"Me arruinaste, me convertiste en nada, en algo demasiado minúsculo para llegar a ti. Fuiste el fuego que me consumió por completo."
Abrí mis ojos en cuanto la luz del sol se filtro a través de mis parpados, aun llevaba puesto el vestido de la noche anterior; a mí alrededor la estancia no pareció familiar. Me removí inquieta entre las sabanas y baje de ella en busca de mis zapatos. Un mareo debilito todo mi cuerpo obligándome a sentarme de nuevo.
A mi lado el reloj sobre la mesa de noche indicaba la 1pm ¿Cuánto tiempo había estado durmiendo? Intente recordar cómo había llegado aquí, pero lo último que pasaba por mi memoria era el rostro de aquel chico de la noche anterior. El calor de su pecho bajo mi cabeza, su respiración acompasada que en cada exhalación me embriagaba con su aroma. Una sonrisa me delato en cuanto recordé el trampolín. Vaya modo de tener una fiesta.
-¡Issie! Venia justo a despertarte- Rosalie entro a la habitación con un café en manos-ten, creo que esto te ayudara un poco- me extendió la taza cuando se percato de mi desfallecimiento.
-¿Dónde estamos?- la fragancia del café de inmediato pareció despertar mis neuronas.
-No nos fuimos a casa, te pasaste algo de copas anoche y Emmet y Alice nos ofrecieron su casa. La fiesta estuvo fenomenal no puedo creer que te la hayas perdido, aunque te perdiste con el tal Edward, cuéntame, ¿te lo follaste?
-¡Rosalie Hale! ¿Qué modo de hablar es ese?- exclame escandalizada por sus deducciones-sería incapaz de acostarme con un desconocido, solo conversamos tonta- le di un pequeño empujón en el hombro.
-Que aburrida eres, estoy casi segura de que es mil veces mejor que Jake.
Le lance un mohín y me levante de mi cama, ahora si en busca de mis tacones. Quería irme a casa, tomar un baño y seguir con mi vida. Una vez que los encontré al lado de la mesa de noche me los calce y tras tomar mi bolso me encamine fuera de la habitación, escuche los paso de Rose tras de mí.
-¿A dónde vas?
-A casa ¿No es obvio?
-Oh vamos Issie, no seas aguafiestas, Edward está preparando el almuerzo.-Me gire hacia ella confundida ¿Edward?
-¿Por qué se quedo aquí? Hasta donde recuerdo el estaba perfectamente sobrio.
-Está viviendo aquí amiga, acabas de salir de su habitación.- de inmediato me preocupe ¿acaso mi amiga si tenía razón y me había ido a la cama con él? Entonces recordé que había amanecido vestida.
-El durmió en la habitación de huéspedes, no te alteres.-respondió Rose a mi pregunta no pronunciada- vamos, almorcemos y luego te llevo a casa ¿si?
Puse mis ojos en blanco, a pesar de ello seguí a Rosalie por los pasillos hasta la cocina, el ruido se mezclaba con un ligero olor a orégano y albahaca. Al entrar en el lugar ahí estaba Edward, Emmet y una chica menuda de cabello largo oscuro que supuse era Alice, la cumpleañera de la noche pasada.
-Buenos Días- salude tomando asiento alrededor del mesón de mármol que se encontraba en medio de la habitación.
-Es un poco tarde para ser de día Isabella- bromeo Emmet a la vez que me guiñaba un ojo.
-¿Te sientes mejor?- susurro Edward a mi lado, pareciendo bastante interesado la verdad.
-Perfectamente…gracias-le conteste también en voz baja a la vez que una sonrisa llegaba a mis labios.
-Lastima que no pudimos conocernos ayer- Alice hizo un mohín, casi un puchero- yo soy Alice.
-La pequeña de la casa-comento Emmet.
-Mucho gusto Isabella- me sonrío Alice terminando su presentación.
-Pueden decirme Bella, o Issie.
-¡Ah ah!- exclamo Rosalie enrollándome en sus níveos brazos- la única con derecho a decirle Issie soy yo, así que confórmense con Bella o Bells.
-Muy bien Bells ¿quieres tomar algo?-El horror tomo el mando de mi rostro en cuanto Alice me hizo esa pregunta, el mundo me dio vueltas por completo- hablo de Agua o jugo- se apresuro a decir ella riendo con su cantarín tono.
-Oh, en ese caso agua, gracias.
-Justo llegaste en el momento perfecto Bells, ya dentro de poco sacare la lasaña del horno.
-Bartender y ahora Chef ¿No te parece fenomenal Issie?
Observe a Edward sin responder palabra alguna, él se levanto y se dirigió al horno. Alice me entrego el vaso de agua y acto seguido se fue al lado de Edward, espero en expectativa a que el retirara la bandeja y una vez que la coloco sobre el mesón intento pellizcarlo con sus dedos, pero él fue más veloz y la detuvo.
-Alice- la regaño entre risas.
-Oh vamos Edward, te pareces a mi madre.
-Te quemaras.
Ella volvió a hacer ese extraño pero tierno puchero y se sentó sobre el mármol esperando poder comer. Edward deposito un beso en su mejilla riendo de su reacción. Observe hacia otro lado y me tope con Rosalie y Emmet jugando con sus dedos entrelazados, se miraban a los ojos uno al otro, casi parecían en la misma sintonía.
Hablábamos y reíamos en la fría noche con nuestras copas en manos, la música era apenas lo suficientemente alta para darle ambiente a nuestra pequeña reunión social. Jake acariciaba con su pulgar el dorso de mi mano, de un momento a otro depósito un beso en mi mejilla y luego bajo por mi cuello donde se detuvo unos segundos para inhalar mi aroma. Gire mi rostro hacia él, ignorando por completo a todas las personas que teníamos a nuestro alrededor, nuestras miradas se prendieron una de la otra, las chispas que irradiaban de ellas opacaban por completo todo lo demás.
-Estas divina esta noche-susurro en mi oído haciéndome sonreír; volvió su rostro hacia mí y se acerco, provocándome, incitándome y entonces junto nuestros labios. Aquel contacto tan perfecto, tan dulce, tan exquisito.
-¡Que ternuras!- exclamo Rose sacándonos de nuestra pequeña burbuja, recosté mi cabeza del hombro de Jake y este me rodeo con su brazo.
Edward y Alice colocaban juntos la mesa, esta última a escondidas tomaba pequeños pellizcos del pan con el cual acompañaríamos la lasaña, los anfitriones decidieron utilizar la mesa del jardín y una vez colocado todo nos sentamos en nuestros lugares.
-¿Hace cuanto que eres chef Edward?-cuestiono Rosalie llevando un bocado de lasaña a su boca, hizo un gesto de regocijo en cuanto este entro en contacto con su paladar-Por Dios esto sabe magnifico.
-Gracias-el eludido le regalo a mi amiga una de esas maravillosas sonrisas en las cuales sus dientes parecían destellar.-A los 18 ya sabía preparar un buen numero de platillos, un amigo tenía un restaurante de comida francesa y se encargo de dejarme buenos conocimientos, aunque yo prefiero la comida Italia y en una segunda estancia, la española, con esos sabores tan exóticos.
-Wow, realmente te gusta esto ¿no?
-Obligue a Edward a que pagara mi última cuota del gimnasio, es una perdición tenerlo aquí todos los días.
-A Issie le ha gustado siempre hacer dulces, hace una torta de fresas fenomenal. Tal vez algún día puedan hacer algo juntos- propuso Rosalie tomándome desprevenida.
-Es solo un hobbie Rose- agregue con voz amarga.
-Mejor aun, puede ser divertido.
-Estoy segura que Edward tiene mejores cosas que hacer que estar cocinando con una aficionada, además hace mucho que no toco si quiera una manga de repostería.
-Eso es porque te has convertido en un vegetal-mascullo mi amiga casi para sí misma.
Tenía razón, era inútil negarlo. Había dejado de hacer cosas que me encantaban por estar auto compadeciéndome, por pasarme los días mirándome y recordándome lo miserable que era. Rosalie tenía razón, si había algo en lo que mi amiga era buena era en ser sincera, pero aun así no podía soportarlo. No podía soportar el torbellino de crueles realidades que me azotaba desde ayer. Quite la servilleta de tela de mi regazo y me levante de la mesa aguantando una lágrima en mis parpados y con un nudo en la garganta.
-Gracias por todo chicos-entre a la casa apresuradamente, no escuchaba el repiqueteo de los tacones de Rosalie, pero recordé que estábamos aun sobre césped, de todos modos, no pare hasta llegar a mi objetivo. Abrí la puerta tras tomar mi bolso en la sala y camine, casi corrí por el camino delantero de la casa, las lagrimas comenzaron a caer por mis mejillas, el agujero negro tomaba terreno en mi pecho y la calle parecía demasiado grande para lo pequeña que me sentía, un domingo a plena 2 de la tarde es casi como salir a media noche en este lugar, seguramente las familias estaban perfectamente acomodadas en sus sillones, quien sabe si viendo una película tras el almuerzo, o tal vez a la orilla de sus piscinas tomando algo de sol antes de que cayera el invierno.
Era un lindo día, la verdad es que no había siquiera un hilo de nubes en el cielo, se observa tan solo su inmensidad azul, el rebote de los destellos de un sol que todos disfrutaban, que significaba que se podía correr por el parque, pasear con la mascota, reír al rodar por las verdes colinas. Era un lindo día para ser feliz.
Pero creo que yo siempre había funcionado al revés, prefería la lluvia, prefería el viento azotando mis ventanas, haciendo ruido, recordándome que hasta el grandioso cielo llora. Me agradaba sentir las gotas en mi rostro, brincar sobre los charcos, correr bajo la lluvia como si nunca pudiera alcanzarme. Me sentía en mi mundo en un día gris. Al menos un día gris no desentonaría tanto como lo hacia este día de falso verano, al menos un día gris no me echaría en cara lo miserable que era. Al menos un día gris seria parte de mí…o al menos eso quería creer.
El teléfono no había dejado de sonar hasta que finalmente la batería se rindió. Revise las primeras dos veces aun cuando sabia de quien se trataba, Rosalie no había dejado de insistir ni en el último minuto. Me sentí mal al principio, después de todo tenía derecho a tener su pizca de orgullo, así éramos, ella jamás se arrepentía de sus palabras y yo siempre me tomaba todo personal. Pero aun así no pare de andar hasta que llegue a un pequeño café. Si hubiera querido hace mucho que me habría alcanzado, aun ahora podía encontrarme si tan preocupada estaba por sus hirientes palabras, al fin y al cabo no me escondía de nadie, no literalmente.
-Aquí tiene señorita- la empleada coloco un Mocaccino con crema frente de mi, junto con un rollo de canela.
-Gracias- le sonreí con desgana y me dejo a solas.
Mis papilas agradecieron a millares la sensación del suave y dulce café en mi boca, el calor fue bajando por mi pecho, llevando consigo algo de confort. Mi segundo, este era mi momento de auto-reparación, no necesitaba a mil personas a mi alrededor para tener algo de paz. No era como Rosalie pensaba, no era un vegetal, solo estaba en pausa ¿Era mucho pedir que respetara eso? Sin previo aviso las lagrimas volvieron a delatarme, me estaba convirtiendo en una estúpida Magdalena. Santo cielos estaba tan molesta, molesta con él por haber sido un imbécil, por entrar en mi mundo y ponerlo todo de cabezas, por enamorarme, por perturbar mi corazón para luego dejarlo desvalido, estaba molesta conmigo, por ser tan tonta, por no haberlo visto venir, por haber pasado por alto tantas pistas tantas señales, por ser ahora una entupida, por dejar que siguiera teniendo el mando de mi vida.
Molesta, furia, rabia, eso era lo que emergía de mí, por Jake, por mí, por Rosalie persiguiéndome día y noche para que volviera a ser su mejor amiga, ¡pero maldita sea! No recordaba quién demonios pretendía ella que era su mejor amiga, esta era yo, tan sencillo como eso, con mi soberana molestia, con mi patética tristeza y mis ya agotadoras lágrimas. ¿Era tan complicado aceptar en lo que me había transformado? Y la peor parte es que sabia la respuesta, obviamente que lo sabía, daba asco, daba lastima.
El dulce sabor del mocaccino desapareció entre el salado sabor de mis lágrimas. Sorbí por mi nariz ignorando a los pocos comensales que me observaban tal vez debatiéndose en si necesitaba ayuda o era mejor dejarme en paz. Agradecí en el alma que al parecer habían optado por la segunda y seguí bebiendo mi café y comiendo de mi Cinnamon.
-¿Segura que no quiere un taxi?- cuestiono de nuevo la mesera con el platillo de propinas entre manos, yo negué con la cabeza esta vez y salí del establecimiento.
Edward se levanto de la acera en cuanto me vio, camino hacia mí a pasó rápido pero su postura era la viva imagen de la tranquilidad en contraste con su presura. Lo ignore caminando cabizbaja, con la esperanza de que se rindiera y regresara con los demás ¿Por qué hacia esto? ¿Por qué se preocupaba tanto?
-¿A Alice le parece bien que persigas a otras chicas?- mi voz fácilmente podía apuñalar a alguien.
-Estoy seguro de que otras cosas le preocupan más.
-¿Qué quieres Edward?
-¿Qué sucede Bella?
-¿De qué hablas?
-Tú dímelo.
Me detuve a medio caminar y le plante cara. Sus ojos verdes tomaban un aspecto esmeralda con los reflejos del sol, la sonrisa que tanto empezaba a gustarme en tan poco tiempo no estaba esta vez sobre su semblante, era un rostro inexpresivo, en espera de mi respuesta.
-Mira Edward, de verdad te agradezco lo que hiciste por mí anoche. Me divertí y es un gran alivio que te hayas comportado como un caballero. Pero estoy segura de que los chicos y tu novia te están extrañando, puedes decirle a Rosalie que estoy bien, que no me lance a un auto y que aun estoy lo suficientemente cuerda como para llegar a mi casa por mi sola. Y ¿sabes qué? Hazme un último favor y dile también que me deje en paz, que haré esto a mi paso, a la velocidad que me provoque la regalada gana, que deje de "ayudarme" a fingir demencia, que no quiero ir a una puta fiesta para ser feliz de nuevo y que no soy tan estúpida como para ahogar mi depresión en pastillas, comenzando porque no-estoy-deprimida. Y que si tanto le molesta mi "estado vegetal" se puede ir al mismísimo demonio.
"¡Estoy harta Edward! ¡Estoy harta de ella, de sus comentarios, de esos entupidos recuerdos que no me dejan de azotar a donde quiera que vaya! Solo quiero que me dejen en paz, solo quiero estar en paz…yo…yo…solo quiero paz- el corazón me latía a mil por horas, mi voz se había convertido en un hilo de palabras y las piernas eran gelatina bajo de mi.
Edward me envolvió con sus grandes brazos y me dejo llorar sobre su pecho. No acunaba mi cabeza, no acariciaba mi espalda como hacían todos cada vez que lloraba, solo me apretaba contra él, me dejaba expulsar mis demonios a la vez que los aprisionaba con su cuerpo. Yo tampoco le devolví el abrazo, mis brazos estaban a cada lado de mi cuerpo culminando en un puño respectivamente, no le abrazaba, no me enroscaba en torno a él. Pero aun así no quería que se separara de mí. Su agarre mantenía en su lugar todas mis piezas.
Él no era mi mejor amigo, no era mi hermano, no era un psicólogo, no tenía sentido por lugar alguno, era tan solo el chico de la fiesta de anoche, casi un completo desconocido, pero en ocasiones es justo un desconocido lo que necesitas, alguien completamente ajeno a tu pasado, a tus males, alguien para quien solo eras la del presente, alguien que no te recordara en momentos mejores, alguien que no te juzgara, que no buscara en ti retazos del pasado. El era mi desconocido, aquel que en este momento, en este preciso instante. Era mi salvador.
¿Y ustedes? ¿Han tenido su desconocido?...
Hello mis pequeñ s saltamontes. Bueno, aquí otro trocito de Bella, por fin viéndose en la realidad y expulsando sus demonios (menos mal). Como creo que ya han ido notando, generalmente tenemos pequeños FlashBack con Jacob, irán desapareciendo a medida que Bella se lo permita, ya veremos cuando precisamente...
LOQUIBELL prometo no abandonar, gracias por tu Review ;) y gracias a todas por darle una oportunidad a este nuevo fic, besos, nos estamos leyendo 3
