Defy the stars / Desafío a los cielos
Por Strange and intoxicating -rsa-
Traducción: Maru de Kusanagi

Capítulo 4

NdA: este es un capítulo enfocado en Nyx. Necesitaba alguna manera de agregarlo, y espero le guste. Creo que, siempre que agrego un nuevo PV, ese personaje tendrá un capitulo exclusivo antes de que empiece a acortar las escenas y agregar más por capitulo. Todavía no lo he decido… la mayoría de los capítulos se centrarán en Ignis, pero tendremos "invitados", que narrarán otras escenas. Creo que será lo mejor para llevar el hilo de la historia y para dar una perspectiva más amplia.
Por otro lado, les recomiendo encarecidamente leer "A King's wizard (Un mago del rey)" antes de seguir, porque, sino, van a confundirse y no sabrán quien es Marilynn. Si no quieren hacerlo, estoy segura de que van a unir los cabos lentamente. Ella es un personaje divertido. Más tarde la verán en esta historia, pero más que nada en las partes que funcionan como prólogo y que subiré a medida que las escriba. Quería darles una breve advertencia sobre eso antes de proseguir.

"Ulric, piensa rápido."

"¿Por qué?"

"Mira, por eso."

Nyx volvió la cabeza para ver el negro lustroso del Regalia, que brillaba bajo el sol de mediodía. Era un auto bellísimo; uno de esos clásicos que posiblemente costaban un brazo y una pierna para mantener, pero, cuando uno se hundía en el suave abrazo de cuero, era posible sentir el ronroneo de su dulce motor.

Le recordaba mucho al auto que su padre tenía cuando era un niño. Podía recordarse sentado en el asiento de adelante, sobre su regazo, con los pies intentando llegar a los pedales. También recordaba cómo era apoyar los talones de las botas en los pies de su padre. Aquellos cálidos días en Galahd, llenos de recuerdos de la infancia, cual fantasmas plateados sin forma o propósito, ya se habían ido. Pero el auto permanecía como un testimonio del tiempo.

Y algo cayó dentro del estómago de Nyx cuando le miró, porque incluso los más bajos rangos de la Guardia Real sabían a quién pertenecía aquel vehículo.

En especial si se tenía en cuenta que estaba cruzando directamente el recinto oficial de las Gujas Reales.

Nyx paró derecho, con las botas golpeándose tan fuerte que hicieron que sus dientes chasquearan. Enlazó los dedos en la espalda y rápidamente borró la semi sonrisa de sus labios. Libertus y Crowe le imitaron. Pelna, que seguía en el suelo con alquitrán negro y cenizas inundándole los pulmones, trastabilló para ponerse a medias en una pose más digna, antes de gruñir y volver a ponerse de rodillas.

"Sólo es Ignis", gruñó. "Carajo, Ignis. Me asustaron."

¿Ignis?

Hasta que el vehículo no abrió la puerta, Nyx no se permitió moverse de su sitio. Un hombre descendió – que, definitivamente, no era el rey.

"¿Lo suficiente como para hacerlo arrodillarse?"

"Se supone que todavía me quieres muerto, ¿verdad?"

No. Pelna tenía razón. Era Ignis Scienta, el chambelán del príncipe, y su calienta sabanas.

No era un secreto en la Ciudadela, en especial tras el fiasco de la boda de Scienta con la condesa Marilynn. Los diarios no habían sido más que una chorrera de reportes salaces y escandalosos, y que se replicaron por meses. Incluso ahora, tres años después, el incidente seguía saliendo a colación en charlas clandestinas y cotilleos… ¿Qué había pasado, exactamente?

Bah.

Nyx ni se había molestado por leerlos, en especial porque Pelna se había dedicado, en un arranque de furia, a prenderlos fuego en una hoguera, lo que hizo que todos los Gujas evitaran traer revistas o periódicos por un año entero.

Claro que Nyx no podía culparle… no era habitual que un príncipe interrumpiera una boda y que un miembro de las Gujas Reales escapara con la novia por la puerta de entrada de la Ciudadela.

A lo mejor, calienta camas era un poco demasiado cruel, pero, a la vez…

Dejó sus brazos caer de su pose formal para la familia real y tomó la más cómoda de la Guardia. Era un poco divertido para él ser tan respetuoso con el hombre que jugueteaba con las llaves del auto, con el saco a medio abotonar y para nada recordaba la imagen que tenia de ese hombre. No era que conociera al otro íntimamente, más que nada breves interacciones cuando fue asignado en la guardia personal de Noctis. Sin embargo… había ciertas cosas que eran bien conocidas en la Ciudadela. Así como todos sabían que el príncipe y su chambelán eran más cercanos de lo que debían…

Y, otra de esas cosas era que Ignis Scienta no se veía despeinado. Sin importar la hora o la situación, el hombre de lentes con el ridículo copete y los zapatos perfectamente lustrados era eso. Perfectamente presentable.

Incluso en las situaciones menos halagüeñas. Como… bueno, cuando lo plantaron en el altar. Nyx había visto la foto tantas veces que la tenía memorizada.

Sin embargo, allí estaba, con su saco negro arrugado, la camisa blanca desabotonada. El botón del cuello abierto, y un pequeño colgante en forma de calavera titilaba bajo el sol. Lo único que se veía como siempre eran los mocasines, aunque Nyx estaba seguro de que podía ver una raya en la suela.

El hombre se acomodó los lentes y les miró, cerrando la puerta del Regalia. Había un brillo en sus ojos que hizo que Nyx se detuviera. Se veía como Scienta, pero…

Casi no notó que la puerta del acompañante se abría y otro hombre salía del auto. Revueltos cabellos negros, ropas negras, expresión alborotada. Bostezando. Eso fue lo que lo delató.

Nyx fue veloz en ponerse de rodillas, apoyando la frente contra el uniforme negro. Crowe y Libertus le imitaron, una recta perfecta de Gujas les siguió como marionetas. Le costó un poco a Libertus debido al yeso que tenía en la pierna, pero se las arregló.

Pelna gruñó mientras se intentaba mover.

"Pelna, no te molestes. No preciso que tu esposa embarazada me mate."

"Agh, sí. Bueno". Pelna se permitió quedarse quieto, y el otro simplemente le rozó con la punta de sus botas Etroboutin.

"Gujas, descansen".

Era verdaderamente peculiar oír esas palabras del príncipe heredero, en especial cuando Nyx le veía como un joven un tanto malcriado y barbilampiño que nunca vio los verdaderos horrores de la guerra. El rey Regis había protegido a su hijo, siempre haciéndole ver como un joven cualquiera en lugar de un príncipe. Eso siempre fue algo que pico a Nyx un poco mal. ¿Qué había tan de especial en el príncipe Noctis?

A pesar de eso, Nyx se habría arrojado a un pozo de clavos ardientes para protegerle. No se debía a que era el príncipe – no. La fidelidad al rey y su familia podía irse al demonio.

Lo que había hecho por Pelna debió bastar.

No era tan fuerte como s devoción hacia el rey, pero era un buen comienzo. A pesar de sus falencias, Nyx creía que había un poco de aptitud regia debajo de todo ese cabello.

"Su alteza", repuso Nyx, "¿En qué podemos servirle?"

El príncipe Noctis se encogió de hombros y miró a Ignis en busca de apoyo, pero el otro estaba ocupado en mirar a Pelna.

"¿Se encuentra bien?"

"De perlas", masculló el Guja, al fin logrando ponerse de pie. "Tele portarse ha sido complicado desde…". Sus ojos fueron al príncipe. "Su alteza…"

La boca del príncipe se hizo una línea. "Prosiga."

"Desde la semana pasada, con el Muro."

Nyx también lo notó – todos los Gujas lo hicieron. La magia que corría en la sangre de sus venas era más falible que lo normal. No pasaba seguido, solo en ocasiones de tensión… pero Nyx sabía lo que implicaba.

Noctis también pareció percibirlo. Sus ojos descendieron y Nyx tuvo la imagen de un chico vulnerable…

Ignis fue quien respondió. "Le aseguro que no hay motivo para preocuparse – su magia debería volver a su normalidad pronto. Sin embargo, no es el motivo por el cual estamos aquí."

Crowe e puso de pie, ayudando a Libertus con sus muletas. "Su alteza…". Acomodó una muleta bajo la axila derecha de Libertus y le permitió apoyarse en ella para mantener el equilibrio mientras tomaba la otra, "si no es ese el motivo de su presencia…"

Ignis se pasó una mano por el saco, aunque Nyx notó que sus acostumbrados guantes faltaban. En cambio, había una línea de feas cicatrices blancas recorriendo sus palmas.

Ah. No cabía duda de que usara guantes.

El Chamberlain se guardó las llaves en el bolsillo y se paró delante de Nyx, mirándolo con una frialdad que le hizo sentir como si se debajo se ocultara una colmena de abejas furibundas. A pesar de que pocas veces había visto al hombre de cabellos castaños, nunca de cerca, nunca había sentido esa inquietud… lo ominoso.

"Ulric. Me he enterado de que tiene un arma peculiar en su poder. Sus kukris, por favor". Ignis lo miró a los ojos, alargando la mano, con la palma hacia arriba. "Le aseguro que se los devolveré. Sólo deseo verlos."

¿Un sequito real por sus kukris?

"Señor…"

"Puede llamarme Ignis", respondió el otro sacudiendo el hombro, con una arruga cruzándole la frente.

"Señor", repitió Nyx, mirando temeroso a Libertus y a Crowe, quienes le miraban. "No puedo hacerlo, señor."

Noctis se cruzó de brazos delante de él. "¿Y por qué?"

Hubo un rictus en la frente de Nyx, y tuvo que cerrar los puños en su espalda para evitar clavarse las uñas.

"Su alteza", dijo Libertus con lentitud, encogiéndose mientras se apartaba de Crowe. "Somos de Galahd."

Se hizo una pausa; Noctis e Ignis se miraron de una manera que hizo que Nyx tragara saliva.

"Normalmente, la gente al menos me compra un trago antes de pedir ver mis espadas", bromeó, pero a pesar de la liviandad de las palabras, había una sensación que esperaba que los otros captaran.

"Oh, claro. Mis disculpas… la tradición galadiana dicta que las armas no pueden ser dadas a quienes no se las ganaron en combate". Las palabras sonaron casi un insulto en la lengua del chambelán, pero Nyx no podía hacer nada más que encogerse levemente de hombros.

Las palabras de su padre le resonaron en la cabeza, en la manera de cuando colocaba los kukris en su mano cuando no era más que un mocoso despeinado con las botas polvorientas, y un sueño. No dejes que nadie se las lleve. Haz que se las ganen, Nyx. Era mejor que le cortaran las pelotas que entregarlas por voluntad propia sin que se derrame un poco de sangre, sin importar el rango.

Era una de las pocas cosas que las Gujas comprendieron cuando comenzaron a permitir galadianos en sus filas. Incluso Drautos nunca le pidió las armas.

"Perdone, señor. No puedo. Bueno, a menos de que desee cortar las manos…"

"Eso se puede arreglar."

Nyx respondió con una risotada.

Ignis parpadeó, y aquellos ojos calculadores tocaron un nervio dentro de Nyx. En la forma que el otro le miraba, casi atravesándolo, hizo que los vellos de sus brazos se erizaran. Entonces, aflojó los hombros y alargó las manos.

"Así sea."

Nyx no se lo esperó: cual serpiente saltando al ataque, Ignis estaba allí y en otro instante se movía con una precisión letal que hizo al guja casi saltar de miedo. Invocó los kukris desde el éter, arrojando uno en la cercana columna junto a la cual había caído Pelna momentos antes.

Sintió el cuerpo hacerle añicos, y resurgir varios metros más arriba, con la sangre latiéndole en los oídos, mientras se agarraba de la piedra con una mano, buscando de donde asirse.

"¡Ignis!", gritó Noctis, "¿qué diablos haces?"

Nyx quiso gritar los mismo, pero por su precaria situación, colgado de la columna, lo único que pudo fue invocar el otro Kukri.

Rápidamente revisó su campo de visión, notando la conmoción cerca del auto mientras el príncipe corría tras su chambelán. Se vio un destello azul junto a su cabeza, y Nyx retrocedió, siseando cuando sintió en la punta de la oreja el estallido de dolor.

Rápidamente volvió la daga, notando la insignia real en el pomo, y el azul de la magia del Cristal.

Mierda. Scienta no bromeaba.

Consciente de ello, Nyx invocó su otra daga, arrojándola al muro más allá de la conmoción, transportándose a través de los otras Gujas hacia el castaño.

Orgullo.

A qué precio.

El chasquido de su daga en la piedra fue como música en sus oídos. Nyx alzó el brazo, permitiendo al Kukri recibir el impacto del siguiente ataque de Ignis.

Nunca antes practicaron juntos, pero Nyx sabía que Scienta había sido entrenado con la Guardia. A pesar de las ocasionales practicas entre las dos divisiones, Nyx sabía que la única diferencia era que los Gujas Reales usaban la magia de la Santalita en forma directa. La Guardia Real carecía de magia, con la excepción de los miembros de elite. No eran muchos, pero…

Y, sin embargo, la daga de Ignis deshizo el silencio mientras se deshacía y se despegaba del muro, de regreso a su amo.

Así que también tenía magia… pero…

No se sentía como la magia que conocía Nyx. Esta era distinta. Se sentía diferente, mal. Ni como se sintió la de Gladio Amicitia aquellas veces que entrenaron.

Pero no era momento para ponerse a pensar mucho en eso, ya que otro golpe le impactó, directo en la garganta.

"Epa, epa", exclamó Nyx mientras apartaba la daga. Fue rápido en esquivar la siguiente, a pesar de que notó que Ignis mismo había dado un paso atrás. La magia azul se abrió y Nyx apretó el agarre en sus armas.

Incuso si no había pasado mucho observando a la Guardia luchar… así no era como entrenaban a la gente en las dagas. Ni en las Gujas y con la magia se luchaba como Ignis.

Había algo salvaje en como el otro lo acorralaba, como un gato con ojos sin igual. No parecía que le mirara, mientras arrojaba la daga y retrocedía, usando el arma más como corrientes de aire. Cuando una salió, sacó la otra al rodearlo, dando vueltas, sin pausa.

"¿Podemos conversarlo?", rió Nyx, a pesar de que sentía la sangre gotear por su oreja. Sabia como cenizas y metal.

"La tradición galadiana obliga una pelea."

"No hasta la muerte, colega."

Su Kukri golpeó contra la daga de Ignis, enviándola lejos dentro del éter. Nyx podía notar que algo se avecinaba en como Ignis miraba el espacio detrás de su cabeza, pero no se esperó lo que pasó después.

La boca de Ignis se arrugó y repentinamente ya no era una lucha de dagas. Una lanza larga apareció en su mano, y las dagas desaparecieron.

Nyx apenas pudo reaccionar cuando tiró de los pozos de la magia dentro de él. Consiguió darle forma a una columna de luz entre él y la punta de la lanza, pero sintió las piezas dar un ligero tirón.

Mierda. La magia defensiva nunca fue su fuerte, y sumado a la batalla a principios de la semana…

Tiró nuevamente de la magia, mientras viraba con brusquedad. Siempre era más fácil para él protegerse espacios pequeños que la totalidad, cubriéndose el brazo con magia blanca. Fue lo suficientemente rápido como para bloquear el siguiente golpe, pero pudo ver que la magia flaqueaba.

No iba a ser capaz de aguantar mucho así, todavía débil por lo anterior. Y, a pesar de lo poco que sabía Nyx sobre la Guardia y como luchaban y entrenaban, lo que fuera que ahora hacía Ignis Scienta no lo era.

Los demás rápidamente se reunieron en el patio, para observar el tumulto. Parecían buitres.

Esto iba a terminar en orgullos muy heridos.

Nyx se limpió algo de sangre de la cara con el revés del brazo. Observando a Ignis moverse no le ayudaba – a pesar que era evidente que no podía transportarse, había algo en cómo se movía, ladeaba la lanza con la certeza de saber dónde planeaba moverse Nyx. Cuando el guja se movía, Ignis estaba dos pasos adelante.

"¿Qué eres, un telépata?"

"Tus pies", respondió Ignis, apenas un ronquido que ni estaba cansado. "Son bastante evidentes."

Nyx se aguantó las ganas de mirar sus botas, en cambio, usó la última energía en su escudo cuarteado para apartar la lanza, cuando apareció cuando estaba a punto de moverse.

No iba a rendirse. No si era la mitad de malo de cómo se sentía, y definitivamente, no después del desdén en como Scienta le miraba, como si fuera un mero insecto que debía ser clavado en una tabla de corcho.

"Nada de pies, entonces", gritó Nyx, mientras arrojaba el Kukri al edificio detrás de Ignis. Mientras se trasportaba usó el otro para apuñalar a su oponente. Si iba a perder, era mejor que perdiera con un poco de sangre para mostrar.

Logró rasgar el hombro de Ignis con la punta de la cuchilla, pero el otro fue mejor. A pesar de estar a medio formar con la magia azul, Nyx pudo sentir el lado romo de la lanza darle de lleno en el estómago.

Nyx dio contra el suelo con un gruñido, rodando sobre un lado.

"Aw, mierda. Me rindo". Nyx se sujetó el estómago, luchando las ganas de imitar a Pelna y perder su almuerzo sobre la tierra. Alguien a su lado – sonaba como Luche – gritó algo sobre perder veinte guiles, pero Nyx estaba un poco preocupado por algo que tintineaba junto a su nuca.

"Ya me rendí."

"Soy consciente de ello."

Nyx abrió los ojos y miró a donde la punta filosa se presionaba contra su garganta. Mirando el ángulo le hizo sentir que iba a ponerse bizco, y en cambio alzó la vista al chambelán.

Apenas había un corte en su hombro, un hoyo en su saco negro que mostraba que la sangre teñía de rosa los bordes de la camisa rasgada.

"Entonces, puede apartar eso."

Ignis volvió a mirarlo. Esos ojos… realmente eran fríos. Luego de que pasara otro momento, y que alguien silbara, el más joven hizo un pequeño gesto con la mano. La lanza regresó al éter, y el olor a la magia, su peculiar peso que parecía que algo se había roto, desapareció con ella.

Por un momento, la pequeña muchedumbre se disipó y el tintineo de sus oídos a causa de la magia cedió. Y, en ese instante, todo lo que Nyx pudo hacer fue mirar al otro que se erguía delante de él, que lo observaba como si se tratara de la primera vez.

En ese momento, había pocas opciones que Nyx pudo elegir. Podía haber invocado sus kukris y resumir la pelea. Podía simplemente haber yacido en el suelo, y seguir el juego. Que le patearan el culo no era algo que pasara a diario, después de todo.

Pero Ignis pareció tomar la decisión por él, ofreciéndole una de sus manos marcadas.

"Para la próxima, le invitaré una copa."

Nyx parpadeó, y, entonces, una vez que las palabras calaron, rió mientras aceptaba su mano.

El lugar donde Ignis le impactó le ardía, pero hizo lo mejor que pudo para ocultar su dolor. E llevó la mano derecha al estómago y empleó la otra para limpiar el hilo de sangre que seguía manando de su oreja.

"Noctis, ¿tienes una poción en el auto?"

"Sí, voy a traerla."

Nyx comenzó a sacudir la cabeza, pro Ignis alzó la mano, apoyándosela en el hombro.

"El príncipe no precisa darme una poción. He probado cosas peores en el Sector D."

"Como sea", dijo el otro, "preferiría no dejar a un miembro de las Gujas Reales con una costilla rota a causa de una tradición."

Nyx resopló y miró a Crowe y a Libertus, y a los demás Gujas, quienes habían logrado ver el final de la pelea.

"Y tenemos pociones en abundancia."

Ante eso, Nyx miró al príncipe y la pequeña lata que sostenía entre los dedos. Era color violeta, con la cara rugiente de un behemoth a modo de etiqueta.

"Eso no es una poción. Es agua azucarada… su alteza."

Pero Noctis le parpadeó como Ignis, y Nyx se preguntó si el haber crecido juntos les había dado los mismos manierismos. ¿Quién habría sido el primero?

El príncipe solo sacudió la lata, dejando que sus dedos jugaran con el abridor de metal un momento antes de abrirla. La bebida burbujeó y un poco salpicó sobre la mano de Noctis. Dejó que sus dedos recorrieran el borde de la lata, un brillo azul descendiendo por la bebida.

"Y, ahora, es una poción."

Se la tendió a Nyx, quien miró el hoyo en el metal.

"No sabe mal. Solo bájatela."

Nyx miró a Crowe, luego a Libertus, antes de volverse a mirar al príncipe.

"¿Es una orden, su alteza?"

"¿En verdad precisas que lo sea?"

Nyx se sostuvo el estómago mientras empinaba la lata a sus labios, y le daba una probada.

La consistencia melosa y el molesto dolor de su panza casi le hizo vomitar, pero consiguió tragárselo unos sorbos antes de apartarla, pasándole la bebida a Libertus. Considerando el desastre que era la pierna de su compañero tras la última batalla, si la poción era lo suficientemente buena, al menos le ayudaría con la recuperación.

"Tómate el resto", le dijo, mientras luchaba con las ganas de vomitar la bebida energética y mágica sobre el piso. "Asco."

"Supongo que no creciste con esto", señaló Noctis. Había un aire divertido en su voz.

"Chico de campo", disparó. "No bebemos azúcar en dónde vengo". Pero, azucarado o no, Nyx podía sentir la magia reparando bajo su piel el daño que el cabo de la lanza de Ignis había hecho. Pero, además de eso, Nyx notó la sensación de que algunas de sus heridas de la batalla anterior se disipaban. Cuando alzó la mano a su oreja, la piel ya se había reparado. "Eso fue rápido."

"Las pociones que ustedes emplean se derivan de las nuestras, creo". Ignis miró a Crowe para confirmar sus palabras.

"Tenemos algunos elixires del rey, pero no los usamos muy seguido."

Ignis y el príncipe intercambiaron miradas que no fueron percatadas por los demás, pero sí por Nyx. Y, por el fruncido de sus cejas, estaba seguro que Crowe también.

"Deberíamos ocuparnos de abastecerles de más medicinas a las Gujas. No deseamos que sufran lo indebido". Había algo en esa respuesta, y Nyx se preguntó si un chambelán tenía el derecho de prometer eso a un príncipe…

"Creo que sobreviviremos. Y si me compró ese trago, y yo soy hombre de palabra". Nyx dejó de sostenerse el costado y lentamente llamó a los kukris del éter, mostrándole los cabos al otro. "De todos modos, ¿por qué los necesita?"

Ignis miró los kukris y, lentamente, con deliberación, cerró los ojos mientras se estiraba para tomarlos. Fue gentil, las yemas de sus dedos pasaron por el metal, como si supera cómo eran, y cómo se sentían…

Lo que no tenía sentido. No para Nyx.

Aquellas eran sus armas. No había dejado que nadie, con quien no había luchado, las tocara, y, sin embargo, en la manera en que Ignis pasaba la uña por la inscripción en un lado, la pequeña muesca en el pomo, incluso como los balanceaba en sus manos…

Ignis Scienta conocía sus armas, y a Nyx no le gustaba eso.

"Preciso asegurarme de algo. Guja Ulric, necesitaré que venga con el príncipe Noctis y yo a la Ciudadela. Precisamos sus servicios". Con eso, Ignis giró los kukris en sus manos y se los tendió a Nyx.

"No estoy muy seguro de cuanto le serviré", respondió, "pero iré. Su alteza", se inclinó con deferencia al joven que apenas se encogió de hombros.

Ignis volvió a mirar a Pelna, quien logró componerse y había algo en sus ojos que hizo que Nyx se pusiera tenso, antes de que Pelna alargara la mano para estrecharla.

"Marilynn adora el moisés, ¿sabe? Gracias por eso."

Era la primera vez que Nyx oía algo acerca de eso, y, por un momento, pareció como si fuera la primera vez que Ignis también lo oyera. Pero entonces, como una luz, algo como una sombra cruzó el rostro de Ignis.

"¿Está ella bien?", su voz era suave, dubitativa. A lo mejor existía una fibra sensible en ese hombre, pero debía estar bien adentro. Sin embargo, la esposa de Pelna, Marilynn, tendía a causar eso en la gente…

Pelna rió. "Apenas. Sigue intentando cocinar y limpiar. Incluso la encontré tratando de usar ese libro que usted me dio para hacer la cena, pero… ya sabe cómo puede ser. Creo que le sigue llamando anidar."

"Sabe que ella no es un pájaro, ¿verdad?", respondió Noctis, pero alzó los brazos a modo defensiva debido a como le miraron. "Bueno, bueno. Okey."

Marilynn era un tema que no salía muy seguido. Considerando que casi le costó el pellejo a Pelna (tanto literal como figurativamente), no era exactamente un tema que pudiera comentarse con un trago.

Pero eso era parte de ser un Guja. Así como Pelna no hablaba sobre su esposa embarazada, Nyx no hablaba sobre su hermana muerta.

Había motivos por los cuales la gente entraba en los Gujas… y eso era suficiente repuesta.

"Mientras me encantaría conversar sobre la horrenda comida de Mari…", resopló Nyx, "usted dijo que necesitaba que les acompañe a la Ciudadela. ¿Por qué?"

Ignis le miró de arriba abajo un momento, y luego buscó en su bolsillo, sacando las llaves. "Se lo informaremos cuando lleguemos."

"Esto no es exactamente algo de intriga y misterio."

Ignis sonrió, con lo blanco de sus dientes haciendo que Nyx se sintiera un poco más incómodo de lo que deseaba admitir.

"Soy consciente. Pero, lo que hará, lo será."

Nyx arqueó una ceja, mientras Ignis señalaba el auto.

"Estaremos más que felices con contarle sobre su tarea cuando lleguemos a la Ciudadela."

¿Por qué Ignis decidió pelear desde un primer momento? Bueno, creo que fue tanto una manera para mostrarle a Noctis que el de verdad, en serio era distinto debido al Cristal. Todo su estilo de pelea cambio tras ser enceguecido, en especial el uso de sus dagas.

Fue una manera de presumir un poco de poder sobre los otros Gujas, hay muchos rumores y suposiciones de que el rey y Noctis son débiles, así como la Guardia Real. Nosotros (e Ignis) sabemos que hay traidores entre los Gujas, pero puede haber algunos que aún no se han rendido.

También notaran que esta escena en particular fue sacada de algo que sucedió en la película KINGSGLAIVE. Sin embargo… no hay indicios de que el rey Regis aceptara rendirse. No habrá una rendición.

Pero… pronto llegaremos a eso.

Espero que les haya gustado mi caracterización de Nyx. Todavía tengo que sentirlo. No es ni la mitad de atormentado que Ignis, así que escribirlo tiende a ser rápido y sucio. Mi elección de palabras es más casual y le gusta pelear dando lo mejor de sí, jajá.

Próximo capítulo: Nyx se prepara para la infiltración de Tenebrae. Ignis y Noctis tendrán un momento a solas. Alguien llamara a Gladio y a Prompto.