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Marcha Fúnebre
Gotas pequeñas comenzaron a caer sobre aquel piso de madera bastante desgastado… La sangre comenzaba a manar poco a poco hasta que mojó gravemente aquel piso…
A los pies del pequeño niño llegaba aquel naciente y espeluznante rastro se sangre y las botas del asesino flaquito comenzaban a mojarse…
Todd miró hacia arriba y pudo ver a su vecino con una linda y desquiciada sonrisa sobre el rostro: Gemía conteniendo el dolor mientras se agarraba el vientre fuertemente con la mano derecha ahora bañada por completo en sangre: Su sangre.
Johnny no tenía corazón para lastimar a Squee, él mismo se lastimó para no tener que hacerle daño al pobre y aterrado niño que lo veía con ojos bien abiertos. Simplemente no podía creer que Johnny hiciera tal cosa.
Johnny cayó de rodillas soltando el hacha a un lado y sujetándose el vientre ahora con ambas manos muy fuertemente. Todd se agachó también dejando caer a Shmee y miró a Johnny muy asombrado.
-Y-y-yo… -Comenzó a decir Johnny tartamudeando mientras temblaba y juntaba fuerzas suficientes para seguir hablando. –Ja-más lastimaría a algu-guien que aprecio… -Y en un último suspiro bastante desesperado terminó de hablar: -Antes-antes acabo conmigo.
Y entonces cayó hacia su lado izquierdo con los ojos abiertos y esa bonita sonrisa sobre su consumido rostro… Se desangró por fin mientras un par de lágrimas terminaban de derramarse de su rostro y caían en el infame charco de sangre para perderse finalmente en ella…
Squee lo vio morir y entonces sintió como poco a poco una extraña y poderosa sensación enferma se apoderaba de él… Sintió como poco a poco ese ALGO que durante tanto tiempo había mantenido vivo a Johnny; ahora se apoderaba de él sin importarle lo que ocurriera con su juguete anterior…
Sin embargo; Squee en vez de usar ese ALGO que sentía correr poco a poco por él con propósitos maléficos; lo usó entonces para ayudar a Johnny.
Con todas sus fuerzas empujó el cadáver del flaquito y al tenerlo totalmente boca arriba comenzó a tirar de sus brazos y comenzó a arrastrarlo para sacarlo.
Squee gemía mientras arrastraba a aquel que fuera su amigo dejando un rastro de sangre por donde pasaba. A pesar de que el flaquito no pesaba gran cosa; sí resultaba un trabajo difícil para alguien tan pequeño como lo era Squee.
Poco a poco lo sacaba del sótano rumbo a las escaleras y antes de salir; aquel niño pudo sentir la acusadora mirada de dos seres estáticos que tenían uno de sus brazos alzados y señalando hacia arriba: Dos puerquitos; uno negro y otro blanco que estaban recargados en la pared con una sonrisa aparentemente curiosa. Squee sentía sus ojos clavarse en su menudo cuerpo a pesar de que éstos veían perdidamente hacia el techo y entonces él se dio prisa para no tener que verlos nunca más…
Cuando logró llegar a las escaleras; subió una o dos y comenzó a jalar a Johnny nuevamente. Sería un trabajo muy difícil pero no se daría por vencido: Aquel algo que se había apoderado de él (ya fuera sugestión o un ser de verdad) lo impulsaba desesperadamente a que continuara con lo que tenía en mente…
Arrastraba penosamente el cadáver de aquel su vecino y éste hacía un rechinido cruel mientras era arrastrado lentamente. Muchas veces Squee se detenía a tomar aire y a juntar fuerzas antes de continuar pero estaba decidido y aunque sudaba a más no poder y tenía las manos rojas de tanto jalar; siguió trepando de espaldas por aquella infinita escalera de madera…
Johnny tenía la mirada perdida en el techo mientras su sangre hacía un lindo camino en cada escalón que subía. Parecía imposible que alguien tan flaco como él pudiera tener sangre u órganos en tan buen estado; pero así era, ese algo lo había dejado vivir decentemente y ahora lo había abandonado… Al menos no a su suerte y al menos no para siempre.
¿Cuánto tiempo había pasado desde que Squee comenzara a jalar el cadáver de Johnny? Eso nadie podría decirlo; algunos dicen que horas y otros que incluso pudieron haber sido días. Lo cierto era que a pesar de que Squee sentía no haber avanzado nada, de sentir que estaba estático a pesar de ver hacia delante un rastro infinito de sangre que daba vueltas e iba en línea recta; también al mirar hacia atrás se encontraba con una luz cada vez más poderosa que le aseguraba la superficie.
El tiempo mismo pudo haberse detenido en aquel sitio, eso nadie lo sabe pero sin duda era probable. Esa casa era extraña, Johnny era extraño y todo cuanto él conocía lo era también, ¿Qué mas daba si un poco de tiempo se congelaba para darle la última despedida a aquel que durante tanto tiempo había alimentado al muro con la única esperanza de sentirse en paz o de recordar lo que había sido de su vida antes de haber llegado a aquella casa?
Era la marcha fúnebre más extraña jamás vista: Un niño jalando el cadáver de un asesino sonriente mientras la sangre de éste marcaba su último camino recorrido.
Squee seguía jalando y cada vez más decidido y con menos intenciones de detenerse a descansar. Faltaba poco, unos cuantos metros más, Squee ya podía ver la puerta abierta si alzaba bien la cabeza y con un poco de suerte estaría ahí con Johnny en unos cuantos minutos más.
Éste su amigo seguía como si nada, con los ojos hacia arriba y sin ninguna clase de alimaña o putrefacción sobre él: Seguía intacto.
Al fin después de lo que parecieron ser años interminables; Squee logró llegar con Johnny a la planta baja de la casa y entonces el pequeño niño corrió hacia la cocina y abriendo la puerta trasera de la casa salió al jardín y tomó una pala.
En un sitio cercano a la casa y dónde Johnny acostumbraba andar; enterró aquella pala en la tierra y con todas sus fuerzas comenzó a cavar: A cavarle la tumba.
Cavaba y cavaba sin intenciones de detenerse o de siquiera pensar en sí mismo; en su mente sólo estaba presente la orden de cavar y para él no existía algo más allá que eso. Era como si ese algo nuevamente se apoderara de Squee y lo obligara a concentrarse sólo en eso; tal cual había hecho que Johnny una y mil veces sólo tuviera cabeza para alimentar el muro; ahora sólo Todd tenía cabeza para cavar.
El tiempo a su alrededor no importaba, no interesaba en lo más mínimo, no le afectaba… Sólo cavaba fuera día o noche… Sólo cavaba…
Squee había al menos cavado una fosa de dos o tres metros cuando sintió que su trabajo casi terminaba. Regresó a la cocina y suspiró mirando a Johnny recostado en el marco de la puerta que llevaba al sótano.
Lo miraba y se hacía creer a él mismo que estaba pensando en las estrellas: Con los ojos bien abiertos e imaginando un cielo por sobre el techo de su casa que se caía a pedazos junto con todo lo demás.
Sin embargo se despabiló en seguida y regresó hasta la puerta para comenzar a jalarlo hacia el jardín. Trabajosamente lo llevó arrastrando; tenía las manos astilladas y llenas de tierra y sangre; tanto de Johnny como suya y sin embargo continuó con su misión pese al dolor que sentía.
Al llegar al jardín simplemente lo dejó recostado cerca de aquella fosa y lo miró a los ojos; estaban perdidos y decían tantas cosas; afortunadamente, todas esas cosas eran felices.
Todd se agachó y besó tiernamente la mejilla izquierda de su amigo, cerró levemente sus ojos y lo dejó con aquella maniática y leve sonrisa curiosa en el rostro.
-Haré que regreses... El que alimenta al muro no puede morir. –Susurró aquel tierno niño sin saber exactamente lo que había dicho; simplemente sintió como aquellas palabras acudían a su mente y salían de sus labios aún sin saber el porqué. Sin embargo sabía que así debía de ser.
Entonces dejó caer a Johnny hasta el fondo de la fosa y cayó de espaldas. Pudo mirarlo durmiendo plácidamente en aquel agujero y entonces comenzó a echarle tierra encima.
El cuerpo de aquel homicida maniaco comenzó a desaparecer poco a poco en medio de un mar de tierra que caía lentamente del cielo; Squee la echaba una y otra vez con la esperanza de revivirlo en cada porción que arrojaba sobre el cuerpo de su amigo. La arrojaba triste y a la vez bastante decidido a cumplir lo que le había dicho; simplemente no parecía ser el mismo desde que lo vio morir ante él para no lastimarlo.
La tierra parecía curar las mismas heridas de Johnny mientras éste poco a poco parecía integrarse a la fosa misma de la cual muy probablemente jamás saldría. Ese era su nuevo hogar y a él debía de acostumbrarse: Siempre en la oscuridad.
Hasta que el cuerpo de aquel flaquito no quedó por completo cubierto; Todd no se metió a casa. Y una vez que así fue lo primero que hizo fue dejar la pala en su lugar y cerrar la puerta de la cocina.
Luego bajó al sótano pisando poco a poco aquel infame y extrañamente fresco rastro de sangre que cubría todas y cada una de las infinitas escaleras de madera.
Al llegar al umbral de aquella habitación comenzó a sentir poco a poco la mirada de ambos adornos de pared con los ojos perdidos; Squee sabía que tenían ese algo y que nunca dejarían de atormentar a Johnny mientras siguieran ahí; Estáticos y absorbiendo poco a poco la energía que Johnny poseía. Muerto o vivo ellos seguirían atormentándolo y él debía de hacer algo.
Tal vez no por ahora; Squee tenía cabeza para otras cosas más importantes y se acercó al rastro principal de sangre: Aquel que Johnny había derramado la primera vez y donde había caído muerto; y metiendo las manos en él, sintiendo la sangre aún fresca y llena de vida: Comenzó entonces a alimentar al muro.
Una y otra vez frotaba sus pequeñas y heridas manos contra esa infame pared ahora casi seca. La sangre de aquel que una vez lo alimentó ahora servía como alimento; cruel ironía que ahora aquel asesino fuera usado como última cena de aquel algo que habitaba en las oscuras entrañas de un abismo inimaginable y desconocido.
Las manos de Todd subían y bajaban, iban de lado a lado y con una sincronía casi tan fabulosa como la de aquel simpático flaquito ahora enterrado; era como si alguien o algo le susurrara al oído con palabras dulces cómo debía de hacer las cosas: Cómo debía de usar aquella valiosa sangre para apaciguar a la bestia que habitaba en las penumbras tras aquel viejo y raro muro.
Miraba la pared con los ojos fijos mientras la cubría enteramente; ya sea agachándose, estirándose o trepando a un sin fin de cosas que estaban regadas en aquel sótano; Squee logró racionar tan perfectamente aquella sangre intacta para mojar toda aquella superficie.
Una vez que vio finalizado aquel trabajo suyo sonrió: Era una sonrisa algo extraña para él, era bastante ansiosa y a la vez maliciosa. Entonces simplemente cerró los ojos de golpe y se desplomó hacia delante… Cayó profundamente dormido y nadie sabría decir exactamente por cuánto tiempo…
Cayó rendido al fin… Nadie sabe si por el cansancio que finalmente lo invadió; si por concluida al fin aquella obra… O simplemente por capricho de aquel algo que sintió ya había hecho suficiente para darle la última despedida a quien fuera su títere durante muchos años de su vida…
Simplemente aquel niño le fue inútil nuevamente y decidió deshacerse de él… Al igual que permitió que Johnny se deshiciera de sí mismo…
