Capítulo 4
UN CHORRO de juramentos en italiano despertaron a Sakura de sus seductores recuerdos. Abrió los ojos y volvió al presente. El Land Rover estaba parado con las luces encendidas en medio de una estrecha carretera.
- ¿Qué... dónde? - comenzó a preguntar confusa. - Hemos pinchado - explicó Sasuke abriendo la puerta. - ¡Pues tengo la rueda de repuesto en el taller! - ¿Que no tienes rueda de repuesto?
- No - respondió ella saliendo a la lluvia y dándole una patada a la rueda pinchada -. Estamos bastante lejos, ¿verdad? Y así no vamos a llegar a casa. ¿Dónde diablos estamos?
- Es posible que me haya confundido de camino en la oscuridad.
Eso era evidente teniendo en cuenta que estaban en una carretera cortada.
- Te has perdido, ¿verdad? - Sasuke la miró en silencio. Sakura suspiró -. Será mejor que comencemos a caminar..
- ¿Caminar? - repitió él escandalizado ante la idea. - ¿Y qué otra cosa podemos hacer? ¿Cuánto tiempo hace que dejaste la carretera principal?
- Un rato, pero hay una granja muy cerca de aquí.
- ¿Y qué? - musitó Sakura -. No podemos sacar a esa pobre gente de la cama a la! dos de la mañana a menos que se trate de una emergencia.
- ¡Pero esto es una emergencia!
- Yo no voy a despertar a toda una familia solo para pedirles que me dejen usar el teléfono. Además, ¿a quién quieres que llame?
- A cualquier organización automovilística - repuso Sasuke con paciencia.
- No pertenezco a ninguna. - A un taller mecánico.
- ¿Tienes idea de lo que me puede costar eso? - gruñó Sakura horrorizada -. La rueda no vale ni con mucho lo que me cobrarían. Cualquier taller de por aquí se encargará de ella mañana por la mañana. Me cobrarán la gasolina y el tiempo que tarden en arreglarlo...
- Pues yo no pienso pasar la noche en el coche.
- ¿Crees que tumbarte junto a las cabras será más cómodo? - preguntó Sakura sin poder resistirse, escuchando el ruido de animales acercándose.
- Pasamos por un cruce hace un kilómetro más o menos, y había un hotel - indicó Sasuke haciéndose cargo de la situación y rebuscando por el coche -. ¿Tienes linterna?
- Me temo que no - admitió ella.
Sasuke no asimilaba de buen humor las pequeñas incomodidades de la vida, no se parecía ni remotamente al encantador y tolerante hombre que había conocido en Venecia. Cómo se le había ocurrido compararlos era algo que, en ese preciso instante, se le escapaba. Ambos caminaron.
- Debería de haber prestado atención al camino - señaló Sakura arrancando una rama de olivo.
- Esos «si hubiera hecho esto» me exasperan - contestó Sasuke.
La lluvia mojó los brazos desnudos de Sakura, que cerró la boca. Sasuke se quitó la chaqueta y se la puso.
- Oh, no, no seas tonto - musitó Sakura violenta -. Yo soy muy dura.
- Insisto...
- No, no, de verdad... tú provienes de un clima cálido... tienes un riesgo mayor de quedarte helado.
- ¡Per amor de Dio ...! - Sasuke la envolvió en la chaqueta que aún conservaba su calor y su fragancia y añadió - : ¡Póntela y calla!
Una espontánea sonrisa iluminó el rostro de Sakura en la oscuridad. Comenzó a caminar y sintió el brazo de Sasuke sobre sus hombros, pero en lugar de apartarse lo dejó. Era sorprendente lo bien que aquel gesto la hacía sentirse. Sasuke tenía excelentes modales, y era natural que se hubiera irritado porque no llevara rueda de repuesto. El hotel estaba a oscuras. Sakura subió las escaleras del porche.
- ¿De verdad te parece bien que los despertemos?
Sasuke dio un paso adelante sin vacilar.
- Sería capaz de despertar a un muerto con tal de tomar un brandy y un baño caliente.
La luz del porche se encendió. Un hombre de mediana edad, en pijama, salió. Sakura escuchó el tintineo del dinero. De inmediato el hombre abrió la cadena de seguridad y se convirtió en un amable anfitrión. Les enseñó una habitación al final de las escaleras y les llevó brandy.
- ¿Cuánto dinero le has dado? - exigió saber Sakura fascinada.
- El suficiente como para compensarlo - contestó Sasuke examinando la habitación y el baño con el que se comunicaba.
- Es bastante acogedor.
Sakura se quitó la chaqueta y contempló a Sasuke, con la camisa mojada pegada al torso. No podía apartar la vista de él, del triángulo de vello de su musculoso pecho. Su rostro ardió cuando él se dio la vuelta y la vio.
- Dame una moneda - pidió ella de pronto.
Sasuke frunció el ceño curioso y se sacó una moneda del bolsillo.
- ¿Para qué?
Sakura se la arrebató y se apresuró a preguntar:
- Echaremos a suertes la cama.
- ¿Cómo dices?
- ¿Cara o cruz?
- ¡Dio ... !
- ¡Cara! - eligió ella impaciente tirando la moneda. La cazó al vuelo, la destapó y suspiró -. Te quedas con la cama, pero yo me llevo la colcha. ¿Te importa si me ducho primero? No tardo nada.
Sakura se apresuró al baño sin esperar respuesta. Entró y cerró la puerta satisfecha. En los momentos embarazosos el truco consistía en lanzarse a toda prisa. Si no hubiera andado corta de dinero habría pedido otra habitación pero, ¿a qué molestarse cuando apenas quedaban unas horas de sueño? Era muy poco probable que Sasuke sucumbiera a un repentino ataque de lujuria y tratara de hacer nada... no tendría tanta suerte, pensó riendo sofocadamente.
Sakura se desnudó y entró en la ducha. En cinco minutos había salido y se estaba secando. Volvió a ponerse el sujetador y las bragas y colgó el vestido mojado del raíl de la ducha.
Abrió la puerta. La habitación estaba vacía. Sakura la cruzó, recogió la colcha y una almohada y se acomodó en la alfombra. Diez minutos más tarde apareció Sasuke.
- Accidenti... esto no es un colegio mayor - soltó exasperado -. Compartiremos la cama como dos adultos.
- Me encuentro perfectamente bien aquí, gracias - Sasuke dijo algo en italiano de mal humor -. He dormido en lugares peores, así que deja de armar jaleo - musitó ella -. Soy más dura que tú...
- ¿Y qué se supone que significa eso?
Sakura sacó la cabeza de la colcha y lo miró ansiosa. Sus ojos colisionaron con unos ojos negros brillantes que la miraron suspicaces. Sakura sintió que se le encogía el estómago y se le secaba la boca, que su respiración se aceleraba.
- ¿Por qué no vas a darte ese baño y a tomar ese brandy? - sugirió tensa desviándose del tema de conversación.
Sasuke era verdaderamente guapo. Sakura escuchó cómo se desvestía. Hubiera deseado mirar. Al cerrarse la puerta del baño hizo una mueca. Estaba enfebrecida, excitada y avergonzada de sí misma. Sasuke era una persona decente, y aquella noche había hecho un verdadero esfuerzo por ella. Sin embargo ella se comportaba como una estúpida escolar y reaccionaba como si Sasuke fuera simplemente un objeto sexual. ¿Acaso no despreciaba ella a los hombres que veían de ese modo a las mujeres?
Por supuesto que sí. Aquella noche volvía a experimentar las mismas sensaciones eléctricas y apasionadas de entonces. Sakura se mordió el labio inferior y midió su debilidad, su anhelo físico. No era de extrañar que se hubiera echado a temblar, no era de extrañar que hubiera imaginado algo más que un sencillo parecido físico y de nacionalidad entre Sasuke y el padre de Daisuke. En aquel asunto no había ningún misterio: su poderosa respuesta física a ambos hombres había sido la fuente de toda similitud. La puerta del baño se abrió y Sasuke salió.
- Sakura.. métete en la cama - ordenó él seco.
Sakura ignoró, la invitación, aterrorizada ante la idea de que él pudiera notar su estado de excitación.
- Aún no te he dado las gracias adecuadamente por lo de esta noche dijo en cambio deseosa de cambiar de tema -. Te has comportado como un actor de primera.
- Grazie... ¿quieres tomar un brandy?
- No, gracias.
Tras el tintineo de un vaso Sakura escuchó el ruido de sábanas y el crujir del colchón. La luz se apagó.
- ¿Sabes? Cuando te dije que eras un perfecto gigoló solo trataba de halagarte - aseguró ella.
- Trataré de recordarlo.
Envalentonada por aquella aparente nueva tolerancia Sakura continuó:
- Supongo que te debo una explicación... - Sakura se puso seria. Sentía que él merecía su sinceridad -. Cuando era niña La Hacienda Haruno se mantenía por sí mismo, pero después mi padre se casó con Margo, y a ella le gustaba vivir muy bien. Así que mi padre hipotecó la casa en lugar de reducir gastos. Yo me enteré de que la propiedad estaba hipotecada hace solo un par de años, cuando La Hacienda necesitó reparaciones en el tejado y no había dinero.
- ¿Y tu madrastra no podía ayudarte?
- No. Ella trató de convencer a mi padre de que vendiera, y yo me asusté de verdad - le confió Sakura -. Pero entonces tuvimos un golpe de suerte. Yo tenía una pieza de joyería de mucho valor y acabamos vendiéndola...
- ¿Una pieza de joyería? - repitió Sasuke en voz baja.
- Sí, un anillo. Mi padre se había olvidado de su existencia, pero nos dieron por él una verdadera fortuna - explicó Sakura orgullosa.
- ¡Qué curioso! ¿Y lo vendisteis abiertamente?
- No, fue una venta privada. Yo entonces creía que la propiedad estaba a buen recaudo, no supe lo seria que era la situación hasta que mi padre murió. Él nunca me contó nada. Yo haría cualquier cosa para que mi familia conservara La Hacienda.
- Lo comprendo.
- Por eso, hace unos meses, cuando murió mi madrina, yo esperaba que nos dejara dinero...
- Es natural - concedió Sasuke asentándola a seguir hablando.
- Somos tres ahijodas... Ino, Hinata y yo - enumeró Sakura con voz pastosa -. Sin embargo, cuando se leyó el testamento, nos quedamos de piedra. Nuestra madrina nos dejaba sus bienes a condición de que nos casáramos en el plazo de un año.
- ¡Qué cosa más rara!
- Y por eso es por lo que te necesito... para heredar - explicó Sakura comenzando a sentir la dureza del suelo a través de la alfombra y la colcha -. Supongo que me considerarás una interesada y una calculadora...
- No, lo que creo es que eres muy valiente confiando en mí - respondió Sasuke amable.
- Este suelo está... bastante duro - admitió al fin.
- Pues te lo tomas con una tremenda deportividad - señaló Sasuke desde su cómoda cama -. ¡Admiro de verdad esa cualidad en una mujer!
- ¿En serio? - susurró Sakura sorprendida.
- Por supuesto. ¡Eres tan democrática! Ni llantos ni lágrimas femeninas para exigir un tratamiento especial - recalcó Sasuke con aprobación -. Has perdido la apuesta y te lo tomas en serio, como un hombre.
- Supongo que sí - asintió Sakura.
Aquel no parecía el momento más adecuado para sugerirle que cambiaran de sitio. Sin embargo una llama de satisfacción ardía orgullosa en el pecho de Sakura. Al menos Sasuke la respetaba.
- Buona notte, Sakura. - Buenas noches, Sasuke.
Sakura se despertó sobresaltada y encontró a Sasuke de pie, mirándola, completamente vestido. Parpadeó confusa. Era tremendamente alto, moreno y guapo.
- El Land Rover está fuera - informó él.
- ¿Fuera? ¿Pero... cómo? - preguntó ella sentándose y aferrándose a la colcha mientras todos los músculos de su cuerpo se quejaban de dolor.
- Llamé al garaje más cercano, se mostraron muy dispuestos a ayudar. Te veré abajo para desayunar concluyó Sasuke.
Eran más de las nueve. Sakura se apresuró a entrar en el baño y miró su reflejo desesperada. Durante la noche sus rebeldes cabellos se habían revuelto, y por más que lo intentara no conseguía ponerlos en su sitio. Diez minutos más tarde bajaba con el vestido de noche del día anterior y la sensación de estar hecha un desastre. Se acercó a la mesa de Sasuke, de imagen perfecta e inmaculada, y se sentó.
Él leía un periódico. No tenía prisa por llamar su atención. De pronto vio una fotografía en la primera página.
- ¡Dame ese periódico! - gritó -. ¡Por favor!
Sasuke la miró sin comprender. Sakura le quitó el periódico sin más preámbulos y lo dejó sobre la mesa.
- ¡Se ha casado ...! - gritó incrédula -. Página cuatro... - ¿Quién se ha casado?
- Ino Yamanaka, una de las herederas de mi madrina.
- Te ha ganado, ha llegado antes que tú a la meta, ¿no? - inquirió Sasuke.
- Sai Hiragizawa... oh, Dios mío, ¿quieres echarle un vistazo al pedazo de mansión que hay detrás en la foto? No solo ha conseguido encontrar marido, sino que encima parece que está loco por ella. ¡Tiene que ser alquilado!
- Sai Hiragizawa... sí, alquilado - confirmó Sasuke seco.
- ¡Lo intuyo! - insistió Sakura con sinceridad, echando a un lado el ofensivo periódico.
- ¿Celos?, ¿envidia?
Sakura volvió la vista hacia él con una expresión de reproche.
- Oh... no... es solo que... para ella es todo siempre tan sencillo... Ino es... ¡tan guapa! Éramos amigas íntimas cuando Kiba se enamoró de ella, esa fue la razón por la que él y yo no nos casamos - explicó Sakura tensa.
Tras aquella conversación ambos permanecieron en silencio el resto del desayuno. Sakura se sentía violenta e insultada. ¿Celosa? ¿Envidiosa? De camino a La Hacienda estuvo pensando en ello. No... Sasuke la había malinterpretado.
Ino, como dama de honor, se había quedado en La Hacienda durante una semana. La glamurosa modelo había aceptado las atenciones y cortesías del novio como parte del juego, respondiendo a ellas con sonrisas. Kiba, sencillamente, se había mostrado embelesado. Y Sakura se había puesto ingenuamente contenta al ver que ambos se llevaban bien. Pero el día de la boda, ante el altar, Kiba se había vuelto hacia Sakura para confesar:
- No puedo seguir con esto... me he enamorado de Ino.
- ¿De qué diablos estás hablando? - exigió saber Ino furiosa -. ¡Pero si tú a mí ni siquiera me gustas!
Entonces Sakura no pudo resistirlo más. Hubiera soportado mejor que Kiba la plantara si al menos Ino le hubiera correspondido, pero la falta de interés de Ino era la puntilla. Los dos, Sakura y Kiba, habían sido humillados.
Sakura había perdonado a Kiba hacía tiempo, lo consideraba un amigo. Pero no había sido tan generosa con Ino, comprendía de pronto. A ella le había echado toda la culpa. Solo en ese momento comprendía que, en aquel entonces, Ino no era más que una atolondrada adolescente. Quizá hubiera sido injusta con ella, reflexionó. Irritada ante aquella idea Sakura salió del Land Rover.
- ¿Te das cuenta de que no has dicho una sola palabra desde el desayuno? - inquirió Sasuke inexpresivo.
- Estaba pensando en Kiba - respondió Sakura a la defensiva.
El rubor acentuó aún más los pómulos de Sasuke, y sus músculos se tensaron. La observó con los ojos entrecerrados y una expresión fría y Sakura se sobresaltó.
- ¿Qué ocurre?
- ¿Qué iba a ocurrir?
- No lo sé, pero... Dios, te debo dinero por lo de esta noche...
- Te presentaré una factura - aseguró Sasuke irónico. - Gracias... te haré un cheque - respondió Sakura -. ¿Cuándo has pensado mudarte?
- El día de nuestra boda.
- ¿Y a qué hora vendrás? - insistió ella.
- Estaré a tiempo en la iglesia - contestó Sasuke esbozando una peligrosa y sensual sonrisa -. Tranquila, no fallaré.
Sakura lo observó caminar hasta el Porsche inquieta ante la idea de que Sasuke pudiera leer sus pensamientos con tanta facilidad. ¿Cómo podía ser tan sexy? Al abrir la puerta del coche volvió la vista y la pilló contemplándolo.
- Por cierto - murmuró Sasuke con voz de seda -, se me ha olvidado comentarte lo impresionado que estoy por el acuerdo prematrimonial que firmé el otro día. Me parece justo que los dos dejemos el matrimonio con lo mismo con lo que lo iniciamos.
- Igualdad sexual - musitó Sakura incapaz de apartar la vista de su brillante cabello negro.
Conocía el tacto sedoso de ese cabello. Sentir su apoyo en la fiesta, frente a Karin y Tayuya, había sido importante para Sakura.
- Pues estoy de acuerdo - informó Sasuke con una sonrisa sensual de aprobación.
A pesar de la distancia, aquella fascinante sonrisa tenía el poder de hacerla estremecerse.
- ¿Te das cuenta de las veces que has mencionado el nombre de Sasuke en los últimos días? - inquirió Tenten.
- Sasuke es central en mis planes, mañana nos casamos - señaló Sakura mientras arropaba a su hijo y le daba un beso -. Buenas noches, cariño.
El niño musitó una respuesta adormilado y se hundió bajo la colcha. Sakura apagó la luz de la mesilla y salió al pasillo.
- Me da miedo que ese tipo llegue a gustarte demasiado - explicó Tenten.
- Creo que ya soy demasiado madura para eso, Tenten.
- Eso es lo que más me preocupa. Estás pagando a Sasuke para que interprete su papel, es alquilado, o como quieras llamarlo. No puedes permitirte el lujo de enamorarte de él.
- ¡Pero si no voy a enamorarme de él!
- Y entonces ... ¿por qué no dejas de hablar de su increíble actuación en la fiesta?
- Porque estuvo genial.
- Eso por no mencionar sus perfectos modales y la variedad de temas sobre los que se puede conversar con él... - añadió Tenten imitándola.
- Por eso estoy impresionada... - replicó Sakura encogiéndose de hombros con ojos evasivos.
- Sakura... los últimos dos años lo has pasado muy mal, aún eres muy vulnerable - comentó Tenten incómoda -. Estoy segura de que Sasuke es una joya, pero aún no lo conoces lo suficiente como para confiar en él. De hecho puede que esté pensando que eres una presa fácil con la casa y la herencia.
- Sabe que estoy endeudada hasta las cejas - la contradijo Sakura.
Las palabras de Tenten, no obstante, le dieron qué pensar aquella noche. ¿Tan evidente era que se sentía atraída por Sasuke? ¿Sería igualmente evidente para él? La idea la inquietaba.
De todos modos Tenten exageraba. Tras su viaje a Venecia había vuelto con el corazón roto y una tremenda confusión. Enamorarse de un extraño en una sola noche había sido una dura lección, su orgullo y su corazón habían tardado bastante tiempo en recuperarse. Y no tenía la menor, intención de dejar que la atracción por Sasuke se convirtiera en algo más.
En su día aquel había sido un vestido caro y de diseño. El traje de novia de seda de Sakura recogía sus hombros y colgaba de sus caderas hasta media pierna con preciosos parches de encaje. Había pertenecido a su madre y, por muy incómoda o estúpida que se sintiera, Sakura pensaba que tenía que aparentar una ceremonia de verdad.
Aquella misma tarde tenía una importante cita con su banquero. Con suerte, tras explicarle los términos del testamento, lo persuadiría de que La Hacienda era una buena inversión. Y con el dinero que le prestara contrataría de nuevo al personal más necesario en la propiedad. La vida volvería a la normalidad.
- Muy guapa, mami - comentó Daisuke entusiasmado -. ¿Estoy guapa yo?
- Muy guapa - sonrió Sakura.
Tenten los llevó a la iglesia. Sakura se echó a temblar al ver a la multitud congregada a las puertas. Reconocía todas las caras. Eran sus empleados de La Hacienda, gente a la que conocía de toda la vida. La antigua ama de llaves se acercó a ella y le dio un ramo de flores.
- Todos nos sentimos muy felices por usted, señorita Haruno.
Otras voces se alzaron para unirse a la felicitación, y Sakura miró los rostros con los ojos llenos de lágrimas. Parpadeó conmovida, sintiéndose culpable por estar fingiendo, y entró en la iglesia.
Sasuke volvió la cabeza desde el altar. Sus ojos permanecieron fijos sobre ella, aparentemente sorprendido. Ella lo miró de arriba abajo. Llevaba un exquisito traje gris marengo que lo hacía más atractivo y sofisticado que nunca. Tenía sobre ella un impacto tan fuerte que Sakura casi se olvidó de respirar. Tenía algo que...
Había un desconocido junto a él. Parecía tenso, y apartó la vista de ella cuando Sakura lo miró. La ceremonia comenzó. Solo cuando Sasuke la tomó de la mano y le puso el anillo se dio cuenta Sakura de que se había olvidado por completo de ese detalle. Pero se sintió aliviada al ver que él sí lo había recordado.
- Gracias... - murmuró mientras él se lo ponía.
Cuando concluyó el servicio firmaron en el registro. Tenten y el otro hombre, al que Sasuke llamó Kakashi, firmaron como testigos. Una vez terminadas las formalidades Sakura se restregó los ojos quitándose accidentalmente una de las lentillas. Se arrodilló a buscarla mientras exclamaba:
- ¡No os mováis, he perdido una lentilla!
Sasuke se agachó y la recogió del suelo, pero se la guardó en el bolsillo. Sabía que no podía ponérsela allí mismo.
- Relájate, ya la he encontrado...
Sakura levantó la cabeza sorprendida ante tanta rapidez, y al mismo tiempo Sasuke se inclinó hacia ella para ayudarla a levantarse. Enfocó su rostro con el ojo miope, sin lentilla, y cerró el otro tratando de verlo. Y entonces, durante una décima de segundo, los rasgos de Sasuke se difuminaron e hicieron borrosos. Aquella imprecisión de su rostro le era familiar. Sakura se quedó helada e incrédula. Sasuke era su amante veneciano. Un fuerte shock la sacudió al reconocerlo, sintió un nudo en el estómago.
- ¿Eres... tú? - comenzó a decir tartamudeando.
Sakura no dejaba de mirar a Sasuke llena de estupor. La cabeza le daba vueltas. Por fin él se le hizo por completo borroso. Sasuke la tomó en sus brazos al desmayarse.
