Capítulo II

Primera parte: ¿Quién sabe de pócimas para olvidar?

El rostro de Narcissa Malfoy estaba surcado de arrugas. Unas eran propias de la edad, algunas debido a las emociones vividas a lo largo de la guerra; pero la gran mayoría de ellas eran resultado del perpetuo estado de preocupación en el que se sentìa gracias a su hijo.

Draco Malfoy meditaba, como cada día desde el final de la guerra. Se encontraba tumbado, con los ojos cerrados, en medio del jardín de Malfoy Manor. Desde su posición y a juzgar por su estado de calma, Narcissa estaba casí segura de que él podía percibir en su totalidad aquello que lo rodeaba.

Percibía el correr del viento, el zumbido de los insectos, el trinar de los pájaros y la intranquilidad que la hacía presa. Draco podía sentirlo, él sabía que a ella no le agradaban para nada sus momentos de meditación. No cuando eso podía quitarle para siempre a su hijo. A fin de cuentas, ella ya había pasado por esa fase en su adolescencia cuando el primer alzamiento del Lord Oscuro. Narcissa solo encontró refugio en la meditación y el afianzamiento con su magia, hasta el punto en que casi se pierde a sí misma en ese limbo tan maravilloso como aterrador.

Y es que Draco nunca había sido de mucho pensar y meditar. Él era un Slytherin de pies a cabeza, fue criado para ello. Usaba su astucia e inteligencia para saber cómo actuar. Pero ella sabía que Draco sentía que todas las características Slytherin habían desaparecido desde el momento en que decidió unirse a Lord Voldemort de buena gana, queriendo demostrar así una superioridad que no existía. Sí, esa no fue su mejor decisión. Ni la suya el apoyarlo.

Sin embargo, su constante meditar se debía más bien a su soledad. Ella podía sentirlo, era una de los mejores obsequios que otorgaba la magia: el lazo entre la magia de madre e hijo era insondable, tan fuerte como para permitir una conexión como aquella y solo destructible con la muerte. Narcissa temía que la soledad de Draco fuera más allá de estar solo. La soledad que lo azotaba era mucho más profunda que eso. Draco sentía un vacío en su alma, en su ser. Él podía estar rodeado de millones de personas, pero nada evitaba que se sintiera en el más puro estado de desolación.

No importaba cuanto hicieran ella y sus amigos: Draco aún sentía ese vacío en su interior. Y ella sólo podía llenarse de tristeza.

A pesar de todo, a Draco le gustaba lo que hacía: era como encontrar un oasis en medio del océano. Obtenía una paz que nunca había sentido.

Por eso meditaba y dejaba su mente en blanco, era mucho más fácil que dejarse consumir por los recuerdos. Y mucho más saludable, no le haría ningún bien ir por allí recordando todo el daño que había hecho. A veces, Draco sólo quería lanzarse un obliviate; pero eso traería como consecuencia el olvidar también a la persona en la que se había convertido.

Pronto llegaría el fin de su exilio, y eso preocupaba a Draco. No había visto el mundo fuera de las paredes que rodeaban su mansión desde hace casi dos años, después de su juicio. Draco aún podía recordar las miradas de desprecio y odio cuando salió de las salas del tribunal mágico, escoltado por los aurores con destino a Malfoy Manor. Aún se estremecía al recordar la sensación que le azotó al percibir el desprecio de sus magias.

Nada peor que ser despreciado por la magia. La suya propia se encogió en respuesta y estuvo días, quizá meses sin permitirle usarla.

Al menos su exilio sirvió para algo, porque al no sentir su magia por un largo tiempo corrió a la biblioteca familiar y se puso a estudiar para encontrar respuesta a su situación. Y vaya que lo hizo.

Descubrió que su magia se había replegado al no encontrar consuelo. Que la magia oscura que habitaba en su ser después de las cosas horribles que se obligó a hacer para sobrevivir en la guerra se había fusionado con su núcleo mágico para no dejarlo morir. Descubrió que su alma estaba tan rota que su magia se dio en sacrificio para repararla. Y descubrió también que su núcleo mágico había quedado tan debilitado que era prácticamente un squib, pero –gracias a Merlín,- eso tenía solución: debía encontrar una pareja. Cómo si fuera tan fácil.

Al pensar en eso, soltó un suspiro. Ya era bastante difícil vivir con la idea de que la única persona a la que amaba de forma romántica lo odiaba y que, además, él había intentado matarlo. Le dolía el alma, el corazón e incluso el cuerpo entero al recordarlo.

Ojala su magia le ayudara, le pudiera decir quien era esa pareja…

Fue entonces que Draco sintió a su magia hablar. Un destello de ojos verdes y otros ámbares cruzó por su mente, acompañado de vistazos de cabellos negros y rebeldes, castaños y salvajes. Inmediatamente, se levantó como un resorte. Los ojos abiertos mientras los nombres de las personas que la magia le había destinado daban vueltas por su mente.

Harry Potter y Hermione Granger.

Segunda parte: La brujería se ha quedado en ti a vivir II

Harry esperó hasta que sintió como Hermione dejaba de temblar en sus brazos. Tomó su rostro entre sus manos y le limpió las lágrimas con los pulgares. Vio como ella cerraba los ojos y emitía un suspiro derrotado. Y entonces, en un impulso besó sus párpados cerrados y descendió hasta sus labios para dejar allí un tierno beso con el que esperaba otorgarle consuelo.

Hermione abrió los ojos por la sorpresa. Jamás imaginó que su amigo hiciera eso, ni lo que sintió por ello. Fue como un estallido de energía que paralizó el tiempo para que ella pudiera embeberse de las sensaciones tan maravillosas que ese gesto le hizo sentir.

Harry se levantó y tendió una de sus manos hacia ella.

—¿Seguimos con las compras?—, preguntó. Hermione, demasiado aturdida como para emitir palabra, solo asintió en respuesta. Al ver esto, una pequeña sonrisa de suficiencia surcó en los labios del Niño-que-vivió.

—¿Puedo dormir en tu casa hoy, Hermione?— Y el resto de nuestras vidas, en tu casa, en tu cama, ¡dónde sea!; pensó. Nuevamente, Hermione solo asintió. —Bien, primero iré a casa por ropa y unos libros que podrían servirte. Venga, vamos. Aun debemos ir a la librería.

—Lo primero que debes hacer, Hermione, es decirme qué sucede, porqué hay tanto descontrol en tu magia.—, dijo Harry con suavidad.

Estaban en la sala de estar de la casa de Hermione, habían terminado de cenar hace poco y ahora disfrutaban de una copa de vino frente al fuego de la chimenea. Era una costumbre que habían adquirido cuando estaban huyendo, solo que allí no tenían vino, y que les aportaba paz. Harry había tomado una de las manos de Hermione entre las suyas y había comenzado a tratar el quid de la cuestión.

Hermione inspiró hondo y desvió la vista lejos de su amigo. —Yo… La siento en mí, Harry. La magia oscura, quiero decir. Es como fuego ardiente corriendo por mis venas, como un campo magnético de esos que inventan los muggles rodeando la cicatriz.— Comenzó a decir en voz baja, susurrante, como si las palabras fueran a escaparsele si se atrevía a levantar la voz.

Harry no podía dejar de verla maravillado: el fuego ensombrecía una parte de su rostro y le daba un aspecto misterioso, la cadencia baja de su voz le acariciaba los sentidos.

»Desde que sufrí la tortura a manos de Bellatrix, mi magia se ha comportado de manera salvaje. No he podido controlarla salvo una vez desde entonces: el día de la batalla final. En ese momento, solo pensaba en sobrevivir a cualquier costo y que ustedes también lo hicieran. Sentía tanta rabia y tanto dolor, tanta impotencia.— En ese punto, la voz se le quebró un poco. Carraspeo para recobrar la compostura.

»A partir de ese día, mi curiosidad ha mutado prácticamente a obsesión. Ansío conocerla, practicarla, hacerme una con ella, dejarme guiar. Y eso me frustra, porque no puedo controlarlo. Tú bien sabes que yo nunca he sido dada a las prácticas oscuras, más bien las aborrezco. Y… Tampoco quiero ser como Bellatrix, Harry.

»También están esos sueños. Desde la tortura, he estado teniendo unos sueños muy extraños. Al principio pensé que eran pesadillas por la guerra, porque me levantaba exaltada y aterrada pero no podía recordar nada de ellos. Hasta hace un año. En la noche de mi cumpleaños, tuve el primer sueño nítido. Era como si fuese real, como si lo estuviese viviendo. Y pude recordar un pequeño detalle de aquello. El sueño se ha venido repitiendo desde esa noche, recordando un solo detalle por mes.

»No puedo dejar de pensar en que lo uno esta enlazado con lo otro. Como si mi magia me estuviera diciendo algo, me intentara guiar. Y tengo miedo, Harry. Miedo de convertirme en alguien tan horrendo como Bellatrix, de no ser capaz de captar bien el mensaje de la magia y no encontrar el camino que está destinado a mi. Miedo de… de perderlo todo de nuevo.

Bueno, aquí he vuelto yo. Cómo han estado? Espero que bien, yo me he graduado de secundaria.

Lamento la tardanza, pero de todos mis escritos este ha sido lo que más he editado en la vida. Como ven, hemos introducido a Draco. Y a Narcissa, la bella Narcissa. Diganme que les ha parecido.

Quisiera aclararles algo en cuanto al tiempo en que dasarrollamos la historia. Yo no soy muy buena estableciendo líneas de tiempo, un día podemos estar al comienzo del curso y en la siguiente estamos en pascua. Prometo señalarles los detalles importantes. Al principio iremos lento, y luego ya veremos.

Bueno, gracias por el recibimiento que le han dado al proyecto. Por sus reviews y favs. Ya saben que hacer, dejen su opinión. Y disfruten, ser you later!