Bueno, ¡por fin actualizo! Me siento productiva hoy: compré una bufanda (demasiado tarde ya que ya me enfermé y tengo una lija en lugar de garganta), cociné algo nutritivo (adiós tacos), fui a misa (:O ni yo me lo creo, así que tenía que ponerlo por escrito), terminé mi tarea del MARTES (esto se pone cada vez más fantasioso), Y, la cereza del pastel: ACTUALIZO.
Gracias, domingo, por hacerme productiva -w-
Espero que lo disfruten :D (Sasuke vuelve a narrar en este capítulo). Veamos cómo se vuelven locos estos bebés :'3
Aprendizaje
Entiendo, no tiene sentido discutir con él, siempre está un paso delante de mí. Sólo debo hacer lo que él quiera. Mi cuerpo parece estar un poco mejor. Sin embargo, está realmente agotado, paso la mayor parte del tiempo durmiendo.
"Es porque has estado gritando, gimiendo y llorando demasiado" me ha dicho Itachi en tono educado. Desde aquel día que me engañó con la llave, dejé de pelear. Supe que sólo saldría cuando Itachi lo decidiera.
Sin embargo, ahora deja mis manos libres de vez en cuando, vigilándome. Puedo notar que él también está cansado, hay ojeras bajo sus ojos. Me encanta cuando está así, porque comienza a ser el que era antes y deja de tratarme como un enfermo.
Aún siento la necesidad de tener sexo, pero parece ser un punto dentro de mí, si me esfuerzo en pensar en otra cosa, lo olvido; y me esfuerzo, de verdad, por distraerme. Durante la noche es difícil, con toda esa oscuridad, las sábanas, la respiración de Itachi…
- Por favor…-me encuentro suplicándole a Itachi, tirado en la cama, la boca llena de saliva, la frente ardiendo-. Te quiero dentro de mí… Itachi, anda… Aaah…-gimo y gimo hasta cansarme, con Itachi mirándome frío desde arriba. De vez en cuando me abofetea, cuando digo algo realmente asqueroso, cuando amenazó con matarme, cuando comienzo a gritar…
Pero durante el día está bien, parecemos incluso personas normales. Él me ha dado varios libros, todos sobre medicina, lo cual me aburre infinitamente, pero me distrae. Muchas veces me quedo dormido con la frente contra el libro.
Hoy ya ha oscurecido cuando Itachi entra en la habitación. Estoy adormilado, he estado pensando mucho en él, en la escuela, en nuestros padres… Estoy agotado. Entonces pienso en algo:
- Itachi, podrías perder tu empleo-le digo de pronto, sorprendido. Él me mira un poco confundido, después esboza una suave sonrisa, cansado.
- ¿Sí?
- Si te demando… podrías perder tu empleo.
- En realidad, no sólo mi empleo-dice él con tranquilidad, sentándose en el sofá, quitándose la bata-, me costará la carrera y me meterán a prisión, creo.
- Podría demandarte-le sigo diciendo, tratando de ver alguna reacción por su parte. Él sonríe.
- Por favor, hazlo. No me importaría.
Me quedo callado. Es lo mismo que respondió cuando le dije que no quería odiarlo.
- Gajes del oficio-dice él adormilado, recostándose en el sofá-. Buenas noches.
La luz se apaga. Así que… ¿no le importa nada de eso? ¿Cómo puedes ganarle a un enemigo sin preocupaciones o debilidades…?
El día siguiente es domingo, su día libre. Desde temprano escucho que se levanta, se baña, prepara el desayuno, toma café y lee libros. Entra en la habitación con su taza, mi plato de comida y un par de libros.
Deja todo en el buró, desata mis muñecas y me da el plato de comida. Lo como con apetito, saboreando cada bocado, porque hacía mucho tiempo que no comía nada decente. La mayoría de las veces lo vomitaba, o como estaba realmente afiebrado, ni siquiera tenía apetito.
Itachi bebe su café sentado en el sofá, leyendo el libro, y me echa ojeadas de vez en cuando. Termino de comer y también me pongo a leer. Al poco rato, sin aviso previo, siento en el estómago esa sensación cálida, ansiosa, y sé lo que significa. Trato de ignorarlo, pero todo mi cuerpo parece calentarse; siento un retortijón en mis entrañas… Son demasiadas ansias de hacerlo... "No, no tan temprano…", me digo. Pero aquello no para.
"Necesito hacerlo…". En estos momentos toda aquella tortura me importa un comino, mi hermano, lo odio, todo en esta habitación me da asco, náuseas, sólo quiero salir de aquí y saciar esta hambre que no se llenará con comida ni libros. "Quiero. Salir. Ya."
En medio de aquel delirio escucho la respiración suave de Itachi, y lo miro furtivamente; se ha quedado dormido, su cabeza echada hacia atrás, recargada contra el respaldo. Se me corta el aliento.
"Es mi oportunidad", pienso. No sé qué hacer, quiero salir de aquí pero… la puerta estará cerrada. Entonces veo la navaja que brilla sobre el sillón, al lado de Itachi. Sonrío, la oportunidad perfecta. Demasiado perfecta, pero en este momento no puedo pensar, me arde la pelvis y deseó algo dentro de mí con tantas ganas que podría saltar por la ventana si no estuviera cerrada.
Me levanto, camino de puntas hasta el sillón, mirando con nerviosismo a Itachi. Tomo la navaja con rapidez y la apunto a su cuello. Lo llamo, no despierta. Lo llamo con más fuerza, como cuando él me da órdenes.
- Despierta, idiota-le digo. Él alza la cabeza y abre los ojos. Me mira en silencio.
- Dame la llave-le digo. Él sigue mirándome en silencio. Meto las manos en los bolsillos de su bata blanca, nada-. ¿Dónde está?
Silencio, su mirada fija y seria taladrándome.
- Podría cortarte la garganta ahora mismo-le digo, apretando el metal contra su piel. Él sigue mirándome en silencio. "¿Qué esperas? Mátalo, no volverías a verlo, no volvería a molestarte", escucho una voz dentro de mí.
Mi respiración se acelera y se me nubla la mirada. "¿Qué… qué acabo de…?", siento el peso de esas palabras en aquel objeto afilado, tanto que casi tiemblo y caigo de rodillas. "¿De verdad… iba a matarlo?", pienso aterrado.
"El sexo lo vale", escucho la misma voz. "El sexo lo vale todo en esta vida, hasta la vida de tu hermano…", aquella voz me ensordece.
- Yo no…-murmuro, aparto mi mano de él con lentitud. "¡Mátalo! Vamos, sólo aprieta la hoja y todo se acaba; aprieta la hoja y nos vamos a casa, ¡córtale la garganta, puta!", mi mano vuelve a subir; Itachi me mira sin cambiar de expresión.
"¿Qué esperas?"
- Basta…-susurro, "Te pregunté que qué esperas, basura, ¡mátalo y vayamos por sexo…!"-. ¡Cállate!-grito y aprieto mi muñeca con la otra mano, haciéndola bajar; mis rodillas tiemblan. Miro a Itachi y él sigue mirándome, me mira de una forma… Sabe qué pasa…
- No iba a hacerlo…-susurro, mis manos tiemblan, doy un paso hacia atrás, asustado. Él se levanta y avanza hacia mí, yo retrocedo, pensando que me va a golpear. Entonces me sujeta de la mano en la que tengo la navaja.
Tomando mi mano como si me fuera a enseñar a escribir, aprieta la punta de la navaja contra la palma de su mano y hace un corte largo. Mi mano tiembla bajo la suya, que no la deja ir. Finalmente me suelta. Mi mano se ha salpicado un poco de su sangre, que ahora mana y le corre también por el dorso.
- Sólo es sangre-dice él, abriendo bien la palma ensangrentada-. Y sin embargo puede matarnos, ¿verdad?
Sonríe. Yo asiento, mareado. Itachi me mira con atención.
- ¿Estás bien?-pregunta. Yo niego.
- Demasiada… demasiada sangre-consigo decir.
Él se encoge de hombros y me sujeta del antebrazo con su mano herida; siento aquella sustancia pegajosa, tibia, manchándome la piel. Quiero vomitar.
Itachi me pasa la mano por el talle y me aprieta contra él.
- No hay que jugar con la vida-me dice con suavidad. Me gira con rudeza, me pone las manos detrás de la espalda y vuelve a amarrarme las muñecas, puedo notar que está enfadado porque aprieta el nudo más de lo usual.
Me siento en la cama y lo miro.
- ¿No puedo lavarme…?-logro decir aún mareado, viendo cómo la sangre se vuelve más oscura y castaña, cómo se seca sobre mi piel… Quiero vomitar.
- No. Estabas dispuesto a cargar con un asesinato, ¿no? ¿Qué es un poco de sangre comparado con eso?-dice él, sonriéndome. Ha tomado un algodón y lo moja con alcohol, cuando desinfecta su herida puedo ver cómo su ceño se contrae de dolor.
- Por cierto, la puerta no tenía seguro, por eso no llevaba la llave conmigo-dice como si nada.
Se ríe al ver mi mirada incrédula. Pero no es la risa que odio, sino esa que se le sale sin querer, que parece la de un niño. Ya no me decepciono, sé que no saldré hasta que él lo quiera. Trato de sonreír, pero sólo logro temblar. El eco de aquella voz resuena en mi cabeza.
- Pude haberte matado…-murmuro, sintiendo un escalofrío recorrerme la columna vertebral.
- Pero no lo hiciste. Pude ver cómo lo deseabas…-murmura y se inclina hasta que nuestras narices se rozan; su mano sostiene mi mentón y puedo oler su sangre-. Tus ojos cambiaron en ese momento. Sabías que así se acabarían tus problemas, ¿cierto?
Quiero vomitar, aquel olor me da náuseas, es demasiado intenso, está demasiado cerca, su sangre es tan roja… él, sus ojos… me marea…
- Yo no… yo no elegí esto-le digo, negándole la mirada. Siento tanto asco de mí mismo… Él sonríe al ver mi rostro.
- Estás algo pálido-dice.
- De verdad eres de lo peor-le digo con un hilo de voz.
- … Pronto podrás irte-dice él. Yo sonrío un poco, los labios aún temblándome.
- … Quizá no deba irme-murmuro casi sin darme cuenta. Las náuseas empeoran, mi estómago se revuelve... sólo tengo claro algo: no quiero estar solo con esa voz dentro de mí… No quiero sentir lo mismo de nuevo.
Me sonríe con tristeza, me acaricia el cabello.
- Te irás, lo sabes. Cuando todo esto termine, podrás ser libre de todo…
- ¿Y tú…?
- ¿Yo…?-susurra, sonriendo. Parece pensarlo un momento-. ¿No me ibas a demandar? Me pudriré en prisión.
Él pone una mano sobre mi boca cuando trato de protestar.
- ¿Por qué no intentas escapar de nuevo?- dice. Yo niego, de pronto asustado del inmenso significado de la libertad.
Él asiente. Se sienta en el sofá frente a mí y empieza a leer un libro. Así pasa el tiempo. Apenas le dirijo la palabra; trato de desprenderme del olor de su sangre y su tacto, pero es casi inútil.
- Déjame ir al baño-le digo. Él niega sin mirarme.
- Voy a vomitar.
- Perfecto, vomita sobre ti mismo si es tan urgente-dice, lamiéndose la punta de su dedo índice y cambiando de página.
Se ha vendado la herida con parsimonia, casi tarareando. Ni una sola vez me miró. Pienso en sus palabras: ¿Irme lejos de aquí?… Lejos de él, de la suciedad que llevo adherida a la piel, a un lugar donde nadie me conozca, sin esta casa, sin sus ojos taladrándome, sin su voz burlándose de mí, sin esta adicción o estas náuseas... ¿Cuándo me acostumbré a esto…?
Ah, las náuseas se han ido...
Continuará...
Espero que les haya gustado, ¿qué les pareció?
