Disculpen la tardanza , estuve con poco tiempo para actualizar, aquí les dejo la continuación.


Capitulo 4

El primer encuentro

Luego de que Keiko dejara a su hija en la escuela de sacerdotes, Kikyo comenzó con su entrenamiento para convertirse en sacerdotisa. Su gran y respetable maestro Itsumoto-sama llevaba unos meses preparándola para ponerla al corriente con el resto de sus compañeras.

- Muy bien Kikyo, hoy nos dedicaremos a ver cual es el arma que se adecua mas a ti- le dijo tomándola del hombro dirigiéndose al deposito de armas de la escuela.

La niña ya había tomado confianza con su maestro, realmente su poder era sorprendente. En tan solo unos días había aprendido a hacer a la perfección lo que otras aprendices no lograron en años de entrenamiento.

El hombre mayor tomo una espada, tendiéndosela a la niña para ver que era capaz de hacer con ella.

- Enséñame que harías con ella si ese árbol fuese un demonio- le dijo señalando un gran árbol cercano al lugar.

Kikyo levanto con dificultad la pesada espada luego de hacer un par de profundos cortes en el árbol dijo con algo de decepción – No creo que esto sea lo mío…

-Bien, probemos con otra cosa – dijo el hombre adentrándose al deposito nuevamente.

La pequeña lo esperaba fuera del lugar sentada en la entrada, desde allí pudo visualizar en el la esquina del cuarto un viejo arco que aprecia que llevaba años en desuso.

- ¿Puedo intentar con el arco?- pregunto tímidamente desde afuera, señalando el objeto en aquel recóndito rincón de la habitación.

- ¿Estas segura?, no es nada fácil

- Al menos quiero intentarlo

-Bien, tráelo, iré a buscarte algunas flechas- le dijo para luego dirigirse al enorme armario donde guardaban las flechas, tomo algunas para luego volver con su aprendiz y llevarla al área de arquería.

-Bien, ¿ves esa diana de allí?, tu meta es que la flecha llegue al círculo central. Toma la flecha ténsala en el arco y una vez que apuntes suelta el hilo.

Por supuesto en palabras todo sonaba muy simple, pero la realidad no era tan sencilla. Con gran dificultad la niña logro tensar la flecha en el arco, no sabia que aquel hilo seria tan rígido. Cerrando uno de sus ojos intento hacer foco para apuntar la flecha al blanco, realmente no se tenía nada de confianza, pero aun así soltó el hilo.

Para su sorpresa la flecha se había clavado directamente en el blanco. Los ojos de ambos se abrieron por la sorpresa.

- Veamos si fue suerte, inténtalo otra vez- le dijo dirigiéndola a la segunda diana.

La niña retomó la postura de hacia unos momentos y repitió exactamente lo que había hecho segundos atrás. Nuevamente había dado en el blanco.

- Muy bien Kikyo, se ve que al igual que tu tía, el arco y la flecha serán tus armas insignia.

La joven Kikyo se sentía asombrada pero a la vez muy orgullosa de haber encontrado su arma. Realmente le había gustado la arquería. A la cual se había propuesto que le dedicaría cada rato libre que tuviese durante su entrenamiento. Aunque no pareciese que necesitara demasiado.


Luego de un año, Keiko decidió visitar a su hija, ciertamente el palacio era un lugar muy solitario sin sus hijos y sin su marido. Al cual había visto hacia unos meses cuando regresó para buscar más provisiones para su ejército.

Inicio Flash back

El señor Takenshi se enfureció cuando se enteró lo que su esposa había hecho con Kikyo. No pudo más que montar en cólera al escuchar la noticia.

- ¿Acaso pretendías dejarla llorando por la muerte de su hermano el resto de su vida?- dijo con amargura la mujer, continuó diciendo- al menos allí le darán un oficio, aprenderá a usar sus dotes y se podrá valer por si misma cuando ni tu, ni yo estemos para cuidarla.

- ¡Te dije claramente que no quería eso para ella!- dijo con enojo.- En cuanto acabe la guerra la sacaré de allí, y si intentas volver a encerrar a mi hija, conocerás mi peor lado.

- Ella nació para ser una sacerdotisa, no por nada es la reencarnación de Midoriko.

El hombre quedó atónito al escuchar las palabras de su esposa.

- Y tú ¿Cómo estas tan segura de eso?- preguntó desconfiado

- Mi maestro me lo dijo, ella tiene su fuerza, su poder espiritual. Además… el la puso a prueba, Kikyo pudo romper un sello que Midoriko había creado hacia años, un sello que nadie consiguió romper por siglos, y ella lo hizo sin ningún esfuerzo.

Con semejante noticia Takenshi no pudo mas que aceptar la decisión de su esposa, si su dulce hija estaba destinada a ser la siguiente gran sacerdotisa, el no era quien para impedirlo. No estaba del todo conforme con ello, pero en medio de la guerra, no se hallaba en situación para evitarlo.

Fin flash back

Keiko llegó al lugar, las custodias de la puerta la dejaron entrar cuando ella exhibió su carta con su sello de sacerdotisa. Por más que ya no ejerciera esa profesión, lo seguía siendo.

- Maestro- dijo haciendo una reverencia al encontrarse con el sacerdote Itsumoto.

- Keiko, que agradable sorpresa que vinieras a visitarnos, de seguro a Kikyo le encantara verte.

La niña entró a la habitación en la que se encontraban, al escuchar el llamado de su maestro.

-Madre- exclamo con sorpresa y agrado, lanzándose en brazos de su madre para abrazarla, realmente la echaba de menos.

-Dejaré que conversen- dijo el hombre retirándose del lugar para darles un tiempo a solas.

- Y bien- dijo la niña- ¿donde esta mi hermana?

- ¿De qué hablas?- respondió la mujer algo desconcertada

- Vamos no tienes porque ocultarlo, hace unos meses lo soñé, se que tengo una hermana.- dijo con un tono muy seguro.

A la mujer se le llenaron los ojos de lágrimas, ella hacia algunos días se había enterado la noticia de que estaba embarazada, y su hija ya lo sabía. Y ahora ambas sabían, seria una niña.

- Verás Kikyo, hace pocos días supe que estoy embarazada- dijo secando sus mojadas mejillas.

- Oh, ya entiendo, así que mi visión fue muy temprana.- dijo sonriendo.

-Al parecer si, pero ya sabemos que será- dijo abrazando con alegría a su hija- Hace unos meses vi a tu padre, regreso a la aldea en busca de provisiones, te envía saludos.

- ¿La guerra aún no terminó?-preguntó algo decepcionada.

- Aún no mi niña, recemos para que acabe pronto.

La charla entre ambas mujeres continuó por un largo rato, ambas se pusieron al día acerca de las novedades. Luego de una semana de visita y de ver que su hija se encontraba en perfecto estado, y que había aprendido mucho, Keiko regresó al palacio. Prometió regresar en cuanto la bebé naciera, para que Kikyo pudiera conocer a su hermanita.

Los meses continuaron, Kikyo se incorporo al resto del grupo de aprendices, y ciertamente no lo estaba pasando muy bien. Claramente ella sobrepasaba a sus compañeras, lo que causaba mucha ira y celos, envidias malsanas que provocaba que ella no se sintiera cómoda, y que tuviera q sufrir varias "bromas" por parte de estas.

Dentro de la escuela de sacerdotes, existía otra joven y sacerdotisa con un futuro prometedor, Tsubaki. Esta joven había sido rescatada cuando era una bebe de los brazos de su madre quien murió para protegerla de un youkai. Nadie sabía nada acerca de su origen, pero su maestro si sabía que al igual que Kikyo, era de las últimas descendientes vivas de Midoriko.

Las jóvenes sin saberlo eran primas, pero debido a su mala relación dentro de la escuela sus maestros no se lo confesaron. Tsubaki tenía una clara preocupación, que Kikyo se volviese mejor y más poderosa que ella. Le aterraba la sola idea de que le quitara el puesto de mejor sacerdotisa joven.


El embarazo de Keiko siguió su curso, dando a luz a una saludable niña, Kaede. Pero algo no esta del todo bien, los últimos meses de embarazo habían sido difíciles para la joven mujer.

Las malas noticias corrían rápido, Keiko había fallecido durante el parto, o al menos eso es lo que se supo…

Pasaron los días y la noticia llego al campamento del señor Takenshi, su esposa había fallecido y había dado a luz a una niña. Ciertamente la situación era caótica, pero el hombre tomó una decisión, sacaría a Kikyo de la escuela y llevaría a sus hijas a un lugar seguro. Se retiro del campamento para visitar a su hija, sin duda sería la persona mas indicada para darle las terribles noticias.

En la entrada de la escuela de sacerdotes Takenshi bajo de su caballo y espero la llegada de su hija.

- Padre, no puede ser, ¿qué esta haciendo aquí?-dijo Kikyo extrañada

- Hija mía, tanto tiempo sin verte –le dijo acariciándole la cabeza- has crecido mucho.

- ¿Por qué esta aquí?

- Hija, veras… - dijo con tristeza en su voz enseñándole lo que traía en brazos, una bebé con unos días de vida.

-¿Ella es mi hermana?, pero no entiendo, mamá me dijo que ella… – antes de poder completar la frase cruzo miradas con su padre, para encontrar al hombre con los ojos vidriosos casi al borde del llanto.

- No, no puede ser, ella no pudo… - su voz se quebró y lagrimas comenzaron a brotar de sus ojos al ver asentir con tristeza a su padre.

- No sabes cuanto lo siento hija….

La joven no sabía que decir, en su visión su madre había tenido un parto completamente normal y sin riesgos ni para ella ni para la bebé, ¿seria posible que su visión hubiese fallado? No lo entendía pero su única alternativa era aceptarlo.

- Hija quiero que vengas conmigo ahora, las llevaré a un lugar seguro.

- ¿Qué?- dijo sin entender lo que estaba ocurriendo. – Yo no me iré de aquí y menos si no se a donde voy a ir.

- Tu irás con tu abuela, y tu hermana se quedará con tus tíos que también tuvieron un niño hace muy poco tiempo.

Sus tíos no eran exactamente buenas personas, ella lo sabía mejor que nadie, de ninguna forma dejaría a su única hermana a su cuidado.

- Padre, creo que eso no es lo mejor, déjala aquí conmigo y yo cuidaré de ella. Una vez que finalice la guerra volveremos los tres juntos a nuestro hogar.

Sorprendido por la madurez que había adquirido su hija en unos años, accedió a su petición ya que lo consideró lo mas adecuado.

-Confió en ti hija, regresaré lo mas pronto que me sea posible y las llevaré a casa- le dijo mientras colocaba a la recién nacida en brazos de Kikyo.

- Adiós padre

- Adiós… hijas- beso en la frente a cada una para luego marcharse.

En ese instante Kikyo tuvo una visión, en ella una flecha perdida se clavaba en el pecho de su padre durante la batalla, causándole una muerte inminente.

-No regresaras… - susurró llorando mientras veía a su padre volviendo a montar su caballo.-Somos solo tú y yo ahora, prometo cuidarte con mi vida si es necesario, Kaede...

Los años pasaron, la joven Kikyo de 14 años seguía entrenando muy duro. Realmente el día se le hacía corto, cuidar a su hermana y entrenar no era tarea fácil.

Era duro aceptar como en tan solo unos años su vida había cambiado totalmente sus padres y su hermano estaban muertos. Estaba sola en el mundo, solo tenía a su hermana, era toda la familia que le quedaba.

El momento había llegado, Itsumoto-sama sabía que Kikyo estaba lista para dirigir su primera defensa en campo abierto. Su tarea sería guiar a sus compañeras en un área que posiblemente sería atacada por demonios. Si completaba esa misión de manera exitosa, podría finalizar su carrera antes de tiempo.


Más de cien años habían pasado desde la muerte Izayoi, durante ese tiempo Inuyasha se la pasó huyendo de los demonios que querían destruirlo por su condición de hanyou. Incluyendo dentro de esos demonios a su hermano mayor Sesshomaru, quien lo consideraba una vergüenza para la familia, también adjudicándole la culpa de la muerte de su padre.

Una gran guerra de demonios se acercaba, el liderazgo del clan de los perros había sido otorgado a Sesshomaru, el hijo mayor del General. Aún en contra de la voluntad de este y por respeto a la memoria de su padre, el clan decidió convocar a Inuyasha para la batalla, ya que también era hijo del gran Inu no Taisho. Los demonios se preparaban, ya que no seria una batalla fácil.

Las aldeas cercanas a los lugares de batalla, sin duda eran las más afectadas ya que los demonios lo destruían todo a su paso. Allí se dirigía la misión de los sacerdotes, protegiendo las áreas desprotegidas.

Inuyasha detestaba las guerras, no les encontraba ningún sentido. Pero sabía que el simple hecho de ser convocado era un gran honor y no podía rechazarlo. Allí estaba luchando contra otro youkai, cuando luego de derrotarlo dirigió su mirada a su alrededor.

El panorama no era el mejor, la aldea que allí había estaba cubierta en llamas. Sus habitantes corrían desesperados tratando de buscar un escondite. Las personas corrían muy alborotadas, pero había una que no seguía a la multitud. Una joven que simplemente estaba parada allí con su arco y sus flechas, en su rostro no había ni una pizca de terror.

¿Será alguna clase de ángel?- pensó para si al ver a esa joven vestida con su hitoe y su hakama completamente de blanco. Quizá se encuentre sola y necesite ayuda- pensó al verla tan pequeña inocente e indefensa.

-Oye tú, ¿que haces que no estas buscando un refugio?

Una flecha voló cargada de energía espiritual casi rozando la cara de Inuyasha, su expresión de sorpresa era innegable. La flecha se posó en la cabeza de un demonio justo detrás de el. Ni siquiera tuvo tiempo de notarlo, al voltear para ver el youkai ya había desaparecido.

- No te muevas si no quieres morir- dijo Kikyo apuntándolo con el arco.

Sin duda las apariencias engañan, esa chiquilla podría ser muchas cosas, pero claramente no era una criatura inocente ni indefensa…


Aquí finaliza este capitulo, espero les haya gustado.

Agradecería un review para saber si les gusta la historia y si estoy bien encaminada. Gracias por leer!