¡Buenas noches a todos! ¿Qué tal?

Traigo conmigo la cuarta parte de este fic, no mucho más largo que los anteriores pero bueno, algo es algo xD

¡Espero que lo disfruten!

AVISO IMPORTANTE: Este capítulo contiene lime muy, muy ligero.

Narración

Pensamientos

-Diálogo-

InuYasha no me pertenece, sólo esta historia, para la cual utilizo sus personajes, obra de la increíble Rumiko Takahashi.


Kagome había perdido la paciencia hacía ya un buen rato. El joven sobre ella se limitaba a observarla de una forma bastante extraña sin responder a su pregunta, con una deslumbrante sonrisa clavada en su rostro y, fruto de su inocencia, había creído que estaba tratando de ponerla nerviosa, cínico juego que sólo él disfrutaba, cuando la realidad era otra. ¿Qué va a querer, tonta? ¿Tener una apacible charla con la compañera de su enemigo? Tonterías.

Había roto el contacto visual, molesta al no poder reclamarle por miedo a perder su vida segundos después de hacerlo, y ahora su mirada viajaba por las frondosas copas de los árboles que rodeaban el claro, esperando que, por casualidades de la vida, InuYasha decidiera aparecer en el lugar y se la encontrase de aquella manera. Sus mejillas se tiñeron de un rojo todavía más intenso al que las había poblado anteriormente. Definitivamente no era buena idea que la viese así, tumbada en el suelo, con la vestimenta destrozada, las manos sobre la cabeza y su cuerpo semidesnudo bajo el de Bankotsu mientras él la sometía. Ahora que se fijaba mejor, se percataba de que estaban demasiado juntos para su gusto, cosa en la que no había reparado por el terror que le había infundido aquel altanero mercenario con su sola presencia. Quiso decir algo, pero las palabras murieron en su boca al sentir cómo el joven se acercaba más a ella, hundía el rostro en su cuello y aspiraba intensamente el aroma que desprendía. Y la sorpresa aumentó aún más cuando él susurró la respuesta por la que tanto había esperado cerca de su oído:

- Quiero que seas mía.

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Bankotsu juraba que lo había intentado. Estaba seguro de que conseguiría resistir la tentación. Pero todo su autocontrol se había esfumado como vencido por la inminente y poderosa lujuria que seguía cobrando fuerza en su interior al verla allí, sumisa ante él. No había podido evitar respirar la dulce fragancia de sus cabellos azabaches, y le había resultado imposible contener las palabras que sus labios habían pronunciado. Ahí tenía su respuesta. Que le dieran a los fragmentos de la esfera. La quería a ella. Era la pura verdad: los calambrazos de placer que sentía subir y bajar a lo largo de todo su cuerpo se lo confirmaban, proporcionándole una sensación completamente satisfactoria y originando un oscuro deseo que sabía, sólo podría saciar con la mujer debajo de él.

Comenzó a besar pasionalmente la cremosa piel de su cuello sintiendo cómo ella se congelaba en el acto, pero no se lo impedía. Debía estar en shock, pues era consciente de que intentaría detenerlo en cuanto se diera cuenta de lo que estaba sucediendo. Se atrevió a lamer juguetonamente la misma, quedando prendado de su dulce sabor. Estaba tan concentrado probándola que casi no notó que ella volvía a removerse, intentando que cesaran las ministraciones del hombre sobre ella. Aquello logró provocarle mucho más, causando que un grave gruñido escapara de su garganta y que torrentes de excitación descendieran por su interior hasta concentrarse en cierta parte de su anatomía. Pero ella no parecía disfrutarlo tanto como él. Una de sus manos bajó acariciando el perfil de su cuerpo por encima de la tela que vanamente trataba de cubrirlo hasta llegar a una de sus delicadas piernas, la cual cogió y enrolló alrededor de su cadera, propiciando que estuvieran todavía más juntos y que sus sexos se rozaran levemente, consiguiendo arrancar un gemido de sorpresa a la miko y un fuerte suspiro al mercenario.

Ya se encargaría de hacerla desearlo tanto como él hacía con ella.

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La colegiala no podía creer lo que sus oídos habían escuchado: había expresado su deseo de hacerla suya y, poco después, había empezado un ritual de besos a lo largo de su sensible cuello que la había dejado patidifusa.

No era cierto, ¿verdad? Aquel asesino de sangre fría no podía sentir más que odio por ella. Ambos eran enemigos. Pero entonces, ¿qué se suponía que estaba haciendo? Sentía sus labios besar pasionalmente esa zona, y no le parecía que aquello fuera una muestra de su desprecio.

Salió de sus cavilaciones cuando sintió cómo él cambiaba los besos por atrevidas lamidas que humedecieron su cuello. Su cuerpo volvió a reaccionar y con una fuerza que desconocía que poseía, empezó a revolverse sin parar, tratando de liberarse del hombre que la torturaba de aquella manera. Escuchó su grave gruñido y notó una de sus grandes manos descender acariciando el contorno de su cuerpo hasta llegar a su pierna. Su rostro enrojeció cuando adivinó sus intenciones. Intentó impedirlo, pero todo su resistencia murió en el instante en el que ésta se enredó en la cadera de su captor y su masculinidad rozó su sexo, provocando la salida diferentes sonidos de sus bocas.

- N-no. Por favor, B-bankotsu, detente - dijo ella con voz entrecortada, pues aquella sensación le impedía pensar con claridad.

Pero el mercenario hizo caso omiso de sus súplicas y continuó besándola con rudeza. ¿Acaso pensaba tomarla ahí, en medio del bosque y a plena luz del día? No. No iba a permitírselo. Lucharía con uñas y dientes. Daría la vida de ser necesario. Prefería mil veces antes morir a ser violada, y más sabiendo quién se lo haría sufrir. Ya era demasiado vergonzoso para ella que estuvieran "así" de juntos y sentir "aquello" en "esa" parte de su anatomía. Debía impedirlo como fuera.

Reuniendo el poco valor del que disponía, liberó sus manos en un descuido por parte del joven y le agarró de los hombros, separando sus cuerpos en el acto. Pareció resultar, pues Bankotsu se alejó de su cuello y, levantando su cabeza, la miró a los ojos.

Pero cuando vio aquellas hermosas orbes azuladas contemplándola con un anhelo único perdió el hilo de sus pensamientos. No pudo evitar sumergirse en ellas, nadando en un océano de zafiro líquido y relajando sus músculos. El viento comenzó a soplar de nuevo, moviendo los azabaches cabellos del mercenario y permitiéndole ver la purpúrea estrella de su frente. Era muy guapo, tenía que reconocerlo.

De un momento a otro sintió la mano que había sujetado su pierna moverse, acariciando tiernamente su muslo por debajo de la corta falda que portaba y creando un cosquilleo la hizo cerrar los ojos y soltar un suspiro de placer. Eso sí lo había disfrutado.

Buscó sus iris cuando las caricias cesaron. Se miraron durante lo que se les asemejó a una eternidad hasta que él decidió dar el siguiente paso. Observó como aquel bello rostro se acercaba al suyo lentamente y clavó su vista en los masculinos labios, sintiendo la manera en que los suyos hormigueaban y se entreabrían a la espera de recibir un dulce beso.

Y es que en aquel momento no eran enemigos mortales. No se odiaban. Ni siquiera querían luchar contra el otro.

Solamente eran dos jóvenes que se atraían irremediablemente y que deseaban dar rienda suelta a aquello que comenzaba a despertar dentro de ellos.

Sus labios amenazaban con fundirse. Ambos podían respirar el aliento del otro en aquel lugar en el que el tiempo parecía haberse detenido. Sus cuerpos se encontraban muy cerca, uniéndose en lo que descansaba entre sus caderas. La excitación de cada uno era percibida sin problemas por el otro, aumentando su deseo. Necesitaban ser uno solo.

Kagome decidió cerrar la distancia que los separaba. Pero cuando se disponía a hacerlo, unas conocidas voces se hicieron escuchar en la zona, devolviéndola al mundo real.

- ¡Monje pervertido!

- ¡Ay Sanguito, es mi mano, que está maldita!

Antes de poder pensar en cualquier otra cosa, Kagome empujó bruscamente al mercenario, consiguiendo quitárselo de encima y levantándose rápidamente, embargada por una ola de nerviosismo. Y, mirando una última vez a Bankotsu, que la observaba con la sorpresa reflejada en el rostro, subió al pozo y se lanzó a su interior, dejando al mercenario completamente solo en el iluminado claro.


Continuará... xD

Quiero agradecer a rogue85, Alice Taisho Gremory, y Meka6489 por los reviews en el capítulo anterior, así como dar la bienvenida al fic a Rossy, Nina Taisho y reynaX.x y seguir agradeciendo a las personas que me comentaron o sólo visitaron otros capítulos =) Me hacéis seguir escribiendo =)

¡Hasta la próxima actualización!

¡Nos leemos!

Fallen Angel