¡Otro cap! En verdad espero que les guste, porque a mí sí (Aunque suene egocéntrica).


Capítulo dos: Mi primera vez.

Era mi tercer día en aquél lugar, y poco a poco me acostumbraba a todos los horarios, a la gente, a algunas normas. Me hacía recordar a Piper tratando de hacerlo todo bien, pero yo lo hacía por timidez y por miedo a la gran concentración de desequilibrados mentales que había ahí, más que por otra cosa. Helena, Gisselle y Rubí hacían todo más simple y acogedor para mí, mientras que otras personas trataban de hacerse amigos míos...aunque no me fio, ni me fiaré: no sé lo que realmente están buscando, creo que con las chicas es suficiente.

― Bien hecho, Halliwell ― Me dijo uno de los instructores de deportes, luego de que la práctica de básquetbol hubiese terminado.

Sonreí para mis adentros, feliz de que siempre que participaba en algo deportivo me fuera bien; quizás no era tan inútil después de todo...o quizás, era porque los demás eran oficialmente un desastre. La noche anterior se habían llevado a Rubí a la enfermería después de que se cortara más allá de la cuenta, y yo había preguntado de manera inocente por qué era tan fácil para todos conseguir las cosas que les hacían daño, si se suponía que iban a rehabilitarse.

"Esto es un negocio Pheebs...tu haces lo que quieres. Los cuidadores le dicen a los médicos solamente la mitad de las cosas, o incluso menos porque aceptan chantajes de los líderes de este lugar...y los responsables de ti no se enteran de nada; los médicos menos...y así, mientras ellos creen que estás perfecto, sigues pagando y tu sin que te moleste nadie".

Encontré que quizás era demasiada categórica su opinión, y creo que es muy posible que si alguien quiere salir de todo eso, puede lograrlo si pone de su parte...aunque también era muy consciente de que, quien no quería salir de eso, jamás iba a hacerlo. Además de la ausencia de Rubí, podía ver gente con grandes ojeras, algunos casi dormidos por resacas o exceso de drogas, otras desmayándose por no haber comido en días...también gente extremadamente hiperactiva, en fin, era un circo.
Después de ducharme entré a mi habitación goteando agua, y aprovechando que no había nadie más aún, me saqué la toalla para secarme más libremente que envuelta en una especie de taco humano...y como tengo suerte, no escuché la puerta abrirse. Mientras yo buscaba algo que ponerme frente a mi closet, y usaba la toalla de mi cuerpo seco para envolver mi cabello, había alguien sentado en la cama de Helena, sin que me diera cuenta hasta que estaba ya completamente vestida. Di un grito, pegué un salto y me afirmé de la pared de la sorpresa.

― ¿Cu...cuan...cuánto llevas ahí? ― Le pregunté acomplejada, creo que me sentía en mi derecho de que me no me gustara que me vieran desnuda sin saberlo, menos cuando la persona que me observaba era tan intimidante, severa, dura y fría...parecía ser un fantasma, que a veces estaba, a veces no, pero nunca se sabía cuando se movía.

― Lo suficiente como para saber que tienes una manchita de nacimiento en...

― Cállate ― Le dije sintiéndome sonrojar, y tapando mi cuerpo ya vestido, por simple inercia.

― Creo que ya sé por qué te enviaron aquí, por exhibicionista ― Dijo tranquilamente cómodo en la cama de la drogadicta del cuarto.

― ¿Qué haces aquí?, ¿Por qué no tocaste, avisaste o...?, ¡Mínimo cerraste los ojos! ― Grité enojada, corriendo a darle una cachetada solamente para llamar su atención, pero él detuvo mi mano con tanta fuerza que tuve que rogarle entre gemidos que la soltara.

― No lo intentes ― Me dijo, mirándome sobar mi muñeca adolorida.

― Eres un bruto ― Le dije, pensando en si tendría alguna contusión importante o no, dolía como el infierno.

La puerta se abrió de nuevo, dejando entrar a Helena y Rubí, y mientras la primera arreglaba algunos tráficos con Cole, yo miraba y ponía atención a cada movimiento de aquél tipo...tenía algo extraño, no sabía qué, pero al mismo tiempo en que me traumaba, paralizaba y daba miedo...me atraía, de una manera tan enferma, que me empecé a sentir parte del grupo de locos que estaban ahí.

El domingo llegó rápido, cumpliéndose mi quinto día, y mientras las demás estaban disponibles para ser visitadas por su familia -O en el caso de ellas, por sus amigos fuera del reciento- y yo no tenía derecho a ver a nadie hasta pasado un mes...según la directora, "no lograría ningún cambio hasta que sintiera el remezón fuerte de estar donde estaba"...tonterías.
Salí a caminar por el pequeño jardín del lugar y mientras olía el aroma de unas flores de por ahí, sentí el inconfundible olor a marihuana. Avancé, caminé hasta llegar a las rejas del fondo y me encontré con él...ahí estaba Cole: solo. Me quedé mirándolo desde mi escondite en la pared, viendo como fumaba con los ojos rojos y lágrimas cayendo de ellos...me pregunté por qué no tenía visitas.

― ¿Cuánto más vas a quedarte ahí?

Su voz me hizo saltar, y me distrajo de preguntarme qué sería de su vida, de donde venía y hacia dónde iba, y me preparé para correr... sintiendo un escalofrío y una total parálisis cuando me sujetó del brazo y me forzó sentarme a su lado de un firme y eficaz tirón al suelo.

― No tengo familia ― Me dijo, como leyendo mis pensamientos ― Perdí a mi mujer, también a mi hija.

Lo miré con tristeza, y no pude evitar que la curiosidad creciera más dentro de mí.

― ¿Por qué? ― Le pregunté, estirando mi brazo para tratar de quitarle su cigarrillo y probarlo: un par de veces lo había hecho, y nunca me habían llamado la atención...pero ahora, en sus labios carnosos y secos, y en sus manos frías y fuertes, parecían tener un especial encanto.

Para mi sorpresa, dejó que lo tomara y cuando estaba a punto de ponerlo en mi boca, habló.

― Por esto ― Respondió refiriéndose tanto a lo que tenía en mis manos como lo que tenía en las suyas, dándome vuelta encima una botella de cerveza para apagar el cigarrito que se disolvía entre mis dedos ― Vete de aquí, usa lo que te queda de cerebro.

Me puse de pie y salí corriendo hasta cualquier parte lejos de ahí: enojada, humillada, y aún preguntándome a qué se refería cuando hablaba de su mujer y su hija...¿Habían muerto?, ¿Las había dejado?, o en el peor de los casos, ¿Las había matado?

Durante casi una semana, el subidón de energía y de sentirme en cierta medida, "parte" de ahí, comenzó a desaparecer: la gente dejó de mostrarme su cara amable, y ahora podía ver sus problemas a la luz. Odiaba saber que Helena estaba descompensándose, también odiaba cada vez que a Gisselle se le acababa el efecto de sus pastillas...y odiaba ser la única "normal" en ese grupo de locas...no por querer estar enferma también, sino porque algo me hacía creer que nunca en la vida encajaría en alguna parte...que nunca en la vida, iba a poder ser algo para alguien. Necesitaba amor, era todo lo que pedía, a gritos...y no había ninguna medicina o tratamiento que pudiera dármelo...ni a mí, ni a mis compañeras, ni a nadie.

Gisselle me había contado su historia, un día en que se confundió y no se había tomado sus medicamentos...no era muy llena de detalles, pero sí bastante triste: Había nacido con ese trastorno de personalidad múltiple, y apenas sus padres lo supieron, la llevaron a una iglesia para que la exorcizaran: nada salió bien. La llevaron de iglesia en iglesia, recorriendo el país, el continente, incluso el mundo...eran de una familia rica, conservadora y fanáticamente cristiana...no podían soportar tener una hija con el "demonio adentro" así que por mientras la traumaban para "liberar su alma" el juzgado de California decidió quitarles su tuición hace ocho años atrás y ponerla ahí, "a salvo" hasta que cumpliera veintiún años y quedara abandonada a su suerte.
También estaba la historia de Rubí, que sin duda, para mí, era la más triste y espantosa de todas_ su propio padre se había atrevido a violarla desde que era una niña, y durante su adolescencia fue todo peor...ahí comenzó a cortarse, a flagelarse y a volverse una masoquista en potencia, y para cuando su madre lo descubrió no le creyó nada, diciéndose ambos "padres" -o para mi "monstruos"- a internarla ahí para guardar las apariencias, llevaba casi dos años encerrada...
Por último, estaba Helena. Había sido siempre una niña común y corriente hasta que por mera curiosidad, decidió entrar al mundo de las drogas. Poco a poco perdió a sus amigos, y también a sus madre por un accidente; hoy, su padre se encargaba de pagarle ese lugar solamente para que no molestara en la nueva familia que había formado con su nueva esposa.

A medida que pasaban los días, me sentía más y más fuera de lugar. Todos parecían tan...diferentes...tan distintos a mí, con historias fuertes, dolorosas, karmas llenos de eventos que eran dignos de una película de Hollywood...hay historias aquí que jamás pude haber imaginado, y me siento afuera de todo esto...siento que sobro, tanto en mi casa con la gente normal y con un futuro, como aquí: con la gente pérdida, muerta y sin destino. A medida que pasaban los días, empecé a entrar en la misma depresión que Rubí. A medida que pasaron los días, empecé a desear estar así de medicada como Gisselle, para sonreír y ser feliz siempre...y a medida que pasaban los días, comencé a desear más ser parte de los negocios entre Helena y Cole...cada hora era más insufrible, cada momento más angustiante...y segundo a segundo, lo único que quería era salir de ahí.

Un día, mientras Helena estaba en desintoxicación, Rubí "ocupada" con una chica de otro cuarto en la litera de al lado y Gisselle en no sé dónde, colapsé. Colapsé. Estaba harta, estaba cansada, quería terminar con todo y extrañaba a mi familia...demasiado, creo que cuando me comparo con estas chicas sé que mi vida tampoco ha sido sencilla, pero que yo tuve algo que ellas jamás: a mi abuela. A Prue. A Piper. A Paige. Yo había tenido todo lo que esta gente moría por tener: familia y amor de verdad...pero el amor propio que no tenía, era lo que me hacía negarlo y ser la infeliz rata que era hoy. Me maldecía por no haberlas valorado, me maldecía por haberme creído tan putamente especial y única, tan sola y abandonada...pero por otro lado no me culpaba de eso...cada uno vive su historia como la siente, a veces nuestros grados de sufrimiento y dolor son bajos en comparación a otros, pero no significa que sean menos reales.
Me bajé de la cama, tratando de no mirar la grotesca escena que Rubí y su pareja tenían montada en la cama de abajo del camarote contrario al mío; cosa que no era tan fácil de hacer cuando tu vista daba directamente ahí por el ángulo. Jamás había visto a dos mujeres haciéndolo, menos ignorándome como si no estuviese ahí. Odiaba que me ignoraran. Odiaba que todo el mundo me ignorara aquí, y sobretodo, que "él" me ignorara. Mientras las dos habían comenzado a acelerarse más de lo que estaban, y yo me preguntaba de manera sarcástica si podrían ser más ruidosas, tropecé con las zapatillas de alguna de ellas y terminé afirmándome en la pared con ambas manos, si no quería quebrarme la nariz como se la había quebrado a Paula.

― ¿Estás...bien? ― Me preguntó Rubí en un jadeo, y no pude más que asentir, con ganas de vomitar.

― Sí ― Respondí con claridad, y ellas siguieron en lo suyo.

Mi pregunta se respondió con eso: Sí podían ser más ruidosas. No era que fuera homofóbica, pero nunca en mi vida había tenido la vena voyerista...no me gustaba ver a otros haciendo algo que se me había privado casi un mes.
Noté que había chocado con el casillero de Helena, y también que con el golpe se había abierto...un par de cosas estaban en el suelo. Miré obligadamente hasta la cama Rubí y me di cuenta que estaba demasiado concentrada en sus jueguitos como para que se diera cuenta que iba a ponerme a hurguetear entre cosas ajenas, y sonreí. Me agaché, recogí lo que se había caído y encontré lo que tanto había estado deseando encontrar de manera casual...solamente para sentirme menos sicótica. Tomé el estuche azul marino de la dueña del armario y urgueteé, encontrando un sin fin de pastillas, bolsitas y demases que no tenía idea qué podían ser, pero si reconocía algo era el kit que tenía esa chica para inyectarse...el que ahora estaba en mis manos. Me senté en el piso en pose india, con el estuche entre mis piernas y saqué una liga que había ahí...había visto a Helena hacer esto cientos de veces, también a Cole otras cien veces más. Tragué en seco, esperando a que llegara alguien y me detuviera de la brutal locura que iba a hacer, pero parecía que Helena seguía en su desintoxicación, Gisselle en cualquier lado menos cerca y Rubí ocupada gritando "Así". Me quité la blusa, por alguna razón me parecía más cómodo que subirme las mangas, y me puse la liga con cuidado en el brazo, como cuando iba al médico y me sacaban sangre. La aseguré, ni muy apretada ni muy suelta: lo justo y necesario como para que poder encontrar mi vena más tarde...Recordé todo lo que había visto hacer a los demás, y siguiendo mis intrucciones mentales empecé a cavar mi tumba. Cuando todo estuvo listo y armado, acerqué la punta de la aguja a mi brazo y ahí titubeé: ¿Dónde se suponía que tenía que pinchar? Estuve en esa posición, mordiéndome los labios y con la cabeza latiéndome con fuerza, mareada, atontada, asustada...paralizada. No debía hacerlo, pero moría por probarlo...por saber si me sentiría bien, libre, protegida y fuera de este infierno un momento, un segundo era suficiente.
Pasados unos minutos, yo seguía detenida estáticamente, mirando sin mirar y sin sentir: estado catatónico. La puerta del cuarto se abrió, y esta vez si la oí.

― Si querías, debiste haberme pedido ― Se quejó Helena al verme ahí, y parecía tranquila, sin rastros de lágrimas, de sufrimiento o dolor...venía junto a Gisselle.

― ¿Tú no estabas en Alcatraz? ― Preguntó Rubí, quien ahora estaba descansado sobre su compañera, y yo, conociéndola como la conocía, sabía que era una pausa para comenzar otra vez en un par de minutos más, por lo que ni siquiera se habían dado la molestia de volver a vestirse.

― Sí, pero tú sabes, un par de palabras, y logré salir antes de que empezaran con sus estupideces, y aproveché el tiempo para ir a solucionar algunas transacciones en la zona de descarga.

Fruncí el ceño al darme cuenta que entendía todo lo que decían, recordando que al principio hablaban un idioma completamente diferente para mí, hasta que entendí que "Alcatraz" era todo lo relacionado con el tratamiento de rehabilitación, ubicado en el ala oeste y "La zona de descarga" era el patio trasero, en donde todo el mundo intercambiaba, vendía y compraba cosas: ya fuera entre los mismos internos, como entre la gente de afuera.

― Yo la acompañé ― Celebró Gisselle, tan cedada y falsamente estimulada como siempre, cerrando la puerta tras de sí y sentándose a mi lado ― ¿Lo vas a hacer?

La miré con duda, aún sin mover nada más que la cabeza y mis ojos. Helena se sentó a mi otro costado, y ambas amantes de la cama de al lado se acercaron también a mirar.

― Ven, déjame enseñarte, o vas a terminar matándote ― Bufó Helena, quitándome la aguja y repasando cada paso, sonriéndome ― ¿Aprendiste mirando?

Yo asentí, nerviosa y asustada, y ella me dedicó otra sonrisa.

― Eres buena, está muy bien para ser tu primera vez, ahora mira ― Dijo tomando mi brazo y sujetando la aguja ― Cuando tu brazo esté así... ― Dijo tanteando el mío ― Sabes que está perfecto, ahora, buscas acá... ― Continuó, mientras todas poníamos profunda atención.

Yo solamente quería correr antes de que pasara algo, pero cuando había reunido la fuerza para parame y salir a cualquier parte lejos de ahí, a recriminarme lo imbécil que era, ya era tarde.

― ¿Así de fácil? ― Preguntó Gisselle, quien en realidad, nunca había puesto atención a todo el proceso y no era que necesitara más drogas y medicaciones en su cuerpo.

― Así de fácil ― Respondió Helena, terminando de inyectar lo que quedaba en el tubito, y yo soltaba algunas lágrimas de decepción.

Me quedé quieta, sin escuchar una sola palabra de las demás, que hablaban y hablaban. Gisselle se sentó a mi lado y se apoyó en mi pecho, y supuse que era al notar que estaba latiendo a una velocidad jamás antes experimentada por mí, ni en mis más locas aventuras. Helena sonrió satisfecha y esperó un poco, también queriendo unirse a mi iniciación en esa ciencia, mientras que Rubí tomó un par de pastillas del bolsito y la compartió con la pareja que tenía ese día, porque siempre era una distinta, aunque a veces lograban repetirse.
Empecé a sentir un calorcito bastante agradable acompañado de una insoportable resequedad bucal y una imposibilidad de mover mis brazos o mis piernas, las cuales parecían estar hechas de plomo. Todo empezó a moverse más rápido. Todo era de repente gracioso e inexplicablemente exitante. Sentía un brote de emoción, de ganas de gritar, de reírme como loca y de saltar...y creo que lo estaba haciendo, no sabía cómo podía hacer tantas cosas a la vez, sin sentir que me estaba moviendo...tampoco sé si realmente estaba moviéndome, si estaba quieta, o si era mi imaginación o no. Gisselle estaba saltando, creo que saltaba conmigo, mientras que Helena se reía a viva voz y Rubí y su amiguita habían dado rienda suelta a su fiesta personal otra vez, y por primera vez en un mes, no me dio asco mirar.

La luz se hacía intensamente brillante y atractiva, y no pude evitar embobarme al ver a una polilla tratando de lograr algo con la ampolleta, y me causó gracia escuchar los gemidos de Rubí al compás de los golpecitos que daba esa mariposa nocturna contra el foco...era maravilloso. Todo parecía nuevo, era como una bebé recién nacida que apenas empezaba a conocer el mundo, a ver los colores brillantes en todas partes aunque fuera un miserable castaño oscuro, como lo era el corto y desordenado cabello de Rubí.
Helena estaba a mi lado, pero parecía estar tranquila, relajada y con los ojos cerrados...no veía demasiado movimiento en ella, y por un momento me pregunté si estaría viva o no, pero no me importó; no es que fuese una desalmada, pero en este estado, nada parecía importante o serio, todo me daba lo mismo, incluso las peticiones y las ideas que les daba Gisselle a las chicas teniendo sexo me parecían naturales.
Sentía fuego por dentro, y también asco al darme cuenta de que estaba exitada al verlas así, tanto que lo único que estaba necesitando era a un chico ahí mismo, dispuesto a ayudarme, o una ducha helada. Me quedé mirando, jadeando y con el sudor cayendo por mi cuerpo, con mis pechos tensos y duros, apenas cubiertos por mi brassier. De golpe, toda mi energía se fue. Estaba como perdida ahora y pensaba que habían pasado muchas cosas, muchos saltos, gritos, risas chistes...pero no recordaba nada. No tenía idea cuánto tiempo había pasado presa de esa hermosa euforia, pero si sabía que se estaba acabando y que ahora estaba detenida en el piso, mirando con ojos desorbitados y sintiéndome asquerosamente mojada por el simple hecho de observar a las amantes. En instantes, viví las cosas como si fueran un sueño: confuso, pesado, abrumador y con todo mi cuerpo y mente adormecidos; en otros, estaba totalmente despierta, consciente y poniendo atención al show que Rubí tenía armado, encontrándome sentada entre medio de Helena y de Gisselle, quien también estaba mirando como si jamás lo hubiese visto antes.
En un momento determinado, me borré del mapa: no veía nada, no escuchaba nada, no sentía nada.

Mi experiencia terminó cuando me una molesta sensación en el estómago me hizo vomitar.


Bueno, no tengo ni la más mínima idea de drogas o cosas así, porque no las consumo (todavía). Todo está hecho a base de testimonios que leí en internet y uno que otro estudio vago...

Respuesta(s) de review(s):

Viiry: Yo también quiero un hijo de Cole jajaajaj! Sandra Bullock la lleva :B. No creo que me haya superado tanto...todavía falta un poco, espero poder cumplir con mis propias expectativas!