Buenas tardes a todos. Lo prometido es deuda, así que aquí tenéis el Capítulo IV, fresquito para que lo leáis! Ambos más o menos tienen la misma extensión (En el word me ocupó casi 40 páginas, y en total escribí más de 18.000 palabras, ¿pero estamos todos locos o qué?), y lo dividí en dos precisamente por eso: porque era demasiado largo. Si os gustan los capítulos largos, avisadme y así los dejo largos, y si os gusta de esta extensión así se quedarán. Lo que vosotros pidáis (o casi todo) se hará. Disfrutad entonces del capítulo IV.

Nota del Autor: Digimon y la mayoría de los personajes que saldrán en esta historia no me pertenecen, ya que si así fuese no hubiese habido ningún enlace matrimonial entre Matt y Sora en el epílogo de 02 (¬¬), sino el de Tai y Sora (:D) (L)! No me olvido de decir que no los utilizaré con ánimo de lucro, sólo para que esta historia cuente con sentido. La canción "Angel" (ni niguna canción del mundo xD), de ya sabréis que grupo, no me pertenece tampoco, y sólo es utilizada en éste capítulo porque para mí es una de mis canciones favoritas, con la que no puedo evitar derramar alguna que otra lágrima, y explica muy bien varias cosas que conoceréis a continuación.


Capítulo IV: "La reunión, Parte Segunda: Mi Ángel, peleas, malos recuerdos y caminos separados"

Tai dudó unos instantes. Aquella era una grandísima responsabilidad, posiblemente la mayor que había caído sobre sus hombros en toda su vida. Miró en primer lugar al resto de Líderes, que le sonreían y le animaban con la mirada ante tal regalo. Después alzó su mirada, y observó detenidamente los rostros de Gennai, Andromon, Leomon y Centarumon: exactamente el mismo semblante que Davis, Takato y Takuya. Por último, dedicó una última mirada a sus alrededores, contemplando al resto de Niños Elegidos y Digimon. La mayoría de ellos habían sido prisioneros del deseo de que Tai aceptase aquellas gafas que simbolizaban su papel como Líder absoluto. Al parecer, casi todos ellos estaban de acuerdo en que él, Taichi Yagami, era lo que Gennai había dicho: el Líder de todos ellos. Cerró los ojos, suspiró y, con manos temblorosas, cogió las gafas. Al tenerlas sobre sus manos, muchos de los presentes se inclinaron para presenciar el momento más épico jamás esperado: ver como el Líder de Líderes se colocaban las gafas sobre su cabeza. Observó aquel objeto tan preciado, su seña de identidad desde que tenía once tiernos años, y la que representaba a un Líder de los Niños Elegidos, al mejor de los Líderes que habían existido, existían y que jamás existirían. Tensó fuertemente la bandana y, tras unos segundos de suspense, las adjuntó a su cabellera. Después de eso, la cara de Tai dejó ver una amplia sonrisa, y se oyeron miles de aplausos, silbidos y alabanzas a sus espaldas. Gennai sólo pudo sonreír ante tal decisión.

-Queda así formado el mayor grupo de Niños Elegidos hasta el día de hoy, con su sabio Líder dirigiéndolos hacia la victoria.- y por último, el anciano dedicó una prolongada mirada a todos y cada uno de ellos.- La salvación de todos vuestros mundos, y del nuestro, están en vuestras manos. Desgraciadamente, nosotros tenemos que irnos, pero no os preocupéis. Nosotros estaremos para apoyaros.- y acto seguido, los hologramas de Gennai, Centarumon y Andromon empezaron a verse más borrosos.

-Un momento, ¿dónde estáis vosotros?- preguntó Tai, antes de verles desaparecer.

-Dispersados por los terrenos oscuros de los Nueve Señores Oscuros. Muchos aliados del pasado también se han unido a nosotros para combatir éste mal, y no les pondremos las cosas fáciles.- dijo Centarumon, desapareciendo junto al holograma de Gennai.

-No os preocupéis por nosotros, Niños Elegidos. Ayudaremos en lo que sea necesario para facilitaros las cosas. Tened mucho cuidado, y salid victoriosos de todos los males que os acechen.- les infundió ánimos el holograma de Andromon, segundos antes de desaparecer también.

Se habían ido, los tres. Entre todos ellos se había creado un enorme silencio, como si alguien temiese estropear el momento con alguna tontería o comentario fuera de lugar. Leomon era el único que seguía allí con ellos, pues no era un holograma, y fue el quien acabó con el silencio.

-No tengáis miedo, Niños Elegidos. Sé que no parece fácil, pero lo conseguiréis. Yo también lucharé a vuestro lado, al igual que cada uno de nuestros aliados os ayudará en lo que sea posible.- les dijo a todos, que permanecían callados.- Debéis estar cansados y con hambre. Iré a buscaros comida y agua para cuando llegue la noche.- se volteó, dando comienzo con su decisión a una mayor interactuación entre todos ellos.

-¡Espera, Leomon!- le dijo Tai, a lo que el león volvió a darse la vuelta.- ¿Cómo podremos llegar hasta los terrenos oscuros? Estamos en medio de la nada, y apartados de todo el Mundo Digital.

- Un viejo amigo vuestro os llevará hasta las diversas zonas oscuras. Creedme que os vais a alegrar mucho en cuanto lo veáis.- fue lo único que dijo el de rubia melena, sonriendo.

Todos pudieron ver como el Digimon león se daba la vuelta, dispuesto a encontrar los víveres necesarios para la noche. De nuevo, silencio. Ninguno de los Niños Elegidos sabía por dónde empezar. Todo había sucedido tan rápido, y a la vez parecía muy irreal que tres universos diferentes hubiesen sido conectados mediante la oscuridad. Pero, desgraciadamente, era la cruda realidad, y tendría que trabajar todos unidos para enmendar el problema. Como portavoz de todos ellos, Tai tomó primero la palabra.

- Bueno, Leomon tiene razón. Tendremos que esperar hasta mañana para tomar rumbo a los distintos reinos de la oscuridad.- informó, y la mayoría asintió con su decisión.-Izzy, ¿puedo pedirte un favor?- le preguntó a su gran amigo.

- Claro, pero contéstame a una pregunta primero.- le exigió Izzy, totalmente serio. Tai simplemente asintió.- ¿Desde cuándo eres tú millonario?

Tai cayó de espaldas ante tal pregunta, y el resto de Niños Elegidos murmuraron y se sorprendieron ante tal información. Esperaba cualquier clase de pregunta rebuscada y sin respuesta por parte de Izzy, cualquier menos esa, y le tomó por sorpresa.

-¿Cómo sabes eso?- le preguntó Tai, pues tan sólo su familia sabía de su éxito como jugador de fútbol profesional.

- Bueno, es que…, tu madre telefoneó a la mía y se lo contó. Ya sabes cómo son los cotilleos. Era por eso que sabía desde el principio que la sorpresa que nos tenía preparada Kari eras tú.- confesó el pelirrojo, sobándose la nuca con una amplia sonrisa.

- Serás cotilla…- masculló Tai entre dientes.- Es una historia que, si queréis, os contaré más tarde, pero ahora necesito que hagas algo.- Izzy asintió ante la petición de su Líder, pero amigo más que todo.- Descifra la Profecía que Gennai nos contó. Creo que hay muchas cosas que no hemos entendido, hasta incluso tú.

- Sí, descuida. A mí también me pica la curiosidad. En cuanto comprenda más o menos todo te avisaré.- le aseguró su amigo, que se sentó sobre el césped y empezó a teclear como un loco en su ordenador.

-¡Ése es mi Izzy!- le alabó Tai, y se dirigió al numeroso grupo de humanos y Digimon.- En lo que sí estoy de acuerdo es lo que recalcó Gennai: para que muchos de los elegidos puedan descubrir la verdadera fuente de su poder es mejor que nos dividamos en grupo para combatir a los Señores Oscuros, y salvar así los Emblemas.- estableció Tai su veredicto.

-¿Estás seguro, Tai?- le preguntó su amigo Matt.- Muchos de nosotros no podemos hacer Digievolucionar a nuestros Digimon hasta el Nivel Mega. Podríamos ser un blanco fácil.- le sugirió.

-Lo sé, pero somos un grupo muy numeroso, concretamente de veintiocho personas. Eso podría retrasar muchísimo el avance. Tenemos tres niños muy jóvenes, y seguramente se cansen enseguida con nuestro ritmo, ya que estamos más acostumbrados que ellos para estas cosas. Además, Gennai dijo que sólo podríamos explotar todo nuestro poder si estábamos más revueltos que juntos. A veces, para descubrir lo que verdad eres es necesario permanecer un tiempo aislado.- filosofó Tai, a lo que su compañero tuvo que darle la razón.

-¿Y cómo nos dividiremos, hermano?- le preguntó Kari.

-No lo sé. Formaremos grupos al azar, o como vosotros queráis. Lo que si os pido, a todos, es que nos relacionemos un poco más. Si no, veo que al final cada uno irá por su lado, y eso no lo podemos permitir.- aconsejó el Líder de Líderes.

-¿Quién te has creído que eres tú para darnos órdenes a todos? ¿Hitler?- se le oyó decir a alguien bastante molesto. Al voltearse, Tai descubrió que se trataba de Koji.

-¿Es que no has estado pendiente a la conversación? Él es el Líder.- dijo Rika, evitando que cualquiera atacase a Tai en su presencia. La participación de la pelirroja en la conversación encolerizó interiormente a Sora.

- Me niego a hacer caso a un viejo al que he conocido hace tan sólo cinco minutos.-replicó Koji.

-Vamos, hermano…- le intentó tranquilizar Koichi, apoyando su mano en el hombro derecho de Koji.- El Señor Gennai nos dijo que todos teníamos que cooperar.- le dijo su hermano para tranquilizarle un poco.

-Escúchame, Koji.- le dijo Tai, acercándose a él y apoyando su mano en el único hombro libre del chico. Ante ése gesto, miró al Líder con cara de asesino.- Tanto para ti, para mí y el resto del grupo esto es algo nuevo. Yo no he reclamado mi derecho como Líder de todo el grupo, pero parece que eso no es algo voluntario, y reside en mis manos el bienestar de todos. Necesito tu ayuda, como la de todos, para solucionar esto, y para que podamos volver a casa.- le dijo, sonriendo.

El grupo se relajó un poco ante las sabias palabras de su líder. La actitud de Tai era pacífica y tranquilizadora. Sin embargo, Koji seguía en sus trece: igual de testarudo, desconfiado y a la defensiva. Se deshizo del contacto del castaño violentamente.

-¿Qué me harás si me niego a cooperar contigo? ¿Vas a fulminarme con un Kame-Hame-Ha, "Son Goku"?- le contestó, burlándose de él por su alborotado cabello.

-¡Vaya, la colegiala está graciosa!- le siguió el juego Tai.

-¿Qué me has llamado?- gritó enfurecido el más joven, con odio en sus ojos.

-¡Colegiala!- y cómicamente simuló con parte de su pelo una coleta, como la de Koji.- ¿Te ayuda mamá a hacértela, o sabes ya tú solita? ¿Dónde te has dejado el uniforme?- siguió burlándose de él.

Aquellos comentarios hicieron hervir la sangre de Koji, y sin previo aviso le propinó a Tai un fuerte puñetazo en la cara. Todos quedaron sorprendidos ante la reacción del muchacho, y dirigieron sus miradas al perjudicado. Por suerte, tan sólo fue un golpe directo a su mejilla, roja tras la agresión pero sin ninguna herida grave. Algunos sintieron preocupación al ver como Taichi se aproximaba a Koji.

-¡Koji, tranquilízate!- le gritó Zoe, que agarraba junto a Koichi al alterado.

-¡Hermano, detente!- dijo Kari, agarrando al Líder por el brazo.- ¡No le sigas el juego, o acabaréis peor!

- No te preocupes, Kari. Yo he madurado…- le dijo, sonriendo y tranquilizando a su hermana. Volteó la mirada hacia su agresor.- Pero, de mientras, ¡que madure él!

En un movimiento rápido, Taichi golpeó el estómago de Koji, y el muchacho se dobló en el sitio ante la brutalidad del mazazo. Tras el primer golpe, Tai le otorgó un segundo puñetazo en la cara, haciendo que el Guerrero de la Luz cayese al suelo. Varias de las chicas, y también algunos chicos, llevaron sus manos a la boca por lo agresiva que se había convertido la conversación. Incluso Matt se había paralizado ante la reacción de su amigo. Nadie dijo nada, pero el más dañado se reincorporó, cegado por la ira y sin separar la vista de Tai. Sangraba por el lado izquierdo de su labio.

- Ya has visto que con violencia no arreglas nada, ¿estás ya dispuesto a trabajar en equipo?- le preguntó Tai, sin alterarse en lo más mínimo.

-¡Tú lo has querido!- gritó Koji, portando su Digivice y dispuesto a transformarse.- ¡Double DigiSpirit, Digievolución!- ante la atónita mirada de casi todos, Koji fue sustituido por un Digimon de aspecto antropomorfo, bípedo y de cabello rubio, cubierto de una armadura de tonos blancos, azulados y dorados, y una arma blanca de dos cuchillas, hechas de oro, en su mano derecha.- ¡Beowolfmon!

- Con que tienes ganas de seguir jugando, ¡Agumon, tu turno!- su Digimon asintió, y comenzó su metamorfosis.- ¡Agumon WarpDigievoluciona en…!- y el pequeño dinosaurio amarillo se transformó en un fiero guerrero de indomable cabello rojizo y revestido de un metal dorado, con unas peligrosas garras del mismo material, salvo por ser plateadas.- ¡WarGreymon!

- ¡Guau, es WarGreymon!- gritaron eufóricos Kazu y Kenta.

Todos permanecieron hipnotizados con los dos Digimon: unos por desconocer al Digimon Doble Espíritu en el que Koji se había transformado, y otros por el majestuoso WarGreymon de Tai, un Digimon que, como bien sabían los Tamers, sus poderes eran mayores a los de su nivel, además de un Digimon que normalmente escaseaba en un mazo de cartas, debido a la poca probabilidad de que tocase y al alto precio de esa carta vendida individualmente.

Los dos Digimon se dedicaron una mirada chocante y con sed de sangre, y rápidamente empezaron a cubrirse de golpes el uno contra el otro. Pese a sus pesadas armaduras, tenían todo lo que un Digimon desearía tener: fuerza, agilidad, destreza, velocidad, cerebro y buenas defensas. Beowolfmon era un gran guerrero, pero de forma irremediable empezó a sucumbir ante los poderes de WarGreymon, que superaba con creces su nivel, y que había llegado a agrietar su fuerte y resistente armadura. Todos los Niños y Digimon Elegidos amigos de Tai y Agumon rebosaban asombro y miedo a la vez en sus rostros, y es que nunca habían visto luchar al Digimon Líder con tanta elegancia, maestría y justicia, pero de una manera extremadamente agresiva, terrorífica e incontrolable. Uno de los pináculos de la batalla llegó por fin: ambos Digimon hicieron uso de sus grandes habilidades.

-¡Fuerza de Gea!- gritó WarGreymon desde el cielo, formando una enorme supernova de color anaranjada y lanzándola hacia su rival.

-¡Misiles de Luz!- vociferó Beowolfmon, dejando ver por primera vez un cañón oculto en su muñeca izquierda que expulsó potentes proyectiles de luz contra el ataque del otro Digimon.

Tras la colisión, los dos ataques explotaron levantando una enorme ráfaga de viento y polvo, a lo que todos tuvieron que cubrirse el rostro y aferrarse a algo o alguien para no salir volando. Por suerte para todos, no hubo nadie herido. Algunos de los humanos y Digimon, estos últimos tanto Elegidos como los bebés de La Ciudad del Comienzo, se asustaron tanto que no se atrevían a abrir los ojos. Con lágrimas a punto de escaparse de sus rojizos orbes, Sora dio varios pasos al frente.

-¡No peleéis más! ¡Parad ya! ¡Tai, por favor, calma a WarGreymon!- rogó Sora, pidiendo lo que todos querían, pero que no podían decir por el miedo.

Pero Tai parecía no escucharla, o no querer escucharla. Es más, mostraba una amplia sonrisa que indicaba que lo tenía todo bajo control. Tan sólo quería darle un buen escarmiento a Koji. WarGreymon había descendido del cielo y, ya en tierra firme, unos diez metros escasos le separaban de Beowolfmon. Éste último respiraba de manera muy agitada y contaba con un extraño temblor en sus piernas. Su rival era claramente más poderoso que él, pero su perseverancia rechazaba la idea de rendirse. Por unos segundos, el Sol tras la barrera digital emitió unos débiles rayos que resaltaron el brillo de las garras de WarGreymon y el arma de Beowolfmon. Todos sabían que iba a tener lugar un ataque frontal.

-Si los dejamos continuar se van a matar entre ellos, ¡Gabumon, Digievoluciona!- el Digimon lobezno obedeció a Matt.- ¡Gabumon Digievoluciona en…, Garurumon!- y surgió la imagen de un enorme lobo azulado.

-¡Espera, necesitarás mi ayuda!- dijo Takuya, activando la Doble Digievolución.- ¡Double DigiSpirit, Digievolución!- y el Líder de los Guerreros Digimon se transformó en un Digimon muy similar a Agunimon, salvo por la presencia de unas alas que parecían estar hechas de fuego, una brillante armadura de tonos dorados y rojizos y una cola, rojiza también.- ¡Aldamon!

Ante otro humano transformado en Digimon, la sorpresa para todos fue inevitable. Los Guerreros Digimon eran una verdadera caja de sorpresas, pensaban. Ignorando a los demás, WarGreymon y Beowolfmon realizaban una carrera el uno contra el otro, sin poder volver atrás. La manera en la que acortaban distancias parecía acuchillar el propio espacio-tiempo. El Digimon de Tai era guiado por sus afiladas garras de metal, mientras que la transformación de Koji confiaba en el filo de su espada de doble cuchilla. Era el golpe final para uno de ellos, donde Beowolfmon tenía todos los boletos para perder, pero ése hecho no le impediría echarse atrás en su decisión. Un segundo antes de que corriese, los dos Digimon se vieron frenados por la presencia de otro par de figuras que les negaban el paso a unas mayores acciones. Aldamon agarraba con fuerza las muñecas de Beowolfmon, mientras que Garurumon había apoyado sus patas delanteras sobre el pecho metálico de WarGreymon, quedando casi a la altura de su camarada.

-¡Detente, Koji!- dijo Aldamon, cuya voz era la mezcla de las voces del propio Espíritu Digital y Takuya.

-¡Suéltame! ¡Le voy a matar!- gritó encolerizado Beowolfmon, notándose la misma mixtura de voces en él, sin poder zafarse del agarre de Aldamon.

-Tranquilo, WarGreymon. No hay porqué seguir luchando, amigo.- comunicó Garurumon de manera relajada.

-Tai…- oyó el Líder la reconocida voz de su amigo Matt. Volteó para verle.- Vamos, amigo…, acabad con esta disputa.- le suplicó el rubio, alteradamente preocupado.

Matt se sorprendió al ver la amplia sonrisa de Tai. Esperaba verle cabreado, histérico o de cualquier otro modo, de cualquier forma excepto sonriente y muy tranquilo. La impulsividad del primer Líder de los Niños Elegidos no se había manifestado en lo más mínimo. Tai se había vuelto un líder paciente, sensato, que sabía escuchar y, sobre todo, muy maduro, mucho más que Matt y casi tanto como Joe. Por lo menos, esa era la opinión de Yamato, y por un segundo el rubio llegó a preguntarse si ése era el verdadero Taichi Yagami. La sonrisa, imborrable aún, de Tai le indicó al portador del Emblema de la Amistad que todo había sido una argucia para hacer meditar a Koji, ¿desde cuándo Tai había cambiado tanto? Y lo más importante, ¿desde cuándo Tai pensaba antes de actuar? Los constantes pensamientos de Matt sobre la evolución psicológica y positiva de su Líder se vieron interrumpidos al ver como Tai dedicó una mirada a la última forma de su Digimon compañero y, tras un breve asentimiento, WarGreymon retrocedió a su etapa novata, siendo Agumon otra vez. Garurumon le imitó, volvió a ser Gabumon y los dos se pusieron a jugar entre ellos. Por último, Takuya y Koji volvieron a su forma humana, todavía el segundo siendo agarrado por el primero. Todos, por primera vez, suspiraron aliviados, pero la imagen de un Taichi muy serio acercándose a Koji les alertó de nuevo. Para sorpresa de todos, las agresiones no resurgieron. Tai empezó a hablarle clara, relajada y entendiblemente.

-Espero que, por lo menos, hayas aprendido una lección por actuar tan impulsivamente: si discutes con algún miembro del grupo no sólo te le echarás a él encima, también lo harás con el resto…, y peor será tu situación si al que encaras es al líder de ellos. Piensa en ello, porque te hará bien.- le aconsejó Tai, para después alejarse de él.

Las palabras escapadas de su boca terminaron por repetirse en las mentes de todos, que todavía no habían asimilado ni el concepto ni la finalidad de aquella trifulca. Tuvo especial repercusión en sus amigos, pues nunca habían visto a Tai tan maduro, sensato y de mente fría como el hielo, y en Koji, que parecía que su mandíbula iba a partirse de lo fuerte que la apretaba. Había comprendido que Tai le había puesto a prueba, y que había fallado. Mas lo que detestaba Koji ante todas las cosas del mundo era que se dirigiesen a él de manera tan autocompasiva, tal y como "Son Goku" había hecho, y admitir que alguien llevase razón en sus palabras, como era el caso de Taichi. Aquello fue una doble humillación para Koji: pese a que había recibido una lección a base de golpes, se negaba a darle la razón a su mentor. Era demasiado orgulloso para ello.


En lo más profundo del corazón de las tinieblas, una robusta y alada figura permanecía arrodillada frente a su amo, visible tan sólo gracias a unos ojos amarillentos. Aquel súbdito era el único que conocía la identidad de ese ser que había causado tremendo caos en el Mundo Digital y, en caso de ser destruido por los Niños Elegidos, cosa que veía casi imposible, se llevaría el secreto con él. Había jurado una ciega lealtad a su señor, a aquel que le había dado la vida y que estaba sumamente agotado por la cantidad de fuerzas perdidas, que se necesitaban para crear Digimon oscuros. La forzada respiración de su señor se paró, y se temió lo peor, pero tan sólo iba a hablar.

-¿Ya están todos listos?- preguntó el hacedor de oscuridad, con una voz grave y cansada.

-Tal y como usted ordenó, Amo. Los Señores Oscuros están en cada uno de sus dominios, aguardando el momento idóneo para exterminar a los Niños Elegidos.- le informó el alado, cuya voz era muy ronca y forzada, como el graznido de un cuervo.

-Muy bien. Si todo sale está previsto, Los Niños Elegidos serán destruidos desde el principio, y también los Emblemas. Sólo así podré gobernar éste asqueroso mundo con todo mi poder. Márchate, guerrero, y dirige al resto de Señores Oscuros a la victoria. Para eso fuiste…, creado.- le ordenó el cansado y oscuro ser.

El Digimon alado tan sólo asintió, y dio media vuelta. Quedó clarísimo que su amo quería estar solo para poder descansar, y no rechistó. Él mismo podría destruir fácilmente a su maestro en aquel estado, pero eso no le serviría de nada. Todos y cada uno de los Señores Oscuros, incluido él, estaban limitados a un pequeño inconveniente: los Emblemas recientemente reconstruidos. Si, por alguna razón, un Emblema era destruido, el Señor Oscuro responsable de cuidarlo acabaría igual, sin poder remediarlo. Todos y cada uno de los Señores Oscuros compartían dos posibles destinos con los Emblemas: perdurar o morir, y nada más. A su vez, un Señor Oscuro podía llegar a ser destruido antes que su Emblema ya que, al fin y al cabo, seguían siendo Digimon, oscuros…, sí, pero Digimon. La muerte de cualquier Señor Oscuro implicaba que el territorio oscuro que dominase volvería a ser como antaño, anexionándose de nuevo a la Isla File. La misión de los Niños Elegidos era precisamente esa: reconstruir la Isla File y obtener los Emblemas, pero lo que ellos no sabían era que si esos Nueve Señores Oscuros eran destruidos sus datos llegarían, de cualquier método, a su lugar de origen. En otras y pocas palabras, su amo les absorbería y recobraría las fuerzas perdidas, y si los emblemas corriesen el mismo destino también absorbería el gran poder de estos, convirtiéndose en un ser exageradamente poderoso. Hiciesen una cosa u otra, los Niños Elegidos ayudarían a que el poder del enemigo se incrementase. Rió para sus adentros, pues tenían la batalla y la guerra ganadas. Los Nueve Señores Oscuros eran perfectas máquinas de destrucción. Por eso, tanto sus compañeros como él, especialmente él, fueron…, diseñados por el mal en persona.


Parecía que los ánimos en La Ciudad del Comienzo habían florecido progresivamente y antes de lo esperado. Algunos de los Niños Elegidos empezaron a jugar con los Digimon, mientras que otros empezaron a charlar amistosamente. Quedaron ya contadas y claras las historias de los Tamers y Guerreros Digimon. Los temas de la "Matrix Evolution", estado en el que un Tamer alcanzaba junto a su compañero digital el Nivel Mega, y la fusión de los Diez Espíritus Digitales, que daban lugar a Susanoomon, quedaron aclarados. A su vez, los Tamers narraron su batalla contra D-Reaper y los Devas, seguida por la batalla contra Lucemon, narrada por el grupo de Takuya. Para finalizar las narraciones, los demás contaron sus épicas luchas contra Los Amos Oscuros, Apocalymon, Diaboromon y el desastre de Internet, Kimeramon y MaloMyotismon. Cada generación de Niños Elegidos había experimentado diversas aventuras, al igual de distintas que habían sido las formas de fortalecerse. Otros temas, por ejemplo, casi no se tocaron, como el viaje de Ryo a otro universo, el repentino cambio de humor de Rika y la discusión entre Tai y Koji. Como más valía tarde que nunca, terminó disculpándose con la frase: "Me gustaría pedirte disculpas por mi carácter mortal…, Súper Saiyajin", a lo que Tai le respondió con un simple: "Estás perdonado, coletitas".

Estaba casi a punto de anochecer. El cielo, o lo que quedaba de él, estaba teñido de un tierno y romántico color naranja, ideal para contemplar lo precioso que era y meditar durante horas. Algo más alejado de los demás, Taichi se encontraba practicando con su guitarra eléctrica. Necesitaba pensar, y eso le ayudaba bastante. Tan concentrado se encontraba perfeccionando cada acorde y cada nota que no se percató de que tenía una espectadora. Separó la vista de su apreciado instrumento. Sora admiraba fascinada la maestría de Tai, sin perder su peculiar sonrisa.

-¡Hola!- le saludó Sora felizmente. Acabó por sentarse a su lado.-Tocas muy bien, ¿cuándo aprendiste?- preguntó ella.

-Hace cinco años, más o menos, en México. Un niño de un orfanato me enseñó, y yo, a cambio, le enseñé todo lo que sabía de fútbol.- respondió Tai, medio sonriendo.

Por mucho que escuchase aquellos interesantes relatos, Sora no podía evitar sentirse cada vez más triste. Sabía que por su culpa Tai se marchó para casi no volver. Había deseado durante muchos años tenerle cerca de nuevo, y ahora que su deseo había sido escuchado no sabía que pensar, y mucho menos que decir o hacer. Se generó un gran silencio entre ellos, pero la joven sacó fuerzas de donde pudo para atreverse a decirle mucho más.

-Tai…-susurró su nombre con aquella voz que le volvía loco.-¿Por qué te fuiste…, así…, de repente…?- sabía de antemano la respuesta, pero quería oírlo de su propia boca. Sin saber porque, se acercó más a él.

-Sabes la respuesta a eso, Sora…- dijo sin mirarla a los ojos.-Pero básicamente necesitaba estar solo, encontrarme a mí mismo, madurar…, y también olvidar…- susurró, como en un tono de derrota.

-¿Por qué no llamaste…, ni te comunicaste…? Todos te hemos echado mucho de menos…-dijo la pelirroja, intentando comprenderle.

-Sabía que si revelaba mi posición mis padres removerían cielo y tierra para encontrarme, y me hubiesen obligado a volver. Por eso he vivido en varias ciudades y países. Soy como un fugitivo, no me gusta vivir demasiado tiempo en un mismo lugar…- y, sonriendo, agarró la mano de su antigua mejor amiga. Sora intentó ocultar el rubor de su rostro inútilmente. Los ojos de ambos se encontraron por primera vez tras su regreso al Mundo Digital.-Ahora estoy aquí, Sora, con todos vosotros, y no me voy a volver a ir jamás. Mi máxima en éste preciso momento es recuperar lo nuestro, el tiempo perdido…- comunicó Tai.

-¡Me alegra muchísimo, Tai! ¡Yo también deseo recuperar todos estos años alejados!- exclamó la pelirroja, totalmente derretida ante la "declaración" del chico.

-¿Entonces eso significa que volvemos a ser amigos?- preguntó él, de manera abierta e inocente.

La última palabra dicha por el de pelo castaño la petrificó por completo. Por segunda vez consecutiva, sintió como si se la hubiese arrancado el corazón de manera salvaje, para luego patearlo hasta destrozarlo por completo. Así que eso era lo que más deseaba Tai…, que fuesen sólo "amigos". Tuvo que haber imaginado que no la iba a esperar siempre, ¿cómo lo iba a hacer, después de enrollarse con el mejor de sus amigos? Tenía muchísimas ganas de llorar, pero fue fuerte. Forzó una amplia sonrisa, que posiblemente él había notado.

-Claro que sí, Tai…, pero sólo si somos los mejores amigos del mundo…- susurró, forzando de nuevo otra sonrisa.

Como muestra de aprobación, Tai besó dulcemente la frente de Sora. Las mejillas de la pelirroja adquirieron un color más rojizo que el de su propio cabello, que emitían una alta cantidad de calor. Sentir esos labios contactando con su piel la hicieron experimentar una sensación eléctrica muy agradable recorriéndole de pies a cabeza. Sora observaba fascinada todas las características del nuevo Tai: cada mechón de su pelo, cada poro de su bronceada piel, cada centímetro de su cara recubierta de fino vello, cada incisivo de aquella blanca y perfecta dentadura, todo. Una especie de Hércules del Siglo XXI se encontraba frente a la pelirroja, y ella no era capaz de apartar la mirada y los pensamientos de él. Tai la volvía absolutamente loca, como siempre había hecho. Los motivos, sin embargo, eran totalmente diferentes: siendo niños, Tai podía perfectamente agotar la paciencia de todos con su huracanado carácter, pero tal y como era en aquel instante levantaría pasiones entre las mujeres con su personalidad madura y sensata, su voz seductora y muy viril y su cuerpo de infarto. Sora, una chica que iba más allá de las apariencias físicas, quedó cautivada por aquella sonrisa sincera y pura, además de por la dulzura propia de su mirada de chocolate, que escondía detrás de sí un alma herida y solitaria.

La presencia de Yamato fue medio agradecida por la joven, ya que había estado a punto de besar a Tai, y se hubiese muerto de la vergüenza si los hubiesen descubierto. La ex estrella del Rock se limitó a intentar reprimir una sonrisa pícara.

-¿Qué hacéis aquí, tan solos?- preguntó de manera divertida algo tan obvio.

-Pues…, verás…- titubeó Sora, roja como un tomate y retorciéndose las manos nerviosamente.-¡Tai nos va a tocar algo en directo!- mintió con lo primero que la vino a la mente: la guitarra eléctrica de Tai.

-¿Qué?- dijo Tai rápidamente.- ¡De eso nada! ¡Sois muchos, y me da vergüenza!- protestó el cantautor, también sonrojado.

-¡Me parece una idea brillante, Sora!- exclamó Matt, cogiendo a Tai de ambos hombros.-¡No te quejes tanto, "Playboy Millonario"! Frente a mucha más gente he tenido que tocar yo, ¡y aquí me tienes! El miedo escénico, al igual que todos los temores, se supera enfrentándolo, ¡seguro que arrasas, Tai!- le animó su amigo.

Ambos, tras varios intentos, convencieron a Taichi para que tocase algún tema ante la presencia de todo el grupo. Tuvieron suerte de que en La Ciudad del Comienzo hubiese un pequeño escenario, exclusivo para grandes fiestas del Mundo Digimon. Enchufado el instrumento a un amplificador y los altavoces funcionando a la perfección, Tai subió al escenario, de no más de diez metros de altura, y se sentó en una silla, con un micrófono a la altura de los labios. Todos allí esperaban impacientes la actuación, y, tras las primeras notas tocadas, el silencio se hizo. Sólo los que conocieron aquella canción hablaron.

-¡Qué buena elección, Tai!- dijo Matt.

-¿Qué canción es?- preguntó inocentemente Mimi.

-¡"Angel", de Aerosmith! Te va a encantar, ya verás.- dijo Rika, a lo que Sora se burló de ella repitiendo la misma frase en silencio y moviendo los labios cómicamente, sin que ella se enterase.

Muchos de los allí presentes pensaron que aquel mini-concierto iba a ser muy divertido, puesto que sabían que cantar no era precisamente el fuerte de Tai. No obstante, el fiarse de las apariencias fue lo que se puso en su contra. Tai comenzó a cantar:

I´m alone / Estoy solo,

Yeah, I don´t know if I can face the night / Sí, no sé si podré enfrentarme a la noche.

I'm in tears, / Estoy llorando,

And the crying' that I do is for you… / y el llanto que derramo es por tí…

I want your love / Quiero tu amor

Let's break the walls between us / Rompamos las paredes entre nosotros.

Don't make it tough / No lo hagas más difícil

I'll put away my pride /Dejaré de lado mi orgullo

Enough's enough / lo suficiente, es suficiente

I've suffered and I've seen the light / He sufrido, y he visto la Luz.

(Coro)

Baby / Nena

You're my angel / Tú Eres mi ángel

Come and save me tonight / Ven y sálvame esta noche

You're my angel / Tú Eres mi ángel

Come and make it all right… / Ven, y haz que todo salga bien…

Jamás nadie en su sano juicio había contado con ese pequeño detalle, ¿desde cuándo Tai cantaba tan bien? Su voz era perfecta, tanto para cantar como para hablar, porque ambas acciones las realizaba con puro sentimiento. Las chicas sólo suspiraron compasivamente ante las palabras sufridas y contadas por Tai. La canción estaba claramente enfocada en un mal de amores.

Don't know what I'm gonna do / No sé qué voy a hacer

About this feeling inside / con este sentimiento interior

Yes it's true… / Sí, es cierto…

Loneliness took me for a ride… / La soledad me engañó…

Without your love, I'm nothing but a begger / Sin tu amor, no soy más que un mendigo

Without your love, a dog without a bone / Sin tu amor, soy un perro sin su hueso

What can I do? I'm sleeping in this bed alone / ¿Qué puedo hacer? Estoy durmiendo en esta cama solo.

(Coro)

Baby / Nena

You're my angel / Tú eres mi ángel

Come and save me tonight / Ven y sálvame esta noche

You're my angel / Tú eres mi ángel

Come and make it all right / Ven, y haz que todo salga bien

Come and save me tonight! / ¡Ven y sálvame esta noche!

Unos breves segundos de acústica separaron aquel coro del siguiente estribillo. La maestría de Tai con la guitarra y la forma en la que cantaba los dejó a todos sin aliento. Hubo una escena que conmovió a todos los presentes: Tai estaba llorando. Sus lágrimas no eran abundantes, ni su llanto muy escandaloso, sino más bien lágrimas furtivas, sumadas a un silencioso llanto, propio de los hombres fuertes. Aquella estampa fue un detonante incapaz de bloquear para los demás, que también comenzaron a sollozar, llorar a lágrima viva o suspirar de manera empática y dolorosa.

You're the reason I live / Tú eres la razón por la que vivo

You're the reason I die / Tú eres la razón por la que muero

You're the reason I give / Tú eres la razón que doy

When I break down and cry / cuando rompo a llorar

Don't need no reason why / No necesito razón ni por que

Baby, Baby, Baby! / Nena, nena, ¡nena!

(Coro)

You're my angel / Tú eres mi ángel

Come and save me tonight / Ven y sálvame esta noche

You're my angel / Tú eres mi angel

Come and take it all right / Ven, y haz que todo salga bien

You´re my angel / Tú eres mi ángel

Come and save me tonight / ven y sálvame esta noche

You´re my angel / Tú eres mi ángel

Come and take me all right… / Ven, y hazme sentir bien…

Come and save me tonight… (X5) / Ven y sálvame esta noche…

Tras varios segundos de solo acústico, la intensidad de los decibelios cayó, suponiendo así el fín de aquella canción que había conseguido exteriorizar los sentimientos de cada uno. Mimi lloraba como una niña pequeña, como la mayoría de las chicas, Koji tuvo que desviar la mirada de todos para limpiarse una lágrima que recorría su rostro, y todos los demás estaban sumidos en un silencioso llanto. Incluso Izzy, que no derramó una sola lágrima, fue sometido por un triste y desmoralizador gesto en su semblante, y el sentimiento de pena quedó incrustado en su pecho al oír las dolorosas palabras cantadas por su gran amigo. Ajena a ello, Sora reprimía las cataratas de lágrimas que amenazaban con escaparse de sus preciosos ojos. Sin echarle freno, tentó ante esa necesidad, y se adentró en el bosque, donde rompió a llorar sin que nadie pudiese observarla. Apoyada su pared contra el tronco de un árbol, hundió su cara sobre sus rodillas, sin importarle que sus vaqueros quedasen salpicados por aquel barranco de lágrimas saladas que descendían de sus ojos. Suplicaba a la tierra que se la tragara sin piedad, pero sabía que eso no ocurriría y que su tormento no concluiría de manera tan fugaz. La canción simplemente le había encantado, pues Matt la había influenciado muy bien en lo que se refería a gustos musicales durante todos sus años de relación. Era una canción hablaba de amor, y estado semi agradable, semi tormentoso por el que todas las personas que se enamoran pasan sin excepción. Lo que más la había conmovido fueron las lágrimas y el dolor que transpiraba el alma de Tai, frágil como una figurilla de cristal. Se sentía la única culpable del destrozo interior de su "amigo", y la única incapaz de ponerle arreglo. No podía ni quería hacer otra cosa que llorar, derramar mares y océanos de lágrimas hasta que quedase seca o hasta liberarse de aquel emponzoñado agujero de su pecho, corazón y estómago. Unos débiles pasos que parecían jugar con el fino césped la alertaron. Kari, uno de sus grandes apoyos, se había arrodillado ante aquella Sora totalmente hundida.

-¿Qué te pasa, Sora?- le preguntó la hermana de su amigo, cuyo ojos estaban tan rojizos e hinchados como los de la pelirroja.

-No te preocupes, Kari. Estoy bien…- mintió Sora, pero la ceja arqueada por la de cabello castaño lo dijo todo. A ella era incapaz de mentirla.- ¿tanto se me nota…?- preguntó la pelirroja, mientras se secaba las lágrimas.

-Demasiado, diría yo, ¿a ti también te lo ha parecido, no…?- preguntó Kari, mirando al suelo.- Pobre Tai…, ha cambiado muchísimo. Tras su regreso a Japón, son muy pocas las veces que le he visto sonreír, es como…, si nos le hubiesen cambiado. Lamento en el alma lo que voy a decir…, pero yo quiero a mi hermano de siempre, y no es el que está con nosotros ahora. Interiormente, siento como si mi hermano hubiese muerto, Sora…- dijo la más joven, con voz frágil y siendo rodeada por los brazos de la pelirroja.

Si su sentimiento de culpa antes era enorme, ya no podía calificarlo. Un fino y húmedo hilo de lágrimas descendió por las mejillas de Sora, y gracias al temblor de su cuerpo y al fuerte sollozo Kari dedujo que había empezado a llorar sin control. La hermana de Tai la miró apenada, y con sus pequeñas y suaves manos acarició el rostro de la mayor, limpiando así esas lágrimas cargadas de dolor.

-Todo ha sido por mi culpa, Kari…- casi no se atrevía a mirar a la joven Yagami a la cara.- la culpa es mía…, la culpa es mía…- lloró Sora, martirizándose por completo.

-¡No es cierto! Tú no tienes la culpa de nada…-la obligó a mirarla a los ojos. Estaban rojos y muy hinchados.-Nadie tiene la culpa…, la gente cambia con el tiempo…-intentó animarla.

-Que me lo digan a mí…- dijo la pelirroja, siendo absorbida por un recuerdo del pasado.


(Flashback)

La música entumecía sus oídos, y la animaba a seguir pasándoselo bien hasta que saliese el Sol a la mañana siguiente. Año Nuevo del año 2007 había empezado con buen pie para Sora: eran las cinco de la madrugada, había bailado desenfrenadamente en las mejores discotecas de los alrededores y había llegado a parar al local donde la famosa banda "The Teen Wolves", en la que su novio Matt era la estrella principal, practicaban diariamente. Había bebido en grandes cantidades, fumado casi dos paquetes de tabaco y se preparaba para fumar marihuana junto con los chicos rockeros. Junto a ellos, Kari Yagami, la hermana del desaparecido e ilocalizable Tai, y Mimi Tachikawa, acabando así el gran trío de amigas inseparables, observaban patidifusas lo descontrolada que se había vuelto su amiga con los años, y apenas se habían atrevido a abrir la boca. La pelirroja, sin embargo, hablaba animadamente con los amigos de Yamato sobre fútbol, uno de los grandes hobbies abandonados de Sora.

-Debe de ser muy aburrido para una chica que le guste el fútbol no poder hablar de ello si a tus amigos no les gusta, ¿no?- preguntó Akira, el batería del grupo, un chico de cabello oscuro, cubierto siempre por un gorro de lana gris, y de ojos azules, mientras le tendía el canuto bastante cargado de Marihuana.

-No lo creas. Yo también soy muy femenina, pero se agradece poder hablarlo con aunque sea con dos de mis amigos. Davis y Ken juegan al fútbol en el instituto, y voy a verles cuando tienen los torneos con las demás escuelas.- dijo Sora, bastante alegre, gracias a los efectos del alcohol, expulsando una generosa cantidad de embriagado humo por su boca y nariz.

-¿No te olvidas de alguien, Sora?- participó por primera vez, y de forma muy directa y tajante, Kari.

-Ah, cierto…- dijo, dándose una palmada en la frente.- El hermano de Kari también es un gran jugador.- respondió a la pregunta de la más joven con total indiferencia y algo parecido a desprecio. Dio otra larga calada al porro.

-¡Mi hermano tiene nombre!- gritó Kari, levantándose del cómodo pub de color negro crudo. Todos la siguieron con la mirada, incapaces de hablar.- ¡Se llama Taichi, y es tu mejor amigo!- gritó aún más, sin poder contener su enfado. No iba a permitir que nadie hablara mal de su hermano.

-Era mi mejor amigo antes de marcharse a la otra punta del puto mundo. Por lo que a mí respecta, ahora es tan sólo tu hermano mayor.- respondió despreocupada Sora, levantándose también ante la actitud de Kari.

-Chicas, por favor. No discutáis. Hemos venido a pasárnoslo bien.- se interpuso Matt, preocupado ante una discusión que enfriase los ánimos.

-¡Esto no va contigo, Matt! No te metas, por favor.- volteó la de pelo castaño ante la sugerencia del guitarrista. Dirigió su mirada a Sora de nuevo.- Si tuvieses un poco más de vergüenza hablarías de mi hermano con un poco más de respeto. Él siempre ha estado ahí, para todos, sin preocuparse por nada más que por sus amigos, y TÚ, por el simple hecho de que te abrió su corazón, le trataste como un perro, pero no conforme con sus respuestas, seguiste humillándole y desinteresándote por lo que decía.- la reprochó Kari.

-Mira, Kari, vamos a poner las cartas sobre la mesa: ¡Tai es un completo egoísta que sólo piensa en sí mismo! No contento con mi relación con Matt, pretendía hacerme cambiar de opinión sólo porque él se veía beneficiado en ello. La prueba irrefutable de su desmesurado egoísmo es que os abandonó a tus padres y a ti para empezar una nueva vida. Siento vergüenza cada vez que pienso que llegué a sentir algo por él.- dijo Sora, empezando a levantar la voz también.

-¡Eso sí que no te lo permito, Sora Takenouchi!- gritó aún más la atacada, dando un paso al frente y encarando a la pelirroja.- No te consiento que menciones a mi familia para nada, y muchísimo menos a mi hermano, la persona a la que más quiero en éste mundo, ¿mi hermano un egoísta? ¡Tú eres la única egoísta en todo esto! ¿Acaso te has parado un segundo en mirarte al espejo?- contraatacó Kari, señalando de pies a cabeza a Sora.- Te pasas todo el tiempo que puedes de fiesta, haciendo todo lo que se te antoja y desaprovechando una de las cosas más importantes del mundo: a tus amigos. Cuando quedamos con todos, sólo sabes hablar de ti misma, ¡y te atreves a llamar a mi hermano egoísta, por el simple hecho de demostrar sus verdaderos sentimientos hacia tu persona!- tomó una pausa para respirar. Estaba roja de la ira.- ¿Sabes una cosa, Sora? Todo lo que vives y eres ahora se lo debes de agradecer a Tai, ¡él sacrificó erróneamente sus deseos y sentimientos de estar contigo para que Matt y tú fueseis lo máximamente felices posible! Mi hermano es una persona desinteresada por el bien propio, una buena persona como las que ya no quedan, ¡la prueba es que lo tuyo con Matt todavía dura gracias a él! ¡Tú eres feliz, si a eso le llamas felicidad, gracias a mi hermano, ése ser tan egoísta que tanto dices! ¡Tú eres la única miserable aquí, y no Taichi! ¡Tú, que cambias de sentimientos como lo haces de perfume…!- el alterado estado de Kari quedó subyugado.

Un sonoro golpe procedente de una bofetada por parte de la pelirroja llegó hasta la mejilla derecha de Kari, que había quedado profundamente roja debido a la agresión. Tal fue el susto de todos que Mimi, que no había visto venir la cachetada, se levantó de un respingo del pub blanco crema en el que se había recostado para estrechar entre sus brazos a una Kari que estaba al borde del llanto. Sora permanecía estática en el sitio, temblorosa, helada de frío y con la mirada perdida, asustada de sí misma por lo que había hecho. Había golpeado a Kari, aquella que, junto con Mimi, era su mejor amiga, una chica dulce, alegre, muy sensible y empática, y su confidente sobre los temas de Tai, aquel fantasma del pasado que sonaba tan cercano y a la vez tan olvidado en su cabeza. La joven Yagami recibía sin rechistar los besos, caricias y abrazos de Mimi, y había comenzado a llorar, más derrumbada por el acto de Sora que por el inesperado golpe. Por mucho que la pelirroja luchaba por liberarse de aquella atadura que oprimía su garganta, no sabía por dónde empezar.

-Kari…, yo…, lo siento muchísimo…- murmuró entrecortadamente, acercando sus manos al rostro de la joven, que evitó el gesto de Sora.

-No me toques…- repudió Kari el contacto con la pelirroja. En sus ojos se reflejaba dolor y decepción, y la pelirroja era incapaz de sostenerla la mirada.- No te reconozco, Sora. No sé qué te ha pasado para que seas así…, pero ya no importa, puesto que tú eres la primera que no hace nada por cambiar. Me has decepcionado.- le dijo Kari, antes de recoger su abrigo y ponérselo.- Por mí no te preocupes. Mimi podrá comprometerse en la tarea de acompañarme, ¡porque tú, obviamente, tienes que divertirte, y a los demás que nos jodan a todos!- soltó todo aquello muy irónicamente.

El eco de un portazo rebotó contra las paredes de aquel pequeño local, por lo que el ruido fue el doble de molesto. Mimi, triste por lo que había pasado, se despidió de los chicos y bendijo a Sora con un tierno e inesperado abrazo. Por último, la joven recién llegada de Estados Unidos sonrió a su amiga, indicándola que todo se arreglaría pronto. El tranquilo sonido de la puerta cerrada detrás de ella la destrozó por dentro, y sintió como su ánimo comenzó a decaer. Quince minutos más tarde, se excusó ante los músicos y se marchó. Necesitaba estar sola para poder pensar, y para que los efectos del alcohol disminuyesen antes de llegar a su casa. Sora se sentía la persona más decepcionante y patética del mundo, ¿por qué había tenido que actuar así? Ella no era una persona violenta, y de todas las personas que pudiese o quisiese golpear, a excepción de su padre y su madre, Kari sería siempre sería la última. Aquella joven la había ayudado mucho tras la marcha de Tai, y se habían hecho muy grandes amigas, pero lo sucedido recientemente ponía en peligro su amistad. El frío propio del invierno japonés parecía cortar en el acto cada centímetro de la piel de Sora, y tiritó brevemente. Parecía que tenía miedo de derramar alguna lágrima y que esta se congelase en el acto, pero hizo caso a su corazón y comenzó a gimotear. Kari tenía toda la razón del mundo: había cambiado muchísimo, y todas las estupideces que había dicho y hecho a lo largo de casi cinco años no iban a ser olvidadas tan fácilmente. Por unos segundos, llegó a preguntarse que estaría haciendo Tai en ese mismo instante, donde estaría y si lo haría acompañado. Mientras Sora caminaba triste, llorosa y solitaria hacia su casa, el joven Yagami estaba pasando mucho más frio que ella. En Anchorage, Alaska, todavía eran las once de la mañana del día 31 de Diciembre del 2006. Quedaban muchas horas para el Fin de Año, al igual que muchos preparativos para que en el orfanato de la ciudad a todos los pobres huerfanitos no les faltase de nada. Cuando en Alaska fuese Año Nuevo, se acostaría para estar lleno de vitalidad y jugar así con los niños del orfanato al fútbol durante el resto del día.

(Fin del Flashback)


Cada vez que recordaba esos acontecimientos vividos hace casi tres años, la pelirroja sentía asco de sí misma y terminaba por hundirse más, pensando en lo buena persona que era Tai y en lo egoísta que había sido ella. Aquel momento no fue una excepción, y con su cabeza apoyada en el hombro de Kari lloró descontroladamente, tanto que hasta empezó a hipar. Para sorpresa de Sora, la hermana de Taichi la hizo levantar la mirada. Estaba sonriendo, mientras que con una mano limpiaba sus lágrimas y con la otra acariciaba el suave y sedoso cabello de color fuego de su amiga. Kari y su hermano eran personas muy especiales: en sus ojos siempre brillaban la bondad, el afecto y la amistad que sentían hacia sus seres más queridos e íntimos, y lo demostraban siempre, ya fuese con palabras o con hechos. La mirada de Kari se lo dijo todo: las riñas del pasado habían quedado olvidadas, y tocaba vivir el presente y mirar hacia el futuro. Las dos se envolvieron en un caluroso abrazo y casi fraternal. Para Sora, Kari era como la hermana pequeña que nunca tuvo. Para la más joven, Sora era una de sus mejores amigas, pero sobre todo era la cuñada que nunca tuvo, pero que tarde o temprano tendría. De eso estaba totalmente segura. Desahogadas y más alegres, se reunieron con el resto del grupo para cenar. Poco a poco, el trozo de cielo anaranjado se fue tornando en negro-azulado. La noche había llegado.


Morfeo se había apoderado ya de todos, y nadie tenía un ojo abierto. Los ronquidos y respiraciones fuertes eran muy comunes en aquel "campamento" levantado por los Niños Elegidos. Tai dormía profundamente agrupado con Agumon, Sora, Biyomon, Kari y Gatomon. Tan concentrado estaba en su sueño que ni tanto él ni nadie vio como un aura negra comenzaba a escaparse de la nariz y oídos de Tai. Aquel fenómeno era un poco extraño, como si fuese una mezcla de aura negra y humo, del mismo tono. Agumon también sufrió el mismo destino, y la misma aura oscura se escapó de su cuerpo. Frente a Tai y los demás, dieciséis sombras, ocho humanas y ocho de Digimon, de fríos ojos rojizos, estudiaban el lugar, al que pronto reconocieron como lo que quedaba de la Isla File. Todos observaban callados al Líder de los Niños Elegidos y a su compañero Digimon, hasta que uno por fin tomó la palabra.

-Dispersémonos hacia los terrenos de los Señores Oscuros, sabéis lo que tenéis que hacer, ¿no?- y todos los demás asintieron. Su voz era desgarradora y oscura.

-¿Qué hay de ellos dos?- preguntó otra sombra humana, señalando a Tai y Agumon. Sus voces eran idénticas.

-Ellos no sabrán nada hasta que llegue su momento.- dijo el primero, sin apartarles la mirada.-Serán los mismos Niños Elegidos los que desfragmenten poco a poco la confianza que irán ganando entre ellos. Los pobres ilusos pensarán que hay un traidor en el grupo, pero…, seguramente jamás sepan de quién se trata

Todos empezaron a reír maquiavélicamente ante las palabras de aquel ser. Para evitar ser vistos y encontrados, los humanos y Digimon sombras se esfumaron a gran velocidad, atravesando hasta la propia barrera que Gennai había instalado para la seguridad de la Isla File. Algo muy malo estaba a punto de suceder.


Los primeros rayos de sol de la mañana ya habían surgido cuando todos los Niños Elegidos y Leomon esperaban en una pequeña playa de la Isla File. El nerviosismo arropaba a la mayoría de ellos, mientras que otros se dejaban guiar por un angosto túnel de incertidumbre, desesperación y miedo. Tai llegó a un acuerdo con todos los miembros del grupo, que accedieron a su sugerencia de dividirse en varios grupos. Las únicas condiciones fueron que los más pequeños debían ir supervisados por la presencia de un adulto, y que Suzie viajase con Henry, su hermano mayor, al igual que Ai y Makoto, que viajarían juntos por el simple hecho de ser mellizos y contar con un único compañero Digimon para ellos dos. Para sorpresa de Tai y los primeros Niños Elegidos, del agua salió una imagen de un Digimon ballena que había conseguido atravesar la barrera digital, de color azul en su gran parte, cubierto por una especie de coraza marrón que cubría su cabeza, y que carecía de ojos. Whamon, uno de los innumerables Digimon que sacrificaron su vida por ayudar a los Niños Elegidos en su lucha contra Los Amos Oscuros, había resucitado, y estaría dispuesto a ayudarles una vez más con tal de salvar ambos mundos. Los Niños Elegidos y Leomon se adentraron en la enorme boca de Whamon para quedar protegidos de los ataques enemigos, y también para poder viajar seguros. Una vez fuera de los terrenos de la Isla File, quedaron expuestos al Mundo de las Tinieblas, donde el tiempo parecía ir más rápido de lo normal. Tras unas largas horas de debate, se establecieron nueve grupos:

Grupo 1, formado por Ken, Ryo y JP. Su destino era "El Desfiladero Sangriento".

Grupo 2, formado por Kari, Juri y Koji. Viajarían a "La Cocina del Infierno".

Grupo 3, formado por TK, Kazu y Zoe. Ellos se encargarían de salvar "La Isla del Mar Negro".

Grupo 4, formado por Joe, Yolei y Takato. Desembarcarían en "Rock Ville".

Grupo 5, formado por Mimi, Davis, Koichi y Leomon. No sabían que peligros podían aguardarles en "La Ciudad Engranaje".

Grupo 6, formado por Izzy, Cody, Henry y Suzie. "La Zona Glacial" les esperaba.

Grupo 7, formado por Sora, Kenta y Takuya. Les había tocado "El Bosque Teatral".

Grupo 8, formado por Matt, Ai, Makoto y Tommy. Su misión era adentrarse en "El Circo de los Horrores".

Y, por último…, el Grupo 9, formado Tai y Rika, que penetrarían en "El Páramo de la Muerte".

La formación del último grupo no le gustó para nada a Sora, que sabía que Rika deseaba ir con el Líder para conseguir…, otra clase de objetivos. Inexplicablemente, Sora veía en Rika una rival para conquistar el corazón de Tai, y eso la ardía por dentro. Ver como aquella cría sonreía y acariciaba a su hombre delante de sus propias narices era demasiado para ella. No confiaba en Rika, pero sí lo hacía en Tai, y sabía que él mantendría la cabeza fría en todo momento. Sintiéndose todos extremadamente desprotegidos, los Niños Elegidos habían dado un paso adelante, sin abandonar la profunda masa de miedo latente en sus psiques y corazones. La verdadera oscuridad se propagaba a medida que viajaban por el océano. La Isla File se había perdido ya de vista. No había vuelta atrás, y tan sólo vivir o morir eran las opciones presentadas.


Fin del Capítulo IV

¡Sí, soy malo..., no, malo no, malísimo! ¿De verdad os pensábais que Tai se iba a librar de Rika tan fácilmente? Pues no habéis visto nada aún. Pobre Sora, ¡está más que comida por los celos! pero como autor del fic que soy no les puedo poner las cosas tan fáciles a la pareja del siglo...

¡Menuda Sora más..., indescriptible hemos visto en ese Flashback! y pobre Kari..., que ha sido ella la que se ha llevado el doble golpe :( Aunque..., pobre Sora también..., como lloraba después de la canción de Tai, ¿iría esa canción con algún significado no tan camuflado? ¿Conseguirán ambas lo que quieren: Sora el amor de Tai, así como Kari ganar una excelente cuñada?

¡Realmente me motivé muchísimo escribiendo la profecía que habla sobre Godmon, los Pilares del Digimundo y los Emblemas Oscuros! ¿Será capaz Izzy de entender del todo la profecía?

¿Quién será el causante de todo ese mal, el mismo que ha llenado el Mundo Digital de oscuridad, creado a los Nueve Señores Oscuros..., y poseído a Tai tras su llegada al Digimuno?

¿El Guerrero Alado será tan fuerte como aparenta ser, y quién será? ¿ Cuál es su historia?

Y lo más sospechoso, ¿..., quiénes son esas siluetas oscuras que han salido de los cuerpos de Tai y Agumon...? ¿Por qué hay tantas, y cuáles son sus objetivos? ¿Es cierto que habrá un traidor con el paso del tiempo?

Las preguntas a todo esto serán desveladas más adelante. Espero que para entonces hayamos avanzado más en el espacio-tiempo de la historia ;), por cierto..., es una tontería muy grande la que voy a decir, pero un día tras largas y largas horas de estudio para los exámenes finales pense: ¿cómo serían más o menos las voces de los protagonistas de este fic, ahora que casi todos son más bien mayores? Me puse a pensar en voces de dobladores y actores famosos, y de momento sólo he pensado para Tai, pero lo iré haciendo para con los demás, ¡los que quieran podrían ayudarme! ^.^ A ser preferible en idioma Español (de España, no es por nada que no se pueda justificar, básicamente es que vivo en España y estoy más acostumbrado a él) A mi para Tai me gustan:

1) Claudio Serrano, doblador de Christian Bale en "Terminator: Salvation" y pone su voz a Altaïr en "Assassin´s Creed".

2) Alfonso Vallés, pone su voz a Solid Snake en "Metal Gear Solid" para psx.

3) Gabriel Jiménez, doblador de Hugh Jackman en las películas de "X-men".

¿Vosotros que opináis? A mí me gustan los tres, pero yo creo que me quedo con la opción de Claudio Serrano, me parece una voz muy equilibrada y varonil. A medida que pasen los capítulos, buscaré más dobladores, alguien me podría recomendar una dobladora española para Sora? Muchas gracias, tanto si ayudáis como si no! Espero que no se me vaya la luz otra vez, porque entonces tardaré mucho menos en subir el quinto capítulo! Muchas gracias a todos por aguantar lo pesado que soy y por leer tan animadamente! Nos leemos!