Laura

Cada vez que Ezio pensaba en aquel personaje encapuchado, las dudas le invadían la cabeza. Pero la más importante siempre era una: ¿Por qué?

¿Por qué ese hombre mataba tanto templarios como a sus hermanos? ¿Por qué le salvó la vida cuando fácilmente se la pudo haber quitado? ¿Por qué llevaba en su muñeca izquierdo el diseño de la hoja oculta? Quería respuestas de esas y otras muchas cuestiones.

Lamentablemente, los métodos para obtenerlos eran monótonos: sentarse en bancos para escuchar lo que decía la gente –aunque esta vez se centraba en lo que pudieran decir los guardias que pasaban cerca de él-, interrogaba a los heraldos mediante sobornos o amenazas, según la "contribución" de éste y seguir a personas que debían ser importantes entre los templarios.

Cuando regresó a la guarida en Isla Tiberina, Maquiavelo le esperaba para reñirle sobre sus impulsivas acciones. Se había enterado de lo sucedido poco después de que Ezio perdiera de vista a su objetivo. No se calmó ni en el momento en el cual Ezio le dijo que había encontrado al asesino de los miembros de la Hermandad.

-Aunque lo hayas perseguido, no te ha servido de mucho –continuó Maquiavelo riñéndole.

-Al menos sé que persigo a un varón que lleva una hoja oculta en su muñeca. Eso ya es algo –replicó Ezio.

Maquiavelo suspiró sabiendo que Ezio no dejaría de actuar de forma tan impulsiva con tal de averiguar a su misterioso objetivo, de modo que dejó de lado el tema para hablar de otro asunto.

-Ezio, en las próximas semanas abandonaré Roma para atender otros asuntos.

-¿Qué clase de asuntos? –inquirió Ezio.

-Digamos que tú no tienes mucho dominio en ellos.

Con sólo esas palabras, Ezio tuvo suficiente para que se diera cuenta de que hablaba de política. Maquiavelo era quien se encargaba de esos temas mientras él actuaba de una manera menos legal.

El viaje de Maquiavelo le llevaba desde la ciudad natal de Ezio, Florencia, para terminar en Milán, donde resolvería ciertos casos. Maquiavelo prometió que volvería en cuanto todo estuviera en condiciones de mantenerse sin su presencia.

-Te deseo un buen viaje, Nicolás.

-Vigila lo que haces mientras no estoy… y procura que no te maten.

Ezio se mantuvo callado durante un incómodo tiempo en el cual no se escuchaba nada salvo el ruido de la leña quemada de la chimenea.

-0-

Los siguientes tres días eran los mismos de siempre. El misterioso hombre no había vuelto a atacar desde el asesinato de Carola. Era como si ya no le importase para nada seguir matando a sus compañeros. Aun así, no había que correr ningún riesgo y la situación de alerta continuó siendo la misma.

Un día, mientras Ezio espiaba a unos guardias que parecían hablar de algo que le interesaba, notó algo extraño. Miró a sus espaldas, pero lo único que pudo ver era a la gente paseando, hablando o comprando. Pronto averiguó que no debía mirar a la calle, sino a los tejados. Desafortunadamente, el único movimiento que había era el de los ballesteros patrullando por ellos, pero Ezio sabía que alguien lo había observado por un instante. Escaló el edificio hasta subir al tejado y examinó el entorno. No vio a nadie sospechoso.

Es raro, pero no hay duda de que alguien me espía. ¿Será ese hombre?

Intento recuperar el recorrido que había perdido con esa observación para reencontrar a los guardias que espiaba. No obstante, a la vez que Ezio espiaba a los guardias, él no dejaba de sentirse vigilado. En una ocasión pudo ver lo que el creyó que era la vestimenta de su espía. Lo ignoró y volvió a espiar a los guardias hasta que ya no se pudo obtener anda más interesante de ellos cuando hablaron sobre sus pagas.

La noche cayó lentamente sobre la ciudad y Ezio lo vio como una buena oportunidad para llevar a cabo su movimiento contra quien le estuviera observado desde las sombras y la lejanía.

Se dirigió a las pequeñas ruinas en el monte Palatino donde se suponía que había tenido una reyerta contra los Cento Occhi el día de su regreso. Allí se quedó quieto, sin hacer el menor movimiento y dejando que el sonido de su alrededor le llegara a los oídos. Estuvo así todo el rato hasta que pudo oír un movimiento detrás de una de las paredes de las ruinas.

Sonrió.

-Buen intento. Pero sigues sin poder aguantar tu escondite mucho tiempo –dijo Ezio sin mirar a ninguna parte. Pareció que había halado solo, pues no obtuvo ninguna respuesta-. No es necesario que intentes esconderte más, sé que estás aquí. Vamos, sal de ahí.

La orden no fue obedecida al instante, pero al cabo de unos segundos se asomó por la esquina de una de las paredes una persona que vestía con el uniforme de los Asesinos. Se detuvo cara a Ezio y le hizo una reverencia a la vez que se llevaba la mano derecha hacia el pecho izquierdo y ocultaba el dedo anular.

-Estaba segura de que no podría ocultarme eternamente de ti, maestro –dijo la mujer.

La Asesina se quitó la capucha, dejando visible su cara. Tenía el pelo oscuro y recogido en una cola de caballo y los ojos verdes. En general, era una mujer esbelta y de unos veinticinco años de edad. Se llamaba Laura Berneri y era la última adquisición de la Hermandad. Sus habilidades tanto para el asesinato, el hurto y la lucha la habían ayudado a ascender al máximo rango en cuestión de escasas semanas. Ezio estaba muy sorprendido con una mujer de aspecto frágil que demostró tener una gran fuerza al participar en las apuestas de los barracones y salir invicta y, a su vez, poder espiar y robar con una facilidad raramente similar a la gran habilidad del Zorro.

-¿Se puede saber que haces aquí, Laura? –preguntó Ezio enfadado-. Te dije que no volvieras de Francia hasta nueva orden.

-Pensé que necesitarías la ayuda de, al menos, un hermano más.

Ezio se llevó una mano a la cara, disgustado.

-Os envié a todos a una misión para que no acabarais corriendo la misma suerte que Fabio. Y además os pedí que no volvierais a Roma hasta que yo os lo ordenara. ¿No te leíste esa parte?

-Sí, pero ya sabes como soy, maestro –le recordó Laura-. Cumplí mi misión con éxito, y ahora quiero ayudarte como pueda.

Ezio cada vez se desesperaba más y más. Laura, aparte de ser una gran Asesina para la Hermandad, era un poco rebelde. Era cierto que obedecía todas las órdenes al pie de la letra, pero no siempre acababa acatándolas como se tenía previsto.

Al final, Ezio suspiró y le dedicó una sonrisa a su amiga.

-Tú y tu rebeldía acabaréis matándome.

-No si yo puedo protegerte, Ezio.

Rebelde e independiente, pero a su vez obediente. No entiendo como no consiguió volver locos a los Asesinos que entrenaban a los nuevos aprendices.

De todas formas, Ezio quería que Laura se fuera para protegerla a ella y no al revés. Pero existían varios inconvenientes: no podía enviarla de nuevo a Francia ahora que se había tomado un viaje de vuelta a Roma, y tampoco podía, pues no había ninguna misión para obligarla a marcharse. De modo que no le quedó más remedio que aceptar la ayuda de su compañera.

-Pero con una condición –advirtió a Laura-: obedecerás y acatarás todas y cada una de las órdenes que te mande. Estos no son días en los que tu rebeldía puede ser tolerada, ¿Entendido?

-De acuerdo. Iré a Isla Tiberina y esperaré a que me llames.

-Me temo que no va a se así –contrapuso Ezio.

-¿Por qué no? –Inquirió Laura-. Allí es el lugar más seguro en el que puedo estar.

-Quiero que estés segura y a la vez vigilada. –Laura quiso replicar, pero Ezio la calló alzando la mano-. No puedes negar que eres muy capaz de salir corriendo en mi ayuda sin que yo te lo ordene. Y puedes jugarte la vida cada vez que haces eso con la situación actual. Además, no hay nadie en la guarida. Maquiavelo ha salido de Roma en un viaje de los suyos y nuestros hermanos están por todo el Mediterráneo, obedeciendo mi orden de quedarse allí hasta nueva orden.

Laura lo vio correcto, aunque en el fondo Ezio sabía que no le gustaba mucho la idea. Ambos se pusieron en marcha en busca de un lugar donde hacer que ella pudiera estar bien vigilada.

El primer lugar en el que pensó Ezio fue en los barracones. La seguridad que allí había haría que difícilmente Laura pudiera tomarse la libertad de irse por su cuenta. Por desgracia, al hablarlo con Bartolomeo desde el muro, le dijo uqe, aunque pudiera, dejaría que una Asesina se quedará con los mercenarios, pero al estar todos en los barracones, no había ni un solo hueco para ella. Laura se alegró de no quedarse con los mercenarios, pues era una oportunidad de quedarse con Ezio y ayudarle en su misión.

Por un instante, Ezio quiso llevarla con Claudia y María. Pero, aparte de que sería una mala idea por llevar a alguien con ropa de Asesino a una casa de cortesanas, Laura acabaría odiando quedarse allí y sentirse como una de ellas y acabaría de nuevo yéndose.

Su última oportunidad fue la Zorra Dormilona, la posada del Zorro. Pidió hablar con él y cuando pudo, los tres e dirigieron a la parte de atrás, donde hablaban de todos los temas importantes sin ser descubiertos. Cuando Ezio le pidió al Zorro que acogiera a Laura en su posada, él se lo pensó un momento, y al final acabó aceptando.

-Tiene suerte de que haya una habitación disponible que usamos para el Gremio. Puede dormir allí, pero también nos vendría bien una ayuda, Ezio.

-Conociéndola, podrías darle trabajo con el asunto de los Cento Occhi. Eso la mantendría ocupada mientras yo me ocupo del tema del hombre enmascarado.

-Hmmm, eso estaría bien.

-Y Yo ayudaré encantada en lo que pueda –añadió Laura-. Me alegrará tener las manos ocupadas para ayudar al Gremio.

-Bueno, pues ¿Por qué no vas a ver tu habitación? Lidia te dará la llave.

Dicho esto, Laura se marchó en busca de la llave de su habitación. Ezio también se dispuso a marcharse después de agradecer al Zorro por su hospitalidad.

-Antes de irte, Ezio… ya que estás aquí te hago conocer de que ese misterioso hombre enmascarado ha dejado de ocultarse. Mis hombres me han dicho que tiene un encuentro en el Panteón mañana a mediodía. –A Ezio le brillaron los ojos ante tal noticia-. Está claro que no podría ser cierto, pero me temo que la única forma de averiguarlo es acudiendo a esa reunión.

-En cuanto haya acabo de verificar esa información, volveré para detallarte lo ocurrido.

-Buena suerte y ve con cuidado.

Ahora que Ezio había resuelto el repentino problema de Laura, ya tenía un objetivo puesto a la mañana siguiente. si es cierto lo que el Zorro me ha dicho, podré conseguir las respuestas que busco de ese hombre enmascarado.

Aquí está el capítulo 4. He hecho lo que he podido por recuperar mentalmente la trama de este fic que deje hace…¿1 o 2 años? No recuerdo cuando. Pero debo agradecer a ese usuario anónimo que ha hecho su crítica sobre este fic, pues éste ha conseguido que un fic abandonado desde hace años vuelva a escribirse. Gracias por tu interés!

También quise responder a tu crítica, pero no pude, así que aprovecho ahora para ello: no se me olvida el tema de la vista de águila, pero debes saber que Ezio sólo puede ver a través del humo en Revelations, donde tiene más desarrollada esa habilidad. En Brotherhood no tiene esa posibilidad, aunque si el tema del rastro que podría usar, pero haría del misterio algo inútil, no sé si me entiendes. Procuro no hacer mucho uso de la vista de águila, aunque la usaré en alguna ocasión.

Hasta otro cap.

SpainDragonWriter.