Bellatrix no podía creer la situación en la que se encontraba, sin embargo poco podía hacer para revertirla. El alcohol callaba su moral y la volvía hipersensible a las atenciones de la joven. Cerró con fuerza sus manos para evitar abrazar el cuerpo que tenía delante. Quería devorarla.
Maldijo por lo bajo y separó sus cuerpos, haciendo acopio de toda sus fuerzas. Ahora mismo toda misión que había hecho le parecía pan comido comparado con esto. Prefería tener que enfrentarse mil veces a Voldemort antes que luchar contra la sensual Hermione Granger.
-Bella, Rita Skeeter se apareció con la maravillosa idea de hacer una breve reseña sobre el cumpleaños de Draco – Interrumpió Severus – Te aconsejo que vayas a hablarle antes de que publique cualquier cosa y debamos asesinarla por la mañana. Sinceramente, no es que me falten ganas pero estimo estar con una buena resaca cuando vuelva a abrir los ojos – Termino su diatriba, ahora permitiéndose observar la situación y notando a las dos mujeres bastante acaloradas.
Hermione asesinó con la mirada a su profesor y se alejó.
-¿Estás bien?
-Si por bien se entiende estar tremendamente excitada por una adolescente y teniendo que cumplir el rol de novia con otra persona, sí, estoy estupendamente. En el mejor momento de mi vida – Respondió con amargura e ironía.
-Eso me pareció – Rió Severus.
Momentos después, Bellatrix se decidió por ir a frenar a la molesta periodista y se pasó lo que quedaba de la fiesta contestando a sus preguntas. Para cuando terminó, la mayoría de la gente se había marchado. Recogió con su magia lo que pudo y lo demás se lo dejó a cargo de los elfos, que ya estaban haciendo su trabajo.
Bajó a su casa y la encontró desierta y en silencio. Caminó por el pasillo hasta entrar en la puerta de su cuarto, Emilie la esperaba de espaldas a ella, con la mirada perdida a través del gran ventanal que ocupaba uno de los laterales de la habitación.
-Querida ¿Te aburriste mucho? – Cuestionó, quitándose los tacos y caminando hacia la mujer que ya se había girado.
-Un poco, debo admitir – Su voz sonaba fría.
-Lo siento, es difícil complacer a todos en una fiesta – Acercó sus cuerpos, apoyando sus manos en la cintura de Emilie – Pero ya estamos a solas.
Emilie la observó a través de sus pestañas con una extraña mirada, como si quisiera ver más allá de lo superficial. Luego de unos segundos de escrutinio, su gesto serio se relajó y apareció una pequeña sonrisa en su lugar.
-¿Compartimos una última copa?
-Sus deseos son ordenes, mademoiselle –Le guiño un ojo Bellatrix, haciendo aparecer una cesta con una botella de champagne y dos finas copas. Con su característica elegancia, descorcho la botella y sirvió el contenido, ofreciéndole una copa a su acompañante que la miraba embelesada. Su ego se hinchó y sintió una corriente eléctrica que terminó en su sexo.
-¿Por qué brindamos? – Inquirió con voz sugerente Emilie, su dedo haciendo círculos alrededor de la copa.
-Por todo lo que te voy a hacer esta noche – Respondió Bella, su tono de voz más grave de lo normal. Se contuvo lo suficiente para chocar sus copas y dar un trago, luego permitió que toda la energía sexual contenida en su cuerpo se liberara y tomó con su brazo libre a la mujer frente a ella, besándola como si le fuera la vida en ello. Cerró los ojos y dejó de pensar, todo en ella era fuego y ya era hora de permitirse incendiarse.
La mañana siguiente llegó más rápido de lo esperado para Bellatrix. Parpadeó confundida, sintiendo un peso muerto en su hombro derecho que le había adormecido el brazo. Giró su cabeza para descubrir qué era lo que tenía atrapado su cuerpo y pudo ver los rasgos tranquilos de Emilie. Suspiró frustrada, nunca había podido descansar bien en compañía de alguien. Otra razón para ser soltera toda su vida.
Con cuidado de no despertarla, se deslizó fuera de la cama y tras asearse, salió en dirección a la cocina. Si algo amaba del mundo mágico, era no tener que preocuparse demasiado por la limpieza luego de una fiesta. Todas las estancias de la casa estaban intactas como si nada hubiese sucedido. Sonrió satisfecha, pensando en enviar un regalo a los elfos que habían participado ayer.
-Buen día, tía – La voz rasposa de Draco la sorprendió. Estaba sólo con un bóxer, apoyando su espalda contra la encimera y una alarmante cara de estar sufriendo.
-Buen día, sobrino – Bella se acercó y dejó un suave beso en su frente - ¿Resaca? – Sonrió.
-La peor de mi vida – Hizo un leve puchero que aumentó la sonrisa de la morena.
-Bien, vamos a arreglar eso – Le guiñó un ojo, luego se puso a buscar en los armarios que estaban contra la pared hasta volver a Draco con una botella miniatura – Sírvete esto con un vaso de agua, te aliviará al instante – Le acarició la mejilla.
El rubio le besó la mano y sin perder tiempo hizo lo que su tía le había ordenado. Apenas unos minutos después, todo su rostro se relajó, volvía a ser el de siempre, sin ese martilleante dolor de cabeza que apenas lo dejaba existir.
-¿Alguna vez te dije que eres increíble? – Le preguntó agradecido.
-Así somos los Black, cariño – sonrió divertida, mientras activaba la máquina de café.
-Te juro que no entiendo cómo puedes estar tan perfecta, te vi bastante pasada de copas.
Bella se rio ante la acusación del muchacho.
-La costumbre, Draco, antes de que aparecieras en mi vida yo ahogaba mi soledad con litros interminables de alcohol – Se encogió de hombros, si bien no estaba orgullosa de eso, era parte de su historia y no se lo iba a negar a su sobrino. Sorprendida, recibió un abrazo de él.
-Lamento que hayas tenido que pasar por ese sufrimiento – Le susurró sincero – Toda esa estúpida guerra entre familias, sólo nos lastimó a todos.
Bellatrix asintió, sabiendo que el chico entre sus brazos había sido quién más había sufrido con la pérdida de sus padres.
-Por algo pasan las cosas, querido. Ahora nos tenemos el uno al otro – Dejó un beso en su mejilla y se separaron suavemente – ¿Hermione despertó? – Decidió cambiar de tema.
-Sí, la dejé en la ducha, creo que también le vendría bien tu mágica poción – Sonrió y su tía le sonrió de vuelta.
-Ya lo creo, prepárasela mientras hago unas tostadas – Dijo y se pusieron en marcha ambos, trabajando juntos en un cómodo silencio.
-¿Te puedo preguntar algo? – La voz de su sobrino sonó dubitativa, alarmando a Bella.
-Claro – Dejó el plato de tostadas en el centro de la mesa, enfrentando la mirada clara del chico.
-Yo… No sé cómo preguntarte esto - Se lo veía nervioso, pasando sus manos por su cabello.
-Draco, tranquilo – Le sonrió y el chico asintió, tomando aire.
-¿Hay algo entre tú y Hermione? – Dejó que las palabras salieran de su boca antes de tener tiempo de arrepentirse.
El rostro de Bellatrix se contrajo por la sorpresa. Ciertamente no se esperaba eso, sin embargo era cuestión de tiempo, dado la estrecha relación que la chica tenía con su sobrino. Meditó unos segundos, completamente perdida sobre qué responder. Observó los ojos de Draco y descubrió que no había ni pizca de juzgamiento.
-Ella es menor, querido.
-Eso no fue lo que te pregunté, tía. – Touché, pensó Bella.
-Bien, nunca te mentí y no voy a empezar ahora – Habló decidida – Imposible negarte la atracción que siento por ella y que, a pesar de no entenderlo aún, ella siente por mí. Sin embargo, no hay nada entre nosotras, ni lo habrá. Seguramente conozca a alguien pronto y se le pase la admiración que parece tener hacia mí – Se encogió de hombros.
Draco asintió en silencio, observando el rostro de Bella que parecía ligeramente abatido.
-Nunca digas nunca – Le sonrió intentando reconfortarla.
-¿Interrumpo? – La voz de Emilie llegó hasta ellos, poniéndolos en alerta a ambos sin saber cuánto habría escuchado.
-Para nada, querida – Bellatrix recuperó la calma, tomando asiento en la mesa e invitando a los otros dos a seguirla.
-Buen día – Se unió Hermione, con sus cabellos aún mojados y una simple remera ancha de Draco en conjunto con unos bóxer.
Por Merlin, ¿Cómo puede ser tan endiabladamente sensual esta criatura? , pensó Bella, recorriendo el cuerpo de la chica y sintiendo un incipiente calor entre sus piernas.
-Tu cara apesta, Mione – La molestó Draco, sin haberse perdido la reacción de su tía y el gesto de desagrado de su amiga al ver a Emilie en la mesa.
-La tuya lo hace aún recuperado, rubio – Le devolvió la broma, sacándole la lengua y tomando asiento a su lado.
-Cállate – Se rio – Mi tía te preparó esto – Le acercó la copa que contenía el remedio para la resaca, viendo divertido como se lo bebía de un trago – Por tu cara diría que es comparable con beber felix felicis ¿No?
-En este momento sí - Sonrió ya con su rostro radiante – Muchas gracias, Bella.
-De nada – Habló por primera vez, escondida tras su taza - ¿Cómo la pasaron ayer? – Recorrió la mesa con su mirada, para invitar a todos a hablar.
-El mejor cumpleaños de mi vida – Se animó Draco, ya por su segunda tostada.
-Muy buena fiesta, mon amour – Le sonrió Emilie, tomando su café con unos modales exquisitos.
-Interesante – Interrumpió Hermione, clavando sus orbes dorados en los chocolates de Bellatrix – Fue una fiesta interesante, sin duda – Se relamió el labio inferior, enviando una nueva oleada de calor a la mayor.
-¿Ya llegó el profeta? – La salvó su sobrino – Estoy intrigado por ver qué narró la buena para nada de Skeeter.
-Sí, aún no lo revisé – Recordó Bella, respirando con normalidad. Con un movimiento de su mano, el periódico se materializó frente a ellos y la voz de la periodista cobró vida relatando todo el artículo.
Para satisfacción de la morena, en ningún momento se hablaba del intenso encuentro que tuvieron con la amiga de su sobrino, a decir verdad, no relataba más que una buena fiesta de la familia Black.
-Parece que esta vez nos salvamos – Suspiró Draco, que tampoco tenía ganas de escuchar nada acerca del apasionado regalo que le dio Harry oculto entre las sombras de la fiesta.
Todos asintieron conformes y terminaron el desayuno entre conversaciones banales. Para sorpresa de Bellatrix, Hermione se comportó e incluso entabló una seria y entretenida conversación con Emilie sobre Beauxbatons.
El día había transcurrido entretenido para los cuatro, sin hacer nada en particular más que charlar en la terraza, disfrutando de los suaves rayos del sol. Cuando el astro se ocultó, decidieron bajar y retornar a sus tareas.
-Bella, debo irme ya – Se acercó para tomar las manos de la morena.
-Gracias por venir, querida – La atrajo hacia sí y se besaron intensamente. Si bien no había demasiado amor entre ellas, sí cariño y pasión.
-Fue un placer – Le sonrió coqueta - Espero verte pronto, mon amour – Sonrió y desapareció tras los polvos flu.
Bellatrix se encontró sola en su living y decidió que iría a visitar a Dumbledore. Tenían una conversación pendiente y ella debía organizar su agenda si iba a dar clases en Hogwarts. Esto aún era un secreto para Draco y Hermione, ya que le agradaba la idea de ver sus caras cuando apareciera por allí. La imagen de la joven con su uniforme se presentó clara en su mente y le pidió fuerza a Merlín para superar la tentación que sabía que sentiría.
