Disclaimer: Nada me pertenece. De ser así, JK no sería tan rica y Ron estaría todo el día atado a la pata de mi cama. Además, los extractos debajo de los subtítulos son de la canción "Moments" de One Direction.

Nota inicial: Sigo teniendo un problema con los drabbles: no son tales, sino mini one-shots. Viñetas. Espero que os guste, igualmente.


Momentos


"Anochecer"

Heart beats harder
Time escapes me
Trembling hands touch skin
And the tears stream down my face


Llevaba bastante tiempo raro, distante, extraño. Por desgracia, no podía decir que no lo hubiese visto venir; hacía ya varias semanas que había comenzado su cambio. Se había encerrado en sí mismo y prácticamente no hablaba con nadie, ni siquiera conmigo. Siempre tenía un brillo desquiciado en la mirada, como si esperase que alguien fuese a saltar encima de él de un momento a otro. Sin embargo, desde hacía un par de días esa sensación se había incrementado. La paranoia había tomado su cuerpo y había hecho que se le desencajase la mirada demasiado a menudo. No toleraba que le tocase, excepto en los pocos momentos en que parecía olvidar lo que fuera que le preocupaba y volvía a ser un chico de dieciséis años. Apenas comía, sus pronunciadas ojeras dejaban claro que no dormía y siempre estaba encerrado en la biblioteca con la vista perdida en un libro que ni siquiera leía.

Podía decirme que no le pasaba nada todas las veces que quisiese, pero eso no borraba de un plumazo las evidencias que había ido encontrando en su estado físico y mental. Y tampoco hacía demasiado para que no me preocupase por él. Al contrario.

Aquella noche, no había bajado a cenar, como ya parecía ser tradición. Apenas probé bocado. No le había visto en todo el día y me constaba que tampoco había ido a clase. Me levanté de la mesa, con un suspiro, y al pasar por la zona de los Gryffindor pude ver a los Merodeadores con las cabezas muy juntas, encima de algo. Me crucé de brazos y alcé una ceja, apareciendo entre ellos.

—Si vais a planear alguna broma, me veré en la obligación de contárselo a Lily —amenacé.

Peter recogió rápidamente el pergamino que tenían extendido al tiempo que Sirius me ofrecía la mejor de sus sonrisas. Sin embargo, antes de que el objeto desapareciese por completo pude apreciar lo que era: un mapa. Un mapa en el que había pequeños puntos moviéndose aleatoriamente por él. Un mapa que creía saber de dónde era.

—Venga, Emmeline, ambos sabemos que no…

Ignoré a Sirius y me giré a James, con el aliento contenido. Tenía una corazonada.

—No le diré nada si me dejáis ese mapa unas horas. —Al ver su mueca de disgusto y escuchar las protestas de los otros tres, puse los ojos en blanco—. Te prometo que os lo devolveré más tarde.

Supongo que el hecho de que Lily fuese gran amiga mía y de que James viese en su gesto una oportunidad para conseguir salir con su pelirroja jugaron una gran baza a mi favor. En cuanto tuve el mapa entre mis manos, resistí la tentación de admirarlo para buscar ese pequeño cartel que necesitaba ver. Apareció como un rótulo de neón: "Regulus Black", en los Sótanos. Sin molestarme en deshacer el hechizo tal y como me había indicado Lupin, corrí hasta el lugar donde el punto parecía inmóvil.

—Merlín…

Estaba apoyado contra la pared, con los ojos cerrados y los brazos laxos sobre las rodillas. Por un instante pensé que estaba muerto y me lancé a mirarle el pulso en el cuello, pero cuando su fría mano apresó mi muñeca vi que, gracias a Morgana, estaba equivocada. Proferí un suspiro más que aliviado y enterré la cara en su hombro mientras recuperaba un ritmo cardíaco normal. Él no se movió.

—No sé qué te pasa, pero no me gusta nada. —Su carcajada sardónica me perforó los oídos.

—No tienes ni idea —respondió, en un tono que hizo que se me pusiese la carne de gallina. Me alejé un poco de él, boquiabierta.

—No, y si tampoco me lo explic…

—No hay nada que explicar —me cortó.

Hizo una mueca y se agarró el antebrazo izquierdo, cerrando los ojos y respirando con dificultad. Estaba sudando; el pelo se había quedado adherido a su frente, como la camisa del uniforme a su pecho. La nariz se le había dilatado por el esfuerzo interno que parecía estar realizando. Por primera vez desde que todo había comenzado tuve miedo. Di un par de pasos hacia atrás, trastabillando, sin poder apartar la mirada de él, que al escuchar mi regresión elevó la cabeza, soltando una carcajada desquiciada. Con el flequillo por los ojos y las ojeras estaba aún más terrorífico que el aura que desprendía. Más aún que el secreto que escondía bajo aquella manga que no me atrevía a mirar por si mis temores se hacían realidad.

Regulus no se había convertido en uno. No lo era. No podía serlo.

—Oh, vamos, Emmeline. Ya sabías dónde te metías.

Respiré hondo. No se había ido con ellos. No lo había hecho.

—Yo no soy mi hermano. —Murmuró, con crudeza.

Me di la vuelta con el corazón amenazando con salir de su prisión. Me di la vuelta, sin mirar atrás, dejando a aquella persona con la que había compartido tantos momentos felices en los últimos meses agonizando entre los fantasmas de su cabeza.

En el momento en el que subí de los Sótanos y la luz de la Planta Baja acarició mi piel, decidí olvidar los temores infundados por Regulus hacía unos minutos. Decidí que todo había sido una mala pasada de mi mente, aunque algo en mi interior me alertó de volver a acercarme a él. Durante un instante, sentí que aquello era precisamente lo que el Slytherin había buscado: alejarme de él. Junté las piezas del rompecabezas, los gestos de antaño, el regalo de Navidad… pero me resistía a creerlo. A mis dieciséis años, era mucho más sencillo curar un corazón roto por la desconfianza del otro que sanar las heridas que provocaba el miedo.

De camino a la Sala Común, me tropecé con Sirius, que me dedicó una sonrisa llena de secretos y maldades, que prometía unos ratos como los que siempre había soñado. Diferentes a los que había tenido, pero no por ello mejores. Inconscientemente, se la devolví, desviando mi camino y entrando en las Cocinas con él.

Regulus tenía razón: él no era su hermano. Y nunca lo iba a ser.


Nota de autora:

Sí, Regulus es mortífago. Sí, Emmeline lo ha intuído. No, no ha dicho nada. A veces, la negación es la mejor cura. No podemos juzgarla, por mucho que no estuviese enamorada de él, no deja de ser una persona "querida" de alguna manera.

¿Que si después de esto habló con Regulus alguna vez? Ah...

Espero que os haya gustado este drabble. Muchas gracias por leer.