Luego de tres meses de entrenamiento en Fillydalphia, Hammer pudo por fin comenzar su oficio de oficial. La verdad es que como Ponyville era un pueblo con gente no tan delictual, los primeros días fueron muy aburridos. Había dejado de asistir temprano, pues sabía que lo que iba a pasar era lo de siempre. Pronto se darían cuenta de aquello los vecinos, por lo que decidieron visitarlo para aclarar dudas.

Un día nublado estaba él durmiendo de lo más tranquilo, a pesar de que llevaba poco más de una hora tarde para presentarse en la estación, cuando al levantarse golpearon la puerta, en un principio con delicadeza pero pronto tomando más fuerza y ruido. Se vistió lo más pronto que pudo y, al salir, vio a no pocos de sus vecinos afuera. Por la sorpresa le costó hablar en un principio:

- Bu- buenos días, Bon Bon, Daisy, Carro...

- Que tienen de buenos -interrumpió quien Hammer conocía como Doctor Whooves,con enfado- nos reunimos para saber, ¿Por qué siempre llegas tarde a tu turno?

- Lo sé, lo sé -respondió Hammer con desgano-, Pero ¿creen que es fácil vigilar una ciudad donde todo termina siendo aburrido?

Whooves retrocedió, pero no sin antes decir:

- Bien, pero recuerda, todos hacemos también nuestro trabajo, y hemos logrado darle en el gustó- y retrocedió lentamente.

Luego de esto, todos a su alrededor comenzaron a reprocharle, acercándose de forma intimidatoria:

- ¡El doctor tiene razón! ¿Como puedes seguir así? ¡Somos todos una comunidad, se supone que...! ¡O cambias o ya verás!

Hammer finalmente asustado y agobiado por los gritos, y sin poder retroceder, no le quedó más que responder:

- ¡Silencio! -al momento callaron todos. Hammer se sintió agradecido por ello -. Bueno, no es fácil vivir todavía por aquí, ¿ya? Pero bueno... perdón por todas las molestias causadas por aquí. Trataré de ser más cuidadoso y despierto a la otra. Y por cierto Rarity, ya es la quinta vez que me dices que soy mal ejemplo para tu hermana. ¡Cállate!

Tras esto, todos se alejaron alegremente (excepto Rarity), y Hammer finalmente pudo entrar de nuevo a su casa para vestirse. Al salir, vió que algo de sol había salido de las nubes y que muchas hojas habían caído ya desde muchos árboles. Fue tranquilamente a su estación de trabajo - ese día tocaba en el Ayuntamiento- y miró tranquilamente a todos los que pasaban por ahí mientras patrullaba. Como era de esperar, pronto se aburrió de trabajar, por lo que fue a la plaza a descansar un minuto. Se acostó tranquilamente en una de las bancas, cuando unos minutos después le cayó encima un bolso de correpondencia. Cuando miró el bolso y, antes de comenzar a pensar en su mala suerte, apareció de improviso una pony de gris suave de cabello rubio, con aspecto triste.

- Disculpa, Hammer... ¡ya es la cuarta vez esta semana!

- ¿Eh? - No estaba muy consciente del todo-, ah si... no pasa nada.

- Bueno...

Ella comenzó de inmediato a recoger las cartas en el suelo. En seguida advirtió de aquello, y comenzó a ayudarla. Y, mientras las tomaba y daba a Derpy, vio que una de ellas contenía su dirección. En seguida la comenzó a ver por todos lados.

- Ahmmm... ¿Derpy?

- ¿Sí?

- Esta carta tiene mi dirección. ¿Puedo llevármela antes?

- La verdad es que no debería -dijo de forma tajante Derpy, asustando un poco a su interlocutor. Pero luego vaciló sonriente: - Aunque por ayudarme y no hablar de esto en la oficina, te la dejaré... ¡Adios! -luego tomó la pila de cartas que Hammer recogió y partió finalmente al vuelo.

Luego de que Hammer la viera a lo lejos, comenzó de inmediato a leer la carta. Si ya lo sorprendía el hecho de haberla recibido, el hecho de que fuera de aquel tipo que tenía en custodia a su hermana lo apuró aún más. Y sin más interrupciones comenzó a leer:

Querido amigo:

¿Cómo la está pasando allá, compañero? La verdad es que aquí la estoy pasando de buenas con Amber, pues ella es tranquila y da las gracias por todo, y nunca quiere algo de más. Pero bueno, perdón una vez más por todo lo ocurrido, pero no tenía otra forma de conseguir dinero.

Ah, y puede que recibas esta carta antes o después de que haya llegado a la persona a quien mandé para verte. Y te lo dejaré en claro una vez más: Ella estará bien, pero no volverás a verla hasta que me des el dinero, ¿entendido?
Y sin ningún otro inconveniente se despide,
Sieget Echavarren

Cuando Hammer terminó de leer la carta, quedó anonadado. Por una parte, no le fue descubrir el extraño tono serio al final, como diciendo: Ojala la pases bien, ¡pero págame!Pero por otra, ¿mandó a alguien a verlo?... Si llegó antes la carta, ¿tendría que llegar durante o después de su turno? Y si llegó después, ¿como es que no había llegado todavía? ¿Debía esperar? ¿Debía dar las gracias porque todavía no había llegado...? Pensando en esta última pregunta, había entrado rápidamente en su casa para limpiar y buscar algo para comer. Cuando terminó finalmente -y de haber llenado de tierra su jardín- voló rápidamente a su área de vigilancia.

Minutos después, apareció detrás de él una pequeña pony color verde y un pelo largo liso color rosa y negro. Y él, ya preparado a recibir una reprimenda, habló de inmediato sin mirar a quien le hablaba:

- Bien, perdón por la demora... Me distraje con una carta, eso era todo.

- ¿Eh? -se asustó su interlocutora.

Hammer se había dado cuenta demasiado tarde al ver la expresión de quien ya conocía.

- ¡Ah, perdón, Emo Fly!

- N-no, no fue nada- respondió ella disimulando- vine... a decirle que alguien... la espera alguien... en la estación.

- ¿De veras?

- Sí, mi padre me mandó avisarle.

- Ah, gracias, ¡Adiós! -dijo Hammer, aún asustado. Y sin más, partió corriendo a la estación, llegando rápidamente y un tanto cansado.

La verdad era que ya tenía claro a quién debía esperar, pero ¿donde estará? Miró tranquilamente alrededor; la verdad era que nunca había llegado en tren a aquella estación, pues su primer viaje terminó fuera de las vías, con todo su equipaje tirado a un lado, y en el bosque con una alianza con seudo ponies un poco repugnantes. Y luego de unos minutos, finalmente vio a Luisa, con su aspecto blanco con manchas cafés, quien llevaba un sombrero café y cartera verde. Se veía tranquila, pero un tanto cansada. No dudó en correr a verla.

- ¡Hola... Luisa! - gritó jadeando a lo lejos mientras corría, incluso cuando llegó.- Siento haberla hecho esperar...

Ella sonrió, respondiendo él de la misma manera. Luego, ambos caminaron a casa mientras hablaban.

- ¿Y como la has pasado en estos días? - preguntó Luisa amablemente, comenzando a notar el uniforme de Hammer.

- Nada mal -respondió- El primer día aquí fue de locos, pero el segundo fui popular un momento y me mandaron entrenarme unos meses para policía, así que estuve ausente un buen rato. Y ya de regreso aquí, veo que los días pasan mientras cumplo con mi deber.

Luisa frunció el ceño.

- ¿Quieres decir que te la pasas aburrido? ¿Acaso no das las gracias por vivir así de tranquilo?

- Si, pero aquí, como que la gente no agarra confianza conmigo -dijo Hammer seriamente-. Además que tengo cosas en que pensar y que me preocupan... Amber, por ejemplo.

Hammer miró a otro lado tras decir esto. Luisa se acercó más para hablarle.

- Lo sé, pero tú sabes que lo hace por tí, y por eso me mandó aquí. Sus locuras pueden existir, pero hay algo tras eso.

- Si, lo que sea -dijo Hammer con desgano-, pero para comenzar ¿De donde sacaré 800 monedas cuando ya...?

No pudo terminar su pregunta, porque un pony apareció en frente de los dos, con aire preocupado.

- Vaya, al parecer mi hija si te avisó, aunque se veía asustada -dijo al verlos.

- Si, agradezco el que lo haya hecho, aunque siento el que le haya gritado así...

- No hay problema -dijo rápidamente-, ahora quería pedirte un favor. ¿Puedes prestarme unos...?

- Perdón Capacite, pero ya presté, ¿recuerdas? y además no tengo dinero ahora...

- Bien... bien. Nos vemos uno de estos días -dijo algo angustiado Capacit, y salió caminando.

Luisa se mostró sorprendida ante aquella reacción.

- ¿Quién es él?

- Es un vecino mío, Capacit -respondío tranquila pero apenadamente Hammer-, tiene problemas aquí porque no consigue trabajo... el pobre se reduce a mendigar. Y es aún más triste el hecho de que tenga una hija a quien cuidar.

- Vaya, una pena por él -dijo Luisa, aún mirándolo a lo lejos-, seguro lo solucionará...

Entraron juntos a la casa y, mientras comían la extraña comida de Hammer -no sabía mucho de cocina local-, Hammer le hablaba de lo poco que había pasado en Ponyville en un principio, para luego ser entrenado para ser policía, y volver finalmente allí. Mientras que, Luisa platicaba de lo que ocurría con Echavarren y Amber, pero sin saber mucho de ésta última.

- Y bueno, sólo eso sé sobre tu hermana. Echavavarren nunca quiso traerla conmigo.

Hammer se sintió un poco agobiado por aquello, pero prefirió mantenerse firme.

- Ya no importa, lo diré todo el tiempo...-respondió con cada vez más desgano-, al menos este trabajo mantiene la cabeza en otro lado. Pero... bueno, en algún momento llegarán sorpresas.

Se quedaron mirando un momento. No tenían nada que decir, en realidad. Y así se mantuvieron unos minutos, hasta que de pronto...

Unos golpes a la puerta les interrumpió el silencio. Hammer fue a ver tranquilamente, y al abrir la puerta apareció Sweetie Belle con aspecto asustado.

- ¡Hammer, necesito tu ayuda! ¡Scotaloo se cayó en una chimenea intentando limpiarla, y no puede salir!

- Muy bien, iré de inmediato; tu sólo espérame.

Entró de nuevo y con algo de pena, le dijo a Luisa:

- Tengo que partir, pero solo será por un momento.

- No importa, yo te sigo -respondió sonriendo con un poco de malicia.

Hammer siguió a Swettie hasta una de las casas cercanas, la cual, dada su lejanía y los ponies, no pudo Hammer reaccionar menos que con un suspiro de alivio. Enseguida voló por los aires, y cuando se dirigió desde un lado a la chimenea, sintió un fuerte choque a un lado, el cual lo desvió de su objetivo, para luego dirigirlo de lleno al techo. Cuando se recobró, notó que donde había chocado se veía una huella color arcoiris en el aire. Se levantó, caminó sobre el techo buscando el final de aquel rastro, y... sí, era quien esperaba.

Fue de inmediato con algo de resignación donde Rainbow, quien estaba tirada en el suelo y, escondiendo mal su voz de desgano, le preguntó:

- ¿Estás bien? ¿Te ayudo?

La pegaso, al oírlo, en seguida se levantó con enojo.

- ¿Qué haces interrumpiendo mi labor?

Hammer la miró con el ceño fruncido.

- Oye Rainbow, no me interesa tu labor. Lo que sé es que tenía una emergencia allá arriba, y...

- ¿Si? Que bueno, déjame en paz.

Rainbow se dirigía trotando a la casa, cuando vieron salir de la puerta a Scotaloo, llena de hollín pero sonriente.

- Ufff, vaya rato que pasé allí, pero me salí -dijo dirigiéndose a Sweetie-, ¿quien provocó ese temblor?

- Fueron Hammer y Rainbow, intentaron llegar pero chocaron - dijo apuntándolos y riéndose por lo bajo. Pronto se enterarían los demás, quienes pronto harían comentarios divertidos acerca de ambos. Hammer frente a esto se mantuvo indiferente, pero tuvo que enfrentar la rabia de Rainbow.

- ¡¿Ves lo que hiciste?! ¡Ahora todos se burlan de nosotros!

Hammer la miró con una leve mirada mirada de enfado.

- Bueno, quizá si no me hubieras quitado mi deber... Recuerda que ayudar a los demás es lo mío.

- Verdad que eres el policía... ¿Por qué no estuviste de servicio poco entrado el día?

Hammer se asustó un poco al oir eso.

- Porque tenía que atender a alguien... -de repente se enfadó; no se dejaría doblegar-, ¿Por qué interrumpiste mi trabajo?

- Bueno, antes de que vinieras a hacer espacio, yo hacía eso, siempre; así que déjame tranquila y vete a ser inútil a donde vigiles - levantó sus alas para disponerse a volar, pero al intentar partir, fue detenido de la cola por Hammer, quien le dijo conteniendo su rabia:

- No me gustó lo que me dijiste, me las vas a pagar.

- ¿Ah sí? ¿Y cómo?

Dash cerró los ojos, pues sabía la respuesta.

- Te reto a una carrera de vuelo, un duelo.

- ¿Que? -respondió disimulando de mala forma con sorpresa, y sonrió-, ¿Quieres ver como te aplasto y te alejas de mi, no? ¿Que tal en 3... ah no, tendré una pelea con Applejack... 4 semanas en las nubes encima de Sweet Apple Acres al mediodía. Prepárate - y partió volando rápidamente, antes de que Hammer reaccionara de nuevo.

Éste se quedo mirando el suelo por un momento. ¿Cómo la podría tratar así una pegaso? Tenía entendido que era la más rápida, y que enfrentarla sería un reto duro. No quedaba más que entrenar.

Levantó la mirada, para ver que Luisa se acercaba hacia él. En seguida fue donde ella, y ambos fueron juntos a casa. Al llegar, Hammer finalmente habló apenado:

- Perdón por lo que pasó... no me gusta que pasen...

- Tranquilo -dijo Luisa de forma comprensiva-, al parecer ese pegaso siempre quiso un duelo. Pero no consideres esto un verdadero problema, es solo una pequeña pelea. Sí puedes ganarle. Pero no olvides tu problema real - dijo esto último en un tono serio. Hammer no pudo evitar sonreír. Pero Luisa suspiró un momento y prosiguió.- En fin, mi tren parte en media hora, ha sido un gusto venir a visitarte.

- ¿Le importa si la acompaño? -fue lo único que se le ocurrió responder.

- Por favor, no me gusta caminar sola.

Caminaron juntos a la estación a la luz del atardecer. El silencio siguió a Hammer incluso cuando se despidieron, pues aún estaba pensando en aquella carrera, en Amber, y en si lo iban a despedir.


Por mucho un mal capítulo escrito. Pero seguiré escribiendo.