DESPERTAR CARMESÍ

MONSTRUO

Disclaimer: Inuyasha y el resto de los personajes no me pertenecen, son de Rumiko Takahashi. Historia original realizada por Dialaba. Acoplando los personajes de la serie.

¡Advertencia!: Muerte de un personaje. (No apto para sensibles)

Cursiva: Pensamientos

Diálogos: -entre giones-

Letra normal (ni cursiva ni guiones): Narradora (ósea yo)


-¿Te encuentras mejor?-

-Si- La voz de Kagome sonaba áspera. Su piel aún se mantenía pálida y sus ojos eran opacos, aún no recuperaban el brillo que los caracterizaba. Estaba recargada sobre "ese" árbol, abrazando sus piernas, con la mirada perdida sin ver un lugar en concreto. Mi Haori descansaba sobre sus hombros y a pesar de estar sucio y cubierto de sangre servía para cubrir su semidesnudez.

No me sentía capaz de hablar. A pesar de no saber que le había hecho, era claro que debía disculparme pero no podía siquiera verla a la cara.

-Inuyasha… tu… ¿te encuentras bien?- su pregunta me tomo desprevenido y respondí sin siquiera pararme a pensar lo que decía.

-¡No seas tonta Kagome! estuviste a punto de morir por mi culpa ¿¡no te das cuenta!?- Me exalté por lo que decía, ¿Cómo podía preocuparse por mi después de todo? Por poco estuve a punto de perderla.

-Pero no ocurrió… Estoy bien. Ahora, todo está bien- Levantó su mirada decidida a verme y me regalo una ligera sonrisa. A pesar de la palidez de su piel y la resequedad de sus labios con sólo sonreír se le iluminaba el rostro. Así era Kagome.

Desee abrazarla, aferrarme a ella y no soltarla jamás. Desee arrodillarme ante ella y suplicarle que me perdonara por todo, por traerla a esta época tan peligrosa, por alejarla de su familia y por siempre dañarla de algún modo. En verdad deseaba sentir la calidez que su cuerpo me otorgaba, pero no debía. Sin embargo, mi cuerpo no siguió mis órdenes esta vez. Cuando me percaté de mi impulsiva falta ya me encontraba frente a ella aferrándola a mi pecho, abrazándola y hundiendo mi rostro entre sus cabellos azabaches para respirar su aroma que me volvía loco.

-Perdóname… perdóname por favor…-Susurre sin levantar mi rostro que se encontraba oculto entre el mar de cabellos oscuros de ella. Temiendo que me rechazara. Que me dijera que me odiaba y temía.

-Me alegra que estés de vuelta Inuyasha- Fue su respuesta al tiempo que respondía a mi abrazo y enredaba sus brazos en mi espalda. Era todo lo que necesitaba oír de su parte.

Permanecieron así por un largo tiempo hasta que Inuyasha en contra de su voluntad se separó de Kagome para darle un poco de espacio por su condición, aún estaba algo débil. Se sentó en cuclillas frente a ella y giro rápidamente su rostro en otra dirección fingiendo mirar algo. Se sentía avergonzado por su reciente actitud y sus mejillas se tiñeron de un rosado intenso, ahora con mayor razón se negaba a verla a los ojos.

-Inuyasha…- Me llamó para que la mirara. Me quedé quieto esperando a que continuará pero por supuesto no lo hizo. No hasta que yo volteara a verla. – Aún hay algo que no comprendo. ¿Cómo es que… aún sigo con vida? ¿Tú sabes que fue lo que me ocurrió?- Dijo esto mientras tocaba el lugar donde antes estaba esa enorme herida.

-Creo que fue ese collar que llevas puesto.- Ella dirigió su mano a su cuello para tomar las perlas de este.

FLASH BACK

Mi visión era borrosa, parpadee un par de veces hasta distinguir lo que veía y la así la vi. Kagome se encontraba desplomada en el suelo a mis pies, sin moverse, llena de sangre, magulladuras, heridas en sus brazos y un agujero enorme en su abdomen. El olor de su sangre inundaba todo el lugar al igual que el miedo. Observe mis manos y pude verlas cubiertas de sangre, su sangre. No sabía que ocurría, era como si acabara de despertar de un sueño -una pesadilla-. Sólo tenía claro una cosa. Yo la había lastimado. Su piel estaba muy pálida y no podía oír su respirar ni el latido de su corazón, era como si... como si ella... estuviera muerta.

Y entonces un enorme miedo me invadió. ¿Qué había hecho? Me acerqué a ella, trate de tocarla pero no me atreví. Ver mis garras cubiertas de su sangre me causaba nauseas. Entonces me quite el Haori para cubrir su torso descubierto, me arme de valor al tiempo que la acunaba en mis brazos.

-Kagome…-

Nada.

-Kagome por favor despierta…-

Silencio.

-¡Kagome, abre los ojos!- La desesperación estaba nublando mi pensamiento. ¿Qué podía hacer para salvarla? La sangre seguía emanando libremente de su herida y su pulso era tan débil que parecía que en cualquier momento se detendría.

-¡KAGOME NO ME DEJES!- Grite mientras aferraba su cuerpo a mi, lo abrazaba con fuerza y no podía detener las lágrimas que me nublaban la visión. Esta vez la había perdido para siempre.

A los segundos pude escuchar un sonido dentro de su cuerpo. Sabía que no era su corazón pues ese, acaba de detenerse hace unos minutos, su pulso había detenido su marcha dejando claro el final de su vida. Ese ruido era más como una vibración dentro de ella. Pero no sabía que era. Levante el rostro para verla entre mis brazos con la piel blanca, los ojos cerrados y esa expresión tan apacible.

Noté como ese collar que llevaba colgado comenzó a brillar poco a poco con más intensidad, era el causante de ese sonido tan extraño. Conforme el brillo y el sonido aumentaban veía como la herida de Kagome paulatinamente se curaba hasta desaparecer por completo, como si nunca hubiera existido. Hasta que lo oí. Su corazón latía nuevamente. Al inicio de manera débil pero después más fuerte como antes. Su ritmo volvió a la normalidad.

-Inu…yasha- Susurraron sus labios aún sin abrir los ojos. Kagome había vuelto a la vida. Un suspiro de alivio salió de mi boca.

No tenía claro que había ocurrido pero daba gracias porque ella estuviese bien. La mantuve entre mis brazos hasta que ella reaccionó, en ese momento la deposite en el suelo apoyando su espalda en el tronco del árbol para que pudiera despertar tranquilamente. Alejada de mi.

FIN DE FLASH BACK

-Ahora que lo recuerdo, aún inconsciente seguía luchando por abrir los ojos. Deseaba volver para saber si estabas bien Inuyasha. Más nunca imaginé que el collar me ayudaría y funcionaria de esa manera. Es realmente sorprendente la fuerza del ajna.-

-¿A que te refieres con eso?- Pregunto curioso Inuyasha

-Una sacerdotisa me ayudó a dar con tu paradero mostrándome una técnica increíblemente poderosa y me obsequió este collar para mi protección, claro que no creí que tendría tanto poder. Debo ir a darle las gracias nuevamente por toda su ayuda, después de todo, de no ser por ella ahora estaría muerta-

-Por mi culpa…-

-No Inuyasha, no fue tu culpa. He sido yo quien quise venir a buscarte aún sabiendo los riesgos. Sólo quería que estuvieras a salvo.- Inuyasha parecía sorprendido de las palabras de Kagome y sobretodo de su nobleza.

-Donde están Sango y Miroku? ¿Porque ellos no están contigo?- Dijo cayendo en cuenta de la falta de sus amigos. ¿Por qué dejarían que Kagome se aventurara sola?

-Ellos… están en la aldea.-

-Fui yo ¿no?- Dijo apretando los puños. -Yo los herí-

-Ellos estarán bien Inuyasha. Ahora estarán bien.-

-¿Cómo es que aún puedes seguir hablándome siquiera? Deberías sentir asco por mi, por mi apariencia, por mi naturaleza y lo que represento. Estuve a punto de matarlos, a todos ustedes y ahora estás aquí como si nada, preocupada por mi.- Terminó de cerrar sus puños con toda la fuerza que pudo haciendo así que sus garras le perforarán la piel.

-Inuyasha basta, ya no por favor. Ya no más dolor.- Kagome tomo sus manos tratando de evitar el daño. -Deja ya de culparte, esto no ha sido culpa tuya.-

-¿Cómo estás tan segura? Por más que trato no recuerdo nada, no tengo claro cuál fue mi último recuerdo...- Dijo mientras relajaba un poco la tensión de sus garras y entonces la sangre salió como pequeñas gotas de entre sus palmas mezclándose con los restos de la sangre de Kagome.

-Tú no serías capaz de hacernos daño. Esto es algo más allá de ti-

-No Kagome, te equivocas. Esto es lo que soy, un monstruo. Mírame bien. Mirame…- Dejó de hablar, mientras mantenía la mirada fija en sus manos. Llenas de sangre.

-Inuyasha. Tú no eres así. Tú siempre nos has protegido. Lo que ocurrió esta vez no fue algo que tú buscaras.- Lo llamó Kagome para que la mirara- Yo siempre confiaré en ti- El desconcierto se mostró en los ojos de Inuyasha. No podía creer que existiera alguien como Kagome. El hombre que la tuviera como compañera sería muy afortunado. Pensó con cierto recelo al saber que el no podría ser.

-Dices que una persona te mostró donde me encontraba, ¿Como es que lo sabía?-

-Gracias a la técnica que ella utiliza puede ver a través de los ojos de la naturaleza. En realidad es algo mucho más complejo que eso, es como si pudiera conectarse con el mundo.-

-Entonces vayamos a verla. Necesito saber que fue lo que me ocurrió.- Dijo Inuyasha con mirada decidida.

-Eh… no sé si sea necesario. Eso ya no importa Inuyasha. Ahora todo está bien.- Kagome no podía ocultar su nerviosismo, trató de actuar como si lo que decía fuera cualquier cosa, claro que para Inuyasha su olor la delataba, su indecisión emanaba de sus poros como antes lo hizo el miedo.

-¿Tú sabes que me ocurrió?- Preguntó sorprendido. No esperaba que ella estuviera enterada.

-Si… y es por eso que te digo que no es importante.- Me ponía más y más nerviosa a cada momento que esa conversación avanzaba. No quería verme aún más involucrada en ese lío, sería muy bochornoso tener que explicarle a Inuyasha que yo vi su último encuentro con Kikyo, la manera en que la abrazo y la beso para que después ella lo manipulara. Contarle que la mujer que el ama lo utilizo como una marioneta; explicar que a causa de ello Kaede sama estaba muerta y nuestros amigos casi mueren por su causa. Ni hablar… yo no le contaría eso. No me atrevería.

-Dímelo entonces- Dijo mirándome, pidiéndome con la mirada que le explicará todo aquello que el no entendía de esa situación.

-No puedo… es algo complicado de contar Inuyasha- Desvíe mi mirada evitando a toda costa que el me viera. Sólo tenía que hacerlo entender que ese asunto ya era cosa del pasado, hacer que olvidara ese incidente. -Deberíamos dejarlo ya, a pesar de que sepas que fue lo que ocurrió no cambiará en nada las cosas, así que no me pidas que te lo cuente.-

- Llévame con ella, con esa persona; quiero verlo con mis propios ojos.- Esas palabras iban en contra de todo lo que planee que me dijera, al parecer solo lo había alentado a visitar a shizuka sama.

-Pero Inuyasha…- Dije con voz de súplica.

-Por favor Kagome. Necesito entender, no voy a estar tranquilo hasta saber que fue lo que hice y el porque. Y aún si tú te niegas a acompañarme yo mismo encontraré a esa Miko, no pienso volver a la aldea hasta conocer a esa mujer- Era innegable lo reacio que podía llegar a ser Inuyasha, era parte de su personalidad y claro que yo no podía ir en contra de el, no en esta ocasión. La idea de que se enterara de lo ocurrido no me entusiasmaba mucho, pero si yo estuviese en su posición pediría lo mismo, saber que fue lo que me pasó.

-Está bien- Dije sin mucho ánimo, por la manera en que me veía sabía que no importara cuánto insistiera, el lo haría mejor. - Será mejor que partamos mañana dado que ya ha anochecido. Por ahora debería…- Entonces me di cuenta y fue como si un chorro de agua helada cayera sobre mi. Kirara estaba gravemente herida.

-¿Qué te ocurre Kagome?- Estaba segura que mi cara podía reflejar mi horror pues aún sin decir nada Inuyasha lo noto.

-Kirara también está herida. Tengo que ir a ayudarla.- Dije esto mientras hacía un esfuerzo por levantarme del suelo pero un mareo intenso fue lo que obtuve por mi acción tan precipitada. Regresé a mi posición inicial y acomode el Haori de Inuyasha para cubrirme mejor.

-Quédate aquí, yo iré por ella y la traeré para que puedas curarla. No debes esforzarte tanto, tú también estás débil.- Inuyasha se levantó y giró una vez más a verme. -¿En donde está?- Me sorprendió que el me preguntara, con su olfato podría encontrarla, pero luego pensé qué tal vez no encontraba ningún otro aroma que no fuera el de mi sangre. Algo que seguramente no era de su agrado.

Señale en dirección a un mar de árboles que ahora estaban matizados de colores grises y negros por la obscuridad de la noche. -Por ahí.- Inuyasha se dirigió en la dirección que indique y cuando desapareció de mi campo de visión me apresuré a levantar los fragmentos de shikon que alguna vez estuvieron en su cuerpo. No recordaba en qué momento terminaron ahí pero lo más probable era que al ser purificados tanto su cuerpo como la espada los expulsaron pues si no terminaría por purificarlos a ellos también. No quería que Inuyasha los viera así que los oculte entre mi ropa.

Desee con todas mis fuerzas que Kirara se mantuviera con vida, con todo lo ocurrido había olvidado a la pequeña. Si ella moría sería por mi culpa, por obligarla a venir aún cuando estaba herida. Ella era lo único que le quedaba a Sango, ella y su hermano.

-Por favor, que esté a salvo- Rogué a los dioses

-Kagome…- Su voz sonaba sepulcralmente seria. En el momento en que lo mire vi el dolor que reflejaban sus ojos. Traía a Kirara en sus brazos. Sentí un alivio al ver que su respiración se mantenía, débil pero aún estaba con vida. Me levante, esta vez con más calma apoyándome en el tronco y camine hasta el para tomar a Kirara.

-Ella va a estar bien, Inuyasha- Le dije con seguridad. Era fuerte y sabría reponerse.

Me dirigí una vez más al árbol en el que estaba recostada y me agaché para tomar mi mochila -o lo que quedaba de ella- la abrí y saque un par de vendas y lo necesario para hacer una curación. Había dejado la mayoría de cosas y medicinas en la aldea pero tome sólo un poco para mí por si era necesario. Saque una botella de agua vacía.

-Podrías traerme un poco de agua Inuyasha- El parecía estar inmerso en sus pensamientos, como si su mente divagara entre sus recuerdos. Ni siquiera me escuchaba. -¿Inuyasha?-

-ah si…- Tomó la botella casi en automático y se dirigió a la cascada.

Recosté a Kirara en el suelo mientras comenzaba a limpiar la herida.

-Estarás bien Kirara, eres muy valiente.-

Entendía que Inuyasha se encontraba desorientado y aturdido por lo qué pasó. El no recordaba nada pero verlo así me oprimía el corazón.


Camine hasta el lago para hundir el recipiente en el agua. Todo lo que sucedía me parecía irreal. Sabía que era un demonio y que involucrarme con humanos no traería nada bueno. Yo no pertenecía a ningún lugar y estas eran las consecuencias.

Gracias a la luz de la luna mire mi reflejo y una sensación de asco y terror me invadió. Mi aspecto era deplorable. Mi rostro estaba cubierto de gotas sangre al igual que mi camisa por manchas grandes y mis manos tenían un color marrón por los restos que las bañaba. Todo mi cuerpo se encontraba repleto de sangre haciéndome saber que algo terrible había hecho. Me metí al río y me puse debajo de la cascada para lavar mi cuerpo de ese olor. Talle mis manos para deshacerme de todos los restos, las seguí frotando por un largo tiempo.

Después de todo, realmente era un monstruo despreciable.


¡Holaaaaaaaaaa! Cuantas lunas sin pasarme por acá. Estoy feliiiiiiiz. Hoy fue mi primer día de vacaciones, y les juro que nunca había esperado y disfrutado tanto un descanso como este. La universidad me tenía molida, si alguno de ustedes desea estudiar medicina "¡advertencia, piénsenlo dos veces!" Es una carrera apasionante pero es muy absorbente. En fin… espero que el capítulo sea de su agrado, lamento la demora pero no me salía la inspiración y el tiempo no me rendía. En este tiempo libre estaré actualizando, lo prometo.

Déjenme sus comentarios que para mí son el mejor pago, cada uno me hace sonreír. Pásense muy bien estas fechas y disfrútenlo mucho, cada día es único e irremplazable, tal vez ahora no lo entendamos pero no esperen a que sea demasiado tarde.

Me despido, por ahora. Dialaba.