Disclaimers: Los personajes de Magic Knight Reyeart no son de mi propiedad, pertenecen a las fabulosas CLAMP, si me pertenecieran Clef y Marina se hubiesen quedado juntos, siendo felices y comiendo perdices, jejeje, al igual que Anahís y Paris y Lucy y Latis, u.u, mal que nos pese niñas, .
Mi Amado Pianista
Capitulo IX: Llanto y decepciones
No podía concebir algún ni ningún tipo de sueño. Se sentía terriblemente miserable.
Estaba acostado mirando el blanco he inmaculado techo de su ensombrecida habitación. Eran las 4:00 AM y él simplemente no podía pegar un ojo.
Se sentía débil.
Golpeado.
Dolido.
Engañado.
El amor era una soberana porquería. Ahora lo sabía bien.
Toda una serie de poemas que hablaban del amor intenso y frustrado acunaron a su mente para hacerlo sentir aun peor de lo que ya se sentía.
Estrofas de canciones dedicadas a aquellos amantes usados y desechables que eran para aquellas sórdidas mujeres sin corazón se manifestaban incansablemente en su corazón. Por que así se sentía. Usado y desechado cual trapo sucio se tratase.
¡Mierda! ¡El amor era una mierda!
-Marina… ¿Por qué? – esbozó en un lastimero susurro que resonó como mil ecos en la penumbra de su alcoba. Una lágrima fue el advenimiento del aguacero viviente en el que se convertían ahora sus hermosos ojos verde esmeralda.
Mil lágrimas surcaban ahora por su rostro angelical y pálido.
Mil gotas de dolor que se escurrían entre las sábanas de su cama individual, perdiéndose en lo más profundo de su colchón.
Mil besos que ahora sabía que jamás podrían llegar a ser dados ni dedicados a la sirena más bella que habitaba en los mares profundos de su corazón. Ese mar que ahora, poco a poco, se iba convirtiendo en pantano de aguas estancadas y vegetación hecha a base de alaridos punzantes de impotencia.
Impotencia de saber perdida a su sirena de cabellos de cielo, sin siquiera tener la oportunidad de luchar.
Apretó con fuerza las pálidas sabanas, transmitiéndoles así el dolor de su alma. Los nudillos de sus manos crujían al hacer el apriete mas fuerte. Sus dientes rechinaban en el obvio esfuerzo que estaba haciendo por acallar el grito de un nombre, calentándole los labios y entrecortándole la respiración.
Se paró de súbito y caminó raudamente hacia el armario, buscando algo que sabía aliviaría un poco el clamor de su agonizante ser.
Se encontró con una caja de zapatos, no siendo éste su contenido. Lo que en su interior se hallaba no eran nada más y nada menos que fotos y cartas de la que alguna vez llamó el amor de su vida. Aunque él sabia que, aun siendo muy joven, era demasiado temprano para utilizar tal expresión.
Miraba aquellas imágenes, en donde se encontraba con su preciosa sirena de ojos de cielo. En ellas se veían enamorados, como una pareja normal, reflejándose el increíble amor que en esos momentos sentían el uno por el otro. Y nuevas lágrimas hicieron su aparición, mientras que con rabia hacia mil pedazos tanto las fotos como las cartas. Y su habitación se tiño de blanco y negro con los pequeños trocitos que eran ahora lo que alguna vez llamó su mayor tesoro.
Sus piernas temblaron y cayó de seco al suelo, sentado sobre la alfombra, apoyando su espalda en la cama. Un brazo descansó pesadamente sobre sus rodillas, mientras una mano se deslizaba desesperadamente por sus avellanados cabellos, demostrando así toda la frustración de sentirse solo y engañado. Aunque la realidad no fuese esa.
-Marina…puede…puede que no sea nada, que sea solo un amigo…pero…¿Por qué lo mirabas así? ¿Por qué el aire se sentía tan liviano alrededor de ustedes? ¿Por qué bailabas para él, y cuando yo te lo pedí nunca lo hiciste?
No lo entendía. Como de la noche a la mañana aquella sirena de cabellos de agua y ojos de cielo se le había escapado de su vida, escurriéndose como agua entre los dedos. Pero por mucho dolor que esto le causara…para su desgracia…aun…tenia una leve esperanza de que las cosas no fueran como él las estaba pensando en ese momento.
-Cuando te vea…por fin…mi sirena…hablaremos, y si todo lo que pienso es verdad, yo juro que saldré de tu vida, te dejaré ser libre, te abriré tu pequeña jaula de oro, te daré tu libertad…aunque – y dos gruesos gotones de agua salada se escaparon de la verde pradera que eran sus ojos - …aunque, tu libertad signifique mi…cadena perpetua.
Y sin decir más, derrotado como estaba, logró trepar hasta su cama, y sin siquiera fijarse que aun llevaba puesta ropa casual encima, apoyó la cabeza en la almohada y se dejó guiar por Morfeo hacia la tierra de los sueños. Sueños en donde aparecía una dulce sirena a cantarle en el oído, la cual el castaño sabía, ahora solo la podría tener en eso…en sueños.
Después de todo…en sueños…ella nunca se alejaría de él.
Nunca.
Al día siguiente, en un lujoso departamento cerca del centro comercial de Tokio…
El cálido resplandor de sol de las 8:00 AM le dio de lleno en su rostro, despertándolo lamentablemente de ese sueño tan maravilloso y embriagador que le daban ganas infinitas de nunca despertar.
Había soñado toda la noche con la ninfa mas hermosa que se pudiese ver en la tierra, en el cielo y en todo el universo. Ella bailaba solo para él. Lo miraba solo a él. Le sonreía solo a él. Y eso lo hacía sentir dichoso, el pecho le estallaba de tanto gozo.
Cuando él abrió sus orbes azul cielo, una cálida sonrisa se plasmó en su lindo rostro, iluminando con ella toda su habitación. Y caray. Se sentía como todo un adolescente en plena etapa de crisis hormonal. Todo debido a una preciosa ninfa que apareció de la nada a iluminar la penumbra que era hasta entonces su vida.
Se levantó con energías renovadas ¿Hace cuanto tiempo que no tenía un sueño tan reparador? Pues desde hace varios años.
Años en donde cada vez que intentaba dormir, simplemente lograba revivir la pesadilla que le había tocado experimentar desde muy pequeño. Y no era para nada fácil cargar con semejante mochila sobre su espalda.
Su natal Alemania era para él la cuna de su más grande sufrimiento. En donde su corazón había padecido ante las llamas de lo que se llama el extremo dolor en su máxima plenitud. Esa tierra llena de antiguas promesas de amor y felicidad se convirtió para él en el sitio en donde habita la sombra de lo que quedaba de su entereza.
Miró hacia la mesita de noche al lado de su cama. En ella se encontraba una foto peculiar: dos niños de unos 8 años de edad, exactamente iguales, tocando conjuntamente el piano. Ambos de cabellos lilas y ojos azules.
Su azulina mirada se perdió por unos momentos en ese retrato, más que nada en el otro niño que no era él.
-Ron – logró mascullar casi imperceptiblemente al mirar a ese niño.
Y su mente se disparó de inmediato viajando hace un tiempo que parecía aun no ser muy lejano.
Risas infantiles.
Abrazos paternales.
Besos cargados de amor al prójimo.
Una puerta abriéndose estrepitosamente.
El grito de su madre.
Su padre batallando contra alguien.
Siete disparos de un arma.
Su madre tirada en el piso, abrazando de manera protectora a su hijo más grande.
Su padre sin vida en el piso.
Su hermano menor herido en el vientre, ahogándose en su propia sangre.
Su madre respirando por última vez a causa de la herida de bala que tenía en el tórax que le había perforado el estómago.
Él inconsciente aun entre los brazos ahora fríos de la que era hasta el momento su progenitora.
Ruidos de sirenas provenientes de varios patrulleros.
Sonidos ahogados de ambulancias que llegaban a la escena.
El pequeño que sobrevivió siendo llevado con urgencia al hospital.
Sus abuelos comentándole la terrible noticia en cuanto recobró el sentido.
Él parado junto con sus abuelos delante de tres tumbas de frío cerámico y plata.
El sonido de un antiguo reloj de pared lo sacó de su pequeño deja vú de recuerdos. Y rápidamente se limpió la pequeña lágrima que se había fugado de su ojo derecho.
Se levantó por fin dando un hondo suspiro y se dirigió sin prisa hacia el baño. Cuando llegó se miró en el espejo durante unos momentos, analizándose a sí mismo con detenimiento. Y fue en ese instante cuando lo notó. Sus delicados rasgos masculinos ya no denotaban esos gestos de cansancio y decaimiento. En cambio, para su sorpresa, su rostro había adquirido nuevamente esa tonalidad aterciopelada y de delicada niveidad. Pues para ser un hombre joven siempre había parecido mas lo que se decía un "modelo" que un hombre común y corriente, las mujeres lo miraban encantadas diciéndole adjetivos como "hermoso", "precioso" o mas vulgarmente "todo un bombón". Pero los hombres, por envidia o por tener ese concepto tan retraído hacia los de su mismo género, lo tildaban de "afeminado" o "afrancesado", hasta oyó decir de los hocicos de esos hombres que era todo un "metro sexual". Al pobre Clef, tanto los elogios femeninos como los desencantos masculinos, le había causado bastante gracia. La cuestión era que, por obra bendita del señor, tanto él como su fallecido hermano habían heredado los encantadores genes de su finada madre.
De repente su reflejo se esfumó del espejo y en cambio, apareció la imagen de una dulce ninfa bailarina, bailando solo para él. Una sonrisa instantánea se figuró en su cara y fue cuando el reflejo cambió de nuevo y se vio a él mismo con una sonrisa de estúpido.
-Dios... ¿Que rayos me está pasando? ¿Qué me estás haciendo Marina? – se preguntó en voz alta, mirándose a los ojos, y fue cuando notó el extremo brillo en su mirada, era una mirada…ilusionada – Acaso…yo…¿Me estoy enamorando? ¿O será que ya lo hice?
Y su reflejo volvió a cambiar, mostrándole a esa hermosa muchacha de ojos del color del cielo, sonriendo encantadoramente a Clef. Éste volvió a sonreír y acarició una de las mejillas de la ilusión que le mostraba el espejo.
Y fue ahí, en ese momento, que supo la verdad.
¿Estaba enamorado como un chiquillo dominado por sus hormonas? No lo sabía.
Lo único que supo fue que, por primera vez en su vida, había caído bajo el influjo del océano, postrándose a los pies de su más bella ninfa en posesión de Poseidón. Su ninfa bailarina.
Esa misma mañana, en un café del centro comercial de Tokio…
Tres amigas, jóvenes y hermosas, charlaban amenamente contándose los últimos sucesos en sus vidas en el que era su café favorito, el trío estaba sentado en una mesa al lado de un gran ventanal que daba hacia la concurrida calle de su ciudad natal.
-Ese chico no va a doblegarme de ninguna forma, eso lo juro y lo recontra juro – decía una bella rubia de ojos de esmeralda – quiere jugar…pues bien…jugaremos entonces – dijo sonriendo maliciosamente.
-Hay Anahís…yo no sé por qué le das tanta vuelta al asunto…ese chico llamado Paris es todo un sueño hecho realidad – dijo una preciosa pelirroja de ojos de rubíes en forma ensoñadora.
-Pues si tanto te gusta…quédatelo – dijo despreocupadamente la rubia, aunque algo dentro de ella se inquietó ante el comentario de la pelirroja.
-Hay claro, habló doña madurez en persona, hay Ann, si se te nota que te gusta de aquí hasta la China – habló una tercera muchacha, tan bella como las sirenas de cualquier fabula o leyenda griega, de largos cabellos azules y de ojos como dos manantiales cristalinos – además…recuerda lo que dice el dicho "El que con fuego juega…
-Se quema"… - terminó de completar la pelirroja - …y hasta las orejas mi querida amiga…
-Pues yo no me voy a quemar, es más, hasta ni calor me va a dar – dijo obstinadamente Anahís, y sus amigas se miraron alzando las cejas con picardía, algo estaba pasando con Anahís para que demostrara tanta terquedad de su parte.
-Anahís ¿Por qué tanta insistencia con ese muchacho Paris para demostrarle que contigo no va a poder? ¿No será acaso que este lindo peliverde en realidad te mueve bien movida la estantería y nada mas no lo quieres reconocer? – preguntó la peliazul en tono picaresco, a lo que la muchacha ojiverde solo atinó a abrir bien abierta su boca.
-Pero…deja de decir idioteces Mar…lo hago solo…para divertirme un rato…nada mas…además el está bien dispuesto a divertirse también.
-Si claro… ¿Sabes amiga? Un día de estos va a venir la realidad a golpearte la cara, y no habrá tiempo para arrepentimientos – dijo Marina solemnemente – con Lucy estamos acostumbradas a verte actuar de esta forma cada que un chico con intenciones románticas anda acechándote como un sabueso, pero llegará la hora en que el amor toque el timbre de la puerta de tu corazón, y no vas a poder hacer nada al respecto.
-Lo sé, realmente lo sé muy bien, pero… - dijo Anahís agachando la mirada – tal vez, haber tenido que enfrentar a cada candidato que me han presentado mis padres solo por su buen estado económico solo me ha convertido en una persona mas…cautelosa, fría si así quieren llamarlo ustedes, pero ver como se comportaban esos chicos, solo pretendiendo y ansiando la fortuna de mi familia, me ha dejado con una clara visión de lo que son los hombres en realidad…nada mas son unos buitres esperando alrededor mío, aguardando que caiga en sus redes para así poder sacarme los ojos, y eso es algo que no voy a permitir jamás…
-Anahís – dijeron tristemente sus dos mejores amigas.
-Pero… ¿Qué tal si Paris es distinto? ¿No quieres averiguarlo? Nada pierdes con intentar – la pelirroja dijo queriendo cambiar la ideología de la rubia con respecto a los hombres.
-No lo sé Lu… no quiero que me vuelva a ocurrir lo que pasó hace un año y medio atrás – dijo sintiendo aun el dolor en su pecho de lo que había sido la mayor desilusión de toda su vida.
-¿Te refieres a lo que sucedió con Akira Furukkaido? – preguntó inocentemente Lucy, haciendo que Anahís ocultara la mirada debajo de su flequillo y que Marina la mirara reprobatoriamente, y la pelirroja solo atinó a taparse la boca con ambas manos, escandalizándose ella misma por haber hecho esa pregunta tan indiscreta – Lo siento, lo siento, lo siento Ann…
-Está bien Lu…después de todo yo fui la ilusa, creí que Akira era distinto a todos los demás muchachos que me cortejaban, era tan atento, tan gracioso, siempre me hacía sonreír, parecía que solo tenía ojos para mi, y sin embargo… - dijo con la voz entrecortándosele al final – sin embargo, cuando lo vi besándose con otra chica en el parque en donde solíamos pasar la mayoría de las tardes…se me terminó de caer la venda que tenía en mis ojos…demostrándome así que no hay ningún hombre en este planeta que valga realmente la pena, solo quieren jugar con los sentimientos de las mujeres, importándoles un pepino si salimos lastimadas o no en su odioso proceso de cacería – masculló con ira contenida en su dulce voz mientras apretaba una servilleta de papel entre sus manos, y una lagrima furtiva se escurrió por el bello rostro de ese delicado ángel rubio – pero bueno – se limpió la lagrima que aun rodaba en su mejilla – apuesto lo que quieran a que Paris es igual que Akira, solo me busca para heredar mi fortuna.
-Anahís, yo se que aun te duele el desaire que te hizo el idiota de Akira, pero mi consejo sería que no juzgues sin saber – le dijo marina tomando una de las manos de la rubia por sobre la mesa – Puede que Paris sea distinto, hasta ahora no a dado señales de que sea como Akira, pero solo el tiempo lo dirá…
-Mientras tanto, veré cuanto dura mi querido Paris en su, hasta ahora, labor de conquista – dijo Anahís sonriendo mientras tomaba un sorbo de su capuccino.
-Hay Anahís – dijo Lucy entre risas.
-Te vas a quemar – dijo sonriendo pícaramente Marina.
-Si, si, lo que digan, pero eso no quita que sea divertido – dijo la rubia carcajeándose suavemente.
Las tres amigas se reían entre ellas, cuando Anahís miró sin querer hacia la calle. Y lo que vio le borró por completo la sonrisa, y su rostro cambió de la felicidad a extrema seriedad en un chasquido de dedos.
-¿Qué te sucede Ann? – preguntó Lucy mirando hacia donde se dirigía la mirada de su amiga. Marina también imitó a sus dos amigas.
Las tres veían hacia la acera de enfrente de donde se encontraban ellas. Las tres viendo a la pareja que circulaba conversando alegremente y riendo de buena gana.
Ella tenía una larga cabellera castaña rojiza, unos hermosos y sexys ojos avellanados. Su rostro demostraba belleza y gentil apatía con su acompañante. Vestía una blusa sin mangas en color rojo sanguíneo, pantalones de mezclilla blancos, muy ajustados a sus contorneadas piernas. En sus pies llevaba unos zapatos de tacón aguja, de charol, en color negro. Elegancia y refinamiento en todo el aspecto de esas dos palabras. Anahís lo sabía muy bien, no por nada era su compañera de clases.
Por otro lado, él iba vestido muy casual, traía puesta una musculosa en color negro, que dejaba al descubierto sus musculosos brazos y parte de lo que eran unos inflados y poderosos pectorales, signos evidentes de un arduo trabajo a base de mucho y mucho gimnasio. Su piel era morena, de un hermoso color trigueño. Tenía puestos unos pantalones de mezclilla gastados y rotos en algunas partes. Y tenis blancos era lo que llevaba en sus pies. Los aretes dorados que llevaba en sus orejas resplandecían con el fulgor del sol matinal. En verdad que era un chico terriblemente atractivo.
-Oigan… ¿Qué esa no es tu compañera, la tal Tatra Habib, la hermana gemela de la zafada de Tata? – preguntó Marina mirando fijamente a la pareja en cuestión.
-Así es, ella es Tatra – dijo casi en tono frío la rubia que estaba absorta observando al muchacho y en como reía con Tatra, la verdad era que se veían muy bien juntos.
-¡Por dios! ¿Quién es el súper bombón que acompaña a Tatra? ¿Tú lo conoces Ann? – preguntó Lucy, sin dejar de ver a ambos jóvenes que seguían circulando, sin darse cuenta de las espectadoras que los estaban observando tan detenidamente.
-Si, él es…es Paris.
Inmediatamente Marina y Lucy voltearon a ver sorprendidas a su amiga, la cual tenía la vista fija e inamovible en la pareja que caminaba en la acera de enfrente. La rubia ojiverde estaba seria, sin mostrar ninguna clase de señal de molestia o algo parecido.
-Anahís ¿Te encuentras bien? – preguntó Lucy, preocupada por el posible estado de decepción de su amiga casi hermana.
-Claro…¿Por qué no habría de estarlo? – dijo volteando a ver a sus amigas con una sonrisa tan falsa como un dólar de color violeta.
-"Que buena eres para mentir mi querida Ann, pero a mi no me engañas" – pensó Marina, mirando seria y fijamente a su amiga – Y esto…digo…el ver a Paris tan bien acompañado por Tatra…¿No te molesta? – preguntó cautelosamente, atenta a cualquier posible reacción de la rubia.
-Para nada, es más, me alegro por ellos, recuerdo que ayer Tatra me dijo que le parecía muy atractivo, así que no me sorprende que ellos estén juntos – dijo encogiéndose de hombros, restándole importancia al asunto.
-Bueno, pero pueden que sean solo amigos Ann, hasta ahora no los vimos haciéndose ninguna muestra de cariño o algo como lo que hacen una pareja de enamorados – dijo Lucy, tratando de obtener otro punto de vista diferente al que tenía su amiga ojiverde.
-Puede ser, pero no me interesa, lo que hagan Paris y Tatra me tiene totalmente sin cuidado – masculló la rubia indiferentemente.
-Pero… - trató de objetar de nuevo la pelirroja.
-Ya Lucy – dijo Anahís levantándose de la mesa – Paris es libre de hacer lo que se le de la condenada gana, si quiere estar con Tatra por mi está bien, y si quiere estar con cualquier otra muchacha…pues eso también me importa muy poco, al fin y al cabo yo tenia razón, es igual a todos los hombres – y dejando unos cuantos yenes sobre la mesa fue acercándose a paso lento y seguro hacia la puerta de salida del café – ya debo irme, le prometí a Lulú que le llevaría una caja con pastelillos de la torre de Tokio, debo de apresurarme o no llegaré a casa a tiempo para prepararme para acudir a la academia, nos vemos ahí, cuídense – y haciendo una reverencia se despidió de sus amigas, con una sonrisa tan falsa como la anterior.
-Adiós – dijeron a coro la pelirroja y la peliazul, ambas quedándose sumergidas en sus propios meditamientos sobre la situación que habían vivido junto con su amiga.
-¿Tú le creíste? – preguntó Marina volteando a ver a Lucy, pues su mirada se había quedado fija por donde se había ido Anahís.
-Ni ella se lo creyó Mar-Mar – dijo mirando a la peliazul con un semblante que reflejaba cuan preocupada y triste estaba por su amiga.
-Se la va a dar muy duro cuando se estrelle contra la pared que ella misma construyó alrededor de su corazón – dijo Marina cerrando los ojos con tristeza.
-Lo sé, pero ahí vamos a estar nosotras ¿Verdad Marinita? – dijo la pelirroja sonriéndole a su amiga.
-Por supuesto Lucecita, así será – dijo correspondiéndole la sonrisa.
Así ambas se levantaron también, dejaron un par de yenes cada una y se fueron charlando amenamente por el centro comercial, mirando una que otra vidriera, pero aun con sus pensamientos destinados en su amiga Anahís. Sabían que muy pronto ella las necesitaría con toda el alma.
A unas cuantas cuadras de café…
Anahís caminaba con destino a la torre de Tokio. Si bien eso no había sido mentira, había servido de muy buena excusa para escapar de sus amigas. Ella sabía que solo estaban preocupadas por ella, pero no quería que ellas la vieran con ese semblante lleno de decepción que ahora tenía en su rostro.
¿Decepción? ¿Decepción por qué? Si ella sabía de antemano que Paris solo era un entretenimiento más. Pero, en el fondo, muy, pero muy, muy en el fondo, había guardado una pequeña esperanza de que Paris no fuese como ella creía que era.
-"Bien mi querido Paris, solo me demostraste que eres igual a los demás, yo ya no soy la misma ilusa de antes, no dejaré que juegues conmigo sin tener armas siquiera para defenderme ¿Te gusta jugar de galán eh? Pues bien, jugaras al galán, solo para hacerte ver que tan solo eres un pobre caballito de mar, te crees un potro, pero no eres mas que un pescado más del cardumen, un tonto bacalao" – pensaba la rubia.
-¡ANAHIS! – gritó alguien desde atrás, era una voz femenina.
-"No puede ser" – pensó la rubia, mas mala suerte no podía tener, así que solo se dio la vuelta lentamente para encontrarse con dos pares de ojos, unos avellanados que la miraban con alegría, y otros del color del sol que la observaban fijamente y sin ninguna clase de pudor, mirada que a ella le valió que se le retorciera el estomago – "Deja de mirarme así" – le exigió mentalmente al chico que se encontraba ahora a escasos 75 cm de ella – Tatra, Paris…que sorpresa – dijo ella fingiendo sorprenderse por haberlos encontrado.
-Hola Anahís – dijo él sonriéndole socarronamente, pero Anahís ni siquiera lo miró, cosa que le dolió al peliverde, pero no lo exteriorizó, jamás sería capaz de mostrarse débil ante ella.
-¿Qué andas haciendo por aquí Anahís? – preguntó muy animada la pelirroja.
-Pues, vine a desayunar con mis amigas Lucy y Marina, y de paso ponernos al corriente de nuestras cosas, ahora voy hacia la torre de Tokio a comprar unos pastelillos que me encargó mi hermana – respondió con una sonrisa, tratando de fingir lo mas dignamente posible la incomodidad que le provocaba ese encuentro.
-¿Tienes una hermana? – le preguntó Paris, esperanzado de que esa cuestión la incentivara de iniciar una charla con él.
-Creo que acabo de decir que si, pero por lo visto tanta práctica de guitarra te está dejando los oídos inservibles – le respondió ella calmadamente, pero el comentario hirió en lo más profundo a Paris, pero no se dejaría de ella tan fácilmente.
-Pues los oídos los tengo perfectamente sanos Anahís, me sirven de mucho cuando voy a tu clase solo a…
-¿Y que están haciendo ustedes aquí Tatra? – preguntó sonrientemente mirando a su colega, ignorando olímpicamente al muchacho que tenía en frente.
-Pues…es que ayer Paris me invitó a una muestra de arte árabe que están exponiendo en el museo de la bio diversidad cultural que queda cerca de aquí, fue muy amable de su parte ¿No lo crees Anahís? – dijo esperando que la rubia reaccionara ante este comentario.
-Claro que si, fue muy amable – dijo ella con una reluciente sonrisa, que desconcertó en demasía a la pareja con la que charlaba – en verdad me alegro que te haya invitado, hacen una magnifica pareja, me gustaría seguir viéndolos juntos a futuro, se nota que se cayeron muy bien entre ambos – Y Anahís seguía sonriendo sin mostrar señales de celos o algo por el estilo, estaba tan campante como siempre.
-Pues…yo… - decía balbuceando la pelirroja. Ese comentario la había dejado sin palabras que decir, Anahís si que era una chica difícil.
-Me alegro mucho Anahís, además Tatra es una chica en verdad hermosa, una de las mas bellas en la academia, y pues, no pude contener el deseo de invitarla a la convención, así me daba la oportunidad perfecta de conocerla un poco mas a fondo – dijo Paris, dejando a Tatra congelada ante tal comentario y a Anahís…Anahís seguía igual, sin cambios.
-Me alegro mucho por ustedes, pero en fin, aun tengo que ir a la torre e ir a mi casa a prepararme para ir a la academia, así que me disculparan pero debo irme, que pasen una muy buena mañana, de verdad me alegro mucho encontrarlos juntos y que se lleven tan bien, nos vemos en la academia, no llegues tarde Tatra – dijo mientras empezaba a darse la vuelta, encaminándose de nuevo hacia el símbolo principal de la ciudad natal de los presentes en la charla.
-Cla…claro…no te preocupes, nos vemos allá – logró decir antes de perder a la rubia de vista, se había esfumado entre el gentío que circulaba normalmente.
Tatra miró a su acompañante, que mostraba una cara de plena y pura incredulidad, mirando por donde se había ido su rubia adoración.
-Nada – dijo Paris al rato – no mostró, ni sintió, ni transmitió, ni reflejó absolutamente nada – decía el peliverde totalmente desconcertado con su vista perdida en un punto fijo en la nada.
-Lo sé ¿Sabes? A veces creo que Anahís es de hielo, no me mal interpretes Paris, ella suele ser muy dulce y atenta con sus allegados, me lo ha demostrado una infinidad de veces…pero, cuando se trata de un chico, simplemente lo ignora hasta el punto de alejarlos y que logren sentirse derrotados por no haber podido llamar su atención, y no tengo la suficiente confianza con ella como para averiguar el motivo del por qué lo hace – dijo sin mirar al peliverde – ¿crees que tu plan funcione? ¿Crees que lograras llamar su atención intentado darle celos conmigo?
-No, no lo creo – dijo él firmemente – estoy seguro que así será, sé que no le soy del todo indiferente, eso me lleva a pensar que si tengo algo de su atención después de todo – dijo Paris sonriendo al fin.
-Vaya que eres terco, digno oponente para la reina de las tercas, como lo es nuestra querida Anahís – dijo Tatra devolviéndole la sonrisa.
-Cuando quiero algo, lo obtengo, no importa cuanto tenga que batallar en el proceso, y esto no será la excepción, Anahís terminará cediendo y yo al fin podré estar con ella para siempre – y diciendo esto ultimo sonrió más ampliamente.
-¿Para siempre? ¿Cómo estás tan seguro de que lo de ustedes vaya a durar tanto? – preguntó levantando una ceja a modo de incredulidad.
-Lo sé Tatra, esas cosas simplemente…se saben – dijo mirando hacia el cielo azul despejado de nubes.
-¿La amas cierto? – preguntó ella sonriéndole cálidamente.
-Como no tienes idea – dijo cerrando los ojos, disfrutando de la suave brisa que soplaba en ese momento – me enamoré de ella ni bien mis ojos se posaron en sus tiernos ojos verdes, y me enamoré aun mas cuando escuché por primera vez la dulce magia que provocan sus dedos en el arpa, esa vez ella se veía tan dulce, tan delicada y tan hermosa, que ya no pude concebir la idea de no tenerla en mi vida de algún modo…por eso...lo que sea que le haya pasado que le haga hacer ignorar a los hombres, yo lo averiguaré, y haré que ese muro que ha colocado en su corazón se venga abajo, yo lo destruiré, eso tenlo por seguro – dijo él mirando a su pelirroja compañera, cómplice de su eterna lucha de conquistar al ángel del arpa que había cautivado su corazón.
-Eso que sientes…es hermoso – dijo ella limpiándose una pequeña lagrima que había sido ocasionada por las hermosas palabras de Paris – siendo así, te ayudaré en todo lo que esté a mi alcance, y de verdad te deseo que triunfes en tu cometido, porque desde ya te diré, que Anahís es muy difícil de convencer en ese aspecto.
-Difícil, mas no imposible mi querida Tatra – dijo guardando sus manos en sus bolsillos.
-Bien, siendo así, vamos a desayunar en algún lado, de verdad que muero de hambre – dijo Tatra riendo suavemente con esas sonrisas que hechizan a los hombres.
-Yo igual, muero por unos hot cakes.
-Entonces vamos por nuestros hot cakes.
Ambos se dirigieron así a buscar un buen lugar en donde desayunar y disfrutar de unos ricos y deliciosos hot cakes, y no sé si fue cosa del destino o mera casualidad, que esta parejita de amigos y cómplices fueron a parar al mismo café, en la misma mesa en donde hace unos 30 minutos atrás había estado cierto trío de muchachitas precisamente hablando de ellos.
13:10 hs, en los vestidores de la academia Be Yourself…
Marina se encontraba poniéndose sus mayas negras pertenecientes a su querido uniforme de bailarina de la academia mas prestigiosa de todo Japón en cuanto a danzas se respecta.
Esta vez había llegado más temprano que de costumbre, pues no era cotidiano en ella llegar tan tarde como lo venía haciendo desde hace unos cuantos días atrás.
Una vez se terminó de colocar su traje fue hasta el espejo para poder peinarse su largo cabello en una robusta trenza. Mientras hacía esta labor no pudo evitar pensar en su entrañable amiga de cabellos rubios. Ella conocía a la perfección la historia que había tenido con ese chico llamado Akira Furukkaido, pues tanto a ella como a Lucy les había tocado hacer de hombro soporte para la linda ojiverde. Nunca la había visto tan devastada como cuando ella les había hecho el relato de lo que había acontecido con Akira, y se prometió a sí misma nunca dejar solas ni a Anahís ni a Lucy, ellas eran mas que amigas, eran sus hermanas del alma, muchachas con las cuales había compartido las mas grandes penurias de su corta vida de adolescente.
Quería con toda el alma que ellas fueran felices, que encontraran el amor y que siguieran siendo amigas para toda la eternidad. El verlas enamoradas y ser correspondidas sería uno de los mayores placeres para ella. Por que el amor era bello. Pero al mismo tiempo pensó también que era terriblemente doloroso. Y pensando en esto su mente se dirigió hacia cierto chico de cabellos castaños y ojos verdes.
Aun no había hablado con Ascot. Y lo cierto era que tenía miedo. Mucho miedo. Miedo de lastimar a Ascot mas de lo que ya lo había hecho con su indiferencia al apartarlo tan abruptamente de su vida. Debía de charlar urgentemente con él. Tenía qué. Se obligaría a si misma a armarse de valor y de enfrentarlo de una buena vez. Todo eso si quería también seguir relacionándose con Clef sin tener preocupación o remordimiento alguno.
-Clef – murmuro frente al espejo, y notó como en su rostro aparecía cierto rubor rosado y una sonrisa tonta.
¿Acaso estaría enamorándose de lo que era aun un completo desconocido para ella? Este pensamiento la turbó y la confundió en extremo.
Ese hermoso muchacho había puesto su mundo de cabeza, como en un tiempo supo hacerlo Ascot. Pero había una clara diferencia entre ambas relaciones.
Con Ascot supo por primera vez lo que era el amor sincero profesado hacia un semejante que no era de su familia. El apuesto muchachito de ojos verdes le supo despertar cierto grado de dulzura hacia él, aprendiendo así a descubrir los gustos del muchacho con solo una simple mirada. Pero luego vino la muerte de sus padres. Y el amor que sentía por él había salido disparado por un cañón, mandando bien al diablo a aquel sentimiento. Entonces se dio cuenta de que su amor no había sido tan profundo como ella creía.
Pero con Clef era otra cosa totalmente distinta. La increíble conexión que parecían tener entre si era casi tan irreal como un cuento de hadas. Pero lo era. Era muy real. El pelilavanda despertaba en ella el profundo anhelo de protegerlo, y al mismo tiempo de ser protegida. De cuidarlo y de ser cuidada. Este jovencito había logrado iluminar la tétrica oscuridad en la que se encontraban su alma y su corazón, logrando apartar las penumbras de una pesadilla que parecía no tener fin. Cuando lo veía a los ojos, esos ojos que eran tan exactos a los de ella, sentía que se derretía por el profundo calor que irradiaba con su sola mirada. El cálido toque de su piel contra la suya, una hermosa batalla de blanco contra blanco, hacía que su corazón latiese a mil por hora. Y el embriagador sonido de su voz era como la melodía que calmaba y acallaba los alaridos de dolor que se desplegaban por todo su ser.
¿Era amor todo eso conjugado en una sola palabra? No lo supo con certeza, pero si de algo estuvo segura fue que la idea le estremeció el alma, el corazón y la mente, todo al mismo tiempo.
La puerta de los vestidores se abrió, dejando ver a una figura que la traspasaba con mucho sigilo, dirigiéndose a donde estaba la peliazul aun trenzándose el cabello. Daba las gracias a que ella estuviera de espaldas en ese momento y que estuviese tan absorta en su tarea de peinado.
Marina a todo esto no se había dado cuenta de que alguien había entrado en los vestidores, y que ahora se dirigía a ella.
Una vez que se vio en el espejo sonrió para ella al imaginar a su querido ángel del piano, tocando melodías únicas y exclusivamente para ella ¿Era egoísta al querer pretender que Clef la deleitara solo a ella con su mágico talento? ¿Sería capaz de privar al mundo de semejantes dones conjugados en una sola persona? Y la respuesta fue clara en su mente: Si.
Lucy aun no había llegado, pensó que el auto de Saturno se habría descompuesto de nuevo, así que solo se limitaría a esperarla sentada en las bancas de los vestidores.
Se dio la vuelta para dirigirse hacia las bancas. Y cuando levantó la vista se encontró con unos ojos tan fríos como un iceberg, que la miraban con mucho más que antipatía. Abrió los ojos de par en par por haber encontrado a esa persona justamente ahí.
Lo próximo que sintió fue el golpe que recibió en su mejilla izquierda, acto que causo que ella se fuera un poco para atrás, casi haciendo que se cayera de lleno al piso, pero afortunadamente se sujeto del lavabo que se encontraba un poco más abajo del espejo.
Con una mano se aferraba al lavabo y con la otra se sujetaba la mejilla lastimada. Y se dio cuenta de que temblaba de pies a cabeza. Tenía miedo. Tanto por la persona que se encontraba delante de ella, como por que alguien llegase en ese momento tan inoportuno.
Tarde, alguien ya se había acercado hasta el lugar que se encontraba casi a oscuras.
-Marina, la señorita Alanis me dijo que estabas aquí – dijo Clef entrando por la puerta que había quedado medio entre abierta, ya que había golpeado varias veces y no había habido contestación alguna.
Lo primero que el pelilavanda vio fue a Marina sujetándose a duras penas al lavabo, parecía que sus rodillas estaban a punto de colapsar y ella caería sin remedio al suelo. Notó que ella temblaba de pies a cabeza. Y lo siguiente que vio le valió contener la respiración. Pero aun sin aire logró mascullar un nombre.
-Presea…
Continuará…
oOoOoOo M K R oOoOoOo
Holitas! Bueno, ahora si puedo gritar: ¡POR FIIIIIIIIIIIINNNNNN! Jejejeje, no puedo creerlo, mas de un mes sin actualizar, nunca llegué a tardar tanto tiempo. Tiene todo el derecho de ahorcarme, o en su defecto golpearme, mutilarme, decapitarme o rajarme un tiro en la nuca. Lo malo es que si me hacen eso, pues me voy al otro mundo y ¿Quién va a continuar este fic tan grandiosamente como lo hago yo eh? Waaaajajajaja, si seré modesta, pero aparte de eso soy chantajista ¿No es cierto Lina?
Agradezco infinitamente todos los reviews que me han dejado hasta la fecha, y todo el aliento que me han dado, los elogios también, aunque lo único malo es que elogiándome solo consiguen aumentar mi enorme, enorme, enorme EGO, XD, pero en fin, paso a agradecer los comentarios de:
Stern-Rosenkreuz
Mia Ryuzaki
LiNiS.a02
Hannah-NFG
Cleilis
Jessicacefiro
Akira Nishikawa
Digressesgirl92
Ying-Yang22
A mis amiguitas del face, que me llenan el correo con sus mensajes, ¡LLEGUE A TENER 182 MENSAJES EN MENOS DE 40 MINUTOS! ¿Tienen una idea acaso de cuanto, cuanto, cuanto las amo, las admiro y las aprecio? Pues creo que si, si es que ustedes me quieren tanto como yo a ustedes, manga de locas, las amo con todo mi corazón, y ese grupito es: Nancy, Lina, Jessi, Brendus y Olivia ¡LAS AMO MUCHACHAS!
Bien, tengo que dedicar este cap a ellas precisamente, y mas a Jessi por su cumple ¡FELIZ CUMPLE JESSI PRECIOSA! Un tirón de orejas desde Gualeguaychú, Argentina.
Bien, tengo que darles una buena noticia: próximamente estaré publicando lo que será un minificha de MKR, con mi parejita favorita de protagonista, aunque hay por ahí cierto chico pelos de pasto, XD, Nancy me pegó el apodo, que andará muchito por ese fic.
Bien, sin mas que decirles me despido, agradeciendo reviews, alertas y toda la cosa, a los que leen en el anonimato muchísimas gracias también por tomarse su tiempo y gastarlo en mi humilde fic. Nos estaremos leyendo pronto, o al menos eso espero yo, TT…TT, paciencia mis niñas/os, paciencia con esta clemitis ¡BeSSiToSS!
¡SEE YA LEATHER!
LA CLEMITIS
PD: perdón por las faltas de ortografía, con el desespero por publicar se me fueron algunos dedazos :P
