Los motores comenzaron a rugir y el murmullo que antes se podía escuchar en la oscura noche Neoyorquina aumentó con la emoción del momento. Unas 50 personas podían ser vistas amontonándose en cada lado de la avenida

De alguna forma, aquello había conseguido ganarse la atención de Leon, y el albino no podía estar mas agradecido.

—Como que permiso. Gracias. Gracias. Ush, no nos haría mal bajar de peso ¿No? —Todos voltearon la vista al pequeño y delgado polaco que se abría paso entre la multitud de gente que se apelotonaba a los costados de la improvisada pista de carreras. Como siempre, el rubio hizo su gran entrada. Emil casi quiso rodar los ojos. —¿Que me miras? ¿Quieres algo de esto? —Como toda una diva, pasó meneándose entre los hombres que probablemente le sacaban una cabeza o dos, con una expresión de asco marca patentada.

Uno de los motociclistas se bajó antes de correr hacia el polaco.

—¿Que haces aquí, Feliks? —El nervioso castaño pregunto en lo que se suponía era un tono discreto. Discreto su puffin, seguro hasta Lukas en su trabajo lo había escuchado.

—¿Como que ''Que haces aquí''? —Respondió tratando de imitar al lituano. Increíblemente la imitación era perfecta.—Vine a ver a mi Toris, obvio. Además, hoy no soy Feliks. —Le dedicó una mirada cómplice, que hizo que la cara del castaño se pusiera roja, casi tanto como la propia de Emil después de correr en las clases de deporte.

—No deberías estar aquí. Ve a casa, luego hablaremos.

—¿Qué? ¿No tengo derecho de ver a mi Toris correr? —El rubio lucia herido, sin embargo, la falsa indignación que siempre usaba en estas situaciones era mas visible que la tristeza. Al menos a los ojos de los descuidados.

—Ya hablamos de esto. No me hagas perder mas tiempo. —El lituano se dio media vuelta dejando al chico con la palabra en la boca.

El rechazo que había sufrido Feliks casi le dolía a él. Y para empeorar las cosas, un par de murmullos burlándose del rubio se podían oír desde el grupo detrás del polaco. Emil sabía bien como era ser el centro de las burlas. Lo había sido más de una vez, y aunque la sociedad parecía ser más abierta con el pasar de los años, siempre quedaba ese residuo de personas intolerantes dando vueltas por el mundo.

Vio al polaco desaparecer entre la multitud , y al lituano suspirar resignado, para luego subir a su motocicleta, en la cual lo esperaba una chica voluptuosa que el islandés no había visto antes, no se molestaba en recordarlas. Eran desechables después de todo.

Alfred F. Jones se erguía imponente sobre su motocicleta, la sonrisa plástica de comercial dentífrico plasmada en sus labios. Más atrás, Gilbert y el italiano esperaban la partida, dada siempre por una dulce chica Belga que había ido a parar allí con su hermano holandés, quien se encargaba de administrar las apuestas con ayuda de el hermano de su mejor amiga Lili, Vash Zwingli. Había dejado de buscar a la pequeña rubia entre la multitud después de ver que Vash prácticamente la encerraba en casa cada Viernes. Podía ser socio de Ivan, pero era evidente que el Suizo los consideraba una mala influencia para la pequeña e inocente Lili.

Bella, la Belga con sonrisa gatuna se dio su tiempo caminando provocativa hasta el centro de la calle, lugar en el que hizo amago de quitarse el brassier por debajo de la camiseta corta que llevaba, como dictaba la tradición lo alzó, bajo la mirada reprobatoria del holandés y los silbidos de los asistentes. Tim se encontraba en la misma situación de Vash. Dinero era dinero. Y su hermana ya era lo suficientemente mayor para tomar decisiones, en cualquier caso.

Apenas la prenda hizo contacto con el suelo, los corredores salieron disparados, con Gilbert a la cabeza.

El cabello de Emil se meció debido a la ráfaga de viento producida por las motocicletas, y no pudo evitar maldecir entre dientes, lo que pareció hacerle gracia a su acompañante.

— Creo que me gusta este barrio. No importa hacia donde mire, como que hay drama por todos lados.

Emil bufó fastidiado. Quizás era injusto con el asiático, quizás la falta de Sadiq lo ponía de mal humor, o quizás solo buscaba una excusa para ser antipático, pero cada palabra salida de sus labios parecía molestarlo.

—Me alegra que el sufrimiento ajeno te entretenga. —Dijo con acidez, a la espera de la segunda vuelta de la carrera.

Quería ver como le estaba yendo a Alfred.

—¿Como que siempre eres así de dramático o solo quieres impresionarme? —Emil sintió ganas de borrarle aquella sonrisa altanera de un golpe al moreno. Sin embargo, no pudo evitar quedarse pegado observando los labios rojos del chico.

Controlate, Emil. Se reprendió mentalmente. Sus hormonas y él tenían que ponerse de acuerdo en lo que el asiático le hacia sentir.

—¿No tienes a nadie más a quien molestar?

El ruido de las motocicletas lo distrajo nuevamente. Gilbert seguía a la cabeza, con Marcello un poco detrás. Alfred parecía contenerse. Le pareció más que extraño.

—Nah. Como que no hay nadie que se ponga igual de colorado que tú.

Idiota.

Le puso los ojos en blanco, y se cruzó de brazos.

—"Como que" ya dejame en paz.

—Pero hay algo que realmente quiero pedirte.

La cara del asiático le estaba sacando de quicio. Parecía tener dos emociones y nada mas. Una de satisfacción hacia si mismo, y otra de neutralidad total. Y eso lo molestaba también.

—Pideselo a alguien más. —Idiota, quiso agregar, pero se contuvo.

—Es como que totalmente fácil. No te cuesta nada. Y te conviene.

Y Emil pudo haber dicho que no fácilmente, pero siempre había sido alguien curioso, y la idea de vengar a su vecino polaco era bastante atractiva. No necesariamente porque fuesen amigos, Emil no tenía mas amigos que Sadiq y Lili. Y a veces Lukas. Y otras veces mas contadas aun, Mathias. Era porque cualquiera con el corazón tan frío como para humillar a otro en publico se lo merecía.

Y si, Emil pudo haberse ido a dormir temprano, luego de la victoria de Gilbert, pero no.

Ahí estaba, parado en el patio de la casa de Toris, Eduard, Raivis y Feliks, ayudando a Leon a subir al que sabía era el cuarto del lituano. Y este ultimo, llevaba consigo un paquete de pirotecnia que le darían un paro cardiaco al castaño apenas llegara a casa luego de la fiesta a la que se había largado a pisotear aun mas los sentimientos de Feliks.

Cretino.

ooo

Liliana Zwingli, 17 años, pequeña y de apariencia inocente, al menos eso era lo que todos pensaban. Estaba cansada, harta de ser siempre la niña que todos creían demasiado frágil para valerse por si misma.

Quizás eso era lo que le impedía a su mejor amigo de casi toda la vida fijarse en ella, aquel estigma de damisela en apuro que había cargado desde que tenía memoria.

No quería serlo mas. Quería que Emil la viera por lo que realmente era, una mujer. Una mujer que podía defenderse en caso de cualquier peligro. Una mujer fuerte, educada y porque negarlo, lo suficientemente atractiva para no avergonzarse de tenerla como pareja.

Se observó con una pequeña sonrisa en el espejo de cuerpo entero ubicado en su closet. Llevó ambas manos a sus caderas y levantó la barbilla, intentando lucir intimidante. Llevaba puesta una falda de cuerina roja, una camiseta blanca con el estampado de su banda favorita, Guns n Roses y para completar el atuendo, unos botines negros de tacón que resaltaban sus piernas delgadas y largas a pesar de su estatura baja.

Lucía decente.

Pero aquella cara infantil arruinaba por completo su fachada.

Suspiró resignada y se giró, admirando su figura estilizada a pesar de su falta de actividad física. Agradecía a la genética que le impedía subir de peso a pesar de las montañas de dulces que comía, la mayoría regalo de su hermano mayor Vash.

Vash. Vash jamás admitiría que saliera vestida así a la calle.

Vash no tiene que saber, se dijo a si misma y sacó de su armario un abrigo rosado palo que le llegaba hasta la mitad de las piernas. Perfecto para disimular su ropa.

Su mochila, la cual estaba preparada en anticipación contenía su dinero, un cambio de ropa interior y un paquete de cigarrillos (los cuales agradecía a Tim, su aterrador vecino, quien había prometido no decirle nada a Vash a cambio de una cantidad que Lili había encontrado razonable). La llevo a su espalda y decidió salir, su excusa era una pijamada en casa de Elizabeta Hedervary, una de sus compañeras y amigas, con quien en efecto se reuniría, pero no precisamente en su casa, sino en el club La Rousse, el tan conocido antro al que la gente de su edad asistia a pesar de las restricciones de edad. No era un problema realmente, Genevieve, la dueña y señora del lugar manejaba todo de manera libre, y si alguien bajo la edad de consentimiento legal americana quería beber y bailar hasta la inconsciencia no era quien para oponerse a sus deseos, todo mientras hubiese dinero de por medio. El dinero mueve el mundo después de todo.

Bajó las escaleras con prisa, Vash estaba ocupado con las apuestas de los Braginsky, y mientras menos preguntas mejor.

Se aseguró de cerrar la puerta con llave y casi corrió hasta la parada de taxis a la vuelta de su calle. El club estaba 20 minutos a pie, pero la casa de Elizabeta a casi una hora, y si quería que todo saliera bien, tenia que asegurarse de que cada detalle fuese perfecto.

Pagó su viaje al hombre canoso que se detuvo frente al letrero brillante con con llamativo 'La Rousse' escrito, junto a una rosa de neón que se iluminaba y apagaba cada par de segundos.

Tragó nerviosa apenas vio al guardia que cuidaba la puerta, un búlgaro no muy robusto que llevaba un bastoncillo similar al de la policía, el cual la dejo pasar sin mayor reparo.

La musica electrónica a todo volumen y el ambiente caluroso la tomaron desprevenida. Se sintió sobrecogida de inmediato. No era su ambiente, estaba claro. Con un hermano sobre protector como el suyo jamás imaginó siquiera pisar un club hasta sus bodas de oro.

Atravesó la masa de cuerpos bailando a toda prisa, y se dirigió a la zona de fumadores. No había mucha gente allí, todos estaban en la misión de conseguirse un ligue, una aventura de una noche o simplemente la compañía de un extraño que les hiciera olvidar al mundo, lo cual le parecía perfecto.

Examinó a la otra persona en la segunda planta del local. Y grande fue su sorpresa al reconocerla como la bielorrusa loca de en frente.

Quizás estaba siendo dura, a ella no le había hecho nada, pero Vash le había advertido hasta el cansancio que cualquier Braginsky era peligroso. Sin importar cual. Eso incluía a Inha, la dulce e ingenua mujer que había sido su vecina hasta que decidió casarse con Sadiq, el turco que a veces le hacia compañía a Emil y por consecuencia a ella.

Jamás le pareció que fuesen malos, pero para Vash cualquiera asociado con Ivan era una amenaza.

Perdida en sus pensamientos no notó que se había quedado viendo a la chica, la cual fumaba con tranquilidad, pero con una expresión de congoja que era demasiado visible para cualquiera.

Sin darle mas vueltas, sacó el paquete de cigarrillos de su mochila, la cual dejó sobre el asiento a su lado, en caso de que cualquiera que no fuese Elizabeta quisiera sentarse allí. Inútil en cualquier caso, ya que cada mesa contaba con cuatro asientos de cuero color rojo, similar a su falda.

Se llevó un cigarrillo a la boca, y acercó el encendedor, con el cual pretendía prenderlo.

Por su parte la rubia platinada le dedicó una mirada contrariada, que no supo como interpretar hasta que la vio acercarse a su mesa, como debatiéndose si hablarle o no.

De inmediato se tensó, nerviosa por la imponente presencia de la bielorrusa. Le dio una calada a su cigarro, sin sentir realmente nada de humo en su boca, pero si un olor desagradable a quemado y la sensación del amargo tabaco suelto en su lengua.

La bielorrusa la observó de arriba a abajo sin decir nada al principio, lo cual la puso aún más nerviosa.

-Lo tienes al revés. -Soltó de pronto la rubia, con una expresión casi divertida. Casi, porque aun se veía inexpresiva y lejana como siempre.

-¿P-perdón? -Murmuró Lili, quitando el objeto cilíndrico de entre sus labios.

-No se supone que fumes el filtro. El filtro va en tus labios, el tabaco al otro lado.

Y Lili sintió una oleada de vergüenza recorrer su menudo cuerpo ante la afirmación de la bielorrusa. Apartó el cigarrillo y lo dejó en el cenicero transparente en el centro de la mesa. Rápidamente sacando otro, y sujetándolo al lado contrario, con las mejillas encendidas de un color rosado intenso que contrastaba con su complexión pálida.

-Gracias...-Murmuró bajito, con miedo. Que la tierra se abriera y la devorara, por favor. O a Natalia, también era una buena opción.

-¿Es tu primera vez? -Demandó la mayor, casi como una afirmación, Lili no pudo identificar bien el tono que la chica utilizó, y su expresión que no revela el mínimo indicio de emociones no es de mucha ayuda.

La joven liechtensteiniana asintió furiosamente y como un remate para su humillación tosió debido al humo que inhaló de forma errónea.

-Dámelo -Pidió Natalia, retirando el cigarrillo de sus labios sin esperar respuesta de la menor. No le suena ruda, sin embargo.

La rubia le dio una calada profunda y expulsó el humo con una gracias propia solo de mujeres como ella. Lili la observó con atención, notando como mantiene el humo en su boca, y lo expulsa de manera tranquila una vez más antes de entregárselo.

La chica se lo llevó a los labios e inhaló, tratando de mantener el humo en sus labios, el cual irrita su garganta, pero hace el esfuerzo de mantenerlo, para luego liberarlo de forma pausada, no tan grácil como la bielorrusa.

Puede jurar que vio un indicio de sonrisa en los labios oscuros de la chica. Aunque sería difícil que alguien ajeno a la escena le creyera.

-¿Puedo quedarme? -Le soltó de la nada.

-C-claro.

Y ambas parecen incomodas. Aunque puede ser una impresión de Lili.

Entonces Natalia caminó hacia la que había sido su mesa anteriormente, y llevó sus cosas a la mesa de la asustada chica liechtensteiniana.

-¿Quieres un cigarrillo? -Preguntó por cortesía, acercándole la cajetilla. La bielorrusa no dudó en tomar uno, despues de todo, esa era la razón por la que se había acercado en primer lugar. Eso, y el hecho de que estaba cansada de sufrir sola.

¡Hola! Feliz año nuevo.

Este capitulo tiene una pequeña introducción a Belarús y Liechtenstein, y el próximo tiene la introducción a Japón e Inglaterra. Estoy tan inspirada estos días que es bastante probable que suba otro antes del Domingo.

Espero que les guste. Sus reviews son mas que apreciados.