Cada vez estoy más motivada con esta historia, y todo gracias a vuestros comentarios y opiniones. Muchas gracias, de verdad :3 Por eso hoy me sentí inspirada para publicar el cuarto capítulo. En este pasarán bastantes cosas que os darán claras pistas de lo que ocurrirá en el futuro, por lo que este capítulo será algo más largo que los anteriores.

Cada vez era más difícil resistir los ataques de los Señores Demonio, y poco a poco íbamos perdiendo la esperanza. Nuestro ejército estaba agotado, muchos ángeles digimon habían caído, y otros muchos estaban heridos. La única que parecía no perder las fuerzas era nuestra señora Ophanimon. Siempre la habíamos visto hermosa y cálida, pero ahora, en medio de la batalla, la veíamos como realmente era. Era uno de los Tres Grandes Ángeles, una de las líderes del mundo digital, nuestra soberana, y con razón lo era, pues su poder no parecía terminarse. Sin embargo, ella sola no podía hacer retroceder a un ejército entero.

-Solo me queda una alternativa -sentenció mi señora Ophanimon.

-¡No haga eso mi señora! No sobrevivirá si lo hace, solo los Tres Grandes Ángeles unidos podrían hacer sin resultar heridos -le suplicó Antylamon.

Lo que mi señora pretendía hacer era abrir una puerta en el Muro de Fuego para enviar directamente a los Señores Demonio y a su ejército a lo más profundo del Área Oscura. Pero el poder necesario para abrir una puerta en el Muro de Fuego era inmenso, y si Ophanimon lo hacía sola, sin la ayuda de los otros dos ángeles, lo más probable es que muriese en el intento.

-Tienes que hacerlo, Ophanimon -dijo una voz cerca de nosotros.

-Aléjate de aquí, demonio. Mi señora, no escuchéis sus palabras -le dije a Ophanimon, pues el digimon que nos había hablado no era otro que Beelzemon.

-No lo entendéis. Lucemon está absorbiendo los datos de todos los digimon que están muriendo en esta batalla, sean del bando que sean. Lamento decirte, Ophanimon, que ya absorbió a Seraphimon, que a su vez, cuando terminó con la vida de Cherubimon, se quedó con sus datos. En breves, Lucemon tendrá el poder suficiente como para alcanzar su forma de Satán. Y si eso ocurre, ni un milagro salvará este mundo.

-¿Qué interés podrías tener tú en que los otros Señores Demonio queden atrapados para siempre en la Área Oscura? -preguntó Angewomon.

-Lo sabemos de sobra -dijo mi señora Ophanimon firmemente- y tiene razón, no me queda más remedio. Soy la soberana de este mundo, y haré lo que sea por salvarlo. Gracias por la advertencia Beelzemon. Ahora márchate de aquí si no quieres compartir el mismo destino que los demás demonios.

Tras estas palabras, Beelzemon se alejó de la batalla, y mi señora ascendió hasta encontrarse muy por encima del campo de batalla. Su cuerpo empezó a brillar cuando comenzó a acumular su poder, hasta que la luz dejó cegados a los digimon de la oscuridad, que fueron incapaces de hacer nada.

-Este mundo es la razón de mi existencia, y por eso, usaré todo mi poder para protegerlo -gritó mi señora Ophanimon, que empezó a emitir más luz.

De pronto, un fuerte estruendo sacudió la tierra, y una grieta se iba formando bajo nosotros. Los digimon ángeles nos alejamos de allí, mientras veíamos como, entre alaridos, el ejército de los Señores Demonio atravesaba el Muro de Fuego para finalmente caer en lo más profundo del Área Oscura.

Lucemon temblaba de ira al contemplar eso, y cuando estuvo de ser tragado por el Área Oscura, lanzó una sentencia.

-Yo os maldigo a todos, yo maldigo este mundo para toda la eternidad. La maldición de la oscuridad os perseguirá por siempre -y tras decir eso, un manto de oscuridad empezó a cubrir el Palacio del Alba y sus alrededores. Con horror, contemplamos como nuestro hermoso palacio, nuestro hogar, se deformaba grotescamente, y lo que había sido un hermoso palacio de cristal, ahora era un castillo terrorífico, formado por piedra negra.

Finalmente Lucemon también terminó encerrado en el Área Oscura, pero había destruido todo cuanto amábamos. También había conseguido contrarrestar el poder de Ophanimon, y algunos digimon demonio no había sido encerrados. Aunque ese era el menor de nuestros problemas, pues el digihuevo de mi señora había quedado en medio de aquella oscuridad, y no podíamos dejarlo allí.

-Amigos, tenemos que salvar a nuestra señora -grité a todos los ángeles digimon que habían sobrevivido- pero también tenemos que acabar con los digimon de la oscuridad que quedan, y también tenemos que asegurarnos que las demás zonas del mundo digital no han quedado dañadas. Por eso propongo separarnos. Antylamon, tú ve a terminar con los demonios que quedan.

-Será un placer -dijo con media sonrisa en la cara, mientras una parte de los supervivientes se unía a él y se dirigían al encuentro de los digimon de la oscuridad.

-Angewomon, quiero que seas tú quien, con un pequeño grupo, vaya a asegurarse de que el resto de nuestro mundo no ha sufrido daños.

-De acuerdo, pero prométeme que nos volveremos a ver.

-Te lo juró -y tras decirlo eso, le di el beso más sincero que le había dado en mi vida.

-Finalmente, nosotros iremos a salvar a nuestra señora Ophanimon. Vamos, todos juntos.

Íbamos a dirigirnos al manto de oscuridad cuando escuchamos los gritos de alegría de los digimon demonio. No podía ser cierto. No podía haber terminado con la vida de mi amigo. No podían...

Casi no tuve tiempo de pensar en ello, pues vi con horror como iban en la misma dirección en la que iba Angewomon. Por suerte, ellos estaban bastante atrás, y no la alcanzarían a tiempo.

Giré mi cabeza hacia donde se encontraba el digihuevo de mi señora Ophanimon, cuya luz se iba apagando poco a poco. No había tiempo que perder. Nos disponíamos a atravesar esa barrera de oscuridad cuando me fijé en que un pequeño Patamon venía con nosotros. Intenté convencerlo de que se marchase rápidamente de aquel lugar.

-No señor, no quiero huir, no quiero ser un cobarde -me dijo mirándome firmemente.

Ya no había marcha atrás, no podíamos perder más tiempo. Atravesamos sin pesar esa barrera, pero algo terrible ocurrió. Con una expresión de miedo en mi rostro vi como los hermosos ángeles digimon que venía conmigo sufrían destinos espantosos. Unos simplemente desaparecían, pues la oscuridad borraba todos sus datos, pero otros perdían las alas. Literalmente. Angemons, Gatomons, alguna Angewomon, Pegasusmon y demás digimon sagrados se iban convirtiendo en digimon demonio. Con horror, vi como el pequeño Patamon, que no se había separado de mí, se convertía en un Demidevimon. Corrí. Corrí en dirección al huevo de Ophanimon, pero en el fondo deseaba huir de allí, deseaba salvarme.

Me quedé arrodillado en el suelo, abrazando el digihuevo de mi señora, mientras veía con impotencia y desesperación como las plumas de mi espalda caían a mi alrededor. Notaba como mi cuerpo cambiaba, como hasta el último de mis datos se corrompía. Ya no era un ángel, y nunca lo volvería a ser. Ya no podría estar con Angewomon nunca más, pues ya no era un ángel. Ahora era un muerto, un muerto en vida. El soberano de los no muertos. Ahora era Myotismon.

En el presente...

¿Por qué a mí? Es algo que me seguía preguntando de vez en cuando. ¿Por qué me había privado de la agradable luz del sol? ¿Por qué me había arrebatado todo lo que amaba?

Nunca encontraría respuesta a esas preguntas. No me quedaba otra alternativa que buscar. Seguir buscando, hasta el fin de mis días.