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proyecto: paparazzi
capítulo tres
Diciembre, 2012.
Lexa miró agotada los apuntes de biología que tenía en la mesa, le aburría en sobremanera la asignatura, pero sabía que la tenía que aprobar, si quería seguir estudiando y aunque su tía Nia le había dicho mil veces que dedicarse a ser modelo daba mucho más dinero que ser escritora o editora, a ella le importaba bien poco y seguía a lo suyo, sumergida entre apuntes y libros cuando no estaba en alguna sesión de fotos o cuando no estaba con ella, con Costia.
Una sonrisa boba se pintó en su rostro cuando pensó en ella, en su sonrisa, en su pelo, en sus ojos caramelo o en sus labios. Soltó el bolígrafo y tomó su teléfono para mandarle un mensaje, pero cambió de opinión al recordar que seguramente estaría ahora mismo cenando con su familia.
Ella que podía...
Justo en ese momento, antes de que su cabeza viajase a un lugar que no quería visitar, el timbre de su casa sonó. Frunció el ceño, pues no esperaba visita la víspera antes de navidad ya que toda su familia (o lo que quedaba de ella) estaba en Australia, aun así, se bajó del sofá, olvidó completamente la tabla periódica, y se dirigió directamente a la entrada rogando que su tía Nia no hubiera decidido volver antes de lo previsto porque no quería aguantarla.
—¿Quién es?
El timbre sonó, más bien, se volvió loco, la persona que estuviera detrás de la puerta tenía mucha prisa para entrar y aunque eso tendría que haber asustado a Lexa, le hizo gracia porque sabía perfectamente quien era la causante. Una pequeña lágrima rodó por su mejilla, pero ella la apartó de un golpe seco, no era momento de llorar, era el momento de vivir al máximo.
—Hola, garbancito, ¿me echabas de menos?
Lexa soltó un gritito de júbilo y se lanzó a los brazos de la morena que soltó las bolsas que llevaba para recibir entre sus brazos a su novia que, vestida con un pijama rosa de conejitos saltarines, no tardó ni un segundo en dejar un reguero de besos por todas partes, desde el cabello rizado de una divertida Costia hasta sus labios que recibieron gustosos la atención de Lexa
—Estás aquí.
—Siempre estoy aquí, Lex.
Las dos chicas se fundieron en un nuevo abrazo porque juntas podían con todo, incluso con un año nuevo que se avecinaba repleto de problemas, lágrimas y pérdidas.
O eso creían.
Junio, 2016.
Lexa miró su reflejo en el espejo y sintió que era un falso recuerdo de lo que una vez fue, que nunca más sería esa chica que se reía por todo, incluso de los chistes malo, que vivía cada día como si fuera el último y que amaba con locura a toda persona que se adentraba en su corazón aunque fuera durante muy poco tiempo, porque para esa Lexa todo valía la pena.
—¡Heda! —le riñó la maquilladora cuando ella apartó la mirada del rostro reflejado en el espejo—. Si se sigue moviendo, no terminaré nunca.
No se disculpó, no se veía con fuerzas de hacerlo. Era la cuarta vez en esa mañana que alguien venía a maquillarla y ni siquiera tenía una sesión de fotos para justificarlo, y ya se estaba cansando, por lo que en cuanto la chica soltó el lápiz de ojos para coger otro producto, ella se levantó y se alejó del gran espejo que la miraba con superioridad, como instándole a que se atreviera a plantarle cara a sus recuerdos, pero no era capaz.
Se había pasado los últimos años encerrando sus recuerdos en un cajón en lo más profundo de su subconsciente, no iba a dejarse llevar, no podía perder el control.
—Señorita Woods, no he terminado…
—No importa —su voz sonó ronca, como si no le perteneciera, iba a ponerse a llorar en cualquier momento y no podía permitírselo—. Puedes irte.
—Pero la señora me dijo…
Lexa apretó los puños y se mordió la lengua con fuerza hasta sentir el sabor amargo de la sangre, todo valía antes de decir algo de lo que podría arrepentirse. No iba a malgastar saliva en Nia y menos si no estaba presente.
—Te he dicho que no importa. Yo me encargo de Nia —dijo con una sonrisa forzada, la pobre chica no tenía nada que ver con sus peleas interminables con Nia.
La maquilladora parecía que iba a decir algo más, pero Lexa se fue antes. Llevaba en ese maldito edificio demasiadas horas y todavía no era media mañana, así que lo mejor era salir un rato a tomarse un café en algún sitio o simplemente pasear hasta perderse en las grandes calles de la ciudad, antes de que perdiera la cabeza.
En el interior del ascensor sacó su teléfono y revisó la cantidad de mensajes que tenía sin responder, casi sin darse cuenta se encontraba releyendo los pocos mensajes que Clarke y ella habían compartido, un amago de sonrisa se dibujó en su rostro, ¿y si la llamaba? ¿y si le mandaba un mensaje preguntándole si desayunaban juntas?
No, no era buena idea. Clarke casi no había respondido a sus mensajes y se la veía bastante incómoda en sus cortas conversaciones para ponerla en un compromiso como ese aunque lo que en verdad temía Lexa, era una respuesta negativa.
CLARKE: Tengo que hacer algo, ya hablaremos.
mensaje enviado ayer a las 12:45h.
Guardó el teléfono justo cuando las puertas del ascensor se abrieron, tardó un minuto en distinguir a las dos mujeres que charlaban en recepción porque dos hombres trajeados se interpusieron en su camino, pero en cuanto estos se apartaron (se metieron en el ascensor), la reconoció y se le cortó la respiración.
¿Qué estaba haciendo allí?
¿Estaba alucinando a causa de la cantidad de cafeína que tenía en vena?
Obviamente no, la chica rubia que hablaba con Nia no era otra que Clarke, la misma que había charlado con ella un día antes o la misma que había besado hace casi dos días. Casi se atragantó con su propia saliva, su cabeza no trabajaba lo suficiente deprisa para averiguar qué estaba haciendo con Nia o cómo la habían dejado entrar, en primer lugar.
Su cerebro estaba estropeado porque no mandaba ninguna señal a sus pies para que se movieran ni a su boca para que dijera algo, por lo que se concentró en la ropa de Clarke, llevaba un traje con una camisa blanca ajustada, en realidad, todo el traje era ajustado, se amoldaba a su cuerpo como una segunda piel, o no era suyo o se lo habían hecho a medida para joder a chicas como a Lexa que no solo no podía moverse sino que encima estaba paralizada por la imagen y babeando.
Bueno, vale, quizá "babeando" era un poco exagerado, pero así era como se sentía ante la presencia de una Clarke trajeada.
Si reaccionaba así ahora, ¿cómo sería con una Clarke sin nada de ropa?
"No vas a ver a Clarke sin ropa, quita esa imagen de tu cabeza, Alessandra".
—Lexa, querida —el saludo de Nia la habría sacado de quicio en otras circunstancias, pero no fue así porque los ojos azules de Clarke se habían quedado fijos en ella, una sonrisa tímida se pintó en su sonrosado rostro—, ven, tengo que presentarte a alguien.
Y sus piernas se movieron, si Lexa fuera un personaje de televisión, seguramente se habría puesto a dar saltos de alegría por haber conseguido dar un par de pasos sin tropezar ni caer al suelo, pero como no era así, simplemente se quedó con las ganas y con ese tonto triunfo en mente.
—Buenos días —más que un saludo parecía un gruñido, ¿por qué su voz sonaba tan ronca de repente? ¿es que no podía actuar como una adulta? Claro que no, Lexa Woods tenía que parecer una niña nerviosa delante de la persona que le gustaba porque sí, porque…
"Un segundo, ¿qué?"
Borrón y cuenta nueva, ella no había pensado eso ni de casualidad, básicamente porque no se lo podía permitir, pero por si acaso no le dirigió ni una sola mirada a Clarke vaya que en algún momento Nia pudiera imaginar o entrever que ya se conocían o que había ocurrido algo entre ellas, aunque no fuera del todo verdad.
Era mucho más complicado que eso, se dijo, muchísimo más que dos chicas que se enrollan en un bar.
—Lexa, esta chica es Clarke —la rubia levantó la mano tímidamente en una especie de saludo, si Lexa no estuviera tan atontada como estaba se habría dado cuenta de que la fiera histérica de Nia se estaba comportando como un animalito dulce y cariñoso, y eso no era bueno—. Y Clarke, ella es Lexa, espero de todo corazón que os llevéis bien.
—Un placer, Lexa.
Clarke estaba nerviosa y Lexa pudo comprobarlo en sus movimientos torpes al querer interponerse entre Nia y ella para así tenderle la mano, pero lo que no sabía es que Lexa no iba a aceptar el saludo aunque quisiera ver lo que se sentía al entrelazar sus manos porque antes necesitaba saber el porqué estaba allí en primer lugar.
Una cosa es que le gustara volver a ver a Clarke y otra muy distinta es que hubiera perdido el sentido común.
Nia tuvo que notar su reticencia porque tomó el control de la situación en un segundo, rodeando los hombros de Clarke en gesto amistoso para así poder clavar sus ojos de arpía en los verdes confusos de lexa que tampoco tardó nada en poner una pose defensiva y lanzarle una mirada fría cargada de significado.
—Tienes que ser más amable, Lexa —dijo dulcemente, Lexa dibujó una mueca de disgusto, como Nia siguiera usando ese tono, vomitaría.
Se cruzó de brazos.
Y entonces lo supo, Clarke no había venido a buscarla porque quisiera una cita ni tampoco estaba allí por casualidad del destino, había venido porque Nia así lo había querido y aunque Lexa quisiera callar su vocecita interior sabía muy bien que esta tenía razón, Clarke era el medio para alcanzar la venganza que ansiaba desde el espectáculo del otro día, todo lo que había sucedido en ese local era una representación orquestada por Nia.
Esperaba que su cabeza estuviera delirando y no fuera verdad.
—Es tu nueva asistente.
Clarke agachó la mirada culpable.
La sonrisa petulante de Nia fue la gota que colmó el vaso, ya no necesitaba escuchar más para saber lo que estaba pasando, así que se dio media vuelta dispuesta a desaparecer durante un par de horas, pero Nia era mucho más cruel.
—¡Lexa! No puedes ir a ninguna parte sin Clarke, ¿lo has entendido?
Lexa soltó una carcajada amarga, Clarke no iba a ser una más de sus asistentas, no, su papel era mucho más horrible que eso, sintió el sabor amargo de la bilis entre sus labios, ¿cómo pudo ser tan estúpida? Clarke era una más de las arpías con las que trabajaba Nia y ella se había dejado engañar de la peor forma y si no había tenido suficiente, ahora tendría que convivir con ella durante todo el día.
No quería mirar a Clarke, no quería ver la maldad en sus ojos, pero fue inevitable.
—No necesito una estúpida niñera —escupió con odio, pero su mirada envenenada solo tenía una diana y esa era Clarke que no parecía entender del todo lo que estaba ocurriendo, Lexa negó con la cabeza—. No te quiero cerca de mí, Clarke.
Escupió su nombre con asco, como si darle forma a cada sílaba representase un esfuerzo innecesario y, por un instante, creyó que a Clarke le estaba afectando su reacción ya que sus ojos azules brillaron confusos y asustados, pero sabía que todo era una artimaña, que ella veía lo que quería ver y eso no era justo.
Pasó por delante de ellas para marcharse.
—Lexa… —sus brazos se rozaron levemente mandando una descarga eléctrica por todo su cuerpo, pero Lexa no se paró a escuchar la súplica en la voz de Clarke, en cambio, cerró los ojos y dejó que el aire le diera en la cara mientras las puertas del edificio Grounders se cerraba tras de sí.
Febrero, 2012
La habían rechazado para hacer el spot publicitario de un perfume que odiaba a muerte y aunque tendría que ser un alivio, no lo era, porque había malgastado muchas horas en su imagen para nada y encima había perdido el trabajo porque según el director "no daba el perfil" que traducido sería algo parecido a "estás demasiado gorda". Nia había puesto el canto en el cielo y ella simplemente había querido darle una patada en sus partes.
Y por eso estaba ahí, columpiándose en un parque solitario, en lugar de su clase de lengua donde quería estar.
—Hola, ¿de dónde has salido, garbancito?
Lexa paró el columpio bruscamente y se dio la vuelta encontrándose con la dueña de esa voz tan chillona de cabello rizado y ojos divertidos. No supo el porqué, pero se alejó del columpio y de la chica que la había llamado "garbancito" sin darle tiempo de explicarse y no la volvió a ver hasta dos semanas después. Era una noche lluviosa y ella había perdido el último autobús y esa chica, Costia, no dudó en ofrecerle su coche y aceptó sin pensar en las consecuencias porque se había pasado esos últimos días soñando con ella y necesitaba saciar su curiosidad, compartieron su primer beso, pero no el último.
Junio, 2016.
CLARKE: No ignores mis llamadas.
CLARKE: Por favor, Lexa, deja que te lo explique.
CLARKE: ¿Por qué eres tan borde, tía?
CLARKE: ¿Dónde estás? ¡RESPONDE Y NO ME DEJES EN VISTO!
CLARKE: Lo siento y que conste que no sé de qué me estoy disculpando.
CLARKE: :'((((((
mensajes enviados a las 11:23h.
Soltó el teléfono y tomó un sorbo de su taza de chocolate caliente, siempre que estaba triste o nerviosa, el chocolate le ayudaba, incluso en pleno verano con una temperatura que oscilaba los cuarenta grados, tal vez era por eso por lo que el camarero le puso mala cara cuando apuntó su pedido.
En otras circunstancias, le habría sacado la lengua como una niña pequeña, pero hoy no era un buen día para hacerse la graciosa, no sabía que era peor, que su pasado viniera a atormentar su presente o que la traición de Clarke le doliera tanto.
Suspiró.
—Y aquí estás —como si la hubiera invocado, Clarke se sentó en la silla libre que había a su lado y se hizo un moño con una goma del pelo que llevaba en la muñeca, todo esto sin apartar sus ojos azules de los verdes de Lexa—. Bien, ¿quién me iba a decir que estabas calle abajo? Llevo media hora dando vueltas.
—Pues sigue, no vayas a perder el ritmo.
Clarke recibió los gruñidos impertinentes de Lexa con una media sonrisa, parecía tan calmada, tan segura de sí misma que Lexa quiso echarle el chocolate caliente en la cara como venganza, pero claro, su cabeza no tuvo otra genialidad que recrear esa escena donde ella terminaba tomando el chocolate directamente desde los labios de Clarke no sin antes haber lamido su rostro.
Soltó la taza de chocolate casi a la mitad.
—No voy a irme sin explicarme —Lexa no comentó nada y Clarke siguió jugando con su pelo mientras hablaba—. Conseguí este trabajo por el servicio de empleo.
—¿Me tomas por tonta?
—No.
—Yo te voy a decir por qué estás aquí —apretó los puños clavándose las uñas en la piel de las manos para no saltar sobre Clarke y obligarla a hablar—. Nia quiere devolverme la patada, buscó a una de sus arpías y la obligó a que se riera de mí en una maldita fiesta de cumpleaños para después convertirla en mi niñera, ¿he acertado o es mucho más retorcido?
Y Clarke empezó a reír, fue una risa descontrolada, ese tipo de risa que se te escapa de las manos y que te hace olvidar que estas en un sitio lleno de gente. Lexa no apartó la mirada porque estaba fascinada, Clarke se sostenía el estómago con una mano mientras que con la otra daba unos ligeros golpes en la mesa, la fuerza de la risa fue tal que varias lágrimas escaparon por sus mejillas o eso le pareció a Lexa pues cuando quiso darse cuenta la rubia había escondido el rostro entre sus manos temblando.
—Un segundo que me recupere —suplicó entre risas—. ¿Por qué eres tan retorcida, Lexa Woods?
¿Por qué no ríes más a menudo, Clarke?
¿Por qué no eres tú misma las veinticuatro horas del día?
¿Por qué me haces todo lo que me estás haciendo?
No formuló ninguna de esas preguntas.
—El servicio de empleo me llamó ayer para ofrecerme una tanda de trabajos, todos eran una basura. Ni me veo limpiando casas, ni preparando comida basura ni mucho menos llevando el traje de un pollo para hacer propaganda —un escalofrío le recorrió el cuerpo mientras hablaba—. Ser la asistente de una modelo sonaba tan mal como lo otro, hasta que me dijeron tu nombre, entonces me dije: esta es la excusa que necesitabas para volver a verla.
Seguir cabreada era primordial, si había algo que caracterizaba a Nia era el trabajo bien hecho, pero en cuanto Lexa escuchó "excusa para volver a verte" todo lo demás quedó relegado a un segundo puesto porque para ella eso era lo que importaba, eso y el rostro colorado de Clarke mientras lo decía.
—Un mensaje habría servido igual.
—Necesitaba el dinero y tu jefa buscaba a alguien discreto —sacó del bolsillo su teléfono y empezó a escribir a la par que hablaba— para estar contigo y, como tú has dicho, para vigilarte.
Su móvil vibró y Clarke guardó el suyo.
CLARKE: Necesito una excusa para verte de nuevo.
mensaje enviado a las 11:47h.
Y esta vez fue el turno de Lexa de echarse a reír. Estuvieron charlando, al principio muy tímidamente sobre trivialidades, pero a medida que se iban soltando, de temas más personales, como los estudios, Lexa fue muy consciente que la rubia no había dicho exactamente qué estudiaba, pero como ella había dejado los estudios tras terminar bachillerato (el instituto) no quiso hurgar en el asunto, el amor o incluso la familia, que para ambas, eran temas tabús.
—Mi primer novio fue un idiota —frunció el ceño al recordarlo y removió su refresco con una pajita—. Solo pensaba en follar y en alardear de lo que "hacíamos" a sus amigos. No duramos mucho.
—¿Y después de él?
—Ninguno, me centré en estudiar y en demostrarle a mi madre que la medicina no era la única carrera del mundo.
Lexa sonrió con amargura, no quería meterse en el tema familiar porque las cosas nunca habían ido bien, desde que su padre enfermó y su madre decidió retirarle la palabra por su orientación sexual, Lexa había dependido exclusivamente de Nia y ella no había sido una buena "madre". Clarke pareció darse cuenta de su incomodidad por lo que cambió de tema.
—¿Y tú? ¿Siempre has sabido que te gustaban las mujeres o has estado con alguno?
—Tenía catorce años cuando me di cuenta que era diferente, fue gracias a Costia, ella lo cambió todo para mí.
—¿Es tu novia? —preguntó indiferente, Lexa percibió un ápice de celos y casi sonrió.
—Han pasado cuatro años, ella no está aquí.
—Oh, lo siento, no quería…
—No pasa nada, no podías saberlo —Clarke negó con la cabeza y en un arrebato tomó la mano de Lexa que estaba sobre la mesa, al lado de su teléfono, y la acarició con ternura, el contacto fue agradable casi íntimo—. Me has pedido una excusa…
Clarke asintió.
—Estamos obligadas a pasar tiempo juntas —rodó los ojos con indignación y las dos se echaron a reír—, supongo que tendremos que llevarnos bien.
—Pero muy bien, lo ha dicho tu jefa.
—Sí, por primera vez voy a hacerle caso —la mano de Clarke era cálida y encajaba perfectamente sobre la suya, tuvo miedo, al comprender lo que podía significar esa nueva y extraña amistad para ella, si en algún momento esa atracción indudable que sentía hacia la rubia tornaba a algo más, siempre sería ella la perjudicada, con la muerte de Costia se prometió así misma que nunca se expondría a enamorarse de nuevo y aunque no tenía por qué pasar, Clarke era especial y ella no podía luchar contra eso.
—¿Y qué vamos a hacer? ¿Voy a tener que acompañarte a una sesión de fotos a alguna filmación o algo así?
—Nope —se levantó de un salto, Clarke hizo lo mismo un segundo después, sus manos seguían entrelazadas—. Hoy vamos a divertirnos.
—Pero…
—Que le den a Nia y a mi agenda, no pienso contestar al teléfono.
—Es mi primer día no creo…
—Sin excusas, Clarke —dio un paso al frente y cubrió los labios rojos de la rubia con su dedo en una señal de silencio—. Tenemos que ver si somos compatibles para trabajar juntas, ¿no te parece?
Clarke asintió débilmente, no se veía capaz de pronunciar un simple "sí" mientras el dedo índice de Lexa siguiera en sus labios. La morena invadía su espacio personal en muchos sentidos, lo único que podía oler y ver era a ella, y lejos de molestarla, le encantaba, cada vez estaba más segura de que era un error trabajar junto a Lexa.
Lexa clavó sus ojos esmeralda en los labios húmedos de Clarke y tuvo la tentación de acortar las distancias para darle un beso, pero la rubia retrocedió.
—Nada de besos.
—Es una pena, supongo —se mordió el labio inferior a proposito para ver la reacción de Clarke y esta fue la esperada, se quedó embobada mirando el movimiento de sus labios—. ¿Estás segura de que no te gusto?
—Segurísima.
—Un "qué directa" me habría gustado más —bromeó, el camarero llegó para cobrar la cuenta y Clarke aprovechó ese descanso para recuperarse, lo que no sabía es que Lexa estaba haciendo lo mismo—. Vamos a hacer una cosa.
Caminan una al lado de la otra mientras observan los escaparates o las personas que van y vienen intentando adivinar que era de sus vidas cuando Lexa decidió recuperar el tema anterior.
—Como no queremos una relación incómoda he decidido sacrificar los besos esporádicos, no te volveré a besar si tú no me lo pides.
Clarke enrojeció y lanzó una rápida mirada a su alrededor, Lexa quiso ignorar ese golpe bajo y siguió hablando.
—¿Trato hecho, Clarke?
—Trato hecho —le ofreció la mano para que Lexa la estrechara, pero ella sonrió y le dio un pequeño beso en la comisura de los labios.
Clarke abrió la boca para protestar.
—Ven a ver esto —señaló una tienda de antigüedades que tenía en el escaparate una colección de velas y antes de que Clarke pudiera decir algo, tiró de su mano en esa dirección.
Lo que las dos chicas no sabían es que alguien, en el otro lado de la calle metido en un coche con las lunas tintadas, las observaba con ojo crítico esperando que Clarke Griffin no cometiera el error de olvidar el porqué estaba junto a Lexa Woods.
¡HOLA!
No está editado, siento si hay algún error, acabo de terminar el capítulo y hasta mañana por la tarde no puedo pararme a echarle un vistazo y no quería dejaros otro día más sin lectura, así que me disculpo de antemano.
Como siempre: muchísimas gracias y espero vuestra opinión.
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