Ni los personajes ni la historia son míos, solo el tiempo para la adaptación.

Capítulo 4: A little bit helpless.

La siguiente semana pasó tan rápido que Fate sintió hasta vértigo. Estaba acostumbrada a una tenue y pesada rutina que se basaba en jugar videojuegos, comer y leer casi de forma simultánea, y romperla se le hizo agradable y difícil al mismo tiempo. Se sorprendió, de hecho, disfrutando levemente de paseos por la manzana, de cafés a las diez de la mañana (y no a las cuatro de la tarde, cuando solía levantarse tras una intensa noche de juegos online) y de charlas interesantes con Hayate.

A su amiga parecía haberle agradado el hecho de que hubiese salido de esa burbuja de introversión y lo había asociado directamente con la misteriosa aparición de Nanoha. Fate no sabía si había tenido o no que ver, pero la razón de peso por la que había dejado de hacer lo que su pereza le pedía era la actitud desafiante de su padre. Seguía sin poder afirmar si las palabras que le había dirigido en aquella comida eran ciertas o no, pero el hecho de que tuviese diecinueve años y aun tuviesen esa relación tan fría y distante no ayudaba mucho a su deseo de permanecer sustentada por él.

Había estado dándole vueltas a la idea de buscarse un trabajo. Pero, por algún motivo, su mente acababa rechazándola. No se veía preparada aun para salir a la calle y enfrentarse a la realidad. Llevaba toda la vida siendo hija de un magnate, obteniendo todo lo que quería con tan solo chasquear los dedos, al menos todo lo material.

Salir de su burbuja era suficiente por ahora. Trabajar y buscarse la vida era un paso aún muy lejano.

En siete días, solo fue a clase una vez (y eso ya era suficiente teniendo en cuenta que era la segunda vez en catorce días, todo un récord). A pesar de que su cuerpo le pedía que fuese a clase de Latín, tuvo que decantarse por Literatura Universal, asignatura en la que había sacado un cero en el último examen.

Quiso disimular su cara de asco cuando entró en el aula y no vio a Nanoha. Sin saber por qué, sus rojos ojos estaban buscando a cada rato algún rastro de la cobriza, como si por haberla visto dos veces hubiese pasado a ser su sombra. Pero no aparecía por ningún lado, y había sido tan sumamente tonta como para no pedirle el número de teléfono.

Tampoco es que tengas algún interés en ella. Es agradable, simplemente.

A pesar de que le encantaba autoconvencerse con sus palabras, para aquel caso sus tretas mentales servían de poco. Sabía lo nerviosa que se ponía cuando ella andaba cerca. Y aunque solamente habían sido dos intensas y breves mañanas, había experimentado más sentimientos que en toda su vida. Quizás estuviese atrapada en su mundo de soledad, pero sabía identificar una buena oportunidad para ser feliz en cuanto la encontraba.

Estaba pensando en eso mientras miraba un foro en Internet al cual no le prestaba ni la más mínima atención. Apoyada sobre la palma de su mano, en su rostro se desdibujó una sonrisa atontada y luego suspiró lentamente, ruborizándose.

El firme y sonoro tono de su padre tras la puerta le sacó de sus fantasías.

- ¿Fate? ¿Puedo pasar?

No, no puedes.

Movió el ratón con rapidez y cerró la ventana que estaba mirando en el ordenador, mientras se ponía recta en su silla y la giraba para volverse hacia la entrada de su cuarto.

- Sí. Entra.

Tal y como esperaba, su padre abrió la puerta como si quisiese romperla. A veces su cara enfadada y su gran cuerpo aprisionado por un traje de chaqueta negro le recordaban a Fate a un toro enfurecido. Se encogió en la silla, intentando que no notase su miedo. Llevaban una semana sin dirigirse la palabra y él no parecía estar allí para disculparse con ella. La había visto múltiples veces levantada a horas inusuales para su habitual horario, algo que ella había querido hacer notar como un silencioso deseo de que no la echase de casa.

Jail Testarossa no pasó del umbral. Repasó con los ojos la habitación y luego los posó en su hija, inexpresivo.

- Quería hablar contigo.

Fate asintió brevemente. Su padre se obligó a sí mismo a entrar en el cuarto y hablar de forma más íntima, pero por alguna razón se le hizo imposible. Parecía que ella tenía un gran círculo que le repelía a su alrededor, haciéndole sentir como un intruso cuando se acercaba más de la cuenta.

- Bueno - carraspeó - quería felicitarte por tu cambio esta semana.

Pestañeó múltiples veces, sin dar crédito a lo que estaba oyendo. Su padre la estaba felicitando. Estaba dando su visto bueno a una acción que había salido de ella. Su estómago se revolvió, con una mezcla entre orgullo e inseguridad en el cuerpo.

Ambos se miraron en silencio.

Finalmente, su padre decidió continuar.

- Aún tienes que demostrarme que eres capaz de dirigir mi empresa - vaya, creía que por una vez me iba a gustar su presencia más de un segundo - pero veo que lo que te dije el otro día ha sido como una orden para ti. Y eso me gusta. Que obedezcas.

Aquello empezaba a desvariar. Fate se revolvió en su silla, con una ceja levantada y cara de escepticismo. Su padre podía acercarse, amenazarla y agradarla si le apetecía, pero no tenía ganas de oírlo enaltecerse en su propio egocentrismo. Si algo tenía claro es que había decidido quedarse allí por no tener otra opción a la que aferrarse. La mansión siempre había sido lo más parecido a un hogar, pero eso no significada que el hombre que estaba ante ella hubiese sido lo más parecido a una familia.

- No estoy obedeciendo a nadie - lo dijo con tanta solemnidad que se sintió orgullosa de su coraje - estoy haciendo lo que creo que es correcto.

Su padre sonrió con esa cara de depredador que tanto la incomodaba.

- Sí, lo que tú digas - se alisó el traje con indiferencia - pero sigo manteniendo mi ultimátum. Quiero ver buenas calificaciones. No, buenas no… Excelentes. Sobresalientes. Y me parece bien que hayas comenzado por una rutina sana, pero sin ir a clases no creo que lo consigas.

No sabía en qué momento aquello se había convertido en una lucha por su supervivencia, pero no le estaba gustando ni un poco. Quiso no tambalearse en sus palabras, no mostrar la parte que dentro de ella estaba empezando a asustarse.

- Lo intentaré. No prometo nada.

- Oh, sí que vas a prometerlo - el dedo acusador de Jail Testarossa le sentó como un cuchillo en el estómago - vas a hacer lo que yo te diga o vas a coger las maletas e irte con esos estúpidos amigos que te has buscado. Yaan… Yoonu… Yu…

- Yuuno.

- Eso, Yuuno… Y la otra. No me interesan sus nombres. Son la razón por la que no estás centrada en lo que de verdad importa.

Se aferró tan fuerte a los reposabrazos de su silla que dejó la marca de sus uñas en ellos. Apretó la mandíbula. Tensó el cuerpo. Se prometió que no iba a explotar. Que no iba a actuar como el monstruo de su padre. Que iba a mantener la calma y hablar como un ser humano.

Que era más fuerte que su madre.

- Mis amigos no son la causa por la que estudio poco.

- ¿Entonces? - su risa retumbó en el cerebro de Fate como la banda sonora del infierno - ¿Cuál es la causa por la que eres tan inepta?

Otro puñal.

Cerró los ojos, inspiró profundamente, sintió como los latidos de su corazón iban en aumento y luego relajó las manos. Cuando los abrió, su padre seguía con ese aspecto irónico que le ponía tan jodidamente agresiva.

- Tú. Tú eres la única maldita causa por la que no quiero ni existir - su voz era grave y firme, aunque notó en ella cierta vibración debido a la rabia que estaba aguantando en forma de lágrimas - y ahora me he dado cuenta de que prefiero estudiar, buscarme un maldito trabajo y salir de este asco de casa que estar alargando mi condena viviendo a tu lado.

Era de las pocas veces que había sido valiente para expresar todo el odio que guardaba hacia su padre en el fondo de su alma. Él había sido siempre la espada que le retenía contra la pared. La mano que le empujaba a caer en un barranco. La razón por la que no podía considerar digno de atención a ningún ser humano.

Frunció tanto el ceño que cuando quiso relajarlo notó cierto alivio en el rostro. Intercambiaron una mirada sin aparente significado, él con curiosidad en los ojos por la repentina oleada de sentimientos que desprendía su hija.

Aun así, no quiso borrar la sonrisa sibilina.

- No me utilices como excusa para tu incapacidad. Hasta que no tengas la suficiente fuerza para dirigirte a ti misma, no podrás echar la culpa a los demás de que seas… - una mirada de asco fue capaz de destruir el muro que Fate estaba construyendo - … Así.

- Soy tal y como me has creado.

- No. Yo te habría creado infinitamente mejor.

Maldita sea. No llores ahora. No delante suya… Aguanta tu rabia.

Como dos felinos cuando se retan, sostuvieron la mirada un rato largo hasta que Fate finalmente fue incapaz de continuar fingiendo que iba ganando la pelea. Él siempre era capaz de encontrar la grieta en la muralla de dolor que había ido creando con el paso de los años.

- Hasta que no dejes de ser como tu madre, no podrás ser nada digno para mí.

Su padre cerró la puerta al salir con tantas ganas que hasta la cama de Fate retumbó. Ella se quedó allí, las manos aun crispadas en su asiento, el corazón bombeando sangre a tanta velocidad que le dolía, los músculos en tensión.

Cuando su cuerpo asimiló que finalmente se había ido, no se extrañó en notar las lágrimas que caían por sus mejillas. De nuevo, la había destruido. La había hecho llorar. Incluso cuando creía que todo lo que estaba haciendo iba a satisfacerle, había entrado en su universo y había dejado en ruinas la ciudad de su autoestima.

Se agarró las piernas con ambas manos y no tuvo miedo a llorar con fuerza, a arañarse los brazos sin quererlo, a dejar salir su rabia en forma de lágrimas de niña pequeña.


Se mordió el labio, con el ceño fruncido y una sonrisa en su cara.

- No. No. No. NO - Yuuno estaba a punto de levantarse de la alfombra en un ataque de pánico - NO puedes volver a hacer eso, Fate. NO.

- Deja espacio para los que saben jugar, pringado - movió el soporte con forma de volante en el que estaba incrustado su mando de Wii. Su coche derrapó en una peligrosa curva con clara maestría y ella dejó escapar un sonido de superioridad para enfurecer a su amigo.

- Dios, no se puede jugar contigo a Mario Kart - él movía como un loco su mando esperando igualar en algún momento la primera posición de su amiga, intranquilo por ir tercero en la carrera.

Se hizo un silencio solamente interrumpido por los quejidos momentáneos de Yuuno, que se revolvía en su sitio con cada fallo que hacía mientras miraba de reojo el perfecto recorrido que Fate estaba llevando a cabo.

De pronto, un sonido reconocible para sus oídos borró la sonrisa de la cara de la rubia.

- No.

- SÍ.

- NO.

- ¡SÍ!

Antes de que pudiese darse cuenta (y a pocos segundos de la línea de meta) una concha azul cayó encima del personaje de Fate, que tuvo que necesitar demasiado tiempo para recuperarse del impacto. Para suerte de ella, el que iba segundo chocó con la onda expansiva provocada por el objeto, pero Yuuno pasó a su lado con rapidez, la adelantó y llegó a la meta en el último instante.

Fate tiró sobre el sofá su mando, con los ojos como platos y los brazos abiertos, sin entender la situación.

- ¿¡Pero qué…!? ¡Este maldito juego…!

- ¡Toooooma esa! - Yuuno se puso de rodillas frente a la televisión y empezó a celebrar su victoria entre risas y burlas hacia Fate - ¿Qué te parece, miss perfecta?

Ella tan solo se cruzó de brazos y se reclinó contra el respaldo del sofá mientras observaba las estadísticas de victorias y derrotas que empezaban a aparecer en la pantalla. Yoshi, su personaje, parecía tan entristecido como ella. El de Yuuno daba saltos dentro de su coche, feliz por la victoria.

- Esto está trucado.

- ¡Eso digo yo siempre! ¿Cómo puedes ganarme cada vez que jugamos?

- ¡Pero si acabas de derrotarme de la manera más sucia que existe!

- Yo no lancé esa concha - Yuuno juntó las manos como rezando y miró hacia el techo como si estuviese siendo iluminado por un halo de luz - fue el cielo.

Un cojín lanzado por Fate le dio en la cara a la vez que estallaban ambos en una carcajada.

- Aun así, sigo ganando - señaló las puntuaciones con una sonrisa y luego le guiñó el ojo a su amigo, que empezó a enfurruñarse de nuevo - me da que un golpe de suerte no será suficiente.

- Sí, sí, lo que tú digas - él le dirigió una sonrisa inteligente - ya verás. Me voy a alzar como el mejor jugador de Mario Kart del mundo y tú no podrás hacer nada.

Fate le sacó la lengua y Yuuno le devolvió el gesto, de nuevo entre risas. La rubia recuperó su mando e intentó seleccionar a duras penas un nuevo circuito que terminase esa tanda. Era difícil hacerlo desde la plataforma que usaba para simular que conducía, pero para ella era infinitamente mejor que jugar con tan solo el mando como hacía Yuuno. Argumentaba normalmente que ahí estaba la clave de su éxito, pero su amigo era incapaz de utilizarla sin chocarse con cada obstáculo del juego.

- ¿Quieres éste?

- ¿Ahora te importa mi opinión?

- Maldita sea Yuuno, te estoy dando una oportunidad para que no quedes irremediablemente segundo.

- No necesito tus oportunidades, oh gran reina de las cuatro ruedas.

Fate se rio inevitablemente, mientras elegía una opción cualquiera.

- Elige bien tus palabras. Casi siempre utilizo moto.

Empezaron de nuevo. Comenzó con una cuenta atrás donde ambos permanecieron en silencio, sin apenas respirar, queriendo dejar paso a una especie de tensión por la carrera que decidiría quién de los dos ganaba finalmente. Cuando ésta llegó a cero, Fate estalló en otra carcajada porque Yuuno acababa de calar su coche, rodeado de una gran nube de humo negro.

- ¡No te rías, joder! ¡Ha sido un error del maldito juego!

- Sí, sí… Del juego… Cómo se puede ser tan malo… - dijo, aun recuperándose del ataque de risa que le había dado.

Yuuno alcanzó fácilmente la segunda posición tras ella durante la primera vuelta, aunque Fate siempre le dejaba algún obstáculo para que no pudiese superarla en ningún momento. Concentrada mientras intentaba mantenerse en primer puesto, apenas oyó la voz de Yuuno cuando le dijo:

- Eh oye, Fate… ¿Has vuelto a hablar con Nanoha?

El nombre de la cobriza le sentó a su corazón como una especie de patada interna, cosa que la descolocó brevemente y acabó tropezando en el juego con un plátano. Eso fue suficiente para que Yuuno la adelantase con un "¡al fin!", aunque rápidamente recuperó su posición con un poco más de concentración.

Llevaba desde el sábado por la mañana sin ver a Nanoha, exactamente una semana y siete horas. Se había sorprendido a sí misma en múltiples ocasiones pensando en una manera para volver a tropezarse con ella, pero las había eliminado rápidamente con la convicción de que tenía cosas mucho más importantes de las que preocuparse en aquel momento de su vida.

Aun así, siempre que algo le recordaba a la desconocida, interesante y adorable chica, en su interior empezaba a desatarse una tormenta de emociones.

- Qué va - respondió, desinteresada. Yuuno le miró de reojo, sin perder ni un segundo la visión de la pantalla de la gran televisión del salón de Fate.

- ¿Sabes? Me gustó conocerla. No esperaba que fuese así. O sea, cuando dijiste que habías conocido a una chica no me la imaginaba tan…

Fate levantó una ceja.

- ¿Tan cómo?

- Guapa - a Fate siempre le sorprendía que a Yuuno le fuese tan fácil decir cosas que a ella le hubiesen costado dos años de duda interna - Preciosa, de hecho.

- Tampoco te pases - no sabía si se estaba refiriendo a que no exagerase o a que no dijese cosas así de la chica que hacía que su corazón fuese más rápido que el personaje que en ese momento estaba conduciendo por una pista llena de obstáculos.

Ni que Nanoha fuese mía, o de alguien. Ni que supiese algo de la vida de Nanoha, en realidad… Es una total desconocida ¿No? ¿Por qué le doy tantas vueltas a la cabeza cuando se trata de ella?

- No, en serio - Yuuno contestó tras haber pasado la línea de meta y haber entrado en la segunda vuelta del circuito, justo detrás de Fate - me pareció sorprendente. Creo que nunca había visto a nadie cobrizo.

- Ya, tiene muchas pecas - ¿Y eso qué tiene que ver? ¿Vas a estar aquí diciéndole al mundo que lo único en lo que eres capaz de pensar es en las pecas de Nanoha?

- Sí, bueno - su amigo soltó una risa por lo bajo - había pensado en invitarla de nuevo a quedar, o algo así.

Fate no supo qué responder en aquel momento. Se quedó callada, concentrada en la partida, haciendo como si no hubiese escuchado nada. No acertaba a comprender cómo quería Yuuno que interpretase eso, ni tampoco a qué tipo de forma de "quedar" se refería, así que prefirió esperar a que continuase.

Tenía la sensación de que cualquier comentario en aquel momento no le gustaría ni un pelo.

- El otro día, al despedirnos antes de irnos a comer, le pedí que me diese su número - las mejillas de su amigo se tornaron rojas, mientras intercambiaba miradas entre la pantalla y la cara de Fate, inexpresiva - Quería preguntarte si no te importaba que…

- ¿Que qué?

No vayas a decirlo. No lo digas, Yuuno.

- Que la invitase a salir en algún momento. Conmigo.

Oh dios. Lo has dicho.

Fate apretó la mandíbula, intentando mantener esa cara sin sentimientos. Su amigo la miraba tanto en ese momento que había pasado a un tercer puesto en la carrera. Pero ninguno de los dos estaba realmente preocupado por eso en aquel momento.

No podía mentirle, pero tampoco podía decirle la verdad. No tenía siquiera explicación coherente para lo que Nanoha provocaba en ella, así que no quería frenar a su amigo a la hora de pedirle una cita. Por mucho que quisiera mantener esa calma relativa y no tener que ver a la cobriza enganchada al brazo de Yuuno, lo peor que podía hacer era oponerse a lo inevitable. No sabía si ella querría quedar con él ni tampoco si funcionaría algo entre ellos dos, pero en caso de que fuese todo afirmativo no quería situarse como la bruja que estaba descontenta con su relación.

- ¿Fate?

La rubia movió la cabeza, desconcertada. Estaba a punto de ganar la partida y, a la vez, de chocarse contra algo si seguía en sus pensamientos. Volvió la mirada hacia Yuuno y luego de nuevo hacia la televisión y siguió conduciendo.

- Sí, bueno, lo que tú quieras.

Él no parecía muy convencido.

- No quiero que te siente mal, sabes… Es decir, ninguno de las dos la conocemos mucho… Pero por la cara que llevabas el otro día mientras ella estaba cerca, creo que te gus…

- Me cae bien, eso es todo - le interrumpió Fate antes de que pudiese terminar la frase - nunca está mal hacer amigas. Puedes pedirle una cita o lo que sea si quieres, no es de mi incumbencia.

Él asintió, aun serio y sin creerle mucho, pero su amiga vio como se le desdibujaba una sonrisa tímida en la cara mientras terminaban la partida. Eso le enterneció. La única familia que había tenido en su vida eran sus dos mejores amigos. Y el hecho de ver a uno de ellos feliz era mucho más importante que ser feliz ella.

Se sintió feliz con su decisión.

Justo cuando volvía a concentrarse en la partida, oyó su móvil sonar en su cuarto.

¿Mi móvil? ¿Quién querrá hablar conmigo ahora?

Sorprendida, pausó el juego y miró a su amigo mientras se ponía en pie.

- Espérate aquí, ahora vuelvo a patearte el culo.

Él puso los ojos en blanco y luego le sonrió. Fate salió del salón a paso rápido, subiendo las escaleras a toda velocidad para que quien sea que estuviese llamándole no colgase antes de que pudiese llegar a coger el móvil. Cuando llegó arriba, recorrió el pasillo hasta entrar en su habitación y atrapó su teléfono, que estaba tirado sobre la cama.

Miró la pantalla y frunció el ceño cuando se dio cuenta de que le llamaba un número que no estaba en su lista de contactos. Sin tiempo a más dudas, descolgó.

- ¿Sí?

Una voz totalmente reconocible para Fate sonó al otro lado del auricular, sin que fuese siquiera necesario que dijese su nombre.

- H-hola Fate, soy Nanoha.

La rubia empezó a dar vueltas por la habitación, confundida. ¿Nanoha la estaba llamando? ¿Qué quería? ¿Cómo había conseguido su número? Empezó a jugar con los cordones que pendían de su sudadera, nerviosa.

Oh, genial, también puede hacer que te mueras de un infarto sin necesidad de que esté a tu lado.

- ¿Nanoha? ¿Quién te ha dado mi móvil? - Aún tienes la posibilidad de ser más borde, maldita estúpida.

- B-bueno, es una historia un poco extraña… Tu padre me lo dio.

Aquello descolocó a Fate aún más de lo que ya estaba por el hecho de que Nanoha la estuviese llamando. En su mente se abrió un enorme universo de posibilidades estrafalarias que finalmente desencadenaban en Nanoha y su padre teniendo algún tipo de relación secreta.

La cobriza volvió a hablar y Fate se dio cuenta de que llevaba demasiado rato en silencio para una conversación por teléfono.

- No es que yo conozca de algo a tu padre ni nada de eso - la risa tímida de Nanoha le sentó como una ola cálida en su interior. Había olvidado lo mucho que le gustaba esa risa - fue él quien quiso dármelo. Me pidió que te ayudase con las asignaturas de la universidad y eso, ya que vas un poco mal… Y yo accedí.

Fate seguía sin respuesta, muda. Nanoha parecía haber sido entrenada para romper totalmente con los cánones de su vida. Se quedó en silencio, haciendo múltiples intentos de articular algo, sin querer que la cobriza pensase que era extraña por no saber mantener una conversación.

- ¿Fate?

- Sí, sí - se echó el pelo rubio que caía ahora sobre su frente hacia atrás con una mano y se lo agarró, con los ojos cerrados para mantener la calma - estoy asimilando lo que me has dicho - tras un rato más de dubitación, preguntó - ¿Cómo sabe mi padre… quién eres?

- Oh, pensé que tú se lo habías dicho, o algo así… Él tan solo me llamó esta mañana. Parecía preocupado por tus notas. Y yo quise ayudarle - preocupado no es la palabra más exacta para mi padre.

Fate se mordió la lengua y luego anduvo hasta la ventana, apoyándose en ella y observando el paisaje nublado de aquel sábado por la tarde.

- Yo… Lo siento. No sé cómo ha sabido mi padre quién eras, ni cómo ha localizado tu teléfono. No hace falta que te molest-

- No es molestia, Fate. Me gustaría ayudarte si es verdad eso de que tus notas no están siendo buenas - Nanoha dudó un momento y luego añadió con un tono distinto - además, así pasaré más tiempo contigo.

Madre mía, en serio acaba de decir eso.

No, debes haberlo imaginado.

Pero ¿y si lo ha dicho? ¿Qué significa? ¿De verdad ella quiere pasar tiempo con alguien como yo?

- T-te lo agradezco pero no podría aceptar algo así… Me parece injusto - dio vueltas a su cabeza, intentando no sonar desagradable delante de Nanoha - Estaría quitándote tiempo de tu vida y no dándote nada a cambio, es muy egoísta.

Nanoha vaciló durante unos instantes en los que Fate solamente pudo pensar en lo rápido que le latía el corazón. Agradeció que la cobriza no estuviese allí para notarlo.

- Bueno - el sonido de su voz volvió a asustar a Fate - en ese caso tendremos que establecer una especie de… Trueque - la rubia abrió los ojos, sintiendo como se ruborizaban sus mejillas, sin saber en qué estaba pensando Nanoha - A cambio de mis "clases particulares", quiero que me hagas un favor.

Fate se mordió el labio inferior.

- ¿Qué favor?

- Quiero que participes en mi obra de teatro.

Las palabras de Nanoha resonaron en su mente como si dentro de ella hubiese eco. De nuevo, había dejado caer una idea demasiado grande para que la mente de Fate la digiriese con tranquilidad. Ella tan solo permaneció un rato más en silencio, entendiendo cada parte de la frase, con miles de preguntas y dudas asaltándole y sin respuesta.

- ¿Es mucho pedir? - Nanoha sonó tan adorable que se le hizo imposible emitir un "sí".

- N-no, claro que no… Es tan solo que… - Fate, aguanta un poco más esta conversación sin titubear, por favor - Nunca antes he actuado. B-bueno, fui a clases de pequeña… pero no creo que eso cuente como actuar. Y seguramente lo hago de pena.

La risa de Nanoha volvió a borrar todos los miedos que se agolpaban en su cerebro. Tenía una especie de complemento relajante en la voz que funcionaba con el mundo de Fate como una tila.

Ojalá no estuviésemos hablando por teléfono. Quiero verla reír. Me gustan sus pecas cuando se ríe.

Dios, qué estoy pensando.

Deja ya esta jodida debilidad por ella.

- Tranquila, la gente que se ha presentado a los castings tampoco ha actuado nunca antes. Y no espero hacer una gira nacional ni nada de eso. Tan solo pretendía sacarla a la luz en la universidad - Nanoha hizo una pausa - Entonces, ¿Trato hecho? Yo te ayudaré dos tardes a la semana con las clases y tú formarás parte de mi obra de teatro.

Fate no supo por qué dijo lo siguiente, pero quizás fue producido por la tonta idea de ver a Nanoha dos veces a la semana, algo que en su mente era un idilio y a la vez una cosa más que esconderse a sí misma.

- S-sí. Vale.

- ¡Genial! - la voz de Nanoha sonaba tan feliz que hasta a ella le arrancó una sonrisa - Esta noche te mando un mensaje con mi dirección ¿Vale? Y mañana por la tarde nos vemos.

Fate no pudo decir mucho más. Estaba variando entre tantos comentarios posibles para hacer, que solamente quería colgar de una vez y estrellarse contra la pared más cercana.

- Sí, bueno, vale, o sea - tragó saliva - ahí estaré.

- ¡Sí! Adiós, Fate-chan.

Y la llamada se cortó.

Fate se quedó mirando un rato el teléfono, ya con la pantalla en negro, asimilando todo lo que acababa de ocurrir. Su padre. Nanoha llamándole al móvil. El teatro. Las clases particulares. Ir a casa de Nanoha. Yuuno pidiéndole una cita a Nanoha. La carrera en Mario Kart.

De pronto, se percató de una cosa y su cara empezó a teñirse de un color carmesí que hizo que apretase los labios y abriese los ojos, aguantando una sonrisa.

¿Acaba de llamarme "Fate-chan"?