Merecer
Durante los días siguientes Draco se volvió aún más huraño con su familia, cada vez lo veían menos y en ningún momento les dirigía la palabra, ni siquiera cuando ellos, empeñados en hacerlo reaccionar lo encaraban para hablar con el sobre cómo debía dejarse de estupideces y representar como era debido su papel como hijo de una respetable y decente familia. Pero ninguno de esos sermones y regaños eran escuchados con atención por el rubio que simplemente trataba de ignorarlos tanto como podía.
Los primeros dos meses luego de su ruptura con Astoria trato de escribirle, disculpándose por haberse marchado así sin más, pidiéndole que tuvieran un encuentro para hablar e incluso declarándole que de no responder sus cartas se presentaría e su casa para discutir todo el asunto directamente con su padre, amenaza que reiteraba casi en cada carta, pero que, al no recibir respuesta alguna, suponía que ni siquiera había llegado a leer. Podía imaginarse que sus cartas eran destruidas apenas llegar a la casa de la joven, y luego, cuando era tiempo de que la chica cursara su último año de educación en Hogwarts, la situación no cambio en lo más mínimo. Siguió enviando cartas casi a diario, y ninguna de estas era contestada, con lo cual su ánimo y sus esperanzas fueron cayendo, hasta que a mitad de noviembre ya no envió ninguna carta.
Se había convencido a si mismo de que dejar todo eso era lo mejor, que la respuesta que tanto ansiaba de la joven castaña jamás llegaría, y que quizá, esa era la más grande muestra de que en realidad todo lo que había tratado de demostrar, a sí mismo y al mundo, eran solo fantasías que el mismo se inventaba y en las que in tentaba creer, pero que jamás lograrían realmente tener un impacto en su vida que le demostrara que ahora era una persona diferente, eso era lo más duro de esos días.
¿Todo había sido para nada? ¿Todas las noches en vela, las pesadillas, las reflexiones, incluso su intento de buscar el perdón, habían sido tontas ilusiones? Tal vez si, al final después de un año en el cual supuestamente había pensado que lograría resolver algo, solo había logrado quedar en el mismo lugar en el que había empezado todo: sintiéndose vacío, invadido por la soledad y la melancolía, añorando quizá los días del pasado en los cuales se sentía, aunque fuera por las razones equivocadas, bien y satisfecho consigo mismo.
-¿Y de verdad quieres volver a eso? –escucho como si estuviera en un sueño, que le decía una voz incorpórea en su habitación. El chico guardo silencio un momento, y luego le contestó a aquella voz.
-Tal vez, las cosas eran mejor entonces.
-¿Mejor para quién?
-Para mí, podía sentirme en paz, y feliz.
-¿Era eso felicidad? ¿Esa vida de arrogancia y egolatría, era felicidad?
-¿Cómo la definirías tu entonces? –dijo con voz retadora a aquella voz, poniéndose de pie, solo para caer en cuenta, de que estaba hablando solo, quizá ya enloquecido por su tristeza y soledad, distanciado del resto del mundo, sintiendo que incluso era mejor así, dejar de fastidiar al resto del mundo. Se giró para dejarse caer sobre el colchón de su cama y frente a él, iluminaba por una extraña luz blanca vio la imagen de Astoria, no cabía duda de que se trataba de una alucinación, pero incluso eso era suficiente para que el rubio sintiera una pequeña calidez en el alma
-No importa como la defina yo, ¿Cómo la defines tú? –Draco se apartó un par de lágrimas que brotaron de sus ojos al escuchar la voz de la chica y tomó asiento en la cama.
-Como una mentira, supongo –la extraña aparición de Astoria tomo asiento junto a él, mirándolo como aquella distante noche en Hogwarts después de la guerra.
-Creo que eso es un avance, piensa: ¿es mejor vivir en una dulce mentira que en una marga verdad? –Draco miró a Astoria, poniéndole toda su atención en ese momento-, tal vez ahora las cosas están muy mal, pero al menos sabes que es real, que esto que sientes es verdadero, que no es una falsedad, una mentira, y que bueno o malo, así es como debes sentirte.
-Pero no me gusta sentir esto, duele –le dijo con desesperación.
-Claro que duele, y claro que no quieres sentirlo, pero dime, ¿Qué has hecho para resolver esto? –Draco bufó con fuerza y enfado desviando la mirada.
-Trate de hacer las cosas bien, trate de ser mejor de lo que soy, intente disculparme, quise confrontar a mis padres, y quise estar contigo, y lo único que recibí como respuesta fue que todos me siguen viendo como lo que ya no quiero volver a ser. Lo intenté, pero no pude lograr nada.
-Pobrecillo –dijo con sarcasmo la imagen de Astoria-, ¿recuerdas lo que me dijiste la última vez que nos vimos? Dijiste que era una cobarde, lo dijiste porque sentías en ese momento que no había luchado lo suficiente por una causa que creo justa, y te sentiste ofendido por ello, ahora tú te rindes cuando apenas las cosas se ponen mal, ¿no te parece algo hipócrita? –Draco levantó la mirada, y clavo sus ojos grises en los verdes de Astoria-, envías cartas esperando una respuesta, y esperas ser una mejor persona solo diciendo que has cambiado, ¿pero qué has hecho por demostrarlo? Solo mírate, repudias las creencias de tus padres, pero sigues viviendo aquí, conviviendo con ellos, y realmente jamás los has confrontado. ¿Crees que con esa actitud tienes el derecho de reclamarme algo, o de seguir buscándome, cuando has demostrado que tú tampoco puedes enfrentarte a la tempestad? –Esas palabras, frías y duras, Draco las sintió como puñaladas, pero al mismo tiempo, sentía que esas palabras frías y duras querían decir algo más. Había verdad en esas frases, él debía demostrar quién era, más que decir que era alguien distinto, ¿de eso se trataba no? De saber quién era, de definir él mismo quien era, y así desprenderse de los juicios de los demás.
-¡Eso es! –dijo en voz alta levantándose de la cama y volteando a un lado para ver la imagen de Astoria sabiendo lo que debía hacer, se topó solo con el otro extremo de su cama vacío.
La habitación volvía a estar en silencio y soledad, y el frio se sintió con más fuerza, pero en ese momento, Draco ya no se dejó invadir por el sentimiento de soledad que dentro de él crecía, sino que reacciono comprendiendo que aquel sentimiento de soledad era suyo, su problema, y que el debería encontrarle una solución en lugar de esperar a que se terminara aquel sufrimiento, si en algún momento de su vida sería capaz de dar solución a sus problemas, ese momento era ahora.
Draco abandono su habitación después de arreglar un poco su aspecto, y avanzó con paso decidido por la mansión con su altives y su andar arrogante que antes tanto lo caracterizaban. Al llegar hasta la estancia principal se encontró con sus padres que en ese momento se encontraban bebiendo té, ambos lo miraron inspeccionándolo por completo con los ojos. Su padre se puso de pie y le hizo una seña para que tomara asiento frente a ellos.
-Acompáñanos Draco, hay ciertas cosas que debemos discutir –le dijo con voz autoritaria, Draco avanzó sin perder la seriedad con que había llegado y tomo asiento sin bajar la mirada.
-Tu comportamiento de los últimos días ha sido, peculiar –comenzó a decir su madre-, y creemos que es necesario que hablemos contigo para…
-Madre, por favor –la interrumpió el muchacho-. Comprendo lo que pasa, la última vez que hable con ustedes dije cosas que obviamente no debí decir, e igualmente mi comportamiento les deja mucho que desear –Lucius sonrió con arrogancia al escuchar lo que pensaba era el inicio de una disculpa-, la educación que recibí de ustedes no es para nada lo que he dejado ver los últimos meses, incluso tiempo antes de eso, lo reconozco, y ¿saben que más?, me enorgullezco de eso –Lucius y Narcisa sintieron un duro golpe al escuchar esas palabras de su hijo que continuaba mirándolos altivo y serio-. Ustedes me educaron para que fuera otra persona, para que fuera una persona en específico, una que no quiero ser, y hasta ahora, después de tanto tiempo, me doy cuenta de eso.
-Draco… -trató de decir su madre.
-No niego y no olvido quien soy madre –dijo el joven Malfoy impidiéndole continuar-, soy Draco Malfoy, brujo de sangre pura y descendiente de un largo linaje de brujas y magos de sangre pura, y yo mismo definiré quien soy, con mis actos y decisiones, y mi primer acto realmente mío, es decirles a ustedes, les guste o no, que no por mi sangre me considero más que otros, solo soy Draco, y ahora intentare descubrir que significa eso –dijo sentenciando el final de la charla y poniéndose de pie, ante la sorpresa de sus padres la cual no les permitía emitir palabra alguna.
Durante unos segundos espero a recibir alguna reprimenda o queja, la cual no llego, y siendo las cosas de ese modo simplemente se dio la vuelta para marcharse.
Salió de la mansión y sin estar muy seguro de a dónde ir simplemente se desapareció.
Al aparecerse, sonrió al percatarse de en qué lugar había terminado. Estaba en el mismo parque en el cual había terminado su relación con Astoria, de forma tan rápida y como si hubiera sido cosa de nada. Comenzó a caminar solo, con las manos en los bolsillos y la mirada vagando de esquina a esquina en aquel día frio y nublado. A la distancia distinguió a una anciana muggle, cargando un par de pesadas bolsas y como si algo en el despertara de repente se aproximó a ella con paso decidido, tocándole el hombro con delicadeza para llamar su atención, y regalándole una sonrisa le ofreció ayuda para cargar las bolsas.
-Gracias jovencito –le contestó la anciana y le permitió cargar una de las bolsas.
Draco escuchaba a la mujer contarle que vivía por ahí cerca, que era ya algo vieja para cargar tantas cosas pero que no había nadie que le ayudara y que lamentaba molestar a un jovencito que seguramente tendría sus propios problemas, pero que igual le alegraba ver que aún había jóvenes dispuestos a ayudar y muchas otras cosas de que ahí se fueron desprendiendo, lo que llevó al muchacho a preguntarse si todos los muggles en el mundo serian igual de parlanchines.
-Eres muy callado jovencito -le dijo aquella mujer, y quizá habría tenido más de una forma de responder a eso, pero prefirió mantenerse callado, en ese instante su único interés era demostrarse algo, aunque al mismo tiempo, pensar eso lo hacía contrariarse más.
¿Ese acto de amabilidad sería sincero? ¿Había problemas con ello? Esperaba poder enmendar los errores del pasado, pero el cómo hacerlo era complicado, él mismo reconocía que lo que estaba haciendo no era típico ni propio de él, pero quizá ese acto era justo lo que debía hacer para generar un cambio real, fuera lo que eso fuera.
Al mismo tiempo pensaba, si no era ese acto un acto sincero de buena fe, ¿Contaba o solo se engañaba a sí mismo? Todo resultaba demasiado complejo, y los brazos comenzaban a dolerle, jamás había cargado algo pesado por tanto tiempo.
-Llegamos, estás muy pensativo chico, ¿Te pasa algo? -le dijo la mujer y Draco dejó las bolsas en el suelo y puso su mejor sonrisa para aquella anciana.
-Nada señora, no se preocupe -la anciana le sonrió burlona mientras se giraba para abrir la puerta de su modesta casa.
-A una anciana mujer como yo no puedes engañarla con tanta facilidad jovencito, se leer las expresiones y las miradas, si no quieres decirme que te aqueja está bien, pareces un buen muchacho, no te molestare con esas cosas, pero si quisieras hablar... -le dijo mientras cargaba las bolsas y las ponía en el interior de su casa, girándose para ver de frente a Draco. El rubio la miró con duda, pero sintiéndose igualmente color de que no lo presionara.
-No sé si este bien que le diga esto, pero... No creo que sea un buen muchacho como usted dice, la verdad es que no la ayude por buena voluntad, sino por interés -la mujer lo miró levemente sorprendida.
-Oh, supongo que querrás algo a cambio -dijo buscando en uno de sus bolsillos. Draco levantó una mano como pidiéndole que se detuviera.
-No entiende, no es esa clase de...recompensa la que busco, intento enmendar errores del pasado, demostrarme que soy mejor persona de lo que fui, supuse que hacer una buena obra repararía algún daño, pero ahora me siento estúpido, y que solo sigo viviendo una mentira... No sé si me entienda.
La anciana medito las palabras del joven Malfoy mirándolo con curiosidad.
-Bueno... En mi opinión que digas lo que sientes a respecto de esto es más prueba de tu buen corazón que el hecho mismo de ofrecer tu ayuda. La hipocresía es común, la honestidad como la tuya es escasa, y es un rasgo que se debería agradecer y estimar más -Malfoy sonrió por las palabras de la anciana muggle-. No sé qué cosas sean por las que ahora te recriminas, pero sea lo que sea, el que te sientas culpable por ello y quieras ser mejor que la persona que fuiste ya es una ventaja, solo sigue en esa dirección y estarás bien.
-Entonces... ¿Debo ser buena persona? -Malfoy se sintió estúpido al decir eso, y la sonrisa de la mujer le hizo sentirse aún más estúpido.
-Debes hacer lo que creas necesario, no es conmigo con quien debes buscar darle solución a tus problemas.
-¿Pero cómo hago para resolver esos problemas si con quien debería buscar darle solución no quiere escucharme? -la anciana se encogió de hombros.
-Discúlpate, eso le dará solución a tu problema, si te perdonan o no ya no es tu problema -la mujer metió la mano en uno de sus bolsillos, sacó de esta un pequeño objeto y se lo arrojó a Draco, quien lo atrapó y lo miró intrigado-. Un dulce de leche, a mis nietos les encantan, que te vaya bien jovencito, y no pierdas tiempo ayudando a ancianas, esa no es tu solución.
La mujer cerró la puerta y Draco se quedó ahí parado, miró el dulce en su mano y sonrió, ahora lo sabía más que nunca: El cambio tenía que ver con él, no con los demás.
El tiempo siguió su marcha, y salvo por un par de discusiones con su familia, para Draco las cosas habían mejorado. Quizá la palabra correcta no era mejorado, pues ahora discutía constantemente con sus padres por sus decisiones, sobre todo cuando reiteraba que sentía por la mujer que ahora estaba en boca de todos y no precisamente recibiendo halagos, Astoria, algo más que una simple estimación, que de por sí sería ya demasiado siendo que l chica no era una buena dama de sangre pura, como su madre insistía en denominarla, pero al fin, después de un largo tiempo, sentía algo de coherencia en su vida, estaba sufriendo, quizá sí, pero era porque al fin vivía una verdad, no una mentira.
Necesito un par de semanas para armarse de valor y animarse a salir de su casa y dirigirse lejos de la ciudad, al campo, donde ahora se encontraba caminando por una vereda rumbo a la casa de la última familia que en su vida creyó que llegaría a visitar: los Weasley.
Era fin de semana, el día era agradable y por alguna razón estaba profundamente convencido en que en esa casa encontraría a las tres personas que con suma urgencia necesitaba ver, por lo que haciendo uso de los contactos de su padre en el ministerio averiguo la ubicación exacta de la casa de los Weasley y sintiendo algo de nerviosismo y el estómago revuelto se dirigió a ese lugar. A la distancia logro distinguir la rustica construcción y algunos gritos alegres que le confirmaron que había personas ahí reunidas. Siguió su paso aunque cada vez se sentía menos preparado para lo que pudiera llegar a suceder. Tal vez no sentía precisamente miedo, pero lo que en su estómago se gestaba no era muy distinto a esa emoción. Pensó en llegar hasta la puerta de la casa, tocar y esperar a que alguien le abriera, y con suerte, no le lanzara algún maleficio antes de preguntar que hacia ahí, pero ese plan no pudo realizarse ya que apenas un poco más adelante, cuando la visión de la casa era completamente clara, vio también a una chica pelirroja que corría riendo hasta que volteando despreocupadamente se topó con el muchacho rubio y su sonrisa radiante se desvaneció en ese momento.
Draco vio a la chica dirigiendo su mano rápidamente a su cintura, y palpando insistentemente sobre esta como buscando algo. El joven intuyó con rapidez que la joven buscaba su varita, misma que no logró encontrar.
-Espera, no vine a… -trató de decir pero la joven, en un intento de protegerse se agachó para tomar una piedra que le arrojó con fuerza.
-¡Harry! –exclamó la joven mientras seguía buscando en el suelo cosas que lanzarle al chico que se esforzaba por esquivarlas mientras se acercaba con lentitud.
Al lugar no tardaron en presentarse Harry, Hermione y Ron, quien al ver al rubio de inmediato se abalanzo sobre el con la varita en mano.
-¡Te advertí que no quería volver a verte cerca de mi familia! –exclamó apuntándole con la varita. Draco en un acto más de reflejo que consiente saco su propia varita apuntándole al pelirrojo y desviando un hechizo que este le lanzó, para así dar inicio a una contienda en la que Ron atacaba frenéticamente y Draco hacia todo lo posible por protegerse.
Al enfrentamiento se sumó Harry ayudando a su amigo y Draco continuó protegiéndose lo mejor que podía, utilizando la varita para formar escudos, desviar los maleficios y lanzándose de un lado a otro para esquivar otros tantos que pasaban rosándole el cuerpo. A punto de ser vencido utilizó un hechizo que hiso que varios objetos incluida una maceta volaran a su alrededor interponiéndose a los hechizos de sus contendientes y en un rápido movimiento lanzó un hechizo desarmador que arrebató la varita de Ron de sus manos y fue atrapada por el rubio aun en el aire. Harry apuntaba a Draco sin perderlo de vista y Hermione también sacó su varita para ayudar a su amigo en la tarea de mantener a raya al rubio.
-Devuélvele la varita a Ron y lárgate de aquí Malfoy, no queremos más peleas contigo –le dijo Harry con voz tranquila.
-No hasta que diga lo que vine a decirles –refutó el rubio.
-¿Qué quieres? ¿Insultarnos por haber vencido a tu señor oscuro? ¿O amenazarnos por lo que paso en el callejón Diagon? –lo cuestionó Hermione.
-No es eso yo…
-¿Es que acaso no puedes dejarnos en paz? ¿No han causado ya suficientes problemas los tuyos? –le reclamó Ginny que se paró junto a Harry. Draco suspiro, sabía que iba a ser difícil, y aun así debía afrontarlo.
-Sé que han pasado muchas cosas entre nosotros, por eso vine a…
-¿A ponerle fin? ¿A terminar lo que Voldemort no pudo? –Lo interrumpió Harry-, intenta lo que quieras Malfoy, tu no…
-¡Vine a disculparme maldita sea! –estalló el chico arto de las palabras de aquellos cuatro, quienes lo miraron boquiabiertos por lo que acababan de escuchar.
-¿Qué dijiste? –lo cuestionó Ron, como si no hubiera escuchado bien lo que acababa de decir. Draco respiró hondo, lanzó la varita de ron hacia él, quien la atrapó, y bajo la suya, esperando que Harry y Hermione lo imitaran, cosa que no sucedió.
-Vine a pedirles perdón por todo lo que les hice, viene disculparme por las veces que los insulte, que les falte al respecto, vine a decirles que estoy arrepentido de muchas cosas que hice, y que en verdad lamento el dolor por el que han pasado, el sufrimiento que les ha causado toda esa mierda de la supremacía de la sangre, y las pérdidas que han sufrido, lo lamento, perdónenme.
Harry y Hermione seguían apuntándole al chico, pero además se miraron todos unos a otros, desconcertados.
-¿Por qué deberíamos creerte? –le preguntó Hermione.
-No deben, la verdad no hay razón para que me crean, pero es la verdad. Miren, sé que resulta increíble, no los culpo por desconfiar, seguramente en una situación así yo haría lo mismo, pero entendí que al fin y al cabo no puedo exigir que me perdonen, solo hacer el intento, solo disculparme, eso es lo que me corresponde a mí, y es lo que estoy haciendo ahora. Si me odian, lo comprendo, yo mismo me he odiado últimamente.
Harry y sus amigos volvieron a dirigirse miradas unos a otros, al tiempo que el chico y Hermione bajaban sus varitas. Ni siquiera Ron, que era el más impulsivo y visceral de los cuatro parecía seguro de que hacer en ese momento, con Draco mostrándose indefenso y sincero.
-¿Por qué ahora? –Le preguntó Harry-, ¿Por qué después de todo este tiempo, vienes a disculparte?
-Bueno, intente hacerlo antes, pero Weasley me golpeó –dijo en tono de broma aunque nadie rio con ello-. Desde la batalla de Hogwarts he pensado en como aliviar el dolor y el malestar con el que he vivido los últimos años, durante un tiempo insistía en pensar y repetirme que no quiero ser la misma persona que era antes, pero no se quien quiero ser entonces, y eso es desesperante, así que he optado por ir haciendo lo que pueda, buscando sentirme mejor y saber quién soy, y quien quiero ser. Una de las cosas que con más claridad he logrado distinguir, es que debía disculparme con ustedes….en especial… contigo Granger –Hermione despegó los labios al escuchar esas palabras y notar la mirada de arrepentimiento que el rubio le dirigía solo a ella-, por todas esas veces que te insulte, que me porte de lo peor contigo, no te lo merecías, eres mejor en la magia que muchas personas que se sienten superiores por la sangre, incluido yo, que no quiero volver a juzgar a las personas por esa cuestión.
-Entonces… simplemente has cambiado tu forma de ser y ahora quieres hacer las paces con tus viejos enemigos –dijo Ron con escepticismo marcado en la voz. Draco sonrió ligeramente.
-Sí, yo también estoy sorprendido, y a veces no me lo creo, pero es la verdad, y necesitaba decírselos, por eso vine. Y bueno, lamento las molestias, que tengan una buena tarde, adiós –dijo dándose la vuelta, sintiéndose mal por aun ser juzgado, y al mismo tiempo sintiéndose bien, por haber hecho lo que debía.
-¡Malfoy! –escuchó que Hermione lo llamaba y se dio la vuelta. La chica parecía debatirse consigo misma hasta que suspirando ruidosamente logro hablar-. Debo estar loca, no creo que te lo merezcas y la verdad es que las palabras no arreglan todas las coas que hiciste, pero también sé que para ti debió ser muy difícil decir todo eso, así que te perdono. No me agradas, en realidad te detesto, pero viendo que eres sincero, te perdono, y espero que de aquí en adelante demuestres que eres una persona diferente –Draco sonrió contento al escuchar las palabras de la chica castaña y asintió con la cabeza.
-Yo también espero poder demostrarlo, necesito hacerlo –dijo y se giró, para marcharse, sintiendo por primera vez en mucho tiempo, algo de paz.
Después de aquel suceso no hubo una oleada de disculpas por parte del heredero de la familia Malfoy, ni tampoco un gran despliegue de obras de caridad que de su parte, Draco sabía que esos actos, si bien podían hacer que el resto del mundo lo viera diferente, no eran realmente algo que fuera con su persona. Tampoco comenzó una cercana y fraterna amistad con los Weasley, con Harry o Hermione, de cierto modo, parecía que todo seguía igual, y quizá así lo era, excepto para Draco, quien después de tantas dudas, de tantos dramas y dificultades, al fin lograba sentirse diferente, y esa sensación, quería compartirla con Astoria. Tal vez lo volvería a rechazar, quizá se negaría nuevamente a hablar con él, pero al menos debía intentarlo, por lo menos eso debía hacer.
Llegado diciembre, Malfoy empaco varias cosas en un par de maletas y salió de casa sin decir nada. En el jardín de esta se desapareció y apareció en Hogsmeade, buscó una posada y rentó una habitación lo suficientemente cómoda a su consideración y se instaló como quien pretende pasar una larga temporada en algún sitio. Había acudido a Gringotts para hacer un fuerte retiro de dinero, no estaba seguro de que era lo que podía pasar, o cuánto tiempo estaría lejos de su familia, incluso no sabía si volvería con ellos, por el momento solo le interesaba una cosa: encontrar a Astoria, verla cuanto antes.
Desde su llegada comenzó a recorrer el pueblo todos los días, buscando estudiantes del colegio que estuvieran pasando el rato en el pueblo. Los fines de semana lograba ver a uno que otro estudiante, e incluso vio a un par de profesores, de los cuales se mantuvo alejado para no ser descubierto, se sentía de alguna manera en una misión secreta, y puede ser que lo fuera, no estaba seguro de que tan vigilada estaría en esos momentos Astoria, incluso podía ser el caso que nunca se presentara en Hogsmeade, pero no podía rendirse solo por eso, y continuaba buscando. Así paso el tiempo, hasta que una mañana de sábado, cuando recién acababa de salir del pueblo y casi tenía más interés en dirigirse a algún lugar para comer algo que la vio a la distancia. Con un grupo de amigos, chicas y chicos por igual. Se sorprendió un poco al ver que aquel grupo estaba compuesto no solo por estudiantes de Slytherin, sino que también había miembros de las otras casas, incluso de Griffindor, lo que era algo verdaderamente llamativo. Draco los siguió durante todo el día desde una prudente distancia, vigilando cada movimiento que hacían, observando con atención sus gestos, sus sonrisas, sus miradas perdidas en la nada y en momentos, fugaces rastros de tristeza que se marcaban en su rostro. Aquellos gestos sutiles le devolvían algo de buen ánimo, haciéndole pensar que quizá ella se encontraba tan mal y triste como él por la distancia que los separaba. La mañana dio paso a la tarde y los jóvenes se refugiaron del frio en las tres escobas, Draco los siguió y se ocultó en una mesa del fondo, vigilando, esperando el momento perfecto, y este finalmente llegó.
Astoria se levantó de la mesa en que su grupo de amigos reía animadamente y se dirigió al baño. Draco se puso de pie apenas un momento después, cubriéndose el rostro con la capucha y caminando con sigilo y cuidando no llamar la atención de nadie. Se recargo en la pared fuera de los baños esperando a que la chica se hiciera presente y en cuanto la vio salir, asegurándose de que nadie los observaba, la tomó del brazo, sacó su varita y se desapareció junto a la chica.
Aparecieron nuevamente en la habitación del joven, quien vio en Astoria sorpresa y miedo que de inmediato hizo a un lado para empujar al muchacho y alejarse de él. Draco se descubrió la cara, pero la oscuridad de la habitación no dejó a Astoria distinguir que se trataba y presa del pánico tomó una taza que había sobre uno de los muebles y se lo arrojó con fuerza a la cabeza del muchacho que se quejó por el golpe.
-Astoria soy yo –dijo antes de que la chica continuara su ataque, esta vez, con el plato donde reposaba la ahora destrozada taza. La chica se aproximó con lentitud a su captor, y el joven retrocedió un poco dejando que la tenue luz que se filtraba por una ventana no muy bien cubierta le diera en la cara, revelando una sonrisa a medias y un ligero corte en la frente del que brotaba un poco de sangre.
-Draco…-dijo en un susurro la castaña. El muchacho se acercó con lentitud pero con más confianza a la mujer.
-Estas aún más hermosa de lo que te recordaba –le dijo con voz suave.
-¿Qué haces aquí Draco? –dijo la joven castaña retrocediendo y usando un tono de voz más severo- ¿y por qué me raptaste de esa forma? ¿En qué demonios pensabas?
-En verte, por supuesto –le dijo como si fuera lo más obvio del mundo-, la última vez que hablamos… no quiero que esa plática se convierta en la última vez que hablamos Astoria, detesto pensar en eso.
-Me llamaste cobarde –le recordó con tono frio-, ¿sabes lo difícil que es todo esto para mí?
-¿Y tú sabes lo difícil que es para mí? –le regresó la pregunta con la misma frialdad que ella estaba usando. Draco suspiró, relajando su semblante-. Soy una vergüenza para mi familia, no es como que me importe mucho, pero quería decírtelo, escucha, todo esto, es difícil, está causando cosas difíciles, para ambos, lo sé, pero me di cuenta de que así tiene que ser Astoria, esto no puede ser tan solo un pasar la página y olvidar todo, ahora comprendo que las cosas no son simples ni sencillas, y quizá no es justo, pero así debe ser.
-Draco… todo esto solo nos va a generar problemas.
-¡¿Y eso que?! ¡Ya tuve mil problemas por nada! Al menos esta vez serán por algo que vale la pena, ¿no lo ves? –La joven miró al chico con ternura, se aproximó a él y le acarició la mejilla.
-Mi familia te odia, y me rechazan por ser como soy, es demasiada carga, ¿no te parece?
-Si… pero estoy dispuesto a cargar con ella, ¿y tú? –la chica sonrió, se aproximó a Draco y lo beso en los labios, lentamente, como había deseado besarlo desde aquel día en que se separaron en el parque. Al separarse, Draco abrió los ojos topándose con una gran tristeza marcada en los ojos de la chica.
-No puedo hacerte esto, causarte tantos problemas, el que estemos juntos te va a generar mucho dolor, yo lo sé, y no me lo perdonaría, no puedo –dijo dándose la vuelta, pero Draco la tomó del brazo para evitar que se marchara.
-¿Solo así? Si te vas igual me causaras mucho dolor, ¿Cuál es el punto entonces? ¡Al diablo lo que tus padres piensen de mí! ¡O lo que los míos piensen de nosotros! Quiero estar contigo, es mi decisión, es lo que quiero para mí. ¿No crees que nos merecemos decidir por nosotros? –Astoria volvió a voltear para ver directo a la cara a Draco, con los ojos desbordando lágrimas, y con su mano aferrada con fuerza a la del muchacho.
-Si… pero por favor… toma una decisión que te ocasione menos problemas que yo –y dicho eso soltó la mano del muchacho y se aproximó a la puerta de la habitación para salir de esta. Draco permaneció de pie, como estatua. Una vez más, había intentado, y una vez más, no había logrado lo que quería, y ya no estaba en sus manos el cambiarlo, ahora era decisión de Astoria.
Pensó en eso mientras se giraba para ver la ventana, el atardecer comenzaba a dar paso a la noche. Se acercó a un pequeño mueble contra la pared, debajo de la ventana y sacó de uno de los cajones una botella de licor y un pequeño vaso de vidrio. Se sirvió un trago y lo vacío de un solo golpe. Volvió a llenar el vaso mientras miraba la tarde morir y de sus ojos escapaban un par de lágrimas.
Estaba tan abstraído con la vista y concentrado en su dolor que no noto la presencia de alguien en la habitación hasta que un par de brazos lo rodearon por la espalda, y sintió como una cabeza se recargaba en su hombro. Apoyó una de sus manos contra la pequeña mano de la chica que estaba sobre su abdomen y se giró un poco, tratando de ver la cara de aquella chica, lleno de felicidad por verla regresar.
-Astoria tu…
-No sé en qué estaba pensando, tienes razón, ¡Al diablo tu familia y la mía! Jamás nos van a aceptar, pero yo te quiero Draco, te amo.
Aquellas palabras para el joven fueron un bálsamo que término de sanar sus viejas heridas, y que sabía que serían la cura para sus futuros males. Se giró completamente para contemplar de frente a la chica que sonreía, aun con los ojos cristalinos, pero esta vez con una radiante sonrisa que se iluminaba por la luz que entraba por la ventana y la hacía verse más hermosa que nunca. El rubio sonrió y beso a la joven con todo el deseo que en su cuerpo había permanecido guardado todo ese tiempo.
-¡Al diablo nuestras familias! -Exclamó al separarse y escucho la risa divertida de la joven-. Te amo Astoria –le dijo y volvió a abrazarla-. Oye, ¿recuerdas eso de, no quiero vivir toda la vida con esta sensación? –le preguntó el chico mientras la joven tenía su cara apoyada en el pecho de él.
-Si…fue lo que te dije en Hogwarts aquella noche.
-Si…bueno, pues esta sensación –dijo tomando la mano de la chica y poniéndola sobre su pecho-, esta calidez que me provocas, es una sensación con la que sí quiero vivir toda la vida –Astoria rio alegre.
-Draco Malfoy, no sabía que podías ser tan romántico –el rubio la acompaño en las risas volviendo a abrazarla con fuerza-, por cierto, ¿alguna vez te dije por que hable con tanta confianza contigo esa noche? –le preguntó separándose un poco de él.
-Sí, creo que dijiste algo sobre que me veía patético –dijo haciendo un gesto como si tratara de recordar aquel distante momento. Astoria se rio al recordar aquel detalle.
-Si…pero aparte –dijo captando la atención del rubio, que la miró y noto la atención que ella ponía en sus ojos-, por que vi en tu mirada algo que no se encuentra en todas partes.
-¿Qué cosa? –preguntó con intriga Malfoy.
-Luz –le contestó con sencillez la castaña-, dentro de ti veo luz, una luz que brilla a pesar de la oscuridad, vi a tu verdadera persona, y quise conocerla -Draco sonrió feliz con las palabras de la chica.
-¿Sabes qué? Yo también quiero conocer a esa persona, y espero que sea suficientemente digna de ti.
Y ambos jóvenes volvieron a besarse, en soledad de aquella habitación, vuelta intimidad por el sentimiento que ambos compartían, y sabiendo dentro de sus corazones que el futuro solo prometía ser más amargo y difícil, y aun así felices, felices de vivir ese momento, real y suyo.
FIN
Espero haya sido del agrado del lector, una historia en la que trate de retratar el drama de una vida en cambio, lo que para mí justamente pudo ser lo que Draco tuvo que enfrentar. Sin ser un santo obviamente me parece que debió lidiar con una nueva forma de concebir la vida y al mundo, teniendo dudas, miedos, odio, ¿y por qué no? Una guía o compañía en todo eso.
Que tengan todos un buen día.
