Gracias a Bells Masen Cullen por corregir y mejorar el capítulo :D. ¿Ya te he dicho hoy lo mucho que te aprecio? jajaja. ¡Ah! ya te he dicho que se te están acumulando... jijiji. Sé de muchas que te van a querer... castigar :P y no soy yo!


Capítulo 4

Mis días hasta la fiesta de mis padres fueron rutinarios. Me levantaba, salía a correr, trabajaba, volvía a casa tarde de la oficina y me metía en la cama sin cenar. Todos los días igual. Hasta que llegó el sábado…

No me apetecía nada levantarme de la cama, estaba desganada. Ni siquiera había bajado a desayunar. Desde que me había metido en la cama la noche anterior, no había sido capaz de pegar ojo. Aro y Carlisle no abandonaban mi cabeza, todo lo que pensaba era en como desbancarlos, en como quedarme con sus empresas.

Y tras tanto pensar, no llegaba a nada… Todo lo que se me había ocurrido con anterioridad, me resultaba ser demasiado malo como para llevarlo a cabo.

Suspiré por enésima vez y me giré en la cama para mirar el reloj que descansaba en la mesilla… las doce de la mañana. Me dolía todo el cuerpo por estar tumbada tanto tiempo, pero no me apetecía en absoluto vivir este día.

- ¡Señorita Swan! – el grito de Rosalie desde el pasillo me hizo rodar los ojos. Abrió la puerta con una gran sonrisa y tras cerrarla, se abalanzó sobre mí en la cama. - ¿Qué coño haces aun en la cama? – Agarró las mantas y cubrió mi rostro con ellas.

Cuando se lo proponía, podría ser una cría…

- Necesito respirar – pedí desde debajo de las mantas. – Gracias – le dije de manera irónica cuando se quitó de encima de mí.

- ¿Qué haces en la cama? – Se acomodó a mi lado, apoyando la espalda en el cabecero de la cama.

- No quiero ir a esa maldita fiesta. – Me crucé de brazos y la miré de reojo.

- ¿Y las razones son…?

- No tengo ganas.

- Más razones. – Comenzó a mirarse las uñas de las manos cómo si fuese lo más fascinante del mundo.

- Simplemente no quiero ir, Rose. – Suspiré.

Dejó de observar sus uñas y me miró a mí. Tras unos segundos de escrutinio a mi cara, se levantó de un salto de la cama.

- A la ducha – ordenó antes de entrar en el cuarto de baño. - ¡Ya! – chilló.

Me levanté perezosamente y caminé hacia allí. Rose estaba llenando la bañera y el baño se estaba llenando de vaho.

- Joder nena, parezco tu madre – se quejó mi amiga comprobando la temperatura del agua – Desnúdate y mueve tu culo respingón hasta aquí. – La miré con una ceja alzada por su atrevimiento al hablarme así. Aunque no era la primera vez. – Deja de mirarme así, sabes que donde hay confianza da asco. – Sonreí levemente e hice lo que me pidió.

Entré lentamente en la bañera llena de espuma, la temperatura del agua era perfecta. Apoyé la cabeza en el borde y tras un largo suspiro, cerré los ojos.

- Eso es, relájate – me dijo.

Sentí que se movía por el baño, escuché como abría los botes del champú y como cantaba en voz baja una canción que yo no conocía.

- ¿Quieres hablar de lo de esta noche? – Negué con la cabeza. – En ese caso – la sentí a mis espaldas, – déjame lavarte el pelo mientras hablamos de mi hombre.

Vaya mierda de amiga que era. Para alguien a quien importaba y alguien que me importaba a mí y la tenía abandonada. Desde el día que Rose me habló de su hombre en mi despacho y antes de ser interrumpidas por Aro, no había vuelto a hablar con ella del tema.

- ¿Cómo se llama? – le pregunté con interés.

- Royce King – contestó ilusionada.

- Rose…

- Ni se te ocurra abrir la boca – gruñó interrumpiéndome. Sonreí ampliamente, me conocía demasiado bien. – No quiero que revientes mi burbuja una vez más – me advirtió.

- No lo haré, cuéntame como es Royce – le pedí abriendo los ojos y echándome hacia delante para facilitarle la tarea de lavarme el cabello. – Por cierto, ¿es Royce King unos de los más prestigiosos abogados de Seattle? – inquirí acordándome de un tal Royce con el que he tenido algún encontronazo en los juzgados.

- El mismo. – Rió entre dientes. – Dios Bella, es tan bueno conmigo, me tiene tan enamorada – podía imaginar sus ojos brillantes. – Llevamos muy poco tiempo juntos, pero lo poco que lo conozco… me encanta. ¡Ah! Y esta noche estará en la fiesta – añadió.

- ¿Te ha invitado a ir? – Gemí de gusto cuando sus dedos frotaron el cabello de mi nuca.

- No.

- Pero tú vas a ir – le dije.

- Voy a ir, sí.

- ¿Sola?

- No. Contigo. En eso quedamos.

- ¿Por qué no vas con él? – Me giré en la bañera provocando que ella dejara de masajear mi cabeza y la miré.

- No me lo ha pedido. – Se encogió de hombros. – Y aunque lo hubiese hecho, ya tenía la cita hecha contigo. – Me cogió de los hombros y me giró para acabar de lavarme la cabeza.

- Sabes que no me habría importado que fueses con él – le dije relajándome bajo su contacto.

- Lo sé. – Suspiró. – De todas formas, no me lo pidió – su voz sonó apenada.

- Rose…

- Esta noche nos lo pasaremos genial – cambió su humor rápidamente. – Ahora será mejor que salgas de la bañera o te quedarás arrugada pareciendo una vieja de ochenta años, y no queremos que eso suceda.

Después de una tarde de sesión de belleza y charlas triviales con Rose, me vestí para ir a esa dichosa fiesta.

- Alegra la cara, será divertido – me pidió mi amiga mirándose al espejo para hacer los últimos retoques de su maquillaje.

Forcé una sonrisa y me di la vuelta para que no mirara más mi rostro. No estaba de humor para aguantar una tercera charla sobre que nos divertiríamos esa noche.

Bajamos las dos juntas al salón. Masen ya estaba esperándonos, con su traje negro, camisa blanca y corbata gris oscuro. Vestido muy parecido a como cada día.

- Joder. – Jadeó Rose a mi lado en tono bajo. – Como está el cabrón.

- Recoge la baba, no quiero que Sue resbale por tú culpa. – Me acerqué más a Masen.

- ¿Acabas de decir lo que yo he oído? – Me giré para mirar a Rose con una ceja alzada, no sabía que quería decirme con eso. - ¿Te preocupas por alguien que no seas tú? – volvió a preguntar atónita.

Caí en cuenta entonces de lo que había dicho.

- No – le contesté rápidamente. – Lo que ocurre es que no quiero que mi ama de llaves se lesione por tu culpa y tenga que cambiarla… también. – Miré de reojo a Masen. – Con un cambio ya tengo más que suficiente. – Vi que iba a abrir la boca para decirme algo más pero la interrumpí antes de que pudiese hacerlo. – Nos vamos. – Me giré y comencé a andar hacia la puerta.

Llegamos a la hora acordada a las oficinas de Swan S.A., la fiesta se iba a celebrar allí. Cosa que agradecí, si tenía que huir me iba a resultar sencillo correr hasta mi oficina y encerrarme allí. No me apetecía en absoluto encontrarme a toda la gente que me iba chupando el culo para poder sacar algo de mí.

¡Pelotas de mierda!

- Relájate. – Observé a Rose cuando habló. Su boca formaba una gran sonrisa y parecía relajada. – Como sigas frunciendo así el ceño – alzó la mano y con el dedo índice relajó mi frente, – vas a llegar a vieja antes de lo normal. – Sonrió aun más. – Eso está mejor. – Rodé los ojos.

Entramos en mi edificio seguidas de Masen. Caminamos hacia unos de los muchos salones que tenía el edificio, donde se celebraba la fiesta. Parecía que todo el mundo ya estaba allí. Miré por todo el salón en busca de mis padres, no quería ver a nadie más. De hecho, si podía, los felicitaría y me ausentaría.

- Ni lo sueñes. – Detuve mis pasos y miré con el entrecejo fruncido a Rosalie. – Sé lo que estás pensado y no, no te vas a ir de la fiesta.

- Vete a la mierda, Rosalie – le dije de mala gana y comencé a andar de nuevo.

Después de unos cuantos saludos a gente de la cual no recordaba ni el nombre, encontré a mis padres.

- ¡Oh, dios mío! – exclamó mi madre nada más verme. - ¡Estas preciosa!

Rodé los ojos y me acerqué a ella para besar su mejilla. Me acerqué a mi padre y también besé la suya.

- Buenas noches a ambos – les dije.

- Hola – me saludaron ambos antes de fijarse en Rose.

- Buenas noches, señores Swan – mi amiga les dedicó una gran sonrisa.

- Buenas noches, Srta. Hale – saludaron al unísono.

Estuvimos un rato más bebiendo de las copas de champán que los camareros nos servían y hablando con mis padres y saludando a más gente, entre ellos algunos de mis subordinados. Aun no había rastro de los Cullen o de los Vulturi. Tampoco habíamos visto al Sr. King por ningún lado.

- ¿Seguro que venía? – le pregunté divertida.

Era gracioso ver a Rosalie nerviosa y recorriendo con la mirada cada minuto la sala en busca de su… amado.

- Sí – contestó levantándose sobre las puntas de sus pies.

Seguimos donde estábamos, bebiendo y hablando trivialmente. Masen no se separaba de mí ni un solo minuto. Comenzaba a agobiarme. Con Jake las cosas no eran así, era todo más sencillo, más natural, más relajado, más…

- Mira, mira, mira. – Me giré bruscamente al escuchar la voz de Aro. – Si está la pequeña Swan aquí. – Apreté la mandíbula. No soportaba que me llamara así. – ¿Sigues en tu camino hacia la grandeza? – se burló.

Le ignoré todo lo que pude hasta que mis padres acapararon su atención, de una manera muy estratégica, debo añadir. Muy típico de Charlie Swan, cosa que agradecí. Yo seguí hablando con Rose, la cual, estaba muy segura de que no estaba escuchando ni la mitad de lo que le decía.

- Cariño. – Mi padre me agarró del brazo suavemente para atraer mi atención. – Ven a saludar a Carlisle Cullen.

Le gruñí a mi padre en respuesta, pero aun así le seguí. No sé que tenía con los Cullen, pero su simpatía hacia ellos cada vez parecía más… ¡arg! Papá siempre tuvo cierta simpatía con los Cullen, jugaban a golf, salían a pescar, se reunían para jugar al póker… siempre habían mantenido una cierta… amistad entre ellos. Aunque he de añadir, que el casi cincuenta por ciento de los proyectos en los que mi compañía trabajaba, eran de Carlisle. Eso iba a cambiar dentro de poco, muy poco.

Y yo en cambio, tuve que aguantar a la estirada de su hija en la escuela. Gracias a Dios, no siguió mis pasos y me pude librar de ella en la universidad.

A pesar de que mis padres tuvieran una relación amistosa con ellos, yo no iba a detener mis movimientos. Cullen Inc. iba a ser mía, la empresa sería mía y ni mis padres, ni nadie iban a poder detenerme. Pero para empezar tenía que ir paso a paso, y empresa por empresa. Primero caerían los Vulturi y después ellos.

- Isabella – me saludó Carlisle con su típica de sonrisa de "yo soy un buen hombre".

- Cullen – susurré mirándolo fijamente.

- Buenas noches, Isabella – me saludó esta vez su mujer… Esme, creo recordar.

La saludé con un gesto de la cabeza y volví a centrarme en mi amiga, que por la cara entusiasta que estaba poniendo estaba segura de que King estaba en la sala.

- Ve – le animé empujándola por su espalda baja.

- ¿Estás segura? – Asentí. – Pero…

- Rose, ve – gruñí. – Yo estaré bien. – Le señalé a Masen con un gesto de la cabeza.

- Eres genial. – Sonrió abrazándome.

Le correspondí al abrazo.

- No todo el mundo piensa como tú – le dije cuando se separó.

- Eso es porque no dejas que te conozcan.

- Ni pienso. Ahora vete – le apremié.

Y así, me quedé sola con Masen vigilando mi culo, literalmente hablando, e ignorando a mis padres y a la familia Cullen, la cual no estaba al completo.

- Pequeña Swan, que alegría volver a coincidir contigo de nuevo esta noche. – Aro se plantó delante de mí.

- Piérdete – le dije entre dientes y me giré para ignorarlo.

- Eso es lo que quisieras. – Rió suavemente. – Pero tengo algo pendiente contigo y hasta que no lo resuelva… - Agarró mi brazo fuertemente. Me giré para asesinarlo con la mirada y traté de zafarme de su agarre.

- Suéltame – siseé con la mandíbula apretada.

- No me voy a ir de aquí hasta que… - Su rostro se crispó en una mueca de dolor.

Masen le tenía agarrado de la muñeca y de la mano con la que me estaba agarrando.

- Suéltela – su presencia cada vez se hacía más grande. – Ya – añadió.

Aro le miró con una sonrisa burlona en la cara y apretó más mi agarre segundos antes de que Masen apretara el suyo y la mano de Aro me soltara de inmediato.

- Ahora piérdete – rugió Masen.

La cara de Vulturi se volvió más helada de lo que ya era y tras una rápida mirada a mí y a mi acompañante, giró sobre sus talones y se marchó.

No fue su único intento de hablar conmigo esa misma noche. Comenzaba a cansarme y a enfadarme de verdad. Masen estaba casi en mi misma situación, su rostro parecía furioso. Al menos el hombre hacia bien su trabajo. Ignoré y olvidé el primer y segundo contacto que tuve con Vulturi esa noche, ya que antes de que Aro se presentara de nuevo delante de mí, él ya estaba espantándolo.

- Vámonos – le dije cuando vi que el Sr. Vulturi volvía al ataque.

Salimos de allí sin despedirnos de mis padres, ya les llamaría al día siguiente por la mañana para disculparme por ello. Caminé por los pasillos vacios, quería llegar a mi despacho y despejar mi mente antes de salir de allí para volver a casa. Estábamos llegando a los ascensores cuando vi por el rabillo del ojo como Masen se quitaba la chaqueta del traje y la corbata, y la tiraba a una de las papeleras que había a lo largo del pasillo. Después se sacó la camisa de los pantalones de manera casual.

Fruncí el ceño.

¿Qué coño hacia?

Pulsé el botón del ascensor y poco después sentí el brazo de Masen alrededor de mi cintura. Me giró y me aprisionó entre su cuerpo y la pared de al lado del ascensor. Su aroma llegó a mis fosas nasales. Olía a jabón de baño, a ropa limpia y a algo que no supe descifrar pero que olía deliciosamente bien.

Puse las manos en su pecho para apartarlo de mí, pero detuve mis movimientos cuando habló.

- Nos están siguiendo. – Apoyó sus manos en la pared, una a cada lado de mi cara y bajó su rostro hasta casi rozar el mío. – Una mujer rubia y un hombre que vinieron a los pocos minutos de que apareciese el Sr. Vulturi. Nos llevan siguiendo toda la noche. – Su aliento fresco chocó contra mi rostro, mis manos aun seguían en su pecho. El calor de su cuerpo empezaba a aturdirme así como él entero. Mi cabeza daba vueltas. – Será mejor que los distraigamos antes de subir, ellos cogerán primero el ascensor, ¿de acuerdo? – Asentí y mi corazón se desbocó cuando sus manos acunaron mi rostro.

La misma sensación de electricidad que me recorrió la mano cuando cogí la suya para salir del coche el primer día que me trajo hasta la oficina, se hizo presente en mi cara cuando su piel tocó la mía.

- No voy a hacerle nada, sólo vamos a fingir – me advirtió apoyando su frente en la mía. Asentí casi imperceptiblemente. – Ya vienen – anunció tapando nuestros rostros casi pegados con sus manos.

Era demasiado. No era capaz de hilar dos pensamientos seguidos. Era todo tan… frustrante. Nunca me había sentido así de… débil ante nadie. Puedo excusarme diciendo que me pilló por sorpresa y porque había estado bebiendo champán durante toda la noche, pero ni por esas me había sentido así nunca.

Era demasiado tentador tener sus labios tan cerca de los míos y no probarlo.

¡Céntrate!, me grité mentalmente.

Joder, llevaba tanto tiempo sin echar un maldito polvo…

Me removí nerviosa. Mi entrepierna estaba haciendo de las suyas sin mi consentimiento. ¡Joder! Mis hormonas ganaban a mi cabeza.

- No se mueva – susurró sin apartar la mirada de mí.

Y fue peor cuando lo miré a los ojos… a esos pozos verdes que parecían querer traspasarme.

- Inclina la cabeza como si me estuvieras besándome – murmuró aun más bajo.

Automáticamente obedecí.

Sentí la presencia de alguien a nuestro lado, traté de mirar de reojo pero las manos de Masen cubrían todo. Me sobresalté cuando las puertas del ascensor se abrieron.

- Buscaos un hotel – nos dijo una voz femenina.

- Cállate – le reprendió la voz del hombre.

Los ojos de Masen no habían abandonado mi rostro hasta que las puertas del ascensor se cerraron. Se apartó de mí lo que mis manos le permitieron, no me había dado cuenta de que había agarrado su camisa fuertemente.

Sentí un leve sonrojo aparecer en mi rostro. Deshice el agarre de su camisa y lo empujé. Necesitaba espacio para recuperar el control. Él no apartó la mirada de mí mientras iba andando de un lado a otro por el pasillo.

¡Joder!

Baja la puta temperatura del cuerpo. Estaba más cachonda que…

- ¿Se encuentra bien? – Detuve mis pasos y miré a Masen con los ojos entrecerrados.

No me molesté en contestarle. Comencé a andar de nuevo y a tratar de centrarme en lo que había pasado.

¡Mierda!

Nos habían seguido. Me paré en las puertas del ascensor y miré el marcador que había encima de la puerta. Marcaba el piso de mi despacho…

- Si me disculpa Srta. Swan. – Me giré hacía Masen. – Será mejor que nos movamos de aquí antes de que vuelvan a bajar. – Sí, yo también lo creo. – Su despacho – miró encima de mi cabeza, supongo que al marcador del ascensor, – no es seguro en estos momentos. Será mejor que…

- Vamos – le interrumpí y comencé a andar hacia el ascensor del servicio de limpieza.

¡Error!

Un puto error haberme metido en este diminuto espacio. Si me estaba costando centrarme en el amplio pasillo… esto era una puta tortura. Crucé mis piernas para tratar de aliviarme un poco.

¿Cuánto hacía que no me tiraba a nadie?

Esto era ridículo, joder.

Su olor aun llegaba a mis fosas nasales, esta vez más concentrado. ¡Qué bien olía el cabrón!

Llegamos al piso en el que mi jefe de seguridad tenía todo su equipo montado. Entré al despacho de Jacob seguida por Masen. Cerró la puerta y se giró para mirarme, sentí su mirada fija en mi nuca.

Mis hormonas seguían revolucionadas y mi entrepierna buscaba alivio… ¡ya! Dejé de pensar, me giré para enfrentarlo con la mirada determinada y lo solté.

- Fóllame.


Sí, sí, sí... soy una perra por dejar el capítulo ahí... pero, ¿por qué os sorprendéis? si ya sabéis cuanto me gusta haceros sufrir :D jijiji.

Bueno, espero que os haya gustado y que... bueno, no, paso de joderos el siguiente capítulo :P

Gracias por vuestros comentarios, alertas, favoritos y por leer; bienvenidas a las nuevas :)

Nos leemos el finde que viene.

Un abrazo!