Lamento la tardanza, tuve unos problemas con el capítulo, ya que no estaba segura de que dirección quería que tomara la historia. Además, he estado bastante metida en mi propia novela- intento de novela sería más apropiado, jaja, pero los escritores no sólo tenemos que alimentar nuestro propio ego (de eso se encargan los lectores) sino el de nuestro personajes, y a nadie le gusta que llamen a su historia "intento".
Muchas gracias por sus reviews, y a todos los que leen. Espero que el capítulo valga la espera. Las cosas están a punto de ponerse interesantes (Yo siempre tratando de sonar misteriosa...)
Sin más nada que decir, los dejo para que lean.
Atentamente,
Nikky Grey.
Cómo entrenar a tu dragón en condiciones adversas:
Cuando volvió al claro, Espina ya había hecho su aparición. El enorme dragón levantó la cabeza solo un momento para verla.
Buen trabajo, dijo, ya puedes entenderlo.
¿Cómo lo sabes? Pensó la chica, colocando las ramas en el suelo junto a los pájaros, y actuando con naturalidad- Aunque con bastante cuidado de ocultar la palma de su mano izquierda.
Tienes la marca, Selena quiso preguntarle más, pero Murtagh, ajeno a la conversación, la interrumpió. Parecía haber estado caminando en círculos por bastante rato, porque sus pasos ya habían dejado un rastro en el suelo.
-Te tardaste bastante-dijo secamente.
-Fui a cazar- mintió, y señaló con la cabeza los pájaros a sus pies.
-Tenemos comida suficiente en las alforjas- replicó él, cruzándose de brazos.
-No esperarás que me alimente de pan durante cinco semanas…
-Espero que al menos me digas cuando decidas irte- parecía contener las ganas de comenzar a gritar.
-Lo siento ¿vale? – Dijo ella, sorprendida por su comportamiento- Debí de decirte que me iba a tardar.
¿Qué demonios le pasaba a Murtagh ahora? No se había tardado tanto tampoco.
Aunque, a decir verdad, tomando en cuenta la situación en la que estaban los dos- con un ejército entero persiguiéndolos- había sido bastante estúpido desaparecer sin decir a donde iba.
De nuevo, había actuado sin pensar ¿Es que nunca aprendería?
Encendió el fuego para asar la comida, y luego se quedó completamente quieta. Acababa de darse cuenta de algo.
-¿Qué pasa ahora?- preguntó el muchacho secamente, aún molesto por su imprudencia.
-Es que…- Selena enrojeció, y clavó la vista en sus manos- Yo… No sé cocinar.
Al no obtener respuesta, levantó la mirada. Murtagh tenía los labios apretados, en un esfuerzo por mantener serio el semblante, pero su mandíbula temblaba, y se le escapó una sonrisa.
-¡No te rías!- exclamó ella, poniéndose más roja todavía, lo que concluyó en que él hiciera justo lo contrario, y sus carcajadas retumbaron en el claro-No soy la chica más femenina del mundo ¿sí? –gritó a la defensiva.
-Nunca me habría dado cuenta…- dijo él cuando hubo recuperado el aliento.
-Que gracioso- masculló Selena, aunque una sonrisa casi la traiciona- Y supongo que TÚ si sabes cómo hacerlo.
-A decir verdad, si- y ante la mirada estupefacta de la joven, el muchacho buscó tres ramas, se agachó a su lado, y formó un improvisado asadero donde dejó dos de los pájaros que ella había traído.
-Impresionante- concedió, y él sonrió a medias- Y yo que creí que eras tan ignorante como yo en los secretos artes femeninos.
Lo último le ganó un empujón en el brazo, y ella fingió que le dolía más de lo que en verdad lo había hecho.
-No sabía que cocinar entraba en… Los secretos artes femeninos- replicó Murtagh, imitando su tono de voz casi a la perfección- Además, normalmente no viajo con mujeres, Selena, no iba a morirme de hambre sólo por un anticuado estereotipo.
-Sólo bromeaba- aclaró la aludida, apoyando las manos en el suelo, y arqueando la espalda para mirar el cielo.
Unos cuantos pájaros sobrevolaban las nubes. Libres, independientes… Y tan vulnerables, como los dos jóvenes pegados a la tierra que alzaban sus cabezas para admirarlos.
-¿Crees que lo logremos? –murmuró, la sonrisa desapareciendo de su rostro.
Al volver la mirada hacia él, vio que estaba tan serio como ella.
-Quiero creer que sí- continuó Selena- es sólo que… A veces me pregunto si no debí de pensarlo mejor antes de huir como loca.
-De haberlo pensado más, habrías dado con alguna razón para no hacerlo- fue su respuesta.
-Quizás debí de haberla buscado…
Murtagh levantó la cabeza hacia los pájaros, y le indicó que hicieran lo mismo.
-Aquí son libres, pueden ir a donde quieran, volar hasta lo desconocido… Aunque lo más probable es que terminen como cena de algún cazador ¿no?- la chica asintió- Si estuvieran en una jaula no pasaría eso, tendrían una vida tranquila, comerían tres veces al día, y morirían de viejos eventualmente- hizo una pausa- ¿Crees que eso es lo que quieren?
-No- dijo automáticamente. No tenía que pensarlo, y supo a donde se dirigía el muchacho.
-Cierto, porque eso no los haría felices, y saben que vale más un minuto de felicidad que una vida miserable. No te arrepientas de lo que hiciste, Selena, porque si eres libre, así sea por un día, así nos maten al día siguiente, habrá valido la pena.
…
Esa tarde, cuando retomaron la marcha, con el estómago lleno y unas cuantas horas de sueño recuperadas, Selena se dio cuenta de algo.
Primero, que era capaz de conversar con el dragón mentalmente, y que este, poco a poco, estaba aprendiendo a comunicarse con palabras, que repetía torpemente cuando ella las pronunciaba. También se dio cuenta de que podía esconder la marca de su palma si mantenía las manos sucias, lo que, estando en plena huída, y sin posibilidades de asearse tan seguido como antes, no podía ser tan difícil- Tendría que prescindir de la higiene por el bien de la humanidad.
Otra cosa importante que le vino a la mente, era que seguía sin ponerle un nombre al dragón.
Porque… Era un dragón ¿no? No sabía por qué, pero algo le decía que era macho, a lo mejor la misma criatura.
Murtagh dijo algo por encima del hombro, sacándola de sus pensamientos.
-¿Qué?
-Que estamos a tres horas de Dras-Leona, sorda- replicó él, socarrón- Pero no podremos entrar a la ciudad, al menos que quieras terminar en Helgrind. Acamparemos afuera.
-Ah, claro, yupi- dijo sin muchos ánimos. Le aterraba la idea de estar tan cerca de la prisión.
-¿Pasa algo?
-¿Qué? No, nada.
-Deberíamos dejar de hacer eso- dijo el joven, y Selena frunció el seño, a pesar de que él no podía verla.
-¿Qué cosa?
-Decir que no pasa nada cuando los dos sabemos que no es cierto.
-Mira quién habla…-replicó.
-Por eso lo digo.
-Te explicaré, sólo si tú lo haces primero.
El muchacho se encogió de hombros.
-Dije que deberíamos dejar de hacerlo, no que iba a ponerlo en práctica.
Y sin más, siguieron marchando en silencio.
…
Esa noche hizo mucho frío. El viento glacial se colaba a través de la tienda de la jefa de los vardenos, y los susurros fantasmales retumbaban por todo el campamento como mensajeros de la muerte.
Eragon trató de ignorar el frío, pero habría sido más fácil ignorar que le faltaba una pierna. De igual manera, lo disimuló tan bien como pudo, atento a las palabras de Nasuada, y preguntándose cómo hacía para hablar tan claramente titiritando tanto como lo hacía.
-Lo entiendes ¿no es así? –preguntó ella finalmente, la expresión seria.
Y sin embargo, sus ojos parecían brillar con una preocupación que el chico no veía.
Eragon asintió con la cabeza, preguntándose si se refería a que entendía la orden o a si la había captado entre el castañeteo y el susurro del viento.
-¿Estás segura, Nasuada? Es algo bastante inesperado.
-Totalmente, los elfos nunca se equivocan. Sólo tú puedes razonar con él, antes de que sea tarde. Lleva a Arya contigo, si quiere ir, claro- dijo, consciente de que la decisión de la elfa estaba más allá de ella. Clavó sus grandes ojos castaños en el muchacho- Cuento contigo, Eragon.
Él se puso en pie.
-Partiré mañana, entonces- dicho esto, salió de la tienda, y las tenues luces del campamento vardeno lo saludaron. Más allá de las tiendas, estaba completamente oscuro, como si lo único que existiera en el mundo fueran aquellos rebeldes que dormían.
Un nuevo jinete ¿puedes creerlo? preguntó a Saphira, abrazándose el pecho en un intento por vencer la baja temperatura que parecía querer congelarlo.
Sólo el tiempo dirá si es una buena noticia, pequeño dijo la dragona, recelosa, recuerda donde estaba escondido el último huevo de dragón.
Tienes razón Eragon entró a su propia tienda, se quitó las botas, y se dejó caer en la cama, exhausto. Los días de insomnio le estaban pagando factura. Por eso tengo que buscarlo antes de que se una a Galbatorix, si no es que lo ha hecho ya.
Si no es que Murtagh lo encuentra primero.
Sí, bueno, eso también, pensar en su hermano, su medio hermano, (la corrección aparecía incluso cuando hablaba consigo mismo) le producía una mezcla de sensaciones. Primero, rabia, por sentirse traicionado. Lástima, también, porque sabía que no había tenido opción de convertirse en lo que era, porque sabía que estando él en su posición no habría tenido muchas otras opciones. Y luego, rabia otra vez, porque sabía que tendría que enfrentarse a él algún día, y no podrían posponerlo para siempre.
Duerme, pequeño, dijo Saphira, sacándolo de aquel túnel sin rumbo que siempre terminaba dándole dolor de cabeza, y haciéndolo sentir peor de lo que ya se sentía, ya todo se solucionará en la mañana.
Sabía que no era así, pero en ese momento no importaba. Necesitaba descansar.
…
A varios kilómetros de distancia, en las afueras de Dras-Leona, dos muchachos también luchaban contra el inclemente cambio de clima. No podían encender una fogata, eso llamaría demasiado la atención, y por primera vez en todo el viaje, Selena agradeció tener por compañía a aquel gigante dragón cuyas alas podían protegerla del frío, y mantenerla calentita.
Si bien, aquella completa oscuridad no le gustaba para nada, le servía para olvidar que no estaba tan lejos de la enorme y tétrica fortaleza –responsable de la mitad de sus pesadillas infantiles- como a ella hubiera querido.
La otra mitad de sus pesadillas, sin embargo, parecía alimentarse de la falta de luz.
-Todo está bien, Selena,-murmuró, hecha una bola. Acercó más las rodillas hacia su pecho, como si así pudiera protegerse de sus pensamientos- Todo está bien…
Era estúpido temerle a la oscuridad, especialmente cuando el tiempo le había enseñado que había cosas muchos peores. Pero ya Selena había aprendido que no era esta lo que le asustaba, no era su tranquila soledad, el vacío que parecía extenderse hasta el fin del mundo.
Eran los monstruos en ella. Monstruos que se habían acumulado a lo largo de los años, instalándose tranquilamente en aquella porción de negrura con tanta claridad como si en verdad estuvieran a su lado. Observándola, burlándose. Recordándole que no era tan fuerte como pretendía.
-Todo está bien…-repitió por enésima vez, con voz más débil. De nuevo, los fantasmas le habían ganado.
Las imágenes pasaban frente a sus ojos sin poder detenerlas:
-¡¿Cómo pudiste traicionarme!
-¡Corre, Selena, corre!- su madre intentaba alejarla de aquel hombre, pero la niña estaba demasiado paralizada para moverse. Galbatorix la tiraba del brazo, tratando de alejarla de ella- ¡Déjala en paz, ella no hizo nada!
-Es tan culpable como tú, -decía él suavemente, a pesar de que la furia parecía salir a través de sus ojos como lava ardiendo. Aumentó el apretón, y Selena chilló de dolor- tu hija, tu sangre contaminada…
-¡Es tu hija también!
-Y por eso, es mi trabajo corregirla.
-¡NO!- la sangre le manchaba el rostro, los gritos le perforaban los tímpanos. La agonía se alojó en su pecho, y sabía que no podría contener la tempestad dentro de ella por mucho tiempo.
-¡Selena! ¡Selena, corre, huye!- repetía su madre inútilmente, mientras los hombres de su padre la alejaban de ella. Golpeada, ensangrentada, moribunda...
¡Y aún así, sólo le importaba ella, su hija, la culpable de todo eso!
-¡Selena!- Esa voz era diferente. Alguien la zarandeaba con fuerza, y la joven abrió los ojos, emergiendo de su pesadilla. Entonces se dio cuenta de que ya no estaba bajo el ala de Espina. De alguna manera, se había quedado dormida, y ya los primeros rayos del alba ponían fin a aquel frío desgarrador.
Sin embargo, ella no dejaba de temblar.
-¿Estás…?- no lo dejó terminar. Se puso en pie de un salto, y lo abrazó. En algún momento comenzó a llorar, y ahora no podía parar de hacerlo. El fantasma de aquel sueño, que no era sólo un sueño, se había apoderado nuevamente de ella.
Murtagh no dijo nada. Sabía exactamente cuál era el problema, y también sabía que no había nada que él pudiera hacer. Sus brazos la sujetaron con fuerza, sosteniéndola, evitando que se perdiera para siempre en su pasado, y esperó pacientemente a que ella se calmara.
Luego de un rato, se alejó un paso, limpiándose las lágrimas que quedaban en sus mejillas.
-Lo siento- balbuceó, ruborizándose un poco, y él enarcó las cejas.
-¿Por qué? No tienes que disculparte por nada- dijo quedamente.
-De hecho sí, -lo señaló con la cabeza- te mojé toda la camisa.
El muchacho se encogió de hombros, sonriendo.
-Tendrás que hacerme otra- se burló- aunque si eres tan buena cociendo como cocinando, terminará con tres mangas y dos cabezas.
-Cállate- masculló, dándose por ofendida. Aunque le agradecía mucho que estuviera tratando de distraerla- Vas a arrepentirte de haberme dicho eso.
-¿De pedirte que me hicieras la ropa? Selena, ya me estoy arrepintiendo.
Ella sonrió, y por un momento, ninguno de los dos dijo nada. Sólo se miraron, transmitiéndose en silencio todas las cosas que nunca dirían en voz alta. Si bien, no eran las personas más comunicativas del universo- nunca lo habían sido- a Selena nunca le pareció necesitar las palabras, y sabía que podía contar con él para lo que fuera.
De haber podido carraspear, no cabe duda de que Espina lo habría hecho. Pero no podía, y reemplazaba esta deficiencia con algo que sí podía hacer: Gruñir.
Y fue un gruñido estridente lo que hizo que Selena pegara un salto. Incluso Murtagh parecía haberse sorprendido.
Les recuerdo que somos fugitivos, tortolitos…
-Muy gracioso- masculló el pelinegro, y Selena se dio la vuelta y fue por los caballos (Lo que en parte era una excusa para que el chico en cuestión no viera lo roja que se había puesto).
Un movimiento en su bolsa le llamó la atención. El dragón se estaba despertando.
Buenos días.
Buenos días, Selena, la saludó una voz masculina, ligeramente adormilada, y la chica se sorprendió.
Veo que estás creciendo rápido. Hace apenas unas horas, la voz del dragón había sido parecida a la de un niño, demasiado andrógina como para estar segura del sexo del animal. Pero ahora, era obvio que se trataba de un dragón macho.
-Vuelvo en un minuto- dijo en voz alta, y se internó en el bosque con el arco y el carcaj, en busca de algo que comer para él.
Dejó la bolsa abierta en el suelo, y puso una flecha en el arco, entrecerrando los ojos. Minutos después, entro al claro con un conejo mediano… Que fue a dar al suelo cuando la joven soltó un grito.
Estaba volando.
Bueno, aleteando sería más específico. Sus alas se movían rápidamente, mientras su portador se balanceaba al mismo nivel de la cabeza de Selena.
¡Me asustaste! lo reprendió, y el dragón bajó elegantemente, mirándola con sus grandes ojos negros.
Perdona. La joven se dio cuenta de que estaba considerablemente más grande, si se tomaba en cuenta que sólo tenía dos días de nacido.
¿Todos los de tu especie crecen tan rápido?
Nos adaptamos a la situación. Había un matiz divertido en su voz.
¿Y cómo me las arreglaré para esconderte ahora? preguntó, más para sí misma que para él. Estaba segura de que no cabría en su bolso por mucho más tiempo.
No quedaba de otra, tendría que decírselo a Murtagh.
Pronto podré volar, respondió él, tranquilizándola, si puedo volar, puedo esconderme solo.
Selena se mordió el labio. Sabía que estaría bien, pero no le gustaba la idea de abandonarlo a su suerte, sólo para evitarse el tener que contarle la verdad a su amigo.
No era lo que acostumbraba, pero decidió postergar la cosa un día más, hasta que no hubiera solución. Recogió el conejo, y lo acercó al dragón, que se lo comió en menos de cinco minutos, y la miró, expectante.
-¿Más? –exclamó en voz alta, divertida. Luego de un rato volvió con dos pájaros pequeños- ¿Mejor ahora, pequeño glotón? –bromeó, mirándolo como una madre miraría a un hijo.
Así está bien, gracias.
Prometo enseñarte a cazar algún día.
No hace falta, deja que crezca unos centímetros, dijo, enseñando los dientes, en lo que ella imaginó que era una sonrisa. Se imaginó el aspecto que esa "sonrisa" tendría en un cuerpo más imponente, y admitió que sería bastante aterradora.
-¿Y quitarme la única cosa que puedo hacer? –Recogió su bolso, y el dragón saltó dentro nuevamente- Entre tú, Murtagh y Espina harán que me sienta como una completa inútil.
No eres una inútil, eres un jinete de dragón.
Selena puso los ojos en blanco. A los demás, el término parecía significar motivo de orgullo, de emoción, de aventuras, como si a partir de allí todo lo que hiciera sería leyenda.
Pero, para ella, "Jinete de Dragón" era sinónimo de problemas, de persecuciones, de barrotes de hierro y pájaros encerrados, esperando la muerte.
Sí, qué suerte tengo.
…
Eragon sobrevolaba el lago Leona, buscando, junto a Saphira, indicios del nuevo jinete.
Arya dijo que se encontraba por esta zona, explicó, aunque no estaba seguro de cómo lo reconocería.
Paciencia, pequeño, insistió la dragona, planeando hacia abajo, de vuelta al claro donde la elfa los estaba esperando, lo sabrás cuando lo veas.
Entonces, vio algo, pero no fue lo que estaba esperando en absoluto. De cualquier manera, eso que vio le heló la sangre, y se acercaba cada vez más hacia ellos.
Espina.
Tenemos que bajar, y rápido, si él está aquí… Saphira no terminó la frase, descendiendo a toda velocidad.
Pero no hacía falta, el muchacho sabía exactamente qué había querido decir.
Si el dragón de Murtagh estaba allí, él no debía de estar lejos.
Y de ser eso cierto, había una gran posibilidad de que su hermano hubiera llegado antes que él, y otra, mucho mayor de que los dos se encontraran pronto.
…
Luego de unas horas, Selena sintió como su bolsa se volvía bastante más pesada, y la sorpresa la dejó muda ¿Cómo había aumentado de peso tan rápido?
Te lo dije, nos adaptamos a la situación, sonó su voz en la cabeza de la chica, respondiendo a su pregunta. Instintivamente, miró hacia delante, pero sabía que Murtagh no podía escucharlos.
Y se lo toman muy en serio, en ese momento,recordó algo, y le pareció que era un buen momento para terminar con el tema, por cierto, ahora que ya sabes hablar, podrías ayudarme a elegir un nombre. No sé cómo llamar a un dragón, me imagino que tiene que sonar místico o algo parecido, y…
Gobaith.
La joven detuvo el flujo de sus pensamientos de golpe.
¿Disculpa?
Ese es mi nombre, Gobaith. Selena no pudo evitar fruncir el seño en consternación.
Creí que los Jinetes elegían el nombre.
No siempre. Al menos que tú quieras cambiarlo…
La chica se encogió de hombros. Algo le decía que él podía recordar sus pobres intentos de conseguir un nombre decente.
Gobaith suena bien, y si a ti te gusta, no tengo problema. Una ola de agradecimiento la inundó –quizás por no insistir en llamarlo Charrascopio- y no pudo evitar sonreír.
De repente, el caballo de Murtagh se detuvo con tanta brusquedad que las patas del animal se levantaron en el aire, relichando con fuerza, y el joven se balanceó, a punto de caerse.
-¿Qué ocurre?- preguntó ella, deteniéndose también con el corazón en la garganta. Incluso sin verle el rostro, podía distinguir la tensión en sus hombros- ¿Son los soldados?
-No- dijo, y giró la cabeza hacia la joven. Tenía el rostro crispado, no recordaba nunca haberlo visto así.
-¿Qué es, entonces?
-Espina vio a Saphira. Está cerca- A Selena le tomó un segundo recordar que ese era el nombre del único dragón libre de toda Alagaësia. La única dragona de toda Alagaësia.
Aunque ese no era el problema. No era por eso que él se había puesto así.
-Si ella está por aquí…- comenzó, palideciendo, pero no se atrevió a terminar.
-Significa, - continuó Murtagh, sonriendo con ironía, el dolor en sus ojos demasiado evidente para que ella no lo viera- que llegamos justo a tiempo para la reunión familiar.
