Capítulo 4
Advertencia: los personajes pertenecen a S. Meyer, la trama es mía.
Clasificación: M.
Música: Lay me down de Sam Smith
1.-
"Sí, lo hago. Creo que un día estaré donde estaba. Justo ahí, a tu lado.
Y es difícil, los días parecen tan oscuros.
La luna, las estrellas no son nada sin ti"
Las letras de "Lay me down" inundaban el pequeño espacio de su oficina, mientras se servía un vaso de whisky. Eran las nueve de la mañana, debía de estar en una reunión discutiendo la posible sociedad con una de las grandes empresas que le permitirían que que la propia, figurara en una de las mejores del país. Pero no, en vez de eso estaba allí, sirviéndose su tercer vaso de licor, y sintiendo que toda su vida se había convertido en la mismísima mierda... Hasta hubiera preferido el no volver a verla nunca más.
"Tu toque, tu piel
¿Por dónde empiezo?
No hay palabras para explicar la manera en la que te extraño.
Niego este vacío, este agujero en el que estoy dentro."
Así no sabría lo que era extrañarla. ¡Dios, lo peor de todo es que ella estaba mil veces peor que él! Todavía recuerda como hace seis meses tuvo que decirle que se había casado con Irina. La cara que había puesto su hermana al enterarse de la noticia, le partió el alma en pedazos. Estaba seguro que ella no había sufrido tanto como ahora, cuando la dejó hace casi nueve años atrás, porque por lo menos Bella pudo dejar salir su dolor llorando, pero en cambio, esta vez había tenido que tragarse las lágrimas para no despertar ninguna sospecha frente a Irina, ignorando que ésta ya lo sabía todo...
Aunque los días, las semanas y los meses siguientes la escuchó llorar en cada rincón, y él no podía hacer absolutamente nada, estaba atado de pies y manos. En La única oportunidad que tuvo para decirle algo que la consolara, le dijo que por favor no llorara más...
"Estas lágrimas, cuentan su propia historia
Me dijiste que no llore cuando te fuiste, pero el sentimiento es abrumador, es mucho más fuerte"
Como hubiera querido decirle más, decirle que la amaba, que la extrañaba, que no había ni una sola noche que él no la llamara en sueños, que moría de ganas de estar estar a su lado, que todo lo que veía era una mentira, una mentira para cuidarla. Que él sufría al verla sufrír, y que sólo conseguía vivir un día más por el simple hecho de que ella existía... Pero Bella no se lo había permitido, tan sólo pensó que él se estaba burlando de ella al decirle que no siguiera llorando, sabiendo que tenía más de un motivo para hacerlo.
"Estoy llegando a ti ¿Puedes escuchar mi llamado? ¿Quién puede decir que no me oyes?
Este dolor por el que he pasado. Te extraño, te extraño como loco.
Me dijiste que no llore cuando te fuiste, pero el sentimiento es abrumador, es mucho más fuerte.
¿Puedo recostarme a tu lado, a tu lado?
¿Y asegurarme que estás bien?
Cuidaré de ti y no quiero estar aquí si no puedo estar contigo esta noche.
Recuéstame esta noche, recuéstame a tu lado.
Recuéstame esta noche, recuéstame a tu lado.
¿Puedo recostarme a tu lado, a tu lado?
¿Y asegurarme que estás bien?
Cuidaré de ti y no quiero estar aquí si no puedo estar contigo esta noche"
2.-
Seis meses antes.
Después que la Doctora Hale se fuera a sus labores como médico, dejando a Edward llorando en la sala de espera, éste se levantó de la silla limpiándose las huellas de las lágrimas derramadas y salió del hospital con un único pensamiento: «Tengo que proteger a Bella»
A poco menos de media hora llegó a su casa, y tan pronto entró, su hermana se levantó de golpe de unos de los muebles que habían en la sala y se dirigió a él con paso apresurado.
— ¡Ed...ward! —sollozó mientras se lanzaba de golpe a los brazos de su hermano. Él los abrió recibiéndola.
— ¿Qué...pa...só...con...Iri...na...? —La morena preguntó con dificultad en medio del llanto. Edward no le respondió inmediatamente, caviló unos segundos su respuesta, su hermana no tenía porque saber que era lo que había pasado en realidad, ya que sufriría mucho. Así que optó por darle una respuesta incompleta.
— Ella aún sigue inconsciente, pero está bien. —intentó rehuir de su hermana para que no siguiera haciendole más preguntas, pero ella no se lo permitió.
— Pero... ¿Y la sangre? ¿Y nosotros...? Ella...nos vio...
— No lo sé Bella. —Edward contestó lacónicamente, a la vez que por fin lograba escaparse de los brazos de su hermana. Caminó rápidamente hasta las escaleras que daban a la parte alta de la casa, sin hacer caso de la morena que lo seguía bombardeando con preguntas...
Llegó a su habitación sintiendo asco de sí mismo. La había cagado feo: Irina en un hospital, su hermana llorando sin saber qué pasó y lo peor, lo peor es que en medio de todo, había un niño muerto por las consecuencias de sus actos.
— Un hijo... —susurró en un hilo de voz y aunque debía sentir algún tipo de pérdida no era así, remordimiento sí, ese niño no tenía la culpa de nada, pero mentiría si decía que una parte de él no estaba aliviado por no tener un hijo con Irina, eso hubiera supuesto quedarse al lado de una mujer que no amaba. Edward alejó ése pensamiento egoísta de su mente, y salió del cuarto, para dirigirse al baño...
Los días siguientes fueron un infierno para Edward, tanto en el hospital como en su casa, en el hospital porque cada vez que se topaba con la doctora Hale, ésta lo presionaba para que le dijera lo qué había ocurrido en realidad con Irina y, aunque él se había cansado de decirle que la vez pasada quedó tan afectado con lo sucedido, que no recordaba exactamente cómo se habían desarrollado los hechos, ella seguía insistiendo... Pero, era en su casa donde vivía el verdadero infierno: saber que se encontraba a solas con Bella, sólo hacía que sintiera deseos de poseerla y no podía hacer eso, no podía seguir embarrandola. Había tenido que evitar estar mucho tiempo en la casa y únicamente iba a cambiarse de ropa, para luego regresar al hospital. Hasta había tenido que rentar una habitación para ir a "dormir" allí cada vez que sentía que el deseo ganaría la batalla, y podía decirse que era casi siempre. Sí, era un puto egoísta de mierda, que en vez de estar pensando en todo el daño que había causado, en lo único que podía pensar era en las mil formas y en todos los sitios de la casa en las que podía enterrarse profundamente en su hermana...
Al quinto día de Irina estar sumida en la inconsciencia, Edward recibió una llamada, era la doctora, lo llamaba para informarle que Irina al fin había despertado. Edward salió de su oficina con el corazón zumbandole en los oídos, se montó en su auto, haciendo el recorrido hacia el hospital en la mitad del tiempo en lo que lo hizo en días anteriores. Estaba tan ansioso que no se dio cuenta que había manejado como un loco, pero ahora estaba allí, dentro de su auto, en el estacionamiento del hospital. Los latidos de su corazón se hicieron más intensos, hasta el punto de causarle dolor, y la ansiedad que sentía se convirtió en un miedo que lo recorría entero ¿Y si su plan no salía cómo él quería? En los últimos cinco días, Edward pensó que podía hacer que Irina creyera que todo había sido producto de su imaginación, quizá si le decía que ella había bajado a buscarlo porque estaba perdiendo a su bebe, que la situación y el estado en el que estaba la habían hecho confudir las cosas... Luego esperaría un tiempo prudente, que ella estuviera convencida de la mentira, que se recuperara un poco por la perdida y después la dejaría...
Bajó de su auto sabiendo que lo que había planeado era una utopía, y, en el camino hacia dentro del hospital, oró para que pasara lo que pasara Diane quedara libre de todo castigo...
Edward creyó que sus plegarias habían sido escuchadas cuando se enteró Irina se había despertado y muy convenientemente se acordaba de todo menos de lo que le hizo perder a su bebe, pero...
— Edward mi amor, quiero que me lleves a la iglesia "San Agustín" Quiero hacer una oración por nuestro hijo.
Edward asintió a la vez que hacía el cambio en los controles de su auto. Al día siguiente de Irina haber despertado fue dada de alta y un segundo antes de que la rubia le pidiera que la llevara a la iglesia, se dirigían a su casa. El trayecto a la iglesia era un poco alejado de dónde él vivía y le extrañó que durante todo el camino, ella no le hubiera dicho ni una palabra más, de hecho Irina no hablaba desde que la había visto en el hospital. La doctora fue la que lo había puesto al tanto de cómo estaban las cosas con su prometida no sin cierta molestia en su voz. Edward dedujo que era porque la ésta esperaba que al despertarse Irina, tendría la pieza del rompecabezas que le faltaba.
Edward estacionó el auto en frente de la iglesia. Era un día de semana, lo que significaba que ésta estaba desierta. Irina bajó del auto sin siquiera esperar a que él le abriera la puerta, y caminó hasta perderse dentro del la estructura. Edward hubiera preferido esperarla dentro de la camioneta, pero pensó que podría levantar sospecha, así que siguió a Irina, hallándola arrodillada ante una deidad. Caminó hacia ella, hasta posarse detrás, y pudo escuchar su llanto incontrolable.
— ¡...Hijo...perdoname...perdoname por no haber sido lo bastante fuerte...para retenerte a mi lado...soy una mala...madre que no supo...cuidarte!
— Tu no eres la culpable... son cosas que pasan —Edward se había arrodillado a su lado, tratando de ofrecerle palabras de apoyo.
— Tie...nes razón —dijo Irina con voz débil y Edward hizo ademán de posar una de sus manos en el hombro de ella, con intención de seguir consolandola, pero las siguientes palabras de la rubia, hicieron que cada musculo de su cuerpo se paralizaran:
—...Es tu culpa... y de ella...—Irina volteó su rostro hacia él, y éste, pudo ver que sus ojos ya no derramaban lagrimas, sino que destilaban un odio que jamás había visto en ella.
— De... ¿De qué hablas? —Dijo con evidente nerviosismo, sabiendo en el fondo la respuesta a esa pregunta.
Irina le dirigió una mirada incrédula y se puso de pie.
— ¿De qué habló —Le dijo con tono engañosamente calmado—? Sabes muy bien de que estoy hablando, pero si quieres te lo recuerdo: ¡Hablo de la asquerosidad que tienes con la puta de tu hermana! —Gritó con rencor mientras todo su cuerpo empezaba a temblar por todo el asco que le producía recordar aquélla escena que le hizo perder a su bebé.
Edward respingó sintiendo como su estómago se hacía más pesado, su frecuencia cardíaca disminuía y sentía que su visión fallaba. ¡Lo sabía, Irina lo sabía todo! pero ¿Por qué fingió no saber nada en el hospital? «A lo mejor es que no está muy segura» le susurró su subconsciente y Edward creyó que aún podía manejar la situación.
— Qué... Dices. Estas confundiéndo las cosas —Le dijo a la vez que se acercaba a ella y tomaba una de sus manos —...Ven, hablemos.
— ¡Sueltame imbécil! ¡Me crees estúpida! ¡Yo vi como te la cogías y le decías que la amabas! ¡A mí nunca me lo dijiste!
Edward cerró los ojos y abrió la boca sin saber que decir, pues la verdad es que no podía decir nada que pudiera hacer que Irina creyera que estaba equivocada.
— Sí lo sabías, por qué... ¿Por qué no se lo dijiste a la Doctora?
Irina sonrió con sorna.
— Porque eso me quitaría la dicha darles un merecido castigo. —dijo con tono frío y al ver que Edward fruncía el entrecejo denotando confusión, demandó: —...Te casarás conmigo.
— ¿Qué? ¿Para qué quieres que me case contigo —Edward soltó incrédulo, pero unos segundos después lo comprendió—? ¡Estas loca! ¡No me voy a casar contigo! ¡Prefiero ir a la cárcel! —Continuó totalmente molesto a la vez que se daba la vuelta para salir de la iglesia. No iba a participar en la venganza de Irina, Bella jamás le perdonaría el que él se casara con ella, así que prefería mil veces ir a prisión y que su hermana fuera a un refugio.
— Si no lo haces, ella irá a parar a un lugar donde, ni que ruegue, dejaran de violarla de diferentes maneras.
Edward se detuvo ante el argumento de Irina.
— ¿De qué mierdas hablas? Ella irá a un refugio y...
— ¿Y qué crees que le hacen a las niñas bonitas como tu hermana? ¿Inscribirla en concurso de belleza? —Irina lo interrumpió con preguntas sarcásticas, y Edward se dio vuelta nuevamente hacia ella, notando que nuevas lágrimas corrían por su rostro, pero esta vez era como si el llanto fuera involuntario.
— Tú no puedes saber...
— ¡¿Qué no sé?! ¡No sé que dos hombres te quiten la virginidad al mismo tiempo! ¡Que un tercero te meta la verga en la boca y te haga tragar su asqueroso semen! ¡No sé que te obliguen a chuparcela a otra niña mientras te cogen por el culo y que esa mierda te la hagan durante un maldito año!
— ¡Ya basta! —Edward gritó incapaz de seguir escuchando a la rubia, cayendo en la cuenta de que todo eso se lo habían hecho a ella cuando estuvo en el orfanato, y de sólo imaginarse que a su Bella le podrían hacer lo mismo, le daban ganas de cometer un crimen.
— Tú decides Edward...
Espero que les haya gustado, aunque supongo que quizás no, puesto que cuando subí la secuela por allá por la otra página, la secuela no tuvo la misma aceptación que la precuela, pero de todos modos gracias por leer.
