PEQUEÑA TRAMPOSA
En cuanto su cuerpo ingresó al asiento trasero del auto que conducía Annie, Candy se recostó escuchando en lejanos murmullos los comentarios de sus amigas. Alice iba en el asiento de copiloto narrando el susto que se habían llevado horas antes, relato que Candy jamás comprendió en su totalidad, estaba cansada y todo le daba vueltas, solamente que esto último no se los compartió para evitar cualquier reprimenda; es su lugar cerró los ojos y se recostó como pudo en el asiento.
Llegaron a la casa de alquiler de Candy. Al ingresar Annie se dirigió a la cocina y asaltó el frigorífico sacando todo lo que más pudo del almacenamiento de supervivencia de Candy.
–Es mejor que te duches mientras Alice y yo preparamos algo para comer. Vendrán los chicos. Les he invitado y también vendrá Terry y Karen.
–Ustedes pueden hacer lo que quieran, yo iré a dormir que no estoy de ánimo para recibir a nadie. Si tú los invitaste, atiéndelos tú, yo no tengo hambre así que no esperes que baje. Se quedan en su casa. –Dijo subiendo al segundo nivel dispuesta a tumbarse en la cama hasta que las sábanas fueran una con ella.
–Te equivocas, Candy. Tú recibirás a todos y les pedirás una disculpa por la preocupación que les hiciste pasar, es lo menos que puedes hacer. – Intervino Alice – Así que, dúchate primero y si quieres después te recuestas, pero tienes que estar presentable para recibirlos.
–No, no pienso cambiar de opinión. Ustedes atiéndanlos, ¿No decís vosotras que me he metido en buenos problemas al tratar con extraños? Bueno a las únicas que conozco son a ustedes dos y como las dejo en su casa… encárguense de sus amigos…
–No solo nos conoces a nosotras… Conociste a Karen hoy por la mañana.. y a Terrence …
–A Karen la vi unos instantes y a él… no lo conozco lo suficiente… ¿Pueden excusarme con ellos diciéndoles que les agradezco su preocupación pero que estoy indispuesta? –Dijo asomándose por la barandilla de las escaleras, aunque se incorporó de inmediato debido a los mareos constantes que tenía en ese momento.
–No, ellos no te mandaron a decir que estaban preocupados, esperaron hasta que el médico salió con noticias sobre ti, y Terry no durmió por estar cuidándote, no puedes ser tan ingrata. Así que dúchate y descansa si quieres, mira que nosotras nos haremos cargo de la comida…
Sin decir más palabras Candy cerró la puerta tras sí, dudó entre bañarse o dormir. Dormir era lo que más quería de las dos cosas, pero bañarse era lo que más le convenía después de pasar la noche en un hospital. Así que apresuró sus pasos y abrió el grifo para que la bañera comenzara a llenarse. Se dirigió de nuevo a su recámara y abrió el closet.
–Demasiado calor para unos vaqueros, así que unos pantalones cortos estarán bien. ¿Playera o top?. Top está bien. Unas sandalias, ropa interior cómoda de algodón, un sujetador estrapple, el top era de tirantes, y listo, nada que implique el esfuerzo de usar la plancha. –Ingresó a la bañera una vez que estuvo llena y que la temperatura fuera la adecuada para relajarla. Introdujo primero un pie, luego el otro y poco a poco fue deslizándose hasta tomar aire y llenar sus pulmones y acostarse completamente en el fondo de la tina. Estuvo tranquilamente con los ojos cerrados en esa posición por al menos cinco minutos. Las clases de natación y buceo habían sido efectivas en ese momento. Miles de imágenes y preguntas llegaron a su mente, las mismas que se hacía cada instante que tenía para ella.
–¿Por qué tuvo que morir mamá? – Se preguntaba mientras recordaba el momento en el que su padre arrojaba una rosa en el instante que descendía a la que sería la última morada de su madre. El recuerdo de ver a su padre arrodillarse frente a ella y estrecharla en sus brazos y jurarle que nunca le haría falta nada, decirle que él cuidaría de ella en todo tiempo y oportunidad. –¿Por qué papá nunca se volvió a casar? Sabía que ninguna mujer sería como su madre, pero él tenía derecho a intentar hacer su vida nuevamente. Se sentía culpable, no sólo era un pequeño imán con los problemas sino también era la responsable que su padre no fuera feliz. –Si tan solo papá pudiera confiar en que puedo manejar mi vida– Esa era la parte en la que los dos siempre estaban unidos, ¿Realmente William no confiaba en su hija o su verdadero temor era perderla a ella también? Candy sabía perfectamente que su padre había intentado llenar el vacío que dejó su mamá, ese vacío tan grande como el ataúd que ingresaba a la tierra, así de grande era el abismo que tenía en su corazón. Viajes, ropa, dinero, joyas, caprichos… al principio su padre se lo daba sin la necesidad que ella lo pidiera, después era una exigencia de su parte. Su padre no tenía opción ante lo que Candy dijera que era una "necesidad". Poco a poco fue involucrando a Margaret, la asistente de su padre, en sus "necesidades" no había por qué hablar con papá para obtener las cosas, decirle a Margaret que ella se encargara era suficiente. –¿Quién podía resistirse a su sonrisa tierna? –Candy no desconocía para nada sus atributos físicos y los sabía usar para meterse en problemas, sí, problemas como el último que había tenido a causa de su "amistad" por una noche con Jean. Su padre la había librado de reprimendas en el colegio, si era necesario pagar, él lo hacía. La había librado hasta de la cárcel, pero había algo que ella nunca había experimentado: Estar cerca de la muerte –Papá no tendría el poder para hacerme volver, ese sería un viaje sin retorno– Ante el pánico que este último pensamiento llegó a su mente se incorporó sacando todo el aire de sus pulmones. Sus lágrimas escurrían por sus mejillas confundiéndose con las finas líneas de agua que su cabello escurría por su cara.
–He sido una completa estúpida, nada de lo que he hecho hasta ahora ha valido la pena, todos a mí alrededor tienen razón. Soy una desconsiderada al andar por la vida de una manera tan confiada. Pero eso hoy ha tocado fondo. Puedo trabajar en mí para salir adelante. Sí, haré todo lo posible para ser diferente y ser feliz. Papá merece ser feliz y yo también. Mamá estará orgullosa de mí y mi padre no tendrá más quejas de mí. Sé que puedo hacerlo. –Con una renovada mentalidad y muchos ánimos pensó en deshacerse de la gran tristeza de años de soledad. Su madre había muerto y ella no podía cambiar eso, pero sí podía cambiar su destino. Terminó de ducharse, se vistió y salió a una cómoda cama, amplia y fresca que demandaba su cuerpo.
El olor de lo que sus amigas preparaban y las risas de los que estaban de visita, la sacaron de su sueño reparador. Era de esas pocas veces que había podido conciliar el sueño sin tener pesadillas. Estaba de un mejor humor que del que había llegado y aunque tenía leves mareos podía pasar una tarde agradable en compañía de sus nuevos amigos… y de su "esposo".
–¡Jah! "Esposo" –Se dijo con sarcasmo– Nada mal. Es muy guapo y tiene una tierna mirada como el mar que está fuera de esta cabaña. Sus labios –Recordó el roce que tuvo con él –Cálidos, sexis. Su nariz respingada y sus cabellos oscuros que entornan sus facciones finas y varoniles. Tiene la estatura perfecta para sentirme segura y largas piernas gruesas y musculosas que se le marcaban perfectamente bajo los vaqueros. Su pecho surcado por el ejercicio, al menos eso reveló su jersey ajustado a su cuerpo. –Olvídalo Candy, un hombre así es seguro que tiene a alguien en su vida, solamente fue atento contigo. – Un leve toquesito en la puerta la sacó de sus pensamientos.
–Candy, ¿Estás disponible? ¿Puedo pasar?
–Pasa, Alice.
–¿Cómo te sientes? No te ves muy bien. Si lo deseas baja solo un instante, seguro todos comprenderán que no estás completamente bien y necesitas descansar.
–Estoy bien, me siento mucho mejor. El descanso me ha caído bien.
–Vamos entonces. Bajaremos juntas.
–¿Qué habéis hecho de comer? Huele todo tan bien.
–Annie hizo tiritas de pollo y carne que tenías en el frigo, yo he hecho la ensalada y la vinagreta. Picamos un poco de fruta que había y los chicos han traído sodas, nada de cervezas o alcohol. Pensamos en ti.
–Han de creer que son una ebria –Candy hizo una mueca
–No, pensamos que eres una estúpida que no mide las consecuencias. –Alicia abrazó a su amiga al ver su mirada triste – ¡Vamos Candy! no te pongas así. Era broma, todos estuvimos preocupados por ti y que hoy estén aquí los chicos es muestra de su aprecio hacia ti.
Descendieron por las escaleras y Alice hizo las presentaciones. Cada quien se sirvió lo que apetecía, Candy solamente se sirvió un poco de fruta y un gran vaso de agua.
–No pensarás comer solamente eso, o ¿sí? –Le dijo Annie al tiempo que le extendía un plato con ensalada y pollo.
–Es todo lo que comeré, Annie, te lo agradezco pero no tengo apetito –No quiso revelarle que sentía dolor en el estómago. Algo ligero era mejor.
–Lo dejo aquí, por si deseas comer más adelante. – Annie no insistió para no incomodar a su amiga.
Todo el momento de la comida fueron risas y anécdotas de viajes y escuela. Candy pasó la mayoría del tiempo callada y observando cómo aquellos jóvenes podían vivir sin problemas y consecuencias. ¿Qué hacían ellos, mejor dicho, qué no hacían, para involucrarse en situaciones vergonzosas o de riesgo?
–Un dólar por tus pensamientos –Susurró Terry en su oído. Candy lo miró y sonrío ante su comentario. Terry se mantuvo detrás de ella que estaba sentada en un banco alto a la mesa al igual que la mayoría de las chicas. –¿Todo en ti es así de poco?
–¿Cómo? –Candy lo vio de frente y levantó una ceja
–Te he visto comer poco, no has terminado nada de lo que te serviste. También has estado poco con nosotros, aunque tu persona está aquí, has estado ausente, lo he notado porque ríes poco o nada. Y no has contado nada sobre ti.
–Lo siento, no ha sido mi intensión mostrarme grosera o desatenta…
–¿Estás cansada?
–No, me siento un poco nostálgica por todo lo que ha pasado.
–¡Anímate! Ya pasó –Le regaló una sonrisa que ella le correspondió. El móvil de Candy sonó y el momento se esfumó por los aires.
–Lo siento, debo contestar… –Dijo mientras se bajaba del banco –Es mi padre –Se encaminó hacia el porche y varios pares de ojos le siguieron y Annie buscó la mirada de Alice.
–" Candy, princesa, es papá" –Candy suspiró ante el sonido de la voz de su padre y resistió que las lágrimas brotaran –¿Cómo te la estás pasando, bebé? Mira que estoy orgulloso de ti, hija, ya casi termina el verano y no he tenido que salvarte de alguna situación –La voz de su padre tildaba en la alegría–Te amo hija, solamente te hablo para decirte que te amo, que eres lo más valioso para este viejo que se moriría si te pasara algo y para decirte que te he echado de menos, la casa está muy vacía sin ti"
–Papá, también te amo y estoy bien, las chicas están conmigo y hemos hecho amigos nuevos –Tuvo el deseo de contarle lo sucedido, pero no lo hizo, no valía la pena preocuparlo por el pasado, evitaría preocuparlo en el futuro – Papá –La voz se le quebró y las lágrimas hicieron su aparición –Daría mi vida porque tú fueras feliz y no tuvieras que lidiar con esta niña cabeza hueca, quisiera regresar el tiempo para evitarte cada minuto de preocupación que has pasado conmigo e invertirlo en tiempo de dicha. ¿Cómo puedo enmendar todo tu sufrimiento, papá?
–"Hija, para eso estamos los padres, para disfrutar de sus pequeños, no cambiaría ningún momento en el que he estado ahí junto a ti, mientras forjas tu carácter, mientras aprendes a vivir. Princesa desde que tomé por primera vez tus pequeñas manitos y con tus deditos tomaste mis grandes dedos y te sostuve para que dieras tus primeros pasos, juré a Dios y a tu madre que jamás te dejaría caer".
–Papá, tus palabras me sientan bien. Quisiera estar junto a ti ahora y abrazarte y decirte que te amo.
–"Lo sé hija, sé que me amas tanto como yo te amo a ti. Candice eres tan hermosa como lo era tu madre, sé que ha sido muy duro para los dos la ausencia de ella en nuestras vidas, pero basta con que te mires al espejo y veas mucho de ella en ti. Y aunque hay algo que el espejo jamás podrá reflejar, lo hacen tus hermosos ojos jade, ellos reflejan tu alma y también en eso eres muy parecida a tu madre. Tienes su fuerza, su bondad, su amabilidad y ese toque de creer en la gente. Hija he intentado cambiarte para que no sufras, pero has sufrido más por mi necia actitud que por tu bondad…"
–Papá – Las lágrimas de Candy corrían sin medida mientras perdía su mirada en lo alto viendo el cielo azul completamente despejado– He sido muy egoísta contigo, conmigo… ahora no me siento nada fuerte sino todo lo contrario. Una oportunidad papá, solo una y te demostraré que siendo yo misma puedo honrar todo tu esfuerzo de confiar en mí…
–"Hija, no cambies, solamente cuídate; y recuerda que te amo."
–También te amo –Finalizó la llamada, sumida en sus pensamientos y deseando haber tenido esa charla con su padre en persona.
Annie se asomó por la ventana y la vio llorando, pensó que esas lágrimas eran resultado de alguna discusión Padre e Hija. Miró a Alice y todo se tornó silencio a su alrededor. Terry comprendió que ellas estaban preocupadas por su amiga así que tomó el plato que Annie le había servido con anterioridad y separó la carne de la ensalada, la calentó en el microondas, sirvió un vaso con agua y salió al porche a donde estaba Candy aun sentada en las escalinatas.
Se sentó detrás de ella, colocando sus piernas a los costados, puso el plato delante de ella sujetándolo con una mano y con la otra tomó el tenedor. Pinchó un poco de ensalada y la dirigió a la boca de Candy
–Anda que no has comido nada y las penas con pan son más ligeras –Candy esbozó una sonrisa y sacudió la cabeza, se limpió las lágrimas con ambas manos y suspiró
–¿Tengo alternativa para negarme?
–No, no la tienes
–Pero no tengo apetito
–Pero sí educación
–¿A qué te refieres?
–A que no me dejarás con la mano estirada.
–Pero si no es un saludo
–Es una cordialidad y el fin es el mismo
–No me gusta la lechuga.
–Sí, si te gusta, Alice ha comentado que todo lo que comimos hoy fue tu cortesía que ellas han asaltado tu frigo, así que si la lechuga a estado ahí era porque te la comerías. Anda y sin más objeciones
–Con una condición, que comas conmigo
–Ya he tenido suficiente y estoy satisfecho, hasta la fruta que dejaste en el plato he comido –Terry rió al igual que Candy ante su exageración, Candy accedió abriendo la boca para obtener el bocado.
–Dame, yo puedo hacerlo sola. No es necesario que me des como a una niña pequeña.
–No, no eres capaz de hacerlo por ti misma, no lo has hecho desde ayer. y lo poco que has comido ha sido a regañadientes. Así que he dicho que sin objeciones. Abre la boca que va un bocado más grande.
–No, he dicho que puedo sola
–Y yo he dicho que no puedes sola. Anda no discutas conmigo y come. –El tono de voz de Terry estaba cargado de simpatía y cariño.
–Toma, es turno que abras tú la boca –Dijo Candy al momento que tomaba del plato una tirita de pollo y la acercaba a la boca de Terry
–No, ésta es tu comida. –Esquivaba la mano de Candy que se empeñaba a introducir la pequeña cantidad de carne en su boca.
–Abre la boca –Terry obedeció y ella retiró la carne al tiempo que él daba al aire una mordida
–Tramposa – Dejó el tenedor en el plato y con su mano libre sujetó la mano de Candy que tenía la porción de comida. Aquello se volvió un pequeño forcejeo lleno de risas. Se mantuvieron en la misma posición, sentados mientras él le daba de comer a ella. Tomó su mano y se la acercó a la boca. Mordió la carne y con sus labios rozó los finos dedos de Candy. Para ambos fue algo sublime y sin palabras. Candy bajó la mirada al plato que aún sostenía Terry y tomó el tenedor para seguir comiendo –Nada de eso pequeña tramposa, yo te estoy dando de comer así que deja eso. – Candy terminó con ánimo todo lo que había en el plato e ingirió un gran trago de agua.
–Gracias, has sido muy bueno conmigo y casi no me conoces. –Acompañó sus palabras con una sonrisa sincera mientras veía a Terry por encima del hombro.
–Lo que sea por mi "esposa" – Dijo mientras la acercaba hacia él para recargarla en su sólido pecho. Dejó el plato y el vaso en el suelo –¿Quieres hablar?
–No, no quiero que este momento termine.
–No terminará, puedes contar conmigo siempre que lo necesites. Estaré siempre para ti pequeña tramposa.
–Sabes mi nombre y no soy tramposa –Dijo sonrojada
–¿Quieres ir a caminar a la orilla del mar? –Candy ladeó la cabeza y levantó la mirada, el agachó la suya y bajo su mirada encontrándose con la de ella
–Sólo si tú quieres, no haremos más lo que yo quiera sino lo que tú desees.
–¡Venga!, Caminemos ahora que el sol está por llegar al ocaso. Esto es hermoso y lo quiero disfrutar contigo– Se puso de pie y ayudó a Candy a hacer lo mismo –Dejemos esto dentro y avisemos a los demás a dónde vamos.
Al ingresar todos estaban en la sala recostados entre cojines en el piso y otros en los sillones, estaban viendo una película. Las parejitas no tardaron en hacerse, los que no estaban con las manos entrelazadas, estaban con la cabeza recostada en el hueco de sus brazos…
–Vaya, pero si todas ya habéis escogido y a mí no me han dado opción –Dijo Candy esbozando una sonrisa
–Eh? pensé que era suficiente para ti –Dijo Terry con una amplia sonrisa en su rostro –A demás yo te escogí a ti así que es lo mismo. De los dos uno tenía que escoger así que lo hice yo…
–Candy pero qué te quejas, mi primo está guapísimo, o ¿Tienes alguna objeción?
–Jajajaja, no. Sólo lo dije para ver la cara que ponía Terry. Y he quedado más que satisfecha.
–Pequeña tramposa –Terry la atrajo hacia él envolviéndola en sus brazos.
–Siéntense, la peli está buena –Dijo Tomm
–Eh, no, no gracias. Solo entramos para avisarles que iremos a caminar a la orilla ¿Alguien quiere acompañarnos? –Respondió Terry
–No –Fue una respuesta coral
–Nos vemos en un rato. –Tiró de Candy y salieron dejando a los chicos disfrutando lo que quedaba de la tarde.
A la orilla del mar, de la mano de Terry, Candy le abrió su corazón y le contó muchas cosas que a nadie, ni a sus amigas, les había dicho. Le contó sobre las palabras de su papá de hacía unas horas y le platicó sobre sus planes. Terry también le contó algunas cosas de su vida: El deseo más grande de ser el mejor actor, su vida aburrida y estable en Inglaterra. Los planes de su padre hacia él y la emoción que comenzaba a generar el vivir en América. Le contó algunos planes que emprendería cuando radicara para siempre en San Antonio y trabajara por completo en "G-K Empire, empresa petroquímica".
–¿Grandchester? ¿Cómo es que no te relacioné con Richard Grandchester? –Preguntó Candy
–Seguro que has oído de mi familia
–Papá habla mucho de tu padre.
–¿Quién es tu papá?
–William Ardley, de "Ardley's Petroleum & Derivatives"
–Oh, tu padre es William Ardley, mi padre desea cerrar algunos contratos con él
–Seguro lo harán. G-K y Ardley's, aunque son ramas petroleras se dedican a cosas distintas. Seguro que hay algo en lo que puedan laborar juntos…
Terry detuvo sus pasos haciendo que Candy girara hacia él, quedando frente a frente. Sin decir palabras la tomó entre sus brazos, inclinó la cabeza y la besó. Suave, profundo y apasionado. La intensidad crecía mientras el beso duraba. Candy correspondió al beso de Terry, al principio dudosa y luego se entregó por completo a aquella sensación que eliminaba todo temor.
–Regresaré a Inglaterra en cuanto termine este viaje, pero volveré en diciembre. Te buscaré en cuanto llegue.
–¿Por qué quieres buscarme?
–Porque eres mi "esposa" –los dos rieron –Porque siento algo especial por ti y quiero que dure por mucho tiempo. ¿Me esperarás?
–No sé. ¿Por qué debería? Digo, no somos nada.
–Aún tenemos lo que queda de este mes para que lo seamos y estés segura. Ambos somos de San Antonio, tenemos mucho en común y te quiero en mi vida y quiero ser parte de la tuya. Comprendo si estás insegura o si tienes a alguien en tu vida, eres tan hermosa. Pero es tu esencia la que me ha cautivado. Pequeña tramposa. La aferró más a su cuerpo.
–No hay nadie en mi vida ¿En la tuya?
–No, no lo hay. Sólo tú. Sabré comportarme estando lejos, te llamaré todas las noches. Sólo dime que sí y que me esperarás.
–¿Sabes que es muy tentador lo que pides? Y si alguno de los dos no espera al otro o los planes cambian y tú no regresas…
–Volveré por ti y vendrás conmigo a donde esté. Candy –La miró a los ojos –¿Quieres ser mi novia? ¿Quieres intentar con este sureño-inglés que ha quedado prendado de ti desde que te vio por primera vez en el aeropuerto?
Aunque el razonamiento de Candy dudaba su corazón brincaba de emoción, le gustaba tanto Terry, su físico, su rostro, su trato hacia ella… todo él le gustaba ¿Y qué si dudaba? algo había seguro en ella. Jamás se arrepentiría de la decisión que tomaría –Sí Terry. Te esperaré. Disfrutaremos este tiempo mientras estés aquí y en diciembre estaremos juntos de nuevo.
–Y en dos años, pequeña, en dos años estaremos juntos para siempre.
Terry envolvió sus brazos alrededor del cuerpo de Candy y ella entrelazó sus dedos rodeando el torso de Terry. Se quedaron mucho tiempo abrazados mientras sus almas comenzaban a fusionarse expresándose a través de largos y apasionados besos en aquella orilla del mar de Malibú bajo la luna y las estrellas como testigos del amor que comenzaba a crecer.
BONITO DÍA
ABBY
GRACIAS POR SUS COMENTARIOS Y SU PACIENCIA 6,6
