis mejillas se tiñen de un suave carmín.

- E-esta voz… es la de él. – No puede ser…

Mis pensamientos son interrumpidos por otro "Adelante", pero esta vez se escucha más fuerte. Recobrando mi ritmo normal de latidos y eliminado mi sonrojo, abro la puerta, me adentro en la sala y cierro la puerta de detrás de mí.
Mi ojos color cielo chocan con otros de un color ya vistos anteriormente. ¡Sí, es él! El hombre del aula de música.

- Je… Parece que nos volvemos a ver, Shiota Nagisa. – me habla él.

Esta sentado de perfil en la única mesa de trabajo de la habitación. Una pierna la tiene flexionada sobre la mesa y la otra apoyada ligeramente en el suelo. En sus manos tiene un libro pequeño. La verdad es que esta con una pose muy sexy…
¡Espera! ¡¿En qué demonios estás pensando Shiota Nagisa?! ¡Saca estos pensamientos de tu mente!

A diferencia de la otra vez, lleva unas gafas con una fina montura negra. Aunque se encuentra de perfil, su rostro está un poco virado hacia mi dirección. Sus ojos color cobre me miran fijamente a través de las lentes. No puedo evitar que un – traicionero – sonrojo coloree mis mofletes.
Otra vez mi corazón empieza a alborotarse. En estos momentos es cuando me encantaría poder controlar por completo las reacciones de mi cuerpo.

- Usted… ¿Es el tutor? – le pregunto un poco extrañado e intentando apaciguar mi sonrojo, al cual estoy seguro que se ve bastante al tener una piel tan blanca.

- Así es, me llamo Akabane Karma. ¿Eso te parece raro? – me pregunta con esa misma sonrisa juguetona al cual ya le caracteriza.

- Um… un poco. Parece muy joven como para ser profesor.

- Mm… supongo que sí. ¿Tienes curiosidad sobre mí, Shiota-san? – me pregunta mientras deja a un lado el pequeño libro. Se levanta y se acerca en donde me encuentro.

Escasos segundos atrás había logrado calmar mi corazón, pero la cercanía del otro hace que mis esfuerzos se vayan al garete. Cada paso suyo, son diez latidos sin control producidos por mi órgano.

- S-supongo que un poco. Cómo todos, ¿no? – al terminar de hablar, él se detiene muy cerca de mí. Tengo que levantar la cabeza ya que es mucho más alto que yo.

- Mm… "Cómo todos", ya veo. – no entiendo que quiere decir con su "ya veo", pero sus ojos están fijos en mí. Eso no me ayuda a calmarme, aunque creo que exteriormente aparento bastante tranquilidad. O eso espero.

- Akabane-sensei, no hace falta que utilice honoríficos conmigo. Usted es un profesor y mayor que yo, por lo tanto no hace falta que sea tan educado. – Estoy intentando cambiar de tema, espero que funcione.

El me sigue mirando fijamente, cómo si no quisiera perderse ni un detalle de mis reacciones. Tarda un poco en responderme, pero lo hace. Aunque de un modo un tanto… demasiado cercano.

- Je… entonces lo haré como tú me lo has pedido, Na-gi-sa. Por cierto, llámame Karma-sensei.– Dice mi nombre de forma juguetona. Pero esta vez su voz suena más profunda y… ¿seductora?

Su rostro se encuentra muy cerca del mio y cuando digo muy cerca, es MUY cerca. Por instinto me hago para atrás, chocando así, con la puerta. Pero la distancia no aumenta ya que él insiste en reducirla. Nuestras miradas chocan una con la otra. Me puedo ver reflejado en sus lentes. Nuestros labios están tan cerca que hasta cuando nuestros alientos salen de nuestras bocas, se mezclan entre ellos en medio del aire.

- Y-y-yo me refería que me podía llamar simplemente Shiota, n-no Nagisa. – digo tartamudeando. Aii… que vergüenza, parece como si no supiera hablar. Mi rostro seguro no puede estar más rojo.

Él, al ver mi reacción ensancha mas su sonrisa. Eso de algún modo me molesta un poco. Parece divertirse molestándome.

- Entonces… ¿no te puedo llamar por tu nombre, Nagisa? – me pregunta. Su forma a la hora de llamarme es un poco rara. No sé porque pero de alguna manera mi cuerpo se estremece al oír esa palabra salir de sus labios. No sé si es por la cercanía a la cual no estoy acostumbrado o por su tono de voz. O puede que sean las dos cosas…

- ¿Eh? N-no, yo solo decía… em… Puede llamarme como más le guste. Estoy acostumbrada a que mis amigos me digan Nagisa, así que no me molesta si decide llamarme igual.

Veo que se lo piensa o eso me parece, ya que no dice nada. De repente, mientras estoy absorto mirándolo y esperando una respuesta, siento el cálido tacto de su mano posarse en mi rostro. Al percibir dicho contacto, cierro fuertemente los ojos. El pulgar de su mano diestra, se sitúa encima de mi mejilla izquierda y siento como hace una pequeña fricción. Solo dura escasos segundos, lo cual realmente me resultan muy cortos. Inmediatamente después de esta acción, retira su mano de mí. Este pequeño roce, me ha gustado. La verdad, me ha parecido muy cálido y gentil.
Mientras intento gravar en la mente el calor de ese escaso contacto, él, se vuelve a erguir ya que se encontraba un poco encorvado para estar a la misma altura que el de mi rostro. Entretanto, yo vuelvo a abrir los ojos.

- Nop, está bien. Por el momento te llamaré Shiota. Por cierto, tenías una pestaña. – me dice con un tono más normal y no juguetón como anteriormente. Este cambio en su forma de hablar me extraña un poco, pero no digo nada. Aprovecho la lejanía del otro para finalmente calmarme y bajar el rubor de mi rostro, al cual, ya seguramente empezaba a parecer un tomate maduro.

Él se gira de espaldas contra mí y se dirige hacia un gran sillón de oficina al cual está detrás de la gran mesa de trabajo. Se sienta, abre uno de los cajones del pupitre y saca un libro delgado junto algunas hojas grapadas.

- Ten. En este libro hay todas las normativas de la escuela y de los dormitorios. En estas hojas hay algunos cosas que tienes que leer y firmar. No hace falta que lo hagas ahora, me lo puedes entregar mañana después de clases. – su tono ahora es mas profesional, pero no deja de tener esa tonalidad traviesa que tanto le caracteriza.

Me acerco hacia él. Cojo las cosas que ha dejado sobre la mesa y leo por encima lo que pone en las hojas grapadas.

- ¿Eso es todo, Karma-sensei?

- Sí. Mañana después de clase vuelve aquí con los papeles firmados.

Afirmo con la cabeza. Al ver que no tiene nada más que decirme, me volteo y me dirijo hacia la puerta.

- ¡Ah, sí! Se me olvidaba – al oírlo viro mi cuerpo hacia él – Antes dije que por el momento te llamaré Shiota, pero en un futuro muy cercano haré que me pidas que te llama por tu nombre. Espero que desees que llegue ese momento taaaanto… como yo. – habla Karma-sensei lleno de diversión y de forma muy seductora junto a una gran sonrisa. Ahora puedo decir con seguridad que no me estoy volviendo loco. Este profesor me habla de forma sensual… muy, muy sensual. No es mi imaginación.

Me lanza una mirada que no puedo describir. Solo sé que en este momento me siento como si estuviera desnudo delante de él. Rápidamente me despido con una reverencia y salgo del cuarto. Con pasos apresurados me alejo lo más que puede de ese lugar. Una vez fuera del edificio, me siento seguro. Un suspiro sale de mis labios.

Jamás un encuentro me había agotado tanto cómo el que acabo de vivir. Bueno, sin contar los momentos con mi madre. Con las fuerzas absorbidas por haber estado con Karama-sensei, me dirijo a mi habitación a descansar un poco.
A ver si puedo recobrar – un poco – la calma que se supone que me caracteriza tanto. Ai…