Disclaimer: Los personajes de Naruto no me pertenecen, son propiedad de Masashi Kishimoto, pero la historia sí que es mía.
CAPÍTULO CUATRO
UNA RELACIÓN DIFICIL DE EXPLICAR
Los rumores no se habían hecho a esperar, ya por toda la aldea se hablaba sobre la cercanía del exvengador con la princesa Hyuga. Y, por más que ella intentara acallarlos parecía que conseguía el efecto contrario, haciendo que se hablara todavía más de ellos. Incluso en la mansión de la ojiperla habían llegado esos rumores, cosa que ella negaba, alegando que con el Uchiha solo eran amigos.
Pero claro que eso no complacía a su padre, que le había dicho que no la quería cerca del Uchiha, porque manchaba a su apellido al acercarse a ese traidor, pero la chica esta vez no le podía obedecer. Porque incluso más grande que el miedo a que su padre se molestara se encontraba el miedo a que Naruto la odiara porque le había robado su primer beso y no le volviera a dirigir la palabra.
Ella no podía entender como todos en la aldea no paraban de murmuran sobre una relación escondida entre ambos. Cosa que no podía estar más alejada de la realidad, ya que se podría decir que la relación que ambos mantenían desde hace una semana, era más de amo-sirvienta que de otra cosa.
Hinata volvió a lanzar un largo suspiro, ni siquiera sabía porque tenía que ir a casa del morocho a prepararle la comida. No, si lo sabía, debía proteger su secreto. Prefería mil veces que todos pensaran que ambos eran algo que Naruto se enterara que ella le había robado un beso. Pero aún así era agotar, sobretodo mentalmente.
El Uchiha prácticamente la utilizaba como una sirvienta, compra esto, prepara esto, limpia esto. ¡Era todo un manipulador! Tal cual habían dicho los demás. Aunque bueno, teniéndola en sus manos como él la tenía no se había portado mal, cosa que agradecía.
La verdad es que aquello era lo que más le extrañaba del azabache, con el paso de la semana él poco a poco se había ido abriendo y había visto cosas de las cuales antes no se había ni percatado. Como su amor por los tomates, cosa que, aunque no pensaba decírselo le parecía bastante tierno. Igual que su gusto por lo onigiris, siempre formándosele una ligera pero linda sonrisa cuando los comía.
—¿Ya está listo? —preguntó Sasuke entrando en la cocina, mientras se secaba el pelo con su única mano, ya que había salido de la ducha.
—¡P-Po-pon-ga-gase ro-ropa U-Uchiha-san! —gritó ella desesperada mientras de su cabeza comenzaba a salir humo y se ponía totalmente colorada.
Esa era otra cosa que la peliazul no comprendía, esa desinhibición del chico, ¿no le daba vergüenza estar con solo una toalla? Ella internamente trataba de mirar a otra parte, pero por más que lo evitaba sus ojos siempre regresaban al fornido pecho del moreno, para luego toparse con unos ojos ónix que la hipnotizaban por completo, haciendo que sus piernas temblaran y sintiera como un inminente desmayo venía.
Sasuke lanzó una socarrona sonrisa mientras se acercaba poco a poco a ella, notando como temblaba, hasta ponerse justo en frente. Lentamente, con su única mano apartó las manos del rostro de la chica, para luego tomar su barbilla.
La verdad es que en esos momentos ya no se le hacía tan mala idea de aceptar el implante que Tsunade le había ofrecido, ya que con su otra mano podría haber atraído la cintura de la peliazul más cerca de él.
—¿Te pongo nerviosa? —decía molestándola, haciendo que cada vez se pudiera más colorada, mientras peligrosamente se acercaba a su cuello.
—U-U-uchi-chi-ha-san—tartamudeaba mientras temblaba como gelatina al sentir el aliento del chico tan cerca de ella. —P-por fa-fa-vor—pidió.
Pero Sasuke no hacía caso a los reclamos de ella, sino que estaba más ocupado inspirando el dulce aroma que desprendía el esbelto cuello de la peliazul.
—Por favor—pidió esta vez con una voz más lastimera, casi a punto de quebrarse, que esta vez sí que consiguió que el chico se alejara.
—No llores—le dijo serio para luego despeinar su cabellera y marcharse de allí, haciendo que ella callare al suelo, ya que sus piernas no le respondían.
Cuando se encontró sola en la habitación intentó normalizar su respiración, pero su acelerado corazón no le hacía caso, alegando que necesitaba más aire. Durante aquella semana los acercamientos del chico hacia su persona habían ido en aumento, no sabía cuanto más podría soportar si seguía así.
Después de un rato el pelinegro volvió, para encontrarse la mesa ya lista para el desayunar, y, como era costumbre desde hace unos días la Hyuga se sentó con él.
—Dile a Tsunade que aceptaré el implante para mi brazo—dijo mientras comía un poco de arroz, haciendo que ella asintiera lentamente.
—Que bien que lo vaya a aceptar—dijo con una sonrisa, haciendo que él también hiciera una, pero torcida. —Estoy segura que Naruto-kun también se pondrá muy feliz al saber que sí que vas a aceptar la prótesis—decía muy feliz haciendo que el Uchiha gruñera y se levantara sin comer nada más.
No entendía porque aquellos cambios de humor tan repentinos, cuando creía que poco a poco lo iba entendiendo siempre salía con algo impredecible.
. . . . . . . . . . . . .
Sakura había intentado desde aquel día hablar con la peliazul. Tenía que preguntarle por el rumor sobre su relación con el Uchiha, ya que por más preguntas que le había intentado hacer al morocho no había soltado prenda y Naruto solo murmuraba idioteces sobre una relación clandestina.
Por eso tenía que hablar directamente con la Hyuga, sabía que la chica le diría con sinceridad sobre lo que pasaba entre ella y el exvengador.
Entonces, al girar la calle, agradeció su suerte al ver a la ojiperla, pero no se encontraba sola, sino que el azabache la acompañaba, haciendo que en su pecho se formara una dolorosa sensación de malestar. Pero no, ella no iba a dudar, se lo tenía que preguntar y salir de la duda.
—Hinata—llamó con una voz potente haciendo que la chica se girara.
—¡Sa-sakura-san! —respondió un poco exaltada, para después inclinar ligeramente la cabeza en señal de saludo.
La ojiverde miró a Sasuke, que se encontraba tan inmutable como de costumbre, pero ella necesitaba que le respondieran sus dudas.
—Es cierto el rumor que están diciendo en la aldea, ¿Sasuke-kun y tu…? ¿Están saliendo? —preguntó haciendo que la peliazul apartara rápidamente la vista, recordando las palabras que le había dicho el día que el Uchiha descubrió su secreto.
"No puedes decirle a nadie sobre nuestro trato, si alguien lo descubre, tu secretó será revelado", recordó ella.
Sabía que si le decía a la ojiverde que no salía con Sasuke le iría a preguntar por su repentina cercanía y ella no sabría que responder frente a ello, se encontraba en un verdadero aprieto. Por una parte quería mantener su secreto a salvo, pero por otro no quería dañar a la pelirosa con cosas que no eran ciertas.
Ella mejor que nadie sabía lo que era tener un amor no correspondido y todo lo que dolía, por lo que sencillamente no se lo podía negar
Sasuke al ver a la chica en un aprieto se le hacía bastante gracioso, la verdad es que la Haruno había estado muy insistente con ese tema durante toda la semana y ya estaba harto de que lo atosigara a todas horas por la posible relación que él y la peliazul mantenía.
—Lo hacemos—dijo serio el morocho haciendo que la ojijade se quedara de piedra al igual que a la Hyuga.
—Lo sabía—gritó emocionado el rubio que justo salía de las oficinas del Hokage, haciendo que esta vez la ojiblanca cayera desmayada.
Notas de la autora: Holis, que os pareció el cap, sé que son cortitos, pero la verdad es que como dije antes esta historia iba a ser un oneshot así que esto es como una loca extensión que la verdad es que ni yo se como acabar, en fin espero que al menos sirva para divertiros un rato.
Gracias :D
Ya nos leemos.
