Los personajes de Inuyasha pertenecen a Rumiko Takahashi.
Los guiones son diálogos-
las letras en cursiva son pensamientos.
En la niebla, los sonidos atraviesan largas distancias. Dos hombres caminaban sin ninguna preocupación, a pesar de que sus oídos captaban el ruido de caballos y sonido de voces. Más adelante, tres hombres a caballo rodeaban una diligencia formando un círculo.
Cuando escucharon disparos, jakotsu tomo el mango de su espada, preparado para atacar, pero su compañero le indico que permaneciera quieto.
-no hay prisa, deja que esos tontos saquen las cosas del carruaje, y luego nosotros les robamos.
-¡bien pensando! hoy es nuestro día de suerte.
-sí.
Efectivamente se trataba de un atraco, el anciano que conducía la diligencia, estaba herido gravemente tirado en la tierra húmeda. Entretanto, los saqueadores cogían con rapidez todo lo que podían.
En el paisaje, se observaba una cortina de humo por los anteriores disparos, y ahora los mercenarios se confrontaban con ellos.
-¿Qué queréis?-dijo el ladrón introduciendo las monedas en un saco.
-todo lo que lleváis-dijo bankotsu-, dejad las cosas en el suelo y largaos. Sino moriréis.
-¡ja! No me hagas reír-dijo un segundo ladrón-, amigos vamos a darle una lección.
-seréis chulos, no podéis hacer nada contra nosotros-dijo jakotsu.
-será mejor que os valláis por donde habéis venido-dijo el tercero.
-payaso-dijo el líder sonriendo y con un movimiento veloz, el acero de su alabarda rasgaba uno a uno los cuerpos de los tres individuos y estos caían al suelo.
Por las noches las temperaturas disminuían, y en el aire se respiraba olor a madera quemada producido por las fogatas que calentaban los hogares.
La doctora junto con aquel hombre, esperaban impaciente el regreso de ellos.
Suikotsu desde lejos, a primera vista, vio como sus camaradas se acercaban cargando con algo. Entro dentro y se lo comunicó a Kagome, para sosegarla.
Más tarde, los tres estaban sentados alrededor de la mesa, y ella probó la sopa y agregó más agua, luego se unió a ellos.
-¡Tenias que haber venido con nosotros! No sabes lo que te has perdido-dijo jakotsu con voz risueña-, uno de esos ladrones era tan guapo…¡aniki la próxima vez déjame al atractivo para mí!
-no empieces otra vez-dijo cansado el líder.
-cuando me recupere os acompañare, aunque…no se sí seré capaz de herir a alguien…-dijo comiendo del cuenco.
-¿Qué?-dijeron los dos.
-¿estáis sordos?-dijo suikotsu- no quiero herir a nadie, quiero cambiar.
-¡por fin, alguien sensato!-dijo alegremente kagome.
-¿otra vez con tu bipolaridad?-dijo jakotsu-no tienes remedio…te dejamos solo un rato y mira lo que pasa.
-si mañana no cambias de opinión, te daré de golpes hasta llegar a la edad de piedra.
Suikotsu mantenía la cabeza agachada, con la vista fija en el suelo. Su cabeza le pesaba, y su mente parecía un remolino. Se limito a suspirar y a tranquilizarse, pensando:
-¿es tan difícil cambiar?-pensó-mañana será otro día y con suerte ni se acordaran.
-¿Cómo podéis decirle eso? habéis estado fuera matando a gente inocente y robando-gruño ella-¿no tenéis remordimientos? ¿Ni corazón?
-¿remordimientos? ¿Corazón? No recuerdo que es eso-sonrió de forma burlona-, la vida es así de injusta. Solo los fuertes sobreviven.
-¿y me lo dices así de tranquilo? ¡Desgraciado!-dijo molesta-¡eres un miserable! ¡Asesino!
Los ojos de él se encontraron con los suyos. Unos ojos azules, tan fríos como el agua congelada en invierno. Ahora su rostro no mostraba ninguna expresión, como si fuera de piedra, ilegible.
-¿No vuelas, bruja?-dijo burlón-creo que con tu personalidad te queda mejor el nombre de víbora.
-tu ego no te deja ver lo idiota que eres. ¡Eres despreciable! ¡No mereces vivir!
Los dos mercenarios se quedaron inmóviles, conteniendo la respiración, intercambiando miradas. Él frunció el ceño y ella lo miraba furiosa.
-¿Eres un dios para decidir quien vive y quien muere? si fueras lista no te atreverías a faltarme el respeto, recuerda que puedo acabar con tu vida en un segundo-dijo tirando el recipiente contra la pared, y este rompió. Ahora se había levantado y se aproximaba a ella, crujiendo los nudillos- Te voy a enseñar a respetar mujercita.
Bankotsu reconocía que era un hombre orgulloso, pero nunca le reprocharon sobre su ego, y mucho menos que una mujer le insultara delante de sus hermanos. Ella lo había hecho, y no iba a perdonarle la humillación, pagaría por eso.
En su rostro se reflejaba la ira, y ella le miraba aterrorizada, con sus pupilas dilatadas que expresaban el pánico, y sus labios temblando. Cuando él levanto el puño, ella lloraba e instintivamente se cubrió la cabeza con los brazos, cerrando los ojos con fuerza.
La luna brillante iluminaba las montañas y dejaba en la sombra a un grupo de seis hombres que habían acampado en la intemperie. Por el horizonte se extendían flores herbáceas amarillas, que armonizaban el paisaje con el brillo producido por la fogata y el aroma que desprendían. Pero ellos no se fijaban en la belleza del lugar, estaban ahí por otro motivo.
-que frío…-se quejo, un hombre que tenía una pequeña coleta, y ojos azules-hecho de menos el calor confortable de mi casa…
-sí solo llevamos un día fuera. Sabes, aun no entiendo porque somos tantos…la misión es muy sencilla-dijo un hombre con el cabello más largo que el anterior y los ojos más claros.
-esos asesinos son muy peligrosos, sino ¿porque te crees que ofrecen una gran recompensa por sus cabezas?-dijo un hombre -y no os olvides…
-Naraku-contestó otro hombre -, no tienes que darles detalles, para algo les he pagado, que se limiten a obedecer y a cumplir con su trabajo.
-¿Cuánto tardaremos en llegar?
-si nos damos prisa, antes de un mes.
-¿no crees que es una perdida de tiempo? Es demasiado arriesgado…nuestras vidas valen más…
-cueste lo que cueste, lo haré.
Los dos hombres observaban la escena, sin pronunciar palabra, y ella esperaba recibir el golpe. Espero y espero, pero ese impacto no llegaba, confusa, se deshizo de su escudo y levanto con temor la vista. Él se estaba riendo y sus compañeros lo miraban confusos.
-tendrías que ver tu cara ahora mismo, es para partirse de risa-dijo bankotsu.
-¿Q-u-é?-dijo aun temblando-pero no me iba-s a…
-si quieres que te pegue solo dímelo-dijo sentándose-, no soy de los que necesitan golpear a una mujer para que se hagan respetar. Y una advertencia, por si volvemos a coincidir en un futuro, mi paciencia se agota rápido… y te mataré.
-¿coincidir?-preguntó confusa y aún nerviosa.
-mañana nos vamos.
-¿Por qué?-preguntó ella, con el pulso acelerado y sintiendo un nudo en el estomago.
-¿Por qué?-repitió él- que pasa doctora, ¿Quieres disfrutar más tiempo de nuestra dulce compañía?
-…no es eso, suikotsu aún no esta completamente recuperado…
-yo lo veo muy bien, puede caminar y con eso basta.
-pero…
-mujer es fuerte y no pasará nada-interrumpió jakotsu.
-exactamente-dijo suikotsu.
-los mercenarios no somos nenazas-dijo el líder-, será mejor que descansemos.
Kagome fingía dormir. Respiraba pausadamente, relajada, con los labios entreabiertos y los ojos cerrados. Esperaba pacientemente, que todos sus huéspedes durmieran.
Una hora después se levantó sigilosamente; caminó de puntillas evitando que crujiera la madera y se dirigió a otra habitación.
-despierta…-susurró mientras movía con sumo cuidado el cuerpo del mercenario.
-vamos despierta…-repitió y él emitió un gruñido.
-¿Qué pasa?-dijo bostezando mientras se recostaba.
-tengo que pedirte un favor…-dijo mientras le cogía la mano.
-¿ha estas horas?-preguntó confundido- doctora no soy el tipo de hombre que hace esos ''favores''.
-suikotsu no es eso…-dijo ruborizada-, quiero que finjas que estas muy enfermo.
-¿Qué?-dijo más confuso aún- mañana nos vamos.
-por eso mismo, te lo pido por favor, solo un día más-suplicó.
-la verdad es que un día más de reposo me sentaría genial…esta bien te ayudaré ¿pero como lo haremos? Mira que como se entere de que lo hemos engañado…
-eso no sucederá. Te daré unas setas venenosas, lo suficiente para que tengas fiebre y tengas que guardar cama, no será nada grave.
-¡¿quieres matarme?-gritó y ella le tapó la boca con sus manos.
-sshh, claro que no, como crees que quiero matarte….soy doctora ¿Lo recuerdas? Puedo tratar perfectamente la intoxicación, solo te pido que confíes en mí.
