Y llegué con otro de mis elaborados capítulos. Del cual también me siento orgullosa.
Ninguno de los personajes de Glee me pertenece. Estos son propiedad de Fox y Ryan Murphy.
(Nota importante al final del capítulo)
ESTE CAPITULO ES UN POCO FUERTE. SE RECOMIENDA DISCRECIÓN
RACHEL POV
Creí haberme desmayado. Creí que cuando vi a Quinn ingresar a la casa y me dispuse a seguirla, me topé con una pelota de plástico que había salido de la piscina y me resbalé, dándome un fuerte golpe en la cabeza con la mesa que sostenía el pastel. Pensé que en ese preciso momento estaba tendida en el patio trasero de la casa de Santana, inerte, con todos mirándome como un bicho raro, aunque eso no era nuevo.
Me pellizqué... me dolió. No estaba soñando. ¿Y si estaba delirando?, ¿Y si cuando saliera me encontraba con la pandilla entera de los teletubbies bailando el Harlem Shake?
Cuando al fin sentí mis piernas, me levanté de la silla de la cocina y me dispuse a salir.
Todo estaba normal. Brittany seguía jugando en el inflable, provocando una adorable sonrisa en el rostro de Santana, que la miraba hipnotizada. Puck, Finn y Mike estaban en la piscina de pelotas lanzándose las mismas unos a otros con todas sus fuerzas, incluso creí ver un moretón del tamaño de marte en la cara de Finn. Mercedes, Tina y Kurt, trataban de ponerle la cola al unicornio, pero la misma parecía no adherirse al mítico animal. ¿Y Artie?... bueno él estaba tratando de echarle mano al pastel sin ser descubierto en el proceso por la furia de Lima Heights.
Y en la parte más apartada de todo estaba Quinn, sentada en la hamaca, mirándome. Por su puesto cuando clave mi vista en ella, la animadora aparto la suya. Una prueba más de que lo que había pasado había sido real.
No sabía que había significado su comentario. ¿Acaso había coqueteado conmigo?... Noooo, imposible, no solo por el hecho de que es mujer, es la chica más popular de la escuela y tiene novio, sino porque... bueno... ¡es Quinn Fabray!
En la escuela solíamos llamarla la ''Reina del hielo'', porque nunca demostraba una emoción... no sincera por lo menos, a menos que se tratara de Santana o Brittany. Ni siquiera su perfecto novio entraba en aquella lista de personas "privilegiadas" que lograban presenciar a Quinn sin un palo metido por el culo.
Y ahí estaba yo, pensando en el momento en que YO le hice sonrojarse, en que YO fui oyente de su comentario divertido, en que YO la puse nerviosa... ¡¿Que estaba pasando?!
Es cierto que me propuse conocer a la verdadera Quinn, y estaba segura de que era aquella que me había dejado acompañarla en su soledad, hace 5 minutos en la cocina de Santana. Sin embargo, tenía una inexplicable corazonada de que "la verdadera Quinn" me traería problemas.
- Bueno, una fiesta no es una fiesta...- Puck interrumpió mis pensamientos llegando de la puerta principal - ...sin ¡ALCOHOL! - No sé porque me extrañaba, era Puckerman, no podía vivir sin una gota de alcohol en su organismo.
Hubo un *¡Hurra!* general. Pero yo no estaba muy contenta. Nunca había estado en una fiesta, nunca había sido invitada a una (aunque esta no fuera una fiesta normal para una chica de 16 años), y, por consiguiente, nunca había bebido alcohol. Bueno, a excepción de una ocasión, donde bebí una copa de vino con mis padres en año nuevo... ¡estaba asqueroso!
Todos se acercaron a Puck para sacar las bebidas de las cajas que había traído, si, ¡CAJAS!, ¿Dónde rayos había conseguido todo aquello?
- De acuerdo, perdedores, si van a beber hasta no acordarse de sus míseras e insignificantes vidas - Si, era Santana escupiendo todo su cariño - No quiero que echen todo a perder. No quiero que entren a la casa a romper cosas ni tener sexo en la habitación de mis padres. No quiero que ninguno se aleje de mi perímetro visual. - Dijo, examinándonos a cada uno como si estuviera en una interrogación de Criminal Minds - Más vale que en una hora estén todos lo suficientemente sobrios para cantar "Feliz cumpleaños" y largarse de mi casa.
...
- Y así fue como gane mi primer campeonato de ajedrez - Me contaba un muy borracho Artie. Y "contar" es un decir, porque no le entendí ni la mitad de lo que balbuceaba.
Siendo hija de dos hombres, te acostumbras a ser la princesa de la casa. Mi papá Leroy es de esos padres permisivos y alcahuetas que se convierten en tus mejores amigos. Por otro lado, mi papá Hiram es sobreprotector y algo serio, él ponía las normas en la casa. Son el complemento perfecto.
Esa noche les había prometido llamarlos por si quería que me recogiesen, y en ese momento lo quería con toda mi alma, pero ellos estaban disfrutando de una de esas cenas románticas que no tenían hace mucho tiempo, y no quería ser yo quien les dañara su mágico momento.
45 minutos. Eso fue lo que duro la relativa calma de aquella fiesta, después de que Puck tuviera tan "brillante" idea. En este punto de la noche, la única persona con sus cinco sentidos atentos era yo. Yo no había ingerido ninguna bebida alcohólica, ni tampoco pensaba hacerlo. Mis padres siempre me enseñaron a evaluar y considerar toda clase de perjuicios y consecuencias para mis posibles actos.
En este caso era beber, si bebía, la pasaría tan bien como Mercedes y Tina, que en ese momento estaba muertas de risa sentadas en la hamaca; pero era probable que hiciera el ridículo como Finn, que estaba cantando la canción de "Barbie Girl" bastante desentonado, o como Mike que le aplaudía y le gritaba como si fuera una adolescente y Finn fuera Justin Bieber. También existía la posibilidad de que terminara mostrando una conducta poco apta para menores de edad, como Britanny y Santana que se untaban el pastel de cumpleaños en todo el cuerpo (Si, solo tenían ropa interior), y se lo quitaban con la lengua la una a la otra.
Nunca me había emborrachado, por eso no sabía qué tipo de borracha seria: una risueña como Tina, una ridícula como Finn, una subida de tono como Santana o una necesitada como Quinn, quien llevaba toda la noche diciendo que era gorda y fea, solo con el propósito de que alguien le dijera lo contrario y le hiciera ver lo hermosa y perfecta que realmente es.
Porque es cierto, Quinn Fabray es realmente hermosa. Es la chica más hermosa que he conocido en mi vida, pero ella es mucho más que eso, YO SÉ que es mucho más que una cara bonita, ella es...
Divagando en mis pensamientos sobre Quinn me di cuenta que ya no oía sus quejas, ni sus comentarios con complejos de inferioridad... no estaba en el patio, tal vez estaría vomitando todo lo que ingirió esa noche.
Aunque si no estaba en el patio, debía estar dentro de la casa, y si estaba dentro... ¡Dios!, podía vomitar en cualquier parte de la casa y Santana la destrozaría.
¡Maldita sea! mi conciencia me ganaba, y como la única sobria en esa casa, me sentía en la obligación de buscarla e impedir la catástrofe.
Entre a la casa y la busqué en el primer piso: en la cocina, en la sala y en el baño para las visitas. No tuve suerte. Subí las escaleras dispuesta a abrir la primera puerta. No hace falta aclarar que nunca había entrado en esa casa, por lo tanto no la conocía. Pero un susurro al final del pasillo me detuvo.
Camine a donde el ruido me llevaba. Efectivamente eran susurros que venían de alguna de las habitaciones.
- Por favor no... - Que me coma un chango si no era la voz de Quinn. Pero ¿Con quién estaba? ¿Estaba... rogándole?- Para, por favor - estaba llorando, podía notarlo en su voz temblorosa - No quiero... no más... ¡Déjame!
En algún momento de mi vida me arrepentí por no haber entrado a la habitación en el momento en el que ella gritó. Pero mis piernas no me funcionaban y mi cerebro no procesaba lo que estaba escuchando. Llegue a pensar que tal vez estaba dormida y peleaba con el Coco de su pesadilla. Lo sé, demasiada inocencia para tener 16 años.
- Te lo pido, por favor... no más
- Déjame terminar... - Esa voz era masculina. Hice un rápido conteo de los que estaban haciendo escándalo en el patio. Y al fin, pude sumar 2 + 2.
Reaccione relativamente rápido y abrí la puerta con fuerza. La habitación estaba totalmente oscura, pero pude ver las sombras en una esquina.
- ¡Demonios! ¡¿Acaso no sabes tocar?! - Me grito un exasperado Puckerman mientras se subía los pantalones.
- Aléjate de ella - No sé de donde saque la determinación y la entereza para que esa oración saliera segura y sin titubeos. Porque por dentro sentía como todo me quemaba y sentía las lágrimas asomarse por mis ojos.
Quinn, aun en la esquina, se había dejado caer al piso con su espalda aun en la pared. No alcanzaba a verla con detalle por la escasa luz en la habitación, pero sabía que estaba destrozada por la forma en que se abrazaba a sus piernas.
- Berry, que nosotros nos divirtamos no significa que tú no puedas - Balbuceo Puck. Hasta el día de hoy sigo preguntándome cómo fue que le entendí. Estaba completamente borracho y parecía que su boca no conectaba con su cerebro. Aun así lo vi acercarse tambaleante a mí, y me sentí terriblemente amenazada, y con toda la razón - Podemos entretenernos... los tres... no me importa compartir - Prosiguió y en ese momento, cuando puso su mano pesada en mi hombro, pude reaccionar, pues estaba petrificada.
- Puckerman lárgate - Esta vez no soné segura, y él lo noto. Pero lo malinterpreto
- Vamos, estas dudando. Tú también lo quieres - Ahora podía sentir su aliento alcoholizado a milímetros de mí.
- Si no te largas de una puta vez, voy a gritar. Y Santana vendrá a sacarte a patadas, ¿Quieres eso? - No sé porque me comporte tan civilizadamente. Por dentro solo quería ahorcarlo. Por muy borracho que estuviese, el nombre de Santana lo hizo reaccionar, no en el modo en que creí, pero lo hizo.
- Tienes razón, hay que llamar a Santana. Aún más divertido - Esta vez cogí su comentario en el aire. No me hizo falta mucho tiempo para entenderlo, y comprendí que tenía que sacarlo de allí como fuera.
- Claro, porque no llamas a Santana - Lleve mi mano a su rostro y aunque quería abofetearlo hasta dejarlo inconsciente, me contuve. Estaba borracho, no sentiría dolor y no sería placentero - vamos a divertirnos.
Puck dibujó una mueca parecida a una sonrisa, y salió lo más rápido que su equilibrio le permitió. Yo respiré profundo pensando en lo que acababa de pasar y sentí las lágrimas, hace poco contenidas en mis ojos, caer por mis mejillas. Clavé la vista en Quinn, quien seguía en la misma posición en la que estaba la última vez que me fije en ella, hace un minuto.
¿Alguna vez has sido consciente de lo mucho que pueden cambiar las cosas en un año, en un mes, en un día, en una hora, o incluso en un minuto?
Hace un año recibía mi primer baño de Slushie azul. Hace un mes jugadores de fútbol y las tres porristas se unían al Club Glee. Hace un día había visto el primer destello de una, no tan fría y más humana, Quinn Fabray. Hace una hora la había visto reír y sonrojarse. Y ahora, desde hace un minuto, se encontraba sumergida en su miseria, sentada en una esquina de esa habitación, aferrándose fuertemente a sus piernas con la mirada perdida.
No sabía qué hacer. Estaba ahí, petrificada. Quería acercarme, abrazarla, y decirle que todo estaba bien, pero tenía miedo de que me alejara, que necesitara de su soledad. Nunca sabía cómo actuar con ella, y en ese momento mucho menos. Nunca había presenciado una situación similar a la que estaba pasando. También quería bajar a toda prisa las escaleras, encontrar a Puckerman, amarrarlo a una silla, y quitarle uno a uno pedazos de su piel con un corta uñas.
Pero sin importar lo que yo quisiera o no hacer, no podía dejarla sola en un momento como ese. Se veía tan pequeña, tan sensible, tan... frágil. Bien es cierto que en un momento como aquel, la última persona que ella hubiera querido cerca hubiera sido yo. Pero también es cierto, que en ese momento yo era su mejor opción. Sus dos mejores amigas estaban borrachas lamiéndose la una a la otra, y su novio probablemente estaría encima de la mesa cantando Gangnam Style.
Decidí acercarme lentamente. No quería invadir su espacio, quería darle tiempo a que me detuviera en mi camino. Pero ella no dijo nada, estaba ensimismada.
Cuando al fin llegue a ella, no pude hacer más que sentarme a su lado y rodear su menudo cuerpo con mis brazos. Fue entonces cuando apoyo su cabeza sobre mi pecho y se rompió. Su llanto incontrolable me desgarro por dentro. Casi prefería ver su sonrisa egocéntrica y su mirada despectiva. Todo menos esos ojos verdes que tanto me hipnotizaban, llenos de tristeza, arrepentimiento y temor.
No sé si fueron segundos, minutos u horas, pero después de alguna de esas medidas de tiempo, ella logro recomponerse medianamente, y dejar de llorar. Pero aún estaba afectada, lo podía ver en su mirada, y no la podía culpar.
- ¿Quieres salir de aquí? - No se me ocurrió decir nada más. No la iba a hacer hablar de algo que lógicamente le estaba afectando y que, muy probablemente, la afectaría por el resto de su vida. Ella simplemente asintió. Así que saque mi teléfono del bolsillo trasero de mis vaqueros y llamé a mis padres.
20 minutos después estábamos sentadas, en la misma posición en la que estábamos, en el asiento trasero del auto de mis padres. Ellos se encontraban en un silencio sepulcral. Sabían que algo pasaba, pero también sabían que eran de esos momentos delicados en los que es mejor dejar fluir el silencio. Y aunque se sorprendieron cuando me vieron salir de aquella casa con una destrozada Quinn, (la animadora que hacia sufrir a su princesa en la escuela), abrazando mi cintura; no dijeron nada, y yo lo agradecía.
En el momento en el que Quinn levantó su cabeza de mi pecho y miró por la ventana, sabía que algo no andaba bien, o más bien, que había empeorado.
Se giró para mírame, y vi que el temor que contenía, se había hecho más palpable - Rachel - Me susurró - Por favor... no dejes que me llevn a mi casa - Yo, confusa, no respondí nada.
Si a mí me pasase algo como aquello, lo primero que hubiera hecho seria confortarme entre mis padres, buscar su amor y escuchar de sus bocas que todo estaría bien.
- Por favor...- Me rogó otra vez, con ojos suplicantes
Y en ese momento, lo comprendí todo. Los padres de Quinn no eran NADA como los míos.
Sabía que Quinn vivía con su padre y su madre y que tenía una hermana mayor en la universidad, quien también había sido una cruel capitana de animadoras en el McKinley. Toda su familia eran cristianos devotos, por ello Quinn era la presidenta del Club del Celibato, en donde adolescentes hormonados prometían no tener sexo hasta casarse. ¿Increíble no?
De su hermana no sabía mucho más. A su madre, Judy Fabray, la había visto algunas veces esporádicas, como en el centro comercial o en una panadería. Era una mujer hermosa y, quitándole las bolsas siempre presentes bajo sus ojos, algunas arrugas en su rostro y su sonrisa cansada; era casi idéntica a Quinn.
A Russel Fabray, el padre, lo había visto una sola vez en mi vida, y eso fue suficiente.
Fue en una reunión en la escuela, precisamente una entrega de notas. Mis padres estaban felices por mis resultados, y mientras discutamos los planes de ir a comer helado escuchamos sus reclamos decepcionados y el llanto de Quinn.
- ...Tu no vienes aquí a hacer amigos Lucy Quinn Fabray - Le decía, mientras la apuntaba con el dedo - Tu vienes a estudiar y a ser lo mejor que esta mugrosa escuela pueda ver.
Mis padres y yo compartimos miradas confusas. ¿Cómo era posible que le reclamara por su rendimiento académico, cuando había quedado en el cuadro de honor, solo por debajo de mí?
- Papá... yo...lo siento - Lloraba Quinn
- Tal vez cometí un error dejando que te apuntaras a las animadoras. Tal vez no puedes manejar todo tan bien como tu hermana. Sera mejor que renuncies - Le dijo con voz fría. ¿Renunciar a las animadoras? ¡Pero si ella era la mejor! ¡ERA SU CAPITANA!
- No papá, por favor... dame otra oportunidad. Te juro que...- Estaba evidentemente desesperada
- ¡TU NO ME JURAS NADA! - La interrumpió a gritos Russel, llamando la atención de todos los presentes - ¡Si no eres capaz de superar a esa niñita pecaminosa, no eres capaz de nada! - Le escupió. Y yo fui consciente de que hablaba de mí. Y mis padres también...
- ¡Disculpe pero esa " Niñita pecaminosa" es mi hija y merece respeto!- Exigió mi padre Hiram.
Russel se giró, lo miro despectivamente mientras cogía a su hija fuertemente del brazo, y se acercó a él, quedando a centímetros de su cara - Es una niña pecaminosa porque usted y su "esposo" son una abominación, son un pecado a los ojos de Dios; y por lo tanto ella también lo es. - Dicho esto, salió del salón de clases arrastrando a su hija
Mi padre Leroy tuvo que sostener a Hiram para que no saliera tras él.
Judy Fabray salió del salón tras su familia. Increíblemente, había presenciado toda la escena en silencio. Había presenciado los gritos de Russel a Quinn y luego los insultos a nuestra familia, y permaneció en las sombras. No esperaba que nos defendiera a nosotros, al fin y al cabo no nos conocía, pero ¿Quedarse callada mientras le gritan de esa manera a su propia hija?... es otro nivel.
Solo ese episodio me basto para conocer una parte de su familia. Su padre era un prejuicioso, homofóbico, perfeccionista, llevado por las apariencias y regido por un libro escrito hace miles de años, que sentía predilección por su hija mayor; y su madre...bueno... ella era su marioneta.
Así que por más que quisiera, no podía imaginarme a una frágil Quinn recibiendo amor por parte de sus padres y escuchando de ellos un "Todo saldrá bien". No podía. Por la imagen que tenia de ellos y por la mirada de Quinn, suplicándome que no la llevara a su casa, sabía que esa imagen estaba muy lejos de la realidad.
- Papá, ¿Quinn puede quedarse en nuestra casa? - Pregunté, mirando a papá Hiram por el espejo retrovisor
- No creo que sea buena idea prin...
- Sus padres creen que se quedara en casa de Santana. No creo que se enteren - interrumpí a papá Leroy quien estaba en el asiento del copiloto.
Podía ver su preocupación. Obviamente nuestra familia no estaba en la lista de "Familias favoritas" de Russel Fabray. Además Quinn se veía bastante afligida, pero incluso, sin saber lo que había pasado, ellos sabían que en su casa no le brindarían el apoyo que necesitaba
- De acuerdo - Dijo Hiram, hablando por primera vez - En la mañana llamaremos a la señora López para informarle que Quinn se encuentra con nosotros.
Sonreí con satisfacción y le agradecí con la mirada, de nuevo por el espejo retrovisor.
- Gracias - Susurro Quinn contra mi oído. Y un inevitable escalofrió subió por mi columna vertebral, haciéndome temblar.
Al llegar a casa, lleve a Quinn directamente a mi cuarto. Le tendí un pijama para que se cambiara, mientras yo hacía lo mismo en el cuarto de baño. Al salir me topé con la imagen de esa hermosa mujer, echa un ovillo en mi cama, con sus cabellos dorados esparcidos en la almohada y sus ojos verdes, aunque tristes y llenos de miedo, mirándome fijamente.
- Sera mejor que te arropes si no quieres enfermarte - Le dije. Pero ella no movió ni un solo musculo. - Buenas noches Quinn - Y me dispuse a salir de la habitación con destino a la habitación de invitados. Si ella quería dormir en mi cama, yo no se lo iba a negar. Llegadas a ese punto, creí que, pidiese lo que pidiese, no podría negarle nada.
- Rachel - Me llamó en apenas un susurro. Yo, con la mano aun en el pomo de la puerta, me gire para mirarla - Podrías... No quiero dormir sola...Podrías... ¿Dormir conmigo? - Me preguntó con ojos brillantes y mejillas sonrosadas.
Y como ya lo he dicho. Llegadas a ese punto, no podía negarle nada
- Claro
Me acerque a la cama, mientras ella se ponía de pie. Luego cada una se metió a la cama por un lado.
Y estando acostada tan cerca de ella, sintiendo su cuerpo a milímetros del mío, oliendo su perfume y siendo plenamente consciente de lo que acababa de vivir, y de lo terriblemente rota que se veía, me dieron unas incontrolables ganas de abrazarla
- Puedo... ¿puedo abrazarte? - Pregunté con duda. Puede que estuviese viviendo una situación bastante delicada, pero seguía siendo Quinn Fabray. Y de nuevo, nunca sabía cómo comportarme con ella.
A falta de toda respuesta ella se acercó más a mí y me abrazo por la cintura. De nuevo colocando su cabeza en mi pecho. Jure que podía tenerla así toda la vida.
Ella se quedó dormida mientras yo le acariciaba el cabello. Y no pude evitar pensar que pasaría al día siguiente, cuando despertara y lo primero que viera fuera mi rostro, cuando despertara y fuera consciente de que no estaba en su casa, cuando despertara y recordara todo lo sucedido esta noche.
Y en medio de mis divagaciones que oscilaban entre "¿Que pasaría...?" y múltiples "Y si". Me quede dormida.
¿Y? ¿Qué les pareció? ¿Sugerencias, opiniones o reclamos?
Primero quería agradecer a todas aquellas personas que están siguiendo esta historia y me dan su apoyo. De verdad que es muy importante para mí.
Y Segundo, quería responderle a mi "Guest" favorita, quien me dijo que esta historia seguía un camino muy monótono y visto, "en donde Quinn es una perra con Rach, la morena se arrastra por su amor, hasta que Quinn se da cuenta que la ama". Creo que es muy pronto aún para formar ese tipo de perspectivas, sin embargo mi querida Guest, me estoy rigiendo por la personalidad original de los personajes, hay que ver que Quinn es una cristiana devota criada por padres prejuiciosos, fríos y petulantes; Rachel, en cambio, simplemente ha tenido un hogar de verdad. Entonces creo que eso afecta a como cada una afronta sus sentimientos de diferente manera. Sin embargo, te quiero agradecer por tu crítica constructiva, y tratare de que la historia no termine como una de las tantas que ya hemos leído.
Sin más que decir... YOLO
XOXO
