Hace ya mucho tiempo que pasaron de la etapa itu marido debería ser mío y por eso te odio/i

Disclaimer: El universo de Harry Potter pertenece a J. K. Rowling y a la Warner (Bros). La trama es mía, en cambio, no robes. No publiques en ningún sitio sin mi permiso expreso. No escribo con ánimo de lucro.

Notas: Esto está escrito para el amigo invisible que organizó adharaphoenix en lj. Pasaros, es realmente divertido. Este fue un pedido de Sabaku no Akelos.

Por eso te odio

Hace ya mucho tiempo que pasaron de la fase tu marido debería ser mío y por eso te odio, ellas dos.

Al principio la cambiaron por una cortesía helada, asentimientos en lugar de saludos e invitaciones a fiestas mandadas a regañadientes a altas horas de la noche, por parte de Pansy. Astoria simplemente se comedía en sus atenciones pues veía que no eran del todo bien recibidas.

(Necesitó que su hermana le explicara porque no lo eran, antes de rendirse).

Luego fueron conocidas. Pansy se casó, Daphne tuvo un niño y pasaron a hablar de centros de mesa con una taza de té en la mano. También hablaron de Draco, por supuesto. ¿Cómo no hacerlo siendo una su esposa y la otra su amor de juventud? Tuvieron una conversación bastante agitada, la primera vez. Fue algo así:

-Tu marido debería estar casado conmigo.

-Y yo debería estar soltera.

-No pretendas que te lo perdone nunca.

-No pretendas que olvide que si te hubieras casado con él cuando pudiste, yo ahora no estaría aquí.

Y luego se miraron y siguieron tomando el té, dejando que los elfos sacaran la porcelana de sus escondrijos seguros. Olvidaron convenientemente los gruñidos que soltaron entre una frase y otra, y también que las uñas de Pansy dejaran una marca en el reposabrazos del sillón.

No olvidaron, pese a todo, las palabras que se dijeron y lo que eso significaba. Sobre todo Pansy.

Después de esa amistad insustancial, con el tiempo fueron pasando a otro tipo de amistad. Una amistad de esas de te llamo cuando mi hijo está enfermo y no sé a quién acudir, una amistad de las de prestarse sombreros y salir de compras juntas.

Y después, ya por allí al final, Astoria hizo el último cambio en la relación (por lo menos hasta ahora):

Dejó caer su mano en el muslo de Pansy. Su boca en los labios de esta, rió confiadamente cuando su amiga la miró, con ojos enormes y soltó un susurro agitado:

-¿Qué haces?

-Besarte, ¿qué no lo ves?

Y volvió a hacerlo. Una y otra vez.

Y Pansy, resignadamente, sucumbió (no es que le costara mucho, sinceramente).