Disclaimer:Absolutamente nada me pertenece. Todos los personajes le pertenecen a JK
Pareja:Hermione Granger y Draco Malfoy
Beta Reader: Miss Mantequilla. Simplemente la mejor.
Resumen: Convertida en una deidad vampírica a la corta edad de nueve años, lo único que Hermione Granger quiere es terminar el sexto año sin complicaciones. Pero lo último que imagina es que la tranquilidad y el anonimato que tanto anhela, se verá interrumpido con la aparición de slayers, harpías, profecías ocultas y por supuesto, un rubio inoportuno. Dramione.
BLUE HEAVEN
Parte IV
DE DECISIONES Y ENCUENTROS II
Por: Adnat
1.
11.00 pm
Estoy fuera.
Dos palabras.
Diez letras.
Y así de fácil, antes que el sol ilumine el alba, su brillante carrera en el baloncesto ha terminado. Solo Draco sabe cuánto le ha costado armarse de valor y dejar el equipo. Pero la orden de su padre ha sido firme y clara.
No más distracciones.
Y mientras camina lentamente por la gigantesca acera en la lánguida noche invernal, recuerda la cara de Potter y su pequeño intento por que no renuncie.
Secretamente, se ha sentido halagado.
—Si tan solo hubiera tenido más tiempo —murmura por lo bajo, pero desecha ese pensamiento de inmediato. De todas maneras el baloncesto no habría durado mucho, su padre tarde o temprano habría encontrado alguna forma de arruinarlo.
Aún así, había sido ese tubo de escape que tanto necesitaba (y necesita) para liberarse de la rutina.
—Familia antes que todo —se dice a sí mismo, recordando el deber que tiene como único heredero de la FQ, Malfoy Enterprises.
Se detiene sobre sus propios pasos y alza la mirada para admirar el cielo estrellado por unos cuantos segundos, tal como solía hacerlo cuando tenía doce años. Sumido en sus pensamientos, no siente su pantalón vibrar hasta unos minutos después.
De inmediato, busca su móvil en su bolsillo trasero y verifica la última llamada perdida en la moderna pantalla táctil de su Iphone. Tiene un mensaje guardado en el buzón de voz.
—¿Quieres verdadera diversión? Trae tu oxigenado trasero si quieres unirte a la fiesta —dice una voz juvenil que reconoce de inmediato.
Diversión. Sonríe de medio lado y revisa su carísimo Rolex.
11:02 pm.
Un poco de distracción, es justo lo que necesita.
Revisa la agenda de su Iphone 6, y encuentra el número que necesita.
—Ten mi motocicleta lista en cinco minutos, estoy a dos cuadras del Blue River.
2.
11.02 pm
El pánico se apodera de cada uno de sus sentidos. Como si se tratara de una cinta en cámara lenta, ve el cerrojo de la ballesta impactar y abultarse en el seno de la vampiresa. No hay grandes sorpresas. La mujer golpea el suelo con una mirada desconcertada en el rostro, sin poder hacer mucho.
Sangre caliente brota de sus labios a borbotones, pequeños gemidos y pleas que, si no está interpretando erróneamente, piden por ayuda. Ve sus ojos lúgubres luchar por mantenerse abiertos y sus manos, antes poseedoras de grandes garras, ahora son traslúcidas sin zarpas que mostrar.
Aunque la mujer estaba dispuesta a matarla sin ninguna consideración solo unos segundos atrás, Hermione no tiene el coraje ni la sangre fría de dejarla a su suerte sabiendo que tiene el poder de hacer algo.
Decidida, cae de rodillas al lado de la figura femenina.
—Vas a estar bien, resiste un poco, tú… vas a estar bien —le repite mientras trata de calmar lo fuertes latidos de su corazón. En cualquier momento podría ser la próxima en tener una lanza clavada en el torso.
Una pálida mano aferra la de Hermione. Ésta da un respingo pero cierra sus dedos alrededor de la gélida mano que toca la suya.
No le tomará más de dos minutos se repite mentalmente, lo único que tiene que hacer es extirparle la lanza y el sistema inmunológico de la vampiresa hará el resto.
La herida sanará en un santiamén.
La figura femenina tose y tensa los labios.
—Tú —dice en un susurro — No eres mejor que nosotros.
—Calla, hablar solo hará que te debilites más —la reprende Hermione.
—La mierda como tú debe ser eliminada… Los Olds Bloods nos encarga…remos —dice en un hilo de voz. Más sangre sale expedida de sus labios, indicando que no le queda mucho tiempo.
—Cuando te recuperes entonces podrás reñirme todo lo que quieras.
—No… deberías con…fiar e…n mi —dice la mujer de manera estrangulada, su respiración lenta y dificultada.
Hermione escudriña las cuencas moribundas de la mujer, notando el velo de la muerte sobre ella.
—No voy a dejarte morir —declara con firmeza.
El rostro de la vampiresa no muestra expresión alguna. Hermione trata de liberarse de su agarre, pero la gélida mano oprime la suya con más fuerza. Demasiada fuerza, para alguien que estaba agonizando.
Tira de ella para acercarla y la castaña se inclina sobre su rostro.
—Pero… puede que yo… sí… lo haga —musita la peli verde lentamente, una risa demoníaca escapando de sus labios.
Inmediatamente todos los sentidos de Hermione se ponen en alerta, como si tuviera una alarma, vira sobre su hombro para ver justo a tiempo a un slayer dirigir su ballesta a ella.
El destino: su corazón.
Instintivamente se tira a un lado en el último segundo, la flecha viene con tanta velocidad que al pasar araña sus costillas dejando un fino rastro de sangre azul en ella.
La mujer a su costado, no tiene tanta suerte. La vira se acuña en su corazón, extinguiendo inmediatamente su vida.
—¡Dispárale!
3.
5 minutos antes…
Hay un aullido horrible y un golpe en seco. El joven slayer le da la confirmación a su compañero para preparar el segundo ataque. Lo último que esperaba es que hubiera doble acción.
Hace tan solo 20 minutos recibieron una llamada a la central del Centro de Detención denunciando el ataque de parte de un vampiro hacia un humano en la estación central del metro de la ciudad. No solo el departamento de protección al ciudadano se apresuró a citar a la denunciante, también contactaron con premura a los Slayers para que se hicieran cargo de la situación.
—Yo termino con la perra —dice Blaise Zabini divertido mientras levanta la ballesta preparado para el siguiente tiro. Es un joven alto, atlético con piel oscura, ojos café, y una sonrisa cautivadora.
—Espera… —lo interrumpe su compañero, un castaño de mirada penetrante, ojos verdes y de fornida contextura, quien coge unos binoculares para verificar la situación. Ha notado continuo movimiento por el rabillo del ojo, en la parte baja de la acera, y quiere asegurar el objetivo antes de eliminarlo por completo.
El joven pelinegro a su costado gruñe malhumorado al ser retrasado en, posiblemente, su actividad favorita.
—¿Qué sucede Nott? —pregunta Blaise exasperado, bajando el arma de su posición inicial —Si no te apresuras, mi ballesta se va a sentir ofendida. Y mi bebe quiere eliminar harpías y sanguijuelas esta noche… ¿No es así, cariño? —dice el moreno en una voz dulce, acariciando el pedazo de madera que le ha sido otorgado.
Antes de que Theodore prepare una respuesta, el transmisor de la radio en sus respectivos morrales suena, irrumpiendo la conversación de ambos hombres.
—Estoy en la planta baja, ¿cuál es la situación?
Theodore Nott toma el micrófono al reconocer la voz del Alfa Líder y mira de reojo a Blaise antes de responder —Tenemos a la primera, vamos por la segunda.
—¡Le voy a disparar! —grita divertido Blaise a su costado, colocando su arma en posición de ataque listo para lanzar el siguiente proyectil. Theodore asiente con la cabeza antes de continuar por la radio.
—Tenemos todo bajo control.
—Quiero el cuerpo de la harpía incinerado
—No hay ningú…
—Fallé — lo interrumpe Blaise totalmente malhumorado.
Theodore deja el transmisor a un costado y coge los binoculares de inmediato, observando con asombro la dirección que la flecha ha tomado.
—¡Dispárale! —grita con premura, indicándole al pelinegro que elimine con su ballesta a la criatura huidiza.
—¡Esta huyendo! —le reclama furioso al ver que la flecha que ha disparado no es suficiente. La harpía sabe que la atacarán de nuevo y logra esquivarla rápidamente.
—¡Maldita sea! —estalla Blaise lanzando su ballesta al suelo a pesar del amor incondicional que siente por su arma — El alfa nos va a matar cuando se entere de esto.
—Sigo aquí. Reporten la situación.
—Señor, la segunda harpía…escapó. Creemos que va a los sótanos, es la salida más próxima — responde profesionalmente Theodore.
—¿Cómo carajos consiguió liberarse bajo sus narices?
—Ehhh… en realidad… —empieza Blaise
—Su trabajo termina por hoy
—¿No quiere que la busquemos? —pregunta Theodore dubitativo mirando de reojo a Blaise.
Hay un largo silencio por el otro lado de la línea, muy largo para pasar desapercibido por ambos jóvenes.
—Me ocuparé personalmente
4.
11.15 pm
Tiene el corazón desbocado.
Sube las escaleras del andén, las mismas por las que hace media hora bajó en busca de una cabina telefónica y mira a su alrededor en busca de signos de persecución. Los slayers no se caracterizan por armar gran parafernalia, pero ello no los limita a la hora de capturar vampiros.
Cuando Hermione se asoma desde el andén con la esperanza de encontrar el próximo tren de salida, tal como debió haber hecho desde un principio, oye unos pasos detrás de ella.
De inmediato, cierra los ojos tratando de imaginar su casa, tratando de imaginar lo maravillosa que sería estar en su cama con una taza de chocolate caliente. Los cierra tan fuertemente que al volver a abrirlos cree estar en su hogar, pero esta vez… su pequeño truco no funciona.
Oye pasos detrás de ella. Ágiles y ligeros acercándose poco a poco a su posición.
Debe correr lo más rápido que pueda. En estos momentos, nadie va a venir en su ayuda.
Correr o morir.
Entonces lo decide y da gracias al cielo que la gimnasia, por más detestable que le parezca, siempre se le haya dado fenomenal.
Genes vampíricos.
Corre sin mirar atrás. Corre tan rápido que ráfagas de aire se le clavan en los ojos, provocándole leves lágrimas.
Divisa la salida a tres zancadas de distancia y sabe que el próximo paradero de bus estará a cinco calles más.
Si es afortunada, el último bus nocturno aun no ha partido.
Los sonidos de las pisadas se incrementan…por lo que tiene que apretar el paso al máximo de su capacidad. Divisa la luz incandescente con el inequívoco letrero de salida en la pared amarillenta de la estación y se apresura a cruzarlo, con gran velocidad.
Agotada, cae de rodillas en el frio pavimento, dispuesta a recuperar un poco de aire. Hermione vira una última vez sobre su hombro para verificar si su perseguidor sigue acechándola, cuando lo escucha.
El disparo inconfundible de una Colt 357. La única arma que puede, literalmente, destruir permanentemente la epidermis de cualquier vampiro.
Su pecho baja y sube a un ritmo muy rápido, mientras calcula opciones inmediatas que la ayuden a escapar. Correr sigue siendo una buena idea, aunque…
De pronto, una intensa luz blanca la ilumina, empañando su visión. Y oye el rugido inconfundible de una motocicleta acercarse a una velocidad impresionante.
—Hora del plan B —susurra Hermione, mientras deja escapar un tembloroso suspiro.
Se levanta a toda prisa y hace lo que alguna vez vio que hacía la protagonista de una película de acción con tal de captar la atención de su amante. Aunque en este caso, no había amante alguno, ni se trataba de algún ensayo para una cinta explosiva: se sitúa en medio de la vía con los brazos abiertos, casi como una suicida a punto de esperar la muerte.
O al menos eso piensa que parece.
Aunque no espera que el motociclista frene de manera voluntaria - cosa que la habría obligado a utilizar el plan C - lo ve aplacar su vehículo con gran dificultad no sin antes girar en forma de media luna para evitar derribarla violentamente.
Exhalando un suspiro de completo alivio, camina el corto trecho que la separa del motociclista y se acerca rápidamente a éste. No parece tener más de 18, se ve tan joven como ella, y lo más resaltante del joven es su cabello platinado, casi blanco. Sobresaliendo como un reflector en su cabeza. Con habilidad, se coloca el casco del copiloto enganchado en la parte trasera, y se sienta en el asiento negro, justo detrás del atónito corredor que no deja de mirarla con total asombro.
—¡Bájate de mi moto! ¡Ahora mismo! —exclama Draco furioso al descubrir a la pequeña suicida tal como él la ha denominado, sentada en la parte posterior de su Ducati gris.
—¡Tú te detuviste por tu propia cuenta, ahora arranca! —lo insta Hermione impulsivamente, con el terror bañando sus facciones.
—¡Primero te bajas, debes ser una criminal!
—No he hecho nada malo; además, pienso pagarte, solo llévame a una dirección.
—No soy un maldito taxi —contesta el rubio mirándola furibundo de arriba a abajo.
—Cómplice entonces, ahora estamos metidos en esto
—¡Lo sabía! —exclama triunfante —Si eres una criminal después de todo.
—Imaginemos por un momento que lo soy —dice Hermione desesperada —Si no arrancas esta cosa, tú y yo vamos a tener una visita nocturna a la carcelera más cercana o a la mismísima cueva de Lucifer.
—Retírate el casco y bájate ahora mismo —repite Draco tozudo con toda la intención de no arrancar hasta verla fuera de su moto.
Hermione esta a punto de utilizar el plan C, cuando escucha el inconfundible sonido de una descarga romper la quietud de la noche.
—¡Arranca esta chatarra ahora mismo! —grita ella con todas sus fuerzas al sentir la presencia del slayer pisándoles los talones. Como si de una orden se tratara, el chico coloca la llave en la ranura del vehículo. Con el talón de su bota aprieta la palanca de arranque y pone en marcha el motor de dos cilindros.
No le dedica un solo pensamiento más a la delincuente que esta trasladando, él valora su vida y su reputación. Y lo último que necesita es un escándalo que involucre su apellido en la primera página de los tabloides, con la policía federal involucrada nada menos. Arranca a toda prisa, dejando tras de sí el rugido del motor.
Mientras conduce, ve por el espejo retrovisor a un hombre corpulento salir a toda prisa por la salida del subterráneo muy malherido y lanzar varios disparos al aire.
—Vaya noche —se dice a si mismo mientras acelera en una curva. Lo último que había imaginado esta mañana es que terminaría al lado de una polizonte, huyendo por un crimen que no ha cometido.
—Déjame en la siguiente parada de autobús
—Este no es un paseo social, aun podría llevarte a las autoridades —responde Draco cortante, indignado con la actitud de la chica.
—Es muy tarde para arrepentimientos, te levantarían cargos por complicidad —dice Hermione más tranquila. Exhala un pequeño suspiro y cierra los ojos, disfrutando de la quietud de la noche y el rugido de la motocicleta.
No falta mucho para llegar a casa.
—¿Cómplice? ¿Quién fue la loca que se puso en medio del camino y luego me obligo a llevarla?
—Recuerdo decirte que iba a pagarte
—¿Tengo cara que necesito dinero? —le increpa Draco volteando a mirarla indignado.
—Quizás. Después de todo estoy aquí ¿no? —replica Hermione encogiéndose de hombros.
A pesar de todo, su respuesta le causa gracia, lo que le roba al rubio una pequeña sonrisa ladeada.
—Te crees muy listilla, ¿no es así?
—Dos bloques más y no volveré a molestarte —responde Hermione secamente. No quiere iniciar una conversación ligera, no esta de humor.
—Al parecer, hoy tengo cara de chofer —dice él, deteniéndose en un semáforo en rojo dispuesto a preguntarle a la chica algo que sigue rondando en su mente
—¿Entonces… que fue lo que hiciste?
Hermione, quien hasta ese momento no le ha prestado mucha atención a su acompañante, mira fijamente la parte trasera de su casco.
—No es asunto tuyo.
—Olvidas que yo te ayude a salir de allí, creo que merezco una explicación.
—Agradezco tu ayuda, pero es mejor que baje aquí.
Draco hace caso omiso de su petición, hasta que siente un dolor punzante en su espalda. La fierecilla le ha incrustado sus pequeñas uñas en la parte superior de sus hombros, desequilibrándolo y haciendo que frene su motocicleta, en consecuencia.
—No había ninguna necesidad de utilizar la violencia —le reclama masajeando suavemente la zona adolorida. Hermione tan solo se limita a bajar y desabrochar la correa que ajusta su casco para proceder a entregárselo.
Draco lo coge lentamente y observa detenidamente a la chica que ha ayudado a escapar de la policía y se queda por unos momentos observándola en silencio. Suaves mechones de cabello castaño serpentino caen sobre sus mejillas sonrojadas y la comisura de sus labios. Sus ojos son de un extraño color miel, no muy claros para pasar por dorados pero no lo suficientemente oscuros para ser negros.
Draco nota que lleva un jumper de una talla notablemente grande y unos vaqueros con las mismas características. A simple vista, no parece la típica delincuente que aparece en las noticias; por el contrario, es una visión muy agradable. Es entonces que la ve revisar su flanco izquierdo de manera cuidadosa y, por primera vez, nota que hay agujeros del tamaño de un perdigón en este.
Es ahí cuando se convence de que la chica es una delincuente. Pero, extrañamente, no le desagrada lo suficiente como para dejarla a su suerte
—Es medianoche, sería mejor que te lleve a casa —le propone tratando de sonar no tan interesado. Ve a la castaña mirarlo con curiosidad y sacudir su cabeza en negación.
—Ya te he causado suficientes problemas, de aquí voy sola.
—Vamos —empieza él — Tú misma dijiste que estábamos juntos en esto.
Hermione sonríe involuntariamente, pero niega enfáticamente con la cabeza.
—Gracias por todo, pero en serio debo irme —agita su pequeña mano despidiéndose del desconocido y da media vuelta en dirección al siguiente paradero.
—¡Espera…! —exclama involuntariamente Draco. No sabe qué lo ha llevado a detenerla pero cuando lo hace la chica ya se ha detenido.
Hermione mira sobre su hombro y ve al rubio bajarse de su moto y acercarse rápidamente hacia ella.
—¿Puedo saber tu nombre?
—¿Por qué? —le pregunta un tanto nerviosa.
—¿Debe haber un porque? —responde él enarcando una ceja. Draco la ve abrir los ojos con extrañeza. Él sabe que ésta es la primera y última vez que la va a ver, pero que eso no le impedirá recordar a la bandida y su pequeña aventura juntos como una anécdota memorable.
—Jean —dice ella finalmente. Técnicamente, para Hermione no es una mentira, Jean es su segundo nombre y prefiere decirselo que revelarle su identidad por razones de seguridad.
Draco sonríe ampliamente y se vuelve sobre sus pasos, hasta su motocicleta aparcada en la acera.
—Me gusta —declara colocándose su casco —Mi nombre es Draco
—Nunca lo hubiera adivinado. Adiós
—Hey, Jean —Hermione vuelve a detenerse y se fija en el rubio ya acomodado en su moto dispuesto a arrancar.
—Aléjate de la vida criminal.
Hermione ríe divertida ante la absurda situación pero le sigue el juego.
—Lo intentaré.
/
Capitulo reeditado. Agradecimientos a mi maravillosa beta: Miss Mantequilla. Los comentarios son bienvenidos, mas si son de nuevos lectores. Saludos a los que han leído este capítulo con anterioridad y siguen aquí, apoyándome en esta loca aventura.
Saludos, Adnat
