En la biblioteca de la prestigiosa mansión Phantomhive dos seres compartían entre si tiernos besos, sin sospechar de aquello los esposos Phantomhive pensando que su pequeño hijo de casi 12 años estaba realizando tareas con su nuevo tutor.
-Esto... no... Está... bien... Decía entre besos con fingido remordimiento Sebastian que todavía cargaba al joven, quien había enredado sus brazos alrededor de su cuello.
-Entonces... suéltame... Respondió con un sonrisa traviesa el menor quien besaba los labios de su tutor. El demonio sonrió también ante la actitud seductora del pequeño, decidió darle un último beso para dejarlo en el suelo, ante la mirada confundida de Ciel.
-Esto no volverá a repetirse, no es correcto... dijo el demonio seriamente pretendiendo sentirse culpable por la situación actual, miraba fijamente al menor quien confundido solo desvió la mirada.
-Pero... yo quiero estar contigo... Exclamó con la mirada llorosa el menor viendo el piso, haciendo por un segundo estremecer al demonio ante esa vulnerabilidad que le mostraba ese niño.
-¿Te sientes atraído a mí? Pregunto el mayor acercándose a Ciel levantando su rostro para que lo viera, el menor asintió con la cabeza, por la vergüenza de aquella afirmación se abrazó a la cintura de su tutor, ocultando su rostro en ese abrazo, el mayor solo acertó a acariciar dulcemente sus cabellos podía sentir como esa alma se consumía ante él, solo se relamió los labios.
-Mucho... no puedo sacarte de mi mente... Decía el menor de forma poco audible, venciendo sus temores, era la primera vez que confesaba sus intenciones románticas con alguien. Aquellas palabras hicieron eco en la mente del demonio, nunca antes alguien le decía palabras tan sinceras e inocentes. Se quedaron en silencio ambos por varios segundos.
-Ciel... ¿quieres que me quede a tu lado? Preguntó el demonio con ternura rompiendo ese abrazo para agacharse y quedar a la altura del joven, quien sonrió a pesar de tener el rostro humedecido por las lágrimas, lo estaba llamando por su nombre eso lo hacía sentirse especial.
-Sí, quiero que estemos juntos. Respondió decidido el menor como no lo había hecho antes, siempre era inseguro cuando tenía que decidir algo por mínimo que fuera, esa respuesta sorprendió al demonio, la verdad era que ese pequeño era impredecible lo tenía cautivado, acaricio su rostro secando el rastro de lágrimas que habían dejado de correr. Para acercarse a su rostro tomando con delicadez su mentón juntaron nuevamente sus labios en un beso, abrazándose después de ese beso que era la confirmación de la relación que estaban empezando.
-Sebastian... ¿Puedo llamarte así? Le decía dulcemente Ciel al oído de su primer amor mientras seguían abrazados.
-Claro que sí, mi Ciel... Debes prometer que no le dirás a nadie lo nuestro. Respondió el demonio con una sonrisa de complicidad cuando rompió ese abrazo juntando su frente a la frente del pequeño en una escena por demás romántica.
-Sí, ya lo sé... Decía sonriente y sonrojado el menor al sentirse así con el hombre que lo había cautivado en solo unas horas, se emocionó al escuchar la palabra lo nuestro.
-Seria problemático, no entenderían nuestra relación, debe ser nuestro secreto. Explicaba el mayor quien no dejaba de acariciar los labios del menor, y ninguno bajaba la mirada amorosa del otro.
-Nuestro secreto. Repitió el joven besando una vez más los labios de su tutor, aunque se sentía un poco culpable de actuar de forma tan poco coherente sabiendo que tal vez decepcionaría a sus amados padres, pero ese hombre lo había enamorado en cuerpo y alma, el mayor aun no quería besar apasionadamente al joven aunque se moría de ganas por deleitarse del sabor de esa pequeña y dulce boca, quería que el pequeño lo deseara más, que fuera esa alma enamorada que sucumbiera ante el deseo. Ambos se separaron tomaron sus manos entrelazando los dedos en un cariñoso contacto, el demonio lo encaminaba hacia la mesa donde estaban los libros y cuadernos del menor.
-Bueno, hay que terminar tu tarea... Tu madre sospecharía sino la terminas... Dijo el mayor con una sonrisa ayudando a sentarse al joven que no apartaba la mirada de su galante caballero. Pasaron la próxima hora entre estudios sabia el joven que no podía descuidarse con ello, pues si lo hacía mal tal vez despedirían a su tutor lo que menos quería era eso. Al terminar el reloj marcaba la hora en que ya tenía que retirarse el mayor, ya había culminado sus labores.
-Qué joven tan diligente es. Decía el demonio a su estudiante al ver lo responsable que había terminado sus tareas.
-Claro que sí. No te burles. Contestó sonriente con fingido resentimiento abrazándose a su tutor.
-No me burlo, es hora de irme. Nos vemos mañana Ciel. Se despedía el demonio regalándole un pequeño y sorpresivo beso en la frente del menor que se sonrojo ante ese dulce contacto.
-Nos vemos mañana. Respondió el joven dándole un cariñoso beso en los labios a su tutor, quien sonrió ante esa actitud atrevida del menor.
-Sueña conmigo hoy. Decía el mayor acariciando el dulce rostro del joven.
-No, creo... porque creo que no podre dormir. Dijo con una sonrisa traviesa el menor, nuevamente tenían la intención de unir sus labios en un beso, estando ya en la puerta de la biblioteca disponiéndose a salir. El mayor se alejó rápidamente del joven que confundido solo lo siguió ya que estaba saliendo.
-Ya venía a buscarlos. Dijo Rachel encontrándolos en el pasillo fuera de la biblioteca caminando hacia ella.
-Fue un placer compartir esta día de estudio con su hijo, es tan inteligente, educado todo un estudiante modelo, realizamos todas las tareas. Espero que al joven Ciel tenga buena opinión de mí también. Hablaba el demonio con una amable sonrisa a la mujer, quien dirigió su mirada de orgullo hacia su hijo, le encantaba cuando alguien halagaba a su pequeño.
-Usted es un buen maestro, señor Michaelis. Respondió el joven sonrojado con una sonrisa sin levantar la mirada al escuchar esos halagos de su tutor y ahora amor secreto.
-Creo que ustedes se llevaran bien. Acertó a decir la mujer al ver la sonrisa de ambos. Rachel iba caminando delante de ellos dejando a la nueva pareja tras ella. Como no eran vistos el mayor tomo la mano del joven caminando juntos, ciel sintió nervios ante esa riesgosa muestra de afecto por el miedo de ser descubiertos. A los pocos segundos se soltaron justo antes de que Rachel volteara a verlos. Llegando a la puerta principal de la mansión.
-Me despido. Nos vemos mañana Señora Phantomhive. Se despedía amablemente Sebastian en la puerta.
-Sí, gracias por su trabajo. Respondió la mujer con una sonrisa.
-Joven Ciel, nos vemos mañana. Decía extendiendo la mano para estrecharla a la de su joven pareja.
-Nos vemos mañana. Correspondió el menor apretando la mano del hombre al que minutos atrás lo había besado por vez primera. Salió el mayor de la mansión dirigiéndose a su carruaje para partir al centro de Londres donde se suponía que vivía.
-Estoy cansado, voy a mi habitación. Exclamo el joven con un bostezo, mientras se alejaba de su madre, cuando se creyó fuera de la vista de su madre, corrió a su habitación y asomarse por la ventana, encontrándose con su Sebastian que ya estaba en su carruaje dispuesto a partir. Ambos cruzaron sus miradas a la distancia, con una sonrisa hicieron un ademan con la mano en señal de despedida.
-Sebastian... Susurró el joven enamorado mientras veía alejarse en su carruaje al hombre dueño de sus pensamientos, ya cuando no lo vio más se recostó en su cama recordando en medio de suspiros la maravillosa e inolvidable tarde que había pasado, los dulces besos, palabras y caricias de su amado, si antes no podía sacarlo de sus pensamientos ahora menos con lo que habían pasado, se sonrojo mucho al pensar que ahora a su corta edad ya tenía una relación amorosa, una prohibida relación amorosa, pero no le importaba, pues era a quien amaba, mientras el pequeño se perdía en sus dulces pensamientos, un demonio con mascara de tutor iba en su carruaje pensando también en su querido estudiante.
-Lo que tuve que hacer hoy, me sorprendiste querido Ciel no creí que caerías tan pronto en mis redes, sí que eres un idiota enamoradizo... Hoy hasta yo mismo me sorprendo de mi actuación tierna y enamorada, aunque debo admitir que no estuvo mal... Decía el demonio hablando consigo mismo mientras conducía su sencillo carruaje que lo llevaría al centro de la ciudad.
-Los besos aunque torpes... debo admitir que fueron deliciosos... sentir tu cálida piel, el latir apresurado de tu corazón, me hicieron sentir algo raro por milésimas de segundos. Lástima mi pequeño amante que esto no dure mucho tiempo... Pero será divertido jugar contigo hasta que pueda consumirte en cuerpo y alma. Hablaba con una sonrisa maliciosa mientras sus ojos brillaban con fulgor. Luego de largos minutos Llego a la casa de su contratista que estaba sentado leyendo un libro.
-Hasta que te dignas a aparecer... pensé que me habías abandonado. Exclamó el viejo con molestia.
-No digas tonterías, todavía tienes el sello viejo inútil, eso significa que estamos unidos por el contrato. Contesto con mayor molestia el demonio mientras se sentaba en una de los sencillos sillones de la casa.
-Bueno que noticias tienes para mí, hasta lo último que me dijiste era que había una buena oportunidad de entrar en la mansión. Hablaba el viejo con curiosidad al demonio.
-Sí, ya estoy dentro... Soy el nuevo tutor del joven primogénito de tu querido conde. Comentó con sarcasmo el demonio haciendo enojar al anciano.
-Cállate, no te burles de mí, idiota... Así que eres maestro de ese niño, eso es perfecto... Tienes que matar a ese mocoso, asi el conde bastardo ese, ya que la culpa lo consumirá al saber que fue el quien contrato al asesino de su hijo. Sufrirá en vida su pérdida, así como yo sufrí la perdida de mi hijo por culpa suya. Decía el viejo con una gran sonrisa maliciosa al pensar ese plan.
-Pero tengo entendido que tu hijo si era culpable de lo que se le acusó. Respondió el demonio arqueando una ceja.
-Sí, puede ser así, el merecía la cárcel pero no la muerte dentro de ella, sino hubiera sido por ese miserable conde mi hijo estuviera vivo… Decía el anciano con los ojos llorosos mezcla de dolor y coraje.
-No me des explicaciones, me aburre tanto sentimentalismo. Interrumpió el demonio de mirada carmesí con una sonrisa sarcástica.
-Quiero que mates mañana a ese mocoso... Quiero ver ya el sufrimiento del conde... Exclamó decidido el viejo, el demonio no pensó que su contratista se lo ordenaría tan pronto.
-¿Mañana? Preguntó con duda el demonio
-Sí, mañana... Es una orden... Rectificó la orden el anciano con cierto recelo, pues el rostro del demonio reflejaba duda.
-Necesito más tiempo... Exclamo Sebastian pretendiendo dar por terminada esa conversación.
-¿Para qué, quieres más tiempo? Ya he esperado demasiado... Lo hemos hecho a tu manera hasta ahora, quiero muerto a ese niño mañana... Decía con enojo el anciano en voz alta.
-No eso no podrá ser... Volteo a verlo el demonio, con brillo en sus ojos carmesís.
-Es una orden, maldito demonio... ¿Acaso estás enamorado de él? Decía con burla el anciano con una sonrisa sarcástica ante esa actitud del demonio.
-Cállate, los demonios no amamos... mis motivos son otros, ¿pero sabes qué? Terminemos esto ahora, no quiero tu asquerosa alma... no pienso obedecerte… Decía el demonio acercándose lentamente a su contratista el ambiente se volvió oscuro y siniestro por las sombras que le invadieron.
-Pero que… estas diciendo... Balbuceaba nervioso el anciano retrocediendo al ver como esa aura maligna se le acercaba.
-Solo encontré algo valioso, ni tú ni nadie me alejaron de ello. Respondió el demonio en medio de la oscuridad solo deslumbraba una sonrisa macabra.
-Bastardo... Gritó con su último aliento el anciano, a los pocos segundos todas las paredes de la sala de esa casa quedaron impregnadas de sangre.
-Mi Ciel... mi Ciel... mira lo que provocas... decía el demonio con un suspiro de resignación, mientras caminaba sobre el cadáver de su contratista, quien tenía el abdomen abierto podían verse sus destrozadas vísceras.
-Bueno limpiare este desastre... Volviendo el ambiente normal podía notarse, que Sebastian estaba con su apariencia humana, salpicado ligeramente de sangre, a un costado de su boca tenía una mancha de sangre que se relamió saboreándola, pero inmediatamente la escupió con cara de asco, comenzó a limpiar su travesura, no podía permitir que descubrieran un asesinato en esa casa.
-Iré a ver que está haciendo mi amorcito... Espero que se esté haciendo travesuras... me encanta verlo con esa carita de deseo… Decia el demonio en medio de la noche cuando quemaba algo en una fogata en medio del bosque frio, el olor era nauseabundo para un humano pero para un demonio el olor de carne humana al fuego era sumamente relajante. Se levantó de allí para ir directo a la mansión Phantomhive. Al llegar se decepciono un poco pues su pequeño Ciel estaba profundamente dormido, lo que notó fue una gran sonrisa en el rostro durmiente de su ahora amor, eso lo hizo sonreír de manera extraña, que al darse cuenta el mismo de esa sonrisa, sacudió la cabeza y se dispuso a regresar a la casa que él estaba ocupando en el centro. Al dia siguiente cerca de las 10, llegaba Sebastian a la mansión siendo recibido por la siempre amable y sonriente Rachel.
-Buenos días, Señor Michaelis, Ciel lo está esperando en el estudio, usted debe ser un buen maestro, para motivar así a sus estudiantes. Saludó la mujer al tutor con una sonrisa.
-Eso parece... Dijo el demonio con una sonrisa, en su mente conocía el verdadero motivo por el que Ciel lo esperaba ansioso, y no eran los estudios.
-Tengo que hacer una llamada, ¿puede ir solo? Sugirió la joven mujer de mirada azulina.
-Sí, mi señora no se preocupe conozco el camino. Contestó Sebastian con una amable sonrisa, viendo como la madre de su querido estudiante se alejaba, también decidió encaminarse donde lo esperaban ansioso.
-Buenos días, Ciel... decía muy animado el demonio entrando al estudio.
-Sebastian... Exclamó con alegría Ciel, lanzándose con un impulsivo abrazo a su tutor, quien se sorprendió ante tal genuina evidencia de alegría.
-Que efusivo mi niño... Hablaba con una hermosa sonrisa el mayor correspondiendo ese dulce abrazo.
-No soy un niño... Reclamó con un puchero infantil Ciel, haciendo sonreír al mayor.
-Es una forma de decir, mi amor... Respondió el demonio atrapando los cálidos labios de su pequeño con los suyos en un dulce beso, luego de unos pocos minutos decidieron separarse, ambos caminaron tomados de la mano hasta el escritorio.
-Cariño, vamos a empezar tus labores, mientras más rapido terminemos tendremos más tiempo para nosotros. Decía amablemente el tutor sentándose junto a su estudiante que estaba ligeramente sonrojado, quien lo veía amorosamente con una sonrisa.
-He pensado algo, para después del almuerzo. Dijo el conde mientras sentía las caricias que le regalaba su tutor, cuando revisaban los libros de las clases del día.
-Ah… ¿Qué será? ¿Qué tiene planeado esta cabecita? Preguntaba el demonio con curiosidad.
-Una sorpresa… Así comenzaron su estudio de forma responsable aunque no podía evitarse por ciertos momentos aquellos roces, caricias y palabras dulces, llego la hora del almuerzo Sebastian comía junto a la familia Phantomhive entre pequeñas conversaciones y sonrisas, terminaron de comer amenamente, el demonio había encajado bien en la familia, se había ganado en un dia la aprobación de todos, Ciel lo veía de reojo y se mantenía callado hablaba lo necesario. Al terminar todos de comer y disponiéndose a seguir cada cual con sus labores el jovencito comenzó a hablar.
-Mamá… Quería pedirte algo… decía Ciel en voz baja a su madre, era quien fácilmente no le daba permiso, cuando pedía algo.
-Dime, cariño… Hablo con una sonrisa Rachel, al escucharla los dos caballeros que iban delante de ellos se detuvieron para escuchar que pasaba.
-Quería leer un poco bajo un árbol, así también aprovechó a enseñarle al señor Sebastian nuestro vasto terreno. Pedía tranquilamente el joven para que sus padres no sospecharan de que en realidad quería era estar a solas con Sebastian.
-Me parece buena idea… Está bien tomar un poco de aire. Comentó el padre al escuchar la petición de su hijo
-Yo podría acompañarlos… Sugirió la madre, eso molestó un poco a Ciel pero lo disimulo muy bien, el demonio sonreía para sí, sabía que tramaba el muchacho.
-Rachel… Dijo arqueando una ceja el conde.
-Está bien… pero solo un rato y no se alejen demasiado, llévate un abrigo está haciendo un poco de frio y… Hablaba con tono de preocupación Rachel una actitud que no sorprendía a padre e hijo.
-Rachel… Nuevamente llamo el conde a su esposa con una pequeña sonrisa.
-No se preocupen cuidare bien de su hijo, es cierto debe llevar su abrigo está corriendo un poco de viento. Decía amablemente el tutor mirando a la pareja Phantomhive.
-Bueno, vayan… tengan cuidado… Dijo resignada la joven mujer mirando a su pequeño
-Así que esa era tu sorpresa… Hablaba con una pequeña sonrisa el demonio recogiendo unos libros del estudio.
-Sí, vámonos ya… Caminaron fuera de la mansión adentrándose en sus terrenos todo cubierto con árboles, ya viéndose alejados de la vista de todos, se tomaron de la mano, mientras Ciel hablaba sobre los Phantomhive y su legado el demonio solo lo escuchaba atento, era de alguna forma agradable escucharlo hablar, luego de varios metros decidieron descansar sentándose el demonio arrimado a un árbol, el joven se disponía a sentarse junto a él.
-¿Qué haces? Dijo sonrojado el joven cuando sintió que su tutor lo halo del brazo en un rápido movimiento lo hizo sentarse sobre él con las piernas abiertas quedando entre las fuertes piernas del mayor, en una posición muy sensual y cercana.
-Solo quiero sentirte cerca… Y enseñarte algo… Dijo el demonio acercando el cuerpo del menor con el suyo en un abrazo, uniendo sus labios en un beso que parecía ir aumentando su intensidad con los segundos que pasaban.
-Mmmm… Dijo un poco sorprendido el joven al sentir como la lengua de su amado pretendía invadir su boca.
-¿Qué sucede? Preguntó el tutor con fingida inocencia.
-Es solo que yo no sé besar así… Dijo avergonzado el menor, sin duda su amado tenía experiencia en el arte de besar, se sentía mal de no tener esa misma experiencia.
-bueno pues te enseñare… tu solo has lo que yo, iré despacio hasta que puedas acoplarte al ritmo, veras que es sencillo… Por algo soy tu tutor. Dijo el demonio con una sonrisa dándole confianza a Ciel que se mostraba un tanto inseguro, nuevamente unieron sus labios en un beso, a los pocos segundos el joven sintió la lengua del demonio queriendo entrar a su boca, lo cual con un pequeño movimiento de labios le permitió la entrada, haciéndolo estremecer al sentir esa húmeda y cálida lengua entrar a su virginal boca, enseguida el hizo lo mismo su lengua entró lentamente a la boca de Sebastian, que estaba extasiado con el sabor de esa dulce cavidad, pasaron varios segundos en que el joven poco a poco se acoplaba al ritmo de su amado, se separaron cuando el aire ya les faltaba.
-Aprendes rápido… Estoy orgulloso de ti… decía con dificultad con una sonrisa de satisfacción el demonio mirando fijamente a su niño que estaba sonrojado.
-Quiero seguir aprendiendo… Dijo el menor enredando sus brazos al cuello tomando la iniciativa se aferró a los labios del mayor que sorprendido ante la actitud de ese joven que lo tenía fascinado, nunca había conocido un humano así, comenzaron un juego en que sus besos eran apasionados, sin pudor alguno sus lenguas danzaban y se enredaban entre sí, el mayor comenzó a acariciar la espalda del menor pues ya había colado sus manos debajo de su ropa, comenzaron a jadear, en medio de la silenciosa arboleda, el calor comenzó a apoderarse de ambos el mayor había perdido el control, y no soltaba los labios del menor quien cambio su mirada extasiada por una angustiada pues el aire ya no llegaba a sus frágiles pulmones, entonces cerró los ojos estaba perdiendo la conciencia el demonio notó como su pequeño se desvanecía entre sus brazos.
-¿Qué hice? Dijo con un poco de angustia el demonio, tomó un poco de aire y en un beso suave le devolvía aire a los pulmones del menor que confundido y avergonzado abrió los ojos.
-Lo siento. Me deje llevar… decía arrepentido el mayor abrazando a su pequeño, no entendía ese sentimiento de angustia que había sentido antes, eso lo asustó mucho, que estaba provocando en él, esa deliciosa alma, confundido no encontraba razón lógica.
