Imagen 347
Orgullo
Se apreciaba desde donde lo mirara, su persistencia, su insolencia. La forma en la que se dirigía a él apenas después de conocerlo. Era el hijo de Bulma.
Lo había acechado e insistido que entrenaran juntos, pero él no era el tipo de guerrero que precisara un compañero de pelea. Él era el tipo de guerrero que daba por terminada la pelea en cuando el enemigo tocaba las puertas del otro mundo. Él no necesitaba de nadie. Pero al encontrarse en la aberrante situación de tener que incrementar su fuerza en cuestión de horas, no le quedó más remedio que adentrarse a la habitación del tiempo durante un año, junto a Trunks.
Le había sorprendido en efecto, desde el primer momento en que lo vio después de nacer. Tenía la humanidad reflejada en sus cristalinos ojos azules, idénticos a los de su madre. Delimitando una diferencia instantánea entre ellos. Él era un terrícola con el ki de un saiyajin.
O al menos eso era lo que había estado pensando durante casi un año, hasta que llegó él. Su otro hijo, el muchacho de otra era que se había ganado su odio desde la primera vez que lo vio.
Ahora todo tenía sentido, pero recién estaba logrando acostumbrarse a la idea de que dieciocho años habían pasado en un abrir y cerrar de ojos. Y él estaba ahí, parado ante él bajo la espesura de aquel mundo inmaculado.
Sí, mucho de Bulma había sido volcado en él. Su persistencia, su humanidad, sus ojos. Pero al mismo tiempo su interior vibraba pues percibía el inmenso potencial guardado en su interior, lo que dejaba al descubierto lo que tanto se había negado: tenía ante él a un saiyajin poseedor de un poder más monstruoso que el del mismo Freezer. La semilla que apenas se podía vislumbrar en ese infante llorón, cegaba en el que sería dentro de unos años.
Y se descubrió a sí mismo, ladeando una sonrisa de orgullo que por primera vez, no se regodeaba en él mismo. Se acomodó los guantes y lo miró fijamente. La humana mirada de Trunks era tan transparente que podía sentir todo el desprecio que le profesaba, toda la incomprensión, toda la incertidumbre, pero sobre todo se palpaba su admiración.
Al principio encontró irrazonable la manera en la que Bulma regresaba a él luego de insultarla y de gritarle que se alejara, de amenazarla o menospreciarla. Pero al momento de cruzarse con Trunks y caer finalmente en cuenta de su identidad no se pasmó con la similitud. Por lo mismo era que le causaba tanta gracia la manera imperiosa en que él se escandalizaba ante su reacia y soberbia actitud.
Pero Vegeta se sonreía mientras alimentaba esa pesadilla en la que Trunks se sumergía cada vez que lo conocía un poco más. Deseando secretamente sacar de él más de sí, más de lo que se alcanzaba a ver debajo de toda la bondad y la nobleza. Allí, donde nadie más llegaba a ver.
