IV: El peso de la corona
No recordaba exactamente cuando había logrado volver a conciliar el sueño, pero resultaba evidente que lo había hecho, cuando finalmente despegó sus párpados con pesadez, vislumbrando la habitación borrosa ante la clara luz que irrumpía por la ventana. Elsa contuvo un gemido de dolor, acusando un profundo malestar tanto en su nuca como en los hombros debido a la postura incómoda en la que se había mantenido durante toda la noche, temerosa de cualquier acto traicionero del que ahora era su esposo.
La reina se llevó una mano a la frente para masajearla. Aún le costaba asimilar ese concepto que tantas cosas conllevaba, pero se aseguró a sí misma que no incluía en el sentimiento alguno, pues a fin de cuentas, como la mayoría de los casamientos concertados, este conllevaba su buena dosis de política. Hizo un movimiento circular con los hombros para liberar la tensión acumulada, temiendo tener que estar en guardia a partir de entonces con tal de eludir algo que auguraba inevitable. Las palabras de Hans daban vueltas en su cabeza como una amenaza, y ante ello la joven no podía hacer otra cosa que sentir el pavor extremo que le ocasionaba imaginar hasta que punto pretendiese llegar. Elsa jamás había mantenido un contacto tan íntimo con nadie, básicamente por la peligrosidad que conllevaban sus poderes, pero también tenía mucho que ver con su carácter tímido y retraído. La sola idea arrancaba de sus mejillas un rubor de vergüenza, pánico y furia, al saber que ya no era tan intocable como lo había pretendido siempre.
Desde su ascenso a la corona de Arendelle, había hecho demasiadas cosas mal, pero aceptar la proposición era la decisión más estúpida e imprudente de las que había tomado hasta ahora.
Por un momento, temió hallarlo a su lado, no obstante descubrió que la plenitud de la cama seguían perteneciéndole. No contenta con ello, lo buscó con la mirada, anhelando no verle, cuando su torso recostado contra el escritorio apareció en su campo de visión. Con torpeza, la reina apartó las sábanas y dejó caer las piernas a un lado de la cama, pensando tontamente en lo indecoroso de tener un hombre en sus aposentos. Meneó la cabeza con pesadumbre, y se apresuró a colocarse una bata que diese un poco más de recato a su camisón, acercándose con cautela.
Aún seguía portando las ropas de la noche anterior, algo arrugadas, y la corona reposaba a un lado de la cómoda, encima de un fajo de papeles. Su cabeza descansaba sobre sus brazos, y en las manos aún agarraba un pergamino; por lo que pudo ver se trataba de algún tipo de balance sobre los desperfectos ocasionados durante la gran helada. La vela de sebo que portaba el candelabro no era ahora más que una bola de cera derretida, el indicativo inconfundible de que el nuevo rey se había pasado toda la noche ocupado, así como las manchas de tinta sobre una hoja con información a medio escribir en ella. Elsa notó un pinchazo de remordimiento, consciente de que él no mentía cuando afirmaba haberse hecho cargo del reino, y se sintió una monarca mediocre y patética a su lado. Ella poseía conocimientos económicos y diplomáticos de sobra para haber podido llevar diligentemente el reino, pero le había faltado voluntad y aplomo suficiente para mantener su secreto y no huir a la mínima de cambio, ¿Quién querría a una reina tan cobarde?
Sus ojos azules volaron de los múltiples documentos hacia el rostro de Hans y el constante movimiento de su pecho, acompasado en una respiración tranquila. Estaba dormido, y por raro que pudiese llegar a parecer, parecía casi inofensivo. Elsa torció el gesto contrariada, y apartó rápidamente la mirada cuando consideró que sus ojos se habían detenido demasiado tiempo en la efigie de rey. Lo que en un principio había creído que se trataría de una alianza, no había resultado ser más que una bonita jaula de oro en la que nuevamente se veía atrapada, viéndose más aislada que antes en la compañía de un desconocido, que para colmo de males había invadido de forma inexorable su espacio vital.
Tomó aire y lo soltó con deliberada lentitud, algo molesta e incómoda. Normalmente tenía por costumbre tomar el desayuno en sus aposentos, pero el hecho de haber perdido su privacidad exclusiva le hacía replantearse determinadas situaciones… Nunca había salido al pasillo porque evitaba a Anna, y lamentablemente, ahora ya no podía siquiera anhelar sus toques contra la puerta.
No estaba acostumbrada a que tanta luz entrase por la ventana, pero sin embargo lo que para cualquier otra persona habría resultado cotidiano, para ella era toda una novedad. Se sentaba a la cabecera de una mesa tan amplia como desértica, rodeada de un selecto desayuno preparado para la ocasión, mientras la habitual comitiva de criadas la observaba con suma atención. Tomó con cuidado un panecillo y empezó a huntar mermelada de frutas del bosque con aire ausente, cuidándose de no mancharse siquiera la servilleta que permanecía en su regazo. Parecía mentira que su único momento de reflexión fuera a obtenerlo en un sitio que presumiblemente debía hallarse concurrido, y que por el contrario, aunque pareciese una paradoja, estaba completamente vacío.
¿Para qué querían ese tipo de salones si las celebraciones eran escasas? Ese pensamiento era tan propio de su hermana, que desvió la mirada a la taza de chocolate caliente que sujetaba con sus dedos, en cuyo contenido se dibujaban hondas que difuminaban su rostro reflejado. Sopló para enfriarlo, pues carecía de poderes que pudiesen facilitar el trabajo, y suspiró con pesadumbre.
Oh, Anna. Casi estaba segura de que su propia imagen acababa de aparecer en el chocolate, mirándola con gesto alegre. Una sonrisa melancólica afloró en sus labios finos, pensando que la locura empezaba a hacer mella en ella, cuando una voz la abstrajo.
-¡Hola!-Elsa dejó caer la taza abruptamente al ver como la Anna que observaba en la taza movía los labios, y el chocolate caliente abrasó la delicada piel de sus dedos, obligándola a llevarselos a los labios y conteniendo un gemido de dolor-¡Disculpa! No era mi intención asustarte.
Giró sobre su propio asiento, pálida como un espectro, pero la ansiedad y la efímera felicidad desaparecieron cuando pudo observar con mayor detenimiento el rostro de la chica que se hallaba tras ella, dejando el eco sordo de la decepción retumbando en su pecho. No era Anna, aunque le hubiese gustado creer que si. Su cabello, cortado de forma desigual, no tenía nada que ver con su salvaje melena pelirroja, y sus ojos parecían desmesuradamente grandes en comparación. Ni siquiera tenían un mismo perfil, a pesar de haber algo en ella que le resultaba familiar.
La joven hizo una reverencia, y acto seguido dio un codazo a un hombre apuesto que se hallaba a su lado, para que la imitase.
-Llevo mucho tiempo queriendo contactarte-Aunque el hecho de que la tutease le resultó algo chocante, Elsa no hizo ningún comentario a respecto, y se limitó a dedicarle un asentimiento de cabeza a modo de saludo-¡Todo esto ha sido una locura!-Canturreó alegremente-Llegamos hace un mes a Arendelle-Informó, revelando que su fecha de visita se remontaba a su coronación. Su fatídica coronación-Y me fue imposible poder encontrar un rato para que pudiesemos hablar a solas. Después vino la nieve y nos quedamos aquí atrapados-Sonrió, pero esta vez un carraspeo de su acompañante la hizo modular la expresión a una más inocente, casi cohibida-Por supuesto, no pretendía perderme tu boda ni nada por el estilo.
-Disculpa-La interrumpió Elsa, arrugando el ceño ante semejante verborrea. Definitivamente sí le recordaba a su hermana, por el simple hecho de hablar por los codos como una cotorra, hecho que encontró nostálgicamente triste-¿Quién sois?
La chica se golpeó la frente con la palma de la mano.
-¡Tonta de mi! ¿No me he presentado?-El muchacho entornó los ojos-Mi nombre es Rapunzel de Corona.
Conocía ese nombre, por supuesto. Como miembro de la realeza que era, entre sus obligaciones previas a la coronación se hallaban un conocimiento exhaustivo de la heráldica y lineas sucesorias de los reinos vecinos, a fín de establecer mejores conocimientos y relaciones diplomáticas. Daba la casualidad de que la casa real de Corona estaba emparentada con la de Arendelle por línea paterna, siendo el rey Agthar hermano de la monarca de dicho reino. Eso convertía a la vivaracha chiquilla en su prima… Extraño concepto. Elsa siempre había sabido que existía, pero su mundo era demasiado pequeño como para contemplar tales expectativas, pues por muchos años se había considerado desaparecida a la muchacha… Hasta que la noticia de su boda hizo que sus padres preparasen el viaje hacia el sur, y después nunca más volvieron. Suspiró apesadumbrada, pensando en lo irónico del asunto.
-Encantada de conoceros…-Titubeó tímidamente.
-Lamento decepcionaros, pero en lo personal no estoy de acuerdo con semejantes condiciones-Atajó Hans con calma, a pesar de que sus puños se crispaban bajo la mesa. No había nada en su rostro que pudiese denotar la más mínima alteración. El estaba por encima de ello, años de práctica respaldaban su porte distinguido y soberbio.
-Eso es irrelevante, hermano-Le contestó el rey Klaus con una sonrisa sardónica que afloraba bajo la tupida barba oscura.
-En ese caso debo entender que se trata de una imposición por vuestra parte-Caviló, fingiendo pensar en el asunto. Imitó el gesto del rey de las Islas del Sur, pero como contrapartida compuso una mueca dócil y gentil-Por lo que me veo en la obligación de rechazarla.
-¿Seguro? Parece ser que no sois consciente de que…
-Es curioso-Lo interrumpió con brusquedad el joven rey, mientras se apartaba de la mesa con elegancia, y caminó por su propia habitación-como cambian las cosas, ¿No creéis? Hace quince años la misma persona a la que dirigís vuestras imposiciones apenas si era un mocoso al que debieras tener en cuenta. Si no me falla la memoria-Ironizó-vos mismo fingisteis que no existía por dos años enteros, así, sin más. Y mirad ahora-Apoyó sus manos sobre el quicio de la ventana, observando toda la grandeza de Arendelle. Se apartó de esta como si le resultase costoso hacerlo, y con las manos tras la espalda volvió a fijar su atención en su hermano-no os queda más remedio que dirigiros a él como a un igual-Sonrió, pero esta vez fue un gesto sincero a la par que desafiante, mostrando una posición inflexible y altanera. Nunca había tenido unas tierras que llamar suyas propias, relegado a un plano nimio y tan insignificante que la sombra de sus doce hermanos mayores le impedía abandonar bajo ningún concepto. Antes no había sido más que "el hermano de", como si careciese de un nombre. Ni siquiera había llegado a ser considerado una simple reserva, él no era más que una aberración a causa de sus poderes, una mancha imborrable en la noble estirpe de la Casa Westergard... Pero ahora las tornas habían cambiado, y la maña había demostrado ser mejor que la fuerza.
-Seguís siendo tan inexperto como vuestra esposa-Respondió el sin dejarse amedrentar-A fin de cuentas vuestro título no es más que adquirido por un matrimonio. Será divertido ver cuanto duráis al mando de este pequeño enclave en la montaña.
-Este pequeño enclave en la montaña, como vos lo llamáis, es mi nuevo hogar, y os agradecería que empleaseis un tono más respetuoso. Inexperto o no, ahora soy yo quien gobierna estas tierras-Le respondió diplomáticamente, sin perder la autoridad intrínseca en su nuevo rango.
-Ya… Por supuesto. Un descuido por mi parte, sólo es eso-Klaus juntó las palmas de las manos, pensativo-Permitidme entonces elogiar vuestro buen gusto para adornar el cuello de la reina.
-Es sólo una baratija-Respondió sin darle mayor importancia, a pesar de saber que la tenía. Su hermano se estaba adentrando en un terreno peligroso, indagando más de la cuenta, y Hans sabía de sobra por donde iban a ir sus deroteros. Resultaba evidente que sabía más de la cuenta, y eso en raras ocasiones podía significar nada bueno en manos del rey de las Islas del Sur, demasiado pagado de sí mismo. Eso explicaba el porqué de su postura exigente, pero la predisposición natural del menor de los Westergard, le impedía ceder al chantaje.
-He oído que Arendelle ha pasado por momentos difíciles durante el último mes-Prosiguió-pero no sabría decir a ciencia cierta que es lo que más me ha impactado.
-En ese caso también habréis oído que este joven sin experiencia es el que ha evitado que cayese en la ruina-Alzó una deja fina y cobriza, para desviar la atención. Empezaba a irritarle más de la cuenta la presencia de su hermano.
-Si, así como también que la reina Elsa era una bruja y condenó a todos los habitantes. Decidme, hermano, ¿No os parece una casualidad de lo más hilarante?
-En absoluto-Lo contradijo con sequedad-Pero yo de vos me cuidaría de verter semejantes calumnias sobre mi esposa en mi presencia-Y se apresuró a agregar con aplomo-Y sobre mi techo-Aquel no era un insulto sobre Elsa, de haberlo sido tal vez sólo se habría molestado en rebatirlo por su arraigada instrucción en el protocolo real, que lo impelaría a defender el honor de una dama sin necesidad de haber aprecio o siquiera afecto por ella. Porque no lo había, claro está. La belleza era un don que ella no había pasado por alto, pero no dejaba de ser su títere… No, el motivo del enfado de Hans radicaba en que eso era un ataque contra su propia persona-Hoy en día las malas lenguas gustan de calumniar únicamente por la perversión de hacerlo, distorsionando la verdad hasta hacerla ver más horrible y pendenciera. La reina Elsa-Prosiguió, ciñéndose a la versión oficial qué el mismo se había encargado de idear-era víctima de una maldición. Yo, por mi parte, me limité a cumplir el papel de buen caballero, y la liberé de semejante castigo.
- Sois un poco mayorcito para creer en cuentos de hadas, ¿No os parece?-Le replicó este-Cualquiera diría que vuestra educación deja mucho que desear, si no fuese porque compartimos los mismos profesores a lo largo de nuestra infancia. Tal vez Maese Olsen empezaba a verse afectado en sus últimos años y no hizo tan bien trabajo… Cambiando de tema, es evidente que la necedad os ciega. Os sugiero que penséis en mi propuesta y no toméis la imprudente decisión de creer que contéis con mejores ofertas.
-Imposición-Lo corrigió-En ese caso creo que esta charla carece de sentido-Hans alargó la mano con elegancia, describiendo un semicirculo a medida que señalaba hacia la puerta de salida, invitándolo descaradamente a marcharse.
-Gustáis de tentar a la suerte, y no haríais mal en no olvidar vuestra posición-Atajó el mayor con dureza-A fin de cuentas, no habéis cambiado ni un ápice.
-Ya lo creo que si, hermano-Sentenció el fríamente, empleando un tono tan afilado como la hoja de una daga de doble filo-Sois vos el que no habéis cambiado. Seguís siendo el mismo monarca arrogante y soberbio de siempre.
-Habrá represalias-Lo amenazó-Lamentarás haberte pretendido situar por encima de tus posibilidades.
-En ese caso aguardaré paciente, hasta entonces-Hizo un gesto con la barbilla, de nuevo mirando hacia la puerta-Si veis que os resulta difícil abandonar el palacio, podría encargarme de que algún sirviente os ayude a encontrar la salida.
Klaus apretó los labios hasta componer una fine línea tirante bajo su barba, y se dio la vuelta airadamente, en dirección a la salida sin mediar una palabra más. Ya había manifestado sus amenazas y no veía necesidad de recrearse en ellas, como si la sola advertencia tuviese que ser suficiente para su hermano pequeño.
Pero aunque Hans no reflejase nada en su anguloso rostro, la crispación bullía en su interior como una oleada abrasadora que lo recorría de pies a cabeza. Un picor incómodo en su nuca le indicaba que su control pendía de un hilo a causa de la confrontación, consciente de que nunca estaría libre de la amenaza de verse subyugado por otros, pues la sombra de la familia planeaba sobre el como un augurio. No pensaba consentirlo, no estaría de nuevo a la sombra de nadie más que a la suya propia. El era el rey ahora. Tampoco dejaría que su autocontrol se tambalease, después de tantísimos años de esfuerzo para evitar que, lo que para los demás era una herejía, le costase la vida. Porque el no era como Elsa, el era un actor consumado, un manipulador nato, y nadie iba a arrebatarle lo que había conseguido con su esfuerzo. No en vano también se había escondido por años, perfeccionándose en la mentira pero también desarrollando su intelecto político.
Porque las apariencias lo eran todo, ahora y siempre, y de eso Hans era un verdadero maestro en el tema.
Respiró hondo, calmando el volcán, y se inclinó sobre el escritorio que había en el otro extremo de la habitación, revisando los distintos papeles que cubrían la superficie barnizada en un intento por evadirse y centrar su atención en otra cosa, antes de que su cabeza tuviese a bien estallar. Pero los tratados comerciales y los informes recientes no lograban abstraerlo. La puerta del despacho se abrió de nuevo, y supuso que Klaus había regresado para seguir con su duelo verbal.
-¿Os habéis dejado el orgullo sobre la mesa?-Inquirió sin levantar la vista del escritorio, apoyado sobre este con ambas manos. No hubo respuesta. Se giró con brusquedad para encararlo, y su semblante cambió de la máscara de falsa serenidad al asombro, observando que el lugar de Klaus lo ocupaba Elsa. Lucía sobre su nuca un sobrio recogido, tanto como lo era su vestido de corte elegante, azul como sus ojos y con bordados en púrpura y verde, mostrándo el aspecto estricto del que había hecho gala antes de la coronación… Y que nada tenía que ver con el traje de escarcha que había escondido su cuerpo allá en la montaña. Era curioso ver como la insinuación había sido un arma poderosa en ese momento, y ella ni siquiera se había percatado. Ahora, más que una reina, parecía una institutriz amargada. Si tan sólo sonriese más… Pero Hans no estaba allí para hacerla sonreír, ellos simplemente eran los actores principales de un espectáculo, y más le valía ceñirse a su papel.
-Disculpadme. Os he confundido con otra persona.
Ella arrugó el ceño en una mueca avinagrada, pero no hizo ningún comentario al respecto, acortando con recato y cautela las distancias hasta que consideró que el espacio entre ambos era lo suficientemente prudente, como para mantener una conversación.
-Me gustaría hablar con vos-Comenzó a decir, tras carraspear, intentando mantener el contacto visual con él. Le resultaba imposible, y terminó bajándola hacia sus manos. Tan insegura y tímida como siempre.
-Y a mi-Replicó el. En realidad, era lo último que le apetecía en ese momento. Tal vez podría disuadir a Elsa con algún tema incómodo y así podría gozar de un poco de soledad, algo que no sería muy difícil pues estaba claro que ella rehuía su compañía y muy posiblemente lo detestaba, todo lo contrario que la hermanita menor. Y aunque el enigma resultaba atrayente, no tenía la cabeza para desvanársela en intentar congraciarse con Elsa, la inaccesible. Necesitaba calma y ella no podía dársela-Pero lamentablemente dudo que hayáis venido a retomar la conversación de ayer, ya que intuyo no era de vuestro agrado-Como había esperado, su comentario la escandalizó, y a pesar de su talante inmutable no fue capaz de esconder el rubor que teñía sus pálidas mejillas, en un claro reflejo de la ira que despertaban sus insinuaciones. En circunstancias normales le divertiría sacarla de quicio, pero ahora sólo quería que lo dejase tranquilo, y recurriría a cualquier método ofensivo para lograrlo.
-He estado conversando con… Bueno, no importa-Dijo, ignorándolo mientras alzaba el mentón dignamente, pasando por alto su descaro-Es mi deseo que se reanude la búsqueda de Anna-Parecía que decir su nombre le costase.
-Ya os dije que vuestra hermana…-Empezó, como si le hablase a una niña pequeña.
-No-Lo cortó-No lo digas-Pobre ilusa-Sé que es lo que me dijisteis pero…-Se llevó un dedo a la barbilla como si eligiese sus palabras. Resultaba obvio que prefería evitar el tema de sus progenitores, perdidos en algún lugar del océano. Ya era demasiado traumático tener que llorarle a unas rocas que jamás había visitado, como para dar por perdida a la única amiga que alguna vez llegó a tener.
-No hubo resultados la ultima vez ni los habrá ahora-Replicó conciliador, aunque perdiendo la paciencia.
-Insisto, no descansaré hasta que...
-Querida-Comenzó, haciendo especial énfasis en la palabra, deleitándose perversamente con la consternación que tal expresión despertaba en la reina de Arendelle-Elsa, ya lo hemos discutido con anterioridad y no estoy dispuesto a enviar a mis hombres a una misión abocada al fracaso, mientras pueden emplear su tiempo en tareas de mayor interés para el reino. Además, no es el momento ni el lugar de…
-¿Y cuando es el momento?-Espetó, demostrando que la terquedad no era sólo un rasgo característico de Anna, sino que venía intrínseca en la sangre de las mujeres de la realeza de Arendelle-Ya tenéis lo que queríais, ¿Acaso no tengo yo opción de satisfacer mis deseos? No estoy pidiendo nada del otro mundo-Prosiguió, luchando contra su propia voz, que lentamente se quebraba-Quiero despedirme de ella por última vez. Sólo así…-Sólo así se sentiría en paz consigo misma.
Pero las sensiblerías familiares nunca habían sido el fuerte de Hans, demasiado relegado e ignorado como para pensar que pudiese llegar a sentir aprecio por ninguno de sus hermanos mayores. No sería la primera vez que pensase que Elsa era una auténtica farsante, y que con eso sólo pretendía mitigar una culpabilidad que no desaparecería por mucho que la enmascarase. Tal vez, y sólo tal vez, no eran tan distintos como pudiese llegar a parecer. Pero eso no significaba que fuese a convertirse en un esclavo de sus caprichos, no cuando era suya la posición dominante. La vocecilla de la reina en su cabeza no hacía más que turbar sus sentidos, mezclándose en un cúmulo estresante con las palabras de Klaus. Sin saberlo, ella estaba dejando caer la gota que colmaba el vaso de su paciencia.
-¡Ya basta!-Cerró el puño y golpeó la mesa con violencia, dejando caer el tintero, cuyo contenido empezó a extenderse por el papeleo rápidamente, estropeándolo con la mancha oscura que se colaba dentro de las fibras de la celulosa. Pero lo peor de todo no era eso… El olor a chamusquina se percibió en el ambiente, y Hans pudo comprobar como la parte del guante que revestía el dorso de su mano se había carbonizado, junto con parte de los pergaminos que habían bajo este, dejando una marca a fuego en la madera. Por suerte, ella estaba tras él, manteniendo las distancias de forma prudente como siempre, por lo que no había podido percatarse de lo sucedido. El rey se recompuso, tomando una de las velas que se habían caído con el golpe, como si esta hubiese sido la causante del calor, y la recolocó en su sitio-Márchate-Ordenó sin tapujos.
-Pero…-Quiso protestar ella, tratando de no dejarse amedrentar por el.
-Márchate-Repitió él-Ahora mismo.
¡Hola! La verdad es que me ha costado escribir este capítulo, tenía la idea en la cabeza pero me costaba expresarla xD. Además, no he tenido mucho tiempo para escribir esta semana, y reconozco que me he quedado algo bloqueada. A pesar del tema político del capítulo, espero que no haya quedado demasiado confuso, revelaré las crispaciones de Hans a su debido tiempo, aunque no es muy difícil imaginar de que se trata ;). Espero que no se haga pesado ni aburrido x_x, pero salvo la parte de Rapunzel (que es un poco random y la metí para que Elsa se "decidiese"), prometo que lo del hermano de Hans es necesario.
La relación avanza despacio, pero no se va a quedar estancada, a pesar de lo que pueda parecer por la tirantez que hay entre ambos, todo se resolverá en su momento. Creo que desarrollar el romance dentro de un entorno tan crispado como lo es un matrimonio arreglado puede dar pie a una bonita historia, me esforzaré para que sea así y disfrutéis leyendo tanto como yo escribiendo ¡Lo prometo!
Y ahora los reviews ^^.
aledartz: La verdad es que tenía ganas de escribir esa parte, porque es evidente que Elsa se lo iba a tomar a mal y a la vez iba a ser consciente de que el tiene razón (sobre todo teniendo en cuenta la época y circunstancias en las que se desarrolla el fic), lo cual hará que le evite... De momento ;). Me alegro de que te haya gustado ^^.
Rose: Descuida, el tema del heredero no va a quedar olvidado, trataré de retomarlo más adelante, conforme la historia y la relación entre ambos personajes lo requiera. De momento, habrá que limar asperezas, aunque no descarto que Hans vuelva a recurrir a esa táctica, quien sabe xD.
maxireina2000: Muchas gracias, me gusta que te guste 3. Yo también me pregunto a quien saldría, si a la madre o al padre *-*, será interesante desarrollar ese tema cuando llegue el momento.
haru-vale chan: Si, reconozco que puede resultar algo confusa, ya que he empezado en un punto concreto de la historia, dándole un giro distinto xD. Descuida, el romance llegará (en realidad estoy deseando que llegue), aunque parezca lo contrario por la forma en la que ambos chocan. Estoy tratando de hacerlos fieles a la película, aunque a veces me cuesta no darles un toque distinto.
Sams Brok: ¡Yo también lo creí por un momento! Aunque se que Hans tiene su propia moralidad, aunque sea algo laxa. Forzar a Elsa (de momento) no le habría traido ningún tipo de beneficio, el prefiere que sea ella quien le busque. Muchísimas gracias por leer, prometo que el romance llegará tarde o temprano, y haré lo posible para que las situaciones los obliguen a ambos a pasar tiempo juntos y poner sobre la mesa sus diferencias ;).
AdriElenagilbert: Por supuesto, dalo por hecho ;). Trataré de actualizar cada semana (salvo causa de fuerza mayor), para así forzarme a ser constante y poder llevarla a buen ritmo. Me alegra que te guste :).
Jessie: ¡Gracias! Aquí te dejo la actualización, me alegro mucho de que te guste y trataré de actualizar lo antes posible ^^.
¡Un beso a todas y gracias por leer!
