-Señora

Listo!! Acá les dejo la última parte del Fic…

Bueno, hasta donde llegó MoniK…

Lamento la demora, pero bueno, ya esta completo!!

Disfruten!!

DISCLAIMER : Todo lo que reconozcan en la historia pertenece a JK Rowling.

La Venganza de Hermione (Parte 2)

Capítulo 4

-Señora!- dijo Greta entrando a la habitación bruscamente.
Narcisa se encontraba arrodillada en el suelo. Un collar de perlas negras estaba enrollado en sus manos mientras decía palabras incomprensibles a oídos comunes, solo otras sacerdotisas podrían entender aquella lengua tan complicada. El campo de fuerza que creaba para proteger a sus hijos del fuego de Hogwarts de desvaneció ante el llamado de la nana.
- Señora! los niños!! están aquí!!- dijo Greta con un alivio único en su voz.
Narcisa esbozó una débil sonrisa en su rostro y dejó caer el collar mientras salía corriendo hacia la sala.

Sí, ya todos conocían del ataque que se había producido en Hogwarts. Todo el mundo mágico estaba al tanto, ya había acudido la orden de Merlín y el Ministerio para encargarse de ello, sin embargo, para cuando llegaron ya fue tarde. Muchos alumnos murieron asfixiados o quemados, y la barrera que impedía la salida ya había sido extinguida. No había más noticias que esas por el momento, por eso, Narcisa no sabía con exactitud si sus hijos estaban fuera de todo peligro, o si era todo lo contrario. La magia negra sirvió mucho en ese momento.

Bajó las escaleras desesperadamente y paró bruscamente en el último escalón cuando vio, ante ella, en su sala, a sus dos hijos, Franco en una esquina y Draco, sentado en un mueble, abrazando a la sangre sucia Granger; en el otro mueble, estaba su sobrina, por la cual aún sentía cierta repugnancia y recelo, el pelirrojo Weasley con su hermana, que parecía estar desmayada y una chica rubia a quien jamás había visto antes con traje samurai.

Narcisa tragó saliva, no esperaba encontrarse con aquello. Los jóvenes estaban llenos de cenizas y sucios. Ella seguía sin pronunciar palabra alguna, su pálido rostro no expresaba sensación alguna, no porque no la sintiera, sino porque desde pequeña la habían educado a no utilizar mucho los gestos faciales: podrían ser reveladores.

Draco se levantó y se puso de frente a su madre.
- Se quedarán, hasta que sepamos qué va a suceder con el colegio.- dijo Draco. - hay suficientes habitaciones en esta mansión, no será problema alojarlos.
Narcisa seguía en completo silencio. Luna tenía sus ojos celestes fijos en los de ella, mientras que por el contrario, la otra huía a su mirada.
Volvió a tragar saliva.
- Es preciso que se queden?- dijo firmemente, mas no severa o imponiéndose; sabía manejar muy bien la mezcla.
- Sí, lo es. Te molesta?- dijo Draco.
Franco dejó escapar una risita burlona desde la esquina, bastante sarcástica para el gusto de su hermano.
- Esa pregunta está de más...les estás trayendo el zoológico a la casa hermanito. Primero, la impura; segundo, los pobretones; tercero, la sobrina desterrada y cuarto, una samurai...qué esperabas de nuestra madre cuando lo único que hace es mirar por encima del hombro a todos tus amigos, pretendiendo ser superior, cuando no se da cuenta que es absolutamente todo lo contrario.
- cállate!- gritó Narcisa. Sus manos temblaban. Todos guardaron silencio. Ella cerró los ojos, como tratando de salir de aquel lugar, de aquella situación incómoda en la que se había transformado su vida. Los volvió a abrir.
- Hagan lo que quieran.
Con esto se dio media vuelta y subió los escalones de la gran escalera de mármol.

Dumbledore permanecía en silencio. La gran oficina de la Orden de Merlín estaba tan solo ocupada por él y por dos profesores sobrevivientes: Minerva McGonagal y Severus Snape. Todos tenían la mirada perdida, como en otro lugar lejano, que seguramente, era mucho mejor que aquel.
- Hogwarts será clausurado. Los demás colegios están en alerta, pero aún se niegan a cerrar.- dijo Snape. - qué haremos con Potter? siempre dije que lo mejor era encerrarlo, siempre supe que era peligroso..que esto podía desatarse en cualquier momento.
- shhhh..- dijo Dumbledore. Todos guardaron silencio durante un momento grandioso en el cual parecía todo girar en torno al sabio anciano. - Es el silencio, lo que nos ha llevado a donde estamos ahora. Callarnos y ocultar lo que posiblemente podía pasar, y creer que podríamos controlarlo ha sido nuestro error..
- qué hacemos entonces?- dijo Minerva a punto de llorar.
- Entonces empezaremos a romper el silencio. Que se sepa, lo que se tiene que saber, y que lo que no se tenga que saber..se sepa también!...que todos sepan todo, así nos manejaremos. Lo primero, hablar con la señorita Granger..ya va siendo hora que le digamos la verdad.
Snape volteó bruscamente.
- de qué serviría que supiera la verdad? no arreglaría nada!- espetó
- Se equivoca profesor. Ella, sin saberlo inició todo esto, y es la única, capaz de detenerlo.

Adriana dejó su espada y su bola de púas sobre la mesa. Se sentó dejando su cuerpo caer sobre la silla de madera perfectamente tallada. La cocina de los Malfoy tenía en tamaño de su casa. Era maravillosamente grande. Su tamaño era inevitablemente imponente.
Luna entró al lugar.
- Ron está tratando de comunicarse con su familia. Por qué no haces lo mismo?- dijo mientras se sentaba frente a ella.
- para qué? para decirles que fallé en mi primera misión y tal vez la más importante que jamás haya sido encargada a ningún Samurai de mi familia? No, gracias.- dijo Adriana. - además, no pienso llamar porque no necesito ayuda. Tengo que encontrar la forma de revertir esa profecía, tiene que haber alguna manera.
- Cuando Hermione y Ginny sepan..- dijo Luna con la mirada perdida. - les va a doler.
- Pero tienen que saberlo, especialmente Hermione.- dijo Adriana.
Luna fijó sus ojos celestes sombríos sobre ella.
- por qué especialmente Hermione?
- Porque según los datos que me dio Dumbledore...Hermione tiene una parte muy importante en el cumplimiento de la profecía. Tiene que ver..con algo importante que se dio el año pasado.
- el año pasado?- dijo Luna. - qué tiene que ver con Harry y con el incendio?
En el marco de la puerta una silueta se formó. Las dos chicas miraron y se encontraron con unos ojos marrones.
- qué pasa con Harry y el incendio?- dijo Hermione.

Nicole estaba sentada bajo un árbol. Respiraba el aire fresco de la madrugada, pronto amanecería. Diego estaba enfrente de ella, lavando sus manos y su rostro de ceniza en el río del bosque prohibido al que se habían internado. Diego fijó sus ojos verdes en los grises de Nicole.
- estás bien?- preguntó.
- Sí, qué no es obvio? o de la nada el humo te atrofió el cerebro?- dijo Nicole ácidamente.
Diego rió.
- Hace mucho que no te oía hablarme así. Te acuerdas de lo que me dijiste el primer día que te vi??
Nicole lo miró molesta.
- No estoy de humor para retroceder en el tiempo Diego, pasado, es pasado, ya olvídalo.
- Me dijiste..- dijo él como si no hubiera prestado atención a lo último que la chica dijo. - "qué tal si te fijas por dónde andas tarado!" ... aún puedo hasta escuchar el tono de voz con el que lo dijiste.
Nicole puso una cara de ternura falsa y aplaudió sarcásticamente.
- que brillante! tienes una memoria inigualable!...qué pretendes con esta estupidez?
Diego rió.
- nada..solo recuerdo.
- Pues lo único que recuerdo es tu skate sobre mí, desde ahí debí saber que ibas a ser una carga.- dijo Nicole mientras se levantaba. - Tengo que encontrar a Adriana.
- oye, no te irás sin mí.- dijo Diego.
- Búscate una vida!- dijo Nicole. - por qué no vas donde Luissana! no sé, haz algo productivo! ...cierto! y Luissana??
- Ella se fue dos días atrás a la casa de su madre, no estuvo en Hogwarts cuando sucedió todo esto.
- Perfecto, ve entonces con ella, ahora tengo que encontrar a Adriana.
Nicole caminó hacia la derecha.
- umm Nicole?
- qué quieres?!
- para salir del bosque tienes que ir por el otro lado.- dijo Diego riendo.
Nicole dejó soltar un respingo mientras se daba la vuelta.

Diego la vio alejarse un poco, luego la siguió. No iba a dejarla irse sola.

Luna y Adriana miraron en silencio a la castaña confundida. Ella esperaba alguna respuesta por parte de cualquiera de las dos chicas, pero ni una sola palabra logró salir de sus labios por unos segundos que parecieron interminables. Podía sentirlo, no era ninguna tonta y fácilmente podía deducir por los ojos brillantes de Luna y cómo el labio inferior de Adriana temblaba levemente que ambas ocultaban algo. Sea lo que fuere, ella lo averiguaría.
- Tenemos que hablar contigo.- dijo Luna. – Es algo grave.
Hermione las miró tratando de descifrar sus miradas. El ambiente de repente se había transformado en uno pesado e incómodo. Se preguntaba qué sería eso que debían decirle con tanta urgencia.
- Pues, díganmelo.- dijo Hermione.
- No.- dijo Adriana. – Todo a su tiempo. Será una charla larga, así que mejor nos instalamos todos en la mansión, tomamos un baño, y nos encontramos en la sala para hablar.
Hermione mordió su labio inferior mientras que con sus ojos marrones inspeccionaba a sus amigas. Ahora no, justamente ahora que ella había escuchado la conversación querían dejarla con la curiosidad. No, iban a hablar e iba a ser en ese instante.
Justo cuando iba a replicar, en la cocina ingresó Draco tomando la mano de la castaña.
- Vamos, te llevaré a tu habitación.- dijo mientras se la llevaba. Entonces se detuvo y regresó dirigiéndose a Luna y Adriana. – Greta les está asignando cuartos a todos ustedes, búsquenla en la sala ella las guiará.

Los dos desaparecieron del lugar.
- Nunca pensé decir esto, pero Malfoy fue muy oportuno. Y esta vez no hablo sarcásticamente- dijo Luna.

Hermione seguía a Draco por los pasillos de la mansión. Todos estaban cubiertos por mármol negro e imágenes de la familia Malfoy a través de las generaciones. Algunos diablos de estatuas parecían tener vida y observarla. Nunca se imaginó que algún día entraría a la casa de su novio…en realidad, nunca pensó que se enamoraría de "Draco Malfoy". Desde hacía mucho tiempo que nada tenía sentido así que lo único que le quedaba era aceptar lo que la vida le traía, y tratar de comprenderlo lo mejor posible. Draco se volteó un poco para observarla y dedicarle una mirada algo misteriosa.
Ay Draco Malfoy….quién crees que soy?? Conozco perfectamente cada una de tus miradas, cada uno de tus gestos..y sé que tramas algo pensó la castaña.
- Tan lejos está la habitación que me vas a asignar?- preguntó Hermione.
- Un poco.- dijo Draco sin voltear, pero por el tono de su voz ella supo que sonrió al decir esto.

Por fin el rubio se detuvo ante una puerta grande y llena de marcos magistrales. La abrió e hizo un ademán para que la chica entrara.
- Tú primero.- dijo Hermione dudosa.
- Eso no sería cortés.- dijo suspicazmente levantando una ceja. – primero son las mujeres no? Al menos eso siempre me han dicho.
- Y no lo dudes.- dijo la castaña mientras ingresaba.
La habitación era la más grande que hubiera visto en su vida. Había unas repisas enormes llenas de libros de magia oscura y objetos obviamente sacados de lugares como el Callejón Knocturn. Una gran cama tapizada con sábanas verde oscuro le hizo dar a entender junto con las demás cosas que adornaban el lugar en dónde se encontraba parada. Miró cruzada de brazos al chico que estaba arrimado en el marco de la puerta, esperando su reacción.
- Se supone que me darías una habitación vacía, no una ocupada.- dijo ella. – y menos la tuya…
Draco sonrió.
- Aquí cabemos perfectamente los dos. Para qué otro cuarto?
Hermione dejó salir un respingo.
- Mira, por mí estaría bien y sabes cómo soy.- dijo acercándose a él. – Pero, abajo están todos mis amigos, y no me gustaría que supieran que estoy durmiendo en tu cuarto, me entiendes?
Draco la tomó por la cintura pegándola contra sí y aspirando el aroma de su cuello. Esto hizo que la castaña temblara, al sentir el aliento tibio del chico en su piel.
- Ellos ya saben de lo nuestro y qué tiene de malo que duermas conmigo?- dijo el rubio como un niño.
- Sí tiene, por lo menos en lo que respecta a la moral de mis amigos.
- Y la tuya?
- Yo no tengo moral.
Draco rió.
- La perdí cuando intenté vengarme de ti te acuerdas?- dijo ella.
- Sí, no me lo recuerdes.

La situación es grave.- dijo en voz alta ante los presentes el Ministro de Magia Fudge. – Hemos hecho absolutamente todo lo que ha estado en nuestras manos, hemos confiado en la palabra del presente Albus Dumbledore, quien aseguró se mantendría a cargo de Potter e impediría que se cumpliera la profecía. Nunca estuve de acuerdo con esto y los presentes lo saben, lo que está destinado será, y la profecía fue muy clara al decir que el que vencerá al Señor Oscuro su asta tomará y sus pasos seguirá!
Todos los presentes dentro de la sala de convención intercambiaron palabras entre sí. Se habían reunido los más prestigiosos representantes del mundo mágico en el Ministerio de Seguridad Mágica para discutir el actual problema.
Dumbledore se levantó de su asiento y tomó la palabra.
- Debo decir que si es verdad que la situación ha salido de control, es necesario alegar, que no estoy de acuerdo con la interpretación de la profecía que le ha dado el señor Fudge. Con todo respeto, la profecía no aclara absolutamente nada. Se trata de frases llenas de doble sentido, y cada uno de nosotros la interpretaremos como mejor nos parezca. Según bases sólidas e investigaciones, puedo asegurar que el señor Potter no se encuentra bajo su voluntad, y está siendo forzado.
- Forzado?.- dijo Cornelius Fudge. – Mire lo que está diciendo! Nadie puede forzarlo a hacer nada! Voldemort está muerto! Los mortífagos en Azkaban cumplen su condena! El chico está completamente desquiciado y es necesario detenerlo, pues sus poderes son demasiado grandes e incrementan conforme van pasando los años! Todos nosotros hemos sido testigos de los avances de Harry Potter! No es un niño común y la marca en su frente lo muestra a la perfección!
- No debemos apresurarnos en conjeturas.- dijo Dumbledore.
- Apresurarnos? Eso es poco comparado con lo que debemos hacer. No sé ustedes, pero con lo que respecta a mí, quiero a la señorita Granger aquí declarando! En éste escritorio! Explicándonos por qué siendo la más inteligente de Hogwarts no se dio cuenta el año pasado de lo que el señor Potter hacía en sus narices!
- Hermione Granger no sabe nada, y decírselo así, como si nada, podría ser catastrófico.- dijo Dumbledore.
- Acaso no envió usted al profesor Snape a que le dijera que tenía que irse de Londres en cuanto se graduara? No le dijo que tenía que irse lejos por asuntos de la profecía!
- Le dijimos, pero no le dimos explicaciones claras…no le dijimos toda la verdad,.- dijo Dumbledore.
Fudge rió.
- Por no decir nada es donde estamos ahora.
Los ojos de Dumbledore brillaron levemente, no se sabría decir si porque la luz de la sala se había reflejado en sus lentes de media luna, o porque sus ojos se habían llenado de lágrimas.
- Tiene razón. Pero irnos a los extremos no solucionará nada. Me encargaré de esto. La señorita Granger lo sabrá, yo se lo diré.

Narcisa Malfoy llevaba horas acostada en su cama, dejando correr las lágrimas por sus mejillas pálidas sin importarle ya la hinchazón de sus párpados y el tono rojizo que sus ojos comenzaban a adquirir. No se sentía ahí, hacía mucho que simplemente sentía que estaba muerta. Era cierto, respiraba, pero en realidad estaba viva? No, nadie podía entender lo que estaba dentro de ella. Desde hacía cuánto tiempo sus sueños habían sido enterrados?? Y por qué no estuvo en el funeral? No lo comprendía. Se miraba al espejo una y otra vez, tratando de recuperar la imagen de la chica llena de ideales y ambiciones que era antes. Ya no existía más. Ahora lo que el reflejo le devolvía era una mujer acabada, un cadáver.
Apretó la almohada contra sí sollozando. Lo más triste es que ya no sen tía dolor alguno, exactamente como le sucede a un cuerpo inerte..ya no hay sufrimiento. Entonces por qué lloraba?? Era simplemente porque ver el vacío, el agujero que había dentro de ella era insoportable. Ni siquiera el amor de sus hijos había logrado mantener. Nunca se le había dado bien aquello de poder expresar sus sentimientos, tal vez aquello la había hecho una mala madre. Pero eso no significaba que no los amara, a ambos. Cada gesto de sus rostros, cada mirada fría proveniente de ellos era un puñal enterrado en su insensible pecho. No dejaba de reprocharse el haber permitido que Lucius se llevara a Franco. Gracias a ello había descuidado a Draco, el único hijo que el quedaba. Y ahora qué le quedaba? Tenía dos hijos, uno que era un completo desconocido que la despreciaba, y otro que simplemente era el reflejo de todos sus errores. Miraba a Draco y no reconocía en él al niño que había crecido en su casa…había cambiado demasiado; ahora era feliz. En cuando a Franco, él solo podía recordarle lo vacía que era su vida. En sus ojos grises colgaba una soledad infinita, una muerte eterna. Nunca podía saber lo que cruzaba por su mente, por sus ojos jamás había visto un solo destello. Por lo menos podía tener fe de que Draco sería feliz, de que por lo menos él se libraría de la pesadilla Malfoy. En él depositaba todas sus esperanzas, pues podía ver en el chico una vitalidad enorme, unas ganas de vivir…y todo debía admitirlo, era gracias a la sangre sucia que tenía por novia. Entonces, solo le quedaba darle la bienvenida, porque ella jamás podría estar junto a sus hijos y tener una relación normal de familia, simplemente porque no existía tal; y se sentí terrible por eso, por no haberle podido dar ni siquiera eso a sus hijos.
- Perdónenme…

Hermione bajó las escaleras después de haberse bañado. Le había tocado volverse a poner la bata blanca (que ya no era blanca después del incendio) ya que no tenía absolutamente nada más. Cuando llegó a la sala todos estaban reunidos allí, al igual que ella, había tomado un baño y parecía más relajados que antes. Pudo notar que el único que faltaba era Franco, sin embargo parecía que a nadie le importaba, porque en cuando ella llegó Adriana habló.
- Creo que aquí, los únicos que no saben lo sucedido son Draco, Ginny y Hermione. Así que les pido primero que nada, que escuchen atentamente lo que debemos decirles, porque no es fácil de entender, y es duro.
Ginny tragó saliva y fijó sus ojos en Ron, él miraba al suelo y sus manos estaban aferradas a su pantalón. Tenía un mal presentimiento de todo aquello, sabía que algo andaba mal y tenía la impresión de que aquella charla no iba a ser buena.
Luna se levantó y caminó frente la chimenea. Las luces del fuego reflejaban en su cabello dorado mientras buscaba las palabras precisas, aunque ya la encontraría, siempre lo hacía.
- Muchas cosas suceden en nuestro alrededor, cosas que no siempre podemos comprender porque están más allá de todo entendimiento. No hablo de cosas sobrenaturales, porque ya de por sí nuestro mundo se podría considerar sobrenatural y espectacularmente lleno de rarezas, me refiero, a algo más profundo, a verdades que solo nuestras almas las pueden intuir.- dijo ella mientras caminaba lentamente por la sala. – Al ser una sacerdotisa, mi conexión con todo lo espiritual es grande, con el alma, con la vida y lo in entendible. Mi fuerza es mi debilidad, y mi debilidad es mi fuerza. Al ser como una radio donde puedo captar cada sensación espiritual que me rodea me hace comprender cosas que tal vez otros no. Por eso deben creerme cuando les digo que, lo que Harry hizo no fue por su propia voluntad.
Un silencio invadió el lugar, no porque nadie tuviera nada qué decir, más bien, había tanto qué decir, que las palabras no fluían.
- Qué dices..??- dijo Ginny casi sin voz mientras una lágrima corría por su mejilla. Harry, su solo nombre dentro de aquella conversación le aterraba. ¿Qué había hecho él que fuera tan grave?
- El incendio se trató de uno provocado. La intensión fue eliminar a todos los que estaban dentro del castillo sin excepciones, no importaba si eran sangres sucias, o limpias, blancos, negros…todos tenían que tener el mismo destino. Ron, Adriana y yo encontramos a Harry detrás del muro de llamas que cercaba Hogwarts, y por lo que él mismo nos dijo..comprobamos que él lo ocasionó.
- No!!- gritó Hermione levantándose del mueble. – No sabes lo que estás diciendo estás loca! Harry jamás haría algo así lo conozco de casi toda mi vida cómo puedes asegurar algo así?!
- Hermione era él!- dijo Ron levantándose mientras todos quedaban impresionados ante la actuación del pelirrojo, que durante todo aquel tiempo había permanecido callado. – Yo lo conozco tanto o mejor que tú y lo vi con mis propios ojos! Si no hubiera sido Harry yo lo hubiera sabido! Era su voz, su mismo tono, el mismo modo en que emplea las palabras! Era él! Era Harry.
- Ron tranquilízate..- dijo Luna. Hermione seguía parada, mientras lágrimas corrían por sus mejillas. Ginny había empalidecido, y temblaba toda mientras tenía la mirada fija en el suelo, tal como su hermano lo había hecho hace algunos momentos.

Adriana se levantó.
- Nos dijo que lo hacía porque había descubierto que todos los seres a quien él amaba terminaban muriendo, porque la vida no era justa y estaba cansado de sufrir. Dijo que tenía que dejar de sufrir, y para ello él mismo se iba a encargar de matar todos los sentimientos que pudiera tener dentro de él..y para ello, tenía que eliminarnos a nosotros.
- Lo dices como si supieras a la perfección todo este asunto!.- dijo Hermione acusándola. – Tú nunca me pareciste sincera! Dí todo lo que sabes porque estoy segura que Dumbledore te metió a Hogwarts por alguna razón y quiero saberla ya!
Luna miró a Adriana.
- Miren, primero que todo deben comprender que estoy aquí solo porque me encargaron vigilar a Harry, y no hice bien mi trabajo. Todo esto es por la profecía, la profecía indicó que esto sucedería.
- Y Dumbledore lo sabía?.- dijo Draco interviniendo
- Sí. Pero confiaba que no sucediera. Sin embargo tuvo que tomar sus precauciones y por eso estoy aquí. Harry no está en sus cabales, tenemos la impresión que se trata de Voldemort ejerciendo cierto poder sobre él.
- Voldemort está muerto!- gritó Hermione. – no puede ser él!
- No lo podemos comprender ahora..pero te aseguro Hermione, que Harry no era aquel.- dijo Luna. – no lo era.
Ginny se desplomó del asiento cayendo al suelo. La pelirroja se había desmayado de repente y era lo más normal. Ron la tomó entre sus brazos asegurando que estaría bien, que solo se trataba de una baja de presión.
- No entiendo!! Qué dice la profecía!! Esa maldita profecía ha estado en mi vida desde estas vacaciones diciéndome qué hacer y qué no!! Quiero saber qué tiene que ver esa profecía con nuestras vidas!
Y lo sabrás. Pero no somos los indicados para explicarlo.- dijo Adriana. – Recibí una carta de Dumbledore, viene hacia acá. Quiere hablar contigo Hermione.

Franco miraba por la ventana de su habitación. Justo se encontraba en la torre de la mansión y podía observar la niebla que cubría el territorio Malfoy. No había bajado para la conversación que iban a tener todos abajo, él no tenía nada que ver allí y tampoco le interesaba lo que estaba sucediendo. Seguramente ni se habían percatado de su ausencia.
- Yo no pertenezco allí.- dijo
Pero era curioso saber, que él no pertenecía a ninguna parte. Aquella, supuestamente su casa…sentía que no encajaba allí. Nada era de él, todo aquello era de su hermano. De cierta forma él tenía razón al decir que había llegado a usurpar todo lo que le pertenecía. Lo que menos quería era eso, había regresado por múltiples razones; primera de todas, conocer a su hermano gemelo. Esperaba ver su reflejo y sentir algo muy diferente a lo que sintió: envidia. Era algo terrible, pues aquel sentimiento jamás había vivido dentro de él. Draco era igual a él, tenía sus mismos ojos, su mismo cabello, misma estatura, igual e idéntica apariencia..y sin embargo, se trataba de un ser totalmente distinto. Era arrogante, orgulloso, temperamental y mantenía esa mirada de superioridad con un brillo especial al que él le llamaba felicidad. Franco Malfoy era otra versión, no se conocía muy bien..era un enigma hasta para sí mismo. Pero sabía que no era arrogante, orgulloso..no a tal extremo, frío y solitario tal vez; feliz?? No.
Solo aquellos ojos marrones, ese sentimiento que nacía cuando la veía. Estaba mal, lo sabía. Y había comprendido ya que no se trataba de amor lo que sentía hacia ella como lo había llegado a pensar; era envidia. Ver a su hermano tan feliz junto a ella, le hacía preguntarse qué tenía esa chica que le proporcionaba tanta plenitud. Pensó, que tal vez si la tenía, él también sería feliz. Pero aquello había sido una idea tonta. Hipótesis absurda.
Mejor era pensar qué haría con su vida. No quería seguir allí, nada lo ataba, él era libre. Viajar, sin rumbo alguno…ya lo había considerado. Pero no, aún no, primero tenía que sentir que había terminado lo que tenía que hacer allí. No sabía exactamente de qué se trataba, pero lo sabría cuando lo hubiese finiquitado.
- Sí, es mejor así..
Greta abrió la puerta bruscamente.
- Mi niño, baje por favor…cosas malas suceden en la sala

Ginny abrió los ojos lentamente. Sentía una presión en el pecho y un dolor inexplicable. Lo primero que vio fue a su hermano, y luego a su alrededor; estaba en una habitación, recostada en una cama.
- Estás bien?- preguntó Ron.
- No.- dijo la pelirroja con un tono ahogado. – Dónde están todos?
- Siguen hablando en la sala.
Ginny se levantó con dificultad, sintiendo que en su cabeza todo daba vueltas y que de alguna u otra forma terminaría vomitando contra su voluntad. Ron la tomó cuando estuvo a punto de caer.
- Déjame, quiero saberlo todo.- dijo Ginny volviendo a dejar caer lágrimas por sus mejillas recordando el hecho reciente.
- No es bueno que lo hagas ahora, estás mal.- dijo Ron . – Mira, acuéstate, duerme un poco. Cuando despiertes Luna te explicará todo detalladamente, pero ahora descansa.
La pelirroja volvió a acostarse, sollozando mientras apretaba la almohada contra sí. Aquella era una horrible pesadilla. La peor de todas, la más cruel.

Quieres agua?- dijo Draco casi susurrándole al oído.
- No, no quiero nada.- dijo Hermione. Permanecía inmóvil, sentada en el mueble totalmente estática. Las lágrimas corrían sin ninguna clase de expresión facial que las acompañase. Estaba demasiado a b s o r t a en sus propios pensamientos como para poner atención en la preocupación que su novio tenía por ella.

Draco a penas podía creer lo que había acabado de escuchar ¿Potter incendiando Hogwarts? Aquello no tenía pies ni cabeza. Lo que estaba sucediendo era extraño, y aunque decían que tenía algo que ver con la profecía, de cualquier forma él no lo encontraba sentido. Veía a Hermione agonizar en dolor y confusión, y sentía dentro de él el vacío más grande. No soportaba verla en aquel estado, iba más allá de los límites de lo tolerable. La impotencia, el no poder hacer absolutamente nada para apagar el karma que vivía la castaña lo hacía sentirse inútil por primera vez en su vida.

Se levantó y caminó por la sala. Todos esperaban la llegada de Dumbledore con impaciencia y urgencia. Acercándose a las escaleras vio a su hermano bajar, sus ojos chocaron tal como un reflejo sobre un espejo.
- Me dicen que las cosas no van bien aquí hermanito, qué tan cierto es eso?- preguntó Franco.
- No es nada que te importe realmente.- contestó tajantemente.
Franco dejó salir una risita mientras se acercaba un poco más a él.
- Sé lo que sientes, pero no puedo evitarlo. No puedo cambiar el que seamos iguales, el que seamos familia; el que exista. Si piensas que vine a quitarte lo que es tuyo, te equivocas, no vine para esos juegos infantiles a los que estás acostumbrado.

Te crees mejor que yo no es así? Y encima crees que soy i d i o t a. Todo lo que has hecho desde que llegaste es tratar de quitarme lo que me pertenece.
- Draco, lo que nos diferencia es evidente; al criarte bajo la tutela de Lucius, y con todo lo que alguien puede desear al alcance de la mano, estás muy lejos de ser un hombre completo. Lo que eres es un niño, un niño consentido que le molesta que venga alguien a llamar la atención de los demás. Yo no soy así, no soy un niño y las inmadureces no van conmigo. Tal vez no lo comprendas ahora, pero tienes que pasar por muchas cosas para terminar de crecer…
- No me importa lo que digas.- dijo Draco desafiante. – Tus palabras no tienen sentido para mí, lo único que sé, es que no te conozco, eres solo una copia de lo que soy y una muy mal hecha. Tienes mi misma sangre, y tal vez sea lo único que nos une, lo único que tenemos en común. Por lo demás, no me interesa llegar a conocerte, ni mantener una relación con alguien que no veo desde que tengo cinco años. Haz lo que quieras, pero lejos de mí y de lo que me pertenece. Estamos?

Con esto Draco dio media vuelta y regresó a la sala. Franco se quedó ahí parado, impresionado por la inmadurez y hasta se podría decir, cierta inocencia y rebeldía que rodeaba la frescura digna del alma joven que poseía su hermano. Aún tenía que crecer, era cierto, no sabía nada de la vida. La felicidad en la que había estado viviendo todo el tiempo lo había cegado a la realidad. El mundo real era distinto a esa burbuja. Solo a medida de golpes iba a despertar, y esos golpes vendrían pronto. Lo único que podía desearle era que no cayera desde muy alto, para que el golpe fuera leve.

La puerta se abrió y unas mucamas se abrieron paso dejando ver la figura del ex director del colegio Hogwarts de magia y hechicería. Dumbledore ingresó mientras todos en la sala se había levantado sintiendo el corazón en la boca; había llegado la hora de saberlo todo.
- Pase por favor.- dijo Adriana mostrándole un sillón. – Siéntense, la charla será larga supongo.
- Lo será.- dijo él, y sus ojos se fijaron en los marrones de Hermione. – Supongo que ya debe estar enterada de por lo menos un poco de lo que estaba sucediendo, no es así señorita Granger?
- Sé solo superficialmente.- dijo Hermione. – Quisiera entender muchas cosas, y estoy segura, que solo usted puede aclarar dudas.
Dumbledore asintió.
- Pues bien. Desde que la existencia de una profecía fue confirmada y todos se enteraron de ésta, el trabajo de todos era mantener en secreto su contenido, y que solo las personas indicadas la leyeran. Se escogieron a tres personas, solo tres que sabrían lo que ésta decía. Pues, resultó que una de ellas habló, y le dijo a otra persona, quien lo contó a otra, transformándose ya no en un secreto. Aún así se trató de ocultarlo lo mejor posible, simplemente porque si todos supieran lo que la profecía afirma, estaría la sociedad completa en histeria.
Hermione escuchaba con atención cada palabra, quería entender, no perderse de nada. Solo así podría estar tranquila.
- Por supuesto..- continuó. – Al yo pertenecer a la Orden de Merlín, necesariamente tuve que saber el contenido de la profecía.
Todos prestaban sus oídos a la conversación. Adriana tenía la idea de lo que se venía, y esperaba con toda su alma equivocarse; Luna temblaba de pies a cabeza, su corazón latía a mil y sus manos sudaban; Draco agarró la mano de Hermione, dándole apoyo, aunque ella no la sintió. Con tanta presión encima, quién lo haría?
- Qué es lo que dice esa profecía?? Qué es eso que contiene que es capaz de perturbar de tal forma nuestras vidas?? Qué tiene que ver esa profecía conmigo?? Yo no soy parte de esto nunca lo fui!
- Se equivoca, señorita Granger. Tiene mucho que ver con usted.- dijo fijando sus ojos celestes en los de ella por medio de sus gafas de media luna. – La profecía aclaraba perfectamente la situación de Voldemort desde un principio, decía que él sería derrotado por un niño, y que su muerte encontraría en él. Desde siempre supimos que de una u otra forma Harry iba a matarlo. La profecía seguía después de éstas afirmaciones, y decía cosas que cambiaron por completo la situación de todos dentro de la Orden y el Ministerio, todo cambió.
¿Qué era eso que había cambiado todo? ¿ Y qué tenía que ver con ella? Esas preguntas y muchas otras más rondaban la mente de la castaña en esos instantes. Era frustrante no encontrar las respuestas rápidamente.

Señorita, seguramente no comprende muchas cosas sucedidas en este año, entre ellas, la visita del profesor Snape a su casa en las vacaciones. Pero las cosas tienen un sentido lógico, y verídico. La profecía decía que los tiempos oscuros no terminarían, porque de las cenizas del mal volverá el fuego, y será por medio del que venció al mal. Hablaba por supuesto de Harry. Las cosas se dieron, pero no como todos creen.
- Entonces cómo se dieron?- dijo Draco.
- Cuando Harry derrotó a Voldemort, antes de hacerlo hubo un intercambio de hechizos y maldiciones. En una de ellas, Voldemort pronunció palabras en un idioma antiguo mágico de los tiempos de la inquisición. Creí reconocer el hechizo, por eso investigué durante mucho tiempo, meses, hasta encontrar la respuesta. Antes de morir, Voldemort conjuró a Harry, e hizo un intercambio de almas. Se trata de un fuerte hechizo sacerdotal..para realizarlo, se necesita de un alto poder espiritual.- dijo Dumbledore fijando sus ojos en Luna. – Y para hacerlo utilizó el alma de tu madre.

- Mamá?- dijo Luna sin comprender nada. - …cómo??
- Por medio de unos hechizos puedes retener el alma de una sacerdotisa y mantenerla purificada, que fue lo que hizo Voldemort, y a partir de eso, supe que lo que pretendía era poseer el cuerpo de Harry. El cuerpo de Voldemort ha muerto, pero su esencia sigue aquí, y es lo que perturba la mente de Harry.
- Entonces no lo hizo por sí mismo verdad? Fue Voldemort.- dijo Hermione.
- Así es.- dijo Dumbledore. – Lamentablemente no es eso lo que los de la orden y el Ministerio de Seguridad quieren creer. Ellos se empeñan en pensar que se trata de Harry, y de nadie más. Están cerrados a otras teorías. Y lo están porque desde un principio es difícil pensar que un chico de 17 años pueda haber acabado con el brujo más grande de la historia. Solo siendo tan oscuro como él, podría haberlo hecho. Es así como sus mentes retrógradas piensan. Pero todos sabemos aquí, que si Harry es un gran mago, es porque es un ser especial.
- Pero..qué tiene todo esto que ver conmigo?? Por qué me pidieron que en cuanto me graduara me fuera de Londres por asuntos de la profecía??

Draco se sorprendió y soltó la mano de la castaña ¿Irse de Londres? ¿A dónde? ¿Por qué él no lo sabía?
- La profecía la incluye señorita Granger.- dijo Dumbledore. – En ella aclara firmemente que Voldemort la usó para llegar a sus fines con Harry, y sigue siendo parte importante de la profecía. Escúcheme, porque tal vez esto vaya a ser muy fuerte para usted, pero es necesario que lo sepa de una vez. El año pasado, usted decidió tomar cierta venganza contra el señor Malfoy. La profecía lo advertía, no directamente pero lo deduje rápidamente. Voldemort necesitaba tres esencias para llevar a cabo su hechizo de posesión: la primera era la esencia pura, en este caso fue el alma de una sacerdotisa poderosa; la segunda, la sucia, esa fue fácil de conseguir, usó la Peter. Ahora que lo pienso, desde un comienzo tal vez por eso permitió que él se le uniera; y la tercera, ésta fue la que más trabajo le costó, tenía que ser la esencia consistente del rencor, odio y a la vez, contener algún sentimiento bueno. La pregunta para él fue, ¿dónde consigo algo que contenga un esencia llega de rencor, odio y un sentimiento contrario a todo lo anterior? Aquello era casi imposible, ¿dónde encontraría una que fuera fuerte y consistente? Y entonces usted fue perfecta para sus planes.
Hermione comenzaba a comprender, y sentía que el dolor incrementaba cada vez más dentro de su pecho, adormeciendo cada uno de sus sentidos, atontándola un poco.
- La venganza que había planeado durante años, el rencor y el odio que albergaba en su corazón más, el sentimiento de amistad y lealtad tan grande que profesaba por el señor Potter y Weasly era la esencia que él tanto necesitaba. Logró ingeniarse para extraer esa esencia de usted, y tal vez por eso algunas veces debió sentirse débil y hasta desmayos pudo producir.
Hermione recordó que hubo una época en la que se desmayaba y tenía dolores fuertes en la cabeza. Todo se lo atribuían al golpe que se había dado al caer por las escaleras, o mejor dicho, cuando Pansy a empujó. Pero aquello era casi imposible, ya que había pasado mucho tiempo después y con las medicinas se había recuperado. La excusa de la caída había sido perfecta, y hasta creíble ¿Cómo no se dio cuenta antes?
- Desde ese entonces, todo fue fácil para Voldemort. El hecho es que, la profecía dice que, para poder eliminar el hechizo que está controlando a Harry, es necesario eliminar las esencias utilizadas, cada una de ellas. Necesitábamos que estuvieras lejos de Londres en cuanto terminara el colegio, ya que al no estar lejos de Harry, la esencia no actuaría. Pero ya es demasiado tarde, ya a actuado, se vaya señorita Granger, nada cambiaría. Ahora hay que eliminar las esencias, si queremos que el señor Potter vuelva a la normalidad.

Nicole desde hacía tiempo había llegado a una calle mágica. Octeabon avenue no era un lugar conocido para ella así que realmente la confusión la embargó rápidamente. Estaba cansada, hambrienta y sedienta. Las cosas no parecían estar saliendo como ella quería. Varios magos con ropas bastante viejas y roídas caminaban por la estrecha calle. Aquella parecía una mini-ciudad bastante parecida al pueblo de Hogsmade, pero en condiciones muchos menos higiénicas. Tal vez se encontraba en los suburbios o algo por el estilo.
- Ya te rendiste?- dijo Diego detrás de ella arrimado a una pared grafiteada.
- No, y no creas que no sé que me has estado siguiendo.- dijo Nicole molesta mientras se sentaba en la sucia vereda. La verdad ya poco le importaba en dónde se arrimaba o qué tocaba; más sucia de lo que estaba no iba a conseguir estar.
Diego caminó y se sentó a su lado.
- Tal vez si te dejaras ayudar…por qué tienes que ser tan difícil?
- No necesito tu ayuda Diego, lo único que quiero es que me dejes en paz.
- No necesitas mi ayuda? Nicole, no tienes dinero, no sabes en dónde estás parada ni cómo llegar a algún lugar conocido; dices que quieres encontrar a Adriana, pero no sabes siquiera si escapó con vida del incendio.
- Está con vida!- gritó Nicole. – Ella es..especial…pero tú no lo comprenderías.
Diego dejó salir un respingo. Sus ojos azules brillaban con intensidad. Nicole no quiso verlos por mucho tiempo, porque terminaría ablandándose; ella lo sabía.
- Ya, como tú dices, Adriana están con vida. ¿Acaso sabes dónde está?
Nicole permaneció en silencio.
- Mira, si tanto te molesta estar a mi lado, déjame ayudarte, al menos acercarte a tu casa y me iré. Podrás hacer lo que quieras después de eso.
Nicole suspiró y fijó sus ojos grises en los de él. No tenía otra opción, odiaba que él tuviera la razón. Se levantó de la vereda e inútilmente, tal vez solo por costumbre, sacudió su túnica llena de cenizas y manchas.
- Está bien, lo que digas.

Hermione abrió los ojos sintiendo los párpados sumamente pesados. La comodidad de una cama embargó su cuerpo aliviando un poco el dolor que comenzó a recorrerla. La conversación con Dumbledore retornó a su mente permitiendo que nuevas lágrimas brotaran de sus ojos. La castaña se tapó la cara con ambas manos mientras sollozaba desesperadamente moviéndose en la cama queriendo no otra cosa más que morirse. Pronto la puerta se abrió dejando entrar a Ron y Luna. La rubia se montó en la cama y con sus tiernas y blancas manos acarició la cabeza de la chica, quien parecía haber entrado en histeria.
Ron quiso decir algo, pero Luna con un gesto lo calló mientras seguía repitiendo tiernas caricias en la cabeza de Hermione. Lágrimas se asomaron en los ojos del pelirrojo; nunca, en toda su vida, había visto sufrir tanto a su mejor amiga. La impotencia de no poder hacer nada para aliviar su dolor lo estaba matando. Trató de contener las lágrimas, no quería dejarse abatir ahora.

Luna se inclinó y se recostó al lado de la castaña, repitiendo las caricias hasta que el llanto comenzó a disminuir. Una tranquilidad invadió el pecho de la castaña, haciéndose un espacio entre la angustia que sentía. Luna susurró lentamente:
- Todo estará bien.

Draco llevaba tiempo sentado en aquella silla. Sus ojos grises estaban fijados en la mesa que se encontraba frente a él sin ningún objeto en especial. Dumbledore tomó asiento finalmente, después de haber cerrado la puerta de la biblioteca.
- Cómo está la señorita Granger?
- Mal.- dijo Draco. Su voz fue seca, fría, lejana. Nunca había tenido buenas relaciones con el director de Hogwarts, y ahora menos, cuando su visita lo único que había provocado era perturbar la cabeza de la persona más importante para él.
- Es lógico.- dijo Dumbledore. – Las cosas que están sucediendo lo ameritan.- se aclaró la garganta y continuó. – No me he ido aún de su casa, porque cosas quedaron inconclusas en la conversación de anoche. No proseguí debido al estado en que se encontraba la señorita Granger, y aún creo que no puedo decirle lo que me resta. Lamentablemente tengo que irme, la situación dentro de los Ministerios y la Orden es catastrófica. Es por eso, que prefiero hablar con usted, y que se lo haga saber a la señorita cuando crea sea el momento oportuno.
Draco fijó sus ojos grises en él. Ningún pensamiento corrió por su cabeza en aquel instante, lo único que hizo fue poner todos sus sentidos en las palabras del ex director.
- Hay que parar al señor Potter.- dijo Dumbledore tocando el tema sin más introducciones que no venían ya al caso. – Lo que él es capaz de hacer, sus alcances, todo, podrían ser más que el fin de lo que consideramos el mundo mágico.
- Qué tiene que ver con Hermione el parar a Potter o no?- dijo Draco molesto.- Ella ya ha tenido suficiente
- Tiene, señor Malfoy, y mucho que ver. Las esencias deben ser destruidas. En estos momentos todo lo que sabemos el señor Potter es que va en busca de la varita de Voldemort, y cuando la tenga, todo estará perdido.
- La varita…pero..dónde está?? Creí que había sido destruida cuando él murió
- No. Fue imposible destruirla así que la Orden la escondió en Zion, el mundo de hierro. Está sumamente lejos, en los extremos del mundo mágico. Para llegar allí hay que cruzar bosques, mundos, demasiados obstáculos y por lo que sabemos el señor Potter va bastante adelantado. Por el momento, hay que evitar que tome esa varita.
Draco se levantó de su asiento bruscamente. Sus ojos grises se fijaron en los azules del anciano.
- Y las esencias? Cómo pretende destruir la de Hermione..
Dumbledore se mantuvo en silencio mientras una niebla parecía opacar su rostro. Aquella expresión fue suficiente como para helar la sangre del chico.
- No tiene que decir más.- dijo el rubio resignado. – Ya me lo imaginaba.

Nicole tomó desesperadamente la cerveza de mantequilla que Diego le había comprado. Llegar a Hogsmade había resultado más fácil de lo que se había imaginado. Por suerte, el chico había tenido algo de dinero en sus bolsillos.
La chica dejó que la brisa corriera por su rostro naturalmente. Una paz comenzó a inundarla y hasta la hizo sonreír un poco.
- Hace mucho que no te veía reír.- dijo Diego sonriendo.
Nicole ni dijo nada. Lo ignoró por completo mientras jugaba con unos papeles que habían sobre la mesa. Casi nadie estaba en el lugar, a penas un hombre barbudo en la esquina, y una mujer con un sombrero gigante en la mesa del frente.
- Qué…?- dijo Nicole cuando por el cristal de la vitrina vio que todas las tiendas del frente comenzaban a cerrar. – Pero si son las 10 de la mañana??
- Es extraño..- dijo Diego.
- No no lo es.- dijo el hombre barbudo que se encontraba en la esquina. – Todas las tiendas de Hogsmade están siendo cerradas. Al igual que los trenes así que si quieren salir del pueblo les aconsejo que lo hagan ahora.
- Por qué?- dijo Nicole.
- En qué mundo vives muchachita?- dijo la señora del frente. – Harry Potter! Qué no ves que el mundo mágico está en alerta permanente??
- Harry?? Qué tiene que ver..
- Harry Potter se descubrió al mundo como es en realidad, la misma cosa que el que no debe ser nombrado. Y todo este tiempo nosotros elogiándolo! Agradeciéndole! Por favor! Debimos saber que un niño con tantos poderes era imposible al menos que la maldad corriera por su sangre.
- Métase una mantecota en la boca antes de hablar mal de Harry!- gritó Nicole levantándose. – Vámonos ya!
Los dos chicos salieron del lugar. Diego observó cómo la indignación se reflejaba en el rostro de la morena. Sin embargo sabia que ella pensaba en aquel momento lo mismo que él: Qué razones habrían tenido para afirmar tal cosa?? Era obvio que el mundo mágico estaba en pánico, pero tendría aquello que ver con Harry? Qué estaba sucediendo??
Hubiera querido tener aquellas respuestas.

Draco subió las escaleras de la mansión y caminó por los pasillos con una expresión totalmente nueva en su rostro. Era como si alguien muy cercano hubiera muerto, era ese rostro de resignación ante lo inevitable. Ojalá la conversación con Dumbledore no se hubiera extendido tanto, ojala no hubiera obtenido la respuesta que él mismo había exigido. Ahora tenía que tomar una decisión..y nunca había sido bueno para ellas.

Cuando llegó al cuarto de Hermione y abrió la puerta, la escena lo impactó. Luna y Ron estaban parados tratando de detener a la castaña mientras ésta, totalmente desesperada se colocaba una túnica encima. la confusión del rubio era tan grande para aquellos instantes que no pudo hacer nada más que observar detenidamente lo que lo rodeaba. La túnica era negra y brillante, la que utilizaba su padre cuando vivía y era mortío. Seguramente la había tomado de algún closet o cajón. Los ojos marrones de la castaña se fijaron en los grises de Draco mientras empuñaba su varita firmemente.
- Escuché la conversación que tuviste con Dumbledore.

La sangre de Draco se heló por unos segundos en los que creyó todo estaría perdido. Ni una sola palabra pudo salir de su boca. La castaña seguía mirándolo fijamente, su intensión no era romper el contacto visual.
- Hasta dónde escuchaste?- dijo Draco.
- Lo suficiente como para saber que Harry va por la varita de Voldemort.- dijo Hermione. Un alivio invadió el pecho del rubio. – Y pienso ir a detenerlo.
- Qué?!- dijo Ron. – Hermione estás demente. Es demasiado peligroso. Dumbledore jamás lo permitiría.
- Quien dijo que le iba a pedir permiso?- dijo la castaña. – No lo comprendes Ron? No van a buscarlo para salvarlo. Tanto la Orden como el Ministerio tienen ordenes de matarlo y lo sé porque acabo de leer el periódico que Greta dejó sobre la mesa!
Draco odió a Greta en ese preciso instante.
- Matarlo?- dijo Ron mientras sus ojos se llenaron de lágrimas.
- Tenemos que impedirlo Ron! Si lo buscamos, lo traemos donde Dumbledore y sin lastimarlo buscamos la forma de destruir las esencias para que vuelva a la normalidad!
- Estás loca Hermione!- dijo Draco. – Las posibilidades de que salgamos vivos del viaje son nulas!
- No me importa! Prefiero morir en el intento antes de dejar todo en manos de los ineptos del ministerio o de la orden. No lo voy a permitir!
- Yo tampoco.- dijo Ron. – Estoy contigo.
El inesperado cambio de opinión del pelirrojo provocó un silencio en la habitación. Draco miró desesperado a su prima en busca de apoyo, pero lo que recibió fue algo muy lejano a aquello.
- Yo iré también. – dijo la rubia. – Es lo mejor. Nosotros somos sus amigos, y debemos ser los que lo saquemos de todo esto.

Antes que Hermione pudiera agradecer el repentino apoyo de sus amigos, Adriana entró a la habitación con un papel viejo entre sus manos. Draco seguía callado, las palabras parecían haberse quedado atoradas en su garganta.
- Aquí está lo que me pediste, el mapa para llegar a Zion.- dijo ella. – Yo lo sé de memoria, los guiaré fácilmente. Esta es mi oportunidad para reivindicar mi misión. Iremos en busca de Harry y lo traeremos sano y salvo.
Hermione sonrió y luego miró a Draco, quien no le sostuvo la mirada ni dos segundos.
- No lo entiendes Hermione, y nunca lo podrás entender.- dijo el rubio mientras bruscamente salía del lugar.

Nicole corrió por el jardín a los brazos de Nani, la mucama que la había cuidado desde siempre. Diego permaneció a una distancia razonable, con una sonrisa dibujada en su rostro. Ella ya le había platicado mucho sobre Nani, incluso más que de sus propios padres.
El chico observó la gran mansión que se encontraba frente a él, definitivamente se trataba de una gran construcción. La fauna que la envolvía le daba un ambiente natural. Muchas veces había imaginado cómo sería la casa de Nicole cuando aún eran novios. Resultaba algo curioso que justamente ahora, cuando ya no eran ni siquiera amigos, la pudiera conocer.
- Mi niña! No sabe cómo hemos estado aquí!- dijo Nani. – Su padre fue a Hogwarts, o lo que queda de él. Quería ir a ver si tu cadáver estaba entre los demás. Pensábamos que habías muerto! Ya había llamado al hospital y revisamos la lista de heridos y no figurabas dentro…
Nicole había dejado de sonreír para entonces. Había caído en cuenta que estaba nuevamente en su casa. No le gustaba la estadía allí. Todo, absolutamente todo le recordaba a Natalia, su hermana. Además, había otro pequeño detalle que siempre lograba deprimirla…
- ¿Y mamá?- preguntó.
Nani suspiró y sus arrugas parecieron hacerse más notorias en aquel preciso instante.
- Igual mi niña.- dijo ella finalmente. – Está en el cuarto de su hermana como siempre. No habla, no escucha a nadie. Lo único nuevo es que ha empezado a cantar.
- ¿Cantar?- dijo Nicole mientras una sonrisa triste se asomaba en su rostro. – Solía cantarnos cuando éramos pequeñas…tenía una voz maravillosa.
Diego sabía que la vida de Nicole era difícil, pero jamás había presenciado el ambiente que rodeaba aquella tristeza. Ahora podía saberlo, ahora conocía la profundidad de su dolor.
- Canta la canción de cuna que les cantaba antes de dormir.- dijo Nani. – Lo hace mientras observa al foto de su hermana. No quiere soltarla. Quisiera que despertara de ese ensueño que parece no tener fin..
- Y que vuelva a ser la misma de antes…..- completó Nicole. – Tal parece, que no solo perdí a mi hermana…sino a toda mi familia..
Una lágrima corrió por su mejilla, y Diego nunca tuvo más ganas de abrazarla, protegerla. Hubiera dado todo por tener el poder de aliviar ese dolor. Conocía la fortaleza de Nicole, sabía que era una mujer fuerte. A pesar de todas las desgracias que rondaban su vida, siempre estaba sonriendo, sacando al exterior esa energía que la caracterizaba. Nadie sospecharía que dentro de ella había un agujero enorme e irreparable, una herida que jamás cicatrizaría.
- No diga eso mi niña! – dijo Nani. – Siempre hay cosas buenas, y cosas malas. Las buenas se las guarda en el corazón para siempre.
- Yo ya no tengo nada qué guardar..- dijo Nicole.
- Mejor entremos. Mire no más cómo está! Se nota que no ha comido y tiene que tomar un baño!
Nicole se volteó y miró a Diego.
- Entra, tienes que comer también.- le dijo.
- No, está bien. Mi casa no queda lejos.- dijo él.
- Lo sé, pero supongo que me dejarás hacer eso por ti después de que me ayudaste a llegar a casa.- dijo Nicole obstinada. – No me gusta deberle nada a nadie.
Diego sonrió, no podía negarse ante aquellos ojos grises.

Las ruinas de Hogwarts espantaban a cualquiera que pusiera el pie dentro de ellas. Ambulancias volátiles rondaban el lugar llevando cadáveres y heridos que aún encontraban entre las pilas de cemento. Magos y brujas caminaban por el lugar, y la prensa no parecía cansarse de rondar por donde no debía.
Todos sufrían al llegar y ver las ruinas, de lo que algún día fue el mejor colegio de magia y hechicería. Los fantasmas que residían en él volaban por encima de lo destruido, sollozando. Los padres de familia que llegaban cada segundo, con la esperanza de encontrar a su hijo entre los heridos, y se retiraban sintiendo que sus vidas ya no tenían sentido al encontrar el cadáver cercenado de sus seres queridos. Todos sufrían, pero nadie más que Albus Dumbledore, quien sentía el dolor de cada uno de los alumnos que habían fallecido más el del colegio en el que tanta dedicación había puesto, y se había convertido en su hogar. Y ahí simplemente no terminaba su agonía, pues el saber que Harry estaba en peligro, y que precisamente él ponía en peligro a los demás solo producía en él el más insoportable de los dolores.
- Quiero a mi hijo!! Ni niño no!! No está muerto no!!- gritaba una madre mientras su marido la contenía en su ataque de histeria, llorando por la pérdida. – No es cierto ese no es mi hijo!! No!!
El señor lloraba conteniendo a su esposa, y miraba impactado el cuerpo inerte de su hijo. Parecía tratar de buscar algo, aunque fuera insignificante, algo en ese pedazo de carne en estado de descomposición que le recordara a su hijo. No lo encontraba.
Entonces susurró con rabia.
- Me encargaré yo mismo…yo mismo…de que ese Harry Potter pague…pagará! Pagará!!..él tiene que pagar..- y se derrumbó en el suelo.
Dumbledore pasó tratando de no observar la escena. Era lo mismo todos los días, cuando padres encontraban a sus hijos muertos, cercenados. Había acabado de despachar a los Granger, asegurándoles que su hija estaba bien en la mansión Malfoy. Había resultado más difícil de lo que había pensado hacerles entender la situación. Les explicó todo lo que había sucedido, y el por qué era mejor que no buscaran a su hija en ese momento.
- Somos sus padres!- dijo la señora Granger llorando.- Yo quiero a mi hija!
- Comprenda, que lo que sucede es grave. Podría ser peligroso para ella en estos momentos dejar el mundo mágico. Por lo menos aquí la observamos y podemos protegerla…fuera, sería demasiado arriesgado.
Los Granger había terminado por entender, pero no se habían resignado. Sentían, y con justas razones, que su hija estaba en peligro de muerte, y querían tenerla junto a ellos. Dumbledore los vio alejarse horas atrás acompañados de Hagrid, quien se ofreció a regresarlos al mundo muggle.
Fue en ese momento cuando divisó al Señor Lafountein caminar entre los cadáveres. Su rostro estaba nublado, sus ojos azules eléctricos parecían no transmitir nada y su cabello negro peinado hacia atrás dejaba ver su frente blanca de porcelana.
- No, ella no es.- dijo él al mirar el cuerpo de una chica.
- Y no es ninguna.- dijo Dumbledore caminando hacia él. – Su hija escapó, acabó de llegar un llamado desde su casa, ella está allá. Vive.
Dentro de los ojos azules como mar muerto del señor Lafountein, pareció brillar una luz fugazmente, lo suficiente como para decir que algún sentimiento había cruzado por él al saber que su hija menor aún estaba con vida.

Mejor guardar estos.- dijo Adriana metiendo en el bolso las cadenas, cuerdas, bolas de hierro con púas y entre otras más herramientas. – Nunca se sabe si las vamos a necesitar.
- Ya anoté el hechizo para aparecer comida.- dijo Ron. – Hermione, seguro podrás hacerlo tú.
La castaña asintió mientras terminaba de colocarse la túnica. La había encontrado en uno de los closet, sabía que era la que usaban los mortífagos y por el tamaño, había pertenecido obviamente a Lucius Malfoy. Debajo de la túnica lo único qu tenía era su larga bata blanca, con la cual había salido de Hogwarts el día del incendio.
Luna alistaba en un bolso pequeño algunas cosas silenciosamente. Tomó su collar con ambas manos y dijo unas palabras en otro idioma, nadie pudo comprender pero todos sintieron el poder rondar por el lugar..y se sintió paz.

Ginny estaba sentada en el mueble, observando como todos se movían de un lado a otro sin decir nada. Su mirada se había fijado en un punto dentro del vacío inexistente que había en la habitación. Su respiración era tranquila, constante. Sintió cómo alguien se sentaba a su lado.
Luna retiró un poco el cabello rojo de su frente para poder observar mejor a la chica. Sus ojos celestes penetraron los miel de la pelirroja mientras su piel blanca y suave se daba ese aspecto angelical que solo las Sacerdotisas podían tener.
- Todo saldrá bien, ya verás.- dijo Luna.
- Tenemos que irnos antes de que papá y mamá vengan por nosotros.- dijo Ginny. – Para entonces sería demasiado tarde.
- Lo sé.
Luna acarició tiernamente la cabeza de Ginny y se acercó lo suficiente como para susurrarle al oído..
- Harry te ama, aún vive él dentro de su cuerpo…confía en que lo recuperaremos.

Franco estaba mirando por la ventana de su habitación como la mayoría del tiempo lo hacía. Podía notar que había mucho movimiento en la casa, sabía que estaban tramando algo, pero no quería meterse en lo que no le importaba. Prefería seguir inmerso en la profundidad de su soledad, y pensar, pensar ¿Acaso había algo más?
Sus ojos grises sin vida miraron por los cristales de la ventana cuando la puerta de su habitación se abrió bruscamente, dejando entrar a su hermano, tal vez el único ser que era capaz de perturbarlo notablemente.
Draco se quedó unos metros lejos de él, mirando su reflejo unos instantes más. Franco trató de descubrir lo que él quería, pues sino no lo hubiera buscado.
- Necesito que me hagas un favor.- dijo Draco.
Franco se levantó.
- Eso depende de lo que quieres que yo haga por ti.
- No es por mí.- dijo el rubio. Franco notó la agonía en la mirada de su hermano y aquello fue como un golpe en el estómago para él. Jamás lo había visto así.
- Entonces?
- Es por ella..

Hermione tomó agua humedeciendo sus labios ligeramente. Las cosas en su vida nunca habían estado tan difíciles como ahora ¿Harry poseído? Y ella teniendo parte de la culpa. Todo por haber pasado por una etapa vengativa el año pasado. Si no hubiera decidido vengarse de Draco las cosas serían diferentes…muy diferentes.
- Ginny, debes comer un poco. Vamos a hacer un largo viaje es necesario que te alimentes.- dijo Adriana.
- No tengo hambre.- dijo Ginny. Seguía con la mirada perdida. Ya casi no hablaba. Parecía estar en otro mundo.
Ron dejó una carta sobre la chimenea y se volteó ante sus amigos.
- Listo. Ya podemos irnos.
Por las escaleras de la gran mansión bajó Draco. Tenía una túnica idéntica a la de Hermione, sin embargo ésta parecía ser de su exacto tamaño. La castaña se levantó del mueble y miró fijamente al rubio, quien le dirigió una sonrisa.
- No pensaste que te dejaría sola o sí?- dijo él. Hermione corrió hacia él y lo abrazó con todas sus fuerzas; ahora él era todo lo que le quedaba.
Ron asintió y tomó las cosas de Luna para que ella no tuviera tanta carga sobre sus hombros. Miró a los presentes de la sala.
- Ya es hora.

Diego reía ante los cuentos de Nani cuando Nicole era una niña. Ya habían estado hablando horas en la sala confortable de la familia Lafountein. El chico se había enterado de algunas anécdotas jamás imaginadas. Ahora podía decir que sabía la historia completa de Nicole.

- Ya basta Nani!!- gritó Nicole. – No tienes que contar las cosas vergonzosas sabes?
- Pero si eras un ángel!- dijo Nani mirándola con ojos llenos de amor y ternura.

Un sollozo repentino hizo que todos miraran hacia arriba. Diego supo inmediatamente que se trataba de la única persona que estaba en la casa a parte de ellos.
- Iré a ver a mamá.- dijo Nicole levantándose y subiendo las escaleras.

Diego observó cómo Nani la siguió y él decidió hacerlo también.
- Mi niña! No es bueno que la vea en ese estado usted sabe cómo se pone!
- Quiero verla! Hace meses que no la visito.- dijo la morena cruzando pasillos hasta parar en una puerta blanca.
Su respiración se agitó y sintió cómo la sangre de sus venas dejó de correr de repente. Pálida, temblorosa abrió la puerta lentamente. El espectáculo que vio fue inusual.
Diego jamás había visto un lugar como aquel. Era una habitación completamente forrada en fotografías de una chica sumamente hermosa. Bellísima. Era Natalia.
Trofeos de motocross brillaban sobre las estanterías y algunas cosas se mantenían desordenadas. En una esquina, una señora de cabello rubio y ojos grises como los de Nicole se mecía en una mecedora. Apretaba contra su pecho un porta retrato del cual se aferraba con la mirada perdida. Los ojos de Nicole se nublaron y humedecieron, asomando algunas lágrimas que estaban por caer.

La señora no se movía más que para mecerse. Tarareaba una canción de cuna sin poder observar ni notar la presencia de la única hija que le quedaba, y de la cual se había desentendido por completo.
Nicole contuvo el llanto y esbozó una sonrisa mientras caminaba hacia su madre. Se arrodilló en el suelo y fijó tiernamente sus ojos en ella. Tal vez hubiera pensado que con una mirada llena de amor podría llegar a derretir la locura que parecía haber opacado la vida de su madre. La muerte de Natalia había sido demasiado para soportar.
- Mami? Soy yo..Nicole.- dijo la chica mientras unas lágrimas corrían involuntariamente por su rostro.
La señora fijó sus ojos en ella, y una débil sonrisa se asomó en su rostro demacrado.
- Nicole…sí. Dile a tu hermana que la he estado esperando..y no viene.- dijo ella sonriendo. Nicole cerró los ojos mientras sollozaba. – Mira cómo ha dejado el cuarto! Nani no puede arreglar todo siempre…se quedará así hasta que ella venga y ponga las cosas en su lugar. Siempre ha sido una desordenada..mi linda niña..
Apretó aún con más fuerza el retrato, como si quisiera fusionarse a él.
- Vámonos mi niña, no te tortures más.- dijo Nani. – Nunca volverá a ser la misma.

Draco se escondió junto con los demás detrás de unas enormes cajas selladas. El barco de la aduana mágica iba a zarpar a las 12 en punto. La oscuridad de la noche era lo único que estaba de su lado. El rubio miró a los demás y se dispuso a hablar.
- Nuestra única oportunidad de llegar a las tierras mágicas del oeste es por medio de ese barco. Tenemos que entrar sin que nos vean, como ilegales.- dijo él.
- Sí, el barco nos dejará en las tierras de Nagat, de ahí en adelante podremos seguir solos.- dijo Adriana mirando el mapa. – Ahora, la pregunta es cómo entrar sin que nos vean.
- Para eso estoy yo no es así?- dijo Hermione sacando su varita. – Sé un hechizo de invisibilidad, pero solo funciona por cinco minutos. Debemos entrar y encontrar un escondite antes de que los minutos terminen o estaremos perdidos.
Todos asintieron y se prepararon para el conjuro de la castaña. Hermione respiro profundamente y sintió la magia fluir por sus poros mientras pronunciaba el hechizo. Lo siguiente fue extraño.
Todos sintieron como algo eléctrico recorriendo su cuerpo, lo que les avisó que estaba funcionando. Cuando la sensación se detuvo todos abrieron los ojos, y no encontraron a nadie frente a ellos; o por lo menos no podía ver a nadie.
- Están ahí?- dijo Luna.
- Sí.- dijo Ginny.
- Aquí.- dijo Ron.
- Esto es extraño.- dijo Adriana.
- Funcionó!- dijo Hermione confirmando su presencia.
- Síganme.- dijo Draco.
- Cómo te seguimos si no podemos verte!- dijo Adriana.
- Buen punto, pues todos entren por la borda y traten de no hacer ruido.- dijo Draco y todos comenzaron a moverse.

-Shhh.- dijo Draco. – mientras menos ruido hagan mejor.
Todos se habían ocultado en lo que parecía la bodega de la gran embarcación. Estaba oscuro, y solo podían ver gracias a una pequeña ventana que dejaba penetrar los rayos lunares.
Hermione suspiró.
- Ya puedo verte Herm..- dijo Adriana. – Parece que el hechizo se desvaneció.
- Lo mejor que podemos hacer ahora es descansar.- dijo Luna. – Llegaremos al amanecer, y tenemos que estar descansados.
- Es cierto.- dijo Ron.

Ginny, quien no había pronunciado palabra alguna, se hizo a una esquina y se acomodó para dormir aislada. Aún parecía esperar despertar de la terrible pesadilla en la que estaba envuelta. Nada de aquello tenía sentido. Tenía que esta soñando.
por favor quiero despertar.. pensó mientras cerraba los ojos con fuerza.
No, aquello no funcionaría.

- Ven.- dijo Draco a la castaña mientras se sacaba la túnica. Hermione se recostó en el pecho del chico, acomodándose para pasar la noche más incómoda de toda su vida. El rubio colocó su túnica sobre ella para protegerla del frío.
- Te vas a congelar.- dijo la castaña.
- No me pasará nada, aquí la débil eres tú.- dijo el rubio mientras la rodeaba con sus brazos y le transmitía ese sentimiento de protección que ahora tanto necesitaba.

Adriana se sentó junto a la ventana. No pensaba dormir, ella se quedaría a vigilar. Era su deber, su misión; de alguna manera tenía que compensar el no haber actuado y detenido que la profecía se cumpliera. Por un instante creyó ver una sombra rondando, pero pronto descubrió que solo había sido producto de su mente cansada.

Narcisa estaba acostada en su cama. Desde que sus hijos y sus amigos habían llegado a la mansión, ella no había tenido cara para salir de su cuarto ¿Cómo hacerlo cuando lo único que recibía era miradas de reproche y odio? Ella ya no era aceptada ni por lo único que le quedaba en la vida: sus dos hijos. Al menos tenía el consuelo, de que ellos habían crecido lejos de ella, y así eran mucho mejores seres humanos. Ni la influencia de Lucius logró empañar sus almas, ni los errores que ella había cometido en su vida. Draco y Franco eran frívolos, orgullosos, ambiciosos; pero su espíritu era valiente y emprendedor. Sobre todo, habían logrado alejarse de la oscuridad.
Ojala ella hubiera podido hacerlo.

No, aquello ya era imposible. Su vida ya estaba arruinada. Todos los días era lo mismo; despertar, y evitar mirarse al espejo. No quería que aquellos ojos azules le mostraran su patética existencia. Muchas veces había deseado morir, y en una ocasión había intentado convertir su deseo en realidad. Pero fue demasiado cobarde; ni para terminar con el dolor era capaz. Y así siguió, dejando que su vida transcurriese en esa terrible agonía sin fin. Ya ni los placeres tenían gran significancia ¿Desde hace cuánto tiempo no paseaba por el jardín? Antes disfrutaba de regar las plantas y tomar un poco de sol, que nunca lograba darle color a su piel pálida. Ahora ya no le provocaba nada. Ayer había observado el jardín por la ventana, y notó que todos los rosales estaban secos. Lo que más logró sorprenderla fue el hecho de que no le importó en lo más mínimo.
¿Acaso ya no era más que un cuerpo que respiraba y funcionaba por el simple hecho de funcionar? ¿Acaso estar viva significaba simplemente tener un corazón latiendo dentro del pecho?

- señora!- entró Greta tapándose la boca. La angustia estaba reflejada en su rostro. – Se han ido! Todos se han ido!

Y es tarde, deberías irte a tu casa.- dijo Nicole. Y tenía razón. Hacía ya unos minutos que el reloj había marcado las doce y media y Diego aún seguía tirado en el césped mirando las estrellas en su jardín.
- Tu quieres que me vaya?- dijo el chico posando sus ojos azules en ella.
Nicole se sentó junto a él. Su rostro seguía nublado, tal y como había estado desde que puso un pie en casa.
- No.- dijo finalmente. – Si no estás me sentiré muy sola aquí. Mamá no me reconoce y papá, bueno él solo pasa trabajando. Odio estar aquí, no lo soporto. Todo este ambiente me vuelve loca. Cada rincón me trae recuerdos de Natalia y de la feliz familia que solíamos ser. Ahora ya no queda nada de eso.- sus ojos grises se habían inundado cuando se fijaron en los de él. – Sé que te dije que no quería tu amistad. Aún mantengo mi palabra, pero, ¿podríamos fingir ser amigos por lo menos hasta que todo termine y pueda irme de aquí?
Diego sonrió tiernamente y tomó el rostro de Nicole entre sus manos.
- Claro, soy bueno fingiendo.- dijo él.
Si se había quedado tanto tiempo era porque sabía lo difícil que era para Nicole estar en su casa. Había tomado mucho antes de que ella se lo pidiera la decisión de quedarse todo el día allí. Ahora que la chica le había expresado sus sentimientos, sentimientos que él ya conocía, su decisión se había vuelto más drástica.
- Me quedaré aquí.- dijo Diego. – Ya llamé a mi casa y saben que estoy bien. No creo que le moleste a tu papá si paso una temporada en tu casa o si?
Los ojos de Nicole se abrieron de par en par.
- ¿Cómo?..no tienes que hacerlo.- dijo ella algo avergonzada por su notable alegría ante la decisión del chico.
- Quiero hacerlo.
- No, no quieres ¿Por qué estar aquí cuando puedes irte a ver a Luissana o hacer muchas otras cosas? Sé perfectamente que lo que haces, lo haces solo por compromiso.
- ¿Compromiso? Yo no conozco esa palabra.
Nicole rió.
- Te sigues sintiendo culpable por haber terminado conmigo.- dijo ella. – Pues ya no lo sientas quieres? No voy a morir, ni a intentar suicidarme por ello. Mi vida es difícil, pero he salido de peores.
Un silencio invadió el lugar. Por varios segundos nadie dijo nada, ni ninguno de los dos se atrevió a mirarse. Pronto alguien tuvo el valor de romper lo incómodo de éste.
- Te extraño.- dijo él.
Aquellas palabras chocaron como bloques de cemento sobre la cabeza de Nicole. Por un momento creyó que iba a desmayarse, ya que todo su mundo tambaleó por completo. Su corazón latió fuertemente.
- A lo que me refiero, es que quiero estar a tu lado. No me obligues a irme.- dijo Diego completando su frase. – Entiendo que te lastime estar junto a mí como amigos cuando tuvimos algo mucho más fuerte. Pero creo que ambos nos necesitamos no es así? Además, nunca hemos intentado ser amigos.
Nicole tragó saliva y sonrió tristemente. Pero por lo menos era una sonrisa.
- Es verdad, no le hemos intentado.

- Despierten..- dijo Adriana a sus amigos. Hermione abrió los ojos sintiéndolos pesados. La luz del sol quemaba su ojos marrones. Se levantó mientras Draco lo hacía también. Ginny, Ron y Luna ya estaban despiertos y listos. Parecían haber recuperado las fuerzas después de la siesta. Ojala ella se sintiera de la misma forma. Por el contrario, cada músculo de su cuerpo le exigía más descanso.
- Debemos apresurarnos. El barco ya dejó de moverse hace mucho, en cualquier momento abrirán la bodega.- dijo Adriana.
Hermione sacó su varita pero entonces observó a Luna, quién había fijado sus ojos celestes en la puerta de la bodega.
- Qué pasa? – preguntó Ron.
Luna caminó hasta la puerta y pegó su oído en ella, apoyándose con ambas manos. Todos miraban a la rubia confundidos, tratando de entender lo que sucedía. Pronto ella se alejó de la puerta y se dirigió a sus amigos.
- No hemos llegado aún a tierra firme.- dijo Luna. – Y huelo sangre.

Dumbledore caminaba por la Orden de Merlín junto con Snape cuando la figura de Narcisa Malfoy caminando hacia él lo hizo detenerse.
- Lea.- le dijo ella dándole una carta. – Mis hijos y sus amigos han desaparecido.

El ex director de Hogwarts no pudo articular palabra y solo abrió el sobre temiendo lo que podría haber en su contenido.

"Para quien lo lea:

Nos hemos ido a buscar a Harry. Probablemente cuando lean esto será ya muy tarde. No nos traten de buscar, las posibilidades de que nos encuentren son nulas en las tierras que quedan rodeando Zion. Volveremos con él. Si no volvemos, lo sentimos.

Firman,

Draco Malfoy, Hermione Granger, Adriana Kenzaburo, Luna Lovegood, Ron y Ginny Weasly."

Dumbledore guardó la carta en el sobre y fijó sus ojos en los de Narcisa. Ella parecía terriblemente angustiada. Cada uno de sus gestos faciales daba prueba de ello.

- Los mandaremos a buscar. Esto no debió suceder.
- Y los encontrarán?- dijo Narcisa, - No lo creo así.
Ella tenía razón. La probabilidades de dar con ellos eran nulas. Lo único que les quedaba era resignarse, y desear que nada les sucediera; aunque aquello era casi imposible. Lo más seguro era que nunca regresaran.

El rostro de Dumbledore pareció oscurecerse ante el nuevo peso que llevaba sobre sus hombros. Miró a Snape.
- Hay que avisarle a la familia Granger y Weasly.

Sangre??- dijo Ron. – Qué dices?!
- Lo huelo.- dijo Luna. – Mucha. Creo que la tripulación esta muerta.
El rostro de Ginny se llenó de terror mientras se tapaba la boca con ambas manos. Era la primera expresión que había tenido desde hace mucho tiempo.
Adriana sacó su espada y sus cadenas.
- Está claro entonces, el barco ha sido asaltado por piratas.
- Qué?- dijo Ron aún sin comprender.
- Escuchen. Lo que debemos hacer es salir y buscar un bote, siempre tienen botes por si la embarcación naufraga. Tendremos que llegar solos hasta tierra firme. No estaremos muy lejos.
- Sería útil si primero los vuelvo invisibles no?- sugirió Hermione.
Draco rió.
- Eso no va servir. Los piratas tienen ojos como los de Ojoloco, durante muchos años se han sacado los verdaderos y colocado ojos mágicos para poder ver en la oscuridad; así su trabajo se hace mucho más fácil.
- Maldita sea!- dijo Ron. – Y ahora?
- Y Ahora solo nos queda salir de aquí sin que nos vean, lo cual creo que será casi imposible así que les sugiero que empuñen sus varitas y traten de no gritar al salir; probablemente afuera nos encontraremos con el mismo infierno..

--FIN--

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Bueno, como se habrán dado cuenta, hasta acá llego Monik con el Fic…

Espero que algún día alguien se anime a continuarlo.

Ya saben, cualquier cosa que tengan que decirme, reviews, PM o mail -figura en mi profile-

Gracias por leer, por el apoyo y por dejarme reviews.

Miles de Gracias a quienes se pasaron por mis fics y también me dejaron reviews.

Love you, Draco!!

Que lluevan Dracos y Edwards!!

Nat.