. Droga para dos .
De: PRISS
Capítulo IV: "El recuerdo."
~ Así que te tiraste a una niña, ¿eh?, y además virgen.
Hao se frotó las sienes; había sido mala idea contarle a Nicrom lo sucedido con la jovencita rubia.
Creía que este tal vez le daría un consejo, pero en cambio parecía burlarse de él, no tanto por la insólita experiencia en sí, sino porque el mismo Asakura le había dicho que no se acostaría con ninguna mujer durante mucho, mucho tiempo, palabras que le dijo horas antes de compartir con Anna la noche más hermosa de su vida.
~ Te atraparon, amigo.
El moreno dobló las cejas, consciente de que aquella no era más que la verdad, aunque le pesara.
~ ¿Sabes qué es lo peor?. -El chico de trenza sonrió con aire chismoso, toda esta historia era demasiado buena para dejarla pasar.- ~ Nunca hubo una segunda vez con una mujer, era como una regla.
El castaño giró el rostro, concentrándose en los recuerdos de la noche con la rubia.
Era verdad, cuando tomaba a una mujer, inmediatamente después de terminado el acto, perdía el interés y jamás volvía a tener contacto, incluso se alejaba. Pero con Anna. . .
~ Ella era… tan adorable, tan linda y tan adictiva, que yo… no la solté en toda la noche.
Hao recordaba que fue hasta que la Kyouyama fue vencida por el sueño, que él desistió de amarla.
~ Ja, ja, ja, así que fue una niña la que finalmente atrapó al codiciado Hao Asakura.
El castaño alzó una ceja. No era nada agradable ser objeto de burla, mucho menos cuando lo que él buscaba era ser escuchado.
"Debí hablar con el Inglés y no con este idiota."
Pensaba Hao, tomando su saco y abandonando la oficina.
No fue mejor llegar a casa y descubrir que no podía sacarse de la cabeza a la chica rubia.
El Asakura se recargó en la pared y miró el techo, apretando los dientes. Recordaba la suave y cálida piel de leche, sus dulces labios que lo volvieron loco, su pequeño y exquisito cuerpo, su voz entrecortada y su hermoso rostro lleno de placer. Pero lo que Hao más extrañaba eran sus lindos ojitos negros, primero llenos de odio y luego suplicantes.
El moreno se deslizó hasta sentarse en el piso de su habitación y mientras recordaba con exactitud cada pequeño detalle de tan adorable criatura, inconscientemente su mano se perdió dentro de sus pantalones, buscando placer.
La mezcla entre el tacto de sus dedos y el bello recuerdo de la Kyouyama era un arma de dos filos. El gozo estaba ahí, pero no era lo mismo si la mujer no era real o palpable. Él quería a Anna, no una patética jalada en su honor.
Hao rió, burlándose de sí mismo, desistiendo de sus ansias de placer y dispuesto a darse un baño con agua bien fría, para ver si así se le quitaba lo estúpido.
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Se lanzó sobre su cama y abrazó la almohada. Había lágrimas empapando sus rojas mejillas.
¿Por qué?, maldita sea, por qué?. Por más que trataba no podía sacarse a ese hombre de la cabeza.
Recordaba sus manos quemándole la piel, y temblaba, sus labios de fuego robándole el aliento, y se estremecía, y el salvaje mecer de sus caderas.
Anna cerró los ojos y notó como el latir de su corazón se tornaba más acelerado. Lo ansiaba, lo añoraba, a él y a su toque. Maldición, ella quería estar nuevamente con él, estar entre sus brazos y entregarse sin remedio a ese loco mecer de caderas.
Pero no tenía sentido, ese hombre se había aprovechado de ella y de su condición. Por dios, él la había violado, bueno, técnicamente, pero. . .
~ Ha-Hao!…
Recordó su nombre, tan simple y sin embargo, tan potente y varonil.
Anna no pudo contra el deseo de llevar su pequeña mano entre sus piernas y acariciar su flor, frotando el pequeño y duro botoncito, y ya más sofocada, hundiendo un par de dedos en su intimidad.
Con lágrimas en los ojos, se entregó al nuevo y pequeño cosquilleo que ella misma se había provocado. Y aunque satisfecha por un segundo. . .
~ No es igual sin él, yo sola no…
Respirando agitada, la rubia se abrazó nuevamente a la almohada, maldiciéndose por anhelar a ese hombre.
La había violado, bueno, en realidad se había aprovechado de la situación y aunque se suponía que ella debía aborrecerlo, lo cierto es que deseaba estar una vez más entre sus brazos, atrapada bajo su cuerpo y llegar a la locura con él.
La Kyouyama cerró los ojos y unas lágrimas escaparon de sus ojos, así como el nombre de aquel que la hizo suya.
Anna estaba hundida en la desesperación, no por lo que había pasado, sino porque por más que ella intentaba, no podía odiar a ese hombre.
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. . . . Continuará.
Vaya, me encantó esto, en especialmente los momentos en que estos dos necesitaron de un buen. . . ¿toque personal?.
¿En qué me base para esto?. No sé, echémosle la culpa a la tele.
MUCHAS GRACIAS POR LEER ESTE FIC:
Lovehao
Patrick A'Sakura
Katsumi Kurosawa
Maeda Ai
Naliamel
