N/A: No había podido actualizar con anterioridad porque habia tenido unos problemas algo graves con la computadora donde escribo esta historia, y aunque pude adelantar un poco en otra computadora, no podia actualizar por no tener este capitulo. Ahora, he podido recuperarlo, así que lo publico sin demora.

Nota super mega especial: Muchas gracias a la siempre leal Drekaas, al fin pude subir este cap :D!

Espero y este cap sea de su agrado :-)

Aclaraciones:
—Diálogo.
"Pensamiento"
Énfasis


El graznido de un cuervo fue coreado por el resto de la parvada en lo que se alejaban volando de las vías del tren, para dar paso a una vieja locomotora, una imponente C62, emblema del predio y claro guiño a la fascinación por la cultura oriental que tenía el jefe de la ciudad. El paso de la máquina le daba una idea de la hora que era, posiblemente las seis de la mañana. Estaba sentado en el árido suelo, que combinaba arena y piedras de la antigua South Station, al sur de South Town. Temblando con frecuencia, pero con la espalda contra un gran contenedor a modo de evitar un poco el frío aire nocturno, repasaba en su mente los hechos que se habían dado lugar hacía seguramente ya más de diez horas.

Primero que nada, Billy no confiaba en él, situación que le molestaba porque si bien era malo para el trabajo, también lo era para su ego. La costumbre de tener un "amigo", alguien con quien hablar, se desvaneció, no que tuviera algo importante que decir, pero le gustaba que Billy le prestara atención cuando presumía su habilidad tras haber matado a alguien o haber cerrado un negocio importante. El joven también hablaba, más que él, mucho más que él, pero lo escuchaba en silencio. Ambos sabían que no debían divulgar los secretos del otro y lo respetaban, mucho menos divulgar el secreto que tenían juntos. Se pasó una mano por la cara apenas, los restos de sangre seca que manchaban su guante y sus dedos eran la prueba de la desconfianza del inglés.

Sin confianza la cuasi amistad que conservaban se acababa del todo, pero era mejor así. La amargura que había quedado latente tras la expiración de ese amorío sin sentido que habían tenido, no dejaba que el dolor y la tristeza dieran paso a la aceptación y al perdón. Por lo menos por parte de Billy.

Porque por su parte, ya lo había superado.

Frio y duro como una locomotora apagada, no se permitía llenar de fuego, de algo bueno que lo hiciera sentir vivo, cosa que Billy había intentado con todo su ser. El muchacho tenía una personalidad explosiva. Era un tipo pasional, odiaba a rabiar o amaba a más no poder: Iori Yagami y la pequeña hermana eran pruebas de ello. ¿Pero él solo podía sentir odio? No, ni siquiera eso.

Él solo se sentía vivo haciendo daño y burlándose del dolor ajeno. ¿Pero es que así era todo realmente, y no había otro resultado posible?

— Hermano, tu sabrías que rayos decirme —conjuró en su mente el rostro de quien más había admirado en su vida, del hombre que le había enseñado todo lo que sabía, y que accidentalmente lo había convertido en lo que era. No recordaba cómo había pasado, pero la imagen de su jefe muerto era lo único que recordaba de aquel fatídico día. El día en que se había desprendido de su humanidad para siempre.

Una mancha negra nublaba sus memorias, sería inútil intentar recordar todo eso.

La vieja C62 había dado la vuelta y avanzaba por las vías que estaban más alejadas de él. Si ese armatoste funcionaba después de tanto tiempo, él también podría volver a funcionar. Tenía que darse una oportunidad, pero las oportunidades vienen, se van y no regresan si no han sido aprovechadas.

Pero su oportunidad aún no lo había olvidado.

Pasó su pulgar por sus labios, recordando el calor de los labios del otro y como había correspondido vorazmente al beso que le había dado. El rostro lastimado de Billy, manchado con su sangre al haber acercado tanto su cara invadió su mente. Que enfermo estaba, que roto estaba. El ingenuo Billy lo había intentado ayudar, sacarlo de la oscuridad. Despertarlo de la pesadilla. Apartarlo de la locura.

Tomó una pequeña piedra del piso y la lanzó tan lejos como pudo, si tan solo pudiera hacer eso con sus recuerdos. Fijó la vista en el amanecer tardío y en la neblina que se hacía presente en el ambiente. Estaba helando, ¿por qué le había dejado su abrigo a Billy? Eso le gustaba, lo recordaba bien, esa era su forma de decirle que le importaba.

Entonces, ¿qué le había querido decir al besarlo después de golpearlo ferozmente? Que le pertenecía, que era suyo, obviamente. Que a pesar de los años y la distancia aún tenía poder sobre él, aún podía hacerlo temblar. Pensar en la facilidad que tenía para dominarlo hizo arder su cuerpo y enloquecer sus sentidos, quiso salir corriendo a buscarlo y tomarlo donde fuera, contra lo que fuera.

Pero eso sería un error fatal, y Yamazaki no se podía permitir cometer errores.

Se levantó despacio y tras sacudir un poco el polvo en su ropa comenzó a caminar por donde había venido, en dirección al centro de la ciudad. El aire helado de la mañana calmó sus ansias egoístas y perversas, y aclaró su mente: primero hablaría un par de cosas con el rubio y después se prepararía para la pelea que le esperaba por el King of Fighters, aquella de la que le había dicho a Gato que se iba a ocupar al verlo en la entrada del hotel.

"¿Qué rayos estaba haciendo ese tonto ahí?" pensó, mientras volvía a repasar el recuerdo. En los días que habían pasado, no pudo evitar notar la cercanía evidente entre el par más joven. Conversaban bastante, compartían cigarrillos, iban y venían juntos….la situación le resultó bastante familiar.

Poco a poco dejó de avanzar y se detuvo, contemplando el horizonte con nostalgia. Billy no le debía la explicación que quería y ciertamente, no se la daría.

*/*/*/*/*/*

Un vaso de cartón de café en su mano y un blíster de analgésicos en el bolsillo de la chaqueta complementaban el semblante de cansancio absoluto que tenía Billy. Gato lo había sacado de la cama al alba para llevarlo hasta el parque donde habían pasado parte de la tarde el día anterior, con la excusa de que el aire fresco le ayudaría a recuperarse. Estaba sentado en el césped viendo como el otro practicaba unos movimientos de Kung Fu, sin tocar de casualidad ninguna planta, árbol o piedra. El manejo de la disciplina que dominaba lo maravillaba y le permitía quedarse despierto. Se terminó el café de su vaso, que se había enfriado mientras él admiraba al maestro en artes marciales que tenía al frente, quien sin más, se detuvo.

— ¡Eso fue excelente! —dijo mientras dejaba el vaso a un lado para aplaudirlo.

Gato caminó hacia él y se dejó caer a su lado, agotado. Movió apenas una mano en señal de agradecimiento frente a su amable comentario, que le había sorprendido, pues no acostumbraba recibir críticas positivas cada vez que practicaba. Billy dejó escapar una risa frente a su proceder.

— No te hagas el modesto ahora, ¡que no te creo nada!

— No es modestia, solo falta de costumbre, aunque fue agradable.

La presencia de Billy le daba un motivo por el cual practicar, por el cual hacerse más fuerte, tenía muy claro que tenía que poder protegerlo, y para eso primero debía ser un mejor luchador. Levantó la vista y allí estaban los moretones en su torso, la venda que pronto debería cambiar en su brazo, algunos cortes y moretones en su rostro, y por último lo que más le impresionaba: la marca de la brutalidad de Yamazaki en su cuello.

Billy ya estaba bien, por lo menos anímicamente. Le costó horrores levantarse de la cama, por simple pereza, y fue todo el camino hablando de una variedad de temas que le habrían resultado difícil de recordar. Podía moverse bastante bien y el cuerpo casi no le dolía, salvo por el horrible corte en su brazo. Ahora estaba riendo, mientras sacaba el blíster de su bolsillo y sacaba una píldora para masticarla, como si fuera un dulce.

— Hey, dime cómo es eso de que Yamazaki va a encargarse, no entiendo del todo la idea —Billy había hablado de todo excepto eso.

Gato gruñó, costumbre que creyó había perdido ya —: ¿Es muy importante entender eso? Creo que nos lo debe.

— Entonces —bostezó y se inclinó hacia adelante, acercándose más a él— ¿tenemos el día libre?

Se perdió en los ojos azul claro de quien lo interrogaba y admiró fugazmente ese rostro, que aunque algo golpeado, seguía resultándole bello. Inclinó su cuerpo hacia adelante y lo besó. Lo amargo del café y el medicamento que había tomado no restaron encanto en lo absoluto a aquel contacto, del que sentía cada vez necesitaba más. Lentamente para evitar cualquier tipo de torpeza que lo hiciera sentir dolor, lo tomó en sus brazos de forma protectora. Luego de escasos minutos que le parecieron haber durado mucho más, Billy se apartó despacio y sin mirarlo apoyó la cabeza contra su amplio pecho. Una tímida sonrisa que intentó disimular mordiéndose los labios adornaba su rostro, mientras escuchaba el acelerado ritmo de los latidos del corazón de Gato que poco a poco fueron disminuyendo en repeticiones.

Cuánta calma le transmitía aquello, estaba fascinado con su comportamiento, con él. El interés que le demostraba con sus acciones le hacían recapacitar en lo tonto que estaba siendo al seguir pensando en el pasado, en Yamazaki, quien ciertamente nunca lo había abrazado de esa forma, nunca lo había hecho sentir así de seguro y querido. Y si lo pensaba bien, ni siquiera recordaba haber sentido el corazón del otro latir con fuerza, salvo a que fuera producto de la agitación tras una pelea o después de que lo follara. La duda frente a cómo sería Gato en esa situación invadió su mente y ante la súbita vergüenza que sintió lo apartó de golpe.

— Estoy algo cansado, ¿podríamos volver? ¡Quiero dormir! —entre risas logro ocultar la pena que sentía, por ser tan mal pensado.

— Está bien, aunque no hayas hecho nada —se puso de pie sin darle demasiadas vueltas al asunto, aunque no iba a negar que hubiera sido mejor quedarse como estaban por un poco más de tiempo.

— ¡Ya sabes! El cuerpo… ¡todo me duele! —fingió tener dificultad para levantarse mientras se quejaba, para que Gato creyera su excusa tonta. No había imaginado que el otro lo ayudaría como todo un caballero y lo sostuviera en sus brazos otra vez, haciéndolo sonrojar intensamente.

— Deberías haberlo dicho antes, ¿estás bien?

— S-Sí, gracias —dijo mientras lo miraba y sentía un nudo en la boca del estómago. Mariposas, quizás.

Se tomaron su tiempo al volver, con Billy aun fingiendo algo de dolor para incentivar la galantería de Gato no se dieron el lujo de caminar con rapidez, pero no era algo por lo cual quejarse. Con lo rápido que se habían acostumbrado el uno al otro, y lo bien que se sentían estando juntos, no importaba cuanto se demoraran.

Era ya media mañana cuando llegaron al hotel en donde Geese en toda su sabiduría los había obligado a quedarse. Billy se sintió algo reacio a pasar por esas puertas sin tener la certeza de que Yamazaki no se encontraba allí, temeroso por un nuevo cruce pues estaba seguro que no podría soportarlo otra vez, debido al estado en que se encontraba y la debilidad que sentía. Cruzó el umbral junto a Gato, para encontrarse con un lobby concurrido, en cuyo centro había un par de empleados arreglando parte del piso de madera y otro par que intentaba limpiar las manchas de sangre que por suerte, no eran demasiado grandes. Se relajó un poco y rio divertido frente a la escena, que le recordaba tantas otras en las que había dejado un desastre tras de sí, todo por realizar algún trabajo encargado por Geese.

— ¡Señor! —una juvenil voz llamó en su dirección, pero Billy fue quien se volteó a ver. Una muchacha bien arreglada y de uniforme se acercaba a ellos, con un papel en la mano. "Maldita sea, una cuenta por esta estupidez" pensó molesto.

— Mira niña ni creas que vas a hacerme responsable por esto —dijo en mal tono—, así que ni se te ocurra darme alguna cuenta o una basura de esas.

Gato volteó y se cruzó de brazos para admirar lo que seguro sería una tonta discusión. La pobre chica que no tenía culpa ni idea de nada permanecía inmóvil y temblorosa, con aquel papel que en sus manos se había arrugado apenas. Billy hablaba y bufaba al final de cada protesta, y allí estaba aquel mal educado bocón que había conocido hacia algunas semanas atrás en la oficina del jefe, con sus aires arrogantes, creyéndose intocable por ser mano derecha del dueño de la ciudad. Si bien le gustaba cuando se veía indefenso y vulnerable, también le agradaba ver a ese delincuente irrespetuoso.

— ¿Me entiendes tonta? Puedo hacer que te corran a ti y a toda esta gente si me da la puta gana.

— S-Señor no p-pretendo que pague por n-nada…

— ¿Y entonces qué diablos quieres? —Gato intervino fastidiado, a ver si la muchacha se apresuraba en hablar, pero ella solo tembló con más fuerza en respuesta al tono amenazador de la grave voz de quien le habló.

— N-Nos han dejado e-este encargo —dijo cuando por fin hubo recuperado un poco la compostura— y si no me equivoco, usted es Billy Kane —concluyó, mientras le daba el papel que resultó ser un sobre.

— ¿Quién rayos te dejó esto?

— Un hombre de traje y g-gafas oscuras señor, tenía el cabello algo largo…dijo que era muy importante, ahora si me disculpa, no quiero ser más una molestia —hizo una leve reverencia y se alejó rápidamente.

Billy miró el sobre blanco, era obvio que era de Geese, y por lo que le había dicho la chica, lo había llevado su compañero Hopper. Solamente esperaba que no fuera un regaño por lo que había ocurrido o una tontería similar. Codeó a Gato para indicarle que no iban a quedarse allí parados y de camino al ascensor se guardó el sobre en el bolsillo de la chaqueta, mientras imaginaba que podía contener.

Luego del corto viaje hasta su piso, Gato se adelantó por el pasillo hasta la puerta de la habitación para asegurarse de que el animal no estuviera ahí. Suspiró aliviado, pues el cuarto estaba vacío aunque apenas perceptible en el aire había un dejo de la peste del tabaco, a la que ya estaban acostumbrados los tres. Seguro habría vuelto y se habría largado mientras Billy y él estaban afuera, cosa que agradeció.

— ¡Al fin de vuelta! —dijo animado, mientras se estiraba y bostezaba.

— Si, al menos no hay molestias —dio otro rápido vistazo a la habitación, como si esperara a que el otro saliera de la sombras.

— Bueno, ¿no es hora de la pelea ya? Que molesto que hagan todo tan temprano, diablos —cerró la puerta y continuó —: ¿quieres ver qué hay adentro? —dijo mientras se sentaba en el borde de su cama y sacaba el sobre de su bolsillo.

Como si hubiera estado esperando a que lo invitara a ver que contenía aquel sobre, se sentó rápidamente a su lado y observó atento. Billy lo abrió y sacó un par de papeles que estaban doblados a la mitad, dejando la envoltura rota a un lado. Dio un vistazo rápido y sonrió.

— ¡Oye Gato esto es para ti! —le tendió los papeles: en el primero había una especie de mensaje y en el resto un informe.

Se los quitó de las manos, escéptico frente a lo que pudieran contener, y por qué eran para él—: No jodas, no creo que…—se detuvo conforme leía, sorprendido en demasía pues aquello era lo que necesitaba, la razón por la que había aceptado trabajar para Geese junto a sus peculiares compañeros. Cada vez estaba más cerca de encontrar a su padre y de enfrentarlo, aunque había pensado en abandonar su búsqueda por un momento, aquella información hizo renacer en él la sed de venganza.

— Realmente no esperaba esto —dijo un poco sorprendido.

— ¿N-No es lo que querías? —el tono arrogante en su voz fue reemplazado por el de la decepción.

— ¡SI! —exclamó, más que nada para calmar un poco a Billy— ¡Por supuesto que lo es! Pero no me imaginaba que fueran a darme algo de información tan pronto, creí que primero debíamos ganar.

— Tal vez Geese creyó que sería buena idea ir dándonos algo como incentivo, quien sabe.

— ¿Y a ti que te han dado?

— Nada, naturalmente, porque yo no puse condiciones para realizar el trabajo.

Gato lo miró serio frente a aquel comentario, que rozaba entre la burla y el regaño. El rubio pareció notarlo ya que rio tontamente y le dio un golpecito en el brazo, como pidiéndole que no se molestara por lo que había dicho. Dio resultado, pues carraspeó restándole importancia al comentario del inglés.

— ¿Qué era lo que había pedido Yamazaki? —dijo de repente, intentando recordar lo que había dicho cuando se reunieron.

— Crees que ya le han dado un adelanto como a ti, ¿no?

— Si, algo así…pero —Billy lo interrumpió, era evidente que no quería oír nada al respecto.

— Ni idea —dijo cortante y se recostó, dándole la espalda. Si lo recordaba, pero no quería hablar de ello. "Sangre, eso era" pensó mientras frotaba la herida en su brazo sobre la venda, "pero ya se lo ha cobrado conmigo".

No quería molestarlo así que no insistió en hablar con él y espero a que se durmiera, cosa que no le tomó mucho. Billy ya estaba profundamente dormido cuando Gato volteó a verlo de nuevo, después de leer varias veces los papeles. Se puso de pie y tomó las sabanas de la cama que estaba frente a la de Billy y lo cubrió con ellas, la mañana estaba algo fría. Quedó distraído viendo como su torso subía y bajaba lentamente, era casi como ver a un niño. Otro sentimiento al que no estaba tan acostumbrado se hizo presente en él, estaba enternecido por verlo así. Simplemente suspiró y sonrió frente a la escena.

Iba a estar bastante aburrido si se quedaba mirando el techo en lo que Billy descansaba, por lo que buscó algo de ropa entre sus cosas y tomó una toalla de una gaveta cerca de la puerta para tomar un baño. Con suerte el rubio despertaría antes de que él saliera.


N/A: La C62 es una locomotora a vapor japonesa bastante vieja y que (segun averigüé) ya no se utiliza, pero la he incluido porque es una referencia a Yamazaki :D y porque como a Geese le gusta todo lo japonés, seguro le agradaría una locomotora vieja en su estación.

Hasta el próximo capitulo! Dejad review con cualquier duda, critica o sugerencia, lo apreciaria mucho.