No sé si alguien sigue leyendo esto (gracias por todos los reviews, por cierto, me alegran el día), pero si es así lo siento muchísimo por no haber subido nada nuevo en tanto tiempo. Es una indecencia, lo sé, pero he tenido selectividad, viaje a Londres, viaje a USA, un par de crisis existenciales, luego me he reenganchado a Buffy Cazavampiros...y lo he ido dejando de lado xD Este capítulo no es muy largo, pero se me quedó a medio traducir y por fin hoy me he dicho: "ya te vale, Alba".

Así que aquí está, y creo que la traducción me ha quedado un poco menos forzada que otras veces. Enjoy!


3: Entonces

Dormí todo el día después de que el Joker me rescatase del manicomio. No me molestó. Cuando me desperté de nuevo, estaba oscuro. Me hallaba en una diminuta, pero cómoda, suite de hotel. Estaba amueblada con sencillez – un tocador aquí, un armario allí. Noté que el teléfono había sido arrancado de la pared, y la pantalla de la televisión estaba rota.

No le vi a él, pero eso no me preocupó. Estaba cerca. Me levanté y me dirigí hacia el baño. Y comencé a abrir puertas. Del armario, del cuarto de plancha… de las escaleras. Uno normalmente no encuentra escaleras es una habitación de hotel. Subí. Las escaleras me llevaron a la azotea, y una fría brisa me sacudió el pelo y el bajo del informe camisón de lino que me habían dado en el psiquiátrico. Temblé y crucé los brazos sobre el pecho.

Mis pies estaban descalzos. El suelo de pizarra bajo ellos estaba frío, pero no demasiado. Caminé justo hasta el borde del edificio y miré hacia abajo: había al menos veinte pisos de altura. Por encima de los semáforos, y de los ruidos del tráfico, y de la gente. Había tranquilidad. Las voces tampoco podían alcanzarme allí. En lo alto, unas cuantas estrellas brillaban tras esa breve negrura azulada que tiene el cielo justo antes del amanecer. Cerré los ojos, y la paz volvió a mi de nuevo. Mis manos flotaron separadas del cuerpo, con los dedos separados, y escuché la quietud.

"Si vas a saltar, más vale que me dejes empujarte. No querría romper mi promesa."

Sonreí, dejé caer los brazos, y volví la cabeza hacia su voz. Llevaba puesto un chaleco verde lima sobre una camisa de color azul violáceo con las mangas enrolladas hasta el codo, y pantalones verdes de raya diplomática. Caminaba tranquilamente hacia mi con los brazos cruzados.

"Siento no haber sido una mejor compañía," dije. "Es que estoy tan cansada, yo.."

No le dio importancia a mis disculpas. "No me sorprende. Tenías razón, ¿sabes?" Levanté una ceja. "Sobre el amor, y el caos."

Mi sonrisa se ensanchó, y me giré del todo hacia él. "Oh?"

"Todo estaba mucho más tranquilo sin ti," continuó él, mientras avanzaba hacia mi. "Era más fácil pensar, más fácil ver con claridad. Casi podría decirse que todo era "predecible", pero sabes que eso no es del todo justo hablando de un tipo como yo." Reí. "Seh. Definitivamente menos caótico sin ti por aquí."

Solo quedaban unos pocos centímetros entre nosotros. Me adelanté y cogí su mano. "Yo también te he echado de menos," dije.

Entonces me besó. Suavemente esta vez; algo había cambiado en su interior. Y a medida que el beso se hacía más profundo, me di cuenta de que él había dejado de luchar contra mí. La resistencia hacia sus sentimientos por mi había desaparecido, y en su lugar había algo puro y auténtico. Yo nunca había sentido algo así antes. Al menos, no directamente. ¿Qué era aquello que él solía decirnos? "Lo que no te mata te hace diferente." La sensación era diferente, viniendo de él. Y además, él también era más fuerte. Y yo, estúpida y mojigata como era, había supuesto que eso lo mataría.

Me sacó el camisón de lino por la cabeza. Temblé cuando el frío se precipitó sobre mi carne desnuda, pero él me tomó en sus brazos y volvió a besarme. Me tumbó, con el camisón bajo nosotros. Era una defensa pobre contra el duro suelo, pero sus brazos y labios estaban cálidos. Era tan increíblemente tierno, tan diferente, y sin embargo…Jadeé cuando se deslizó dentro de mi, y después cerré los ojos y dejé que el éxtasis me inundase. Bebí de esa sensación, y después la proyecté hacia él hasta que se estremeció con la intensidad del sentimiento. Le quité el chaleco y la camisa; me estrechó contra su cuerpo y giró, dejándome encima de él. Me besó una y otra vez, murmurando palabras entrecortadas en mi piel, arañándome delicadamente con uñas y dientes. Yo hacía todo lo posible por seguirle el ritmo. Perdí la cuenta de las veces que llegué al orgasmo. Hicimos el amor hasta que el sol salió sobre las azoteas.